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>Un diálogo en alza en el estrecho de Taiwán

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Por Xulio Ríos, director del Observatorio de la Política China (REAL INSTITUTO ELCANO, 13/01/09):

Tema: Este ARI trata de la magnitud y consecuencias de la renovación e impulso del diálogo en el estrecho de Taiwán.

Resumen: La reanudación del diálogo institucional entre China y Taiwán obedece a un cambio de política auspiciado por el Kuomintang (KMT) en Taipei, cuyos ejes esenciales (en el orden económico, diplomático y militar) se identifican en este texto. En el continente, Hu Jintao también da muestras de una creciente flexibilidad. Los primeros acuerdos logrados, de alcance histórico, aventuran una rápida normalización, aunque no necesariamente una pronta unificación.

Análisis: La conjunción del ascenso político del Kuomintang (KMT) tras el rotundo triunfo alcanzado en las elecciones legislativas celebradas en enero de 2008 (logrando 81 escaños frente a 27 del Partido Democrático Progresista, PDP) y en las presidenciales de marzo del mismo año (58,45% frente al 41,55% a favor del KMT) y el provechoso diálogo directo establecido entre el KMT y el Partido Comunista de China (PCCh) a partir del año 2005, han abierto las puertas a un renovado entendimiento a ambos lados del Estrecho del que pueden desprenderse importantes novedades en el futuro inmediato.

En el continente, Hu Jintao, secretario general del PCCh y presidente de la República Popular China, a quien no pocos atribuían al inicio de su mandato (2002) signos de continuidad en la política taiwanesa de Pekín a raíz de la aprobación de la ley antisecesión (2005), documento deudor aún de una política inflexible que primaba las amenazas directas a la isla “rebelde”, se ha alejado, por el contrario, de la orientación seguida por su antecesor, Jiang Zemin, optando por el fomento del diálogo y la comunicación con todos aquellos que rechazan la opción de la independencia de la República de China o Taiwán. El soberanismo taiwanés se vio beneficiado electoralmente por la división en las filas nacionalistas (la escisión del KMT que dio lugar a la formación del Partido el Pueblo Primero, PPP), pero también por la hostilidad preventiva y hasta militarizada promovida desde el continente.

En un reciente discurso con motivo del 30 aniversario del “Mensaje a los compatriotas de Taiwán” (1979), Hu Jintao, adelantando seis nuevas propuestas para acelerar el acercamiento en el estrecho de Taiwán, ha dejado entrever signos de flexibilidad que no solo atañen al orden económico sino también a variables sensibles relacionadas tanto con el espacio internacional de la República de China como en el ámbito de los intercambios militares. Además, Hu Jintao ha apelado al PDP a abandonar su reivindicación secesionista para facilitar el diálogo con todos los partidos taiwaneses.

Los últimos meses han registrado importantes avances en el entendimiento bilateral. La visita a Taiwán de Chen Yunlin, presidente de la ARATS (siglas en inglés de la Asociación para las Relaciones a Través del Estrecho de Taiwan), en noviembre pasado, que incluyó un breve encuentro con el presidente Ma Ying-jeou, y los dos encuentros mantenidos por Hu Jintao con Lien Chan, presidente honorario del KMT, en la víspera de los Juegos Olímpicos y en la cumbre de la APEC celebrada en Perú, dan cuenta del salto producido en el diálogo al máximo nivel. El vicepresidente Vincent Siew también se reunió con Hu Jintao en abril, poco antes de asumir funciones, en el marco del Foro Boao para Asia.

Por otra parte, los acuerdos firmados el 4 de noviembre entre la ARATS y la Fundación para los Intercambios del Estrecho (SEF por sus siglas en inglés), entidades que han retomado el diálogo interrumpido hace 10 años, y en virtud de los cuales se normalizan los intercambios en materia de comunicaciones y transporte abren un nuevo capitulo y constituyen la antesala de nuevas aproximaciones.

La política de Ma Ying-jeou

En Taiwán, Ma Ying-jeou asienta su política continental en tres pilares principales: (1) la promoción del diálogo económico que debe conducir a la instauración de un mercado común con libre circulación de capitales, bienes y personas; (2) una tregua diplomática que garantice a Taiwán un espacio internacional adecuado; y (3) la definición de las bases para lograr una paz duradera y rebajar la tensión en el estrecho. Su mayor handicap radica en la incapacidad para articular un diálogo constructivo con el PDP y otras fuerzas de la oposición, quienes seguirán intentando aprovechar el temor que suscita el acercamiento al continente en algunos sectores de la sociedad taiwanesa para galvanizar a su base socio-electoral y, en el caso del PDP, pasar página de los escándalos de corrupción que han empañado su presencia en el poder (2000-2008), de un calibre tal que han llevado a prisión provisional al ex presidente Chen Shui-bian acusado, entre otros delitos, de blanqueo de dinero.

En el orden económico, la liberalización de los intercambios ha proseguido a un ritmo trepidante. En diciembre último, después de asegurar la conversión del yuan continental y del dólar taiwanés, se anunció que las transferencias monetarias entre los dos lados del Estrecho serán posibles en el mes de febrero. En el IV Foro Económico, Comercial y Cultural –organizado por el PCCh y el KMT y clausurado en Shanghai el 21 de diciembre– se han consensuado medidas y políticas para responder a la crisis financiera y abrir nuevas oportunidades de negocio e inversión a los empresarios isleños. En dicho encuentro, Chiang Pin-kung, presidente de la SEF taiwanesa, ha propuesto la creación de un mecanismo similar al fondo de reservas de divisas extranjeras establecido en la ASEAN, poniendo en común las reservas de divisas de China, Hong Kong y Taiwán. Por otra parte, la Bolsa de Taipei se ha abierto a los inversores institucionales continentales, aunque con algunas restricciones para evitar que se puedan hacer con el control de las sociedades insulares, y se ha elevado al alza (pasando del 40% al 60% de su capital neto) el límite del importe de las inversiones taiwanesas en las bolsas chinas. La normalización de las comunicaciones y el avance de la cooperación industrial en sectores como la aeronáutica, el sector petrolero, automovilístico, semiconductores, etc., vaticinan un pronto acuerdo global. Asimismo, ambas partes estudian medidas conjuntas para apoyar a los fabricantes taiwaneses presentes en el sur de China y que se han visto muy afectados por la recesión económica global.

En el orden político, la reclamación de Taipei de una tregua diplomática (ha perdido seis aliados en los últimos ocho años de mandato de Chen Shui-bian) parece haber sido atendida por Pekín, que ha dejado a un lado anteriores y denodados empeños que habrían podido cuajar en regiones como América Latina, donde la República de China aún conserva un nivel respetable de reconocimiento diplomático. Solo así se explica, por ejemplo, que Paraguay no haya reconocido a Pekín, anuncio que su actual mandatario, Fernando Lugo, formuló en sus primeras declaraciones como presidente electo. Además, Pekín ha facilitado el acceso de Taipei a instancias como el Acuerdo multilateral sobre los mercados públicos de la OMC, bloqueado desde hacía seis años, permitiendo también la participación con derecho a voto en la Agencia de Cooperación y de Información para el Comercio Internacional, donde participaba como observador desde 2007, o facilitando la asistencia de científicos taiwaneses a las reuniones de expertos de la OMS (sobre la melamina a primeros de diciembre en Ginebra).

Estos pequeños gestos, que tan tenido su complemento en la retirada de la propuesta de ingreso de Taiwán en Naciones Unidas, pasando a formularla como República de China (secundada por solo 18 de sus 23 aliados diplomáticos), tendrán su prueba principal en las próximas semanas, si ambas partes logran encontrar una fórmula aceptable para garantizar la participación en la Asamblea General de la OMS, reivindicación formulada por las autoridades taiwanesas desde tiempo atrás. La segunda prioridad de Taipei se refiere al reforzamiento de los lazos con la ASEAN. Para la isla es una cuestión de supervivencia. Taiwán ansía la firma de un TLC con la ASEAN, a fin de no quedar excluida del mercado único que construyen los 10 Estados de dicha alianza, que ya negocian con China, Japón y Corea del Sur.

En el orden conceptual, Ma ha rechazado hablar de “relaciones especiales de Estado a Estado”, fórmula promovida por el ex presidente Lee Teng-hui y causante de la ruptura del diálogo establecido a inicios de los años 90, proponiendo el concepto de “dos regiones” de una misma China, denominación que podría evitar las refriegas verbales en torno al espinoso asunto de la soberanía, evitando la mutua negación y permitiendo una mayor flexibilidad en la proyección internacional.

Por lo que se refiere a la paz, ambas partes se han mostrado favorables a la firma de un acuerdo que ponga fin formalmente a las hostilidades. Solo el PDP se ha opuesto a la firma de un acuerdo de paz por considerar que afectaría a la seguridad nacional y a la soberanía, conduciendo directamente a la reunificación. Reclamando una consulta popular de llegar a subscribirse, el PDP ya ha movilizado a cientos de miles de personas en Taipei a finales de octubre para contestar esta política del KMT.

Por su parte, en una comparencia en la Universidad Nacional de la Defensa el pasado 26 de octubre, Ma Ying-jeou reiteró que no habría guerra en el Estrecho durante su mandato, aunque no bajaría la guardia y mantendría un nivel de defensa alto en tanto no se produzca un aumento singular de las medidas de confianza y una reducción sustancial del número de misiles (han pasado de 400 en 2000 a 1.328 en 2008) que apuntan a la isla desde el continente. Pese a las nuevas compras de armamento a EEUU, que han motivado las habituales protestas de China, todo parece indicar que el diálogo en materia de defensa podría dar pronto sus primeros pasos, lo que sin duda ayudará a disipar malentendidos y evitar los riesgos de conflicto. Como señal de buena voluntad, Pekín podría tomar alguna iniciativa en relación a los misiles balísticos que apuntan a Taiwán. Esa esperanza (y convicción) explican proyectos gubernamentales como el de construcción de casinos en los islotes de Kinmen, Matsu o Penghu, con el objeto de estimular el desarrollo de estos territorios, donde antes se imaginaba el primer escenario de una confrontación armada directa con el continente, atrayendo a los visitantes de Fujián y otras provincias vecinas.

¿Unificación?
Han bastado siete meses para poner fin a 60 años de interrupción de los lazos marítimos, aéreos y postales, estableciendo hasta 160 vuelos semanales sin escala que comunican 21 ciudades chinas y ocho taiwanesas. Más de 60 puertos chinos y 21 taiwaneses están abiertos a la navegación directa. Y es sólo el principio. En términos económicos, ello supone un ahorro anual de costes de un valor estimado en 90.000 millones de dólares estadounidenses. Es fácil comprender el apoyo que estos acuerdos reciben de la comunidad empresarial cuyos proyectos aumentan exponencialmente su competitividad.

Sin embargo, pese a la notoria intensidad del acercamiento logrado en tan poco tiempo, lo cierto es que, por el momento, éste guarda más relación con el logro de una paz sólida o el aprovechamiento de las oportunidades económicas que con la unificación, horizonte que no se atisba a corto plazo. El rápido avance experimentado en el diálogo bilateral puede explicarse en virtud de la temática tratada, en la que predominan la convergencia y complementariedad de los respectivos intereses. No obstante, en el orden político, las distancias son mucho mayores. El rechazo de la estrategia independentista por parte del KMT aleja la pesada sombra de la secesión que ha enturbiado la región en los últimos ocho años. Ello aumentará las ofertas seductoras a Taipei por parte de Pekín, pero la tendencia mayoritaria en el KMT y en la sociedad taiwanesa sigue siendo aquella que tanto rechaza la independencia como la unificación.

Los progresos en el orden económico y comercial coexisten aún con importantes ambigüedades y silencios en lo político que no excluyen la aparición de tensiones en el futuro inmediato, en el cual el KMT deberá hilar muy fino para no facilitar la estrategia de acoso del PDP basada en la acusación de alentar el “entreguismo” al continente. Por otra parte, al PCCh tampoco debería interesarle ejercer una presión exorbitante sobre el contencioso que podría tensar en exceso la cuerda y debilitar a Ma y al KMT, facilitando la vuelta al poder del PDP en 2012 con una credibilidad renovada.

Especialmente en la coyuntura actual, con una crisis económica que también en la isla reduce los niveles de crecimiento y aumenta el desempleo, buena parte de la sociedad taiwanesa puede respaldar una estrategia de relanzamiento que aproveche las oportunidades que ofrece el continente. El interés por garantizar la buena marcha de la economía es una clave fundamental que puede limitar las resistencias al actual proceso, pero ambas partes no debieran pasar por alto la determinación identitaria que subsiste en la isla y frente a la cual solo caben propuestas políticas integradoras. El proceso, pues, tiene importantes riesgos políticos para Ma y cabe imaginar que las dificultades no tardarán en llegar.

Por otra parte, en el orden externo, la comunidad internacional en su conjunto ha saludado el diálogo con el Estrecho, calificándolo de positivo y necesario. No obstante, el avance sugerido en materia de intercambios militares entre los dos lados del Estrecho plantea a Taipei el delicado problema de sus límites en cuanto afecte a las vitales relaciones que en este plano mantiene con EEUU, donde algunas voces han alertado ya sobre las eventuales consecuencias en el aumento del número de oportunidades que pudieran surgir en materia de espionaje, afectando a la capacidad de acceso a informaciones relativas al armamento estadounidense, lo que podría llegar a cuestionar el suministro de aquellos sistemas de defensa calificados como sensibles. En octubre pasado, el Pentágono anunció la venta de un paquete de armas a Taiwán por valor de 6.500 millones de dólares.

Conclusiones: Cabe imaginar la sucesión de numerosos e importantes acuerdos que acerquen la normalidad en el estrecho de Taiwán. Estos avanzarán en tres planos (económico y comercial, diplomático y defensivo), pero cada uno a diferente velocidad, paso a paso, dejando a un lado los problemas de naturaleza política y coexistiendo con los efectos terminales de las tensiones del precedente mandato de Chen Shui-bian (como ocurrió con la ejecución del presunto espía taiwanés Wo Weihan). Pero, en su conjunto, cabe imaginar un escenario de distensión que multiplicará los actores y las complicidades, a uno y otro lado del Estrecho, con el proceso de diálogo.

Hu Jintao proseguirá con su política de acercamiento, aislando en el Ejército Popular de Liberación (EPL) a los partidarios de mano dura con la isla. Por su parte, Ma Ying-jeou, cuya popularidad pasó del 66% en mayo al 33% a mediados de noviembre, tendrá que realizar importantes esfuerzos pedagógicos para demostrar las ventajas del acercamiento y que este no perjudica el estatus ni la dignidad de Taiwán, aspecto que, junto al rigor ético de su Administración y la superación de los tropiezos económicos, serán las claves del éxito de su gestión política y de la consiguiente renovación de su mandato en 2012. Hasta entonces, la movilización de la oposición, liderada por el PDP, no se lo pondrá fácil.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

enero 15, 2009 Publicado por | China, Taiwan | Dejar un comentario

>US-Taiwan arms plan highlights tensions with China

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By Simon Tisdall (THE GUARDIAN, 07/10/08):

China cancelled a visit to Washington by a senior general, slapped an indefinite ban on port calls by US naval vessels, and cancelled low-level diplomatic exchanges with the US today, in angry retaliation to a US plan to sell $6.5bn in advanced weaponry to Taiwan.

A spokesman for China’s foreign ministry in Beijing, Qin Gang, said the US move broke international law and would cast a shadow over bilateral relations. The proposed sale “has contaminated the sound atmosphere for our military relations and gravely jeopardised China’s national security”, Qin said.

China regards Taiwan, which has enjoyed de facto independence since 1949, as a renegade province. But its aim to unify the island with the mainland is opposed by a majority of Taiwanese. Under a 1979 law, the US in effect pledged to help Taiwan defend itself against any attempt by China to forcibly acquire the territory.

A Pentagon spokesman described China’s reaction to the sale as “unfortunate” and said it would lead to missed opportunities. But both sides appeared to be anxious to limit the fallout from the row. US-China cooperation on nuclear proliferation issues in Iran and North Korea was not expected to be affected.

The arms sale was first proposed by the US in 2001 but ran into opposition in Taiwan’s parliament, the Legislative Yuan, as well as in Beijing. It was initially valued at $12bn and potentially included Aegis-class frigates, submarines and advanced F16 fighter jets.

The current package is much less ambitious, consisting of defensive weapons systems. It includes 330 Patriot ground-to-air missiles, 30 Apache helicopters, 182 Javelin anti-tank missiles and spare parts for Taiwan’s existing fleet of F16 fighters. The Pentagon also announced a sale of Harpoon missiles last month.

China has rapidly expanded its overall military spending in recent years and has deployed an estimated 1,000 missiles across the strategic Taiwan Strait, facing Taiwan.

Prickly US relations with Taiwan have eased since the election as president last March of the nationalist Kuomintang party (KMT) leader and former Taipei mayor, Ma Ying-jeou.

Ma’s predecessor as president, the Democratic Progressive party’s (DPP) Chen Shui-bian, angered Washington and Beijing by pushing what both saw as a destabilising pro-independence agenda. That may have led to an undeclared freeze on new arms sales.

Ma has taken a series of steps to improve cross-straits relations since taking office, including direct charter flights for businesspeople and tourists, a lifting of caps on Taiwanese investment in China, and the opening of permanent representative offices in both countries.
Taiwan also provided assistance to China during last May’s Sichuan earthquake disaster.

As a result of the thaw, Chen Yun-lin, the top official in charge of China’s Taiwan policy, is expected to visit the island soon. If it takes place, it will be the highest-level contact since 1949.

All the same, Ma’s popularity has been falling amid DPP criticism that he was kow-towing to China and failing to obtain reciprocal concessions. His decision to risk China’s displeasure and go ahead with the arms purchase may help him counter perceptions of undue servility towards the mainland.

“We think this announcement from the US government is a sign that the past eight years of discord are over,” Ma said in a statement.

According to a report last month by the Congressional Research Service (CRS), a US decision on the sale had been expected before the Bush administration leaves office in January.

Defence analysts suggested the White House wanted to push the deal through now rather than leave the decision to the incoming, possibly Democratic administration.

Embroiled in major conflicts in the Middle East, Washington has been keen to defuse cross-straits tensions and persuade the Taiwanese to take more responsibility for their own defence.

Yet now this appears to be happening, there are signs of second thoughts. According to the CRS report, a closer relationship between China and Taiwan “may complicate US regional interests”.

octubre 7, 2008 Publicado por | armamentismo, China, Estados Unidos, Taiwan | Dejar un comentario

¿Es posible una sola China?

Por Xulio Ríos, director del Observatorio de la Política China y autor de Taiwán, el problema de China. (EL PAÍS, 25/03/08):

El resultado de los procesos electorales vividos en Taiwán el 12 de enero (legislativas) y 22 de marzo (presidenciales) abre un nuevo escenario: el retorno del Kuomintang (KMT) al centro de la vida política. En enero, impuso una severa derrota a su rival, el Partido Democrático Progresista (PDP), al obtener una mayoría holgada en el Parlamento. Y ahora, su candidato, Ma Ying-jeou, ha logrado la presidencia.

Tras perder la guerra civil contra el Partido Comunista de Mao Zedong, el KMT de Chiang Kai-shek se instaló en Taiwán en 1949 y, con el apoyo de EE UU y las potencias occidentales, aplicó en la isla varias décadas de terror blanco, hasta que a fines de los años ochenta lideró la transición democrática. Durante ese período, el KMT mantuvo la ficción de representar a toda la China “libre” y la aspiración de “reconquistar” el continente. Los demócratas taiwaneses, por el contrario, defendían la necesidad de abandonar la retórica del KMT, originaria del continente, y defender que Taiwán es hoy un sujeto más de la comunidad internacional. Y así, en 2000, los partidarios de hacer de Taiwán un país “normal”, los soberanistas del PDP, lograron la presidencia, ejercida desde entonces por Chen Shui-bian, cuyo segundo mandato ha estado marcado por la corrupción.

Paradójicamente, esta evolución aproximó de nuevo a los viejos enemigos, comunistas y nacionalistas, pues ambos, a diferencia de los soberanistas de Taiwán, comparten la idea de una sola China, aunque cada uno con una interpretación diferente. Los años de mandato del PDP, si bien moderados por la influencia del KMT, mayoritario en el Parlamento, fueron especialmente difíciles para la China continental, quien se mostró dispuesta a impedir, incluso por la fuerza, la separación irreversible de Taiwán. Misiles orientados a la isla, ejercicios militares de intimidación y Ley Antisecesión ejemplifican esa respuesta. Pero falló la estrategia electoral del PDP, basada en dos premisas. Primera, China continental es una gran amenaza para Taiwán, lo cual es difícil de acreditar cuando las relaciones económicas entre ambos son tan importantes (102.300 millones de dólares de comercio bilateral en 2007, con un aumento del 16,1% y un saldo muy favorable a la isla), cuando más de un millón de empresarios taiwaneses residen en el continente y cuando el PCCh y el KMT, los dos bandos que pelearon a muerte en la guerra civil, dialogan sin problema desde 2005. Segunda, utilizar el reclamo de un imposible, el ingreso de Taiwán en Naciones Unidas, como aglutinante y movilizador de su base electoral. El rechazo internacional al referéndum para la incorporación de Taiwán a la ONU presentó al PDP como una amenaza para la estabilidad.

¿Estamos ahora en la antesala de la unificación tan anhelada por Pekín? Es poco probable porque las dificultades son muchas.

En primer lugar, políticas: a la imposibilidad de que el KMT pueda existir en el continente como un partido más se debe añadir que Taipei no comparte el sueño nacionalista chino. Se requiere una mayor influencia de Taiwán en los comportamientos continentales y una mayor apertura de Pekín, tendiendo puentes, incluso hacia los soberanistas, que ayuden a superar la confrontación que divide la isla; de lo contrario, las resistencias persistirán.

En segundo lugar, estratégicas: la importancia del estrecho de Taiwán para Japón es enorme, y, por otra parte, de llevarse cabo la unificación, EE UU vería enormemente debilitada una condición “arbitral” que hoy facilita su presencia en ese entorno geopolítico. En tercer lugar, sociales: las nuevas generaciones de taiwaneses ya no se identifican con el continente y los millones de exiliados de 1949 son cada vez menos. Los años de gobierno del PDP han estimulado la taiwanización, obligando incluso a modificar la estrategia político-electoral del KMT. Y cabe añadir que la corriente mayoritaria en el seno del KMT no apuesta por la unificación, como tampoco por la independencia, sino por el statu quo.

En el marco del principio “un país, dos sistemas”, Pekín ofrece a Taipei mantener su sistema político y económico, incluso sus fuerzas armadas, pero no parece suficiente. Hu Jintao ha sido más inteligente que su antecesor, Jiang Zemin, quien recurría a la amenaza y ejercicios militares para contrarrestar el auge secesionista. El actual presidente chino, que en el reciente XVII Congreso del PCCh propuso un acuerdo de paz entre ambas partes, ha apostado por el diálogo con todos aquellos que no aspiran a la independencia y ha obtenido mejores resultados. Ello puede facilitar una considerable profundización de los intercambios económicos y comerciales, ya muy importantes, en materia de inversiones, turismo y comunicaciones -que aún no son directas, a pesar del clamor de la poderosa comunidad empresarial taiwanesa-, afectando a sectores como la banca o los seguros, eliminando progresivamente las restricciones impuestas por motivos de seguridad.

Las elites económico-empresariales de la isla y del continente comparten muchos intereses comunes. Habrá también más contactos sociales y culturales. Y, sobre todo, habrá más diálogo político, pero conscientes ambas partes de que el proceso de acercamiento podría ser tan largo como el cauce del río Yangtsé, sin poder arribar a ninguna orilla en bastante tiempo.

abril 1, 2008 Publicado por | China, Taiwan | Dejar un comentario

>¿Es posible una sola China?

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Por Xulio Ríos, director del Observatorio de la Política China y autor de Taiwán, el problema de China. (EL PAÍS, 25/03/08):

El resultado de los procesos electorales vividos en Taiwán el 12 de enero (legislativas) y 22 de marzo (presidenciales) abre un nuevo escenario: el retorno del Kuomintang (KMT) al centro de la vida política. En enero, impuso una severa derrota a su rival, el Partido Democrático Progresista (PDP), al obtener una mayoría holgada en el Parlamento. Y ahora, su candidato, Ma Ying-jeou, ha logrado la presidencia.

Tras perder la guerra civil contra el Partido Comunista de Mao Zedong, el KMT de Chiang Kai-shek se instaló en Taiwán en 1949 y, con el apoyo de EE UU y las potencias occidentales, aplicó en la isla varias décadas de terror blanco, hasta que a fines de los años ochenta lideró la transición democrática. Durante ese período, el KMT mantuvo la ficción de representar a toda la China “libre” y la aspiración de “reconquistar” el continente. Los demócratas taiwaneses, por el contrario, defendían la necesidad de abandonar la retórica del KMT, originaria del continente, y defender que Taiwán es hoy un sujeto más de la comunidad internacional. Y así, en 2000, los partidarios de hacer de Taiwán un país “normal”, los soberanistas del PDP, lograron la presidencia, ejercida desde entonces por Chen Shui-bian, cuyo segundo mandato ha estado marcado por la corrupción.

Paradójicamente, esta evolución aproximó de nuevo a los viejos enemigos, comunistas y nacionalistas, pues ambos, a diferencia de los soberanistas de Taiwán, comparten la idea de una sola China, aunque cada uno con una interpretación diferente. Los años de mandato del PDP, si bien moderados por la influencia del KMT, mayoritario en el Parlamento, fueron especialmente difíciles para la China continental, quien se mostró dispuesta a impedir, incluso por la fuerza, la separación irreversible de Taiwán. Misiles orientados a la isla, ejercicios militares de intimidación y Ley Antisecesión ejemplifican esa respuesta. Pero falló la estrategia electoral del PDP, basada en dos premisas. Primera, China continental es una gran amenaza para Taiwán, lo cual es difícil de acreditar cuando las relaciones económicas entre ambos son tan importantes (102.300 millones de dólares de comercio bilateral en 2007, con un aumento del 16,1% y un saldo muy favorable a la isla), cuando más de un millón de empresarios taiwaneses residen en el continente y cuando el PCCh y el KMT, los dos bandos que pelearon a muerte en la guerra civil, dialogan sin problema desde 2005. Segunda, utilizar el reclamo de un imposible, el ingreso de Taiwán en Naciones Unidas, como aglutinante y movilizador de su base electoral. El rechazo internacional al referéndum para la incorporación de Taiwán a la ONU presentó al PDP como una amenaza para la estabilidad.

¿Estamos ahora en la antesala de la unificación tan anhelada por Pekín? Es poco probable porque las dificultades son muchas.

En primer lugar, políticas: a la imposibilidad de que el KMT pueda existir en el continente como un partido más se debe añadir que Taipei no comparte el sueño nacionalista chino. Se requiere una mayor influencia de Taiwán en los comportamientos continentales y una mayor apertura de Pekín, tendiendo puentes, incluso hacia los soberanistas, que ayuden a superar la confrontación que divide la isla; de lo contrario, las resistencias persistirán.

En segundo lugar, estratégicas: la importancia del estrecho de Taiwán para Japón es enorme, y, por otra parte, de llevarse cabo la unificación, EE UU vería enormemente debilitada una condición “arbitral” que hoy facilita su presencia en ese entorno geopolítico. En tercer lugar, sociales: las nuevas generaciones de taiwaneses ya no se identifican con el continente y los millones de exiliados de 1949 son cada vez menos. Los años de gobierno del PDP han estimulado la taiwanización, obligando incluso a modificar la estrategia político-electoral del KMT. Y cabe añadir que la corriente mayoritaria en el seno del KMT no apuesta por la unificación, como tampoco por la independencia, sino por el statu quo.

En el marco del principio “un país, dos sistemas”, Pekín ofrece a Taipei mantener su sistema político y económico, incluso sus fuerzas armadas, pero no parece suficiente. Hu Jintao ha sido más inteligente que su antecesor, Jiang Zemin, quien recurría a la amenaza y ejercicios militares para contrarrestar el auge secesionista. El actual presidente chino, que en el reciente XVII Congreso del PCCh propuso un acuerdo de paz entre ambas partes, ha apostado por el diálogo con todos aquellos que no aspiran a la independencia y ha obtenido mejores resultados. Ello puede facilitar una considerable profundización de los intercambios económicos y comerciales, ya muy importantes, en materia de inversiones, turismo y comunicaciones -que aún no son directas, a pesar del clamor de la poderosa comunidad empresarial taiwanesa-, afectando a sectores como la banca o los seguros, eliminando progresivamente las restricciones impuestas por motivos de seguridad.

Las elites económico-empresariales de la isla y del continente comparten muchos intereses comunes. Habrá también más contactos sociales y culturales. Y, sobre todo, habrá más diálogo político, pero conscientes ambas partes de que el proceso de acercamiento podría ser tan largo como el cauce del río Yangtsé, sin poder arribar a ninguna orilla en bastante tiempo.

abril 1, 2008 Publicado por | China, Taiwan | Dejar un comentario

   

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