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>Las sombras de la revolución

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Por Norman Manea Vizuina, escritor. Traducido del inglés por David Meléndez Tormen (Project Syndicate/Institute for Human Sciences, 09/03/11):
¿Qué ocurre una vez que se desvanece la euforia de la revolución? La Europa del Este actual, cerca de dos décadas después de las revoluciones de 1989, puede ofrecer a los desafiantes y alegres jóvenes árabes de hoy la saludable advertencia de que deben permanecer vigilantes.
Desde que dejé Rumanía rumbo al exilio en 1986, mis retornos han sido escasos y tensos. Aunque el programa de mi viaje más reciente fue abrumador y ofrecía poco contacto real con la gente común, todavía podía comprender – a partir de los diarios, los programas de televisión y las conversaciones con los amigos – la profunda crisis económica, política y moral que envuelve al país. La desconfianza y la ira hacia una clase política corrupta e ineficiente, junto con el escepticismo acerca de la democracia – incluso la nostalgia por el comunismo – se pueden advertir hoy en día no sólo en Rumanía, pero también en otras áreas de Europa del Este.
Se dice que alrededor del 70% de los rumanos hoy afirman lamentar la muerte del camarada Nicolae Ceausescu, cuya ejecución sumaria en 1989 suscitara entusiasmo general. Por supuesto, es difícil confiar en las fuentes de una cifra así de sorprendente, como todo lo demás en la política rumana, pero la aspereza vulgar y radical del discurso público – salpicado ahora de elementos xenófobos nuevos y antiguos – es suficientemente clara.
Pude experimentar esto en carne propia como invitado de un muy respetado programa cultural de televisión. Me hizo gracia que el debate se centrara no en mis libros, sino en temas como la “mafia cultural judía” y el “exagerado” antisemitismo pasado y presente de Rumanía. Mi entrevistadora tenía su propia dinámica, apropiándose del diálogo con insinuaciones e intervenciones personales. Supuse que la idea era provocarme a hacer comentarios irreflexivos, método que los periodistas de moda de todo el mundo usan en la televisión de hoy en día.
Pero me enfrenté a una nueva sorpresa la semana siguiente, cuando, en el mismo programa de TV, la anfitriona se mostró más bien pasiva ante su invitado, un periodista militante convertido en periodista mercenario, mientras confesaba su admiración por Corneliu Zelea Codreanu, el “Capitán” de la Guardia de Hierro, la organización ortodoxa terrorista de extrema derecha de los años anteriores a la guerra. El periodista considera a Codreanu un “héroe romántico”.
Un grupo de intelectuales rumanos, yo entre ellos, protestó en una Carta Abierta contra este intento de rehabilitar a un asesino y propagandista del odio y la xenofobia. La televisión rumana respondió con prontitud que entiende que las víctimas de delitos antisemitas puedan sentirse afectadas por ese programa, pero que éste no había promovido este tipo de propaganda, y como prueba de la buena fe del canal mencionó la singular entrevista que se me había realizado la semana anterior.
Pero el debate no terminó ahí. Poco después, el comité nacional de los medios de comunicación condenó el programa. Y poco después, algunos importantes intelectuales condenaron la condena del comité nacional como una afrenta a la libertad de expresión. Nadie mencionó el peligro de incitar a un público ya radicalizado. De hecho, las respuestas de los miembros del público a estas controversias fueron en su mayoría de un vulgar tono nacionalista y antisemita.
Por supuesto, Rumanía no es el único país que vuelve a vivir esta comedia oscura. La revitalización de la extrema derecha en Hungría y el auge de “bolchevismo nacional” en Rusia, donde la Iglesia ortodoxa vuelve a condenar a Tolstoi como un “proto-comunista”, sugieren un anhelo atávico más profundo y omnipresente.
Me acordé de mi última clase en el Bard College antes de mi viaje a Rumanía. Hablábamos de la Muerte en Venecia de Thomas Mann. Al comentar sobre el momento en que el “cólera asiático” mata al gran y torturado escritor Gustav von Aschenbach, una brillante estudiante de Asia hizo notar que Mann relacionaba la enfermedad con la “pestilencia” del delta del Ganges, que atravesaba China y Afganistán, Persia y Astracán, y “hasta Moscú”, antes de llegar a Europa a través de la “ciudad de la laguna”. Observó con seriedad las migraciones de países pobres a los prósperos, la globalización del mal, las contradicciones y los conflictos de la modernidad, la airada respuesta terrorista a la misma, y el contraste entre un Occidente racional y pragmático y un Oriente más idealista y supersticioso, proclive al fanatismo religioso y al extremismo político.
Fue un alivio escuchar las bien articuladas opiniones de mi alumna y ver en ella la esperanza de una generación nueva y cosmopolita. Pero su ejemplo fue también un recordatorio ineludible de los grandes peligros de nuestro tiempo.
Necesitaba esa esperanza, ya que lo que vi en Europa del Este me había deprimido tanto como lo que estaba viendo en los Estados Unidos, mi país adoptivo. Para alguien que vivió dos sistemas totalitarios, es casi insoportable contemplar la decadencia estadounidense. Si bien los refugiados, inmigrantes, exiliados y desterrados no presumimos hasta el cansancio de que “somos los mejores”, como hacen muchos estadounidenses, todavía creemos que EE.UU. sigue siendo un potente garante de la libertad y la democracia, y consideramos que su incoherencia es parte de su libertad.
Por razones muy diferentes, EE.UU. y el mundo entero, parecen condenados a la simplificación del pensamiento, la acción y el sentimiento en aras de la eficacia inmediata y cotidiana. Por supuesto, el arte y la cultura pueden ofrecer un respiro ante las simplificaciones de nuestra época, respiro que necesitamos más que nunca si queremos contar con el destino que nos antecede y nos espera. Pero también necesitamos modestia acerca de nosotros mismos y nuestras sociedades.
Hace algunos años, propuse que cada país debería añadir a sus monumentos al heroísmo algunos monumentos a la vergüenza nacional. Después de todo, la culpa es tan importante como el valor en toda empresa humana. Recordar y reflexionar sobre cómo hemos hecho mal a otras personas y naciones pueden beneficiar a los ciudadanos de un país tanto como la celebración de sus grandes hazañas. Los monumentos a la vergüenza no resolverían los problemas insolubles del destino de la humanidad en la Tierra, pero podrían frenar el avance de su lado oscuro en Europa del Este, el mundo árabe y el resto del planeta.
Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

marzo 17, 2011 Publicado por | Rumanía | Dejar un comentario

La crisis de los rumanos en Italia

Por Norman Manea, escritor rumano. Traducción del italiano de Carlos Gumpert (EL PAÍS, 24/11/07):

El horrible crimen perpetrado recientemente en los alrededores de un campo de refugiados de Tor di Quinto, en la periferia de Roma, ha provocado una fuerte conmoción en Italia y en Rumanía. El caso no ha tardado en adquirir relevancia social y política para el debate público acerca del estatus de los refugiados y de los residentes extranjeros. Se han producido, además, violentas reacciones de resentimiento por parte de ciertas franjas de la población, pero también escandalosas tomas de posición por parte de algunos representantes políticos italianos y rumanos, dispuestos a ofrecer soluciones apresuradas, con tonos xenófobos y totalitarios de triste memoria.

¿Castigos colectivos para un delito individual, sobre cuyo autor no caben dudas? Nos hallamos, no sin una pizca de ironía, ante un grotesco reverso del “orgullo nacional”, que se apropia de prestigiosos logros culturales o deportivos individuales presentándolos como patrimonio colectivo… Acrecentar la tragedia de un crimen cometido por un individuo contra otro individuo con nuevas tragedias individuales y colectivas, provocadas por medidas contra una minoría que nunca ha sido homogénea, no sería más que un acto de irresponsabilidad.

La prueba de la benéfica falta de homogeneidad de cualquier comunidad se deriva, en este caso, del mismo terrible episodio del crimen y del arresto del culpable: la persona que puso a la policía italiana tras sus huellas fue una compatriota del criminal, ¡que pertenece al mismo campo de refugiados!

Medidas de castigo colectivas significarían asimismo una inaceptable amnesia, tanto para Italia como para Rumanía, no solo en relación con cuanto ocurrió en el mundo bajo el fascismo y el nazismo, y bajo el comunismo, y sigue ocurriendo todavía en dictaduras de todas clases, incluidas las religiosas, sino también en relación con la propia historia de ambos pueblos, el italiano y el rumano. Los italianos se han visto obligados con frecuencia a emigrar, en busca de una vida mejor, no solamente desde el sur hacia el norte del país, sino también fuera de la propia Italia: por lo tanto, les resulta familiar la condición de refugiado, de exiliado, de extranjero.

Rumanía tiene, a su vez, una historia no precisamente admirable en las relaciones de sus ciudadanos con la minoría gitana, cuyas lacras se reprueban sin haber hecho lo suficiente en el curso de los siglos y sin hacer lo suficiente tampoco hoy en día para ponerles remedio. La presencia de esta minoría aparece en el territorio rumano desde el siglo XIV, pero no fue hasta 1856 cuando dio comienzo, de hecho, su liberación oficial de la servidumbre, ¡su estatus social durante cinco siglos!La Rumania de hoy está librando una dura batalla contra los residuos de decenios de terror y mentira, de demagogia y pobreza, que han marcado la existencia de algunas generaciones. Las consecuencias no pueden ser desenraizadas de golpe. El postcomunismo dio inicio no sólo con una gran liberación de energías productivas, sino también con una cínica transferencia de funciones, privilegios y bienes a otras franjas de la misma nomenclatura, con un nuevo darwinismo de la supervivencia y del arribismo, que se han inventado sus propios juegos bizantinos de máscaras. Por más que hoy resulten visibles cierto progreso económico y una gradual recuperación de la conciencia colectiva en el proceso de democratización, la vida política a menudo burlesca del actual nuevo miembro de la Unión Europea se resiente todavía de las tradicionales malas costumbres de la falsedad y de la superficialidad, del escepticismo y del fatalismo, de la inercia, de la corrupción, que actúa a menudo como motor social del momento. Existen en la Rumania de hoy numerosas franjas de población desfavorecidas y olvidadas, relegadas a los márgenes más sórdidos de la sociedad. Según los datos proporcionados por el diario Evenimentul Zilei, el 41% de la numerosa población gitana está formado por jornaleros, el 33,5% no posee oficio, el 38,7% es analfabeta. Hoy, sin embargo, este antiguo aunque siempre nuevo problema de Rumania se ha convertido en un problema de toda Europa central y oriental y, más recientemente, de Europa occidental. Los nómadas provenientes de la India, que peregrinaron por Oriente Medio y por el Imperio Bizantino, hoy son, en un 80%, europeos.

Nicolae Romulus Mailat, un joven de 25 años, pasó a los 14 por un reformatorio y había sido condenado e indultado por robo con agravante un año antes de su llegada a Italia. ¿Es la pobreza la causa de su delincuencia juvenil y del crimen cometido ahora?

En la gran novela de Dostoievski, el estudiante Raskólnikov se ve empujado al crimen no sólo por su nihilismo rebelde, sino también por la pobreza. Su identidad social es completamente diferente de la de Mailat, su “entidad” espiritual es drásticamente diversa, pero su doble crimen no resulta menos execrable en absoluto. No podemos hallar afinidades del “yo” entre el criminal de la realidad de 2007 y el de la novela de 1866. Podríamos, con todo, demorarnos unos instantes en las palabras de uno de los interlocutores del héroe dostoievskiano, quien, refiriéndose a la “Sodoma que rechaza” por la que vaga, no cree que la pobreza sea un vicio, pero sí que lo es la miseria. En la pobreza conservamos aún, según afirma, “la nobleza de los sentimientos innatos”. En la miseria, en cambio, las caídas son inevitables y catastróficas… Mailat huyó de la miseria de Rumania y de su pasado rumano, sin poder imaginarse que encontraría en la Italia del campo de refugiados una miseria igual de opresiva y que en el espejo del presente acabaría por adjudicarse una imagen aún más feroz de criminal sanguinario y despiadado. Quienes conocen el campo de Tor di Quinto y la oscura zona que la rodea, donde fue asaltada y asesinada Giovanna Reggiani, reservan duras palabras contra la negligencia y la indiferencia de la Administración de la ciudad de Roma. No se trata, en todo caso, de una excusa o una circunstancia atenuante para un crimen como ese ni para ninguna clase de crimen, pero sí es una premisa que no puede ser descuidada cuando se intente poner remedio, para el futuro, a la situación. Si no podemos esperar, por el momento, una milagrosa reencarnación angélica del criminal Mailat, podemos y debemos, sin embargo, exigir una radical reconsideración social de la situación de estos marginados. Pensemos en el Estado rumano y en el italiano, en las comunidades de los gitanos y de los rumanos de Italia y de Rumania e, inevitablemente… en la Comunidad Europea. Por muy extraño que pueda parecer, el malhechor es miembro de todas estas comunidades.

Se oyen desde hace tiempo voces cada vez más exasperadas ante la ampliación de la Comunidad Europea y las tensiones que, inevitablemente, ello genera. El aumento de la emigración en nuestra modernidad centrífuga y global es un hecho cotidiano, pero no es sólo un fenómeno negativo. La libre circulación no significa únicamente un incremento de la criminalidad y de los conflictos sociales en Occidente, como creen algunos, sino también una situación de gradual convivencia recíprocamente benéfica, que tendrá el mismo efecto que tuvo, después de la guerra, la inclusión de los países derrotados en el común esfuerzo europeo de democratización y de prosperidad.

Durante la visita que realicé la primavera pasada a Madrid y a Barcelona, pude oír con alegría por parte de quienes me habían invitado noticias entusiastas a propósito de los éxitos de la comunidad rumana de España, que ha crecido mucho en los últimos tiempos. Algunos de los refugiados rumanos, apreciados por su laboriosidad y honradez, ya se habían presentado como candidatos a las elecciones locales. Quiero confiar en que algo parecido llegue a suceder en otras partes también, y no sólo en el caso de los rumanos, sino en el de todos aquellos que están dispuestos a hacer propias las provocaciones del presente. Será una victoria comunitaria, no sólo individual. Europa puede demostrar que es -y que merece serlo- una verdadera comunidad, digna de su civilización antigua y nueva. Diversa, democrática, espiritual, libre, próspera. Ejemplar.

febrero 9, 2008 Publicado por | Italia, migración, Rumanía | Dejar un comentario

La crisis de los rumanos en Italia

Por Norman Manea, escritor rumano. Traducción del italiano de Carlos Gumpert (EL PAÍS, 24/11/07):

El horrible crimen perpetrado recientemente en los alrededores de un campo de refugiados de Tor di Quinto, en la periferia de Roma, ha provocado una fuerte conmoción en Italia y en Rumanía. El caso no ha tardado en adquirir relevancia social y política para el debate público acerca del estatus de los refugiados y de los residentes extranjeros. Se han producido, además, violentas reacciones de resentimiento por parte de ciertas franjas de la población, pero también escandalosas tomas de posición por parte de algunos representantes políticos italianos y rumanos, dispuestos a ofrecer soluciones apresuradas, con tonos xenófobos y totalitarios de triste memoria.

¿Castigos colectivos para un delito individual, sobre cuyo autor no caben dudas? Nos hallamos, no sin una pizca de ironía, ante un grotesco reverso del “orgullo nacional”, que se apropia de prestigiosos logros culturales o deportivos individuales presentándolos como patrimonio colectivo… Acrecentar la tragedia de un crimen cometido por un individuo contra otro individuo con nuevas tragedias individuales y colectivas, provocadas por medidas contra una minoría que nunca ha sido homogénea, no sería más que un acto de irresponsabilidad.

La prueba de la benéfica falta de homogeneidad de cualquier comunidad se deriva, en este caso, del mismo terrible episodio del crimen y del arresto del culpable: la persona que puso a la policía italiana tras sus huellas fue una compatriota del criminal, ¡que pertenece al mismo campo de refugiados!

Medidas de castigo colectivas significarían asimismo una inaceptable amnesia, tanto para Italia como para Rumanía, no solo en relación con cuanto ocurrió en el mundo bajo el fascismo y el nazismo, y bajo el comunismo, y sigue ocurriendo todavía en dictaduras de todas clases, incluidas las religiosas, sino también en relación con la propia historia de ambos pueblos, el italiano y el rumano. Los italianos se han visto obligados con frecuencia a emigrar, en busca de una vida mejor, no solamente desde el sur hacia el norte del país, sino también fuera de la propia Italia: por lo tanto, les resulta familiar la condición de refugiado, de exiliado, de extranjero.

Rumanía tiene, a su vez, una historia no precisamente admirable en las relaciones de sus ciudadanos con la minoría gitana, cuyas lacras se reprueban sin haber hecho lo suficiente en el curso de los siglos y sin hacer lo suficiente tampoco hoy en día para ponerles remedio. La presencia de esta minoría aparece en el territorio rumano desde el siglo XIV, pero no fue hasta 1856 cuando dio comienzo, de hecho, su liberación oficial de la servidumbre, ¡su estatus social durante cinco siglos!La Rumania de hoy está librando una dura batalla contra los residuos de decenios de terror y mentira, de demagogia y pobreza, que han marcado la existencia de algunas generaciones. Las consecuencias no pueden ser desenraizadas de golpe. El postcomunismo dio inicio no sólo con una gran liberación de energías productivas, sino también con una cínica transferencia de funciones, privilegios y bienes a otras franjas de la misma nomenclatura, con un nuevo darwinismo de la supervivencia y del arribismo, que se han inventado sus propios juegos bizantinos de máscaras. Por más que hoy resulten visibles cierto progreso económico y una gradual recuperación de la conciencia colectiva en el proceso de democratización, la vida política a menudo burlesca del actual nuevo miembro de la Unión Europea se resiente todavía de las tradicionales malas costumbres de la falsedad y de la superficialidad, del escepticismo y del fatalismo, de la inercia, de la corrupción, que actúa a menudo como motor social del momento. Existen en la Rumania de hoy numerosas franjas de población desfavorecidas y olvidadas, relegadas a los márgenes más sórdidos de la sociedad. Según los datos proporcionados por el diario Evenimentul Zilei, el 41% de la numerosa población gitana está formado por jornaleros, el 33,5% no posee oficio, el 38,7% es analfabeta. Hoy, sin embargo, este antiguo aunque siempre nuevo problema de Rumania se ha convertido en un problema de toda Europa central y oriental y, más recientemente, de Europa occidental. Los nómadas provenientes de la India, que peregrinaron por Oriente Medio y por el Imperio Bizantino, hoy son, en un 80%, europeos.

Nicolae Romulus Mailat, un joven de 25 años, pasó a los 14 por un reformatorio y había sido condenado e indultado por robo con agravante un año antes de su llegada a Italia. ¿Es la pobreza la causa de su delincuencia juvenil y del crimen cometido ahora?

En la gran novela de Dostoievski, el estudiante Raskólnikov se ve empujado al crimen no sólo por su nihilismo rebelde, sino también por la pobreza. Su identidad social es completamente diferente de la de Mailat, su “entidad” espiritual es drásticamente diversa, pero su doble crimen no resulta menos execrable en absoluto. No podemos hallar afinidades del “yo” entre el criminal de la realidad de 2007 y el de la novela de 1866. Podríamos, con todo, demorarnos unos instantes en las palabras de uno de los interlocutores del héroe dostoievskiano, quien, refiriéndose a la “Sodoma que rechaza” por la que vaga, no cree que la pobreza sea un vicio, pero sí que lo es la miseria. En la pobreza conservamos aún, según afirma, “la nobleza de los sentimientos innatos”. En la miseria, en cambio, las caídas son inevitables y catastróficas… Mailat huyó de la miseria de Rumania y de su pasado rumano, sin poder imaginarse que encontraría en la Italia del campo de refugiados una miseria igual de opresiva y que en el espejo del presente acabaría por adjudicarse una imagen aún más feroz de criminal sanguinario y despiadado. Quienes conocen el campo de Tor di Quinto y la oscura zona que la rodea, donde fue asaltada y asesinada Giovanna Reggiani, reservan duras palabras contra la negligencia y la indiferencia de la Administración de la ciudad de Roma. No se trata, en todo caso, de una excusa o una circunstancia atenuante para un crimen como ese ni para ninguna clase de crimen, pero sí es una premisa que no puede ser descuidada cuando se intente poner remedio, para el futuro, a la situación. Si no podemos esperar, por el momento, una milagrosa reencarnación angélica del criminal Mailat, podemos y debemos, sin embargo, exigir una radical reconsideración social de la situación de estos marginados. Pensemos en el Estado rumano y en el italiano, en las comunidades de los gitanos y de los rumanos de Italia y de Rumania e, inevitablemente… en la Comunidad Europea. Por muy extraño que pueda parecer, el malhechor es miembro de todas estas comunidades.

Se oyen desde hace tiempo voces cada vez más exasperadas ante la ampliación de la Comunidad Europea y las tensiones que, inevitablemente, ello genera. El aumento de la emigración en nuestra modernidad centrífuga y global es un hecho cotidiano, pero no es sólo un fenómeno negativo. La libre circulación no significa únicamente un incremento de la criminalidad y de los conflictos sociales en Occidente, como creen algunos, sino también una situación de gradual convivencia recíprocamente benéfica, que tendrá el mismo efecto que tuvo, después de la guerra, la inclusión de los países derrotados en el común esfuerzo europeo de democratización y de prosperidad.

Durante la visita que realicé la primavera pasada a Madrid y a Barcelona, pude oír con alegría por parte de quienes me habían invitado noticias entusiastas a propósito de los éxitos de la comunidad rumana de España, que ha crecido mucho en los últimos tiempos. Algunos de los refugiados rumanos, apreciados por su laboriosidad y honradez, ya se habían presentado como candidatos a las elecciones locales. Quiero confiar en que algo parecido llegue a suceder en otras partes también, y no sólo en el caso de los rumanos, sino en el de todos aquellos que están dispuestos a hacer propias las provocaciones del presente. Será una victoria comunitaria, no sólo individual. Europa puede demostrar que es -y que merece serlo- una verdadera comunidad, digna de su civilización antigua y nueva. Diversa, democrática, espiritual, libre, próspera. Ejemplar.

febrero 9, 2008 Publicado por | Italia, migración, Rumanía | Dejar un comentario

>La crisis de los rumanos en Italia

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Por Norman Manea, escritor rumano. Traducción del italiano de Carlos Gumpert (EL PAÍS, 24/11/07):

El horrible crimen perpetrado recientemente en los alrededores de un campo de refugiados de Tor di Quinto, en la periferia de Roma, ha provocado una fuerte conmoción en Italia y en Rumanía. El caso no ha tardado en adquirir relevancia social y política para el debate público acerca del estatus de los refugiados y de los residentes extranjeros. Se han producido, además, violentas reacciones de resentimiento por parte de ciertas franjas de la población, pero también escandalosas tomas de posición por parte de algunos representantes políticos italianos y rumanos, dispuestos a ofrecer soluciones apresuradas, con tonos xenófobos y totalitarios de triste memoria.

¿Castigos colectivos para un delito individual, sobre cuyo autor no caben dudas? Nos hallamos, no sin una pizca de ironía, ante un grotesco reverso del “orgullo nacional”, que se apropia de prestigiosos logros culturales o deportivos individuales presentándolos como patrimonio colectivo… Acrecentar la tragedia de un crimen cometido por un individuo contra otro individuo con nuevas tragedias individuales y colectivas, provocadas por medidas contra una minoría que nunca ha sido homogénea, no sería más que un acto de irresponsabilidad.

La prueba de la benéfica falta de homogeneidad de cualquier comunidad se deriva, en este caso, del mismo terrible episodio del crimen y del arresto del culpable: la persona que puso a la policía italiana tras sus huellas fue una compatriota del criminal, ¡que pertenece al mismo campo de refugiados!

Medidas de castigo colectivas significarían asimismo una inaceptable amnesia, tanto para Italia como para Rumanía, no solo en relación con cuanto ocurrió en el mundo bajo el fascismo y el nazismo, y bajo el comunismo, y sigue ocurriendo todavía en dictaduras de todas clases, incluidas las religiosas, sino también en relación con la propia historia de ambos pueblos, el italiano y el rumano. Los italianos se han visto obligados con frecuencia a emigrar, en busca de una vida mejor, no solamente desde el sur hacia el norte del país, sino también fuera de la propia Italia: por lo tanto, les resulta familiar la condición de refugiado, de exiliado, de extranjero.

Rumanía tiene, a su vez, una historia no precisamente admirable en las relaciones de sus ciudadanos con la minoría gitana, cuyas lacras se reprueban sin haber hecho lo suficiente en el curso de los siglos y sin hacer lo suficiente tampoco hoy en día para ponerles remedio. La presencia de esta minoría aparece en el territorio rumano desde el siglo XIV, pero no fue hasta 1856 cuando dio comienzo, de hecho, su liberación oficial de la servidumbre, ¡su estatus social durante cinco siglos!La Rumania de hoy está librando una dura batalla contra los residuos de decenios de terror y mentira, de demagogia y pobreza, que han marcado la existencia de algunas generaciones. Las consecuencias no pueden ser desenraizadas de golpe. El postcomunismo dio inicio no sólo con una gran liberación de energías productivas, sino también con una cínica transferencia de funciones, privilegios y bienes a otras franjas de la misma nomenclatura, con un nuevo darwinismo de la supervivencia y del arribismo, que se han inventado sus propios juegos bizantinos de máscaras. Por más que hoy resulten visibles cierto progreso económico y una gradual recuperación de la conciencia colectiva en el proceso de democratización, la vida política a menudo burlesca del actual nuevo miembro de la Unión Europea se resiente todavía de las tradicionales malas costumbres de la falsedad y de la superficialidad, del escepticismo y del fatalismo, de la inercia, de la corrupción, que actúa a menudo como motor social del momento. Existen en la Rumania de hoy numerosas franjas de población desfavorecidas y olvidadas, relegadas a los márgenes más sórdidos de la sociedad. Según los datos proporcionados por el diario Evenimentul Zilei, el 41% de la numerosa población gitana está formado por jornaleros, el 33,5% no posee oficio, el 38,7% es analfabeta. Hoy, sin embargo, este antiguo aunque siempre nuevo problema de Rumania se ha convertido en un problema de toda Europa central y oriental y, más recientemente, de Europa occidental. Los nómadas provenientes de la India, que peregrinaron por Oriente Medio y por el Imperio Bizantino, hoy son, en un 80%, europeos.

Nicolae Romulus Mailat, un joven de 25 años, pasó a los 14 por un reformatorio y había sido condenado e indultado por robo con agravante un año antes de su llegada a Italia. ¿Es la pobreza la causa de su delincuencia juvenil y del crimen cometido ahora?

En la gran novela de Dostoievski, el estudiante Raskólnikov se ve empujado al crimen no sólo por su nihilismo rebelde, sino también por la pobreza. Su identidad social es completamente diferente de la de Mailat, su “entidad” espiritual es drásticamente diversa, pero su doble crimen no resulta menos execrable en absoluto. No podemos hallar afinidades del “yo” entre el criminal de la realidad de 2007 y el de la novela de 1866. Podríamos, con todo, demorarnos unos instantes en las palabras de uno de los interlocutores del héroe dostoievskiano, quien, refiriéndose a la “Sodoma que rechaza” por la que vaga, no cree que la pobreza sea un vicio, pero sí que lo es la miseria. En la pobreza conservamos aún, según afirma, “la nobleza de los sentimientos innatos”. En la miseria, en cambio, las caídas son inevitables y catastróficas… Mailat huyó de la miseria de Rumania y de su pasado rumano, sin poder imaginarse que encontraría en la Italia del campo de refugiados una miseria igual de opresiva y que en el espejo del presente acabaría por adjudicarse una imagen aún más feroz de criminal sanguinario y despiadado. Quienes conocen el campo de Tor di Quinto y la oscura zona que la rodea, donde fue asaltada y asesinada Giovanna Reggiani, reservan duras palabras contra la negligencia y la indiferencia de la Administración de la ciudad de Roma. No se trata, en todo caso, de una excusa o una circunstancia atenuante para un crimen como ese ni para ninguna clase de crimen, pero sí es una premisa que no puede ser descuidada cuando se intente poner remedio, para el futuro, a la situación. Si no podemos esperar, por el momento, una milagrosa reencarnación angélica del criminal Mailat, podemos y debemos, sin embargo, exigir una radical reconsideración social de la situación de estos marginados. Pensemos en el Estado rumano y en el italiano, en las comunidades de los gitanos y de los rumanos de Italia y de Rumania e, inevitablemente… en la Comunidad Europea. Por muy extraño que pueda parecer, el malhechor es miembro de todas estas comunidades.

Se oyen desde hace tiempo voces cada vez más exasperadas ante la ampliación de la Comunidad Europea y las tensiones que, inevitablemente, ello genera. El aumento de la emigración en nuestra modernidad centrífuga y global es un hecho cotidiano, pero no es sólo un fenómeno negativo. La libre circulación no significa únicamente un incremento de la criminalidad y de los conflictos sociales en Occidente, como creen algunos, sino también una situación de gradual convivencia recíprocamente benéfica, que tendrá el mismo efecto que tuvo, después de la guerra, la inclusión de los países derrotados en el común esfuerzo europeo de democratización y de prosperidad.

Durante la visita que realicé la primavera pasada a Madrid y a Barcelona, pude oír con alegría por parte de quienes me habían invitado noticias entusiastas a propósito de los éxitos de la comunidad rumana de España, que ha crecido mucho en los últimos tiempos. Algunos de los refugiados rumanos, apreciados por su laboriosidad y honradez, ya se habían presentado como candidatos a las elecciones locales. Quiero confiar en que algo parecido llegue a suceder en otras partes también, y no sólo en el caso de los rumanos, sino en el de todos aquellos que están dispuestos a hacer propias las provocaciones del presente. Será una victoria comunitaria, no sólo individual. Europa puede demostrar que es -y que merece serlo- una verdadera comunidad, digna de su civilización antigua y nueva. Diversa, democrática, espiritual, libre, próspera. Ejemplar.

febrero 9, 2008 Publicado por | Italia, migración, Rumanía | Dejar un comentario

Referéndum y lucha de poder en Rumanía

Por Daniel Reboredo, historiador (EL CORREO DIGITAL, 18/05/07):

Cincuenta años después de que todo empezase, la integración de los países europeos en el proyecto de la Unión se ha convertido en un sistema complejo, sin precedentes en la Historia y sin ejemplos similares en otras partes del mundo contemporáneo. Los viejos y los nuevos Estados-nación del continente se han sumado a ella, algunos se han quedado a la espera de formar parte de la misma y sólo unos pocos siguen queriendo permanecer fuera, aunque no sabemos por cuánto tiempo. La mejor prueba del éxito la constituyen las sucesivas rondas de profundización y ampliación. La UE está muy viva y ofreciendo resultados, a pesar de muchas previsiones negativas y a despecho de todo tipo de escenarios catastróficos, ya que, a diferencia de los imperios del pasado, se asienta sobre sistemas democráticos y sobre el principio de libre asociación. En el Consejo Europeo celebrado en Luxemburgo los días 12 y 13 de diciembre de 1997, se planteó la posibilidad de admitir en la UE a algunos países del antiguo bloque socialista que habían solicitado su incorporación al proyecto europeo. En una primera fase (1 de mayo de 2004) se sumaron al mismo Polonia, República Checa, Hungría, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania, Chipre y Malta y en una reciente segunda fase, 1 de enero de 2007, se han incorporado Rumanía y Bulgaria.

El primero de estos países, Rumanía (tierra de romanos y república semipresidencialista democrática y multipartidista), eufórico por su incorporación a la UE (’Hora de la alegría’), vive en estos momentos la incertidumbre del vacío de poder que han generado los enfrentamientos entre su clase política. La inestabilidad permanente en la que ha vivido el país desde la caída del régimen comunista (personalista) de Nicolae Ceaucescu llegó a ser insostenible el pasado mes de abril. Después de la crisis económica que provocó una rebelión en Timisoara y más tarde en Bucarest en diciembre de 1989, fue ejecutado el dictador junto a su esposa, y se estableció un Frente de Salvación Nacional presidido por Ion Iliescu, que ganó las sucesivas elecciones hasta 1996, año en el que asumió la presidencia el democristiano Emil Constantinescu.

En 2000 volvió Iliescu y, cuatro años más tarde, Traian Basescu, al frente de una coalición de centroderecha, fue elegido presidente (51,2% de los sufragios) y hombre fuerte de la política rumana. El tercer presidente del país, tras la caída del comunismo, tomó posesión del cargo en diciembre de 2004 y en su discurso inaugural en el Parlamento prometió hacer de Rumanía un «país diferente» en los años siguientes. Capitán de barco, inspector de Navegación Civil, subsecretario de Estado y jefe del Departamento de Tráfico Marítimo en el Ministerio de Obras Públicas y Transportes y después ministro del mismo en los gobiernos de Petre Roman, alcalde de Bucarest en 2000 y 2003 y presidente de la república rumana, Basescu, aparecía ante sus conciudadanos como proeuropeo, proatlantista y comprometido con las reformas económicas de mercado.

Su política populista; las acusaciones de injerencia en la política interior del país y de manipulación y abuso de las instituciones del Estado; el malestar proveniente de sus críticas a la clase política, al Parlamento y al Gobierno, a los que acusa de corrupción e incompetencia; la condena, previo informe, del régimen comunista y de algunos políticos en activo como Ion Iliescu (colaboracionistas); y, fundamentalmente, su enfrentamiento con el primer ministro Colin Popescu Tariceanu y con sus antiguos aliados liberales que pactaron con los socialdemócratas su suspensión y eliminación de la vida política, generaron una situación de inestabilidad tal que el Parlamento rumano acordó, el pasado 19 de abril, suspender al presidente en sus funciones (acusándole de violar la Constitución) y convocar un referéndum para el 19 de mayo, mañana, tal y como establece la Carta Magna rumana. Referéndum que se realiza para determinar la continuidad del destituido Basescu y que sólo será válido si acude a votar más del 50% del censo electoral, es decir, unos nueve millones de rumanos. El electorado deberá responder con un sí o un no a la pregunta ‘¿Está de acuerdo con la destitución del presidente Traian Basescu?’.

El ’suspendido’ presidente tiene a su favor que sigue siendo el político más popular y respetado de Rumanía debido a su discurso directo y a las reformas que ha realizado para luchar contra la corrupción, el crimen organizado y en pro de la independencia de la Justicia, y de ahí que todo apunta a que será confirmado en su cargo, recuperando las funciones inherentes al mismo y que desempeña provisionalmente el presidente del Senado, Nicolae Vacaroiu. La última modificación legislativa relacionada con el referéndum y con el deseo de la oposición socialdemócrata de expulsar a Basescu se produjo a principios de mes, cuando el Tribunal Constitucional del país modificó la ley para que se pudiera destituir al jefe de Estado sólo con la mayoría de los votantes que acudan a las urnas.

En otra coyuntura, la preocupante situación política que atraviesa Rumanía no tendría más relevancia que la propiamente interna, pero en estos momentos la inestabilidad que genera afecta directamente a la UE y a la crisis que por otros motivos padece. Rumanía aún no ha superado la herencia comunista en sus relaciones políticas y sociales. La época de transición en la que se encuentra sigue caracterizándose por la difícil convivencia de dos tendencias opuestas, que son la nostálgica de los favorecidos por el antiguo régimen y la de los que se consideran víctimas sufrientes del mismo y reclaman justicia o venganza. El país vive una época muy confusa. La rivalidad entre los políticos, que ha culminado en el caos actual, hace imposible el diálogo y la democracia. Esta peligrosa e irresponsable actitud añade una preocupación más a una UE que sigue controlando el cumplimiento, por parte de los sucesivos gobiernos del país, de las condiciones que se puso a Rumanía para su precipitado ingreso.

Intentar reconciliar la democracia con la creciente interdependencia internacional constituye un problema que va más allá de las fronteras de Europa. Hoy en día los descendientes de los que inventaron la soberanía y el Estado-nación deben diseñar nuevas formas de democracia supranacional a fin de estar a la altura del tipo de integración que ya se ha conseguido en algunas políticas. La Unión es un claro ejemplo en este sentido, pero para asentar proyectos tan complejos como éste, los países miembros deben consolidar cada vez más sus democracias y superar situaciones como la rumana. La apuesta de ampliarse hacia el Este fue de tal envergadura que la UE tuvo que idear una reforma institucional para poder funcionar con 27 miembros, reforma recogida en un Tratado constitucional ahora en cuarentena por la negativa francesa y holandesa a ratificar el texto. La actual presidencia alemana de la UE quiere recuperar este tema y superar el mencionado rechazo al texto constitucional, tal y como han manifestado Ángela Merkel y su ministro de Asuntos Exteriores, Frank Walter Steinmeier. La inconsistencia política rumana y la rebeldía integrista polaca deben cortarse de raíz para que sus negativos efectos no afecten a un complejísimo y dificultoso proceso, el europeo, que por primera vez ha superado las diferencias socioculturales, económicas y políticas particulares, priorizando la voluntad de convivencia y la conciencia de un pasado común.

mayo 18, 2007 Publicado por | Rumanía, sistema político | Dejar un comentario

Referéndum y lucha de poder en Rumanía

Por Daniel Reboredo, historiador (EL CORREO DIGITAL, 18/05/07):

Cincuenta años después de que todo empezase, la integración de los países europeos en el proyecto de la Unión se ha convertido en un sistema complejo, sin precedentes en la Historia y sin ejemplos similares en otras partes del mundo contemporáneo. Los viejos y los nuevos Estados-nación del continente se han sumado a ella, algunos se han quedado a la espera de formar parte de la misma y sólo unos pocos siguen queriendo permanecer fuera, aunque no sabemos por cuánto tiempo. La mejor prueba del éxito la constituyen las sucesivas rondas de profundización y ampliación. La UE está muy viva y ofreciendo resultados, a pesar de muchas previsiones negativas y a despecho de todo tipo de escenarios catastróficos, ya que, a diferencia de los imperios del pasado, se asienta sobre sistemas democráticos y sobre el principio de libre asociación. En el Consejo Europeo celebrado en Luxemburgo los días 12 y 13 de diciembre de 1997, se planteó la posibilidad de admitir en la UE a algunos países del antiguo bloque socialista que habían solicitado su incorporación al proyecto europeo. En una primera fase (1 de mayo de 2004) se sumaron al mismo Polonia, República Checa, Hungría, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania, Chipre y Malta y en una reciente segunda fase, 1 de enero de 2007, se han incorporado Rumanía y Bulgaria.

El primero de estos países, Rumanía (tierra de romanos y república semipresidencialista democrática y multipartidista), eufórico por su incorporación a la UE (’Hora de la alegría’), vive en estos momentos la incertidumbre del vacío de poder que han generado los enfrentamientos entre su clase política. La inestabilidad permanente en la que ha vivido el país desde la caída del régimen comunista (personalista) de Nicolae Ceaucescu llegó a ser insostenible el pasado mes de abril. Después de la crisis económica que provocó una rebelión en Timisoara y más tarde en Bucarest en diciembre de 1989, fue ejecutado el dictador junto a su esposa, y se estableció un Frente de Salvación Nacional presidido por Ion Iliescu, que ganó las sucesivas elecciones hasta 1996, año en el que asumió la presidencia el democristiano Emil Constantinescu.

En 2000 volvió Iliescu y, cuatro años más tarde, Traian Basescu, al frente de una coalición de centroderecha, fue elegido presidente (51,2% de los sufragios) y hombre fuerte de la política rumana. El tercer presidente del país, tras la caída del comunismo, tomó posesión del cargo en diciembre de 2004 y en su discurso inaugural en el Parlamento prometió hacer de Rumanía un «país diferente» en los años siguientes. Capitán de barco, inspector de Navegación Civil, subsecretario de Estado y jefe del Departamento de Tráfico Marítimo en el Ministerio de Obras Públicas y Transportes y después ministro del mismo en los gobiernos de Petre Roman, alcalde de Bucarest en 2000 y 2003 y presidente de la república rumana, Basescu, aparecía ante sus conciudadanos como proeuropeo, proatlantista y comprometido con las reformas económicas de mercado.

Su política populista; las acusaciones de injerencia en la política interior del país y de manipulación y abuso de las instituciones del Estado; el malestar proveniente de sus críticas a la clase política, al Parlamento y al Gobierno, a los que acusa de corrupción e incompetencia; la condena, previo informe, del régimen comunista y de algunos políticos en activo como Ion Iliescu (colaboracionistas); y, fundamentalmente, su enfrentamiento con el primer ministro Colin Popescu Tariceanu y con sus antiguos aliados liberales que pactaron con los socialdemócratas su suspensión y eliminación de la vida política, generaron una situación de inestabilidad tal que el Parlamento rumano acordó, el pasado 19 de abril, suspender al presidente en sus funciones (acusándole de violar la Constitución) y convocar un referéndum para el 19 de mayo, mañana, tal y como establece la Carta Magna rumana. Referéndum que se realiza para determinar la continuidad del destituido Basescu y que sólo será válido si acude a votar más del 50% del censo electoral, es decir, unos nueve millones de rumanos. El electorado deberá responder con un sí o un no a la pregunta ‘¿Está de acuerdo con la destitución del presidente Traian Basescu?’.

El ’suspendido’ presidente tiene a su favor que sigue siendo el político más popular y respetado de Rumanía debido a su discurso directo y a las reformas que ha realizado para luchar contra la corrupción, el crimen organizado y en pro de la independencia de la Justicia, y de ahí que todo apunta a que será confirmado en su cargo, recuperando las funciones inherentes al mismo y que desempeña provisionalmente el presidente del Senado, Nicolae Vacaroiu. La última modificación legislativa relacionada con el referéndum y con el deseo de la oposición socialdemócrata de expulsar a Basescu se produjo a principios de mes, cuando el Tribunal Constitucional del país modificó la ley para que se pudiera destituir al jefe de Estado sólo con la mayoría de los votantes que acudan a las urnas.

En otra coyuntura, la preocupante situación política que atraviesa Rumanía no tendría más relevancia que la propiamente interna, pero en estos momentos la inestabilidad que genera afecta directamente a la UE y a la crisis que por otros motivos padece. Rumanía aún no ha superado la herencia comunista en sus relaciones políticas y sociales. La época de transición en la que se encuentra sigue caracterizándose por la difícil convivencia de dos tendencias opuestas, que son la nostálgica de los favorecidos por el antiguo régimen y la de los que se consideran víctimas sufrientes del mismo y reclaman justicia o venganza. El país vive una época muy confusa. La rivalidad entre los políticos, que ha culminado en el caos actual, hace imposible el diálogo y la democracia. Esta peligrosa e irresponsable actitud añade una preocupación más a una UE que sigue controlando el cumplimiento, por parte de los sucesivos gobiernos del país, de las condiciones que se puso a Rumanía para su precipitado ingreso.

Intentar reconciliar la democracia con la creciente interdependencia internacional constituye un problema que va más allá de las fronteras de Europa. Hoy en día los descendientes de los que inventaron la soberanía y el Estado-nación deben diseñar nuevas formas de democracia supranacional a fin de estar a la altura del tipo de integración que ya se ha conseguido en algunas políticas. La Unión es un claro ejemplo en este sentido, pero para asentar proyectos tan complejos como éste, los países miembros deben consolidar cada vez más sus democracias y superar situaciones como la rumana. La apuesta de ampliarse hacia el Este fue de tal envergadura que la UE tuvo que idear una reforma institucional para poder funcionar con 27 miembros, reforma recogida en un Tratado constitucional ahora en cuarentena por la negativa francesa y holandesa a ratificar el texto. La actual presidencia alemana de la UE quiere recuperar este tema y superar el mencionado rechazo al texto constitucional, tal y como han manifestado Ángela Merkel y su ministro de Asuntos Exteriores, Frank Walter Steinmeier. La inconsistencia política rumana y la rebeldía integrista polaca deben cortarse de raíz para que sus negativos efectos no afecten a un complejísimo y dificultoso proceso, el europeo, que por primera vez ha superado las diferencias socioculturales, económicas y políticas particulares, priorizando la voluntad de convivencia y la conciencia de un pasado común.

mayo 18, 2007 Publicado por | Rumanía, sistema político | Dejar un comentario

>Referéndum y lucha de poder en Rumanía

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Por Daniel Reboredo, historiador (EL CORREO DIGITAL, 18/05/07):

Cincuenta años después de que todo empezase, la integración de los países europeos en el proyecto de la Unión se ha convertido en un sistema complejo, sin precedentes en la Historia y sin ejemplos similares en otras partes del mundo contemporáneo. Los viejos y los nuevos Estados-nación del continente se han sumado a ella, algunos se han quedado a la espera de formar parte de la misma y sólo unos pocos siguen queriendo permanecer fuera, aunque no sabemos por cuánto tiempo. La mejor prueba del éxito la constituyen las sucesivas rondas de profundización y ampliación. La UE está muy viva y ofreciendo resultados, a pesar de muchas previsiones negativas y a despecho de todo tipo de escenarios catastróficos, ya que, a diferencia de los imperios del pasado, se asienta sobre sistemas democráticos y sobre el principio de libre asociación. En el Consejo Europeo celebrado en Luxemburgo los días 12 y 13 de diciembre de 1997, se planteó la posibilidad de admitir en la UE a algunos países del antiguo bloque socialista que habían solicitado su incorporación al proyecto europeo. En una primera fase (1 de mayo de 2004) se sumaron al mismo Polonia, República Checa, Hungría, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania, Chipre y Malta y en una reciente segunda fase, 1 de enero de 2007, se han incorporado Rumanía y Bulgaria.

El primero de estos países, Rumanía (tierra de romanos y república semipresidencialista democrática y multipartidista), eufórico por su incorporación a la UE (’Hora de la alegría’), vive en estos momentos la incertidumbre del vacío de poder que han generado los enfrentamientos entre su clase política. La inestabilidad permanente en la que ha vivido el país desde la caída del régimen comunista (personalista) de Nicolae Ceaucescu llegó a ser insostenible el pasado mes de abril. Después de la crisis económica que provocó una rebelión en Timisoara y más tarde en Bucarest en diciembre de 1989, fue ejecutado el dictador junto a su esposa, y se estableció un Frente de Salvación Nacional presidido por Ion Iliescu, que ganó las sucesivas elecciones hasta 1996, año en el que asumió la presidencia el democristiano Emil Constantinescu.

En 2000 volvió Iliescu y, cuatro años más tarde, Traian Basescu, al frente de una coalición de centroderecha, fue elegido presidente (51,2% de los sufragios) y hombre fuerte de la política rumana. El tercer presidente del país, tras la caída del comunismo, tomó posesión del cargo en diciembre de 2004 y en su discurso inaugural en el Parlamento prometió hacer de Rumanía un «país diferente» en los años siguientes. Capitán de barco, inspector de Navegación Civil, subsecretario de Estado y jefe del Departamento de Tráfico Marítimo en el Ministerio de Obras Públicas y Transportes y después ministro del mismo en los gobiernos de Petre Roman, alcalde de Bucarest en 2000 y 2003 y presidente de la república rumana, Basescu, aparecía ante sus conciudadanos como proeuropeo, proatlantista y comprometido con las reformas económicas de mercado.

Su política populista; las acusaciones de injerencia en la política interior del país y de manipulación y abuso de las instituciones del Estado; el malestar proveniente de sus críticas a la clase política, al Parlamento y al Gobierno, a los que acusa de corrupción e incompetencia; la condena, previo informe, del régimen comunista y de algunos políticos en activo como Ion Iliescu (colaboracionistas); y, fundamentalmente, su enfrentamiento con el primer ministro Colin Popescu Tariceanu y con sus antiguos aliados liberales que pactaron con los socialdemócratas su suspensión y eliminación de la vida política, generaron una situación de inestabilidad tal que el Parlamento rumano acordó, el pasado 19 de abril, suspender al presidente en sus funciones (acusándole de violar la Constitución) y convocar un referéndum para el 19 de mayo, mañana, tal y como establece la Carta Magna rumana. Referéndum que se realiza para determinar la continuidad del destituido Basescu y que sólo será válido si acude a votar más del 50% del censo electoral, es decir, unos nueve millones de rumanos. El electorado deberá responder con un sí o un no a la pregunta ‘¿Está de acuerdo con la destitución del presidente Traian Basescu?’.

El ’suspendido’ presidente tiene a su favor que sigue siendo el político más popular y respetado de Rumanía debido a su discurso directo y a las reformas que ha realizado para luchar contra la corrupción, el crimen organizado y en pro de la independencia de la Justicia, y de ahí que todo apunta a que será confirmado en su cargo, recuperando las funciones inherentes al mismo y que desempeña provisionalmente el presidente del Senado, Nicolae Vacaroiu. La última modificación legislativa relacionada con el referéndum y con el deseo de la oposición socialdemócrata de expulsar a Basescu se produjo a principios de mes, cuando el Tribunal Constitucional del país modificó la ley para que se pudiera destituir al jefe de Estado sólo con la mayoría de los votantes que acudan a las urnas.

En otra coyuntura, la preocupante situación política que atraviesa Rumanía no tendría más relevancia que la propiamente interna, pero en estos momentos la inestabilidad que genera afecta directamente a la UE y a la crisis que por otros motivos padece. Rumanía aún no ha superado la herencia comunista en sus relaciones políticas y sociales. La época de transición en la que se encuentra sigue caracterizándose por la difícil convivencia de dos tendencias opuestas, que son la nostálgica de los favorecidos por el antiguo régimen y la de los que se consideran víctimas sufrientes del mismo y reclaman justicia o venganza. El país vive una época muy confusa. La rivalidad entre los políticos, que ha culminado en el caos actual, hace imposible el diálogo y la democracia. Esta peligrosa e irresponsable actitud añade una preocupación más a una UE que sigue controlando el cumplimiento, por parte de los sucesivos gobiernos del país, de las condiciones que se puso a Rumanía para su precipitado ingreso.

Intentar reconciliar la democracia con la creciente interdependencia internacional constituye un problema que va más allá de las fronteras de Europa. Hoy en día los descendientes de los que inventaron la soberanía y el Estado-nación deben diseñar nuevas formas de democracia supranacional a fin de estar a la altura del tipo de integración que ya se ha conseguido en algunas políticas. La Unión es un claro ejemplo en este sentido, pero para asentar proyectos tan complejos como éste, los países miembros deben consolidar cada vez más sus democracias y superar situaciones como la rumana. La apuesta de ampliarse hacia el Este fue de tal envergadura que la UE tuvo que idear una reforma institucional para poder funcionar con 27 miembros, reforma recogida en un Tratado constitucional ahora en cuarentena por la negativa francesa y holandesa a ratificar el texto. La actual presidencia alemana de la UE quiere recuperar este tema y superar el mencionado rechazo al texto constitucional, tal y como han manifestado Ángela Merkel y su ministro de Asuntos Exteriores, Frank Walter Steinmeier. La inconsistencia política rumana y la rebeldía integrista polaca deben cortarse de raíz para que sus negativos efectos no afecten a un complejísimo y dificultoso proceso, el europeo, que por primera vez ha superado las diferencias socioculturales, económicas y políticas particulares, priorizando la voluntad de convivencia y la conciencia de un pasado común.

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