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>Georgia y la Corte Suprema de Estados Unidos: Jugando con la maquinaria de la muerte

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Por Amy Goodman (Democracy now!, 31 de marzo de 2011)
Escuche (en español)
El 28 de marzo, la Corte Suprema se negó a considerar el caso de la condena a pena de muerte de Troy Anthony Davis. Era su última apelación. Davis fue condenado a pena de muerte en Georgia hace casi veinte años luego de haber sido hallado culpable de matar de un disparo a Mark MacPhail, un oficial de policía que no estaba de servicio, en Savannah. Desde su procesamiento, siete de los nueve testigos no policiales se retractaron de su declaración, alegando coerción e intimidación policial para obtener su testimonio. A pesar de la duda que rodea a este caso, Troy Anthony Davis podría ser ejecutado en las próximas semanas.
Davis está ahora a merced de la Junta de Perdón y Libertad Condicional del estado de Georgia, que podría conmutar su pena por cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. Será una lucha difícil, a pesar de los pedidos de indulto a nivel nacional e internacional realizados por figuras como el Papa Benedicto XVI, el Arzobispo Desmond Tutu y el ex Presidente Jimmy Carter.
La hermana de Davis, Martina Correia, llevó adelante una campaña incansable para que se hiciera justicia en el caso de su hermano. En respuesta a la decisión de la Corte Suprema, me dijo: “Ayer nos quedamos perplejos y consternados al enterarnos de la noticia de que la Corte Suprema de Estados Unidos había denegado la petición de Troy. Se negó a considerar el caso porque (…) a nadie le interesa la evidencia de inocencia real, y a nadie le interesa ver la retractación de la declaración de los testigos como una parte realmente fuerte y viable de este caso, a pesar de que hayan declarado otros testigos. Creo que tiene que haber una movilización a nivel mundial por el caso de Troy, y la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos debe ocuparse de una vez por todas del hecho de que en Estados Unidos no es inconstitucional ejecutar a una persona inocente”.
Martina Correia plantea un hecho importante pero poco conocido acerca de la ley de pena de muerte en Estados Unidos, a saber, que el actual precedente judicial permite la ejecución de personas inocentes. Aunque parezca mentira, la Corte Suprema, en un dictamen de 1993, sugirió que “la evidencia de inocencia real” no es causa suficiente para dejar a alguien en libertad. La corte solamente presta atención a si se siguen las normas jurídicas, a la vez que reconoce que aún así gente inocente podría ser condenada y ejecutada. En dichos casos, un prisionero podría solicitar el indulto. Parece que la Corte aún no ha aprendido lo que muchos estados sí lograron aprender: que el sistema de la pena de muerte no funciona y no tiene arreglo.
Recientemente Illinois se convirtió en el décimo sexto estado de Estados Unidos en declarar ilegal la pena de muerte. Luego de promulgar la ley, el gobernador Pat Quinn, dijo: “He concluido luego de ver toda la información que he recibido, que es imposible crear un sistema perfecto, infalible, libre de discriminación con respecto a la raza o las circunstancias económicas o la geografía. He concluido tras analizar todo lo que recibí que es imposible en nuestro estado tener un sistema de pena de muerte perfecto y consistente. Creo que abolir la pena de muerte es lo correcto y lo justo”. Quinn sigue los pasos de un anterior gobernador de Illinois, el republicano George Ryan, quien conmutó las condenas a pena de muerte de 120 prisioneros en dicho estado.
Ambos gobernadores de Illinois recuerdan al ex magistrado de la Corte Suprema Harry A. Blackmun, que escribió en 1994 en su voto discordante, luego de que la Corte negara la apelación en última instancia a un condenado a pena de muerte “A partir de este día, ya no jugaré con la maquinaria de la muerte”.
Jugar con la maquinaria de la muerte es precisamente lo que algunos estados parecen estar haciendo. El tiopental es uno de los tres fármacos utilizados en el “cóctel” letal administrado en la mayoría de las ejecuciones en Estados Unidos. Hospira, la última empresa con sede en Estados Unidos que fabricaba tiopental sódico, dejó de elaborar este fármaco controlado, provocando su escasez a nivel nacional. Los estados comenzaron a pelearse por mantener suministro suficiente en sus cámaras de ejecución. Cuando California le pidió prestado un fármaco similar a Arizona, el Subsecretario del Departamento de Corrección y Rehabilitación de California, Scott Kernan, escribió en un correo electrónico enviado a sus pares de Arizona: “Nos salvaron la vida…”.
Resulta que Georgia habría importado ilegalmente su suministro de tiopental de una empresa de dudosa reputación de Londres, denominada Dream Pharma Ltd., administrada por un matrimonio en un lugar alquilado en la parte trasera de una academia de conducción. Georgia no cuenta actualmente con un permiso de la DEA, la Administración de Control de Drogas de Estados Unidos, para importar sustancias controladas, por lo que la DEA recientemente confiscó el suministro de tiopental de dicho estado. Mientras se aguarda la investigación del caso, Georgia no contará con este elemento fundamental, por lo que no podrá ejecutar a Davis ni a ningún otro prisionero condenado a pena de muerte.
El mismo día en que la Corte Suprema le negó la apelación a Davis, Amnistía Internacional publicó su informe anual sobre pena de muerte. Estados Unidos aún figura en la lista de los principales países que realizan ejecuciones, junto a China, Irán, Arabia Saudita, Yemen y Corea del Norte.
Además de encabezar la lucha por la vida de su hermano, Martina Correia ha tenido que luchar por su propia vida. El día del fallo judicial se cumplieron diez años de que comenzó su batalla contra el cáncer de mama. Su rostro aparece en la camioneta de mamografías móviles que ayuda a salvar la vida de mujeres de bajos recursos en Savannah. La Coalición Nacional Contra el Cáncer de Mama la nombró a ella y a la ex Presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, “Mujeres que hacen las cosas bien”. Correia, con su humildad habitual, siente que merecerá ese título cuando la vida de su hermano también haya sido salvada.
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Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
© 2011 Amy Goodman
Texto en inglés traducido por Mercedes Camps y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org
Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 600 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 300 en español. Es co-autora del libro “Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos”, editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

marzo 31, 2011 Publicado por | Estados Unidos, sistema penitenciario | Dejar un comentario

>La calidad de la clemencia

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Por Peter Singer, profesor de Bioética en la Universidad de Princeton y profesor emérito en la Universidad de Melbourne. Traducción de Kena Nequiz. © Project Syndicate, 2009 (EL PAÍS, 03/09/09):

La reciente liberación de Abdel Basset Ali al-Megrahi, la única persona condenada por la explosión del vuelo 103 de Pan Am sobre Lockerbie (Escocia) en 1988, generó indignación. Aproximadamente al mismo tiempo, las Águilas de Filadelfia, un equipo de fútbol americano, le ofrecieron una segunda oportunidad a la ex estrella Michael Vick, que había sido condenado por dirigir una organización de peleas de perros en la que se torturaba y mataba a los animales perdedores. Asimismo, William Calley, que comandaba el pelotón que masacró a cientos de civiles vietnamitas en la aldea de My Lai en 1968, ha roto el silencio y pedido perdón por sus acciones.

¿Cuándo debemos perdonar o ser clementes con los malhechores? En muchas sociedades los delitos que tienen que ver con la crueldad hacia los animales reciben un trato demasiado indulgente, pero el castigo de Vick -23 meses de cárcel- fue sustancial. Además del encarcelamiento, perdió dos años de su carrera como jugador y millones de dólares de ingresos. Si Vick nunca volviera a jugar, sufriría un castigo mucho mayor al impuesto por el tribunal.

Vick ha expresado su arrepentimiento. Tal vez lo más importante es que ha convertido las palabras en hechos y ahora es voluntario en un refugio de animales y trabaja con la Sociedad Humanitaria de Estados Unidos para luchar contra las peleas de perros. Es difícil ver qué provecho se obtendría de impedirle terminar su rehabilitación y volver a dedicarse a lo que mejor sabe hacer.

Megrahi fue condenado por el asesinato de 270 personas y sentenciado a cadena perpetua. Apenas había cumplido siete años de esa condena cuando el ministro de Justicia escocés, Kenny MacAskill, lo liberó por motivos humanitarios, basándose en un informe médico según el cual tiene cáncer terminal y sólo le quedan tres meses de vida. La cuestión del arrepentimiento no se ha planteado, porque Megrahi nunca ha admitido su culpabilidad, y no retiró una apelación contra su condena hasta poco antes de su liberación.

Se han planteado dudas acerca de si Megrahi realmente está a punto de morir. Al parecer, sólo el médico de la prisión estuvo dispuesto a afirmar que no le quedaban más de tres meses de vida, mientras que cuatro especialistas se negaron a dar un pronóstico. También ha habido especulaciones de que la liberación de Megrahi estuvo relacionada con negociaciones sobre contratos petroleros entre el Reino Unido y Libia. Por último, algunas personas ponen en duda que Megrahi realmente haya sido el autor del delito, y esto puede haber jugado un papel en la decisión de MacAskill (aunque, de ser así, habría sido mejor dejar que los tribunales resolvieran el asunto).

Pero dejemos de lado estascuestiones por el momento. Suponiendo que Megrahi fuera culpable y que se le hubiera puesto en libertad porque le queda poco tiempo de vida, ¿acaso la enfermedad terminal de un preso justifica su liberación por razones humanitarias?

La respuesta podría depender de la naturaleza del delito, la duración de la pena y la proporción de ésta que quede por cumplirse. En el caso de un carterista que ha cumplido la mitad de una condena de dos años, sería excesivamente severo insistir en que la pena se cumpliera en su totalidad si eso significara que moriría en la cárcel y no con su familia. Sin embargo, liberar a un hombre que cumplió tan sólo siete años de una sentencia de cadena perpetua por un asesinato en masa es un asunto muy diferente. Como señalan los familiares de las víctimas, en la planificación de su delito Megrahi no mostró compasión. ¿Por qué, preguntan, debemos mostrarle compasión a él?

En una declaración que hizo ante el Parlamento escocés para defender su decisión, MacAskill se abstuvo de citar el discurso más conocido sobre la clemencia que existe en el idioma inglés -el de Porcia en El mercader de Venecia de Shakespeare-, pero las palabras de Porcia se habrían ajustado a lo esencial de su declaración. Porcia reconoce que Shylock no tiene ninguna obligación de mostrar clemencia a Antonio, quien ha violado su acuerdo con él.

“La calidad de la clemencia no es forzada” -es decir, limitada, u obligatoria- le dice a Shylock, sino algo que cae libremente, como la lluvia. MacAskill reconoció que el propio Megrahi no mostró ninguna compasión, pero señala con razón que esto por sí solo no es motivo para negarle la clemencia en sus últimos días. A continuación, se refiere a los valores de la humanidad, la compasión y la misericordia, como “las creencias a las que tratamos de apegarnos”, y enmarca su decisión como fiel a los valores de Escocia.

Podemos estar razonablemente en desacuerdo con la decisión de MacAskill, pero debemos reconocer que -a menos que haya algo más bajo la superficie- estuvo motivado por algunos de los mejores valores que podemos ejercer. Y si creemos que Megrahi no fue lo suficientemente castigado por su delito, ¿qué pensar entonces del trato que recibió el ex teniente William Calley?

En 1971, Calley fue condenado por el asesinato de “no menos de 22 civiles vietnamitas de edades y sexos indeterminados”. También fue declarado culpable de atacar con intención de asesinar a un niño vietnamita. Sin embargo, tres días -sí, días- después de su condena, el presidente Richard Nixon ordenó que fuera puesto en libertad y que se le permitiera cumplir su condena en una confortable casa de dos dormitorios. Allí vivió con una compañera y el personal que le ayudaba. Después de tres años, fue puesto en libertad incluso de este tipo de arresto.

Calley siempre sostuvo que estaba obedeciendo órdenes. El capitán Ernest Medina, su comandante, le ordenó quemar la aldea y contaminar sus pozos, pero no hay pruebas claras de que la orden incluyera matar a no combatientes -y por supuesto, si esa orden se hubiera dado, no debería haberse obedecido. (Medina fue absuelto del cargo de asesinato)-.

Tras décadas de negarse a hablar en público, Calley, que ahora tiene 66 años, dijo recientemente que “no pasa un día” sin que sienta remordimiento “por lo ocurrido en My Lai”. Me pregunto si los familiares de los asesinados en My Lai están más dispuestos a perdonar a Calley que los familiares de los muertos en Lockerbie a perdonar a Megrahi.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

septiembre 11, 2009 Publicado por | Libia, Reino Unido, sistema penitenciario | Dejar un comentario

>Crueldad penitenciaria en EEUU

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Por Ian Gibson, escritor (EL PERIÓDICO, 08/05/09):

Guantánamo es solo la punta de iceberg de los abusos de un sistema penal y carcelario que significan una vergüenza para Estados Unidos y su pretensión de ser un país cristiano. El caso de Donny Johnson, que actualmente está acaparando la atención de algunos medios norteamericanos –ha salido al respecto, además, un importante artículo en Der Spiegel– lo demuestra de manera especialmente llamativa.

Nacido en 1960, Johnson fue condenado a cadena perpetua por su participación en un asesinato a los 18 años y bajo los efectos de droga. No se tomaron en cuenta, al parecer, su infancia y juventud especialmente desfavorables. Preso desde entonces en la cárcel estatal de Pelican Bay, en California –que alberga una de las poblaciones de reclusos más violentas del país–, lleva casi 20 años totalmente aislado en una celda de castigo que mide 8×12 pies. Una celda de cemento que ni ofrece el consuelo de una ventana. No le dejan ver a los otros presos ni mucho menos hablar con ellos. Le pasan la comida a través de una ranura en la puerta. Durante todo este tiempo no ha podido tocar a nadie, ni a su propia madre, con quien tiene que hablar por un telefonillo a través de una vitrina de pérspex espeso. En su libro Donny: la vida de un condenado a cadena perpetua, escrito en el 2001, manifestó que la falta de estimulación sensorial y de contacto humano era, sencillamente, una variante de tortura. “Daría mi brazo derecho por poder abrazar a mi madre”, dijo. Cuesta trabajo imaginar tanta crueldad.

Allí sigue todavía, ocho años después. ¿Le dejan salir a un patio una vez a la semana, o al mes, para sentir el sol en la cara, o la lluvia, y quizá escuchar el canto de un pájaro, como si fuera el preso, moro o cristiano, de un antiguo romance español? En absoluto: un breve deambular por un oscuro pasillo interior es el único recreo, el único solaz, que le otorga el sistema.

Es verdad que tan desmedido castigo, añadido a la condena original, se debe a que, después de nueve años en prisión, Johnson arremetió contra dos guardias con una navaja. Llevado otra vez a juicio, alegó que se había confundido momentáneamente, imaginando que le atacaban otros presidiarios, y que su reacción fue un equivocado conato de defensa propia. Quizá no mentía, pero de todas maneras no se aceptó su versión de los hechos y se le impuso la vitalicia celda de castigo.

LO INSÓLITO del caso es que, gracias al interés de un ser humano excepcional llamado Steve Kurtz, que a través de una larguísima e intensa relación epistolar con Johnson logró insuflarle el amor al arte y a la lectura (desde Shakespeare a Jung y Primo Levi), la víctima ha desarrollado un insospechado talento para la pintura y una lucidez intelectual que no solo le han transformado como persona, sino que le están catapultando a la celebridad. Y no es que el presidio de Pelican Bay se lo haya puesto fácil, desde luego. Dignos sucesores de quienes en su momento humillaron a Oscar Wilde, no le han facilitado ni instrumentos, ni pintura, ni papel, ni mucho menos lienzos. Tuvo que ingeniárselas para fabricar sus propios pinceles con pelos de su cabeza; utilizar, en vez de pigmentos, una solución a base de caramelos de la marca M&M; y echar mano, como soporte, a lo único que allí había: las tarjetas postales que se vendían (¡sin ilustraciones, claro!) en la tienda de la cárcel.

Los resultados conseguidos con medios tan pobres, pero tan imaginativos, se pueden apreciar en internet con solo googlear el nombre del preso y luego abrir su web oficial. Son de verdad fantásticos. Siempre sabíamos que hay artistas que, si no exteriorizan lo que sienten, se mueren, se suicidan, se hunden. Lo ocurrido con Johnson demuestra que incluso en las peores condiciones la creatividad puede conseguir que por lo menos valga la pena continuar luchando y esperando. Sus cuadros, que ahora se exponen y se cotizan, reflejan claramente, ha dicho un crítico, la agudísima privación sensorial lamentada por el recluso en su libro. Para otros, trasmiten nostalgia, anhelo de libertad, locura. Lo que a mí me llama sobre todo la atención –solo he visto las reproducciones de la red– es su energía, su intenso colorido, su variedad y la sutileza de las formas.

EL PRESIDENTE Obama ha iniciado el desmantelamiento del ignominioso, del oprobioso, Abú Ghraib antillano, expresión del ojo por ojo bíblico en versión Bush Junior (muchas veces he pensando que el problema con el cristianismo es que, pese a sus afirmaciones al contrario, no ha podido liberarse del Viejo Testamento). Esperemos que sea el primer paso para que Estados Unidos rechace ahora tajantemente el desprecio de los derechos humanos de la era anterior, y vuelva a ser un país magnánimo y dialogante. Queda mucho por hacer, desde luego, empezando con la pena de muerte y siguiendo con las otras muchas crueldades de un sistema penitenciario simbolizado por la infame celda de castigo de Donny Johnson. Entre tanto, este pintor encarcelado está robusteciendo la fe de quienes queremos creer en el poder redentor del arte. “Amo el mito, el caos y el espacio”, ha dicho hace poco. Parece, de verdad, un hombre nuevo.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

mayo 9, 2009 Publicado por | Estados Unidos, sistema penitenciario | Dejar un comentario

>Encarcelar a los niños por dinero

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Por Amy Goodman (Democracy now!, 18 de Febrero de 2009)

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Casi 5.000 niños en Pensilvania fueron hallados culpables, y 2.000 de ellos fueron encarcelados por dos jueces corruptos que recibieron sobornos de empresas constructoras y propietarias de cárceles privadas que se beneficiaron de los encarcelamientos. Ambos jueces se declararon culpables, en un sorprendente caso de avaricia y corrupción que apenas comienza a revelarse. Los jueces Mark A. Ciavarella Jr. y Michael T. Conahan recibieron 2,6 millones de dólares en sobornos por enviar a prisión a niños que, en la mayoría de los casos, no tenían acceso a un abogado. El caso ofrece una mirada extraordinaria a la vergonzosa industria de las cárceles privadas que está floreciendo en Estados Unidos.

Vean por ejemplo la historia de Jamie Quinn. Cuando tenía 14 años de edad, estuvo presa durante casi un año. Jamie, que ahora tiene 18, describió el incidente que causó su encarcelamiento:

“Me puse a discutir con una de mis amigas. Y todo lo que sucedió fue una simple pelea. Ella me dio una bofetada y yo se la devolví. No hubo marcas, ni testigos, nada. Fue solo su palabra contra la mía.”

Jamie fue llevada a una de las dos cárceles polémicas, PA Child Care y luego la pasearon por otros centros carcelarios. Estar en prisión durante 11 meses tuvo un impacto devastador en ella. Me dijo: “La gente me miraba diferente cuando salí, pensaban que era una mala persona, porque había estado en prisión por tanto tiempo. Mi familia comenzó a separarse … porque estaba fuera de casa y me encerraron, y estaba, pensé, ya sabes, que estaba siendo castigada por lo que había hecho, y creo que no debería haber sido así. Aún tengo dificultades en el colegio, porque el sistema escolar en este tipo de centros de detención es espantoso”.

Comenzó a hacerse cortes, y dijo que era resultado de la medicación que le obligaban a tomar: “Nunca estuve deprimida, nunca antes me habían dado medicación. Fui allí, y comenzaron a darme medicación y ni siquiera sabía lo que era. Dijeron que si no la tomaba, no estaba siguiendo mi programa”. Fue hospitalizada tres veces.

Jamie Quinn es tan solo una de miles de niños y niñas que fueron encerrados por los dos jueces corruptos. El Centro de Derecho de Menores (Juvenile Law Center) con sede en Filadelfia, se involucró en el caso cuando Hillary Transue fue enviada a prisión por tres meses por crear un sitio web que parodiaba al subdirector de su escuela. Hillary claramente indicó que la página era una broma. Aparentemente, el subdirector no lo halló divertido y Hillary tuvo que enfrentarse al juez Ciavarella, conocido por su severidad.

Como me dijo Bob Schwartz, del Centro de Derecho de Menores: “Hillary, sin saberlo, había firmado un documento, y su madre había firmado un documento, renunciando a su derecho a un abogado. Esto provocó que la audiencia de 90 segundos que tuvo ante el juez Ciavarella fuera una farsa”. El Centro de Derecho de Menores (JLC, por sus siglas en inglés), descubrió que en la mitad de los casos de menores en el Condado de Luzerne, los acusados habían renunciado a su derecho a un abogado. El Juez Ciavarella desconoció, en reiteradas ocasiones, las recomendaciones de indulgencia tanto de los fiscales como de los oficiales de libertad condicional. La Corte Suprema de Pensilvania oyó el caso de JLC y el FBI comenzó una investigación, que terminó la semana pasada con la firma de ambos jueces, de acuerdos para declararse culpables de evasión fiscal y fraude electrónico.

Está previsto que cumplan una condena de siete años en una cárcel federal. Se presentaron dos demandas colectivas independientes en representación de los niños y niñas encarcelados.

El escándalo involucra a tan solo un condado de Estados Unidos y a una cárcel privada relativamente pequeña. Según The Sentencing Project, “Estados Unidos es el líder mundial en encarcelamientos, actualemente hay 2,1 millones de personas en las prisiones o cárceles del país, lo que representa un aumento del 500% en los últimos treinta años”. El Wall Street Journal informa que “las empresas que gestionan cárceles privadas se están preparando para una ola de nuevos negocios, ya que la recesión económica dificulta cada vez más que los funcionarios del gobierno, tanto a nivel federal como estatal, construyan y administren sus propias cárceles”. Las empresas que gestionan cárceles con fines de lucro como Corrections Corporation of America y GEO Group (anteriormente conocida como Wackenhut) están posicionadas para obtener más ganancias. Aún no está claro qué impacto tendrá la ley de estímulo que se acaba de aprobar en la industria de las cárceles privadas (por ejemplo, la ley dispone 800 millones de dólares para la construcción de cárceles, pero recortó millones de dólares para la construcción de escuelas).

El Congreso aún está evaluando proyectos de ley para mejorar las políticas de la justicia de menores. La legislación propuesta, según la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles, está “construida en base a pruebas claras de que los programas comunitarios pueden ser mucho más exitosos en la prevención de la delincuencia juvenil que las ya desacreditadas políticas de encarcelamiento excesivo”.

Nuestros niños necesitan educación y oportunidades, no encarcelamiento. Dejemos que los niños del Condado de Luzerne, que fueron encarcelados por jueces corruptos para obtener ganancias, nos den una lección. Como dijo la joven Jamie Quinn sobre [el juez corrupto y] los 11 meses que estuvo en prisión, “Me hace cuestionar realmente otras figuras del poder y a la gente a quien supuestamente deberíamos admirar y en quienes deberíamos confiar”.

Fuente: Democracy now! © 2009 Amy Goodman. Texto en inglés traducido por Mercedes Camps y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

febrero 22, 2009 Publicado por | derechos humanos, Estados Unidos, maltrato infantil, poder judicial, sistema penitenciario | Dejar un comentario

>La cara oculta de las cárceles francesas

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Por ANTONIO JIMÉNEZ BARCA – París – (El País.com, 19/12/2008)

Hartos de ver en la tele de la celda documentales descafeinados sobre la cárcel, un grupo de reclusos de la prisión de Fleury-Mérogis (en el departamento de Essonne, próximo a París) ha grabado durante meses su propia y miserable vida con una minicámara introducida ilegalmente. Son dos horas y media de testimonio con las que, ahora, unos realizadores elegidos por los propios presos elaborarán otro documental.


El periódico Le Monde colgó ayer en su página web unos extractos de la grabación que bastan para hacerse una idea de la suciedad, la superpoblación, la miseria y el aburrimiento infinito que martirizan a estos hombres a cada minuto. También del estado en que se encuentran las cárceles francesas, algo denunciado repetidamente por los sindicatos de funcionarios y que se define con dos datos. Uno: están preparadas para recibir a 51.000 personas y acogen a 64.000. Dos: en este año, se han suicidado ya casi un centenar de presos.

Los presos de Fleury-Mérogis comienzan enseñando las duchas al aire libre, las que utilizan en verano cuando acaban de hacer deporte. Son un vertedero: hay colillas por todos lados, un balón de fútbol desinflado, una bolsa medio llena de pan de molde… Luego enseñan las que se usan en invierno: las paredes están verdes, cuajadas de moho, pegajosas, las instalaciones sucias, oscuras, el agua cae en un hilillo ridículo de un grifo medio estropeado…

Muchas de las celdas tienen las ventanas rotas. “Nos pelamos de frío, ahora, a un paso de Navidad, como los mendigos de la calle. Incluso ellos están mejor”, dice uno de los autores del vídeo a Le Monde. Otra escena muestra cómo un preso coloca una toalla doblada en una cuerda para ganar un poco de intimidad en el cuarto de baño.

Pueden comprar latas y comida hecha en la cantina. Pero no está permitido tener cocinas en las celdas. Así que la dirección hace la vista gorda ante un ingenio que sirve para calentar: sobre una base de cuatro latas de coca-cola se coloca un infiernillo improvisado hecho a base de aceite y una placa eléctrica.

“Aquí hay de todo: móviles y droga”, informa uno de los presos. Las escenas que servirán para el documental muestran luego cómo se las arreglan para pasarse todo ese material de una celda a otra a base de sábanas atadas que serpentean por las ventanas. El sistema tiene nombre: hacer el yoyó.

En dos horas y media sólo se incluye una escena violenta que dura 15 segundos: en una esquina del patio que es invisible para los guardianes, un grupo de presos arrincona a un recluso, y tras tirarlo al suelo, lo dejan casi inconsciente a base de patadas en la cabeza.

Fançois Bell, delegado regional del Observatorio Internacional de Prisiones, manifestó a Le Monde tras ver el vídeo: “En Fleury-Mérogis, como en otras prisiones, los lugares a los que no acceden los vigilantes son muy peligrosos. No pasa una semana sin que no se cuente una agresión”.

Los presos periodistas de sí mismos han intentado desmitificar también la cárcel ante los jóvenes delincuentes que se creen que pasar por ahí fortalece: “Queremos enseñarles que lo que hay aquí de verdad es mierda y que acabas volviéndote loco”. También tenían interés en desmentir cierto compañerismo o camaradería que también acompaña las tópicas descripciones de la vida en prisión. “La única ley que impera aquí es la ley del más fuerte, cada uno debe marcar su propio terreno”, dicen.

Pero lo que de verdad les empujó a meter de matute una camarita y dedicarse a grabar (aparte de ganar algún dinero con el documental) es mostrar la cara oculta de la prisión. “Cuando se hacen reportajes, la Administración organiza las visitas y enseña sólo lo que está en buen estado. Nosotros hemos mostrado el otro lado del detenido”.

diciembre 19, 2008 Publicado por | reportaje, sistema penitenciario | Dejar un comentario

   

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