Ciencias y Arte

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>Two New French Crimes

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By Ronald Sokol, a lawyer in Aix-en-Provence, France. He taught at the University of Virginia Law School and is the author of Justice after Darwin (THE NEW YORK TIMES, 01/04/11):
On April 11th the French Republic will give birth to two new crimes: hiding one’s face in public and encouraging another to hide her face. On March 2nd the prime minister sent a circular to the head of each of France’s regional departments to explain the rationale of the new law. “The French Republic,” he proclaimed, “does not live with a hidden face.”
While the French president has made it clear that Muslim women who hide their faces are not welcome in France, the new law is not limited to Muslims. For the French government now believes that “to hide the face breaches minimal needs of social life.”
So on April 11th hiding one’s face in public will become a misdemeanor, with a €150 fine and/or civic training to teach the criminal the need to show her face. The prosecutor must prove that (a) the face was hidden and (b) the person was in a public space. He need not show intent to violate the law. If one encourages another to hide her face, one risks a year in prison and a €30,000 fine, two years and a €60,000 fine if the person encouraged is under 18.
The whole matter could be taken as farcical. Yet if the triviality of the law is evident, the trivial, as Holmes told Watson, often holds the key to a deeper problem. Even though it is drafted as gender neutral, the new law clearly targets the few Muslim women who wear the niqab. Its rationale is that women who hide their faces wear a badge of inferiority that is “incompatible with the principles of liberty, equality and human dignity affirmed by the French Republic,” according to the prime minister’s circular.
Disquieting flaws exist in this rationale. Putting aside the fact that it is by no means clear why forcing a woman to show her face will make her feel more equal, the law violates a premise that underpins all law in a free society.
“A free man,” as Thomas Hobbes wrote in the 17th century, “is he that … is not hindered to do what he has a will to.” Of course no one is free to act however he wishes. Laws regularly impose restrictions, but in a free society the state hinders a man from what he hath the will to do for reasons of public security, safety or health. In a free society the individual should not be crushed by the weight of majority opinion. A free society allows full expression of individuality, even of eccentricity.
Veils may offend some, as tattoos, piercing and a myriad of practices may offend others, but if they pose no danger to public security, safety or health, they should not be forbidden. Neither the French president nor French legislators have suggested that public security is the rationale underlying the new law; nor have the French police come forth with evidence that women who wear the niqab pose a threat to public security.
The greatest exponent for protection of the individual from the weight of majority opinion was John Stuart Mill. His short essay “On Liberty,” published in 1859, lucidly exposed the few axioms that define liberty: Each person is the best judge of his or her own happiness. It is not the business of the state to tell people how to be happy. People need not respect the views of others, but must tolerate conduct to the extent that the conduct does not harm others. “The only purpose,” Mill wrote, “for which power can be rightfully exercised over any member of a civilized community, against his will, is to prevent harm to others. His own good, either physical or moral, is not a sufficient warrant.”
The new French law does not mesh well with those principles, and Mill would no doubt have declared the new crimes as oppression of a minority whose behavior, seen through the eyes of a majority, is deemed eccentric. Mill’s axioms form the foundation of what we mean by a free society. Punishing a few women who want to hide their faces in public when their conduct presents no danger to the public violates a basic tenet of life in a free society.
Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

abril 2, 2011 Publicado por | Francia, símbolos religiosos | Deja un comentario

>Muchas dudas y alguna sospecha

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Por Gabriela Cañas (EL PAÍS, 30/04/10):
Cuanto más escucho y reflexiono sobre el debate abierto en España por el uso del hiyab en un instituto público de Madrid, más dudas albergo. De momento, me pesan más los argumentos a favor de poner coto en las aulas públicas a esta prenda, pero este artículo trata de compartir argumentos, más que de encender mechas que no conduzcan a ninguna parte.
Najwa Malha era hasta hace un par de semanas una joven de origen marroquí completamente anónima que lleva años estudiando en el instituto público Camilo José Cela de Pozuelo de Alarcón. A mitad de curso y a punto de acabar la secundaria, la joven, que cumplía la norma del centro de no cubrirse la cabeza (impuesta con la idea de evitar la identificación entre bandas gracias a las gorras), decide usar el hiyab en clase contraviniendo la disciplina escolar. El centro le llama la atención y la aparta de clase. El entorno de la alumna, entonces, acude a los medios y convierte a una menor de edad (dato relevante en este suceso), en protagonista de una noticia de alcance nacional.
Prosigamos con los hechos. Los padres de varias alumnas que usan hiyab, incluido el padre de Najwa, declaran a los periodistas que éstas optan por esta prenda libremente. Algunos incluso comparan el gusto por el hiyab con un capricho o un mero acto de rebeldía adolescente. Si es así, ¿por qué debería permitirlo el centro que tiene reglas sobre la forma de vestir del alumnado? ¿Por qué tiene más derecho la niña del pañuelo a vulnerar las normas que el chaval que adora la gorra? ¿Y por qué la familia y su entorno (asociaciones islámicas incluidas) han convertido en una causa importante esta reivindicación aun poniendo en riesgo los estudios y la imagen de la joven?
Este asunto levanta pasiones porque el hiyab no es comparable a una gorra, pues en tal caso nadie le dedicaría la menor atención. Los padres (cristianos, judíos, musulmanes) suelen dirimir tales caprichos en la intimidad familiar. La cuestión es que el hiyab informa acerca de la identidad y las creencias religiosas de unas menores. Es una prenda que tiene su origen en los textos sagrados, que aluden a ella como símbolo de sometimiento al varón, y que marca sólo a las niñas (nunca a los niños), especialmente cuando adquieren su plena capacidad reproductiva. ¿Qué hay de malo en ello?, se argumenta. ¿A quién hacen daño esas niñas veladas? En principio, a nadie. Yo tuve que usar velo en misa cuando de pequeña iba a un colegio de monjas. Eso tampoco hacía daño a nadie. Ahora siento que fui sometida a una costumbre de connotaciones religiosas y machistas que considero injusta, además de ridícula e incómoda.
Se alega que se debe garantizar el derecho a la educación de la joven, pero nadie se lo está negando. Sólo se le está pidiendo que, en clase, cumpla las normas como el resto. En la escuela, los niños y jóvenes aprenden, además de matemáticas, a madrugar, a cumplir horarios, a pedir permiso para ir al servicio y a socializarse evitando determinadas prendas. Forma parte de la enseñanza. Muchos docentes creen, incluso, que cuanto más homogénea sea la vestimenta, menos conflictos hay en las aulas. Las señas de identidad políticas, religiosas o de bandas no fomentan el debate, sino que suelen enconarlo.
La libertad religiosa de Najwa y su familia también está garantizada. O debe estarlo. Nadie les niega el derecho a profesar su credo y a usar el hiyab; salvo que éste lo lleven a clase.
Percibo en todo este debate un cierto sentimiento de culpa hacia otras culturas. Es cierto que nuestro pasado colonialista y nuestro presente xenófobo no son las mejores cartas credenciales, pero nos hemos dotado de leyes y pautas de convivencia que han profundizado en la laicidad del Estado y, sobre todo, en la liberación femenina.
Es chocante tanta timidez a la hora de pedir que en nuestro suelo, se acaten nuestros principios. La igualdad es uno de ellos. Así que resulta difícil explicarle a Najwa que apoyamos la igualdad mientras hacemos excepciones con ella con una prenda que la marca de manera inequívoca y discriminatoria en la escuela pública. Dudo de la conveniencia de imponer una forma de vestir a mujeres adultas, pero en menores de edad y en centros públicos deberíamos ser capaces de predicar con el ejemplo.
Hay quien se escandaliza por defender una prohibición, pero estamos rodeados de ellas. No se nos permite, por ejemplo, provocar un escándalo en la vía pública a las tres de la mañana y nadie llama a la rebelión por ello en nombre de las libertades individuales.
¿Quiere esto decir que hay que regular el hiyab en las escuelas públicas? ¿Incluso prohibirlo? A lo mejor sí. Pero si, tras una reflexión serena, se decidiera en tal sentido, entonces, con carácter previo, reformemos la Ley de Libertad Religiosa y revisemos el acuerdo con la Santa Sede, profundicemos en la laicidad y pongamos coto a tanta ostentación de símbolos católicos en nuestra vida oficial y pública. Símbolos de una creencia religiosa, por cierto, que como la musulmana favorece tan escandalosamente la discriminación de la mujer. No es de extrañar que hasta la Conferencia Episcopal haya defendido el hiyab.
Por todo ello, frente a la defensa de la total tolerancia al velo, me surgen tantas dudas y me asalta la sospecha.
Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

mayo 2, 2010 Publicado por | símbolos religiosos | Deja un comentario

>A favor de la alumna

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Por Rosa Pereda, escritora y periodista (EL PAÍS, 28/04/10):
Nunca nuestra cultura prohibió a las mujeres llevar la cabeza cubierta. El protocolo nos permite cubrirnos incluso en la mesa, cosa que a los varones no -bajo techo, ellos no-, y deja el control de esas cuestiones en manos de la moda.
Que las mujeres muestren el cabello fuera de casa es una marca de la modernidad. Es más, de la estricta modernidad occidental y laica. Sólo a partir del Concilio Vaticano II pueden las católicas entrar sin velo en las iglesias. Y llevar tapado el pelo sigue siendo norma en muchos ámbitos occidentales: en los quirófanos, en las cocinas, en muchas fábricas y laboratorios, en muchas órdenes religiosas.
La prohibición del velo en algunos centros de enseñanza no se puede enmascarar en cuestiones protocolarias, porque, respecto a las mujeres, no existen límites: es la prohibición de un rasgo identitario. Y es la introducción en el debate público de un tema que roza los derechos constitucionales de algunas ciudadanas españolas: el de no ser discriminadas por razones de religión.
Tampoco es cierto que cada centro escolar pueda hacer de su capa un sayo. Hay límites bastante precisos. Por ejemplo, no se pueden aplicar castigos físicos, y habría muchos que bien quisieran. No: los derechos humanos, que son individuales y universales, están absolutamente por encima de la voluntad normativa de los padres, enseñantes y propietarios de los centros.
Si son de titularidad pública, no deberíamos ni discutirlo. No se debería haber planteado. Porque abre un debate oportunista y lo hace vulnerando lo importante: el derecho de las chicas musulmanas y observantes a la educación pública. El mismo derecho que se vulneraría si se impidiera a las monjitas tocadas, asistir, como asisten, a la Universidad.
Es un tema de identidades y de pertenencias religiosas, que es absolutamente legítimo -igual de legítimo que el de no adscribirse a ninguna- y que las instancias públicas, aconfesionales y laicas, tienen que proteger y garantizar.
Los ciudadanos tenemos libertad para pertenecer y practicar la religión que nos parezca oportuna, o para no practicar ninguna. Y no tenemos por qué ocultarlo. Como decía hace pocos días Amelia Valcárcel en estas mismas páginas, la religión es privada, pero no clandestina. Los alumnos pueden llevar cruces o solideos o velos, claro que sí. Y el espacio público les respeta a todos, y les enseña, es su primera y principal enseñanza, a respetarse entre ellos. Sabiendo quiénes son.
Por eso el tema del velo no puede relacionarse con el de las señales religiosas en las instituciones públicas: los crucifijos en las aulas, los hospitales o los juzgados, por ejemplo. El Estado -y los centros educativos públicos son Estado- es aconfesional. Así que no a los crucifijos, medias lunas o estrellas de David en el aula pública. Sólo los símbolos civiles, que son símbolos comunes.
A mí, que soy agnóstica de educación católica, el velo no me gusta. Las mujeres progresistas de mi generación en el mundo musulmán, como querían cambiar sus sociedades y luchaban por ello, se lo quitaron. Porque luchar por la naturalidad del cuerpo formaba parte de la lucha de las mujeres por su igualdad. Como mi generación occidental se quitó el sostén, se puso los pantalones, los panties y la minifalda.
Con ello trataban de superar una situación de desigualdad de género, y de diferencia con sus congéneres occidentales; pero también expresaban la esperanza en la normalización democrática y en la salida de la pobreza de sus sociedades. Se quitaron el pañuelo igual que se lo quitaron, año arriba, año abajo, muchas campesinas cristianas de toda Europa. Pensemos en Castilla. Pensemos en Sicilia. Ellas habían elegido la modernidad.
La generación musulmana de nuestras hijas ha recuperado el pañuelo. No es un tema baladí, le han cambiado el significado: ahora tiene un valor reivindicativo e identitario, cuando antes se sentía como un símbolo de sumisión. Pero se da el caso de que ese valor nuevo coincide en el tiempo con el crecimiento y el empoderamiento político de las corrientes religiosas más retrógradas del islam. Y no sólo del islam, de todas las llamadas religiones del Libro. E incluyo a la Iglesia Católica.
En el pulso actual en la Comunidad de Madrid, el debate se ha abierto por donde no se debía, llevándose por delante, primero, la normalidad cotidiana: no es cierto que el pañuelo sea lo que discrimina, lo ha probado la solidaridad con la alumna del instituto Cela; segundo, llevándose también por delante el derecho de unas adolescentes a mostrarse como creen que son, y en la educación pública, como lo que son: ciudadanas de este país.
No creo que se pueda someter a ley general el tema del velo: hace siglos que no hay leyes suntuarias y que no se regla el tema de la ropa: sólo hay esa cosa amplia y cambiante del decoro y la etiqueta, y no creo que nadie se atreva a decir que el pañuelo es indecoroso. El que no se regule es, exactamente, la modernidad.
Y tampoco creo que se pueda dejar en manos de los consejos escolares la posibilidad de prohibirlo: está muy por encima de sus atribuciones. En todo caso, les tocaría investigar, a favor de la alumna, si se la violenta u obliga a llevarlo. Y en ese caso, como en todos los casos de violencia y abusos contra los niños, y con la debida prudencia, actuar en consecuencia: acudir a instancias superiores. A favor de la alumna. El resto es pura provocación.
Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

mayo 2, 2010 Publicado por | símbolos religiosos | Deja un comentario

>La escuela y los símbolos religiosos

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Por Juan José Tamayo, director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid (EL PERIÓDICO, 01/09/09):

Tras poco más de 30 años de democracia en España, todavía no se ha logrado llevar a buen puerto la transición religiosa. Quedan aún no pocos restos de nacional–catolicismo en el Estado y en sus instituciones, en el espacio público y en la legislación, en el modo de conducir la vida política y en el ejercicio del poder, que dificultan, e incluso hacen poco menos que imposible, avanzar hacia el Estado laico.

He aquí algunos ejemplos: asignación tributaria a la Iglesia católica con exclusión del resto de las religiones, símbolos católicos en el espacio público, presencia frecuente –hasta considerarse natural– de las autoridades del Estado (rey, presidente del Gobierno, ministros, etcétera), de las comunidades autónomas y de los ayuntamientos en actos litúrgicos junto con las autoridades religiosas, enseñanza confesional de catolicismo en la escuela, exenciones fiscales, funerales católicos de Estado, jura o promesa de cargos públicos (presidentes de Gobierno y ministros ante el crucifijo y la Biblia en la Moncloa delante del Rey), trato de favor a nivel institucional a las autoridades religiosas católicas.

EXISTE LIBERTAD religiosa, es verdad, tanto a nivel individual para las personas que se declaran creyentes de alguna religión o pertenecen a algún movimiento espiritual, como a nivel colectivo para las comunidades religiosas. Ninguna persona o grupo religioso se ve impedido de ejercer libremente sus prácticas religiosas privada o públicamente. Todos pueden expresar públicamente sus creencias y sus opiniones sobre cualesquiera temas o situaciones de la vida política.

Pero no existe igualdad religiosa ni desde el punto de vista legal ni en la práctica. Con la actual ley de libertad religiosa en la mano, los acuerdos con la Santa Sede y la praxis política realmente existente puede hablarse de tres tipos de religiones: de primera categoría, como la Iglesia católica; de segunda, las de notorio arraigo; de tercera, el resto. Y es precisamente esa igualdad la que debe establecer y proteger la futura ley de libertad de conciencia y de libertad religiosa.

Un paso adelante en la dirección hacia la igualdad de las religiones en el ordenamiento jurídico, en la esfera pública y en la vida política, es la retirada de los símbolos religiosos de las escuelas, de todas las escuelas, las públicas y las concertadas. Dos son las razones que justifican dicha retirada.

VIVIMOS EN un Estado no confesional, o a eso hay que atender, y en una sociedad plural con diferentes sensibilidades éticas, con una rica diversidad cultural y un amplio pluriverso religioso. En un clima así, la escuela no puede ser un lugar de indoctrinamiento religioso, sino un espacio de formación integral, de educación en valores, de iniciación en el conocimiento científico y de aproximación al análisis de la realidad.

1.- El mantenimiento de los símbolos religiosos en la escuela da a la misma un carácter confesional: imágenes de los santos, figuras de la Virgen, crucifijos, capillas u oratorios, presencia ostensible de textos sagrados en lugares destacados, etc. Todo esto conforma una cosmovisión, una axiología, una manera de interpretar la realidad y una mentalidad religiosas que quedan grabadas en el imaginario estudiantil, en su modo de pensar y de actuar, a veces de manera más profunda que la propia transmisión de conocimientos.

2.- La retirada de los símbolos religiosos de la escuela viene exigida, en segundo lugar, por el respeto que los propios símbolos religiosos merecen. Puede suceder –y de hecho sucede– que símbolos de profunda significación ética y humanista, portadores de sentido, de esperanza y de ejemplaridad de vida, al ser colocados fuera del espacio religioso provoquen un rechazo en la ciudadanía. Es el caso del crucifijo, símbolo que cuenta con el respeto y el reconocimiento no solo de cristianos, sino de personas de diferentes creencias e ideologías, y que, ubicado fuera del espacio cristiano, puede generar malestar e incluso ser considerado una agresión.

¿Y LAS escuelas concertadas con ideario religioso? A mi juicio, deben seguir la misma praxis que la escuela pública. En primer lugar, porque están financiadas con fondos públicos, que proceden de los impuestos de todos los ciudadanos. En segundo término, porque la función principal de dichas escuelas no es la evangelización o la educación en la fe, no es la iniciación en la vida religiosa o la actividad catequística, sino educar en una ética cívica laica. Y eso vale tanto para los colegios públicos como para los concertados. En tercer lugar, porque en las escuelas religiosas concertadas hay alumnos y alumnas de diversa procedencia cultural, de distintos credos e ideologías; situación que se intensifica con la presencia de inmigrantes.

En un clima de pluralismo religioso y cultural, la presencia de símbolos de una sola y única religión es una muestra más de confesionalización del espacio escolar de adoctrinamiento, al menos indirecto, y de discriminación hacia los símbolos de otras creencias, ideologías y culturas.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

septiembre 10, 2009 Publicado por | Religión, símbolos religiosos | Deja un comentario

>Reliquias para el año nuevo

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Por Umberto Eco, escritor. Traducción del italiano: Helena Lozano (EL PERIÓDICO, 28/01/09):

El pasado 3 de enero, el periodista del Corriere della Sera Armando Torno nos ilustraba no solo acerca de las reliquias sagradas, sino también sobre las reliquias laicas, desde la cabeza de Descartes hasta el cerebro de Gorky.

Conservar reliquias no es, como suele creerse, una costumbre cristiana, sino algo típico de cualquier religión y cultura. En el culto de las reliquias, por una parte, vibra una especie de pulsión que yo definiría como mitomaterialista, por la cual se puede volver a encontrar un atisbo del poder de un grande o de un santo tocando partes de su cuerpo. Por otra, responde a un normal gusto anticuario (por eso el coleccionista está dispuesto a gastarse un capital no solo por poseer la primera copia impresa de un libro famoso, sino también por hacerse con el ejemplar que perteneció a una persona importante) y se da el caso, como sucede cada vez más a menudo en las subastas norteamericanas, que las memorabilia pueden ser tanto los guantes (verdaderos) de Jacqueline Kennedy como los guantes (falsos) que llevaba Rita Hayworth en Gilda.

NO HAY QUE pasar por alto tampoco el factor económico: en la Edad Media, poseer una reliquia famosa era un valioso recurso turístico, porque atraía flujos de peregrinos, tal como hoy en día una discoteca de la costa atrae a turistas alemanas y rusas. Por otra parte, he visto desplazarse a muchos turistas hasta Nashville (Tennessee), para admirar el Cadillac que conducía Elvis Presley. Y eso que no era el único, pues el artista cambiaba de Cadillac cada seis meses.

Quizá embargado de un espíritu navideño particular, el día de Reyes, en lugar de navegar (como todo el mundo) por internet para interceptar películas pornográficas, al ser mi humor inconstante y lunático, decidí dedicarme a la búsqueda de reliquias famosas.

Por ejemplo, ahora sabemos que la cabeza de san Juan Bautista se conserva en la iglesia de San Silvestro in Capite, de Roma, aunque una tradición anterior decía que estaba en la catedral de Amiens. De todas formas, la cabeza que se guarda en Roma carecería de la mandíbula, que se conserva en la catedral de San Lorenzo de Viterbo. El plato que acogió la cabeza del Bautista está en Génova, en el tesoro de la catedral (también) de San Lorenzo, junto a las cenizas del santo, pero parte de estas cenizas se conservan también en la antigua iglesia del Monasterio de las Benedictinas de Loano, mientras que un dedo se hallaría en el Museo de la Catedral de Florencia; un brazo, en la catedral de Siena; la mandíbula, como hemos dicho antes, en San Lorenzo de Viterbo… En la catedral de San Juan Bautista de Ragusa se conserva uno de sus dientes; el otro, junto a un mechón de su cabello, está en Monza. De los restantes treinta dientes del santo no hay noticias. Una antigua leyenda narraba que en alguna catedral se conservaba la cabeza del Bautista a la edad de 12 años, pero no tengo constancia de que exista ningún documento oficial que confirme el rumor.

SANTA ELENA, madre de Constantino, encontró la Vera Cruz en Jerusalén. Los persas la sustrajeron en el siglo VII, el emperador bizantino Heraclio la recuperó, y luego los cruzados la llevaron al campo de batalla contra Saladino. Desgraciadamente ganó Saladino, y el rastro de la Vera Cruz se perdió para siempre, aunque algunos fragmentos ya habían sido repartidos: uno de los clavos parece que se conserva en la iglesia de Santa Croce in Gerusalemme, en Roma. La corona de espinas, que se conservó durante mucho tiempo en Constantinopla, fue subdividida con la intención de donar por lo menos una espina a varias iglesias y santuarios. La Sagrada Lanza, que perteneció a Carlomagno y a sus sucesores, hoy se halla en Viena.

El prepucio de Jesús estaba expuesto en Calcata (Viterbo), hasta que en 1970 el párroco comunicó su sustracción. Pero han reivindicado la posesión de la misma reliquia Roma, Santiago de Compostela, Chartres, Besançon, Metz, Hildesheim, Charroux, Conques, Langres, Amberes, Fécamp, Puy-en-Velay, Auvergne… La sangre brotada de la herida en el costado, recogida por Longino, se habría llevado a Mantua, pero otra sangre se conserva en la basílica de la Sagrada Sangre de Brujas. La Sagrada Cuna está en Santa Maria Maggiore (Roma), mientras que, como es bien sabido, la Sábana Santa está en Turín. Los pañales del niño Jesús están en Aquisgrán. La toalla usada por Cristo para lavarles los pies a los apóstoles está tanto en la iglesia romana de San Giovanni in Laterano como en Alemania, en la localidad de Acqs, pero no hay que excluir que Jesús usara dos toallas o que lavara los pies dos veces. En muchas iglesias se conserva el cabello o la leche de María, su anillo de bodas con José estaría en Perugia, pero el de compromiso está en Notre-Dame de París.

EN MILÁN se conservaban los restos de los Reyes Magos, pero, en el siglo XII, Federico Barbarroja se los llevó como botín de guerra a Colonia. Modestamente, esta historia la he contado en mi novela Baudolino, pero no pretendo hacer creer a quienes no creen.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

enero 28, 2009 Publicado por | Religión, símbolos religiosos | Deja un comentario

>La regulación del pañuelo islámico en el espacio público español. Alternativas a legislar

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Por Eva Francés Bruno, licenciada en Derecho por la Universidad de Salamanca. Se ha especializado en Derecho internacional. Actualmente es colaboradora externa de la Fundación Alternativas (FUNDACIÓN ALTERNATIVAS, 16/12/08):

Este documento de trabajo surgió como consecuencia de la creciente inmigración de origen musulmán en España, que si bien representa un porcentaje inferior, si lo comparamos con otros países de la Unión Europea como Francia, no deja de ser importante.

El objetivo no es otro que garantizar una convivencia bajo el paraguas de la tolerancia, intentando buscar el equilibrio dentro de una sociedad cada vez más compleja, que se enfrenta al desentendimiento cultural entre Oriente y Occidente, donde el pañuelo aparece como pretexto para poner en tela de juicio determinados valores. Y es aquí donde entra en juego la necesidad de legislar o no. Tomando como punto de partida la Ley Stasi, las posturas se dividen entre seguir los pasos prohibicionistas de Francia o dejar libertad para que sean los centros educativos quienes regulen la cuestión, postura esta defendida por el Reino Unido.

En España, si bien ha habido posturas que participan o bien de la propuesta francesa o bien de la británica, no ha surgido ningún conflicto respecto al derecho a usar el pañuelo, salvo algún caso puntual, como veremos más adelante. Por ello, la cuestión de legislar o no debe más bien reducirse a una postura más sencilla, y es la posibilidad de introducir unas líneas rojas que determinen el camino que deben seguir los entes públicos y, en su caso, privados, que garanticen, de esta manera, el ejercicio de los derechos y libertades reconocidos constitucionalmente y que eviten caer en la intolerancia. Estas líneas rojas serían introducidas por una instrucción de las consejerías de Educación de las comunidades autónomas, dejando a los centros educativos su desarrollo. En todo caso, corresponde al Estado el establecimiento de unos principios generales, que garanticen el respeto de los principios constitucionales, como son la libertad y la igualdad, otorgando al ciudadano la posibilidad de recurrir en el caso de que se vea vulnerado en sus derechos. Estas líneas rojas podrían resumirse en:

  • Permitir el uso del pañuelo basado en la libre voluntad de la alumna o la paciente.
  • Combatir situaciones de imposición de la prenda por la fuerza en su entorno, a través de la mediación social y pedagógica, así como la participación de los padres en las instancias del centro.
  • Limitar el inicio del uso del pañuelo hasta que no se finalice el ciclo de educación primaria.
  • Regular, con el objetivo de excluir, el uso de los velos que, como bien indica la palabra, ocultan el rostro y dificultan la identificación de la persona y la comunicación con quienes lo llevan, como sucede con el burka y el niqab.

Leer artículo completo (PDF).

Fuente: Bitácora AlmendrónTribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

diciembre 17, 2008 Publicado por | migración, símbolos religiosos | Deja un comentario

La opción de llevar pañuelo

Por Ndeye Andújar, vicepresidenta de la Junta Islámica Catalana (EL PERIÓDICO, 01/07/08):

Hace unos días, la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, hizo unas declaraciones polémicas en la jornada parlamentaria sobre el papel de las mujeres en la Alianza de Civilizaciones. Según la ministra, las prácticas culturales que vulneran los derechos humanos o que discriminan a las mujeres “no tienen por qué ser protegidas”. Como musulmana y española, comparto totalmente esa postura: no se pueden proteger los matrimonios forzosos, la mutilación genital femenina, el enclaustramiento de las mujeres y tantas otras prácticas abominables que atentan contra los derechos humanos y son claramente antiislámicas. Los musulmanes tenemos la responsabilidad ética y moral de denunciar públicamente la manipulación que se hace del islam.

UNA COSA es la cultura y otra, la religión. No basta con pensar que eso es una obviedad, sino que debemos alzar la voz para acallar a los que utilizan el islam para mantener el patriarcado, las desigualdades sociales y económicas y todo tipo de discriminaciones. Pero en su denuncia, la ministra se refería concretamente al uso del pañuelo por parte del colectivo musulmán: “En nuestro país, los hombres árabes o musulmanes pueden vestir al modo occidental porque su cultura no les exige que lleven ningún símbolo. Las mujeres, sin embargo, llevan vestidos largos que les tapan el cuerpo y también un pañuelo sobre la cabeza que les cubre el cabello”.

Si analizamos con detenimiento sus palabras, nos damos cuenta de que hay bastantes cosas que chirrían.
Lo primero que salta a la vista es que identifica a los musulmanes con los extranjeros (los árabes), lo que crea una fractura entre la nacionalidad y las creencias religiosas, además de reproducir ciertos estereotipos. ¿Qué significa vestir al modo occidental? ¿Visten igual una anciana, una campesina, una ejecutiva, una monja, una top model y una rapera? ¿Cuál es la cultura de los musulmanes? ¿La malaya, la marroquí, la española, la afgana? ¿Todas las musulmanas llevan pañuelo y ropas largas? Es un error pretender que existe por un lado una cultura occidental y por otro una cultura islámica porque se confunde el territorio con las creencias o, lo que es peor, se presentan como dos bloques monolíticos y antagónicos.
Muchos hombres musulmanes inmigrantes también visten según su cultura de origen, algo que no podemos criticar y que da colorido a nuestra sociedad, ayudándonos a salir de una larga historia de imposiciones y de monolitismo cultural.
Las razones para llevar el pañuelo son múltiples: no son solo culturales, sino también políticas, sociales y religiosas. Pero eso no significa que los hombres impongan su uso necesariamente. Identificar el pañuelo con un símbolo de sumisión supone obviar esas múltiples motivaciones.
La ministra de Igualdad tampoco ha tenido en cuenta al colectivo de mujeres musulmanas españolas ni a las futuras generaciones que son y serán de cultura española. Si aceptamos que el uso del pañuelo tiene que ver únicamente con una práctica extranjera, entonces consideramos que las musulmanas que lo llevan son eternas extranjeras. Es algo que tarde o temprano creará tensiones. ¿Es compatible ser musulmana con pañuelo y española? Ni la sociedad ni el Estado deberían obligar a nadie a elegir.
El Estado no debería aplicar una política demasiado intervencionista en cuestiones que atañen a las elecciones personales de los ciudadanos. Legislar sobre la vestimenta de las mujeres es, en sí, una paradoja: se asume erróneamente que a todas se les impone el uso del pañuelo y por ello se impone a su vez que se descubran el pelo. El problema no es el pañuelo, es la imposición.
El Estado no debe contribuir a la demonización de las mujeres musulmanas, muchas de las cuales se ven sometidas a una triple discriminación (como inmigrantes, como mujeres y como musulmanas). En vez de atacar a las mujeres más desfavorecidas de la sociedad, lo que debería hacer un ministerio que se preocupase realmente por la igualdad es ayudar a mejorar su situación. En vez de repetir estereotipos negativos, lo que debería hacer es defenderlas de las discriminaciones y de los ataques que sufren a causa de su religión. Debería apoyar las iniciativas a favor de la igualdad de los sexos dentro del islam, ya que entran de lleno en los objetivos de la Alianza de Civilizaciones. Es el trabajo de las llamadas feministas islámicas, un trabajo que se ha hecho visible gracias a los congresos internacionales de Feminismo Islámico que la Junta Islámica Catalana lleva organizando desde 2005.

ES UNA LÁSTIMA que lo único que trascendiera de esa jornada fuera la polémica en torno al pañuelo. Poco sabemos sobre cuál es el papel real de las mujeres en la Alianza de Civilizaciones. Tampoco sabemos cuántas mujeres musulmanas participan en este proyecto, cuántas han sido consultadas y qué poder de decisión tienen en general. Las organizaciones feministas musulmanas que trabajan por la igualdad de género así como los y las intelectuales musulmanes que abogan por los derechos humanos y la democracia, deberían formar parte integrante de la Alianza de Civilizaciones si no queremos que sea un escaparate muy bonito, pero vacío.

julio 10, 2008 Publicado por | multiculturalismo, símbolos religiosos | Deja un comentario

>La opción de llevar pañuelo

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Por Ndeye Andújar, vicepresidenta de la Junta Islámica Catalana (EL PERIÓDICO, 01/07/08):

Hace unos días, la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, hizo unas declaraciones polémicas en la jornada parlamentaria sobre el papel de las mujeres en la Alianza de Civilizaciones. Según la ministra, las prácticas culturales que vulneran los derechos humanos o que discriminan a las mujeres “no tienen por qué ser protegidas”. Como musulmana y española, comparto totalmente esa postura: no se pueden proteger los matrimonios forzosos, la mutilación genital femenina, el enclaustramiento de las mujeres y tantas otras prácticas abominables que atentan contra los derechos humanos y son claramente antiislámicas. Los musulmanes tenemos la responsabilidad ética y moral de denunciar públicamente la manipulación que se hace del islam.

UNA COSA es la cultura y otra, la religión. No basta con pensar que eso es una obviedad, sino que debemos alzar la voz para acallar a los que utilizan el islam para mantener el patriarcado, las desigualdades sociales y económicas y todo tipo de discriminaciones. Pero en su denuncia, la ministra se refería concretamente al uso del pañuelo por parte del colectivo musulmán: “En nuestro país, los hombres árabes o musulmanes pueden vestir al modo occidental porque su cultura no les exige que lleven ningún símbolo. Las mujeres, sin embargo, llevan vestidos largos que les tapan el cuerpo y también un pañuelo sobre la cabeza que les cubre el cabello”.

Si analizamos con detenimiento sus palabras, nos damos cuenta de que hay bastantes cosas que chirrían.
Lo primero que salta a la vista es que identifica a los musulmanes con los extranjeros (los árabes), lo que crea una fractura entre la nacionalidad y las creencias religiosas, además de reproducir ciertos estereotipos. ¿Qué significa vestir al modo occidental? ¿Visten igual una anciana, una campesina, una ejecutiva, una monja, una top model y una rapera? ¿Cuál es la cultura de los musulmanes? ¿La malaya, la marroquí, la española, la afgana? ¿Todas las musulmanas llevan pañuelo y ropas largas? Es un error pretender que existe por un lado una cultura occidental y por otro una cultura islámica porque se confunde el territorio con las creencias o, lo que es peor, se presentan como dos bloques monolíticos y antagónicos.
Muchos hombres musulmanes inmigrantes también visten según su cultura de origen, algo que no podemos criticar y que da colorido a nuestra sociedad, ayudándonos a salir de una larga historia de imposiciones y de monolitismo cultural.
Las razones para llevar el pañuelo son múltiples: no son solo culturales, sino también políticas, sociales y religiosas. Pero eso no significa que los hombres impongan su uso necesariamente. Identificar el pañuelo con un símbolo de sumisión supone obviar esas múltiples motivaciones.
La ministra de Igualdad tampoco ha tenido en cuenta al colectivo de mujeres musulmanas españolas ni a las futuras generaciones que son y serán de cultura española. Si aceptamos que el uso del pañuelo tiene que ver únicamente con una práctica extranjera, entonces consideramos que las musulmanas que lo llevan son eternas extranjeras. Es algo que tarde o temprano creará tensiones. ¿Es compatible ser musulmana con pañuelo y española? Ni la sociedad ni el Estado deberían obligar a nadie a elegir.
El Estado no debería aplicar una política demasiado intervencionista en cuestiones que atañen a las elecciones personales de los ciudadanos. Legislar sobre la vestimenta de las mujeres es, en sí, una paradoja: se asume erróneamente que a todas se les impone el uso del pañuelo y por ello se impone a su vez que se descubran el pelo. El problema no es el pañuelo, es la imposición.
El Estado no debe contribuir a la demonización de las mujeres musulmanas, muchas de las cuales se ven sometidas a una triple discriminación (como inmigrantes, como mujeres y como musulmanas). En vez de atacar a las mujeres más desfavorecidas de la sociedad, lo que debería hacer un ministerio que se preocupase realmente por la igualdad es ayudar a mejorar su situación. En vez de repetir estereotipos negativos, lo que debería hacer es defenderlas de las discriminaciones y de los ataques que sufren a causa de su religión. Debería apoyar las iniciativas a favor de la igualdad de los sexos dentro del islam, ya que entran de lleno en los objetivos de la Alianza de Civilizaciones. Es el trabajo de las llamadas feministas islámicas, un trabajo que se ha hecho visible gracias a los congresos internacionales de Feminismo Islámico que la Junta Islámica Catalana lleva organizando desde 2005.

ES UNA LÁSTIMA que lo único que trascendiera de esa jornada fuera la polémica en torno al pañuelo. Poco sabemos sobre cuál es el papel real de las mujeres en la Alianza de Civilizaciones. Tampoco sabemos cuántas mujeres musulmanas participan en este proyecto, cuántas han sido consultadas y qué poder de decisión tienen en general. Las organizaciones feministas musulmanas que trabajan por la igualdad de género así como los y las intelectuales musulmanes que abogan por los derechos humanos y la democracia, deberían formar parte integrante de la Alianza de Civilizaciones si no queremos que sea un escaparate muy bonito, pero vacío.

julio 10, 2008 Publicado por | multiculturalismo, símbolos religiosos | Deja un comentario

   

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