>Rusia y Ucrania cierran un pacto para reanudar el envío de gas a Europa
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Las compañías Naftogaz de Ucrania y Gazprom de Rusia deberán firmar hoy el acuerdo al que llegaron la madrugada del sábado al domingo en Moscú los jefes de Gobierno Yulia Timoshenko y Vladímir Putin. El documento permitirá reanudar próximamente no sólo el tránsito hacia Europa del gas ruso por territorio ucranio, sino también los suministros a Kiev, que Moscú cortó el 1 de enero alegando impagos y desacuerdo en el precio del combustible.
Según explicó Putin, Ucrania pagará el precio comercial europeo por el gas, pero con un descuento del 20%, es decir, entre 360 y 370 dólares (272 y 280 euros) por 1.000 metros cúbicos. A cambio, Kiev mantendrá la tarifa del tránsito del combustible ruso vigente el año pasado, es decir, 1,6 dólares (1,2 euros) por 1.000 metros cúbicos de gas y 100 kilómetros de distancia.
Ya que el acuerdo supone pasar a la fórmula europea de pago por el gas, el precio tendrá que ser revisado cada trimestre, como se hace con los países comunitarios, lo que significa que irá bajando a lo largo del año, ya que depende del precio del petróleo. A partir del 1 de enero de 2010, Ucrania pagará como cualquier país europeo, sin descuento alguno, y a Rusia se le aplicará también la tarifa de tránsito de mercado, que es más o menos el doble de la actual.
Otro de los puntos fundamentales del nuevo acuerdo es la desaparición de la firma intermediaria RusUkrEnergo y el entendimiento directo entre Naftogaz y Gazprom. Los rusos siempre habían dicho que ellos estaban a favor de relaciones directas, pero que parte de la élite gobernante ucrania insistía en mantener la firma intermediaria, que no es transparente. Putin y Timoshenko no mencionaron la deuda de más de 400 millones de euros en cuya existencia insiste Gazprom pero que Kiev niega.
La Unión Europea aplaudió el acuerdo al que llegaron Putin y Timoshenko después de más de 10 horas de intensas negociaciones, pero se mostró cautelosa dada la experiencia que ya tiene con Rusia y Ucrania. “Ya hemos visto muchas falsas esperanzas en esta disputa”, señaló Bruselas en un comunicado divulgado después del anuncio de que Kiev y Moscú habían llegado a un compromiso. Para la Comisión Europea, la prueba de que la guerra del gas ha terminado es sólo una: que el combustible ruso fluya realmente a través de Ucrania y llegue a los consumidores comunitarios.
Hay que tener presente que Putin y Timoshenko no firmaron ningún documento, pero incluso la firma de un acuerdo no es una garantía de que los suministros se reanudarán: el reciente acuerdo suscrito en la capital belga por ambos países más la Comisión Europea no logró hacer fluir el gas hasta los países de la UE. No es de extrañar, pues, la cautela de Bruselas, que subraya que, de momento, “la espera continúa para Europa”.
Bruselas había advertido de que las negociaciones del fin de semana eran la “última oportunidad” que Rusia y Ucrania tenían para demostrar su credibilidad como suministradores de gas.
El gran peligro ahora es que nuevamente pesen más las rivalidades políticas existentes en el interior de Ucrania entre Timoshenko y el presidente, Víctor Yúshenko, y que el acuerdo sea torpedeado por el jefe de Estado. Esto no sería una novedad: ya sucedió a fines del año pasado, cuando la presidencia hizo imposible que se cumpliera el acuerdo al que habían llegado Timoshenko y Putin. Los políticos ucranios ya actúan en función de las próximas elecciones presidenciales, previstas para enero de 2010. Y prácticamente nadie duda de que en ellas competirá Timoshenko.
El entorno de Yúshenko se dedica a criticar y desprestigiar a la primera ministra, a quien ve como la principal rival para los comicios de 2010, aunque también es verdad que el presidente señaló esta vez que la posición de Timoshenko y la suya sobre el problema del gas coincidían plenamente.
>Los gamberros del Este
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La nueva guerra del gas entre Ucrania y Rusia ha sido una versión corregida y ampliada de otras dos crisis similares, acaecidas en enero del 2006 y el 2008; y ello no ha sido por casualidad. El nuevo incidente ha tenido lugar precisamente pocos días antes de que el próximo presidente norteamericano, Barack Obama, jure el cargo: todo ello lo convierte en uno más de los conflictos sonda o recordatorio en este mismo periodo, tal como lo es la destrucción del gueto de Gaza. Se trata de aprovechar ese momento de claroscuro, los minutos de vacío de poder en Washington, para hostigar y lanzar un desafío que el nuevo inquilino de la Casa Blanca se verá obligado a atender en primera instancia, y al cual deberá dedicar todas sus energías justo en los momentos en los que estará más verde en el cargo. Esta situación tiene una faceta preocupante en lo que concierne a Europa, porque demuestra que una serie de países continúan depositando toda su esperanza en que el amigo americano les solucione la papeleta. Y algunos conflictos, pura y simplemente, fueron puestos en marcha durante la era de George W. Bush para erosionar la autoridad comunitaria europea.
RESULTA evidente que en la guerra del gas de enero del 2009, los protagonistas centrales han sido Ucrania y Rusia, por este orden. Los gobernantes del primer país, por su contribución, con alevosía, al desencadenamiento del conflicto por motivos políticos, buscando situarse, junto con Israel, en los primeros puestos de la agenda exterior del nuevo presidente norteamericano. A Moscú le ha venido de perlas el amago de represalia ucraniana, porque, en el caso concreto del gas, lo que buscan los rusos es marcar precios al alza en el mercado internacional del gas, en el cual ese país es la mayor potencia mundial. No es el caso del petróleo: no existe un mercado mundial del gas unificado, y tampoco un mecanismo que lo regule, por lo cual ahí Rusia tiene mucho que decir. Y ahora le conviene trabajar en esa dirección, dada la caída del precio del petróleo, que los grandes especuladores internacionales estuvieron hinchando entre la crisis de las subprime (agosto de 2007) y el crash del pasado septiembre. Este es el quid de la cuestión.
PARA LA UE es una situación delicada, y nada coyuntural; por eso son temerarias las llamadas al desplante o el desafío contra los rusos, como si estuviéramos en 1909. Las únicas armas que deben utilizarse, con la contundencia que sea, son las financieras y las económicas. En ese contexto, tratar el asunto como una continuación de la guerra de Georgia del pasado verano resulta muy perjudicial para los europeos. Pero más aún lo es jalear a esos países definidos por algunos como rogue eastates (granujas o gamberros del Este) en alusión a los rogue states, término acuñado durante la era de Ronald Reagan, traducible como estados granujas. Se denominaba así a todos aquellos países de régimen autoritario, con una desafiante actitud antinorteamericana y dispuestos a poses duras y/o melodramáticas en política internacional: armas nucleares, provocaciones, propaganda agresiva y manipulación de sus primos mayores o potencias favorables. Si cambiamos totalitarismo por populismo (lo que muchos norteamericanos aceptarían para la Venezuela chavista), se puede ver cómo en Europa oriental y el Cáucaso han proliferado una serie de países proclives a actuar forzando a su favor los equilibrios de poder internacionales.
Aunque se pueden señalar algunos países concretos que iniciaron esta tendencia, al comienzo de las guerras de secesión yugoslavas, los orígenes de la actual generación de países del Este partidarios de jugar al límite con el apoyo de países occidentales poderosos, se puede datar en 1996, cuando Georgia, Ucrania, Moldavia y Azerbaiyán pusieron los cimientos de lo que en el 2001 sería el el GUAM, Organización para la Democracia y el Desarrollo Económico. Posteriormente, Moldavia se daría de baja y Azerbaiyán no coincidiría con la política antirrusa de Georgia y Ucrania; lo cual, junto con el activo apoyo norteamericano, serían dos marcas de origen del GUAM.
SIN EMBARGO, con el tiempo, al no recibir el esperado e incondicional amparo europeo (dado que las cruzadas contra Rusia apoyadas desde Washington no tienden a beneficiar a Bruselas), estas actitudes han sido semillero de euroescepticismo, incluso en aquellos países que se han convertido en miembros de la Unión Europea. Es importante tenerlo en cuenta para valorar si nos interesa apoyar presiones contra Rusia que posiblemente terminarán en beneficio de los instaladores de centrales nucleares: algo en lo cual tienen especial interés algunos de los denostadores pertinaces de llegar a alguna forma de concordia estable y permanente con Moscú. En cuanto a las historias sobre mafias, son pintorescas: pero a la vista de fraudes como el de Bernard Madoff y de lo que ha destapado la actual crisis financiera norteamericana, lo de los malos del Este suena ya un poco a calderilla.
Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona
>Rusia abrirá el grifo del gas a Europa mañana por la mañana
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Mañana por la mañana, a las 7.00 GMT (8.00, hora peninsular), Rusia volverá a bombear gas hacia Europa. Así lo ha asegurado el vicepresidente ejecutivo de Gazprom, Alexander Medvédev, después de que su empresa tuviera constancia de la firma, por todas las partes en conflicto -Rusia, Ucrania, y las empresas gasistas respectivas, Gazprom y Naftogaz- del acuerdo alcanzado en la madrugada del domingo según el cual observadores europeos supervisarán el tránsito del gas ruso hacia Europa que pasa por Ucrania. Esta mañana, Kiev ha retirado las reservas que mantenía al acuerdo.
Gazprom condiciona el suministro a que los observadores europeos estén desplegados en todos los puntos previstos en el documento. El sistema de supervisión del flujo de gas a través de Ucrania se creará con “efecto inmediato”, estará formado por no más de 25 personas de cada una de las tres partes y su trabajo consistirá en recoger datos sobre el flujo de gas en puntos clave de Rusia y Ucrania. Los observadores, que también estarán presentes en los países de la UE que tienen frontera con Ucrania, serán enviados por la CE, los ministerios de Energía de Rusia y Ucrania, Gazprom, Naftogaz y 12 empresas gasísticas de 11 países, nueve miembros de la UE (Francia, Alemania, República Checa, Eslovaquia, Austria, Italia, Hungría, Bulgaria y Grecia) y dos extracomunitarios (Noruega y Moldavia).
“Si no hay obstáculos, los suministros de gas se reanudarán mañana a las ocho en punto (7.00 GMT), ha dicho Medvédev. “Todos esperamos que sea así”. Los últimos flecos para un acuerdo entre Rusia y Ucrania se han solucionado esta mañana, con la firma final del acuerdo para que los supervisores europeos controlen el flujo de gas por Ucrania . También ha confirmado el acuerdo el comisario europeo de Energía, Andris Piebalgs. “Todavía puede haber dificultades, nunca se sabe, pero en este momento hay un acuerdo claro con la parte rusa de que mañana a las ocho de la mañana hora de Bruselas el gas empezará a fluir en dirección de la UE”, ha dicho el comisario tras reunirse con representantes de Gazprom. Piebalgs asegura que, una vez que se reanude el suministro, el gas llegará a los consumidores finales en Europa en un plazo “bastante corto” de “entre 24 y 30 horas”.
La guerra del gas
La llamada guerra del gas, que enfrenta a Rusia y Ucrania por el precio al que ésta compra el gas ruso, impulsó la semana pasada a Moscú a cerrar totalmente el grifo del gas que pasa por los gasoductos ucranios, tanto el destinado a Ucrania como el que va a parar a Europa. El corte ha afectado, en mayor o menor medida, a 18 países europeos, especialmente a los países balcánicos, los bálticos y Alemania, dejando sin calefacción a cientos de miles de personas y paralizando numerosas industrias. Y todo ello en medio de una ola de frío que ha dejado temperaturas polares en media Europa.
La UE comenzó una mediación que dio sus frutos el pasado domingo con el acuerdo entre la rusa Gazprom y la ucrania Naftogaz para que un grupo de observadores supervisara el correcto flujo de gas ruso hacia Europa, sin que Ucrania desviase nada de ese combustible hacia sus reservas, de lo que le viene acusando Rusia desde hace meses. No obstante, el acuerdo no ha servido hasta hoy para que Moscú abra el grifo. La desconfianza entre Moscú y Kiev lo ha impedido hasta el último minuto, por lo que Rusia se resistía a dar luz verde al gas.
>Europa, la rehén perfecta
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Rusia insiste en el carácter comercial de la disputa y quiere que Ucrania cumpla los contratos de tránsito de combustible. De ahí que el Kremlin apoye los varapalos y presiones de Bruselas sobre Kiev o las iniciativas que -como los observadores sobre el terreno- puedan demostrar que su vecino sisa el gas ajeno.
Lo que Moscú no quiere en ningún caso es que Bruselas se convierta en el árbitro de la disputa y mida con el mismo rasero a Alexéi Míller, el presidente de Gazprom, y Oleg Dubina, jefe de la compañía ucrania Naftogaz. De ahí que los rusos prefieran Moscú como escenario para negociar con los ucranios y que Gazprom fuera reticente a una reunión trilateral con Naftogaz y representantes de la Comisión Europea en Bruselas. Si Míller va a la capital de la Unión Europea es como interlocutor en pie de igualdad de la Comisión, y no para que los europeos contemplen cómo anda a la greña con Dubina. Salvando las distancias, lo que Moscú quiere para zanjar el conflicto del gas con Kiev recuerda lo que quiso en Georgia tras el conflicto de Osetia del Sur: que la UE contribuya, con sus observadores sobre el terreno, a mantener a raya al vecino que hizo perder la paciencia al Kremlin con su proceder unilateral.
Para Ucrania, el problema es otro. Kiev, que en noviembre obtuvo un crédito de 16.400 millones de dólares del FMI, está en una ahogada situación económica. Enzarzados en trifulcas internas, sus irresponsables dirigentes no han abordado las reformas radicales y de eficiencia energética que el país necesita desde hace años. Convencidos de tener gran importancia estratégica por su situación geográfica, en el fondo creen que Estados Unidos y la Unión Europea no les abandonarán frente a Rusia, lo que quiere decir que se permiten incompetencia y mala gestión confiando en que Bruselas y Washington acabarán sacándoles las castañas del fuego. Y cuando la situación no les es favorable, incluso por culpa suya, invocan la carta política, como si ellos no fueran los responsables de acuerdos con Rusia que parecen más orientados al beneficio de oscuros personajes entre bastidores que al servicio público. Los analistas no ven otra forma de explicar la existencia, hasta hoy, del intermediario RosUkraEnergo en la relación entre Gazprom y Naftogaz.
Los rusos alegan que su disputa con los ucranios tiene carácter comercial, y los ucranios, que Moscú actúa por razones políticas para subyugarles mediante el dominio económico. La realidad, más matizada, tiene componentes comerciales y políticos.
Como parientes próximos que no han aprendido a respetarse en su individualidad, Moscú y Kiev muestran una sensibilidad exacerbada en sus relaciones. A los dirigentes rusos les saca de quicio que sus colegas ucranios quieran perfilarse como principales víctimas de la colectivización de Stalin y que prescindan del factor cultural y demográfico ruso a la hora de afirmar su Estado y el idioma ucranio. La política atlantista del presidente Víktor Yúshenko no contribuye a mejorar la comprensión. Por su parte, los líderes ucranios parecen creer que pueden marear la perdiz durante años con sus rivalidades internas sin abordar problemas tan graves como la corrupción, porque Occidente tiene que estar necesariamente de su lado, como si ellos fueran, por definición, mejores que sus vecinos orientales.
>La guerra del gas entre Rusia y Ucrania estrangula el suministro a los Balcanes
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Los rusos acusan a los ucranios de estar quedándose ilegalmente con parte del gas destinado a otros países, lo que explicaría la disminución de los suministros recibidos que han denunciado una serie de países comunitarios. Y aunque Kiev había reconocido el viernes estar desviando 21 millones de metros cúbicos con el supuesto fin de mantener la necesaria presión para que el gas siga fluyendo, ayer negó estar sustrayendo el combustible ruso.
La compañía ucrania Naftogaz afirmó en un comunicado que para el mediodía del viernes, en 24 horas, había recibido en la frontera rusa 305.500 millones de metros cúbicos de gas y transportado a su frontera occidental 319.300 millones, es decir, 13,8 millones más de lo entregado por Gazprom.
Esto deja en claro que “las denuncias de los dirigentes de Gazprom de que Ucrania sustrae ilegalmente el gas de tránsito ruso son infundadas”. Ellas “suponen una provocación y forman parte de una campaña informativa intencionada para desacreditar a Naftogaz como socio fiable y a Ucrania en general”, sostiene el documento. Pero el vicepresidente de Gazprom y responsable de las exportaciones, Alexandr Medvédev, declaró ayer que no se puede reanudar las conversaciones porque Naftogaz no muestra interés en ello y de hecho las sabotea. Medvédev, que se encontraba ayer en Praga para explicar a la Unión Europea la posición rusa, aconsejó a los países afectados por la baja de los suministros llevar a Kiev a los tribunales utilizando los instrumentos jurídicos que les otorga la Carta Energética, firmada y ratificada por Ucrania. El nuevo contrato para este año no se ha podido firmar porque Ucrania se niega a aceptar la subida del precio del gas que pide Rusia: de unos 127 euros vigentes el año pasado a unos 177 ahora.
Recortes
- Rumania. Reducción de la importación de gas de Rusia del 30%. Pero este país tiene más reservas (produce el 65% del gas que consume).
- Bulgaria. Caída cercana al 15%. Este país, que recibe de Rusia el 92% del gas, sólo tiene reservas para un mes.
- Hungría. El gas ruso se ha reducido casi un cuarto.
- Polonia. Descenso del 6%.
>El ingreso de Georgia en la OTAN: una decisión bajo la sombra de la guerra fría en el Cáucaso
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Por Federico Yaniz Velasco, General de Aviación (en retiro) y director adjunto del Estado Mayor Internacional de la OTAN para Cooperación y Seguridad Regional de mayo 2001 a junio 2005 (REAL INSTITUTO ELCANO, 26/11/08): Tema: Los ministros de Asuntos Exteriores de la OTAN deben evaluar en su reunión de diciembre de 2008 si Georgia y Ucrania entran o no en el Plan de Acción para ser miembros de la OTAN. Resumen: Los jefes de Estado y Gobierno de la OTAN, reunidos el pasado 3 de abril en Bucarest, encargaron a los ministros de Asuntos Exteriores que hiciesen una primera evaluación del progreso realizado por Georgia y Ucrania para unirse al Plan de Acción para el Ingreso (Membership Action Plan, MAP). La evaluación está siendo objeto de especial atención por los medios de comunicación a causa de la crisis en Georgia del pasado agosto y debido a las consecuencias que la decisión de los ministros pudiera tener en las relaciones OTAN-Rusia. Si Rusia ya criticó entonces tanto la solicitud de ingreso de los candidatos como la admisión a trámite de la OTAN en Bucarest, tras el conflicto de Georgia ha reforzado su oposición al ingreso mientras que la Alianza Atlántica ha congelado prácticamente sus relaciones con Rusia y ha creado una Comisión OTAN-Georgia.[1] Los titulares de los periódicos recordaban los tiempos de la guerra fría y pese a la distensión registrada tras la retirada de tropas rusas de territorio georgiano, todavía no se puede predecir cuál será la decisión final que el Consejo Atlántico tome sobre el estatus futuro de las relaciones de la Alianza con Georgia y con Ucrania. Análisis: El 7 de agosto de 2009, tropas georgianas atacaron Tskinvali, la capital de Osetia del Sur, iniciándose así una crisis cuyas consecuencias políticas son todavía difíciles de valorar pero cuyas consecuencias humanas comienzan a conocerse: unos 250 muertos, 1.500 heridos y 100.000 desplazados georgianos; 1.500 bajas entre las milicias surosetias y 20.000 refugiados en Rusia y Osetia del Norte; a los que hay que añadir unas decenas de soldados rusos muertos o heridos en los ataques georgianos sobre una base rusa y las fuerzas de pacificación allí estacionadas o en las posteriores operaciones. Rusia solicitó una reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas el día 8 de agosto pero, tras un acalorado intercambio de acusaciones entre Rusia y Georgia, no se llegó a ningún acuerdo. El Consejo de Seguridad se volvió a reunir a primeras horas del día 9 y otras dos veces el día 10 sin conseguir una declaración de alto el fuego. El día 10 de agosto, cuando las tropas rusas contaban ya con 10.000 efectivos en Osetia del Sur y avanzaban sobre territorio georgiano, los países europeos y EEUU condenaron con rotundidad la intervención rusa, pidieron la vuelta a la situación del día 6 de agosto y exigieron a Rusia que aceptase el alto el fuego propuesto por Bernard Kouchner, ministro de Asuntos Exteriores de Francia, que ejerce la Presidencia semestral de la UE. El alto el fuego contemplaba el cese inmediato de las hostilidades, la integridad territorial de Georgia y el retorno a la situación militar previa al ataque del día 7. Los rusos pusieron fin a las operaciones militares, salvo en defensa propia, el día 11 de agosto y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, viajó a Moscú el día 12 con la propuesta europea de alto el fuego que ya habían aceptado los georgianos y consiguió que el presidente Medvédev lo aceptara, reservándose el derecho a responder a cualquier agresión. Los acontecimientos de agosto crearon un ambiente de confrontación verbal entre la OTAN y Rusia como no se había conocido en muchos años: mientras el presidente Medvédev decía el 19 de agosto que “no conseguirán empujarnos al aislamiento, al levantamiento de un nuevo Telón de Acero”, la secretaria de Estado de EEUU, Condoleezza Rice, recriminaba a Rusia un comportamiento “cada vez peor, cada vez más autoritario”. A las declaraciones de condena de la invasión siguieron las condenas por el reconocimiento ruso de la independencia de Abjasia y Osetia del Sur el 26 de agosto y las acusaciones por la permanencia de fuerzas rusas en territorio georgiano incumpliendo el acuerdo suscrito con la UE. Las tropas rusas se retiraron de forma escalonada del territorio ocupado excepto unas zonas de seguridad guarnecidas por las “fuerzas de paz” rusas alrededor de los límites de Abjasia y Osetia del Sur. Pero cuando el presidente Medvédev anunció el día 10 de octubre que sus tropas se habían retirado de las zonas de seguridad antes de la fecha prevista, el Gobierno georgiano y el ministro francés Kouchner sólo confirmaron una retirada parcial. Posteriormente, fuentes rusas confirmaron que la localidad de Aljagori y las gargantas de Kodori no volverían a manos georgianas y anunciaron el envío de 7.000 efectivos adicionales, la mitad para desplegarse en Osetia del Sur y la otra mitad en Abjasia. Frente a las quejas y recriminaciones occidentales, Rusia reiteró la lista de agravios que venía denunciando antes de la cumbre de Bucarest por la ampliación de la OTAN, el despliegue de misiles y radares estadounidenses en Polonia y la República Checa y la injerencia en su entorno inmediato del Cáucaso y añadió algunas amenazas adicionales sobre la posibilidad de desplegar misiles rusos en Kaliningrado o de retirarlos (opción cero) si se producía una moratoria en el despliegue del escudo antimisiles norteamericano. Por su parte, el Gobierno georgiano se aprovechó de la escalada verbal entre Rusia y los aliados para hacer olvidar su responsabilidad en el inicio del conflicto y ha llevado a cabo una campaña mediática y diplomática muy agresiva para conseguir que su derrota militar se convirtiera en una victoria diplomática sobre las tesis rusas. La OTAN ante la crisis en Georgia A diferencia de la UE, que reaccionó con gran rapidez ante la crisis, la OTAN reaccionó unos días más tarde apoyando al presidente Saakashvili. Tras la declaración inicial del secretario general de la OTAN pidiendo el cese inmediato de las hostilidades y reafirmando su apoyo a la integridad territorial de Georgia, se celebró una reunión OTAN-Georgia en Bruselas el día 12 de agosto en la que surgió la propuesta de crear una comisión bilateral permanente. En la reunión extraordinaria del Consejo Atlántico del 19 de agosto de 2008, los ministros de Asuntos Exteriores abordaron la situación en Georgia y sus implicaciones para la estabilidad y seguridad euro-atlánticas. Los reunidos fueron informados por el presidente en ejercicio de la OSCE, el finlandés Stubb, y por el de la UE, el francés Kouchner, de los esfuerzos realizados por ambas organizaciones. El Consejo del Atlántico Norte (CAN) se felicitó por el acuerdo de alto el fuego firmado por Rusia y Georgia pero resaltó la urgencia de una rápida y completa implementación del acuerdo. Los ministros reafirmaron su apoyo a la soberanía, independencia e integridad territorial de Georgia y acordaron una serie de ayudas para la población civil afectada por el conflicto. Los aliados decidieron apoyar el reestablecimiento del tráfico aéreo civil y acordaron otras medidas para ayudar al gobierno de Georgia. Otra decisión muy importante del CAN fue la de aprobar la creación de una Comisión OTAN-Georgia para supervisar el estado de las relaciones bilaterales y la implementación de las decisiones tomadas en Bucarest sobre esas relaciones. El CAN requirió también a Rusia para que retirase a sus tropas inmediatamente del área y el secretario general, Jaap de Hoop Scheffer, en rueda de prensa posterior al Consejo señaló que las reuniones del Consejo OTAN-Rusia serían pospuestas hasta que Rusia se adhiriese al alto el fuego porque las relaciones OTAN-Rusia no podían continuar como si no hubiese ocurrido nada y hasta que Rusia no se comprometiese a seguir los principios sobre los que se acordó esa relación. Tanto la declaración del secretario general del 19 de agosto como la respuesta del embajador adjunto de Rusia en la OTAN del 27 del mismo mes dejaron las relaciones bilaterales en estado de congelación. El 26 de agosto, el secretario general rechazó en un comunicado la decisión rusa de reconocer la independencia de Osetia del Sur y Abjasia, considerándola una violación directa de diversas resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU. En el plano militar, la OTAN desplegó los buques de su Grupo Marítimo Permanente I de la OTAN (SNMG I) por el Mar Negro entre el 21 de agosto y el 10 de septiembre de 2008, de acuerdo con los planes previstos anteriormente al conflicto y que incluían la visita a puertos rumanos y búlgaros. Pese a ser una visita programada, Rusia acusó a la OTAN de acumular fuerzas navales en la parte occidental del mar Negro. La visita del Consejo del Atlántico Norte a Georgia los días 15 y 16 de septiembre es una prueba de la atención que la OTAN ha prestado a la crisis. El secretario general y los representantes permanentes de los Estados miembros mantuvieron un intercambio de puntos de vista con el presidente Saakashvili sobre las reformas en marcha en el marco de la asociación del país con la OTAN y sobre la situación tras el conflicto de agosto. Los visitantes tuvieron la oportunidad de reunirse con miembros del parlamento y altos funcionarios de la administración georgiana así como con representantes de la sociedad civil. El secretario general mantuvo también una entrevista bilateral con el presidente Saakashvili esa misma tarde. Sin embargo, la primera reunión de la Comisión OTAN-Georgia fue el acto central del día. En esa ocasión y en el marco del Diálogo Intensificado del país caucásico con la OTAN, se produjo un animado intercambio de impresiones sobre las reformas en marcha y sobre las aspiraciones de Georgia de pasar a ser miembro de la Alianza. Los representantes aliados, por su parte, reiteraron su apoyo a la integridad territorial y a las aspiraciones euro-atlánticas de Georgia. El martes 16, los miembros del CAN visitaron la ciudad de Gori para obtener información de primera mano sobre el impacto del conflicto y los retos que tiene que afrontar Georgia para reconstruir algunas infraestructuras. Tras visitar las instalaciones de la 1ª Brigada de Infantería donde pudieron apreciar diversos daños, se trasladaron a un campo de la Alta Comisión de las Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR) que acoge unos 2.000 desplazados por los combates. Durante la posterior reunión informal de los ministros de Defensa aliados celebrada en Londres los días 18 y 19 de septiembre, se evacuaron consultas sobre los recientes acontecimientos en el área euro-atlántica que afectan intereses vitales de seguridad de los Estados miembros. Los días 9 y 10 de octubre los ministros de Defensa mantuvieron otro encuentro informal en Budapest en la que se reunió la Comisión OTAN-Georgia en la que se estudió la posible ayuda aliada a la recuperación de Georgia. Los ministros aliados discutieron también con su colega georgiano la coordinación de la cooperación en seguridad y defensa, en la reforma del sector de la seguridad y en la gestión del espacio aéreo. Los ministros de la Alianza reiteraron su apoyo a la integridad territorial de Georgia y su compromiso de seguir supervisando el proceso establecido en la Cumbre de Bucarest con vista a las aspiraciones euro-atlánticas de Georgia. Ampliaciones con sentido Las iniciativas de cooperación de la OTAN han sido uno de los mayores éxitos de la Alianza tras el fin de la Guerra Fría. La Asociación para la Paz (Partnership for Peace, APP) creada en la Cumbre de Bruselas en 1992 fue una mano tendida hacia los países que querían mantener una relación reglada con la Alianza Atlántica. Muchos de los socios pretendían convertirse en miembros y otros simplemente tener la oportunidad de participar en las actividades abiertas a ellos. La República Checa, Hungría y Polonia fueron los primeros socios de la Asociación que pasaron a ser miembros por decisión tomada en Madrid el año 1997. El año 2004, Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania y Rumania se unieron a la OTAN. Por último, Albania y Croacia fueron invitadas en Bucarest a iniciar las conversaciones para unirse a la Alianza. Contando con estos dos países los miembros serán 28 y los socios 22 con la incorporación de Malta. ¿Cuántos candidatos más serán invitados a unirse a la OTAN en el futuro? El punto 18 de la Declaración de la Cumbre de Bucarest afirma que el proceso de ampliación en marcha ha sido un éxito histórico en el progreso de la estabilidad y la cooperación para aproximarnos al objetivo común de una Europa completa y libre, por lo que las puertas de la OTAN permanecerán abiertas a las democracias europeas dispuestas y capaces de asumir las responsabilidades y obligaciones inherentes a la pertenencia a la Organización, de acuerdo con el artículo 10 del Tratado de Washington. Por último se reitera en ese punto que las decisiones sobre la ampliación sólo pueden ser tomadas por la OTAN. Algunos analistas han considerado la ampliación como un proceso artificial que tiene como objetivo preservar la existencia de la Alianza. La mayoría de los países del centro y este de Europa tienen una percepción muy distinta. Para esos países, con un pasado de sangrientas guerras entre vecinos y muchos años de alejamiento político de Europa Occidental, convertirse en miembros de la OTAN ha sido un objetivo nacional logrado gracias a los diferentes planes y programas de la Asociación, especialmente el Plan de Acción para el Ingreso (Membership Action Plan, MAP). Georgia se unió al Consejo de Cooperación del Atlántico Norte el año 1992 y el año 1994 a la APP. El año 2002 manifestó su aspiración de convertirse en miembro de la Alianza. Georgia fue el primer país en acordar un Plan Individual de Asociación con la Alianza en el año 2003. Al año siguiente, Georgia y la OTAN firmaron un acuerdo que permitía el tránsito de tropas y suministros de los aliados hacia Afganistán. La OTAN ofreció a Georgia en el año 2006 participar en un Diálogo Intensificado. En el año 2007 Georgia acogió el ejercicio aéreo OTAN/APP Cooperative Archer. Georgia ha usado ampliamente los instrumentos de planeamiento de la APP, ha participado en numerosos ejercicios y ha contribuido con tropas en las operaciones lideradas por la Alianza (850 efectivos en la operación Iraki Freedom y 150 en la operación Joint Enterprise durante 2007, un número muy elevado para unos 11.000 efectivos totales). Una apuesta muy alta La próxima reunión de diciembre de los ministros de Asuntos Exteriores aliados ha adquirido una relevancia muy especial. En efecto, los ministros tienen que dar cumplimiento al mandato recibido de los jefes de Estado y Gobierno reunidos en Bucarest el pasado mes de abril de hacer una primera evaluación de los esfuerzos realizados por Ucrania y Georgia y decidir sobre sus peticiones de unirse al MAP. Ser llamado a participar en el MAP no asegura el ingreso en la OTAN ni la fecha de ese ingreso, pero se considera una señal evidente de un acercamiento formal cuyo fin natural es ser miembro de la Alianza. Mientras la OTAN insiste en que las decisiones sobre la ampliación sólo pueden ser tomadas libremente por sus miembros, existen circunstancias que condicionan esa decisión de diciembre. En primer lugar, las peculiaridades de la región en que se encuentra Georgia y que ya condicionaron la decisión de Bucarest. En segundo lugar, la decisión ha de tomarse a los pocos meses de un conflicto que no ha resuelto ningún problema y que ha abierto nuevas heridas con el reconocimiento por Rusia de la independencia de Osetia del Sur y Abjasia. El recuerdo de Kosovo es un tercer elemento de confusión. Aunque el caso de la provincia serbia y el de las repúblicas secesionistas de Georgia son distintos por muchas razones, en ambos casos se ha conculcado la legalidad internacional y algunos países, como Rusia, han empleado argumentos contradictorios para defender posturas fuera de esa legalidad. En cuarto lugar, cualquier decisión que se tome afectará a las relaciones OTAN-Rusia que han ido creciendo a lo largo de los años y han favorecido la estabilidad en Europa, por lo que su paralización afecta al progreso en esas relaciones aunque persistan los contactos informales a niveles subalternos y continúe la cooperación logística rusa con ISAF en Afganistán (tránsito por territorio ruso de cargas no militares de la Alianza y el uso de aviones de transporte estratégico Antonov An-124). Los ministros aliados, autorizados en una medida poco habitual a decidir sobre las peticiones de acceso al MAP de Georgia y Ucrania, deberán hacerlo a principios de diciembre en una primera evaluación del progreso de ambos países. El abanico de posibles decisiones que los ministros podrían tomar es teóricamente muy amplio, pero algunas de esas opciones y de sus consecuencias serían: Conclusiones: A medida que el tiempo transcurre hacia el Consejo Atlántico de diciembre se van enfriando los sentimientos desatados por el conflicto y disminuyendo la agresividad de las declaraciones. La llegada de una Administración demócrata a la Casa Blanca y la atención dedicada a la crisis económica mundial parecen amortiguar los efectos de la decisión a tomar sobre la ampliación del MAP. No obstante, la apuesta es muy alta pues la decisión que se tome repercutirá en la estabilidad del Cáucaso, Oriente Próximo y Europa. Por un lado, la decisión pondrá a prueba el futuro de la relación OTAN-Rusia, una relación que se ha desarrollado con vigor durante los pasados 11 años y de la que se han beneficiado todas las partes. También pondrá a prueba la capacidad de la OTAN para proporcionar seguridad en una de las zonas más inestables del planeta si amplia su garantía de seguridad a Georgia como miembro de pleno derecho. Del mismo modo, los aliados deben calcular el efecto de su decisión dentro de un contexto complejo con amenazas terroristas, con una crítica situación económica mundial unida a la escasez de energía y al deterioro del entorno natural donde cualquier fricción internacional puede poner en marcha un proceso incontrolado de interacciones. [1] La presión rusa en aquel momento consiguió evitar la entrada en el MAP pero no consiguió que se rechazara la candidatura porque como recoge el punto 23 de la Declaración de Bucarest: “NATO welcomes Ukraine’s and Georgia’s Euro Atlantic aspirations for membership in NATO. We agree today that these countries will become members of NATO”. Para los antecedentes y consecuencias de la decisión de Bucarest, véase F. del Pozo, “El Conflicto de Georgia y la OTAN”, ARI nº 97/2008, Real Instituto Elcano). Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona
Un genocidio histórico
La historia contemporánea está llena de dictadores que con mayor o menor intensidad hicieron (o hacen) lo posible por negar toda virtualidad de libertad y democracia a sus ciudadanos. Si esto es algo generalizado en todas las latitudes del planeta, acaso los dos dictadores que con más crueldad actuaron a lo largo del siglo XX fueron dos europeos: un alemán nacido en Viena, Adolf Hitler, y un soviético proveniente de Georgia, Josef Stalin.
Ambos dirigieron su odio contra diversos colectivos por razones ideológicas, religiosas, culturales… o con cualquier excusa para desplegar, con el silencio de las sociedades que les amparaban, toda la brutalidad que llevaban dentro. Del primero, fue especialmente víctima el pueblo judío, que fue sometido a infames ignominias. Sería, sobre todo, el Estado de Israel, desde su posterior fundación, el que de modo muy comprometido ha querido mantener vivo el recuerdo de uno de los episodios más indignos de la historia de la humanidad.
SON NUMEROSOS los grupos sociales o nacionales víctimas de la maldad intrínseca de Stalin. Las matanzas y deportaciones, en unas condiciones que conducían a muertes seguras, fueron muy numerosas y prolongadas. Pero hay una que fue la principal y cuyo 75 aniversario se conmemora ahora: la hambruna creada en Ucrania, que provocó la muerte de entre 8 y 10 millones de personas (un 20% de la población de esta república soviética). Durante mucho tiempo cayó sobre este acontecimiento un manto ignominioso de silencio, que está empezando ahora a rasgarse.
Siempre el país ucraniano fue calificado de “granero” de Rusia o de Europa por ser, dada la fertilidad de sus tierras, uno de los mayores productores de trigo. Tras la fase previa de colectivización seguida de amplias deportaciones a Siberia, entre 1932 y 1933 se produjeron unas requisas e incautaciones masivas de toda la producción alimenticia, que condenaron a la muerte por hambre a millones de ucranianos. Mientras tanto, la Unión Soviética procedía a exportar a otros países lo incautado a los campesinos de una de sus repúblicas. Quienes querían huir de esa hambruna tan artificial como despiadada y desplazarse a zonas urbanas eran retenidos por los militares.
Ahora hace 75 años, en junio de 1933, se produjo el momento álgido de esa tremenda acción: cada día morían 25.000 ucranianos. Esa hambruna no tenía su origen en causas naturales sino en una premeditada actuación de los dirigentes soviéticos para provocar el aniquilamiento en masa de una población refractaria al sistema de colectivización.
Mientras Stalin contemplaba muy atento el aniquilamiento de los campesinos ucranianos que había promovido, seguía al detalle de la destrucción en 40 días del mayor templo religioso de Moscú, el Cristo Salvador, construido durante 50 años para conmemorar la victoria sobre Napoleón. En su lugar erigiría el Palacio de los Soviets.
Solo bastante recientemente se ha empezado a divulgar uno de las mayores actuaciones terroristas de Estado cual es la acontecida en Ucrania bajo la dictadura soviética. Hace cinco años, la Asamblea de la ONU aprobó una declaración de reconocimiento de esta gran tragedia. Más recientemente, tras el cambio originado con la revolución naranja, los nuevos dirigentes, alejados del comunismo, promovieron en su Parlamento una ley sobre la gran hambruna en la que se procede al reconocimiento de este genocidio.
Algunos países promovieron iniciativas en este sentido. El Congreso de los Diputados lo hizo (a instancia del diputado de CiU Xuclà) hace unos meses, consiguiendo el respaldo unánime de la Comisión de Asuntos Exteriores. Varias comunidades autónomas también lo han hecho, como Euskadi, Baleares o el Parlament de Catalunya.
COMO expresó Sören Kierkegar, “la historia se escribe hacia atrás pero se vive hacia delante”. Ahora, Ucrania recuerda aquellos hechos intentando recuperar su propia memoria histórica a la que todo pueblo tiene derecho cuando acontecimientos especiales justifican que se vuelvan los ojos atrás. Pero no para quedarse clavados en ese pasado sino para, con su voz alzada, reclamar y contribuir a que eso jamás pueda volver a suceder ni allí ni en cualquier otro lugar.
Hoy Ucrania sigue teniendo rémoras de aquel tiempo, como el gran peso de una oligarquía financiera y política corrupta, pero se han dado pasos hacia una clara libertad de prensa, pluralismo político (escaso en otros países ex soviéticos) y notable transparencia electoral. Es, ciertamente, un país con una doble alma, con una mitad que mira a Rusia y otra que lo hace a Europa. Si la inestabilidad no regresa, tiene un gran futuro.
NECESITAN antes recordar, reflexionar y lavar, tanto internamente como también hacia el exterior, aquellos hechos acontecidos hace 75 años. De ellos fueron responsables los dirigentes soviéticos del Kremlin de aquel momento, pero también el inmenso silencio, y a veces complicidad, con que gran parte de la sociedad ucraniana actuó no solo entonces sino también cuando el país asumió su independencia en 1991, al igual que el enorme silencio de todo el mundo hasta fechas recientes.
>Un genocidio histórico
>
La historia contemporánea está llena de dictadores que con mayor o menor intensidad hicieron (o hacen) lo posible por negar toda virtualidad de libertad y democracia a sus ciudadanos. Si esto es algo generalizado en todas las latitudes del planeta, acaso los dos dictadores que con más crueldad actuaron a lo largo del siglo XX fueron dos europeos: un alemán nacido en Viena, Adolf Hitler, y un soviético proveniente de Georgia, Josef Stalin.
Ambos dirigieron su odio contra diversos colectivos por razones ideológicas, religiosas, culturales… o con cualquier excusa para desplegar, con el silencio de las sociedades que les amparaban, toda la brutalidad que llevaban dentro. Del primero, fue especialmente víctima el pueblo judío, que fue sometido a infames ignominias. Sería, sobre todo, el Estado de Israel, desde su posterior fundación, el que de modo muy comprometido ha querido mantener vivo el recuerdo de uno de los episodios más indignos de la historia de la humanidad.
SON NUMEROSOS los grupos sociales o nacionales víctimas de la maldad intrínseca de Stalin. Las matanzas y deportaciones, en unas condiciones que conducían a muertes seguras, fueron muy numerosas y prolongadas. Pero hay una que fue la principal y cuyo 75 aniversario se conmemora ahora: la hambruna creada en Ucrania, que provocó la muerte de entre 8 y 10 millones de personas (un 20% de la población de esta república soviética). Durante mucho tiempo cayó sobre este acontecimiento un manto ignominioso de silencio, que está empezando ahora a rasgarse.
Siempre el país ucraniano fue calificado de “granero” de Rusia o de Europa por ser, dada la fertilidad de sus tierras, uno de los mayores productores de trigo. Tras la fase previa de colectivización seguida de amplias deportaciones a Siberia, entre 1932 y 1933 se produjeron unas requisas e incautaciones masivas de toda la producción alimenticia, que condenaron a la muerte por hambre a millones de ucranianos. Mientras tanto, la Unión Soviética procedía a exportar a otros países lo incautado a los campesinos de una de sus repúblicas. Quienes querían huir de esa hambruna tan artificial como despiadada y desplazarse a zonas urbanas eran retenidos por los militares.
Ahora hace 75 años, en junio de 1933, se produjo el momento álgido de esa tremenda acción: cada día morían 25.000 ucranianos. Esa hambruna no tenía su origen en causas naturales sino en una premeditada actuación de los dirigentes soviéticos para provocar el aniquilamiento en masa de una población refractaria al sistema de colectivización.
Mientras Stalin contemplaba muy atento el aniquilamiento de los campesinos ucranianos que había promovido, seguía al detalle de la destrucción en 40 días del mayor templo religioso de Moscú, el Cristo Salvador, construido durante 50 años para conmemorar la victoria sobre Napoleón. En su lugar erigiría el Palacio de los Soviets.
Solo bastante recientemente se ha empezado a divulgar uno de las mayores actuaciones terroristas de Estado cual es la acontecida en Ucrania bajo la dictadura soviética. Hace cinco años, la Asamblea de la ONU aprobó una declaración de reconocimiento de esta gran tragedia. Más recientemente, tras el cambio originado con la revolución naranja, los nuevos dirigentes, alejados del comunismo, promovieron en su Parlamento una ley sobre la gran hambruna en la que se procede al reconocimiento de este genocidio.
Algunos países promovieron iniciativas en este sentido. El Congreso de los Diputados lo hizo (a instancia del diputado de CiU Xuclà) hace unos meses, consiguiendo el respaldo unánime de la Comisión de Asuntos Exteriores. Varias comunidades autónomas también lo han hecho, como Euskadi, Baleares o el Parlament de Catalunya.
COMO expresó Sören Kierkegar, “la historia se escribe hacia atrás pero se vive hacia delante”. Ahora, Ucrania recuerda aquellos hechos intentando recuperar su propia memoria histórica a la que todo pueblo tiene derecho cuando acontecimientos especiales justifican que se vuelvan los ojos atrás. Pero no para quedarse clavados en ese pasado sino para, con su voz alzada, reclamar y contribuir a que eso jamás pueda volver a suceder ni allí ni en cualquier otro lugar.
Hoy Ucrania sigue teniendo rémoras de aquel tiempo, como el gran peso de una oligarquía financiera y política corrupta, pero se han dado pasos hacia una clara libertad de prensa, pluralismo político (escaso en otros países ex soviéticos) y notable transparencia electoral. Es, ciertamente, un país con una doble alma, con una mitad que mira a Rusia y otra que lo hace a Europa. Si la inestabilidad no regresa, tiene un gran futuro.
NECESITAN antes recordar, reflexionar y lavar, tanto internamente como también hacia el exterior, aquellos hechos acontecidos hace 75 años. De ellos fueron responsables los dirigentes soviéticos del Kremlin de aquel momento, pero también el inmenso silencio, y a veces complicidad, con que gran parte de la sociedad ucraniana actuó no solo entonces sino también cuando el país asumió su independencia en 1991, al igual que el enorme silencio de todo el mundo hasta fechas recientes.
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