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La misión de Blair

Por Abraham B. Yehoshua, escritor israelí, inspirador del movimiento Paz Ahora. Traducción: Sonia de Pedro (LA VANGUARDIA, 19/09/07):

Este verano he estado de vacaciones en el Reino Unido y me ha sorprendido escuchar las críticas de varios intelectuales británicos hacia el ex primer ministro Tony Blair. Desde fuera parece que un líder joven, simpático y dinámico como él debería caer bien a todos, pero resulta que es mucho el rencor acumulado contra él por haber implicado al Reino Unido en la guerra de Iraq. Pese a que la participación británica en esa guerra es relativamente limitada y no ha habido demasiadas bajas entre sus tropas, los ingleses no le perdonan. Tal vez por eso decidiera dejar antes de tiempo su cargo de primer ministro para no perjudicar a los laboristas en las próximas elecciones. ¿Puede que eso también le llevara a ofrecerse como enviado especial en Oriente Medio? En los últimos cuarenta años ha habido muchos enviados especiales y poco ha sido lo que han logrado. ¿Qué pudo hacer que Blair quisiera un cargo tan difícil y con tan poco prestigio?

Una vez le oí decir que creía que el conflicto entre israelíes y palestinos era una de las causas del gran odio que el mundo árabe sentía hacia Occidente, y estoy de acuerdo con él. Lo cierto es que resulta extraño que un conflicto tan localizado despierte una rabia tan irracional del mundo árabe hacia el mundo occidental. No obstante, ya vimos cómo en el siglo pasado un odio parecido hacia lo judío hizo enloquecer a pueblos como el alemán o el ruso.

En todo caso, espero que Blair se proponga algo más que crear un ambiente favorable e intente de verdad abrir un camino que finalmente lleve a la creación de dos estados vecinos. Por eso me gustaría dar algunos consejos al joven político británico.

El primero es que debe apoyar enérgicamente la última propuesta conciliadora de la Liga Árabe, la cual considero que es acertada y valiente. El segundo consejo es que debe orientar todos sus esfuerzos a favorecer un acuerdo de paz en Israel y Siria, intentando que toda la comunidad internacional se dé cuenta de la importancia de este acuerdo, porque no creo que se pueda alcanzar una auténtica paz entre israelíes y palestinos sin que al menos se hayan establecido las condiciones necesarias para que Israel y Siria firmen la paz, es decir, la devolución del Golán a Siria a cambio de un acuerdo de paz y el desarme de la zona con la presencia mediadora de fuerzas internacionales.

El desalojo de los 30.000 judíos que residen actualmente en los altos del Golán no es fácil pero es posible, pues sus razones para estar allí nada tienen que ver con las de los colonos de Judea y Samaria. Lo que se podría hacer es llegar a un acuerdo con Siria para que parte de los judíos del Golán pudieran quedarse bajo soberanía siria y que juntos creasen empresas dedicadas al turismo. La frontera con Siria es muy clara pues no hay zonas intermedias con poblaciones siria y judía, unas al lado de otras. Además, Siria es en esencia un estado laico con un gobierno relativamente estable y hasta ahora ha respetado todos los acuerdos parciales que ha firmado con Israel.

La paz entre Israel y Siria garantizaría un debilitamiento de Hamas en Gaza y de Hizbulah en la frontera con Líbano y reduce significativamente la amenaza nuclear que supone una alianza entre Siria e Irán. Pero también es de esperar que esa paz haga que los palestinos sean más flexibles y que los israelíes confíen más en las negociaciones que lleven a la creación de un estado palestino. Cuando los palestinos vean que Israel está en paz con tres de sus países vecinos, tendrán que renunciar a una de las exigencias que bloquean de antemano la posibilidad de un acuerdo: el regreso de los refugiados palestinos a sus casas, ubicadas ahora en territorio israelí, un sueño imposible. Por otra parte, una paz con Siria haría que los israelíes confiasen más en la seguridad en la frontera con el futuro estado palestino, pues ya no habría el temor de que se infiltrasen miembros de Hamas o afines a la política iraní a través de la frontera siria.

Ya he dicho más de una vez que el conflicto israelo-palestino es único en la historia y que la legitimidad de la presencia judía en la zona sigue estando en tela de juicio entre muchos palestinos. Por eso, todo intento de alcanzar la paz con ellos será inútil sin la cobertura de unas relaciones de paz entre Israel y sus tres países vecinos. Ya está en paz con Egipto y Jordania; ahora falta Siria. En definitiva, espero que Blair no siga la política de EE. UU. en la región y convenza a los norteamericanos de que dejen de vetar a Siria.

No obstante, hay un aspecto en el que Blair sí podría colaborar eficazmente gracias a su experiencia en el conflicto en Irlanda del Norte. Se trata del asunto de los colonos judíos que viven en Cisjordania, un escollo fundamental a la hora de querer alcanzar la paz con los palestinos.

El desalojo de esos 250.000 colonos o incluso de parte de ellos supone un problema muy difícil y no creo que a corto plazo ningún líder israelí se atreva a desalojarlos sin arriesgarse a que estalle una guerra civil. Tras la evacuación de los colonos de Gaza hace dos años, el Gobierno israelí, pese a quererlo, no ha sido capaz de desmantelar ningún asentamiento ilegal. Al contrario, se van ampliando. Creo que hay varios aspectos que no debemos olvidar en relación con este asunto:

1. La mayoría de esos colonos trabajan en Israel y disfrutan de unas bonificaciones económicas y de unas viviendas de una calidad que les sería difícil obtener si dejasen Cisjordania.

2. La mayor parte son religiosos nacionalistas, que consideran que estar allí es una misión sagrada.

3. A esos colonos hay que sumar un millón y medio de familias que viven en Israel, pero que se identifican con ellos y los apoyan en su lucha contra el Gobierno.

4. Si bien el desalojo de los colonos de Gaza no fue tan traumático como se esperaba, no es fácil que un gobierno se atreva a hacer algo parecido en Judea y Samaria, pues en el caso de Gaza sólo había que evacuar a 80.000 personas de una zona sin apenas valor religioso para el judaísmo y existía un consenso nacional al respecto. Y además la evacuación la ordenó un primer ministro fuerte como Sharon. Y pese a todo la lucha fue dura, así que mucho más sería en el caso de Judea y Samaria.

5. En vez de alegrarse por el fin de la ocupación, los palestinos de Gaza empezaron a armarse y a disparar cohetes contra territorio israelí, algo que sólo ha dado más razones a los que se oponen a una retirada de Cisjordania.

6. Aunque se votara en referéndum la evacuación de los colonos de Judea y Samaria, no se ganaría nada ya que en ese referéndum participarían los árabes israelíes, considerados enemigos por la derecha nacionalista, que cree que no tienen derecho a opinar sobre un asunto tan crucial.

Éstas son algunas de las razones por las que cualquier gobierno israelí se lo pensará mucho antes de evacuar a esos colonos, y eso sin contar con el enorme coste económico que supondría la evacuación. Por eso, palestinos e israelíes deberían sopesar la posibilidad de que parte de los colonos, si quisieran, pudiesen quedarse en Judea y Samaria, constituyendo una minoría dentro de un estado palestino, de igual forma que en Israel vive una minoría de palestinos.

Blair deberá estudiar esta posibilidad si quiere abrir un camino para la paz y no conformarse con meros encuentros diplomáticos con pocos resultados, y en esta cuestión sí puede aportar su experiencia en Irlanda del Norte. En mi opinión, las condiciones para que se dé esta posibilidad son:

1. Todo colono israelí que quiera quedarse deberá aceptar además la nacionalidad palestina, pero como sigue viviendo en lo que se considera Eretz Israel sí podrá votar en las elecciones israelíes, a diferencia de lo que ocurre con los israelíes que viven fuera de Israel.

2. Los asentamientos constituirían comunidades independientes con gestión municipal propia, pero no podrían ampliarse sin el permiso de los palestinos.

3. Los colonos deberían desarmarse, estar sujetos a las leyes palestinas y podrían votar para el Parlamento palestino.

4. Al poder quedarse una minoría judía en Judea y Samaria, los palestinos recibirían todo el territorio correspondiente a lo marcado por la frontera de 1967.

En definitiva, si esta posibilidad se materializase, podría ser una solución para reducir el trauma de la evacuación. Tras la resolución del conflicto en Irlanda del Norte, si Blair logra un buen acuerdo en Oriente Medio podrá expiar el pecado de Iraq y ser propuesto para el premio Nobel de la Paz.

septiembre 20, 2007 Publicado por | Medio Oriente, Tony Blair | Dejar un comentario

>La misión de Blair

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Por Abraham B. Yehoshua, escritor israelí, inspirador del movimiento Paz Ahora. Traducción: Sonia de Pedro (LA VANGUARDIA, 19/09/07):

Este verano he estado de vacaciones en el Reino Unido y me ha sorprendido escuchar las críticas de varios intelectuales británicos hacia el ex primer ministro Tony Blair. Desde fuera parece que un líder joven, simpático y dinámico como él debería caer bien a todos, pero resulta que es mucho el rencor acumulado contra él por haber implicado al Reino Unido en la guerra de Iraq. Pese a que la participación británica en esa guerra es relativamente limitada y no ha habido demasiadas bajas entre sus tropas, los ingleses no le perdonan. Tal vez por eso decidiera dejar antes de tiempo su cargo de primer ministro para no perjudicar a los laboristas en las próximas elecciones. ¿Puede que eso también le llevara a ofrecerse como enviado especial en Oriente Medio? En los últimos cuarenta años ha habido muchos enviados especiales y poco ha sido lo que han logrado. ¿Qué pudo hacer que Blair quisiera un cargo tan difícil y con tan poco prestigio?

Una vez le oí decir que creía que el conflicto entre israelíes y palestinos era una de las causas del gran odio que el mundo árabe sentía hacia Occidente, y estoy de acuerdo con él. Lo cierto es que resulta extraño que un conflicto tan localizado despierte una rabia tan irracional del mundo árabe hacia el mundo occidental. No obstante, ya vimos cómo en el siglo pasado un odio parecido hacia lo judío hizo enloquecer a pueblos como el alemán o el ruso.

En todo caso, espero que Blair se proponga algo más que crear un ambiente favorable e intente de verdad abrir un camino que finalmente lleve a la creación de dos estados vecinos. Por eso me gustaría dar algunos consejos al joven político británico.

El primero es que debe apoyar enérgicamente la última propuesta conciliadora de la Liga Árabe, la cual considero que es acertada y valiente. El segundo consejo es que debe orientar todos sus esfuerzos a favorecer un acuerdo de paz en Israel y Siria, intentando que toda la comunidad internacional se dé cuenta de la importancia de este acuerdo, porque no creo que se pueda alcanzar una auténtica paz entre israelíes y palestinos sin que al menos se hayan establecido las condiciones necesarias para que Israel y Siria firmen la paz, es decir, la devolución del Golán a Siria a cambio de un acuerdo de paz y el desarme de la zona con la presencia mediadora de fuerzas internacionales.

El desalojo de los 30.000 judíos que residen actualmente en los altos del Golán no es fácil pero es posible, pues sus razones para estar allí nada tienen que ver con las de los colonos de Judea y Samaria. Lo que se podría hacer es llegar a un acuerdo con Siria para que parte de los judíos del Golán pudieran quedarse bajo soberanía siria y que juntos creasen empresas dedicadas al turismo. La frontera con Siria es muy clara pues no hay zonas intermedias con poblaciones siria y judía, unas al lado de otras. Además, Siria es en esencia un estado laico con un gobierno relativamente estable y hasta ahora ha respetado todos los acuerdos parciales que ha firmado con Israel.

La paz entre Israel y Siria garantizaría un debilitamiento de Hamas en Gaza y de Hizbulah en la frontera con Líbano y reduce significativamente la amenaza nuclear que supone una alianza entre Siria e Irán. Pero también es de esperar que esa paz haga que los palestinos sean más flexibles y que los israelíes confíen más en las negociaciones que lleven a la creación de un estado palestino. Cuando los palestinos vean que Israel está en paz con tres de sus países vecinos, tendrán que renunciar a una de las exigencias que bloquean de antemano la posibilidad de un acuerdo: el regreso de los refugiados palestinos a sus casas, ubicadas ahora en territorio israelí, un sueño imposible. Por otra parte, una paz con Siria haría que los israelíes confiasen más en la seguridad en la frontera con el futuro estado palestino, pues ya no habría el temor de que se infiltrasen miembros de Hamas o afines a la política iraní a través de la frontera siria.

Ya he dicho más de una vez que el conflicto israelo-palestino es único en la historia y que la legitimidad de la presencia judía en la zona sigue estando en tela de juicio entre muchos palestinos. Por eso, todo intento de alcanzar la paz con ellos será inútil sin la cobertura de unas relaciones de paz entre Israel y sus tres países vecinos. Ya está en paz con Egipto y Jordania; ahora falta Siria. En definitiva, espero que Blair no siga la política de EE. UU. en la región y convenza a los norteamericanos de que dejen de vetar a Siria.

No obstante, hay un aspecto en el que Blair sí podría colaborar eficazmente gracias a su experiencia en el conflicto en Irlanda del Norte. Se trata del asunto de los colonos judíos que viven en Cisjordania, un escollo fundamental a la hora de querer alcanzar la paz con los palestinos.

El desalojo de esos 250.000 colonos o incluso de parte de ellos supone un problema muy difícil y no creo que a corto plazo ningún líder israelí se atreva a desalojarlos sin arriesgarse a que estalle una guerra civil. Tras la evacuación de los colonos de Gaza hace dos años, el Gobierno israelí, pese a quererlo, no ha sido capaz de desmantelar ningún asentamiento ilegal. Al contrario, se van ampliando. Creo que hay varios aspectos que no debemos olvidar en relación con este asunto:

1. La mayoría de esos colonos trabajan en Israel y disfrutan de unas bonificaciones económicas y de unas viviendas de una calidad que les sería difícil obtener si dejasen Cisjordania.

2. La mayor parte son religiosos nacionalistas, que consideran que estar allí es una misión sagrada.

3. A esos colonos hay que sumar un millón y medio de familias que viven en Israel, pero que se identifican con ellos y los apoyan en su lucha contra el Gobierno.

4. Si bien el desalojo de los colonos de Gaza no fue tan traumático como se esperaba, no es fácil que un gobierno se atreva a hacer algo parecido en Judea y Samaria, pues en el caso de Gaza sólo había que evacuar a 80.000 personas de una zona sin apenas valor religioso para el judaísmo y existía un consenso nacional al respecto. Y además la evacuación la ordenó un primer ministro fuerte como Sharon. Y pese a todo la lucha fue dura, así que mucho más sería en el caso de Judea y Samaria.

5. En vez de alegrarse por el fin de la ocupación, los palestinos de Gaza empezaron a armarse y a disparar cohetes contra territorio israelí, algo que sólo ha dado más razones a los que se oponen a una retirada de Cisjordania.

6. Aunque se votara en referéndum la evacuación de los colonos de Judea y Samaria, no se ganaría nada ya que en ese referéndum participarían los árabes israelíes, considerados enemigos por la derecha nacionalista, que cree que no tienen derecho a opinar sobre un asunto tan crucial.

Éstas son algunas de las razones por las que cualquier gobierno israelí se lo pensará mucho antes de evacuar a esos colonos, y eso sin contar con el enorme coste económico que supondría la evacuación. Por eso, palestinos e israelíes deberían sopesar la posibilidad de que parte de los colonos, si quisieran, pudiesen quedarse en Judea y Samaria, constituyendo una minoría dentro de un estado palestino, de igual forma que en Israel vive una minoría de palestinos.

Blair deberá estudiar esta posibilidad si quiere abrir un camino para la paz y no conformarse con meros encuentros diplomáticos con pocos resultados, y en esta cuestión sí puede aportar su experiencia en Irlanda del Norte. En mi opinión, las condiciones para que se dé esta posibilidad son:

1. Todo colono israelí que quiera quedarse deberá aceptar además la nacionalidad palestina, pero como sigue viviendo en lo que se considera Eretz Israel sí podrá votar en las elecciones israelíes, a diferencia de lo que ocurre con los israelíes que viven fuera de Israel.

2. Los asentamientos constituirían comunidades independientes con gestión municipal propia, pero no podrían ampliarse sin el permiso de los palestinos.

3. Los colonos deberían desarmarse, estar sujetos a las leyes palestinas y podrían votar para el Parlamento palestino.

4. Al poder quedarse una minoría judía en Judea y Samaria, los palestinos recibirían todo el territorio correspondiente a lo marcado por la frontera de 1967.

En definitiva, si esta posibilidad se materializase, podría ser una solución para reducir el trauma de la evacuación. Tras la resolución del conflicto en Irlanda del Norte, si Blair logra un buen acuerdo en Oriente Medio podrá expiar el pecado de Iraq y ser propuesto para el premio Nobel de la Paz.

septiembre 19, 2007 Publicado por | Medio Oriente, Tony Blair | Dejar un comentario

La misión de Blair

Por Abraham B. Yehoshua, escritor israelí, inspirador del movimiento Paz Ahora. Traducción: Sonia de Pedro (LA VANGUARDIA, 19/09/07):

Este verano he estado de vacaciones en el Reino Unido y me ha sorprendido escuchar las críticas de varios intelectuales británicos hacia el ex primer ministro Tony Blair. Desde fuera parece que un líder joven, simpático y dinámico como él debería caer bien a todos, pero resulta que es mucho el rencor acumulado contra él por haber implicado al Reino Unido en la guerra de Iraq. Pese a que la participación británica en esa guerra es relativamente limitada y no ha habido demasiadas bajas entre sus tropas, los ingleses no le perdonan. Tal vez por eso decidiera dejar antes de tiempo su cargo de primer ministro para no perjudicar a los laboristas en las próximas elecciones. ¿Puede que eso también le llevara a ofrecerse como enviado especial en Oriente Medio? En los últimos cuarenta años ha habido muchos enviados especiales y poco ha sido lo que han logrado. ¿Qué pudo hacer que Blair quisiera un cargo tan difícil y con tan poco prestigio?

Una vez le oí decir que creía que el conflicto entre israelíes y palestinos era una de las causas del gran odio que el mundo árabe sentía hacia Occidente, y estoy de acuerdo con él. Lo cierto es que resulta extraño que un conflicto tan localizado despierte una rabia tan irracional del mundo árabe hacia el mundo occidental. No obstante, ya vimos cómo en el siglo pasado un odio parecido hacia lo judío hizo enloquecer a pueblos como el alemán o el ruso.

En todo caso, espero que Blair se proponga algo más que crear un ambiente favorable e intente de verdad abrir un camino que finalmente lleve a la creación de dos estados vecinos. Por eso me gustaría dar algunos consejos al joven político británico.

El primero es que debe apoyar enérgicamente la última propuesta conciliadora de la Liga Árabe, la cual considero que es acertada y valiente. El segundo consejo es que debe orientar todos sus esfuerzos a favorecer un acuerdo de paz en Israel y Siria, intentando que toda la comunidad internacional se dé cuenta de la importancia de este acuerdo, porque no creo que se pueda alcanzar una auténtica paz entre israelíes y palestinos sin que al menos se hayan establecido las condiciones necesarias para que Israel y Siria firmen la paz, es decir, la devolución del Golán a Siria a cambio de un acuerdo de paz y el desarme de la zona con la presencia mediadora de fuerzas internacionales.

El desalojo de los 30.000 judíos que residen actualmente en los altos del Golán no es fácil pero es posible, pues sus razones para estar allí nada tienen que ver con las de los colonos de Judea y Samaria. Lo que se podría hacer es llegar a un acuerdo con Siria para que parte de los judíos del Golán pudieran quedarse bajo soberanía siria y que juntos creasen empresas dedicadas al turismo. La frontera con Siria es muy clara pues no hay zonas intermedias con poblaciones siria y judía, unas al lado de otras. Además, Siria es en esencia un estado laico con un gobierno relativamente estable y hasta ahora ha respetado todos los acuerdos parciales que ha firmado con Israel.

La paz entre Israel y Siria garantizaría un debilitamiento de Hamas en Gaza y de Hizbulah en la frontera con Líbano y reduce significativamente la amenaza nuclear que supone una alianza entre Siria e Irán. Pero también es de esperar que esa paz haga que los palestinos sean más flexibles y que los israelíes confíen más en las negociaciones que lleven a la creación de un estado palestino. Cuando los palestinos vean que Israel está en paz con tres de sus países vecinos, tendrán que renunciar a una de las exigencias que bloquean de antemano la posibilidad de un acuerdo: el regreso de los refugiados palestinos a sus casas, ubicadas ahora en territorio israelí, un sueño imposible. Por otra parte, una paz con Siria haría que los israelíes confiasen más en la seguridad en la frontera con el futuro estado palestino, pues ya no habría el temor de que se infiltrasen miembros de Hamas o afines a la política iraní a través de la frontera siria.

Ya he dicho más de una vez que el conflicto israelo-palestino es único en la historia y que la legitimidad de la presencia judía en la zona sigue estando en tela de juicio entre muchos palestinos. Por eso, todo intento de alcanzar la paz con ellos será inútil sin la cobertura de unas relaciones de paz entre Israel y sus tres países vecinos. Ya está en paz con Egipto y Jordania; ahora falta Siria. En definitiva, espero que Blair no siga la política de EE. UU. en la región y convenza a los norteamericanos de que dejen de vetar a Siria.

No obstante, hay un aspecto en el que Blair sí podría colaborar eficazmente gracias a su experiencia en el conflicto en Irlanda del Norte. Se trata del asunto de los colonos judíos que viven en Cisjordania, un escollo fundamental a la hora de querer alcanzar la paz con los palestinos.

El desalojo de esos 250.000 colonos o incluso de parte de ellos supone un problema muy difícil y no creo que a corto plazo ningún líder israelí se atreva a desalojarlos sin arriesgarse a que estalle una guerra civil. Tras la evacuación de los colonos de Gaza hace dos años, el Gobierno israelí, pese a quererlo, no ha sido capaz de desmantelar ningún asentamiento ilegal. Al contrario, se van ampliando. Creo que hay varios aspectos que no debemos olvidar en relación con este asunto:

1. La mayoría de esos colonos trabajan en Israel y disfrutan de unas bonificaciones económicas y de unas viviendas de una calidad que les sería difícil obtener si dejasen Cisjordania.

2. La mayor parte son religiosos nacionalistas, que consideran que estar allí es una misión sagrada.

3. A esos colonos hay que sumar un millón y medio de familias que viven en Israel, pero que se identifican con ellos y los apoyan en su lucha contra el Gobierno.

4. Si bien el desalojo de los colonos de Gaza no fue tan traumático como se esperaba, no es fácil que un gobierno se atreva a hacer algo parecido en Judea y Samaria, pues en el caso de Gaza sólo había que evacuar a 80.000 personas de una zona sin apenas valor religioso para el judaísmo y existía un consenso nacional al respecto. Y además la evacuación la ordenó un primer ministro fuerte como Sharon. Y pese a todo la lucha fue dura, así que mucho más sería en el caso de Judea y Samaria.

5. En vez de alegrarse por el fin de la ocupación, los palestinos de Gaza empezaron a armarse y a disparar cohetes contra territorio israelí, algo que sólo ha dado más razones a los que se oponen a una retirada de Cisjordania.

6. Aunque se votara en referéndum la evacuación de los colonos de Judea y Samaria, no se ganaría nada ya que en ese referéndum participarían los árabes israelíes, considerados enemigos por la derecha nacionalista, que cree que no tienen derecho a opinar sobre un asunto tan crucial.

Éstas son algunas de las razones por las que cualquier gobierno israelí se lo pensará mucho antes de evacuar a esos colonos, y eso sin contar con el enorme coste económico que supondría la evacuación. Por eso, palestinos e israelíes deberían sopesar la posibilidad de que parte de los colonos, si quisieran, pudiesen quedarse en Judea y Samaria, constituyendo una minoría dentro de un estado palestino, de igual forma que en Israel vive una minoría de palestinos.

Blair deberá estudiar esta posibilidad si quiere abrir un camino para la paz y no conformarse con meros encuentros diplomáticos con pocos resultados, y en esta cuestión sí puede aportar su experiencia en Irlanda del Norte. En mi opinión, las condiciones para que se dé esta posibilidad son:

1. Todo colono israelí que quiera quedarse deberá aceptar además la nacionalidad palestina, pero como sigue viviendo en lo que se considera Eretz Israel sí podrá votar en las elecciones israelíes, a diferencia de lo que ocurre con los israelíes que viven fuera de Israel.

2. Los asentamientos constituirían comunidades independientes con gestión municipal propia, pero no podrían ampliarse sin el permiso de los palestinos.

3. Los colonos deberían desarmarse, estar sujetos a las leyes palestinas y podrían votar para el Parlamento palestino.

4. Al poder quedarse una minoría judía en Judea y Samaria, los palestinos recibirían todo el territorio correspondiente a lo marcado por la frontera de 1967.

En definitiva, si esta posibilidad se materializase, podría ser una solución para reducir el trauma de la evacuación. Tras la resolución del conflicto en Irlanda del Norte, si Blair logra un buen acuerdo en Oriente Medio podrá expiar el pecado de Iraq y ser propuesto para el premio Nobel de la Paz.

septiembre 19, 2007 Publicado por | Medio Oriente, Tony Blair | Dejar un comentario

Los dos errores históricos de Tony Blair

Por Jean Daniel, director de Le Nouvel Observateur. Traducción de José Luis Sánchez- Silva (EL PAÍS, 08/07/07):

Seguramente, Tony Blair ha rediseñado la economía británica intentando avivar el dinamismo de los intercambios que le había legado Margaret Thatcher e incorporando cierto número de medidas sociales. Aunque Blair deja un Reino Unido con mayores desigualdades que antes (la distancia entre las rentas más altas y las más bajas ha batido un nuevo récord), también es cierto que su Gobierno ha creado empleo, ha reducido los déficits y se ha desembarazado de cierto número de tradiciones.

No obstante, cabe decir sin incurrir en paradoja que la Historia le juzgará severamente por haber respetado demasiado dos tradiciones de su país.

La primera es la relativa al famoso hábeas corpus del que pueden beneficiarse los individuos y que forma parte, desde la Carta Magna de 1215, de la carta de libertades del mundo. Pero, según el gran ensayista inglés Edmund Burke, una de las pocas cosas positivas de la Revolución Francesa de 1789 fue, precisamente, considerar que el hábeas corpus concernía a los individuos y no a las comunidades.

Hoy nos damos cuenta de que conceder a las comunidades todo el abanico de libertades que contiene el hábeas corpus era, en efecto, un error. El resultado es que ahora hay en el Reino Unido una nación musulmana que se distingue de Irlanda del Norte, Escocia y el País de Gales en el sentido de que en su caso las tradiciones británicas no funcionan -al revés que en los otros tres- como elemento aglutinador. Es como si, por una revancha de la Historia, los antiguos colonizados pretendiesen ejercer sobre el territorio británico los derechos que les negaron sus antiguos colonizadores.

La segunda tradición que Tony Blair no ha creído oportuno modernizar, ni adaptar, ni modificar, es la que vincula desde siempre incondicionalmente, para lo bueno y para lo malo, al Reino Unido con Estados Unidos. Winston Churchill decía con humor: “A los americanos y a nosotros sólo nos separa la misma lengua”. Blair ha contribuido a sacralizar la alianza anglosajona y la supremacía norteamericana. Pero resulta que ese matrimonio, que había conocido buenos tiempos, con George Bush ha conocido los peores.

Desde el principio, Tony Blair dudó que realmente hubiera armas de destrucción masiva en Irak y que eso pudiese justificar una segunda intervención militar contra este Estado. Sus confidentes más próximos añadieron públicamente que Tony Blair pensaba, como James Baker, Sbignew Brezinski y, sobre todo, Colin Powell, que, aunque en un primer momento la llamada Coalición se granjease la indulgencia o la complicidad de algunos gobiernos árabes, una intervención en Irak conmocionaría durante largo tiempo a la opinión arábigo-musulmana, comprometería la legitimidad religiosa de Arabia Saudí en La Meca y favorecería, bajo el impulso iraní, todos los movimientos terroristas formados en Afganistán, Pakistán y Líbano.

Jimmy Carter fue más lejos en su denuncia. El antiguo presidente de Estados Unidos afirmó que sin la adhesión de Tony Blair a la política de George Bush, el desastre iraquí seguramente hubiera sido menor, y que los preparativos de la guerra hubieran podido venir precedidos de unas negociaciones de paz en Oriente Próximo.

Aún no sabemos lo que piensa Gordon Brown del carácter incondicional del vínculo entre Londres y Washington para el futuro. No sabemos si es un militante de la causa anglosajona en el mundo y de la supremacía atlantista. Simplemente, vamos a tener la ocasión de comprobar si está en condiciones de corregir los dos mayores errores históricos de su predecesor: por una parte, la instalación en el territorio del Reino Unido de una comunidad cuyo repliegue sobre sí misma amenaza con conducir a un conflicto de civilizaciones, y, por otra, la perpetuación contra viento y marea de una actitud servil hacia Estados Unidos.

julio 11, 2007 Publicado por | Tony Blair | Dejar un comentario

Los dos errores históricos de Tony Blair

Por Jean Daniel, director de Le Nouvel Observateur. Traducción de José Luis Sánchez- Silva (EL PAÍS, 08/07/07):

Seguramente, Tony Blair ha rediseñado la economía británica intentando avivar el dinamismo de los intercambios que le había legado Margaret Thatcher e incorporando cierto número de medidas sociales. Aunque Blair deja un Reino Unido con mayores desigualdades que antes (la distancia entre las rentas más altas y las más bajas ha batido un nuevo récord), también es cierto que su Gobierno ha creado empleo, ha reducido los déficits y se ha desembarazado de cierto número de tradiciones.

No obstante, cabe decir sin incurrir en paradoja que la Historia le juzgará severamente por haber respetado demasiado dos tradiciones de su país.

La primera es la relativa al famoso hábeas corpus del que pueden beneficiarse los individuos y que forma parte, desde la Carta Magna de 1215, de la carta de libertades del mundo. Pero, según el gran ensayista inglés Edmund Burke, una de las pocas cosas positivas de la Revolución Francesa de 1789 fue, precisamente, considerar que el hábeas corpus concernía a los individuos y no a las comunidades.

Hoy nos damos cuenta de que conceder a las comunidades todo el abanico de libertades que contiene el hábeas corpus era, en efecto, un error. El resultado es que ahora hay en el Reino Unido una nación musulmana que se distingue de Irlanda del Norte, Escocia y el País de Gales en el sentido de que en su caso las tradiciones británicas no funcionan -al revés que en los otros tres- como elemento aglutinador. Es como si, por una revancha de la Historia, los antiguos colonizados pretendiesen ejercer sobre el territorio británico los derechos que les negaron sus antiguos colonizadores.

La segunda tradición que Tony Blair no ha creído oportuno modernizar, ni adaptar, ni modificar, es la que vincula desde siempre incondicionalmente, para lo bueno y para lo malo, al Reino Unido con Estados Unidos. Winston Churchill decía con humor: “A los americanos y a nosotros sólo nos separa la misma lengua”. Blair ha contribuido a sacralizar la alianza anglosajona y la supremacía norteamericana. Pero resulta que ese matrimonio, que había conocido buenos tiempos, con George Bush ha conocido los peores.

Desde el principio, Tony Blair dudó que realmente hubiera armas de destrucción masiva en Irak y que eso pudiese justificar una segunda intervención militar contra este Estado. Sus confidentes más próximos añadieron públicamente que Tony Blair pensaba, como James Baker, Sbignew Brezinski y, sobre todo, Colin Powell, que, aunque en un primer momento la llamada Coalición se granjease la indulgencia o la complicidad de algunos gobiernos árabes, una intervención en Irak conmocionaría durante largo tiempo a la opinión arábigo-musulmana, comprometería la legitimidad religiosa de Arabia Saudí en La Meca y favorecería, bajo el impulso iraní, todos los movimientos terroristas formados en Afganistán, Pakistán y Líbano.

Jimmy Carter fue más lejos en su denuncia. El antiguo presidente de Estados Unidos afirmó que sin la adhesión de Tony Blair a la política de George Bush, el desastre iraquí seguramente hubiera sido menor, y que los preparativos de la guerra hubieran podido venir precedidos de unas negociaciones de paz en Oriente Próximo.

Aún no sabemos lo que piensa Gordon Brown del carácter incondicional del vínculo entre Londres y Washington para el futuro. No sabemos si es un militante de la causa anglosajona en el mundo y de la supremacía atlantista. Simplemente, vamos a tener la ocasión de comprobar si está en condiciones de corregir los dos mayores errores históricos de su predecesor: por una parte, la instalación en el territorio del Reino Unido de una comunidad cuyo repliegue sobre sí misma amenaza con conducir a un conflicto de civilizaciones, y, por otra, la perpetuación contra viento y marea de una actitud servil hacia Estados Unidos.

julio 11, 2007 Publicado por | Tony Blair | Dejar un comentario

>Los dos errores históricos de Tony Blair

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Por Jean Daniel, director de Le Nouvel Observateur. Traducción de José Luis Sánchez- Silva (EL PAÍS, 08/07/07):

Seguramente, Tony Blair ha rediseñado la economía británica intentando avivar el dinamismo de los intercambios que le había legado Margaret Thatcher e incorporando cierto número de medidas sociales. Aunque Blair deja un Reino Unido con mayores desigualdades que antes (la distancia entre las rentas más altas y las más bajas ha batido un nuevo récord), también es cierto que su Gobierno ha creado empleo, ha reducido los déficits y se ha desembarazado de cierto número de tradiciones.

No obstante, cabe decir sin incurrir en paradoja que la Historia le juzgará severamente por haber respetado demasiado dos tradiciones de su país.

La primera es la relativa al famoso hábeas corpus del que pueden beneficiarse los individuos y que forma parte, desde la Carta Magna de 1215, de la carta de libertades del mundo. Pero, según el gran ensayista inglés Edmund Burke, una de las pocas cosas positivas de la Revolución Francesa de 1789 fue, precisamente, considerar que el hábeas corpus concernía a los individuos y no a las comunidades.

Hoy nos damos cuenta de que conceder a las comunidades todo el abanico de libertades que contiene el hábeas corpus era, en efecto, un error. El resultado es que ahora hay en el Reino Unido una nación musulmana que se distingue de Irlanda del Norte, Escocia y el País de Gales en el sentido de que en su caso las tradiciones británicas no funcionan -al revés que en los otros tres- como elemento aglutinador. Es como si, por una revancha de la Historia, los antiguos colonizados pretendiesen ejercer sobre el territorio británico los derechos que les negaron sus antiguos colonizadores.

La segunda tradición que Tony Blair no ha creído oportuno modernizar, ni adaptar, ni modificar, es la que vincula desde siempre incondicionalmente, para lo bueno y para lo malo, al Reino Unido con Estados Unidos. Winston Churchill decía con humor: “A los americanos y a nosotros sólo nos separa la misma lengua”. Blair ha contribuido a sacralizar la alianza anglosajona y la supremacía norteamericana. Pero resulta que ese matrimonio, que había conocido buenos tiempos, con George Bush ha conocido los peores.

Desde el principio, Tony Blair dudó que realmente hubiera armas de destrucción masiva en Irak y que eso pudiese justificar una segunda intervención militar contra este Estado. Sus confidentes más próximos añadieron públicamente que Tony Blair pensaba, como James Baker, Sbignew Brezinski y, sobre todo, Colin Powell, que, aunque en un primer momento la llamada Coalición se granjease la indulgencia o la complicidad de algunos gobiernos árabes, una intervención en Irak conmocionaría durante largo tiempo a la opinión arábigo-musulmana, comprometería la legitimidad religiosa de Arabia Saudí en La Meca y favorecería, bajo el impulso iraní, todos los movimientos terroristas formados en Afganistán, Pakistán y Líbano.

Jimmy Carter fue más lejos en su denuncia. El antiguo presidente de Estados Unidos afirmó que sin la adhesión de Tony Blair a la política de George Bush, el desastre iraquí seguramente hubiera sido menor, y que los preparativos de la guerra hubieran podido venir precedidos de unas negociaciones de paz en Oriente Próximo.

Aún no sabemos lo que piensa Gordon Brown del carácter incondicional del vínculo entre Londres y Washington para el futuro. No sabemos si es un militante de la causa anglosajona en el mundo y de la supremacía atlantista. Simplemente, vamos a tener la ocasión de comprobar si está en condiciones de corregir los dos mayores errores históricos de su predecesor: por una parte, la instalación en el territorio del Reino Unido de una comunidad cuyo repliegue sobre sí misma amenaza con conducir a un conflicto de civilizaciones, y, por otra, la perpetuación contra viento y marea de una actitud servil hacia Estados Unidos.

julio 11, 2007 Publicado por | Tony Blair | Dejar un comentario

   

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