>El beso como símbolo
>
En esta época de tantas seguridades vivimos sin embargo rodeados por la conciencia cada vez más viva del riesgo. La inquietante amenaza del H1N1 que nos trae la gripe A parece que va a proscribir el uso social del beso entre nosotros. Lo cual, a mi juicio, es una pena.
El beso es un antiquísimo y extendido uso social, además de ser, cuando es intenso e íntimo, un juego sexual. Nuestro padre Freud dictaminó que el beso erótico es nada menos que un intento inconsciente de volver a la seguridad del pecho materno (elemental querido Sigmund).
El beso en la mejilla, o en la manos, se ha usado desde tiempo inmemorial como gesto de bienvenida y de despedida; el Beso de la Paz aparece expresamente en el Nuevo Testamento; besos de respeto se dan sobre la Torah cuando ésta es introducida en la sinagoga; en los templos cristianos, cuando se lee la Biblia, se besan las reliquias; en las iglesias ortodoxas es común el beso de los iconos, así como en otros contextos se besan estatuas, o a los líderes, como signo de lealtad. Se besan los dados en el casino para pedirles suerte, y es común el beso en los cuentos de hadas como fuerza curativa con capacidad para romper encantamientos como en la Bella Durmiente, o también como símbolo de protección como en la leyenda del Anillo de los Nibelungos. Incluso en la masonería el beso fraternal es también un acto lleno de significado: está asociado a la paz. En el siglo XVII se escribió el trabajo más extenso sobre el beso, ‘Opus Polyhistoricum (…) de Osculis (…)’, del autor germano Martin von Kempe (1642-83), que reunió en su obra de 1.040 apretadas páginas citas y referencias de todo tipo sobre la costumbre y el significado del beso desde los autores clásicos greco-romanos, la Biblia y todas las referencias legales y médicas que pudo encontrar catalogando más de 20 formas de besos todas ellas profusamente documentadas.
Desde luego, también el beso tiene su lado oscuro. Existe el beso de la Mafia que puede significar reconocimiento y también muerte, el beso de Judas que significa traición, el beso de Satán que significa condenación eterna.
Parece que algunos estudios zoológicos han acreditado también el uso del beso entre cierto tipo de monos, los bonobos, una rama de la familia de los chimpancés que usan constantemente el beso como una estrategia para la reducción de las tensiones, para tranquilizarse mutuamente y reducir cualquier temor o tensión competitiva. A través del beso social detectamos ¿la vibración de amistad?, ¿superioridad?, ¿igualdad? Confianza.
El beso ritualizado entre nosotros tiene un valor simbólico pero conserva también una resonancia afectiva y psicobiológica, más o menos remota, asociada al poder de vinculación de la intimidad, al simple placer del contacto, a los condicionamientos individuales, a las fantasías inconscientes y al valor social que se le otorga en diferentes sociedades.
Sin embargo, el uso social del beso no es universal, curiosamente no es tradicional en las culturas subsaharianas, asiáticas o polinesias y si se ha introducido en ciertos niveles es por influencia occidental.
En los países islámicos no es admisible el beso entre personas de distinto sexo que no estén unidas por matrimonio o por vínculos familiares de sangre, pero sí se admite el beso en la mejilla como señal de saludo entre personas del mismo sexo.
Entre nosotros, sin embargo existen diferentes protocolos sociales respecto del beso. En Francia es habitual el triple beso como señal de salutación incluso entre hombres -los anglosajones prefieren ’shaking hands’-; en los países eslavos se admite incluso el beso en los labios entre varones -muchos recordaremos la imagen, entre terrible y cómica, de Leonidas Breznev y el camarada Honecker besándose en los labios con motivo de alguna conferencia internacional-; en los demás países el beso entre hombres no es socialmente admitido salvo entre padres e hijos o parientes muy próximos y desde luego siempre en la mejilla.
El beso es un gesto de paz y no andamos sobrados de gestos de paz para renunciar a ninguno. ¿Por qué hace falta hacer constantemente gestos de paz? Precisamente porque la paz nunca está dada de una vez y para siempre, la tendencia natural de las relaciones humanas conlleva una deriva hacia la distancia, el equívoco y la tensión. Si por razones higiénico-sanitarias y por culpa de la gripe A nos vemos obligados a limitar el uso del beso tendremos que encontrar otra forma de gestualizar nuestros deseos de paz, nuestro afecto y los vínculos de solidaridad con los que nos identificamos.
Besos.
Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona
>Melchor, Gaspar y Obama: la llegada de una estrella risueña
>
Por Guillermo Fesser, periodista, miembro del dúo Gomaespuma y director de cine (EL MUNDO, 06/01/09): Hoy, festividad de Reyes, hace días que ya no es Navidad en Estados Unidos. Y, sin embargo, todavía lo parece. La esperanza contagiosa que despierta la investidura de Obama, el próximo 20 en Washington, se asemeja bastante al entusiasmo genuino que todos hemos sentido alguna vez al echar la carta en vísperas de la cabalgata. En el Estado de Nueva York, además, el paisaje ayuda a recrear el sueño. La tercera tormenta del año ha dejado un manto blanco que, como la luz de contra en el cine, ilumina la trasera de los árboles y siluetea las casas de madera del pueblo en que me encuentro, consiguiendo que parezca un decorado de película. Un marco idóneo para celebrar lo que aquí denominan christmas, que no es sino el resultado gramatical de unir el prefijo latino criste con el sufijo maesse. O sea, la misa del Cristo. La fiesta del hijo de Dios que nació en Belén, al oeste de unos territorios palestinos hoy más trágicamente ocupados que nunca, bajo un sol abrasador y cuyo cumpleaños, sin embargo, parece que no es lo mismo si no se festeja en un ambiente nevado. Traslación climática debida a la comunidad cristiana del año 336, que hizo coincidir la fecha del nacimiento de Jesús con la popular Saturnalia pagana y, de paso, incorporó la costumbre romana de intercambiar regalos durante el solsticio de invierno. Desde entonces, en el portal la nieve es bella y unas condiciones atmosféricas de perros, como los 16 grados bajo cero que soportaron los Clinton en la nochevieja de Times Square, se consideran óptimas para entonar villancicos. Sin embargo, se saltan a la torera la letra de The Twelve Days of Christmas, el más tradicional de todos, que en teoría garantiza a los norteamericanos 12 días y 11 noches de festejos desde el 25 de diciembre fun, fun, fun, hasta la epifanía de San Mateo. Y that’s all folks. Las fiestas concluyen con el beso en los labios con el que se recibe al nuevo año. De todas maneras, el recorte vacacional al final del calendario tiene truco porque, como contrapartida, igual que hiciera este año el alcalde de Madrid, en Estados Unidos comienzan a colocar las luces mucho antes de lo previsto. Es la consecuencia de una sociedad multicultural en la que nadie sabe si el vecino celebra la pascua, la januka judía, la kwanza de origen africano o la tradición persa. El feliz navidad de toda la vida, merry christmas, hace tiempo que cedió el paso a un correcto, aunque más lacónico, happy hollydays y el verdadero pistoletazo de salida navideño se produce el cuarto jueves del mes de noviembre con la comida del día de Acción de Gracias. La cena de thanksgiving es la festividad más parecida a nuestra nochebuena. El fenómeno es relativamente reciente. Hasta el primer cuarto del siglo pasado, la Navidad era el momento del año en que se reunían las familias en torno a la chimenea y preparaban juntos la venida de un Santa Claus modelado a mediados del XIX por Washington Irving. La gente crecía en el mismo lugar en que había nacido y los soldados en el frente europeo cantaban esperanzados el I’ll Be Home For Christmas. El final de la Segunda Guerra Mundial lo trastocó todo. El retorno de los soldados supuso la grave amenaza de un crecimiento imposible de asumir en las listas del paro y el Gobierno firmó un decreto que abrió el acceso a la universidad a millones de personas. La condición económica dejó de ser una traba para acceder a unas facultades que hoy cuestan una media anual de 25.000 euros por matrícula. Desde entonces, los estadounidenses tuvieron que acostumbrarse a comenzar su vida laboral debiéndole al banco el importe del crédito solicitado para sufragarse los estudios superiores y, en parte por este motivo, comenzaron a no regresar a sus pueblos de origen tras la graduación. Urgía encontrar en el calendario un día al año para volver a casa y, con el nacimiento de una segunda generación de emigrantes, tan norteamericana como la que más, que ya no necesitaba diluirse para pasar inadvertida entre la mayoría sino que, muy al contrario, buscaba con ahínco la reivindicación de sus raíces culturales, la Navidad ya no se ajustaba a todas las sensibilidades. De modo espontáneo, la sociedad se puso de acuerdo en una fecha: el día de Acción de Gracias. La celebración se basaba en valores compartidos por todos: el agradecimiento por haber encontrado la tierra prometida y el recuerdo de una de las pocas ocasiones en que los colonos trataron con respeto a los nativos. Aparte de presentar otras dos ventajas notables: ni hacía falta comprar regalos, ni había que molestarse en decorar las casas. Por eso hoy, 6 de enero, ya no es navidad y los estadounidenses han vuelto a la realidad cotidiana. Back to reality. Panorama que, en rasgos generales, se perfila tan negro como el color del carbón que están volviendo a utilizar para calentar sus hogares de los estados septentrionales muchas familias que no pueden costearse las facturas del gasóleo. Al resto no les va mejor. Los 50 estados de la Unión estimaron el pasado viernes en 100.000 millones de dólares el déficit presupuestario que van a generar en los próximos dos años. Los gobernadores no saben qué inventar para rellenar el agujero. A Paterson, el de Nueva York, se le han tirado los consumidores al cuello tras sugerir que iba a gravar los refrescos de cola con un impuesto por provocar la obesidad. Todo, menos pagar más por la chispa de la vida. Y, mientras, la familia que no tenga 8.000 euros anuales para suscribir un seguro médico, que procure no caer enferma. Son las incongruencias de un sistema que invierte por cada ciudadano tres veces más que España en salud pública y que, sin embargo, tiene a 40 millones de personas fuera de cobertura. El lado oscuro de un capitalismo que hace aguas por las grietas de la avaricia financiera que santificó durante su mandato Ronald Reagan. El paraíso del timador, que en inglés de dice swindler, en cuyo máximo representante se ha convertido Bernard Madoff. Para nosotros Meidoff, el hombre que le robó los ahorros al mismísimo Steven Spielberg y que, según el chascarrillo que corre, podría ser protagonista de la próxima película del director: La lista de Swindler. Soplan rachas de desasosiego y, sin embargo, se percibe, como el temblor que antecede al avistamiento de la manada en las grandes praderas, una sensación colectiva de que los acontecimientos van a cambiar de rumbo a partir del día 20. No porque el político Obama llegue a la Casa Blanca con las enormes promesas de todos conocidas. Otros candidatos antes que él prometieron el cielo y no generaron ni cuarto y mitad de entusiasmo. No. Más bien porque, por fin, una persona inteligente y sencilla habla de las cosas que en los hogares preocupan y aporta a la política un ingrediente tan norteamericano como las barras y las estrellas: el sentido del humor. El sarcasmo. La capacidad de reírse de uno mismo sin complejos, que le ha posibilitado a este pueblo hacer autocríticas tan dolorosas y tan valientes como la revisión de su nefasta intervención en la Guerra del Vietnam. El Obama que reconoce con desparpajo compartir la política de Alfred E. Smith, ex gobernador demócrata de Nueva York, y las orejas de soplillo de Alfred E. Neuman, la mascota de la célebre revista cómica Mad. El Obama que se ríe al proclamar que su mayor virtud es la humildad y su peor defecto el no poder evitar salirse en todo lo que hace. El Obama que en una cena benéfica, a tres semanas de las elecciones presidenciales, compartió mesa y bromas con McCain y le dijo: «John, estáis en lo cierto al acusarme de haberme juntado en el pasado con un grupo de indeseables. Tipos de baja estopa. Impenitentes. Tengo que reconocerlo: he sido miembro del Senado de los Estados Unidos». La gente le adora y espera de él un cambio necesario. Quiere ver pudrirse a Madoff en la cárcel. Quiere salir de Irak. Mejorar la educación y la sanidad. Tener trabajo. Pero, más que nada, lo que la gente espera de Obama es que él no cambie nunca. Lo otro, los resultados, todos saben que se tomarán su tiempo. Ya lo dijo el primer ministro de China en los años 50, Chou En-lai, cuando le preguntaron su opinión sobre la Revolución Francesa de 1789: «Quizás sea demasiado pronto todavía para extraer consecuencias». Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona
De la tradición a la modernidad
La modernidad ha reavivado muchas fiestas tradicionales y favorecido la “invención” de otras tras largos años de haber impulsado su desaparición. Una aparente contradicción que tal vez no lo sea tanto. El desmantelamiento del mundo tradicional, identificado, aunque no del todo, con el mundo rural, parecía inevitable. La tecnología, los vestidos, las edificaciones, los modos de ganarse la vida, la moral, el habla, las actitudes, los modelos, los símbolos… Y si hubo algo que resistió mejor los vientos de modernización, eso fue la fiesta tradicional. Y no todas, sino más propiamente algunas. Tal vez aquellas cargadas de transgresión consentida o de alta exhibición estética o de momentos de emoción intensa se mantuvieron más que otras, se tambalearon también, pero acabaron conservándose a pesar del efecto de arrastre que se esperaba después de la desaparición de tantas tachadas de rutinarias, vacías, aburridas o incluso de ejercicios de hipocresía y cinismo, de demostraciones de autoritarismo… La explicación no es simple. Pero el diagnóstico de sociedad desencantada que Weber apreció con el advenimiento de la modernidad aún nos resulta sugerente. Y por lo mismo los intentos de reencantamiento. En las fiestas tradicionales era posible hallar ingenuidad, espontaneidad, alegría sana, simpatía…, pero también desenfreno, apasionamiento, locura. Aunque fuera por unos breves momentos.
Las fiestas mantenidas se descargaron de religión a la vez que se cubrieron de espectáculo. La aplicación del Vaticano II fue demoledora. La Iglesia católica pareció sentirse liberada cuando se deshizo todo lo que pudo de la religiosidad popular. El sistema de denominación siguió siendo religioso, San José, San Fermín, San Sebastián, la Virgen de la Fuencisla, la Virgen del Rosario…, pero la sociedad en general reconocía sin ambages que las únicas fiestas verdaderamente “de guardar” eran las patronales. Parecía haberse hecho por fin evidente que si las fiestas debían ser tenidas como fenómeno religioso, lo eran más como manifestaciones locales y menos como participación en una religión universal. No pocas tensiones se han producido – y aún tienen lugar- por la pretensión de control y de dotación de sentido por parte de las autoridades religiosas en particular sobre los actos litúrgicos de las fiestas y la imponente presencia de la sociedad civil en todo el programa de las fiestas.
De paso, no se podría dejar de destacar que la pretensión de control por parte de los poderes políticos no ha sido menor e igualmente sigue formulándose todavía. Pasó un tiempo en el que los fervores políticos se mezclaban con los festivos. Pero se ha comprobado repetidamente que la fiesta controlada, manipulada, no es fiesta y que los réditos políticos que se sacan de ello acaban siendo menguados.
El espectáculo se ha ido extendiendo con la modernidad. Y las fiestas tradicionales han sido integradas en él. Tras una primero vacilante y luego profusa distribución de información, la gran variedad de las fiestas tradicionales en España (santantonadas, águedas, carnavales, Semana Santa, Corpus, hogueras, el diagosto, el Cristo…) se convirtió en un poderoso atractivo para orientar a una enorme población desplazándose en tiempo de ocio. En las reglas tradicionales estaba la apertura de la comunidad y la ampliación casi indefinida de la hospitalidad en tiempos de fiesta. Muy especialmente los emigrados a las ciudades esperaron y esperan a este tiempo para un breve retorno a sus pueblos en las áreas rurales, obligado, en parte nostálgico y en parte exhibicionista. Pero también los turistas, perennes forasteros buscando raíces culturales, se sintieron invitados y sin remedio se convirtieron en muchedumbre invasora.
La demanda de espectáculo encontró enseguida complicidades económicas y políticas, pero los inocentes o sentidos rituales ejecutados bajo mandato de la tradición y llenos de significado por la implicación con que los nativos los acometían fueron mudándose bajo la presión de esa demanda, adoptando fórmulas semiprofesionales y provocando el paso de los nativos a la condición de actores. Muchos rituales han ganado en brillantez y han perdido frescura. En la misma línea, las instituciones públicas y la propia sociedad civil están intentando el reconocimiento de sus fiestas tradicionales como patrimonio cultural inmaterial, lo que significa una alta distinción pero obliga aún más al espectáculo y genera añoranza de los tiempos en los que se vivía en pequeños mundos con rituales únicos. Tal vez ya nunca será igual.
Para compensar, la modernidad ha descubierto muchos más motivos de fiestas. Y entre ellos, los históricos, conmemorando antiguos acontecimientos, y los gastronómicos, publicitando los productos de la tierra, se mimetizan con las formas tradicionales. Las fiestas tienen un gran futuro.
>De la tradición a la modernidad
>
La modernidad ha reavivado muchas fiestas tradicionales y favorecido la “invención” de otras tras largos años de haber impulsado su desaparición. Una aparente contradicción que tal vez no lo sea tanto. El desmantelamiento del mundo tradicional, identificado, aunque no del todo, con el mundo rural, parecía inevitable. La tecnología, los vestidos, las edificaciones, los modos de ganarse la vida, la moral, el habla, las actitudes, los modelos, los símbolos… Y si hubo algo que resistió mejor los vientos de modernización, eso fue la fiesta tradicional. Y no todas, sino más propiamente algunas. Tal vez aquellas cargadas de transgresión consentida o de alta exhibición estética o de momentos de emoción intensa se mantuvieron más que otras, se tambalearon también, pero acabaron conservándose a pesar del efecto de arrastre que se esperaba después de la desaparición de tantas tachadas de rutinarias, vacías, aburridas o incluso de ejercicios de hipocresía y cinismo, de demostraciones de autoritarismo… La explicación no es simple. Pero el diagnóstico de sociedad desencantada que Weber apreció con el advenimiento de la modernidad aún nos resulta sugerente. Y por lo mismo los intentos de reencantamiento. En las fiestas tradicionales era posible hallar ingenuidad, espontaneidad, alegría sana, simpatía…, pero también desenfreno, apasionamiento, locura. Aunque fuera por unos breves momentos.
Las fiestas mantenidas se descargaron de religión a la vez que se cubrieron de espectáculo. La aplicación del Vaticano II fue demoledora. La Iglesia católica pareció sentirse liberada cuando se deshizo todo lo que pudo de la religiosidad popular. El sistema de denominación siguió siendo religioso, San José, San Fermín, San Sebastián, la Virgen de la Fuencisla, la Virgen del Rosario…, pero la sociedad en general reconocía sin ambages que las únicas fiestas verdaderamente “de guardar” eran las patronales. Parecía haberse hecho por fin evidente que si las fiestas debían ser tenidas como fenómeno religioso, lo eran más como manifestaciones locales y menos como participación en una religión universal. No pocas tensiones se han producido – y aún tienen lugar- por la pretensión de control y de dotación de sentido por parte de las autoridades religiosas en particular sobre los actos litúrgicos de las fiestas y la imponente presencia de la sociedad civil en todo el programa de las fiestas.
De paso, no se podría dejar de destacar que la pretensión de control por parte de los poderes políticos no ha sido menor e igualmente sigue formulándose todavía. Pasó un tiempo en el que los fervores políticos se mezclaban con los festivos. Pero se ha comprobado repetidamente que la fiesta controlada, manipulada, no es fiesta y que los réditos políticos que se sacan de ello acaban siendo menguados.
El espectáculo se ha ido extendiendo con la modernidad. Y las fiestas tradicionales han sido integradas en él. Tras una primero vacilante y luego profusa distribución de información, la gran variedad de las fiestas tradicionales en España (santantonadas, águedas, carnavales, Semana Santa, Corpus, hogueras, el diagosto, el Cristo…) se convirtió en un poderoso atractivo para orientar a una enorme población desplazándose en tiempo de ocio. En las reglas tradicionales estaba la apertura de la comunidad y la ampliación casi indefinida de la hospitalidad en tiempos de fiesta. Muy especialmente los emigrados a las ciudades esperaron y esperan a este tiempo para un breve retorno a sus pueblos en las áreas rurales, obligado, en parte nostálgico y en parte exhibicionista. Pero también los turistas, perennes forasteros buscando raíces culturales, se sintieron invitados y sin remedio se convirtieron en muchedumbre invasora.
La demanda de espectáculo encontró enseguida complicidades económicas y políticas, pero los inocentes o sentidos rituales ejecutados bajo mandato de la tradición y llenos de significado por la implicación con que los nativos los acometían fueron mudándose bajo la presión de esa demanda, adoptando fórmulas semiprofesionales y provocando el paso de los nativos a la condición de actores. Muchos rituales han ganado en brillantez y han perdido frescura. En la misma línea, las instituciones públicas y la propia sociedad civil están intentando el reconocimiento de sus fiestas tradicionales como patrimonio cultural inmaterial, lo que significa una alta distinción pero obliga aún más al espectáculo y genera añoranza de los tiempos en los que se vivía en pequeños mundos con rituales únicos. Tal vez ya nunca será igual.
Para compensar, la modernidad ha descubierto muchos más motivos de fiestas. Y entre ellos, los históricos, conmemorando antiguos acontecimientos, y los gastronómicos, publicitando los productos de la tierra, se mimetizan con las formas tradicionales. Las fiestas tienen un gran futuro.
>San Jorge, el primer rejoneador
>
El rey Minos de Creta, en castigo por haberle matado a un hijo, impuso a los atenienses la obligación de enviar al laberinto para ser devorados por el Minotauro a siete muchachos y a siete doncellas cada nueve años. «Los barcos que llevaban las víctimas eran convoyes de muertos no muertos todavía» (Catulo, Poesías, 64). Unos dicen que por voluntad propia, otros que por haberle tocado en suerte y, los terceros, que porque el mismo rey de Creta en persona así lo había ordenado, el caso es que un año viajaba entre las víctimas, como una más de ellas, el mismísimo Teseo, hijo del dios Poseidón, con el encargo de matar al Minotauro para liberar a los atenienses.
Con Teseo, también iba, siendo aún doncella, Peribea, más tarde esposa de Telamón y madre de Ayax, de quien Minos se enamoró al verla. Cuando el monarca trató de acostarse con ella, Teseo se interpuso; entonces, aquel dijo a Teseo: «Tu no eres hijo de Poseidón porque no podrás recuperar mi anillo si me lo quito y lo tiro al mar». Minos arrojó su anillo al mar, Teseo se lanzó a buscarlo, y salió con él y con una corona de oro en la cabeza que le regaló Anfitrita, según cuenta Pausanias (Descripción de Grecia Atica y Elide, I).
Ariadna, hija de Minos, se enamoró de Teseo a primera vista y le dijo: «Te ayudaré a matar a mi hermanastro, el Minotauro, si después te casas conmigo y me llevas contigo a Atenas». Teseo llegó hasta donde estaba el monstruo, lo venció y lo mató siguiendo el hilo que había tendido su enamorada (Plutarco, Teseo, 29). Teseo, empero, la abandonó en una playa y no cumplió su palabra de llevarla con él. Ovidio se lo recrimina: «Yo no te hubiese entregado el hilo que te enseñara el regreso» (Heroidas, X, 101-106).
Este mito de liberación se ha perpetuado hasta nosotros en la figura de la reina Loba que obligaba a los habitantes del valle, de muchos valles, a rendirle tributo y a entregarle las primicias de sus cosechas y los primogénitos de sus ganados. Así, mientras los campesinos pasaban hambre, la reina banqueteaba con sus amantes y sus servidores hasta que los vecinos de uno de los pueblos la tendieron una trampa, la arrojaron por una ventana y se estrelló contra las piedras del suelo. La reina Loba es una mora.
Según Ivo Andric (Un puente sobre el Drina), en los países balcánicos se cuenta, transformada, la misma leyenda, ¿o allí se trataba de un hecho histórico? Los moros recogían en los pueblos de Bosnia oriental el número estipulado de niños cristianos; niños varones, sanos, inteligentes y de buen aspecto, de 10 a 15 años de edad, lo que se denominaba el «tributo de sangre». Algunos padres llegaban a mutilar a sus hijos para que los ojeadores pasaran de largo al verlos.
Esta leyenda ha sido cristianizada en la persona de San Jorge, tribuno de Capadocia. Cerca de Silca, una ciudad de la provincia de Libia, había un lago, en cuyas aguas se ocultaba un monstruo grande y fiero. Los habitantes de la rivera, aterrorizados, estaban obligados a arrojar cada día al lago dos ovejas para que el monstruo, satisfechas sus necesidades, los dejara atender tranquilamente sus quehaceres diarios. El día que no lo hacían, el monstruo salía de las aguas y mucha gente se moría en varios kilómetros a la redonda porque impregnaba el ambiente con hediondo resuello mortífero. Hombres valientes habían intentado 1.000 veces capturarlo y matarlo, pero todos habían tenido que salir por piernas despavoridos a pesar de ir armados hasta los dientes.
Pasado mucho tiempo, cuando ya quedaban muy pocas ovejas porque los apriscos no se recebaban, los ciudadanos acordaron en reunión dar cada día sólo una oveja al monstruo y sustituir la otra por una persona, designada por sorteo. Un día, la suerte recayó en la hija del rey quien, después de varias moratorias, tuvo que acceder a los designios del azar y dejar partir a su hija. Apenas quedaban ya ni gente ni ovejas.
Cuando la princesa, según los catalanes Violant, hija del rey de Montblanc, se encaminaba al lago para ser arrojada al monstruo, se encontró con un apuesto y aguerrido joven que iba a caballo, quien al verla muy preocupada le preguntó por la causa de su estado de ánimo. En vez de explicarle su mala suerte, ella le rogó que sin demora siguiera su camino porque los dos serían víctimas del monstruo. Aún le estaba hablando, cuando el monstruo sacó la cabeza sobre las agua, salió del lago y se dirigió hacia ellos.
El joven montó de un brinco, cogió y blandió en el aire su espada y con ella inmovilizó la bestia a los pies de su caballo. Entonces, con un extremo del cinturón de la princesa, el joven amarró el monstruo por el pescuezo mientras por el otro extremo tiraba de él. El monstruo los seguía como si fuera un perrillo faldero. El lobo de Juvia, el terrible lobo (Rubén Darío), es el monstruo domesticado por San Francisco.
Cuando los dos jóvenes llegaron a la ciudad con el monstruo, los habitantes se asustaron y huyeron despavoridos hacía los montes dando gritos y diciendo: «¡Ay de nosotros! Ahora sí pereceremos todos sin remedio». Contra todo pronóstico, nadie pereció y el joven mató el monstruo con su espada sin apearse. Jorge, que así se llamaba el joven, pidió al rey y a sus súbditos que abominaran de los ídolos y se convirtieran a Cristo. «Veinte mil hombres se bautizaron en aquella ocasión. Es de advertir que en el cómputo no se incluyeron ni a las mujeres ni a los niños» (Vorágine, La leyenda dorada).
En la época de las cruzadas, en una ocasión, Jorge se apareció a uno de los capellanes del ejercito cristiano que iba hacia Jerusalén para conquistar la ciudad santa, a la ocasión, en manos de los sarracenos. «Soy San Jorge», le dijo. «Os protegeré y actuaré como jefe de las tropas en las batallas si lleváis con vosotros las reliquias de mi cuerpo». Jorge, vestido de blanco y enarbolando una cruz roja a modo de estandarte, volvió a aparecerse, esta vez a los soldados que ya tenían la ciudad sitiada pero no se atrevían a atacarla, y los arengó «con palabras ardientes que iban directamente al corazón». Entonces, los soldados enardecidos lo siguieron, treparon por las murallas hasta las almenas, dieron muerte a los sarracenos y ocuparon la ciudad.
Las proezas de Jorge son una réplica de las de Santiago. Este luchó y venció las serpientes que habitaban Galicia para entrar allí y convertirla al cristianismo. San Jorge venció al monstruo del lago, y el rey y los habitantes de Silca se convirtieron a Cristo. Santiago ganó el nombre de Matamoros y de soldado de Cristo por excelencia porque, montado en su caballo blanco, venció en 1.000 batallas a los moros al frente de los cristianos. San Jorge venció a los sarracenos y conquistó Jerusalén al frente de los cruzados.
Hacia finales de abril, fecha en que se celebra la fiesta de San Jorge, y primeros de mayo, las fuerzas de la naturaleza, que han estado escondidas bajo tierra durante el invierno, salen a flote y tratan de hacerse un hueco entre los habitantes de la superficie. Por miedo a que las relaciones entre los esposos se vieran afectadas por el conflicto entre unos y otros, en las sociedades tradicionales europeas los matrimonios eran muy escasos por estas fechas.
Hoy, el conflicto no se da entre los habitantes de la ciudad y los monstruos de los lagos o las serpientes, ni entre los soldados cristianos y los sarracenos. Hoy, el conflicto se da entre los que están y los que llegan, entre los de dentro y los de fuera. Las riadas de gente que corren por el Camino de Santiago y la importancia que está tomando San Jorge, no son solamente fruto de la publicidad y del azar, sino también la respuesta cuasi instintiva a una situación percibida como amenazante causada por los otros. San Miguel, San Patricio y otros santos y héroes juegan en otros lugares el papel que juegan aquí San Jorge y Santiago.
En viaje por los países balcánicos, un amigo me envió una postal del santo machacando el dragón con esta leyenda de su puño y letra: «El primer rejoneador».
San Jorge, el primer rejoneador
El rey Minos de Creta, en castigo por haberle matado a un hijo, impuso a los atenienses la obligación de enviar al laberinto para ser devorados por el Minotauro a siete muchachos y a siete doncellas cada nueve años. «Los barcos que llevaban las víctimas eran convoyes de muertos no muertos todavía» (Catulo, Poesías, 64). Unos dicen que por voluntad propia, otros que por haberle tocado en suerte y, los terceros, que porque el mismo rey de Creta en persona así lo había ordenado, el caso es que un año viajaba entre las víctimas, como una más de ellas, el mismísimo Teseo, hijo del dios Poseidón, con el encargo de matar al Minotauro para liberar a los atenienses.
Con Teseo, también iba, siendo aún doncella, Peribea, más tarde esposa de Telamón y madre de Ayax, de quien Minos se enamoró al verla. Cuando el monarca trató de acostarse con ella, Teseo se interpuso; entonces, aquel dijo a Teseo: «Tu no eres hijo de Poseidón porque no podrás recuperar mi anillo si me lo quito y lo tiro al mar». Minos arrojó su anillo al mar, Teseo se lanzó a buscarlo, y salió con él y con una corona de oro en la cabeza que le regaló Anfitrita, según cuenta Pausanias (Descripción de Grecia Atica y Elide, I).
Ariadna, hija de Minos, se enamoró de Teseo a primera vista y le dijo: «Te ayudaré a matar a mi hermanastro, el Minotauro, si después te casas conmigo y me llevas contigo a Atenas». Teseo llegó hasta donde estaba el monstruo, lo venció y lo mató siguiendo el hilo que había tendido su enamorada (Plutarco, Teseo, 29). Teseo, empero, la abandonó en una playa y no cumplió su palabra de llevarla con él. Ovidio se lo recrimina: «Yo no te hubiese entregado el hilo que te enseñara el regreso» (Heroidas, X, 101-106).
Este mito de liberación se ha perpetuado hasta nosotros en la figura de la reina Loba que obligaba a los habitantes del valle, de muchos valles, a rendirle tributo y a entregarle las primicias de sus cosechas y los primogénitos de sus ganados. Así, mientras los campesinos pasaban hambre, la reina banqueteaba con sus amantes y sus servidores hasta que los vecinos de uno de los pueblos la tendieron una trampa, la arrojaron por una ventana y se estrelló contra las piedras del suelo. La reina Loba es una mora.
Según Ivo Andric (Un puente sobre el Drina), en los países balcánicos se cuenta, transformada, la misma leyenda, ¿o allí se trataba de un hecho histórico? Los moros recogían en los pueblos de Bosnia oriental el número estipulado de niños cristianos; niños varones, sanos, inteligentes y de buen aspecto, de 10 a 15 años de edad, lo que se denominaba el «tributo de sangre». Algunos padres llegaban a mutilar a sus hijos para que los ojeadores pasaran de largo al verlos.
Esta leyenda ha sido cristianizada en la persona de San Jorge, tribuno de Capadocia. Cerca de Silca, una ciudad de la provincia de Libia, había un lago, en cuyas aguas se ocultaba un monstruo grande y fiero. Los habitantes de la rivera, aterrorizados, estaban obligados a arrojar cada día al lago dos ovejas para que el monstruo, satisfechas sus necesidades, los dejara atender tranquilamente sus quehaceres diarios. El día que no lo hacían, el monstruo salía de las aguas y mucha gente se moría en varios kilómetros a la redonda porque impregnaba el ambiente con hediondo resuello mortífero. Hombres valientes habían intentado 1.000 veces capturarlo y matarlo, pero todos habían tenido que salir por piernas despavoridos a pesar de ir armados hasta los dientes.
Pasado mucho tiempo, cuando ya quedaban muy pocas ovejas porque los apriscos no se recebaban, los ciudadanos acordaron en reunión dar cada día sólo una oveja al monstruo y sustituir la otra por una persona, designada por sorteo. Un día, la suerte recayó en la hija del rey quien, después de varias moratorias, tuvo que acceder a los designios del azar y dejar partir a su hija. Apenas quedaban ya ni gente ni ovejas.
Cuando la princesa, según los catalanes Violant, hija del rey de Montblanc, se encaminaba al lago para ser arrojada al monstruo, se encontró con un apuesto y aguerrido joven que iba a caballo, quien al verla muy preocupada le preguntó por la causa de su estado de ánimo. En vez de explicarle su mala suerte, ella le rogó que sin demora siguiera su camino porque los dos serían víctimas del monstruo. Aún le estaba hablando, cuando el monstruo sacó la cabeza sobre las agua, salió del lago y se dirigió hacia ellos.
El joven montó de un brinco, cogió y blandió en el aire su espada y con ella inmovilizó la bestia a los pies de su caballo. Entonces, con un extremo del cinturón de la princesa, el joven amarró el monstruo por el pescuezo mientras por el otro extremo tiraba de él. El monstruo los seguía como si fuera un perrillo faldero. El lobo de Juvia, el terrible lobo (Rubén Darío), es el monstruo domesticado por San Francisco.
Cuando los dos jóvenes llegaron a la ciudad con el monstruo, los habitantes se asustaron y huyeron despavoridos hacía los montes dando gritos y diciendo: «¡Ay de nosotros! Ahora sí pereceremos todos sin remedio». Contra todo pronóstico, nadie pereció y el joven mató el monstruo con su espada sin apearse. Jorge, que así se llamaba el joven, pidió al rey y a sus súbditos que abominaran de los ídolos y se convirtieran a Cristo. «Veinte mil hombres se bautizaron en aquella ocasión. Es de advertir que en el cómputo no se incluyeron ni a las mujeres ni a los niños» (Vorágine, La leyenda dorada).
En la época de las cruzadas, en una ocasión, Jorge se apareció a uno de los capellanes del ejercito cristiano que iba hacia Jerusalén para conquistar la ciudad santa, a la ocasión, en manos de los sarracenos. «Soy San Jorge», le dijo. «Os protegeré y actuaré como jefe de las tropas en las batallas si lleváis con vosotros las reliquias de mi cuerpo». Jorge, vestido de blanco y enarbolando una cruz roja a modo de estandarte, volvió a aparecerse, esta vez a los soldados que ya tenían la ciudad sitiada pero no se atrevían a atacarla, y los arengó «con palabras ardientes que iban directamente al corazón». Entonces, los soldados enardecidos lo siguieron, treparon por las murallas hasta las almenas, dieron muerte a los sarracenos y ocuparon la ciudad.
Las proezas de Jorge son una réplica de las de Santiago. Este luchó y venció las serpientes que habitaban Galicia para entrar allí y convertirla al cristianismo. San Jorge venció al monstruo del lago, y el rey y los habitantes de Silca se convirtieron a Cristo. Santiago ganó el nombre de Matamoros y de soldado de Cristo por excelencia porque, montado en su caballo blanco, venció en 1.000 batallas a los moros al frente de los cristianos. San Jorge venció a los sarracenos y conquistó Jerusalén al frente de los cruzados.
Hacia finales de abril, fecha en que se celebra la fiesta de San Jorge, y primeros de mayo, las fuerzas de la naturaleza, que han estado escondidas bajo tierra durante el invierno, salen a flote y tratan de hacerse un hueco entre los habitantes de la superficie. Por miedo a que las relaciones entre los esposos se vieran afectadas por el conflicto entre unos y otros, en las sociedades tradicionales europeas los matrimonios eran muy escasos por estas fechas.
Hoy, el conflicto no se da entre los habitantes de la ciudad y los monstruos de los lagos o las serpientes, ni entre los soldados cristianos y los sarracenos. Hoy, el conflicto se da entre los que están y los que llegan, entre los de dentro y los de fuera. Las riadas de gente que corren por el Camino de Santiago y la importancia que está tomando San Jorge, no son solamente fruto de la publicidad y del azar, sino también la respuesta cuasi instintiva a una situación percibida como amenazante causada por los otros. San Miguel, San Patricio y otros santos y héroes juegan en otros lugares el papel que juegan aquí San Jorge y Santiago.
En viaje por los países balcánicos, un amigo me envió una postal del santo machacando el dragón con esta leyenda de su puño y letra: «El primer rejoneador».
>La membrana del honor
>
En estos días se habla mucho de operaciones quirúrgicas y, especialmente, de las que se practican por razones estéticas. La himenoplastia, o recomposición del himen, es una de ellas y sus usuarias son mujeres no vírgenes que quieren contentar a una segunda pareja y algunas prostitutas de lujo, pero sobre todo musulmanas y gitanas. Este es un hecho sobre el que pienso que vale la pena reflexionar.
En lo referente al islam, los tratados de derecho sustentan por encima de todo que la mujer debe casarse virgen la primera vez. El filósofo medieval Algazel, uno de los grandes teóricos del matrimonio islámico, centra las excelencias de la virginidad en el hecho de que la mujer reciba de su marido las primeras impresiones de lo que es el amor físico, porque “en lo que más a gusto se encuentra la naturaleza es en aquello a lo que está acostumbrada desde el principio. Podría suceder que a una mujer que ya ha conocido otros hombres y ha probado otras relaciones le disgustara alguna cualidad que no estuviera de acuerdo con aquello a lo que está acostumbrada, de modo que sintiera aversión hacia su marido”. Está claro que esta cita obvia las viudas, las repudiadas o las divorciadas que vuelven a casarse.
TAMBIÉN la cultura gitana rinde un verdadero culto a la virginidad y considera primordial que la desfloración de una chica sea efectuada por su primer marido. La máxima consideración de la virginidad de la novia se produce la noche de bodas con el examen al que la somete la ajuntadora: hemos visto reportajes de ceremonias nupciales gitanas en las que se ve cómo se exhibe un pañuelo con la mancha de sangre que certifica que el himen de la recién casada ha sido roto entonces y por primera vez. Es en este sentido que el pañuelo recibe el nombre de del honor, porque con su exhibición pública se juzga el honor de la novia y el de todos los familiares. En un reciente programa de TVE, dirigido y presentado por Sílvia Cóppulo, un joven gitano de Gràcia aseguraba que su hija de 3 años ya decía que quería casarse sometiéndose a la ceremonia del pañuelo del honor.
León el Africano, en su descripción de África del siglo XVI, explica cómo se desarrolla una boda musulmana: “Después de que la esposa ha entrado en la cámara nupcial, el marido pone un pie sobre el pie de su mujer y, una vez hecho esto, ambos se encierran dentro. En el exterior, la gente de la casa prepara el ágape nupcial mientras que una mujer permanece a la puerta de la cámara hasta que la esposa haya sido desflorada y el esposo le haya dado a la mujer una tela manchada con sangre. Entonces, la mujer sale al encuentro de los invitados con esta prueba, gritando y haciéndoles saber que la novia era virgen … Si, por ventura, la esposa no fuera virgen, el marido la devolvería a su padre y su madre. Sería una gran vergüenza para ellos y los invitados se irían sin comer”.
En ambas comunidades, en caso de no poder mostrar la prueba de la virginidad de la recién desposada, esta puede ser repudiada en ese instante, con la consiguiente vergüenza para ella y su familia. Esto es así porque en la mayoría de las sociedades patriarcales, el concepto de honor no solamente se aplica al individuo, sino “también” a todo el clan, y va ligado especialmente al comportamiento de las mujeres. Si una mujer no es considerada honesta, su conducta sexual repercute en toda su familia, y la vergüenza y el deshonor caen sobre todo su clan. De este modo, el honor de un hombre queda protegido mientras las mujeres solteras de su familia tienen el himen intacto. Si la recién casada no ha sangrado la noche de bodas y, en consecuencia, no ha podido probar su virginidad, se expone a la muerte, al ostracismo y a la exclusión. Por eso, algunas chicas recurren a la restauración del himen: creen que su virginidad es el mayor tesoro y explican sin reparos que las matarían si no se operaran.
Aunque la sexóloga Shere Hite diga que el tabú de la virginidad se dio en Occidente hasta hace 50 años, parece que ahora reviva en algún sector cristiano. Es práctica antigua en nuestro país así como conocido el fragmento de La Celestina que pone en boca de la alcahueta, a quien se atribuyen más de 5.000 reparaciones de himen, esta confesión: “Esto de los virgos, unos los hacía de vejiga y otros curaba de punto. Tenía en un tabladillo … unas agujas delgadas de pellejeros e hilos de cera encerados, y colgadas allí raíces de hojaplasma y fuste sanguino, cebolla albarrana y cepacaballo; hacía con esto maravillas: que, cuando vino el embajador francés, tres veces vendió por virgen una criada que tenía”.
HOY EN DÍA, una consulta en Google sobre la himenoplastia proporciona miles de entradas. Las clínicas que aparecen anunciadas hablan de anestesia local, de intervenciones de entre 3 y 15 minutos y de una recuperación de poco más de un mes. Sus precios oscilan entre 2.000 y 3.000 euros, y en América Latina organizan forfaits con avión, reserva de hotel y limusina. Por nuestra parte, en lugar de perder el tiempo con el tema del velo (que en España no es problema) o de coyunturales integraciones de determinadas comunidades, sería mejor combatir las mentalidades patriarcales que depositan en una membrana el honor de la familia y evitar operaciones humillantes que algunas mujeres se hacen por razones estéticas, pero otras por verdadera necesidad.
La membrana del honor
En estos días se habla mucho de operaciones quirúrgicas y, especialmente, de las que se practican por razones estéticas. La himenoplastia, o recomposición del himen, es una de ellas y sus usuarias son mujeres no vírgenes que quieren contentar a una segunda pareja y algunas prostitutas de lujo, pero sobre todo musulmanas y gitanas. Este es un hecho sobre el que pienso que vale la pena reflexionar.
En lo referente al islam, los tratados de derecho sustentan por encima de todo que la mujer debe casarse virgen la primera vez. El filósofo medieval Algazel, uno de los grandes teóricos del matrimonio islámico, centra las excelencias de la virginidad en el hecho de que la mujer reciba de su marido las primeras impresiones de lo que es el amor físico, porque “en lo que más a gusto se encuentra la naturaleza es en aquello a lo que está acostumbrada desde el principio. Podría suceder que a una mujer que ya ha conocido otros hombres y ha probado otras relaciones le disgustara alguna cualidad que no estuviera de acuerdo con aquello a lo que está acostumbrada, de modo que sintiera aversión hacia su marido”. Está claro que esta cita obvia las viudas, las repudiadas o las divorciadas que vuelven a casarse.
TAMBIÉN la cultura gitana rinde un verdadero culto a la virginidad y considera primordial que la desfloración de una chica sea efectuada por su primer marido. La máxima consideración de la virginidad de la novia se produce la noche de bodas con el examen al que la somete la ajuntadora: hemos visto reportajes de ceremonias nupciales gitanas en las que se ve cómo se exhibe un pañuelo con la mancha de sangre que certifica que el himen de la recién casada ha sido roto entonces y por primera vez. Es en este sentido que el pañuelo recibe el nombre de del honor, porque con su exhibición pública se juzga el honor de la novia y el de todos los familiares. En un reciente programa de TVE, dirigido y presentado por Sílvia Cóppulo, un joven gitano de Gràcia aseguraba que su hija de 3 años ya decía que quería casarse sometiéndose a la ceremonia del pañuelo del honor.
León el Africano, en su descripción de África del siglo XVI, explica cómo se desarrolla una boda musulmana: “Después de que la esposa ha entrado en la cámara nupcial, el marido pone un pie sobre el pie de su mujer y, una vez hecho esto, ambos se encierran dentro. En el exterior, la gente de la casa prepara el ágape nupcial mientras que una mujer permanece a la puerta de la cámara hasta que la esposa haya sido desflorada y el esposo le haya dado a la mujer una tela manchada con sangre. Entonces, la mujer sale al encuentro de los invitados con esta prueba, gritando y haciéndoles saber que la novia era virgen … Si, por ventura, la esposa no fuera virgen, el marido la devolvería a su padre y su madre. Sería una gran vergüenza para ellos y los invitados se irían sin comer”.
En ambas comunidades, en caso de no poder mostrar la prueba de la virginidad de la recién desposada, esta puede ser repudiada en ese instante, con la consiguiente vergüenza para ella y su familia. Esto es así porque en la mayoría de las sociedades patriarcales, el concepto de honor no solamente se aplica al individuo, sino “también” a todo el clan, y va ligado especialmente al comportamiento de las mujeres. Si una mujer no es considerada honesta, su conducta sexual repercute en toda su familia, y la vergüenza y el deshonor caen sobre todo su clan. De este modo, el honor de un hombre queda protegido mientras las mujeres solteras de su familia tienen el himen intacto. Si la recién casada no ha sangrado la noche de bodas y, en consecuencia, no ha podido probar su virginidad, se expone a la muerte, al ostracismo y a la exclusión. Por eso, algunas chicas recurren a la restauración del himen: creen que su virginidad es el mayor tesoro y explican sin reparos que las matarían si no se operaran.
Aunque la sexóloga Shere Hite diga que el tabú de la virginidad se dio en Occidente hasta hace 50 años, parece que ahora reviva en algún sector cristiano. Es práctica antigua en nuestro país así como conocido el fragmento de La Celestina que pone en boca de la alcahueta, a quien se atribuyen más de 5.000 reparaciones de himen, esta confesión: “Esto de los virgos, unos los hacía de vejiga y otros curaba de punto. Tenía en un tabladillo … unas agujas delgadas de pellejeros e hilos de cera encerados, y colgadas allí raíces de hojaplasma y fuste sanguino, cebolla albarrana y cepacaballo; hacía con esto maravillas: que, cuando vino el embajador francés, tres veces vendió por virgen una criada que tenía”.
HOY EN DÍA, una consulta en Google sobre la himenoplastia proporciona miles de entradas. Las clínicas que aparecen anunciadas hablan de anestesia local, de intervenciones de entre 3 y 15 minutos y de una recuperación de poco más de un mes. Sus precios oscilan entre 2.000 y 3.000 euros, y en América Latina organizan forfaits con avión, reserva de hotel y limusina. Por nuestra parte, en lugar de perder el tiempo con el tema del velo (que en España no es problema) o de coyunturales integraciones de determinadas comunidades, sería mejor combatir las mentalidades patriarcales que depositan en una membrana el honor de la familia y evitar operaciones humillantes que algunas mujeres se hacen por razones estéticas, pero otras por verdadera necesidad.
-
Recientes
- >Un regard juridique sur les mutations dans le monde arabe
- >EU-Turkey Accession Negotiations: the State of Play and the Role of the New Turkish Foreign Policy
- >The limits of air power
- >La filosofía del "pienso, luego ‘tuiteo’"
- >El miedo conquista Siria
- >Islandia enjaula a sus banqueros
- >Cuando la farsa se tiñe de sangre
- >Unlearned lessons from Chernobyl and Fukushima
- >In Egypt’s Democracy, Room for Islam
- >Croatia protests show failure of political promise
- >Le genre humain, menacé
- >El precio de la democracia en el mundo
-
Enlaces
-
Archivos
- abril 2011 (22)
- marzo 2011 (231)
- febrero 2011 (67)
- agosto 2010 (4)
- julio 2010 (1)
- mayo 2010 (27)
- abril 2010 (98)
- noviembre 2009 (5)
- septiembre 2009 (59)
- agosto 2009 (2)
- julio 2009 (13)
- junio 2009 (1)
-
Categorías
- Abjasia
- aborto
- administración pública
- adopción
- Afganistán
- Africa
- agricultura
- agua
- Al Qaeda
- Alemania
- alianza de civilizaciones
- alimentos
- América Latina
- Andreotti
- anorexia
- Antártida
- anticoncepción
- antisemitismo
- antropología
- apostasía
- Apoyos didácticos
- APRENDIENDO EL BLOG
- Aprendiendo en el blog
- Arabia Saudí
- Argelia
- Argentina
- armamentismo
- armas
- armas nucleares
- Armenia
- arqueología
- arquitectura
- Arte
- Asia
- astronomía
- Australia
- Austria
- automotriz
- aviación
- ética
- Bahréin
- Balcanes
- ballet
- Banca
- Banco Central Europeo
- Banco Mundial
- Bangladesh
- Bélgica
- Benedicto XVI
- Berlusconi
- bibliotecas
- Bielorrusia
- Birmania
- Bohr
- Bolívar
- Bolivia
- Bolsa
- Brasil
- budismo
- Burundi
- Bush
- Bután
- Calderón
- cambio climático
- Camboya
- canon digital
- capitalismo
- Caribe
- carrera espacial
- cáncer
- Cáucaso
- código penal
- celebración
- censura
- Centroamérica
- Che Guevara
- Chechenia
- Cheney
- Chequia
- Chile
- China
- Chipre
- choque de civilizaciones
- ciberactivismo
- ciencia
- cine
- ciudadania
- Colombia
- comercio
- comercio internacional
- comunicación política
- comunismo
- conflicto armado
- conflicto social
- conflicto territorial
- Congo
- constitución
- consumismo
- contaminación
- Convenios de Ginebra
- cooperación internacional
- cooperación policial
- Corea del Norte
- corrupción
- Corte Penal Internacional
- Costa de Marfil
- Costa Rica
- crímenes contra la humanidad
- crímenes de guerra
- crimen organizado
- criminalidad
- Cristianismo
- Croacia
- Cuba
- cuerpos y fuerzas de seguridad
- cuidados paliativos
- cultura
- cultura maya
- Cumbre económica
- custodia
- Dalai Lama
- Defensa
- delincuencia
- delitos económicos
- delitos sexuales
- Democracia
- democracia económica
- demografía
- dependencia
- deporte
- derecha
- Derecho
- derechos civiles
- derechos humanos
- derechos políticos
- desastres naturales
- deslocalización industrial
- dictaduras
- Dinamarca
- diplomacia
- discapacidad
- discriminación
- divorcio
- dopaje
- drogadicción
- ecología
- economía
- Ecuador
- Educación
- Educación para la Ciudadanía
- Egipto
- El Salvador
- elecciones
- embarazo
- empleo
- energía
- enfermedad mental
- entrevista
- Epidemias
- Eritrea
- ESA
- esclavitud
- Eslovaquia
- Eslovenia
- España
- Espacio Europeo de Educación Superior
- Estados Unidos
- Estonia
- ETA
- Etiopía
- Europa
- eutanasia
- Evo Morales
- Evolución
- Ex-Repúblicas Soviéticas
- exploración espacial
- familia
- FARC
- Fascismo
- Física
- feminismo
- Fidel Castro
- Filipinas
- filosofía
- Finlandia
- FMI
- Formación Profesional
- Foro Social Mundial
- Fox
- Francia
- franquismo
- Frida
- fuerzas armadas
- G-20
- G-8
- Gaddafi
- ganadería
- Gandhi
- gasto militar
- gastronomía
- genética
- General
- geología
- Geopolítica
- Georgia
- Ghana
- Globalización
- golpe de Estado
- Grecia
- Guantánamo
- Guatemala
- guerra
- Guerra civil española
- guerrilla
- Guinea Ecuatorial
- Haití
- hepatitis
- Holanda
- homosexualidad
- Honduras
- Hugo Chávez
- identidad cultural
- ideología
- Iglesia
- Iglesia-Estado
- Igualdad
- Igualdad de género
- ILCA
- impuestos
- incendios
- India
- indigenismo
- infancia
- infraestructura
- integración
- intelectuales
- interculturalidad
- Internet
- intimidad
- investigación
- IRA
- Irak
- Irán
- Irlanda
- Irlanda del Norte
- Islam
- Islandia
- Israel
- Italia
- Japón
- juegos olímpicos
- justicia
- juventud
- Kazajstán
- Kenia
- Kirguistán
- Kirguizistán
- Kurdistán
- laicismo
- Líbano
- lectura
- lengua española
- lengua extranjera
- lenguaje
- Letonia
- Liberalismo
- libertad
- libertad de expresión
- Libia
- libros
- Liechtenstein
- limpieza étnica
- literatura
- Lituania
- mafia
- magnicidio
- Magreb
- Malasia
- maltrato infantil
- Marruecos
- marxismo
- Maternidad
- matrimonio
- matrimonio homosexual
- Mauritania
- México
- música
- McCain
- medicamentos
- medicina
- medio ambiente
- Medio Oriente
- medios de comunicación
- Mediterráneo
- memoria histórica
- mercado laboral
- Merkel
- metro
- migración
- misiones de paz
- moda
- Moldavia
- monarquía
- moneda
- moriscos
- muerte
- multiculturalismo
- multilinguismo
- mundo árabe
- museos
- Nacionalismo
- narcotráfico
- NASA
- Naturaleza
- Navidad
- nazismo
- neocons
- Nepal
- neurociencia
- Nicaragua
- Noruega
- nuevas tecnologías
- Obama
- oceanos
- ocio
- ong
- ONU
- OPEP
- Orden Mundial
- ordenamiento jurídico
- Osetia del Sur
- OTAN
- ovnis
- Pakistán
- Panteras Negras
- paraísos fiscales
- Paraguay
- paramilitares
- partidos políticos
- patentes
- patrón de medida
- pederastia
- pedofilia
- pena de muerte
- pensamiento
- pensiones
- Perú
- periodismo
- Phineas Gage
- piratería
- plurilinguismo
- pobreza
- poder judicial
- política
- política exterior
- política linguistica
- Politica social
- Polonia
- populismo
- Portugal
- Premios Nobel
- prisiones
- privacidad
- profesorado
- propiedad intelectual
- prostitución
- protección a menores
- psicología
- publicidad
- Putin
- racismo
- Ratzinger
- reconocimiento facial
- referéndum
- Reino Unido
- relaciones transatlánticas
- Religión
- República Democrática del Congo
- reportaje
- responsabilidad social
- revoluciones
- Ruanda
- Rumanía
- Rusia
- Rutherford
- Sahara Occidental
- salarios
- salud
- salud mental
- salud pública
- saqueo cultural
- Sarkozy
- símbolos nacionales
- símbolos religiosos
- seguridad aérea
- seguridad ciudadana
- seguridad laboral
- seguridad nacional
- seguridad vial
- servicios
- servicios secretos
- sexismo
- sexualidad
- SIDA
- sindicalismo
- siniestros
- Siria
- sistema electoral
- sistema penitenciario
- sistema político
- sistema sanitario
- socialismo
- sociedad
- sociedad de la información
- Somalia
- Sri Lanka
- Sudáfrica
- Sudán
- Suecia
- Suiza
- tabaquismo
- Tailandia
- Taiwan
- tauromaquia
- Tíbet
- Túnez
- Teatro
- tecnología
- telefonía
- televisión
- Teoría del Estado
- tercera edad
- terrorismo
- testimonios
- Timor Oriental
- TLCAN
- Tony Blair
- tortura
- tradiciones
- transexualidad
- transición
- transporte
- trastorno de la personalidad
- trasvases
- Tribunal Constitucional
- Tribunal Penal Internacional
- turismo
- Turquia
- Ucrania
- UE
- UNESCO
- Unión Europea
- universidad
- Universo
- urbanismo
- Uzbekistán
- víctimas del terrorrismo
- Venezuela
- videojuegos
- Vietnam
- violencia
- violencia de género
- violencia en la escuela
- violencia infantil
- violencia juvenil
- violencia sexual
- visión
- vivienda
- wikileaks
- xenofobia
- Yemen
- Yunque
- Zimbabwe
-
RSS
RSS de las entradas
RSS de los Comentarios