Ciencias y Arte

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>Twitter, herramienta para la revolución en Moldavia

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Por ROSA JIMÉNEZ CANO (ElPais.com, 08/04/2009)

Algunos bautizaron la noche del 13M, en 2004, con su “pásalo” por SMS como “la noche de los móviles”. Durante el viaje de la antorcha olímpica por Estados Unidos, sobre todo en el recorrido por San Francisco, los manifestantes a favor del Tibet utilizaron Twitter como método para indicar por donde pasaba la antorcha y los cambios de recorrido con respecto al itinerario marcado. De esta manera, podían hacer visible su protesta de una manera uniforme y organizada.

El primer estallido internacional de Twitter de manera más organizada tuvo lugar la pasada semana en Londres, durante el G20. Se utilizó tanto para dar cuenta de los actos oficiales como de las protestas en la calle.

Las revueltas de ayer en Moldavia, con entre 10.000 y 15.000 jóvenes protestando contra el comunismo en la calle, ya han marcado un nuevo hito. Por primera vez el uso masivo de Twitter ha sido relevante más allá de las fronteras del país, ha servido para generar, ruido, organizarse y, sobre todo, comparar y compartir información. Hay quien ya lo denomina la primera revolución “twitter”.

Para que no se pierda ningún “tuit” el protocolo que siguen es poner #pman en cada mensaje. Esta clave se ha convertido en la tercera palabra más citada en Twitter.

La mayor parte de los mensajes tienen que ver con los lugares a los que se van a desplazar y enlaces a noticias del exterior. Critican especialmente el recuento de votos por observadores extranjeros y las acusaciones de Rumanía. El mensaje que más se está replicando esta tarde invita a tomar la televisión estatal. Otros alertan de la desaparición de personas.

Los más constructivos, en cambio, están aconsejando el uso de Tor, como está sucediendo con los dominios .ro y .md, los propios de Rumania y Moldavia respectivamente.

abril 8, 2009 Publicado por | Internet, Moldavia, tecnología | Dejar un comentario

>¿Necesitas problemas? Una web te los vende

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Publicado en 20MINUTOS.ES. (22.02.2009)

¿Aburrido de ser feliz? Si es así existe una web que puede ayudarte a complicarte la vida si así lo deseas y vivir una “vida de contrastes”.

Es la carta de presentación de una página existente en Internet en la que puedes hacerte con diferentes tipos de problemas a diferentes precios.

El mecanismo de la web Need a problem es sencillo. El usuario paga y recibe el problema vía email. Los problemas ofertados van desde el ‘trivial’, que cuesta 1 dólar, hasta el que ‘prácticamente no tiene solución’, que llega a costar 5000 dólares, pasando por el ‘simple’ (a 5 dólares), el ‘normal’ (a 50) y el ‘difícil’ (a 500).

El ‘reto’ se completa, tal y como explican en Microsiervos cuando, una vez solucionado el problema se envía la prueba de que ha sido superado.

Entre los europeos que más han hecho uso de esta web se encuentran los alemanes, suizos y británicos.

La web dispone además de un enlace en el que poder regalar problemas a cualquier amigo y un ranking con aquellos que más problemas han logrado resolver.

Para saber todo sobre el funcionamiento disponen de un servicio de preguntas y respuestas.

febrero 22, 2009 Publicado por | Internet, tecnología | Dejar un comentario

>Las escolares adolescentes, principales acosadoras y acosadas por Internet

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AGENCIAS. 10.02.2009

Las escolares adolescentes son las que más acosan y las más acosadas en Internet. Así lo afirma la Asociación Protégeles, que este martes, Día Internacional de Internet Segura, avisó de que el 60% de las víctimas de ciberbullying o acoso escolar on line son chicas, y también lo son dos tercios de los agresores delatados (19%).

Los casos de ciberbullying o por móvil son ya el 20% de las denuncias de acoso a menores recibidas por la asociación en 2008, mientras que hace dos años eran sólo el 1%. Además, sólo se dispone de la identidad del 30% de los agresores de este tipo de acoso, ya sea por rastreos en la Red por orden judicial o porque los culpables se delatan.

El 52% de los acosados tenía entre 13 y 14 años y el 10%, menos de diez años. En la mayoría de los casos conocidos los acosadores son chicas, el 19% frente a un 10% de chicos. En todo caso, también son las chicas, en el 60% de los casos, las que sufren acoso.

El ciberbulling se lleva a cabo a través de foros, redes sociales y del messenger en el 45% de las ocasiones; a través del correo electrónico, en el 12%, y por el móvil en el 19% de los casos. Hay incluso menores que sufren acoso por varios de estos medios.

Este tipo de violencia tiene sobre todo consecuencias emocionales (51% de los casos), pero también físicas (13%). Los menores que sufren ciberbullying bajan además su rendimiento escolar (13%), se aíslan socialmente (6%) y faltan a clase por miedo (3%).

Acuerdo entre las redes sociales

Por otro lado, las grandes redes sociales de Internet (17 en total) han firmado un acuerdo de ámbito europeo para reforzar la protección de los menores cuando acceden a estos sitios. Los firmantes son Dailymotion, Facebook, Google/YouTube, Microsoft Europa, MySpace, Yahoo! Europa, Netlog, Arto, Bebo, Giovani.it, Hyves, Nasza-klaza.pl, Skyrock, StudiVZ, Habbo Hotel y zap.lu.

En concreto, se comprometen a impedir el uso de sus servicios por parte de los más pequeños. Asimismo, harán claramente visibles las opciones de elegir entre diferentes grados de protección de la intimidad en cuanto a los accesos a los perfiles. Además, los perfiles de los menores serán dados de alta automáticamente en modo privado.

febrero 12, 2009 Publicado por | Internet, protección a menores, tecnología | Dejar un comentario

>La "Googledependencia"

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LUZ FERNÁNDEZ – Madrid – (El País.com, 02/02/2009)

55 minutos sin Google sembraron un total desconcierto en Internet. Un mensaje de alerta en el que se decía que entrar en esa dirección podría causar daños en el ordenador se coló en absolutamente todos los resultados que daba el buscador en la tarde del sábado. El problema, que hizo que el tráfico de la mayoría de los sitios experimentase un bajón considerable, ha suscitado todo tipo de reflexiones en la Red.

La primera es la gran dependencia que todo Internet tiene de Google. ¿Estamos con Google repitiendo la monocultura de Windows en la Red? Se preguntan en ZDnet.

Lo peor es que los otros buscadores no supieron responder y aprovechar la oportunidad para ganar nuevos usuario gracias al fallo de Google. “El resto de buscadores no están preparados para aceptar las consultas que se han derivado hacia ellos gracias a la caída. Su funcionamiento ha pasado a ser mucho más lento de lo habitual”, comentan en Barrapunto.

Otra de las grandes cuestiones que han concentrado el debate es la gran y veloz repercusión que ha tenido este fallo, que quizás en otros tiempos hubiera podido pasar desapercibido para la gran mayoría de ciudadanos o medios de comunicación. Techcrunch hace una buena recapitulación de blogs de todo el mundo que siguieron la crisis minuto a minuto.

Twitter fue otra de las principales fuentes por las que se difundió el problema y hay quien se pregunta si el fallo hubiese tenido tanta repercusión sin el sistema de microbblogging.

Google que conoce bien Internet no tardó en dar su propia explicación a través de su blog en el que ha admitido que todo se trató de un “error humano”. Su técnica de comunicación ha vuelto a ser muy alabada por usar el blog corporativo como un elemento de transparencia. Pero el post de Google también tuvo su polémica.

En un primer momento, el buscador identificó el problema de clasificar todas las webs de sus resultados como infectadas por algún tipo de malware con la organización Stopbadware.org con quien colabora. Esta ONG se sintió aludida y quiso aclarar la situación.

“Google genera sus propias listas de direcciones de badware (software dañino) y ninguno de los datos que generamos afecta a las alertas en la listas de resultados de Google”, se quejaba en un primer post la organización.

Unas horas más tarde, el conflicto entre ambas organizaciones se relajaba. “El error en el primer comunicado de Google, que indicaba que le proveíamos datos erróneos, es un malententendio”, dice la ONG en la entrada actualizada en la que se muestra muy satisfecha con la reacción de Google y asegura que va a seguir colaborando con el buscador, que es uno de sus principales patronicadores.

Todos contentos. Una vez subsanado el problema, Internet volvió a la normalidad menos para los ciertos clientes de Telefónica, que han experimentado serios problemas para acceder a YouTube durante todo el fin de semana, según ADSLzone.

La web asegura que es una cuestión que nada tiene que ver con los fallos humanos de Google, sino con un problema en la red de Telefónica, que ha generado cientos de quejas, denuncian.

febrero 2, 2009 Publicado por | Internet, tecnología | Dejar un comentario

>Lévi-Strauss y el lugar de la antropología

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Por Manuel Delgado es profesor de Antropología en la Universidad de Barcelona y prologuista y traductor de Claude Lévi-Strauss (EL PAÍS, 08/01/09):

Pocas serán las instancias culturales y académicas de todo el mundo que no estén celebrando de algún modo estos días el centésimo cumpleaños de Claude Lévi-Strauss, sin duda uno de los autores más influyentes del siglo XX. Todas las ciencias sociales, la crítica literaria, el psicoanálisis, la lingüística, la historia, la filosofía…, llevan medio siglo dialogando con él, incluso contra él, sin que ninguna haya podido sortear su ascendente. Sería vano intentar añadir desde estas páginas algo a lo ya dicho por tantos y en tantos sitios. Cientos de libros, artículos, monográficos, exposiciones, programas y ciclos especiales, en decenas de idiomas, lo están haciendo o lo harán mejor que lo que se intentaría aquí. Un rasgo merece, no obstante, ser destacado: el autor de Tristes trópicos El pensamiento salvaje no es propiamente un pensador o un intelectual, aunque haya sido reconocido como tal. Claude Lévi-Strauss es, sobre todo, un antropólogo.

He ahí un elemento de la personalidad del ahora homenajeado en el que merece la pena detenerse. Lo que Lévi-Strauss nos ha transmitido es un conocimiento que no es sólo resultado de una honda reflexión sobre el vivir juntos humano, sino de los testimonios que una determinada ciencia social ha podido establecer acerca de hombres y mujeres concretas, cuya vida concreta -en tiempos y lugares no menos concretos- otros hombres y mujeres fueron a conocer de cerca. Seres humanos estudiando seres humanos, conociendo y dándose a conocer, recolectando tecnologías y sabidurías ajenas y lejanas, aprendiendo de gentes que siempre sabían más que quienes les estudiaban. Una disciplina -la antropología- que nació y existió para que pudiéramos instalar nuestra sociedad entre todas las demás sociedades y elaborásemos, con el conjunto producido, algo parecido a una cartografía de la condición humana en toda su amplitud.

Pero si Lévi-Strauss ha podido enseñarnos tanto y marcar nuestra época es porque pudo desempeñar su tarea como investigador y como docente en un contexto en el que la ciencia que ejercía merecía un reconocimiento, en una sociedad para la que la antropología era importante y que escuchaba lo que se le decía desde ella. Ése ha sido el caso francés y el de su área de influencia cultural, como lo ha sido el de la mayoría de países anglosajones, con el Reino Unido o los Estados Unidos a la cabeza. Otra cosa es lo que vaya a ser en el futuro -y de ello hablan las protestas estudiantiles “anti Bolonia” de estos días en toda Europa- de aquellas áreas académicas que no se demuestren lo bastante rentables o serviles. Pero, al menos hasta ahora, la antropología ha estado ahí, en esos países y en otros, viendo atendida públicamente su forma de dar con las cosas humanas, mirándolas de cerca y comparándolas entre sí.

Por desgracia, ese no es el caso de la antropología española. Una disciplina que había nacido en el último cuarto del siglo XIX se incorporaba con ánimo crítico al ámbito universitario español a principios de la década de los años 70 del siglo pasado, pero ha permanecido encapsulada en él hasta ahora. A pesar de la proyección internacional de algunos de sus exponentes -Julio Caro Baroja, Carmelo Lisón Tolosana, Claudi Esteva Fabregat-, miles de estudiantes y licenciados en antropología no pueden desarrollar plenamente lo que son o van a ser: antropólogos. Por ello, en un momento en que se abre la perspectiva feliz de un grado de Antropología en algunas universidades españolas, se entiende la preocupación de esas mismas universidades para que la disciplina que enseñan logre trascender su actual acuartelamiento académico. Es en esa dirección que todas ellas trabajan en orden a la creación de un colegio profesional que regule la práctica de una profesión tan necesaria como inexistente, en la medida en que sus miles de licenciados actuales y quienes obtengan la nueva titulación se van a ver obligados a aplicar lo que han aprendido bajo todo tipo de denominaciones profesionales, que, salvo pocas excepciones, podrán ser de cualquier cosa menos la de antropólogos.

Y lo que sorprende es que esa invisibilidad forzada de los antropólogos españoles en tanto que tales contrastes con la pertinencia y hasta con la urgencia de una mirada como la suya para observar y entender cuestiones centrales para los tiempos que corren. La antropología almacena décadas de trabajo en áreas como la de la vivencia de la enfermedad y de la muerte o la de los estilos que adoptan los diferentes grupos de edad -jóvenes, ancianos…-, siempre desde una perspectiva que recoge su variabilidad histórica y cultural. Los antropólogos han advertido hasta qué punto los objetos son fundamentales para entender la cultura que los ha creado y usado, por lo que tienen un papel que jugar en la protección y la divulgación del patrimonio cultural, defendiendo lo que de él se mantenga vivo y custodiando y haciendo accesible su pasado en museos. Su preocupación por la práctica y la concepción del espacio convierte en fundamental la perspectiva que les es propia en temáticas territoriales, tanto rurales como urbanas, en contextos en los que las grandes dinámicas de transformación no suelen tener en cuenta el precio social a pagar. La comprensión del sentido que los seres humanos otorgan al medio que los rodea y a sí mismos dentro de él, hace de los antropólogos interlocutores necesarios en los debates medioambientales y ecológicos.

Una experiencia abundante en el campo del estudio de los mitos y los símbolos rituales le permite al antropólogo detectar qué funciones y a qué demandas satisfacen las prácticas religiosas vigentes en nuestra sociedad, tanto las tradicionales como otras que hasta hace poco podrían habernos resultado exóticas. El mercado y los hábitos de consumo no son ajenos al conocimiento que los antropólogos tienen de la dimensión económica de la vida social y ni siquiera las recién nacidas tecnologías de la comunicación se escapan a la competencia que han demostrado a la hora de estudiar los lenguajes humanos. Tanto la diversificación creciente que conoce la institución familiar como el aumento de los contactos entre formas de ser y de estar derivados de los flujos migratorios o del turismo deberían hacer idónea una visión como la suya, especialmente entrenada para encarar la heterogeneidad. No se olvide que la antropología ha sido estratégica en orden a desautorizar todos los argumentos que han intentado mostrar como “natural” la desigualdad humana y continúa siendo fuente de recursos teóricos contra las nuevas y las viejas formas de racismo, xenofobia y sexismo.

La antropología se antoja ahora más que nunca útil en orden a entender las lógicas y las dinámicas que organizan nuestro presente, reconociendo en él cambios constantes, pero también repeticiones e inercias. Ese es su trabajo: ver de qué están hechas la diversidad y la complejidad sociales y mostrarlas no, como se pretende, en tanto que motivos de alarma, sino al contrario: como la materia primera de que se nutre la capacidad de las sociedades humanas para mejorarse a sí mismas.

Esa es la virtud fundamental de Claude Lévi-Strauss. Mirar como mira un antropólogo, contemplando lo remoto como ordinario y sorprendiéndose ante lo cotidiano, ejerciendo un oficio en el que la competencia y la versatilidad explicativas nunca han ido separadas de una fuerte dimensión ética, preocupada por pensar y dar a pensar el valor de la pluralidad humana y la necesidad de defenderla. Celebrar la vida de Lévi-Strauss es celebrar su vida de antropólogo. Pero se hace el elogio del sabio, sin hacer lo propio con la naturaleza misma de su saber, su fuente y su sentido. Al tiempo que multiplican las alabanzas al maestro, bien estaría que se reconociera el esfuerzo y la singularidad de quienes han decidido seguir su camino.

Fuente: Bitácora AlmendrónTribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

enero 8, 2009 Publicado por | antropología, ciencia, tecnología | Dejar un comentario

>The modern curse that divides us from Nature

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The Prince of Wales (THE TIMES, 27/11/08):

We live in an age when technological ease has become so much a part of the accustomed way of life that it seems “natural” to some, even their right. But what does our dependence upon such technology do to our connection with Nature? Does our increasing dependence upon technology make us believe that we, too, and the world about us, are merely part of some enormous mechanical process?

These questions have concerned me for many years, because there is now a worrying imbalance in how we are persuaded to see the world. Our perception of Nature, in particular, has become dangerously limited.

When I have spoken of these things I have been shot at from all sides – the natural consequence, I suppose, of having the temerity to challenge the status quo of scientific Modernist rationalism. But undeterred by the barrage of invective, I would like to explain what lies at the heart of my concern.

A question from a newspaper correspondent in the 1930s drew from Mahatma Gandhi one of his pithiest responses. Asked, during his visit to Britain, what he thought of Western civilisation, he replied: “It would be a very good idea.”

Gandhi realised that humanity has a natural tendency to consume and that, if there are no limits on that tendency, we can become obsessed simply with satisfying our desires. The desire grows ever more potent as we consume ever more, even though we achieve very little of the satisfaction we desire. Is this not so in the Western world today? We hear so many people admitting to feeling deeply dissatisfied. It reminds me of that wise observation about gross national product by Robert Kennedy 40 years ago, that it “measures everything except that which makes life worthwhile”.

I’m sure that many people know it is wrong to plunder the Earth’s treasures as recklessly as we do, but the comprehensive world view persuades us that such destruction is justified because of the freedom it brings us, not to say the profits. Our tendency to consume is legitimised by a world view that puts humanity at the centre of things, with an absolute right over Nature. And that makes it a very dangerous view.

This approach has been adopted in such a wholesale fashion that I feel many do not even realise we have lost something precious – what I might describe as an intuitive sense of our interconnectedness with Nature.

The movement responsible for the imbalance – it is often called “Modernism” – rose to dominance at the start of the 20th century. Now, this movement must not be confused with the great social, economic and political advances of the earlier “modern” age, the many benefits of which endure to this day.

The “Modernism” to which I refer offered us an unrelenting emphasis upon a material and mechanistic view of the world. To quote from the Victoria and Albert Museum’s foreword to its recent exhibition on Modernism: “Modernists had a Utopian desire to create a better world. They believed in technology as the key means to achieve social improvement and in the machine as a symbol of that aspiration.”

Thus the ground was laid for the arrival of those straight, efficient lines of Modernism with the aim of simplifying and standardising the world, making things as efficient and as convenient as possible. This is why the curved streets of towns became straight matrices and why we have so many buildings grouped into single- use zones, including those for living – most noxious of all, those high- rise blocks of flats that, throughout the 1960s and 70s, became the living quarters for thousands of people in every city across Europe and the US.

Removed from their communities, people were accommodated in brand- new, convenient, concrete cul-de-sacs in the sky, and when their newness faded, those areas all decayed into violent, soul-destroying ghettos with no capacity to nurture community. Guess what is happening now in the new cities springing up in China and India? As they doggedly follow the Western pattern of 40 years ago people are again compelled to leave their farms to live like factory-farmed chickens in mechanical boxes. Thus are millions more condemned to the same toxic future.

The imposition of that simplistic geometry drastically reduces the richness of complexity. Those who drove this 20th-century ideology did not understand (or simply ignored) what biology and microbiology declare loud and clear – that complexity is key to life. The diversity that made up this complexity was bulldozed in the pursuit of simplicity and convenience, creating an appeal that continues to fuel the conspicuous consumption and throwaway societies we see everywhere. Just what Gandhi most feared and predicted…

How has this come to be? I would suggest it is the net result of two seismic shifts in our perception.

Modernism fuelled a fundamental disconnection from Nature – from the organic order of things that Nature discloses; from the structure and cyclical process of Nature and from its laws that impose those natural limits which Gandhi was at such pains for us to recognise.

As a result, our perception of what we are and where we fit within the scheme of things is fractured. This is why I consider our problems today not just to be an environmental crisis, nor just a financial crisis. They all stem from this fundamental crisis in our perception. By positioning ourselves outside Nature, we have abstracted life altogether to the extent that our urbanised mentality is out of tune with the key principles underpinning the health of any economy and of all life on Earth. And those principles make up what is known as “Harmony”.

Biology shows that in all living things there is a natural tendency towards Harmony. Organisms organise themselves into an order that is remarkably similar at every level, from the molecules in your little finger to vast eco-systems such as the rainforests. Life seeks balance. Every organism works together to produce a harmonic whole. When it is in balance, when there is harmony, the organism is healthy.

This is why I have been so outspoken about how industrialised agriculture sees Nature simply as a mechanical process. When you consider that in one pinch of soil there are more microbes than there are people on the planet, you have to ask what irreversible damage do we do to that delicate ecosystem – the six inches of top soil that sustains all life on Earth? The soil’s health is our health. Yet we have eroded it and poisoned it and failed to replace lost nutrients to such a degree that a recent UN survey found that in just 50 years we have lost a third of the world’s farmable soil. That is hardly a sustainable rate of exploitation.

Also implicit in “Modernism” was the notion that we could somehow disconnect ourselves from our inner nature; from the accumulated wisdom of the ages. Thus spiritual practice is denigrated by many: seen to be nothing more than outdated superstition. But “super-stition” means something much more profound if you see it as two words that point to a heightened sense of something within. But what? Could it be that animating source of the harmony inherent in all life? Could it be that intuitive element in our human constitution; that “sixth sense”, perhaps?

Each of the great civilisations back to ancient times depicted what might be called the “grammar of harmony” in their mythology and the symbolism of their art and architecture, from the ancient Hindu temples of India to the great Gothic cathedrals of these islands. In cutting ourselves off from Nature we cut ourselves off from what we are; from our inner selves.

You may believe that I have some reactionary obsession with returning to a kind of mock medieval, forelock- tugging past. All I am saying is that we simply cannot contend with the global environmental crises we face by relying on clever technological “fixes” on their own.

The denial of our real relationship with Nature has engendered a dangerous alienation. In denying the invisible “grammar of harmony” we create cacophony and dissonance. If we hope to restore the balance, we must reintegrate the best parts of this ancient understanding of Harmony with the best modern technology and science, not least by developing innovative and more benign forms of technology that work with the grain of Nature rather than against it.

This is an edited version of a speech to the Foreign Press Association. The full version can be read here.

Fuente: Bitácora AlmendrónTribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

diciembre 1, 2008 Publicado por | tecnología | Dejar un comentario

>La amenaza antiintelectual estadounidense

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Por Jeffrey Sachs, catedrático de Economía y director del Instituto de la Tierra en la Universidad de Columbia. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia. © Project Syndicate, 2008 (EL PAÍS, 04/10/08):

En los últimos años, Estados Unidos ha sido más una fuente de inestabilidad mundial que de resolución de problemas en el mundo. Abundan los ejemplos: la guerra de Irak, iniciada por Estados Unidos con falsos argumentos; la obstrucción de los esfuerzos para reducir el cambio climático; la escasa ayuda al desarrollo; la violación de tratados internacionales como los Convenios de Ginebra… Aunque son muchos los factores que contribuyeron a las acciones desestabilizadoras de EE UU, uno de ellos, muy poderoso, es la actitud antiintelectual, simbolizada recientemente en la gran popularidad que obtuvo en un primer momento la candidata republicana a la vicepresidencia, Sarah Palin.

Al decir antiintelectual, me refiero en especial a una perspectiva agresivamente anticientífica, apoyada en el desprecio por quienes defienden la ciencia y la necesidad de pruebas. Pero los retos que afronta una gran potencia como Estados Unidos exigen análisis rigurosos de la información con arreglo a los mejores principios científicos.

El cambio climático, por ejemplo, plantea graves amenazas para el planeta que es preciso valorar de acuerdo con las normas científicas preponderantes y la creciente capacidad de las ciencias del clima. El proceso científico mundial denominado Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (PICC), premiado con un Nobel, ha establecido la pauta del rigor científico en el análisis de las amenazas que representa el cambio climático provocado por el ser humano. Necesitamos políticos con conocimientos científicos y capaces de ejercer un pensamiento crítico basado en las pruebas para transformar esos hallazgos y recomendaciones en estrategias políticas y acuerdos internacionales.

Sin embargo, en Estados Unidos, las actitudes del presidente Bush, los responsables republicanos y, últimamente, Sarah Palin, son todo lo contrario de científicas. La Casa Blanca ha hecho todo lo que ha podido durante ocho años para ocultar el abrumador consenso científico sobre el hecho de que los seres humanos están contribuyendo al cambio climático. Intentó impedir que los científicos del Gobierno hablaran con sinceridad en público. The Wall Street Journal también ha tratado de vender anticiencia y pseudociencia con el fin de oponerse a las políticas diseñadas para luchar contra el cambio climático de origen humano.

Estas actitudes anticientíficas afectaron no sólo a la política del clima, sino también a la política exterior. Estados Unidos emprendió la guerra de Irak basándose en el instinto y las convicciones religiosas de Bush, no en pruebas rigurosas. Ahora Palin también dice que la guerra fue “una tarea ordenada por Dios”.

No estamos hablando de personas aisladas, aunque poderosas, que no tienen ni idea de la realidad. Son reflejo del hecho de que una parte importante de la sociedad estadounidense, que hoy vota, en general, a los republicanos, rechaza o simplemente ignora las pruebas científicas básicas relacionadas con el cambio climático, la evolución biológica, la salud humana y otros ámbitos. Estos votantes no suelen renunciar a las ventajas de las tecnologías que les proporciona la ciencia moderna, pero sí rechazan las pruebas y los consejos que ofrecen los científicos en relación con las estrategias políticas.

Los datos de una encuesta reciente llevada a cabo por la Fundación Pew revelan que, mientras que el 58% de los demócratas cree que los seres humanos están causando el calentamiento global, sólo el 28% de los republicanos está de acuerdo. En el mismo sentido, una encuesta realizada en 2005 descubrió que el 59% de los que se reconocían republicanos conservadores rechazaban cualquier teoría de la evolución, mientras que el 67% de los demócratas liberales aceptaban alguna de sus versiones.

Por supuesto, algunos de los que niegan estas cosas son sencillamente ignorantes, víctimas de la mala calidad de la educación científica en Estados Unidos. Pero otros son fundamentalistas bíblicos, que rechazan la ciencia moderna porque consideran que la palabra de la Biblia es una verdad literal. Rechazan las pruebas geológicas del cambio climático porque rechazan la ciencia de la geología como tal.

No se trata de enfrentar religión contra ciencia. Todas las grandes religiones tienen tradición de relaciones fructíferas e incluso apoyo a la investigación científica. La Edad de Oro del islam, hace un milenio, fue la era en la que la ciencia islámica mandaba en el mundo. El papa Juan Pablo II declaró su respaldo a los principios científicos básicos de la evolución, y los obispos católicos son muy partidarios de limitar el cambio climático provocado por el ser humano, a partir de las pruebas científicas.

Varios científicos destacados, incluido uno de los principales biólogos del mundo, E. O. Wilson, han tendido la mano a comunidades religiosas para colaborar en la lucha contra el cambio climático causado por el ser humano y por la conservación biológica, y esas comunidades religiosas han respondido trabajando en armonía con la ciencia.

El problema es el fundamentalismo agresivo que niega la ciencia moderna, la actitud agresivamente antiintelectual que considera que los expertos y los científicos son el enemigo. Ésas son las opiniones que pueden acabar matándonos. Al fin y al cabo, ese tipo de extremismo puede incluso derivar en una guerra, si parte de la opinión distorsionada de que una guerra concreta es deseo de Dios, y no un fracaso de la política y la cooperación. En muchas de sus declaraciones, Palin parece empeñada en invocar a Dios cuando opina sobre la guerra, un mal presagio para el futuro si resulta elegida. Desde luego, daría excusas a muchos enemigos de EE UU, que recurrirían a sus propios fundamentalismos. Los extremistas de ambos signos acaban poniendo en peligro a esa gran mayoría de personas que no es ni extremista ni fundamentalista.

Es difícil saber con certeza lo que está despertando el fundamentalismo en tantas partes del mundo. Lo que ocurre en Estados Unidos, por ejemplo, no ocurre en Europa, pero sí es típico, como es lógico, de algunas zonas de Oriente Próximo y Asia central. El fundamentalismo parece surgir en épocas de cambios trascendentales, cuando las estructuras sociales tradicionales se ven amenazadas. El crecimiento del fundamentalismo estadounidense moderno en la política se remonta a la era de la lucha por los derechos civiles, en los años sesenta, y refleja, al menos en parte, una reacción de muchos blancos contra la fuerza política económica, cada vez mayor, de grupos minoritarios no blancos e inmigrantes en la sociedad norteamericana.

La única esperanza de la humanidad es que se sustituya el círculo vicioso del extremismo por una interpretación mundial común de los enormes retos del cambio climático, las reservas de alimentos, la energía sostenible, la escasez de agua y la pobreza. Los procesos científicos de ámbito mundial como el PICC son fundamentales, porque son nuestra mejor posibilidad de elaborar un consenso basado en las pruebas científicas.

Estados Unidos debe reincorporarse al consenso mundial basado en datos científicos comunes y dejar la actitud antiintelectual. Ésa es la tarea más urgente que tiene hoy la sociedad estadounidense.

octubre 4, 2008 Publicado por | ciencia, Estados Unidos, tecnología | Dejar un comentario

El reino de Einstein y la patria de Venter

Por José Manuel Sánchez Ron, miembro de la Real Academia Española y catedrático de Historia de la Ciencia de la Universidad Autónoma de Madrid (EL PAÍS, 30/08/08):

Vivimos rodeados de problemas, de tensiones que endurecen nuestros días. Constantemente nos llegan noticias que muestran la dureza de la vida: injusticias, tragedias, crisis económicas, amenazas planetarias. Nos enfrentamos los unos a los otros, individual o colectivamente, no sólo sobre los grandes temas de siempre -política, religión-, sino también acerca de otros menores (¿qué vestir?). Ni siquiera se libran los idiomas, que debían unirnos (son, al fin y al cabo, instrumentos de comunicación), pero que nos dividen. Enfrentados a todo esto, ¿hacia dónde podemos dirigir nuestros pensamientos, buscando el refugio que da la certidumbre que se impone juicios y pasiones personales?

Planteado en estos términos, no existe mejor reino que el de la ciencia, la patria de la racionalidad en la que el juez último es la comparación con lo que sucede realmente en la naturaleza. Si nos tienta la idea de alejarnos de un mundo que nos alarma y confunde, imponiéndonos además la penosa obligación de elecciones morales y de asunción de responsabilidades, si queremos buscar, para refugiarnos en él, un lugar donde reine lo objetivo, la ciencia es uno de los mejores lugares al que mirar. Lo expresó bien Albert Einstein en 1918: “En principio, creo, junto con Schopenhauer, que una de las más fuertes motivaciones de los hombres para entregarse al arte y a la ciencia es el ansia de huir de la vida diaria, con su dolorosa crudeza y su horrible monotonía; el deseo de escapar de las cadenas con que nos atan nuestros, siempre cambiantes, deseos. Una naturaleza de temple fino anhela huir de la vida personal para refugiarse en el mundo de la percepción objetiva y el pensamiento”.

Desgraciadamente, el reino del que hablaba Einstein existía sobre todo en su imaginación y deseos. Ha existido y puede existir, es cierto, pero únicamente en fortalezas bien pertrechadas para resistir las invasiones que tienen que ver con las pasiones e intereses humanos. Un ejemplo magnífico de lo raro que es hoy el reino einsteiniano es la autobiografía que el biólogo molecular estadounidense Craig Venter (1946) ha publicado hace unos pocos meses: A Life Decoded. My Genome: My Life (Una vida descodificada. Mi genoma: mi vida). Para aquellos que no forman parte de la comunidad biomédica, Venter comenzó a ser conocido debido a su papel en el desarrollo del Proyecto Genoma Humano (PGH), la gran empresa científica destinada a producir un mapa del conjunto de los genes (genoma) que forman nuestra especie. Establecido en 1988, este proyecto fue liderado por Estados Unidos, con James Watson, codescubridor con Francis Crick de la estructura del ADN, como director, aunque dimitió dos años después.

Veterano de la guerra de Vietnam, donde sirvió en el cuerpo médico, Venter trabajó en los Institutos Nacionales de Salud estadounidense, que controlaban una parte muy importante de las investigaciones del PGH, dirigido desde abril de 1993 por Francis Collins. Allí, Venter realizó alguna contribución importante, pero terminó encontrando demasiadas dificultades para su emprendedor carácter y lo abandonó, siendo a partir de entonces su hábitat el de las empresas privadas y las fundaciones que de una manera u otra surgen de ellas. Allí introdujo o desarrolló ideas y técnicas que aceleraron y abarataron considerablemente el avance de la secuenciación del genoma humano, despojando de esta manera al proyecto público de una parte importante de su protagonismo. Muestra de ello es que fueron Venter, en nombre de la compañía Celera Genomics que presidía, y Collins quienes anunciaron en febrero de 2001 que el mapa del genoma humano había sido completado.

Los trabajos que Venter y su equipo realizaron para disponer antes de lo previsto de un mapa del genoma humano, incluyendo otros relacionados y de gran importancia para el establecimiento de la genómica comparativa, y la competición generada con el proyecto público, ocupan una parte importante de Una vida descodificada. Su lectura es esclarecedora -y también un tanto estremecedora- porque, al menos en los campos de mayor relevancia socioeconómica, la investigación científica va acompañada de todo aquello que es más fiera y tristemente humano: ambición, lucha por el poder y el dinero, envidia, tácticas ventajistas, mentira. “Si los científicos tienden a la acritud y al resentimiento cuando uno de sus colegas atrae de manera significativa la atención de la prensa”, leemos en el libro de Venter, “el pecado que no perdonan es cuando un rival también hace dinero. Como la mayoría de los asuntos humanos, la ciencia se rige en no pequeña parte por la envidia”. No hay duda que la historia que Venter, un hombre tan ambicioso como emprendedor e imaginativo, además de amante de los riesgos, narra en su autobiografía es parcial y complaciente para sí mismo, pero es difícil pensar que no contiene muchos elementos de verdad. Las páginas que dedica a las artimañas que Collins o Watson emplearon para obstaculizar sus trabajos, favoreciéndose de sus posiciones en las instituciones públicas, no deberían ser olvidadas ni por quienes desde los gobiernos financian y controlan los grandes programas de investigación, ni por todos aquellos que depositan en las ciencias biomédicas esperanzas para un futuro mejor.

Fue precisamente Watson quien mostró al gran público la no tan pura y trascendente trastienda que puede rodear a la ciencia. Lo hizo en un libro que publicó en 1968, The Double Helix (La doble hélice), en el que narraba algunos de los procesos subterráneos que permitieron a él y a Crick explicar la estructura del ADN. Pocos que hayan leído esa obra olvidarán los deleznables comentarios que dedicó a Rosalind Franklin, de la que tomaron, sin que ella lo supiera, unas fotografías clave. Aunque el paso del tiempo, ayudado por su extraordinaria capacidad como científico, ha ayudado a la actual imagen de respetabilidad de Watson, un personaje central en la biología del último medio siglo, los testimonios de Venter nos recuerdan otros aspectos de su personalidad. De todas maneras, cuando se compara La doble hélice con Una vida descodificada, hay que concluir que los 40 años que han transcurrido entre la publicación de ambos han traído consigo un dramático aumento en el abandono de todo aquello que configuraba la imagen tradicional de la ciencia en la que creía Einstein.

Precisamente por cómo pone en evidencia este nuevo espíritu del tiempo, Una vida descodificada deberá ocupar el lugar de La doble hélice como texto que nos enseña cómo es realmente la ciencia, al menos la ciencia a la que se asocia la generación rápida de riqueza. Y también porque nos muestra un tipo de científico menos conocido, que sabe moverse en el complicado mundo de las empresas a las que vender futuro gracias a prometedores proyectos les resulta rentable. Científicos capaces de liderar grandes grupos de investigación.

Una medida del éxito profesional en este tipo de científico y de ciencia es el dinero que se gana. También aquí, Venter es un buen ejemplo. Y, aunque a muchos no nos haga felices la idea, hay que reconocer que si verdaderamente se ama averiguar cómo es la naturaleza y lo que la ciencia permite hacer, esto no es malo. Tras abandonar Celera, Venter dispuso de suficiente dinero (más de 150 millones de dólares) para “hacer la ciencia que quisiese… Podía hacer que el conocimiento del genoma humano fuese más directamente relevante para los pacientes; investigar en lo que la genómica sería capaz de hacer por el medio ambiente; utilizar la secuenciación para explorar la increíble diversidad del mar y del aire de las ciudades. (…) Y podría perseguir el último reto: sintetizar la propia vida”. En enero de 2008 supimos que ya ha dado un paso importante en esta dirección: crear vida artificial, produciendo a partir de elementos químicos el mayor genoma artificial de un ser vivo, el de una bacteria.

¿Conseguirá alguna vez un científico como Venter el premio Nobel de Medicina? Al margen de su dimensión más social, la pregunta tiene algún interés. Se le ha criticado como poco escrupuloso, más gestor de científicos y métodos que investigador original que crea ideas nuevas. No está claro que tales juicios sean completamente justos, pero lo que es indudable es que, con sus iniciativas y métodos, ha contribuido al progreso de la ciencia, sea cual sea la idea que tengamos de lo que es o debe ser la investigación científica.

septiembre 5, 2008 Publicado por | ciencia, genética, tecnología | Dejar un comentario

>El reino de Einstein y la patria de Venter

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Por José Manuel Sánchez Ron, miembro de la Real Academia Española y catedrático de Historia de la Ciencia de la Universidad Autónoma de Madrid (EL PAÍS, 30/08/08):

Vivimos rodeados de problemas, de tensiones que endurecen nuestros días. Constantemente nos llegan noticias que muestran la dureza de la vida: injusticias, tragedias, crisis económicas, amenazas planetarias. Nos enfrentamos los unos a los otros, individual o colectivamente, no sólo sobre los grandes temas de siempre -política, religión-, sino también acerca de otros menores (¿qué vestir?). Ni siquiera se libran los idiomas, que debían unirnos (son, al fin y al cabo, instrumentos de comunicación), pero que nos dividen. Enfrentados a todo esto, ¿hacia dónde podemos dirigir nuestros pensamientos, buscando el refugio que da la certidumbre que se impone juicios y pasiones personales?

Planteado en estos términos, no existe mejor reino que el de la ciencia, la patria de la racionalidad en la que el juez último es la comparación con lo que sucede realmente en la naturaleza. Si nos tienta la idea de alejarnos de un mundo que nos alarma y confunde, imponiéndonos además la penosa obligación de elecciones morales y de asunción de responsabilidades, si queremos buscar, para refugiarnos en él, un lugar donde reine lo objetivo, la ciencia es uno de los mejores lugares al que mirar. Lo expresó bien Albert Einstein en 1918: “En principio, creo, junto con Schopenhauer, que una de las más fuertes motivaciones de los hombres para entregarse al arte y a la ciencia es el ansia de huir de la vida diaria, con su dolorosa crudeza y su horrible monotonía; el deseo de escapar de las cadenas con que nos atan nuestros, siempre cambiantes, deseos. Una naturaleza de temple fino anhela huir de la vida personal para refugiarse en el mundo de la percepción objetiva y el pensamiento”.

Desgraciadamente, el reino del que hablaba Einstein existía sobre todo en su imaginación y deseos. Ha existido y puede existir, es cierto, pero únicamente en fortalezas bien pertrechadas para resistir las invasiones que tienen que ver con las pasiones e intereses humanos. Un ejemplo magnífico de lo raro que es hoy el reino einsteiniano es la autobiografía que el biólogo molecular estadounidense Craig Venter (1946) ha publicado hace unos pocos meses: A Life Decoded. My Genome: My Life (Una vida descodificada. Mi genoma: mi vida). Para aquellos que no forman parte de la comunidad biomédica, Venter comenzó a ser conocido debido a su papel en el desarrollo del Proyecto Genoma Humano (PGH), la gran empresa científica destinada a producir un mapa del conjunto de los genes (genoma) que forman nuestra especie. Establecido en 1988, este proyecto fue liderado por Estados Unidos, con James Watson, codescubridor con Francis Crick de la estructura del ADN, como director, aunque dimitió dos años después.

Veterano de la guerra de Vietnam, donde sirvió en el cuerpo médico, Venter trabajó en los Institutos Nacionales de Salud estadounidense, que controlaban una parte muy importante de las investigaciones del PGH, dirigido desde abril de 1993 por Francis Collins. Allí, Venter realizó alguna contribución importante, pero terminó encontrando demasiadas dificultades para su emprendedor carácter y lo abandonó, siendo a partir de entonces su hábitat el de las empresas privadas y las fundaciones que de una manera u otra surgen de ellas. Allí introdujo o desarrolló ideas y técnicas que aceleraron y abarataron considerablemente el avance de la secuenciación del genoma humano, despojando de esta manera al proyecto público de una parte importante de su protagonismo. Muestra de ello es que fueron Venter, en nombre de la compañía Celera Genomics que presidía, y Collins quienes anunciaron en febrero de 2001 que el mapa del genoma humano había sido completado.

Los trabajos que Venter y su equipo realizaron para disponer antes de lo previsto de un mapa del genoma humano, incluyendo otros relacionados y de gran importancia para el establecimiento de la genómica comparativa, y la competición generada con el proyecto público, ocupan una parte importante de Una vida descodificada. Su lectura es esclarecedora -y también un tanto estremecedora- porque, al menos en los campos de mayor relevancia socioeconómica, la investigación científica va acompañada de todo aquello que es más fiera y tristemente humano: ambición, lucha por el poder y el dinero, envidia, tácticas ventajistas, mentira. “Si los científicos tienden a la acritud y al resentimiento cuando uno de sus colegas atrae de manera significativa la atención de la prensa”, leemos en el libro de Venter, “el pecado que no perdonan es cuando un rival también hace dinero. Como la mayoría de los asuntos humanos, la ciencia se rige en no pequeña parte por la envidia”. No hay duda que la historia que Venter, un hombre tan ambicioso como emprendedor e imaginativo, además de amante de los riesgos, narra en su autobiografía es parcial y complaciente para sí mismo, pero es difícil pensar que no contiene muchos elementos de verdad. Las páginas que dedica a las artimañas que Collins o Watson emplearon para obstaculizar sus trabajos, favoreciéndose de sus posiciones en las instituciones públicas, no deberían ser olvidadas ni por quienes desde los gobiernos financian y controlan los grandes programas de investigación, ni por todos aquellos que depositan en las ciencias biomédicas esperanzas para un futuro mejor.

Fue precisamente Watson quien mostró al gran público la no tan pura y trascendente trastienda que puede rodear a la ciencia. Lo hizo en un libro que publicó en 1968, The Double Helix (La doble hélice), en el que narraba algunos de los procesos subterráneos que permitieron a él y a Crick explicar la estructura del ADN. Pocos que hayan leído esa obra olvidarán los deleznables comentarios que dedicó a Rosalind Franklin, de la que tomaron, sin que ella lo supiera, unas fotografías clave. Aunque el paso del tiempo, ayudado por su extraordinaria capacidad como científico, ha ayudado a la actual imagen de respetabilidad de Watson, un personaje central en la biología del último medio siglo, los testimonios de Venter nos recuerdan otros aspectos de su personalidad. De todas maneras, cuando se compara La doble hélice con Una vida descodificada, hay que concluir que los 40 años que han transcurrido entre la publicación de ambos han traído consigo un dramático aumento en el abandono de todo aquello que configuraba la imagen tradicional de la ciencia en la que creía Einstein.

Precisamente por cómo pone en evidencia este nuevo espíritu del tiempo, Una vida descodificada deberá ocupar el lugar de La doble hélice como texto que nos enseña cómo es realmente la ciencia, al menos la ciencia a la que se asocia la generación rápida de riqueza. Y también porque nos muestra un tipo de científico menos conocido, que sabe moverse en el complicado mundo de las empresas a las que vender futuro gracias a prometedores proyectos les resulta rentable. Científicos capaces de liderar grandes grupos de investigación.

Una medida del éxito profesional en este tipo de científico y de ciencia es el dinero que se gana. También aquí, Venter es un buen ejemplo. Y, aunque a muchos no nos haga felices la idea, hay que reconocer que si verdaderamente se ama averiguar cómo es la naturaleza y lo que la ciencia permite hacer, esto no es malo. Tras abandonar Celera, Venter dispuso de suficiente dinero (más de 150 millones de dólares) para “hacer la ciencia que quisiese… Podía hacer que el conocimiento del genoma humano fuese más directamente relevante para los pacientes; investigar en lo que la genómica sería capaz de hacer por el medio ambiente; utilizar la secuenciación para explorar la increíble diversidad del mar y del aire de las ciudades. (…) Y podría perseguir el último reto: sintetizar la propia vida”. En enero de 2008 supimos que ya ha dado un paso importante en esta dirección: crear vida artificial, produciendo a partir de elementos químicos el mayor genoma artificial de un ser vivo, el de una bacteria.

¿Conseguirá alguna vez un científico como Venter el premio Nobel de Medicina? Al margen de su dimensión más social, la pregunta tiene algún interés. Se le ha criticado como poco escrupuloso, más gestor de científicos y métodos que investigador original que crea ideas nuevas. No está claro que tales juicios sean completamente justos, pero lo que es indudable es que, con sus iniciativas y métodos, ha contribuido al progreso de la ciencia, sea cual sea la idea que tengamos de lo que es o debe ser la investigación científica.

septiembre 5, 2008 Publicado por | ciencia, genética, tecnología | Dejar un comentario

Las nuevas tecnologías transportan a Estonia hacia el futuro

Por Alec Oxenford en su blog digitalec:Tecnología & Entrepreneurship

Este es un artículo que escribió mi amigo y compañero de aventuras Nicolás Perrotta sobre el impacto de la adopción de las nuevas tecnologías como política de Estado en Estonia. Entre otras muchas compañías de tecnología, la exitosísima Skype nació en Estonia y conserva alli sus increíbles oficinas. Acá va el artículo…

Un caso que asombra por el desarrollo que ha tenido en los últimos años es el de Estonia, un pequeño país de apenas 1,4 millones de habitantes en el noreste de Europa. A partir de una circunstancia política como fue la caída de la Unión Soviética, los estonios llegaron a la conclusión de que si bien ya eran un país independiente, su nivel de vida se encontraba aun muy lejos del de sus vecinos nórdicos. Es así que decidieron trazar un plan estratégico a largo plazo. Quince años más tarde Estonia se encamina a paso firme a convertirse en una sociedad prospera y de avanzada.

Las nuevas tecnologías de información y comunicación TIC han jugado un papel fundamental en este proceso, permitiendo a Estonia ganar un lugar de creciente privilegio en el concierto de las naciones más modernas. El país invierte alrededor del 1% de su presupuesto nacional en el desarrollo de la sociedad de la información. Esta asignación de recursos se ve reflejada en hechos concretos. Hoy en día, 52 % de los habitantes tiene acceso a Internet y 91% tiene teléfono celular, aun cuando su ingreso per- capita es todavía una fracción del de los ricos vecinos de Europa del oeste.

Algunos proyectos francamente sorprendentes permiten comprender mejor hasta que punto este país se está transformando de forma acelerada en una de las potencias digitales del siglo XXI. Hace ya cinco años se introdujo a nivel de gobierno lo que se denominó el e-Cabinet o Gabinete Electrónico que consistió en informatizar las reuniones de Gabinete incorporando computadoras personales interconectadas para cada ministro. Todo está digitalizado ahora. Las reuniones comienzan a las 10 de la mañana y a las 10.15 las primeras decisiones ya se encuentran publicadas en Internet y a la vista de todos. Esto es beneficioso no solo para el gobierno sino también para el público, disminuyendo además las posibilidades de corrupción al lograr mayor transparencia y control ciudadano.

En la misma dirección, el gobierno ha lanzado un portal de Internet, denominado ‘Hoy Decido Yo’ por su traducción al castellano. Su objetivo es promover la participación pública en la toma de decisiones, invitando a los ciudadanos a comentar proyectos de ley y a enviar ideas originales para nuevas leyes. Recibido un proyecto, se habilita un periodo para que el mismo sea discutido en el sitio por el resto de la ciudadanía, tras lo cual el autor puede revisar o hacer ajustes a la propuesta original. Finalmente se somete a votación por parte de los miembros de la comunidad. Si recibe mas del 50% de votos positivos la propuesta se envía al organismo de gobierno correspondiente para su tratamiento Los ciudadanos reciben información periódica acerca de su evolución a través del sitio. Se han registrado ya varios miles de personas y se reciben aun muchas más visitas mensuales. Alrededor de una decena de proyectos han conseguido tratamiento por parte de diferentes áreas de gobierno.

Un sistema de tarjetas inteligentes ha sido implementado en Estonia. Las mismas constituyen el documento de identificación personal de los ciudadanos, pero tienen otras múltiples aplicaciones que van desde la firma digital a través de Internet hasta la posibilidad de consolidar en ese único plástico servicios tales como tarjetas bancarias o del seguro de salud a partir de un acuerdo entre el gobierno y las compañías proveedoras de esos servicios. Estonia planea además convertirse en el primer país en ofrecer un sistema de voto electrónico a nivel nacional utilizando estas tarjetas como principal instrumento. Para poder votar, cada persona deberá acceder al sitio Web de la elección e introducir la tarjeta en un lector instalado en la PC. El usuario digita un código que lo identifica y a continuación un segundo código que confirma su elección luego de votar. De acuerdo a Cibernética, empresa desarrolladora del sistema la seguridad y la privacidad están garantizadas por un sistema criptográfico especial.

La educación como no podría ser de otro modo es un aspecto fundamental en este proceso. Es por ello que en 1996 se inicio el Proyecto Tiger Leap con el objetivo de conectar a Internet a la totalidad de las computadoras de Estonia, tarea que por cierto fue completada en 1999, transformando al país en uno de los primeros del mundo en conseguirlo. Del mismo modo, la totalidad de las escuelas están conectadas a Internet y existen alrededor de 700 puntos públicos de acceso o conexión en todo el territorio. En el año 2001 se produjo otro hito al conseguir conectar a todos los gobiernos locales. En 2002 se logró idéntico resultado con todas las bibliotecas.

El reino de los móviles

Sin dudas una de las áreas en las cuales Estonia más se ha destacado es las tecnologías para dispositivos móviles. La proximidad con Finlandia y Suecia, donde se encuentran los más importantes fabricantes de teléfonos celulares, la dimensión geográfica y el desarrollo de la investigación han hecho del país una plataforma ideal para el lanzamiento de aplicaciones móviles muy novedosas. Mobile Solutions, una consultora local, diseño una solución que permite a los pasajeros del transporte público comprar sus boletos a través de teléfonos celulares. Para comprar un ticket, el cliente envía un mensaje SMS a un número abreviado. A continuación, recibe en su teléfono celular su ticket en la forma de otro mensaje SMS. El mensaje incluye el costo del boleto, el período de validez del mismo y un código de seguridad. A elección del comprador, el costo puede ser cargado a su factura telefónica o debitarse de su cuenta bancaria. Para constatar la validez del ticket, el conductor del transporte efectúa una confirmación de los códigos de seguridad válidos desde un celular que lleva consigo. Todos los tickets habilitados deben caer dentro de ese rango. El sistema fue implementado a modo de prueba en 5 de las 65 líneas de transporte de la capital, Tallin, con un alto porcentaje de aceptación por parte de los usuarios.

Del mismo modo, dos de los principales bancos de Estonia lideraron el desarrollo de un sistema de pagos a través de dispositivos móviles, para la compra-venta de bienes físicos. Para ello en 2002 se inicio un programa piloto que fue extendido mas tarde. Si un comercio quiere aceptar pagos a través de móviles, lo primero que debe hacer es firmar un contrato con el banco; a partir de ese momento recibe un código de pagos que lo habilita para brindar el servicio. De mismo modo el comprador deberá también firmar un contrato con el banco por el cual vinculara su número de teléfono celular con su cuenta bancaria. Al efectuar una compra, el cliente digita un número que incluye tanto el código del comercio como el monto a debitar. El pago se efectiviza oprimiendo un botón de confirmación; segundos después el comercio recibe un mensaje SMS que confirma que el pago se ha realizado y que puede entregar el producto. Aproximadamente el 50% de las personas que tomaron parte en las primeras pruebas se mostraron favorables al proyecto. El sistema presenta algunas ventajas claras para los comercios pequeños a los cuales les resulta demasiado caro el colocar una terminal de procesamiento de tarjetas de crédito, o bien en aquellos casos en donde es difícil conseguir una conexión a Internet como pueden ser los servicios de taxis o los eventos al aire libre.

Algunos otros servicios son aun más sofisticados. El más extendido y exitoso es un método de pago alternativo para los servicios de estacionamiento en la vía pública a través de dispositivos móviles. Implementado inicialmente en cuatro ciudades del país, para usar este servicio un cliente debe llamar a un número y abrir una cuenta de estacionamiento virtual, en la cual depositará una cierta cantidad de dinero. Cada vez que el usuario necesita estacionar su vehículo envía un mensaje SMS desde su celular donde incluye el número de patente y el código de área donde está estacionando. Al momento de retirarse envía un nuevo mensaje. El monto se debita de su factura telefónica. Actualmente, 40% de los pagos por estacionamiento en la ciudad de Tallin se hacen a través de este método.

Por ultimo, la utilización de los teléfonos móviles como herramienta de localización es otra de las aplicaciones en las que Estonia se encuentra experimentando. En 1999, la compañía Regio desarrollo un software de posicionamiento móvil llamado PinPoint Mgin, el cual permite localizar en el área de cobertura del celular cualquier objetivo con una precisión de entre 100 y 500m. Si bien con múltiples usos potenciales, el principal beneficio del sistema es que permite a los servicios de emergencia (policía, ambulancias, bomberos) reaccionar a una mayor velocidad una vez producida la emergencia. Así, frente a una llamada de auxilio, los funcionarios de estos servicios pueden identificar desde su computadora y a través de un mapa digital la ubicación del individuo que esta haciendo la llamada y así acudir en su ayuda.

agosto 27, 2007 Publicado por | Estonia, tecnología | Dejar un comentario

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