Ciencias y Arte

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>Rebelión contra el gratis total en la Red

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por MIRIAM LAGOA (El País.com, 11/09/2009)

Que los contenidos culturales o informativos no van a seguir ofreciéndose gratis en la Red para siempre lo intuye hasta el gigante Google, el gran beneficiado del modelo de gratuidad para el usuario imperante hasta hoy. Google, enfrentada con los editores de prensa por explotar sus noticias, se rinde a la tendencia y prepara herramientas para facilitar los micropagos a los medios de comunicación. Las industrias de la información se han lanzado a explorar fórmulas para rentabilizar su presencia en la Red más allá de la publicidad, hasta ahora principal y casi única fuente de ingresos. Y el cine o la música, alentados por el éxito de empresas como iTunes, ensayan nuevas fórmulas para cobrar por sus productos mientras crece la presión política contra el libre intercambio de archivos en la Red.

Micropagos por noticias, suscripciones de distintos niveles, radios personalizadas o el pago por visión de películas en alta definición se abren paso en un Internet que, desde su nacimiento, había sido sido sinónimo de gratuidad.

Millones de internautas se han acostumbrado a acceder a artículos, discos o películas sin costes. Pero lo que muchos usuarios consideran un derecho, para las industrias de contenidos se ha convertido en un problema económico y de propiedad intelectual. Las empresas que, como los diarios, creyeron que abriéndose a la Red lograrían un retorno adecuado en forma de publicidad están dando marcha atrás. Los banners no compensan igual que los viejos anuncios de papel y muchos editores han decidido volver al cobro.

Tras las protestas de la industria cinematográfica y musical, el sector mediático empieza a rebelarse contra la gratuidad, en medio de la peor crisis publicitaria de su historia. Rupert Murdoch, propietario de News Corporation, el mayor grupo de medios de comunicación, encabeza la manifestación. En agosto, anunció que cobrará por el acceso a la versión digital de sus diarios -entre ellos, The Wall Street Journal, The Times y The Sun- a partir de 2010. “La revolución digital ha abierto muchos canales de distribución nuevos y baratos, pero eso no convierte el contenido que transmiten en gratuito”, aseguró. El magnate australiano argumenta que la calidad no es barata y “una industria que regala su producto está canibalizando su capacidad de hacer buen periodismo”. Murdoch ya ha mantenido reuniones con sus principales colegas, entre ellos The New York Times, para crear un gran consorcio que impondría el pago por la lectura de sus contenidos digitales.

Otras voces del sector van por la misma línea y como sostiene el editor del Financial Times, Lionell Barber, “durante los próximos 12 meses la mayor parte de las organizaciones de noticias estarán cobrando por sus contenidos”. L. Gordon Crovitz, fundador de Journalism Online, aseguraba en una entrevista con EL PAÍS que los accesos gratis a la información en Internet tienen los días contados -”el modelo de negocio actual de acceso libre al contenido en Internet claramente no funciona”- y apostaba por uno mixto: “El futuro será una combinación de modelos de pago y gratuitos. Los consumidores pagarán directamente y también habrá modelos en los que distribuidores de distinta naturaleza, como los libros digitales, pagarán royalties”.

Los últimos movimientos apuntan en este sentido. Siguiendo el ejemplo de Murdoch, The Economist, la revista financiera más prestigiosa del mundo, acaba de anunciar que cerrará su web y dejará de ofrecer noticias gratuitas, como venía haciendo desde septiembre de 2006. En seis meses, organizarán un nuevo modelo que puede estar basado en los micropagos.

El diario francés Libération que, desde su ideología de izquierdas se ha caracterizado por la defensa del “todo gratis” también ha cedido por el mal momento financiero que atraviesa. Desde ayer, ha puesto una parte de su edición electrónica de pago, mediante dos tipos de abonos. El básico -Essentiel, a seis euros mensuales- permite acceder al contenido del diario de papel en formato PDF, a los archivos de los últimos 15 años y otros servicios; el Première, a 12 euros, da acceso a la edición a medida que se van cerrando las páginas en el diario.

El caso de Libération no es aislado en Francia. Le Monde tiene una edición digital especial para abonados -también a seis euros mensuales-, al igual que Le Parisien (ocho euros) y el diario económico Les Échos (15 euros), mientras que Le Figaro y el semanario L’Express también preparan ediciones electrónicas de pago.

En el otro frente está Google. La empresa del buscador es el primer y, en muchos casos, único beneficiario de esa revolución del gratis total. Sus costes por agregar contenidos son casi nulos, y alimenta su negocio publicitario (Adsense y Adwords). El anuncio el pasado mayo de que Google añadirá publicidad a su agregador de noticias, Google News, levantó las iras tanto de las asociaciones de editores europeas y norteamericanas, que acusaron a la multinacional de lucrarse con el trabajo ajeno y sin su permiso.

A Google no le conviene el enfrentamiento directo contra toda la prensa mundial. Por eso, ha iniciado en los últimos meses un movimiento de acercamiento. La empresa podría estar preparando un sistema de pago online que permitirá que los periódicos puedan cobrar a sus lectores por acceder a sus artículos, según ha señalado el centro de reflexión sobre los medios de comunicación de la Universidad de Harvard. Google habría presentado el proyecto a la Asociación de Periódicos de EE UU (Newspaper Association of America), después de que la compañía fuera requerida sobre la viabilidad del sistema. En la presentación de su proyecto enviado a la NAA, Google vaticina que “la publicidad seguirá siendo probablemente la fuente de ingresos más importante de las empresas de medios de información”, pero que “hacer pagar a los usuarios podrá proporcionar un suplemento de ingresos nada despreciable”.

Otro sector que ya ha sufrido una profunda transformación ha sido la industria musical. Tras presentar numerosas demandas contra portales y programas que facilitaban descargas gratuitas, ha empezado a consolidar estrategias adaptadas a conciliar las posibilidades que ofrece Internet y con la rentabilidad económica, tras años en los que la descarga gratuita de música hizo tambalear los cimientos del sector discográfico. Páginas de venta de música por Internet como Amazon y iTunes, que incluso ha superado en ventas a la cadena de tiendas Wall Mart, han experimentado un crecimiento notable y han dado lugar a nuevas modalidades de venta, distribución y consumo de contenidos musicales que impulsan a las discográficas a replantearse sus estrategias comerciales. Tras la caída de las ventas de CD en las tiendas, la tendencia dominante es la aportación de servicios añadidos y la fragmentación de contenidos: las ventas de canciones sueltas se imponen a las ventas de álbumes completos. La compra en tiendas virtuales se impone a la venta física de CD.

Durante 2008, se comercializaron 1.400 millones de temas por la Red, el 24% más que en 2007. Desde ese año, el crecimiento ha sido espectacular. Hace dos años la venta de música en Internet sólo representaba el 20% de todo el mercado. Y un estudio de la prestigiosa consultora NPD indica que las ventas de música a través de portales como iTunes o AmazonMP3 sobrepasarán las de los compactos en 2010.

Pero el mercado no deja de evolucionar y las descargas han dejado paso al streaming, la reproducción de contenidos en web sin necesidad de descargarlos. El éxito de servicios de reproducción online como Last.fm, Yes.fm o la sueca Spotify han revolucionado el mercado y han hecho que el streaming se consolide como la opción preferida de los consumidores. Spotify es un radio adaptada a Internet, que nació del acuerdo entre sus creadores y las grandes discográficas. Ofrece una modalidad gratuita, con breves cuñas publicitarias, que incluye una amplia biblioteca musical y permite al usuario confeccionar listas con sus temas preferidos. Cuenta también con una opción de pago sin publicidad y una colección más extensa de canciones. “Los jóvenes piensan en YouTube y MySpace como los lugares donde oír música al instante, y los nuevos dispositivos son capaces de ofrecer acceso a lugares como Pandora o Last.fm, que funcionan como radios personalizadas”, aseguraba Eliot Van Burskik, de Wired.

Otra de las últimas iniciativas surgidas en el sector en los últimos meses, ha sido la presentada Virgin Media, que planea un servicio de descargas que “por el precio de un par de discos al mes” permite al usuario acceder a todo el catálogo disponible, sin ningún tipo de límites. Los temas ofrecidos por la empresa del magnate Richard Branson, que ha sellado un acuerdo con el mayor proveedor de música en el mundo, Universal, no estarán protegidos con DRM (Digital Rights Management), el sistema anticopia.

El éxito de estas iniciativas, incluso entre una audiencia que se estaba acostumbrando a no pagar por tener las últimas novedades antes de que salieran al mercado, parece que marcará la pauta del futuro de la industria, y no sólo de la discográfica. Daniel Ek, fundador de Spotify, sostiene que ese futuro está en “en el acceso no en la propiedad”. “En el futuro a los consumidores les dará igual tener o descargarse canciones. Lo que quiere es acceder a ellas”.

Las discográficas llevan años ensayando los sistemas de pago pero hay otros sectores que se han mostrado menos activos. La industria audiovisual observa como las redes P2P, como Torrent o Emule, el streaming y las descargas directas, que proporcionan páginas como Rapidshare o Megaupload, son cada vez más utilizadas. Las descargas por esta vía se han duplicado por segundo año consecutivo, según un informe publicado por Big Champagne.

El sector cinematográfico no quiere quedarse atrás y en las últimas semanas se ha hecho pública la alianza entre Paramount, Lions Gate y Metro Goldwyn Mayer para lanzar al mercado Epix, un servicio de películas de alta definición en streaming que ofrecería los últimos estrenos de cine bajo suscripción en un paso más de la integración del cine en la Red. El sistema se comercializará al mismo tiempo que el pay-per-view y antes que la edición en DVD. En España, empiezan a ver la luz los primeros proyectos de pago similares como Filmotech.

Youtube, el portal gratuito que revolucionó la forma de ver vídeos en la Red, también ensaya fórmulas de pago y negocia con algunos de los grandes estudios de Hollywood la distribución de películas bajo la fórmula de alquiler similar a la que ya emplea iTunes, a un precio de 3,99 dólares, según recoge The Wall Street Journal.

El fenómeno no es ajeno a los intentos de frenar las descargas gratuitas. Reino Unido ha planteado la posibilidad de cortar la conexión a los usuarios que descarguen contenidos protegidos con copyright y Francia, tras intensos debates en el Parlamento, ha aprobado una ley para imponer multas de entre 1.500 y 3.750 euros a los usuarios. En España, donde la descarga de archivos por programas P2P no se considera delito, cualquier medida debe surgir del acuerdo entre operadores, industria cultural y Gobierno, hasta ahora sin resultados. En vez de esperar, los proveedores de contenidos ya están cambiando el paso.

Manifiesto sobre el nuevo periodismo

Un grupo de periodistas y bloggers alemanes ha lanzado un manifiesto sobre el periodismo en Internet, que ha generado un intenso debate en la profesión. Éstos son sus postulados:

1) Internet es diferente. Los medios deben adaptar sus métodos de trabajo a la realidad tecnológica en lugar de ignorarla o cuestionarla.

2) Es un imperio mediático tamaño bolsillo. La web reorganiza las estructuras mediáticas trascendiendo antiguas fronteras y oligopolios. La publicación y distribución de los contenidos ya no está vinculada a fuertes inversiones.

3) Internet es nuestra sociedad y nuestra sociedad es Internet. Si las compañías mediáticas quieren sobrevivir, tienen que entender el mundo de los usuarios y asumir sus formas de comunicación.

4) La libertad de Internet es inviolable. Bloquear el acceso a Internet corrompe nuestro derecho fundamental a acceder a un determinado nivel de información.

5) Es la victoria de la información. Los ciudadanos pueden informarse ahora mejor que nunca.

6) Los cambios de Internet mejoran el periodismo. Ahora puede cumplir su vocación socioeducativa de una nueva forma. Quienes quieran sobrevivir necesitan nuevos ideales, nuevas ideas y ganas de explotar este potencial.

7) La Red requiere trabajo en red.

8) Hay que recompensar por links o por ser citado.

9) Internet es el nuevo lugar para el discurso político.

10) La libertad de la prensa significa libertad de opinión.

11) Más es más. No hay nada mejor que demasiada información.

12) La tradición no es un modelo de negocio. Los contenidos periodísticos en la Red pueden ser rentables, pero deben adaptar sus estructuras. El periodismo precisa competir abiertamente para lograr buenas vías de refinanciación en la Red, además de coraje para invertir en la puesta en marcha de esas soluciones.

13) El copyright se ha convertido en un deber cívico en Internet. Es el eje de la organización de la información en la Red. No se debe usar como excusa para salvaguardar mecanismos de suministro obsoletos y cerrar nuevas vías de distribución o licencias. Pero la propiedad implica obligaciones.

14) Internet tiene muchas monedas. Los servicios periodísticos on line financiados a través de anuncios ofrecen contenidos con un efecto multiplicador.

15) Lo que aparece en la Red permanece en ella.

16) La calidad es la cualidad más importante. Los usuarios se han vuelto muy exigentes en este sentido.

17) Todos para todos. La generación Wikipedia sabe valorar la credibilidad de una fuente. No busca al periodista que lo sabe todo, sino que comunique e investigue.

septiembre 11, 2009 Publicado por | Internet, medios de comunicación, reportaje | Dejar un comentario

>El Papa visita los sitios santos de Jerusalén bajo una lluvia de críticas

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AGENCIAS – Jerusalén – 12/05/2009

El discurso sobre el Holocausto nazi pronunciado el lunes por el papa Benedicto XVI en Jerusalén generó decepción y creó polémica este martes en Israel, donde se le reprochaba la “frialdad” y la “abstracción” de sus palabras. “Omitió mencionar que los alemanes o los nazis participaron en la matanza, y no tuvo una sola palabra para pedir perdón o por lo menos expresar remordimiento o compasión por las víctimas”, lamentó el rabino Meir Lau, presidente del Memorial del Holocausto de Jerusalén.

A las voces críticas se ha sumado la del presidente del parlamento de Israel, Reuven Rivlin, que acusó a Benedicto XVI de mostrarse alejado del sufrimiento judío en el Holocausto nazi, elevando el tono de una visita que ya antes de comenzar había despertado polémica. “No fui al Memorial para oír una descripción histórica del Papa sobre los hechos comprobados del Holocausto, sino con la esperanza de que pediría perdón por nuestra tragedia, debida principalmente a los alemanes y a la Iglesia. Desgraciadamente, no hubo nada de eso”.

Rivlin no estuvo presente en las otras ceremonia oficiales de Benedicto XVI en Israel, reconociendo su “malestar” en presencia de un ex miembro de las juventudes hitlerianas y del Ejército alemán del que desertó en 1944.

En este sentido, el portavoz vaticano, Federico Lombardi, ha tenido que salir de nuevo en defensa del Pontífice. En una primera reacción insistió en que Benedicto XVI jamás perteneció a las juventudes hitlerianas. Pero posteriormente reculó y dijo que el Papa había sido enrolado en contra de su voluntad y aseguró que no participó activamente en el movimiento juvenil nazi. “Él fue enrolado involutariamente en las juventudes hitlerianas pero no tuvo una participación activa. Las juventudes hitlerianas no es una expericencia significativa en su vida porque no fue un participante activo. Fue algo que tuvo que hacer”, aseguró Lombardi.

El mismo Papa, cuando era el cardenal Joseph Ratzinger, mencionó en un libro en 1996 que perteneció a la Hitler-Jugend.

Lugares santos

En su segunda jorrnada de visita a la región, el Papa ha pronunciado un discurso en la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén y posteriormente se ha dirigido al Muro de las Lamentaciones y al el Cenáculo, donde Jesús celebró la Ultima Cena, los sitios más sagrados de Jerusalén, el corazón del conflicto palestino-israelí.

Durante unos segundos, Benedicto XVI ha rezado en el lugar más sagrado de los judíos. También ha colocado una petición, como acostumbran a hacer los judíos entre las ranuras de sus antiguas piedras, y ha leído un salmo en latín, acompañado de un rabino que lo hizo en hebreo. Además, celebró una misa en el valle de Josafat, en las faldas del Monte de los Olivos, otro lugar relacionado con la historia de la Salvación.

Esta es la segunda vez que un Papa visita el recinto sagrado judío, después de que Juan Pablo II lo hiciera en el año 2000 durante su peregrinación a los Santos Lugares con motivo del Jubileo de la Iglesia Católica.

Ante los grandes rabinos de Jerusalén, el Papa ha dicho que quiere profundizar en la comprensión de la Santa Sede con Israel y el pueblo judío en todo el mundo. Benedicto XVI ha recordado la importancia del Concilio Vaticano II, que fue reimpulsado en el año 2000 por Juan Pablo II, y que ha permitido difundir que los cristianos y los judíos tengan una fase inicial de acercamiento que abre un sólido camino. “La Iglesia Católica está indisolublemente empeñada por seguir el camino del Concilio Vaticano II para una auténtico y verdadero diálogo”, ha dicho el Pontífice, informa Miguel Mora.

Polémica en Belén

Mientras tanto, Belén, a ocho kilómetros de Jerusalén, se prepara para recibir este miércoles al Papa al otro lado del muro. Hay apisonadoras que asfaltan las calles a contrarreloj y jóvenes transportando banderas y pancartas. En la ciudad, cuna del cristianismo por el nacimiento de Jesucristo, solo quedan un 15% de cristianos, informa Juan Miguel Muñoz.

Israel no ha permitido que los palestinos celebren un acto con el Papa en el lugar que deseaban porque se vería el muro de cemento, una torreta militar y una puerta con una llave que simboliza el derecho al retorno de los refugiados. Benedicto XVI tiene previsto reunirse mañana con el presidente palestino, Mahmud Abbas. Pero el presidente Peres invitó este lunes a la familia del soldado Gilad Shalit, cautivo en Gaza a manos de Hamás, y ha repartido folletos en los que se presenta a dos víctimas cristianas del terrorismo fallecidas en 2003.

mayo 13, 2009 Publicado por | Iglesia, reportaje | Dejar un comentario

>Ahmadineyad el irritante

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Por ÁNGELES ESPINOSA (ElPais.com, 26/04/2009)

La perorata antiisraelí y antisionista de Mahmud Ahmadineyad en Ginebra, el lunes pasado, no fue una sorpresa para nadie, mucho menos para los judíos de Irán. Esta minoría ha visto cómo, desde que llegara al poder en 2005, el presidente de su país cuestionaba una y otra vez el Holocausto, sin la menor consideración hacia sus sentimientos. De poco ha servido que sus representantes le afearan su conducta. Ahmadineyad, que parece disfrutar cada vez que irrita a Occidente, ha encontrado en ese asunto una vía automática de lograrlo.

Y, sin embargo, los 20.000 judíos de Irán constituyen la mayor comunidad de esa confesión en Oriente Próximo fuera de Israel. La República Islámica se jacta de que los judíos, como el resto de las minorías religiosas -a excepción de los bahaís-, tienen libertad de culto e incluso disponen de un escaño reservado en el Parlamento. En Teherán, donde se concentra el grueso de la comunidad, cuentan con tres sinagogas, tres escuelas, una organización para la enseñanza religiosa y un hospital, la mayoría de cuyos empleados y pacientes son musulmanes.

¿Por qué, entonces, la fijación de Ahmadineyad? “Su objetivo es estar en la primera página de todos los periódicos”, declara el analista Saeed Leylaz, muy crítico con el actual Gobierno iraní. “Busca la popularidad ante las elecciones del próximo mes de junio”. Aunque, como afirmaba un editorial de este periódico, “Ahmadineyad no ha ido a Suiza a defender la suerte de los palestinos”, los comicios presidenciales tampoco lo explican todo. Muchos iraníes le critican que dedique más tiempo a la cuestión palestina que a resolver la crisis económica que atraviesa su país.

“Ha sido una provocación en toda regla”, interpreta un embajador europeo en Teherán. En medios diplomáticos occidentales, el tono de la intervención de Ahmadineyad se lee en el contexto más amplio de la reciente oferta de diálogo de EE UU. “Mientras (Barack) Obama les ha tendido la mano, los dirigentes iraníes responden con lo de Ginebra, con una conferencia de fiscales que acusa de crímenes contra la humanidad a varios responsables israelíes y con el encarcelamiento de una periodista estadounidense”, afirma la fuente.

La demonización de Israel constituye uno de los pilares de la Revolución Islámica de 1979. No obstante, con el paso del tiempo y la realpolitik que siempre ha caracterizado a los dirigentes iraníes, ese elemento, como el antiamericanismo, se había convertido en un mero eslogan. Durante los Gobiernos del reformista Mohamed Jatamí incluso empezó a utilizarse el nombre de Israel en lugar de la nomenclatura revolucionaria de “entidad sionista”. Ahmadineyad ha significado una vuelta a los principios.

De ahí que algunos observadores estimen imposible la normalización con Estados Unidos. Significaría, más pronto o más tarde, la disolución de la República Islámica. Con todo, el lenguaje de Ahmadineyad en Ginebra fue más moderado que en ocasiones anteriores. En un cambio de última hora, que pilló por sorpresa a los intérpretes, sustituyó una frase en la que calificaba el Holocausto de “ambiguo y dudoso” por otra en la que denunció “el abuso del asunto del Holocausto”. Tampoco repitió la ominosa referencia a que Israel terminará borrado del mapa. Han sido más bien el momento y el lugar elegidos lo que puede complicar sus posibilidades de acercamiento a la superpotencia.

En cualquier caso, lo ocurrido en Ginebra muestra la brecha que existe entre Occidente y el resto del mundo sobre si el tratamiento de los palestinos por parte de Israel debe abordarse en un foro sobre racismo y xenofobia.

“No se estaba dirigiendo tanto a la comunidad internacional como a nosotros, los árabes”, ha escrito por su parte Tariq al Homayed en Al Sharq al Awsat. En gran medida, logró su efecto. La mayoría de los medios árabes ha atribuido a un sesgo pro israelí el boicoteo de una treintena de países al discurso de Ahmadineyad. “Da la impresión de que algunos intentan colocar a Israel fuera del alcance de la crítica, no sólo en Israel, sino en las poderosas capitales occidentales”, aseguraba un editorial del diario palestino Al Quds. Incluso el saudí Al Watan afirmaba que la actitud occidental es “imposible de entender, a menos que sea en apoyo de Israel en sus prácticas racistas contra los palestinos”.

Aunque muchos iraníes no comulgan con el estilo provocador de su presidente, ni siquiera los sectores más críticos del régimen han levantado la voz a su regreso de Ginebra. “Una cosa es el Holocausto, que no nos compete juzgar a nosotros, y otra la ocupación de Palestina, que es una política que no logramos entender”, señala el antes citado Leylaz. Incluso en la comunidad judía se subraya ese matiz. “El boicoteo de algunos delegados nos ha parecido una ofensa hacia el pueblo iraní”, manifiesta Cimmak Morsadegh, el representante judío en el Parlamento de Teherán. “Oír las opiniones de la otra parte no significa compartirlas, pero ese acto evidenció la política de doble rasero de ciertos países”, insiste antes de recordar que eso no ha sucedido cuando han intervenido ante foros similares personas como Idi Amín o Gaddafi.

Sin duda, la enemistad política y verbal entre Israel e Irán hace difícil casar la condición de judío con la de habitante de la República Islámica. Aun así, la comunidad judía iraní se aferra a sus raíces y siempre se ha negado a convertirse en arma arrojadiza contra las autoridades de su país. El malestar con el sistema que dejan entrever no parece muy distinto del de otros iraníes no musulmanes. Se sienten tolerados, más que parte integrante del sistema.

abril 26, 2009 Publicado por | Irán, reportaje | Dejar un comentario

>Una ciudad sin miedo

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Por SALVADOR CAMARENA – Ciudad de México – (ElPais.com, 26/04/2009)

Ciudad de México, 09.59, hora local (17.59 en España)
Daniel y Monia dejaron caer los brazos y con resignación exclamaron: “Cerrado, ya lo ves”. Son de Barcelona, una feria de arte los trajo a México pero no podrán entrar al Museo Nacional de Antropología e Historia. Ella toma fotos y él se rasca la calva. “Pues no lo sé, no sé qué haremos con el tiempo libre, pero mientras no cierre el aeropuerto, todo bien”, dice Daniel, de unos 50 anos.

10.00. Todo está más vacío
Son las diez de la manana. El corredor de los grandes museos del Paseo de la Reforma luce como si fueran dos horas mas temprano. Los mexicanos, muchos con mascarillas, hacen como que hacen vida normal pero todo esta más vacío. Parece un sábado de los de antes: menos atascos, menos histeria. Un sábado que se agradecería si no fuera porque cientos de actividades se han cancelado, y porque aún no sabemos qué rumbo tomará la emergencia decretada por las autoridades luego de que un brote de una rara gripe porcina se cobrara, oficialmente, más de 20 muertes en unas cuantas semanas.

10.02. 15 ramos de rosas
El pesero, como aca se llama a un bus de reducido tamaño, se ha ido llenando de a poco. Miguel trae dos docenas de ramos de rosas. Los vende a 4 euros cada uno, no sabe si hoy venderá igual. Está a punto de bajarse y dice que sí, que sí tiene miedo de contagiarse. No trae mascarilla pero “ya voy a comprarla”. Se baja pero antes dice que no sabe si venderá lo mismo que otros dias, sus 15 ramos habituales.

10.06. Tapabocas
De los 20 pasajeros, cuatro traen tapabocas, como acá se les dice a las mascarillas. Nadie los mira con curiosidad. Javier tiene un expendio de dulces y trae la mascarilla pero enredada al cuello. “Es que tenía tos, y cuando toso sí me la pongo, para proteger a los otros”.

10.13. Mascarilla azul
Primera parada. La villa de Guadalupe. Dicen que aquí se apareció la Virgen. El teniente (no quiso dar su nombre) es hoy aquí el más popular. Todos los autos se detienen. Él va a repartir 133.000 mascarillas. “La gente está agradecida, porque en las farmacias ya no hay”, dice y todos los claxonazos le reclaman. Ya tengo mi mascarilla. Es azul.

10.20. “Hay menos de la mitad de la gente”
“Para ser sábado hay menos de la mitad de gente”, se queja Carlos, un veinteañero que vende velas al pie de la rampa del templo más famoso de México. “Desde ayer vino menos clientela”, dice. Uno nunca quiere venir a la villa. Siempre está lleno. Siempre tumultos. Un gentío. Hoy es un buen día. Se camina sin tropezar.

10.25. Fieles con mascarilla
“Para que Dios ilumine a nuestros gobernantes sobre todo en estos momentos de enfermedades” dice un cura en el púlpito. “Oremos”, responden todos los fieles que llenan las bancas. Son unos dos mil. La mitad con mascarillas.

10.35. Hacer lo que no se debe nunca fue tan fácil
Jaime Márquez lleva 9 años como jefe de la estación del metro La Villa Basilica. “Sí está más vacía la estación”, dice. Presume de que a ellos les dieron guantes y tapabocas. Se muestra amable. Tanto que me estira la mano para despedirse. Chin. Se la estrecho. Uno no deja así como así a alguien que le tiende la mano. Mi hijo me va a regañar si se entera de que saludé a alguien de mano. Eso dicen que no hay que hacerlo ahora. Ni que decir de la fiesta a la que fui anoche. Los meseros con tapabocas. Pero 200 personas que se abrazaron, bailaron y todo. Normal. Pero no se debía. Todos risas. Hacer lo que no se debe nunca fue tan fácil.

10.46. Sin chilangos
Para ocultar la envidia, los chilangos, así nos dicen a los 20 millones que vivimos acá, decía que los chilangos que no salen de vacaciones para ocultar la envidia dicen que es deliciosa la ciudad vacía. Como la de hoy. El metro es una delicia sin chilangos.

10.50. A vuelta de rueda
Me llama un amigo. Va en su auto. Es un decir. Nuestra ‘M 30′, la salida hacia la zona de balnearios y la playa, hacia la Cuernavaca que el mismo Hernán Cortes disfrutaba hace cinco siglos, va a vuelta de rueda. “Parece que todos quieren irse”, me dice con enfado mi amigo. Él va a un bautizo. Se resigna.

11.01. La Traviata en el metro
No todo es solaz. Cada estación, cada parada, un vendedor, un merolico, un cantante. En este momento, le toca el turno a una cantante. Surreal. Interpreta un aria de La Traviata. Va en la segunda. La donna e mobile. Se llama Erika. No canta taaaan mal, pero lo hace a todo pulmón. Sin tapaboca. Pero es mediodía, hace calor. Así que no se agradece. Dos personas le dan una moneda.

11.04. Estación Hidalgo
No hay felicidad completa. La estación Hidalgo es, como siempre, una romería. Aquí sí hay una concentración. Aquí sí nos tocamos todos. ¿Irán a cerrar el metro como parte de la emergencia? Si tapiaron el fútbol, ¿por qué no cerrar la estacion Hidalgo?

11.23 ‘Clon Alta Calidad’
“Venta de DVD Clon Alta Calidad”, dice un letrero de piratería de películas. Es el colmo, ofrecen garantía de que son copias perfectas. Si compras más de cinco pelis te dan precio de “mayoreo”: 30 céntimos de euro cada una.

11.40. Piratería y cerveza
Cambio de sección. Ahora piratería musical. Más gente. Mucho más ruido. Igual escasez de tapabocas. Pero, eso sí se agradece, unos carritos de esos del supermercado con barriles de cerveza. Ya era hora.

11.46.Taxista sin miedo
Me subí a un taxi. Segunda cosa que no se debe hacer. Nunca tomar un taxi de la calle en Ciudad de México. Antonio, el taxista, parece buena gente. “La gente sí está preocupada. Una persona me contó que en el hospital donde trabaja una enfermera estaba llorando porque habían fallecido unas 160 personas”. Le digo que no, que sólo 20 comprobadas. “Las que han fallecido no las hemos visto, no nos han dado muestras”. Tiene un punto. Me lleva, según me asegura, a la mejor cantina del barrio. Se llama El correo de Ultramar. Ya dejó de tomar. Lleva dos meses de abstemio. “De 30 personas que se han subido a mi taxi, usted es el segundo que trae mascarilla. Pero no me da miedo”.

12.00. Rodeo
Será la mejor cantina del rumbo, pero o “el rumbo” es muy muy grande, o Antonio hace honor al apodo que tienen los taxistas: ruleteros, de tantas vueltas que dan. Estamos en la Bondojito, otro popular barrio. De esos que dieron origen a aquella canción de “Sábado Distrito Federal”. Mucha animación en la calle. Nadie tiene cara de “somos protagonistas de una noticia mundial”.

12.10. Los de siempre en la cantina
Si un defecto tiene la cultura etílica mexicana es carecer del concepto “tomar una caña”. Aquí uno se emborracha o prácticamente es abstemio. O quizá exagero. Pero de que me vendría mejor una caña que un tarro de cerveza, de eso no hay duda. Y menos una del tamaño que me pusieron: el doble que un vaso normal, lo que acá llaman “una chavela”. Salud. “Esto es como el chupacabras, se amedrentan los que quieran”, asegura Miguel, el cantinero. Dice que ayer vinieron los mismos de siempre. En la rocola canta Café Tacuba. Y el chupacabras fue un mito que, dicen, se inventó para que la gente dejara de hablar de la crisis en los noventa. Era un monstruo que comía cabras. Ayer a la radio llegaban llamadas con el mismo cuento. Gente que cree que el virus es un invento para que el PAN gane las elecciones venideras. Lo que hay que oír.

12.26. De vuelta al taxi
Antonio, el taxista, me espera afuera de la cantina. No aceptó pasar a tomarse una Coca-Cola. Sólo me pidió que le llevara un vaso con hielos, para su jugo de zanahoria que traía en una bolsa de plástico. Ya vamos rumbo a un mercado donde hacen brujerías y venden “remedios”. La ciudad vacía ya no lo es más. Biznez az olweis. Las calles llenas de autos. Antonio y yo estamos en ese extendido deporte que acá se llama “echar netas”. Sobre el alcohol: me dice que desde que es abstemio, hace 8 semanas, ya no ve fantasmas. “El alcohol ha matado más gente que la Segunda Guerra Mundial”. Esa es una neta. Eso es echar netas, decir ese tipo de frases. Yo asiento y digo: “eih”. Es decir, sí.

12.56. Nada hace la santería
Me siento ridículo en el mercado de Sonora con mi tapabocas. Soy prácticamente el único que lo porta. “Mire, de lo que vendemos aquí nada sirve contra este virus. Lo único que sirve es lo que trae usted. Un tapabocas”. La frase la dice Gloria Gonzalez, del puesto de santería “Botánica de Ifa y Yemaya”. Un puesto donde maniquís más morenos que Obama le clavan a uno la mirada de canica.

13.05. Fresno y rumores
Es el mercado más famoso de brujería en México. Vine a ver si la clientela había aumentado con la crisis del brote de gripe. Se ríe doña Yolanda con mi ocurrencia. Lleva 52 años vendiendo hierbas medicinales aquí y dice que la gente ha escaseado por la crisis económica. De cualquier manera recomienda: hay que poner hojas de fresno para conjurar “el mal ambiente de esta cosa tan grave que nos llegó”. En cambio, Gloria, con siete años en el mercado, dice que una amiga le aseguró que van de mil muertos por la crisis del virus. Pongo cara de que no. Me argumenta: los medios nunca dicen la verdad. Me voy antes de creerle que alguien que ella conoce, con tan sólo con que yo le diga mi nombre, me quitará de mis problemas. Demasiado tentador.

14.00. Sin batería y sin lavarme las manos
Me he quedado sin batería. Entro en un cibercafé para seguir enviando algunas líneas, y me doy cuenta de que no me he lavado las manos en casi cinco horas. Tercera cosa que hago abiertamente mal. Las autoridades se cansaron de repetir que uno se debe lavar frecuentemente las manos. Y pagué el café, subí al pesero, saludé al encargado del metro en la villa, toqué los tubos del vagón, pagué la cerveza, toco un teclado público. Y cero lavarme las manos.

14.30. En el barrio de Polanco
Yo desde 2002 ya sé que quiero ser de mayor. Quiero ser una viejecita del madrileño barrio de Salamanca. Pues así me siento cada vez que llego al chilango barrio de Polanco. Creo que es igual de fresa (pijo en España). Con mucho más jaleo, eso sí. Antonio me ha acompañado casi dos horas. Si esto fuera una nota de la última página de EL PAÍS pondría: Antonio. Taxista. Dos meses abstemio. Él unos hielos. Cero pesos. Yo una chavela de cerveza de barril. 50 pesos, o tres euros. Y ya me ha dejado en Polanco. Fueron en total 170 pesos por todo el trayecto. Diez euros. Y su promesa de que ya no va a tomar alcohol. En Polanco es un rico sábado, con la gente plácidamente caminando por sus arboladas calles. Más mascarillas, menos gente.

15.05. Rumores van y vienen
Dentro de dos horas las autoridades darán un parte de la crisis. De esta crisis sorda. Rumores van y vienen. Salvo las compras de pánico de mascarillas, han detenido a unos chavales por venderlas a tres euros, todo normal. Demasiado normal. Voy al aeropuerto.

16.05. Parada en Coayacán
El presidente dará un discurso. Dicen que Acapulco, a tres horas por carretera de Ciudad de México, está al cien por cien de su capacidad. Lo que nunca en estas fechas. Tomo un nuevo taxi, esta vez lo he hecho bien, he llamado y es un tipo confiable. Como Antonio, pero confiable desde el principio. Él confirma la sospecha: no ha tenido ni la mitad de trabajo que en cualquier sábado normal. El aeropuerto queda a 30 minutos. La mascarilla ya huele mal después de tanto respirar a través de ella.

16.30. Atasco como cualquier sábado
Que medio gabinete va a dar la conferencia pero no el presidente. Que es casi un hecho que no va a haber clases el lunes, el martes, el miercoles… Hasta sabe Dios cuándo. La ruta hacia el aeropuerto está cuajada. Como cada sábado. Un gran atasco. O más bien dicho, un rasgo de normalidad, quién lo diría, que tranquiliza. Ya casi llegamos. Este taxista cobrará el doble, 20 euros, por menos de la mitad del tiempo del que me condujo Antonio. El sobreprecio implícito en la seguridad.

18.05. El equipo más popular
“Hasta ahora controlable”. Eso dice el folleto que a uno le dan en el aeropuerto. Eso dice, en negritas, negrillas, “bold”, o como ustedes quieran decirle, subrayado, enfatizado. Destacado. Estamos ante la presencia de un nuevo virus de la influenza, lo cual constituye una epidemia respiratoria (empiezan las negritas) hasta ahora controlable (terminan las negritas). Por lo anterior te pedimos que respondas esta encuesta que te ayudará a conocer si estás enfermo. Nombre _____ Edad _____ Ha presentado: Fiebre superior a 39 grados centígrados Sí No Tos Sí No Dolor de cabeza intenso Sí No Dolores musculares Sí No Dolores de articulaciones Sí No Irritación en los ojos Sí No Flujo nasal Sí No En caso de presentar (empiezan negritas) todos (terminan negritas) estos síntomas, (empiezan negritas) te recomendamos posponer tu viaje y visitar al médico (terminan negritas). El aeropuerto está en paz. Sólo resultan vistosos unos aficionados del Guadalajara, el equipo que sólo alinea mexicanos. Verán llegar a su escuadra. Lo verán jugar a través del televisor. Porque el estadio está cerrado. Los estadios, los museos, los teatros….

19.15. Abreviando misas
Este sábado sabe a domingo. De regreso del aeropuerto, a buena velocidad, no pasa ni un minuto sin que haya alguien con tapabocas. Acaban de decir en la radio que en las misas de manana la hostia será dada en la mano. Y que durarán poco, para que la masa no dure mucho. Y que usarán el atrio, para menores riesgos. Está por comenzar la rueda de prensa del ministro de Salud.

19.50. A boca descubierta
El personal de la residencia oficial de Los Pinos prácticamente no trae mascarillas. La conferencia se ha retrasado varias veces. Hay casi un centenar de periodistas y camarógrafos. Afuera el cielo se ha nublado. Los reporteros tampoco andan, en su mayoría, con tapabocas. Bromean. Un cámara finge estornudar y la mayoría ríe abiertamente. La conferencia está comenzando. Son cuatro ministros. Son corbata.

20.20. Habla el ministro
Contingencia inedita, arranca el ministro de Salud, Jose Ángel Córdova. Sigue el numero oficial de 20 decesos. Se investigan otros 61. Hay evaluacion sobre 1324 personas enfermas, pero NO comprobados. Suspende el ministro de Salud todas las actividades escolares lunes y martes en el DF, en el Estado de México y en San Luis Potosí. Tentativamente habría clases el miércoles 6 de mayo. Lo que pasa es que el 1 de mayo es inhábil. El 5 también. Así que, explica el ministro de Educación Alonso Lujambio, sólo se perderán tres jornadas escolares, sin poner en peligro, dice el ministro Lujambio, el curso.

20.46. La gran incógnita
¿Por qué se mueren aquí y no se mueren en Estados Unidos?, le pregunta al ministro Córdova el reportero de la AP, que ya tiene dos décadas viviendo en México. Se hizo un breve silencio incómodo. El funcionario confirma que es el mismo virus, el de los mexicanos y el que se ha presentado en EE UU. Asegura que no está extendido a todo el país. Y que la incidencia de casos es en personas de 20 a 50 años. Finalmente, contesta por qué la muerte nos azota de este lado del río Bravo: no sabemos todavia, aquí no se han muerto niños, asegura, y el ministro se pregunta en voz alta si los ninos son más resistentes a este virus. Todos prácticamente en la sala tenemos entre 20 y 50 años.

21.48. Más solo que un Viernes Santo
Los esquites son granos de maíz cocidos que, aderezados con limón, chile y otros menjunges, como mayonesa de sabores, se venden en vasos de plástico afuera de las iglesias y en las plazas concurridas. En las Lomas de Chapultepec, un barrio de grandes residencias, al caer la noche esto está más solo que un Viernes Santo. El esquite no está mal, demasiada sal quizá. Pero los dos despachadores son adultos mayores, amables detrás de sus mascarillas. Su puesto de esquites está frente a una iglesia. El arzobispado aún no decide si manana cerrarán los 500 templos de esta ciudad.

22.05. 666
Jorge, un amigo al que le gustaría trabajar en un tabloide, me manda por chat el siguiente mensaje. “Imagínate esta portada para un periódico: 6 de mayo, regreso a clases. 6 mil millones pesos para combatir la epidemia (unos 350 millones de euros, de eso dispone el Gobierno). 6 millones de tapabocas repartirá el Ejército en el Distrito Federal. Los “6″ en tipografía grande”. Y eso que cuando Jorge me envió su portada virtual no sabía que los servicios religiosos se suspenderán este domingo. En este país, la última vez que no hubo misas fue por una revuelta, llamada La Cristiada, donde murieron miles, hace 80 años. Nada que ver los motivos, afortunadamente. Pero apuntemos la fecha: el domingo 26 de abril no habrá misas. Amén.

23.00. En la Condesa
El Pata Negra nació en un garaje de 6 X 6 metros en una discreta calle de la Condesa, el barrio de más bares y restaurantes en la calle. Gracias a unas sabrosas tapas y a una respetable selección de vinos y cervezas, a los pocos meses era un éxito total. Hoy el Pata Negra ocupa una esquina estelar del ruidoso enclave. Los sabados es imposible entrar. Y una vez adentro, imposible caminar. Dicen que ese es su atractivo. (!!!) A esta hora, hoy también es imposible entrar al Pata Negra. Cerraron. Atendiendo a la petición de las autoridades la fiesta se apagó. Estan cerrados el 50 friends (pizzeria), el bar Zydeco, el pub Celtics. La avenida Tamaulipas está a media luz. Si están abiertos el restaurante de mariscos Litoral (las mejores tostadas de jaiba y el mejor bartender, Vidal, de la Condesa). Tambien está abierto el Starbucks, pero quién quiere meterse ahí en esta, la tercera noche de la alerta epidemiológica en el Valle de México. Los meseros dicen que es cuestión de minutos que empiecen a cerrar más locales en el barrio que tiene 15 años como centro de la movida.

24.00. Una Madison Avenue desierta
La Ciudad de México tiene una calle que quiere competir con Madison Avenue o con la madrileña calle Serrano. Pero con muchos más restaurantes y bares. A diferencia de los locales de la Condesa, donde se oferta lo alternativo, en la avenida Masaryk, como se llama nuestra calzada del lujo y principal arteria del barrio de Polanco, hay boutiques de renombre y otras que a codazos quieren ser consideradas como tales. Lo mismo pasa con los restaurantes y con los bares de esa zona. Comer aquí puede llegar a costar lo mismo que en sitios selectos de Nueva York o Madrid. Esta medianoche, al cumplirse 48 horas justas de que se declarara la alerta, las criaturas de la noche se han esfumado. Todo Masaryk y alrededores está cerrado. Desde las taquerías hasta los asadores, cerrados. Los japoneses y los de mariachis, con la cortina abajo. Apenas alcanzo un sushi en el supermercado. Pero más que ver Masaryk como si fueran las cuatro de la mañana cuando apenas son las once y media de la noche, sorprende ver anaqueles vacíos, en concreto los de los antigripales y las vitaminas: están volando. A punto de cerrar esta crónica por hoy ocurre algo. Está comprobado que un amigo, no un compadre, pero sí un buen tipo con el que he comido y desayunado varias veces por cuestiones de trabajo, ha caído en el hospital y sí, es por influenza porcina. Está reaccionando bien a los medicamentos, me dicen. Les creo y me conforta que así sea.

abril 26, 2009 Publicado por | México, reportaje | Dejar un comentario

>Niño, el dinero no salía gratis del cajero

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Por ANA PANTALEONI (ElPais.com, 22/04/2009)

“Les enseñaremos a vivir, a estirar el brazo menos que la manga. Habrá menos regalos, pero más fantasía”. El popular economista Leopoldo Abadía explica así lo que enseñará a sus nietos sobre la crisis económica, que también la sienten ellos en casa y en el colegio.

¿Existe una oportunidad? ¿Servirá la crisis para cambiar el patrón de consumismo infinito que ha marcado a las últimas generaciones de adolescentes de clase media y alta? “Ésta es la expectativa que tenemos en el ámbito de la psicología, que la crisis económica sirva como modelo de aprendizaje de que los indicadores de bienes y marcas no pueden ser aspectos sobre los cuales el sujeto pivote su autoestima”, explica Marina Romeo, doctora en Psicología Social de la Universidad de Barcelona. Romeo proyecta la idea de que la satisfacción se vuelva menos material, es decir, erradicar el “yo soy más porque tengo esta marca”.

La crisis puede ver nacer una nueva generación de menores más conscientes del valor de las cosas y en los que el deseo vuelva a tener un papel. El psicólogo Enrique García Huete explica que la crisis es una oportunidad para transformar el deseo en motivación y esfuerzo.

Vivir con menos. Ésa parece ser la lección que deben aprender los escolares de clase acomodada y todos los demás. “La necesidad nos obliga a ser sobrios, aunque hay padres que todavía son inconscientes y no abren los ojos de los niños para que realmente vean lo que cuestan las cosas”, dice Nuria Chinchilla, profesora del IESE y directora del Centro Internacional Trabajo y Familia.

“Los padres pueden aprovechar la crisis para educar a sus hijos, y los adolescentes pueden aprender a vivir como siempre. No es obligatorio tener un MP3″, explica Abadía, sentado camino a Valencia para firmar libros. Su obra, La crisis Ninja y otros misterios de la economía actual, va por la novena edición.

¿Qué hay que contarle al niño? “Todo el rollo que yo cuento no se lo contaría, aunque sí le diría que tenemos que plantearnos gastar menos; que es un momento en que las cosas en todo el mundo van peor, que en todos los países hay menos dinero que antes”, dice Abadía.

La mamá le enseña un precioso camisón que se acaba de comprar. Su hijo Pepe, de cinco años, que últimamente no para de oír en casa palabras como alquiler, hipoteca, créditos o propiedad, le salta: “Mami, ¿pero es tuyo o es de alquiler?”.

A los 11 años, Roger sabe mucho sobre la crisis económica. Se lo lee todo, lo escucha todo. “Estoy muy preocupado por Islandia”, explica el niño. “Era uno de los países más ricos y ahora ya no. Se está empobreciendo”. Roger quiere ser astrónomo, lee los periódicos diariamente y ve los informativos de las televisiones. Sus amigos, no. Pese a la hondura de la crisis, Roger, sin embargo, está contento. “Tengo la hucha superllena. Casi no gasto”.

La crisis económica ha llegado a las aulas de las escuelas, a la ESO y hasta el parvulario. Los niños sienten la crisis, la dibujan, la escriben y la sufren. Si el tema no sale en casa, lo ven en la televisión o lo escuchan en el patio del colegio; pero la mayoría vive la crisis en el hogar.

“Muchas veces no pensamos que el niño forma parte del núcleo familiar. Los adultos, en ocasiones inconscientemente, les dejamos a un lado”, critica Encarna Salvador, secretaria general de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (Ceapa). “Hay que contarles la verdad, pero también intentar que el clima en casa no resulte irrespirable”.

Con una tasa del paro del 13,91%, muchos niños ven que algún familiar está desempleado, que su padre o su madre se han quedado sin trabajo, o los dos (en un año hay 385.500 hogares más con todos sus miembros desempleados, de un total de casi un millón). Todos los niños han oído que hay que apretarse el cinturón.

“Sanitariamente esta crisis afectará poco porque estamos en un país que tiene las necesidades cubiertas”, dice el médico de familia Pedro Cañones. “Lo que sí que hay es un cierto problema sociosanitario. Estamos en una sociedad con muy poca tolerancia a la frustración y los adolescentes son el vivo ejemplo. Muchos de estos chavales, ante la frustración de no tener lo que podían tener antes, les puede llevar a comportamientos anómalos”.

La asignatura de Historia del Mundo Contemporáneo se salta hoy el temario del libro. Josep Maria Pérez, profesor de primero de Bachillerato y director del instituto Infanta Isabel de Aragón, de Barcelona, anuncia: “Hoy hablaremos de la crisis”. Silencio. “Queremos saber qué pensáis de la crisis que estamos viviendo”. Silencio. “La crisis también la vamos a sufrir aquí. No lo notaréis en la calefacción, pero puede ser que el año que viene se supriman algunos grupos de asignaturas minoritarias”. Ahora les toca el corazoncito. “Mi madre no me dice tanto que vayamos de compras”, cuenta Irene sentada en la tercera fila de la clase. “Para ir al cine te dejas 20 euros”, se queja Lorena. “La crisis es una putada”, susurra una compañera. Albert da argumentos académicos y todos escuchan: “Los bancos dieron hipotecas y préstamos a gente que sabían que no podían pagar y éstos se hicieron casas que no podían pagar”. Es la tesis Ninja.

Con crisis o sin ella, un hijo es una fuente inagotable de gasto. Así lo refleja el estudio Lo que cuesta un hijo (2006), de la Confederación Española de Organizaciones de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios. Un ejemplo: la compra de pañales y productos cosméticos para el bebé representaba en el año 2000 un coste medio anual de 102.000 pesetas (613 euros). Si aplicamos el incremento del IPC, el gasto actual debería ser de 766 euros; sin embargo, lo que ahora destinan las familias por esos mismos productos son 1.200 euros. Eso es sólo cuando es un bebé. Se calcula que un hijo cuesta desde que nace hasta que cumple 18 años entre 100.000 y 300.000 euros.

No hay que salir de casa para palpar la situación. Los progenitores han aplicado el efecto euro a partidas más o menos voluntarias. En la paga es donde más notan la crisis los adolescentes. Francisco Iniesta accede a hablar como profesor de la escuela de negocios IESE, pero acaba hablando como padre de seis hijos: “Me sorprende lo conscientes que son; es un tema diario de conversación, aunque por supuesto también les aburre. Los hijos mayores son capaces de entender el esquema de las hipotecas basura“.

Los niños, según Iniesta, han visto en los últimos tiempos cómo se les reducía la lista de gastos, cómo se aplazaba la reforma de la casa, de qué forma se alargaba la vida de la ropa y se pasaba a consumir alimentos más sencillos.

Desde comienzo de curso, sólo en Cataluña, uno de cada cinco niños de guarderías privadas ha dejado de comer en el centro. La comida y la merienda en casa les supone a los padres un ahorro de aproximadamente 150 euros mensuales.

Dolors Petitbo, jefa de sección del Departamento de Psicología del hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, explica que de momento no llegan consultas específicas sobre el tema porque la sociedad es suficientemente madura para afrontar la situación. “Probablemente habrá una bajada a la realidad que será positiva. Los adolescentes lo ven como un toque de alerta, y se quejan porque los padres les dan menos dinero”, explica esta doctora.

La televisión es la principal fuente de información que tienen los jóvenes sobre la crisis, aunque también Internet. “Es de aquellas cosas que oyen continuamente, pero internamente no tienen resonancia de tragedia”. Hasta que el desempleo entra en casa. “Lo que hemos notado es que muchos progenitores están en paro. Hay chicos con inquilinos en casa, con dificultades para pagar el material escolar, aunque la crisis no es un tema de conversación entre ellos”, afirma Alejandra Calvo, monitora de integración del instituto Pío Baroja de Madrid. “Si la familia se desestructura es cuando repercute en el rendimiento escolar del niño”, añade Jacinta Herreros, profesora técnica de servicios a la comunidad del mismo centro.

De momento, no hay ningún estudio que muestre cómo afecta la crisis a los escolares. “Aunque no es el único, el factor económico es fundamental para el bienestar de los niños. Cuando uno de los padres se queda en paro genera una situación de incertidumbre. Las familias se reajustan y el clima familiar también se ve afectado”, explica Juan Ruiz-Canela, presidente de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria.

Crisis es oportunidad. No todo el mundo está de acuerdo con la frase o, como mínimo, hay expertos que apuntan que no se está aprovechando. “La crisis lo que acaba planteando es que va a ser una situación para apretarse el cinturón, pero eso no hay que confundirlo con una voluntad de vivir con una cultura de consumo diferente”, opina Víctor Renes, responsable del Servicio de Estudios de Cáritas.

Para Cañones, los adolescentes no son conscientes de lo que está pasando. “Tampoco creo que funcione como idea colectiva; mis padres vivieron la posguerra y todas las estrecheces del mundo y la generación de mis hijos ya se ha olvidado. El ser humano no aprende de estas cosas”. La profesora Chinchilla considera que la época de la posguerra no es comparable a la situación actual: “Entonces la gente sufrió hambre. Ahora seremos pobres, pero no miserables”.

La psicóloga Petitbo y el economista Abadía coinciden en pronosticar que la crisis es un regulador que servirá para dar valor a las cosas. “Hay niños que siguen pensando que el dinero sale del cajero automático con sólo apretar un botón. Antes los niños sabían qué hacían sus padres y el esfuerzo que les suponía el trabajo. Ahora se habla poco de ese esfuerzo, sólo en las familias separadas se oye hablar de gastos y dinero”, explica la psicóloga.

“En muchas conversaciones entre adolescentes hablan de la crisis como algo alejado de ellos, pero que tienen que soportar como tantas otras cosas de los adultos”, argumenta el psicólogo y escritor Xavier Guix. “Hay que explicarles la realidad familiar pero sin dramatismos ni culpabilidades. Eso no significa ahorrarles la preocupación y hacer ver que no pasa nada”. Abadía rompe una lanza en favor del optimismo recalcitrante: “De la Guerra Civil española tengo un buen recuerdo gracias a mi padre. Cuando sonaban las sirenas de los aviones me cogía a caballito y bajábamos al refugio cantando. Para mi padre seguro que era un momento amargo”.

Carol es de las madres que “machacó” a sus niños con el tema. Tiene dos hijos que son dos polos opuestos. Pepo, de 10 años, “introvertido, nada consumista, nunca pide nada”. Violeta, de ocho años, “nació consumista”. Y Carol aprovechó la crisis para rebajar esas actitudes consumistas. La respuesta de Carol era siempre “pídeselo a los Reyes”.

A la vuelta de las vacaciones de Navidad, la madre de Violeta recibió una llamada del colegio. Su hija Violeta había escrito una redacción sobre la noche del 24 de diciembre con el título ¿Llegará la Navidad? Contaba la historia de tres hermanas que se iban a dormir muy preocupadas porque, por culpa de la crisis, Papá Noel probablemente pasaría de largo.

abril 22, 2009 Publicado por | economía, reportaje, sociedad | Dejar un comentario

>Hablan los hijos de la revolución

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Por ÁNGELES ESPINOSA (El País.com, 01/02/2009)

Se cumplen tres décadas de la revolución islámica de Jomeini, y la mayoría de los jóvenes iraníes -el 70% de la población tiene menos de 30 años- se sienten frustrados y piden un cambio. Así piensan.

Quieren ser profesores, artistas, empresarios, fotógrafos, escritores, incluso clérigos y raperos. Todos aspiran a tener éxito profesional y una buena vida. También se quejan, como en cualquier parte del mundo, de que sus padres no les entienden, o de las dificultades para encontrar un trabajo que les permita independizarse. Los 25 millones de iraníes de entre 15 y 30 años, a quienes toca definir el futuro próximo de la República Islámica, constituyen un enorme potencial de cambio. Sin embargo, la Generación J (nacidos bajo Jomeini y educados bajo Jamenei), como la ha bautizado la escritora Delphine Minoui, vive frustrada ante la falta de visión de sus dirigentes y encorsetada por las restricciones que les imponen.

“¿Qué futuro nos espera cuando el Gobierno se inmiscuye en cada aspecto de nuestras vidas y ni siquiera nos deja trabajar con libertad?”, se pregunta Keivan M., un documentalista que en cada proyecto choca con la censura oficial. Sus amigos, todos entre los 20 y los 30 años, coinciden. Están hartos. A la crisis económica y la dificultad para encontrar empleos decentes, se suman las imposiciones de un sistema político que prohíbe la música moderna, el baile, las películas extranjeras o las relaciones entre los dos sexos. Desean poder expresarse sin restricciones, participar en la política, vivir según sus propias ideas, sin imposiciones.

Keivan, Peiman y otra decena de chicos y chicas han acudido a casa de la familia de Kambiz a pasar la tarde del viernes, el festivo semanal en Irán. Reunirse en casa de amigos es casi la única posibilidad de relacionarse con normalidad con el sexo opuesto. Las chicas pueden quitarse el pañuelo (aunque Mona no lo hace) y todos se relajan como si el mundo exterior no existiera. Es su burbuja de normalidad. Allí, cuando las frutas, los pasteles y el té, de obligado cumplimiento en cualquier reunión social, dejan paso a la cena, incluso se abre una botella de vino de fabricación casera. La mayoría no lo probará. El acceso a lo prohibido parece disminuir su apetencia.

“Sus deseos son los mismos que los del resto de los jóvenes, pero carecen de la posibilidad de llevarlos a la práctica; sólo pueden desear, y esos deseos incumplidos generan frustración”, explica Hosein Baher, un terapeuta especializado en problemas de la conducta. Aunque hayan nacido después de la revolución islámica, de la que este mes se celebra el 30º aniversario, y crecido alimentados por sus valores, la creciente exposición al mundo exterior a través de la televisión por satélite (ilegal) y, sobre todo, de Internet (muy filtrado) está sometiendo a la juventud iraní a una verdadera esquizofrenia vital.

Es difícil ser joven en la República Islámica. “No tenemos libertad”, coinciden la mayoría de los entrevistados. Y cuando los periodistas les preguntan por sus sueños, la idea de escapar de la realidad subyace a muchos de ellos. “Me gustaría tener alas para viajar a donde quisiera, probarlo todo y no ser de ninguna parte”, responde Sami M., que aspira a ser una gran escultora. Es una forma de evadirse ante la dificultad para tomar las riendas de sus vidas. “Siempre hay alguien que decide por nosotros”, resume un estudiante de idiomas.

Uno de los principales problemas que afronta la Generación J son las trabas al contacto con el sexo opuesto. “Después de la revolución, el modelo tradicional de matrimonio ha quedado desfasado”, admite Baher. “Los jóvenes ven los nuevos tipos de relaciones en las cadenas por satélite y en Internet, y les resultan atractivos, pero el sistema que tenemos les impide comportarse de ese modo”. Así que viven una discordancia porque ya no encajan en el modelo clásico y tampoco han alcanzado la modernidad. “Es como si hubieran dado un salto y se hubieran quedado suspendidos en el vacío”, describe el experto.

Ni la sociedad ni las leyes admiten las relaciones prematrimoniales. A la vez, la generalización de la educación superior entre las mujeres (ya suponen el 65% de los universitarios) ha contribuido, junto a las dificultades para encontrar trabajo, al retraso de la edad media de matrimonio. Hoy, las iraníes se casan a los 25 años, y los iraníes, a los 30, cinco más tarde que antes de la revolución. En consecuencia, proliferan arreglos no tradicionales como la sighé, o matrimonio temporal. Los sociólogos constatan un creciente abismo entre lo que se considera aceptable y lo que realmente ocurre. Se actúa a escondidas.

“Hacemos caso omiso de las prohibiciones, pero crea mucho estrés estar bordeando continuamente los límites de lo permitido”, confiesa un joven que ha dejado de salir a la calle con su novia para evitar que alguien les pare y les pregunte por su relación. Los vigilantes de la moral también se entrometen en su vestimenta, obsesionados con que las chicas cubran las formas de su cuerpo y no muestren ni un mechón de pelo, y con que los muchachos no lleven cortes occidentales (sic) ni camisetas demasiado ajustadas o con dibujos ofensivos. Las campañas de “seguridad social” constriñen sus ansias de singularizarse.

Elham B., profesora de inglés, da cuenta de ello. “Muchos de mis alumnos utilizan el inglés, o la transcripción del persa en caracteres latinos, para enviarse SMS y evitar que sus padres puedan entenderlos”, declara. Muchos se confían con ella porque, a sus 23 años, la ven como alguien que puede entenderlos. “No tienen aficiones; de ahí que perseguir a chicas en los centros comerciales (o ir a ser perseguidas) se haya convertido en su principal entretenimiento”, manifiesta. Para ella, se necesitan lugares donde los jóvenes puedan encontrarse y hablarse, algo que han reconocido incluso algunos clérigos, como el hoyatoleslam Jaffar Ardabili, cuyo Instituto Cultural y de la Familia parece una agencia matrimonial con otro nombre.

No sólo las relaciones personales están limitadas por la estrechez de la moral oficial. Las aficiones o la vocación de uno también chocan a menudo con el muro de las prohibiciones. A sus 23 años, Kamyar M. está a punto de concluir sus estudios de trompeta en el conservatorio y, sin embargo, no puede tocar. Al menos no lo que quiere y cuando quiere. “Este mes y el que viene no podemos hacerlo por ser meses de luto religioso, en ramadán tampoco”, se lamenta. Y cuando está permitido, sólo piezas clásicas. “Los profesores ni siquiera nos enseñan cómo abordar otro tipo de partituras”, añade mientras empieza a preguntarse si se equivocó al seguir los consejos de Babak Bayat, un famoso compositor local que fue vecino de su familia y le inició en la música.

Más difícil lo tiene Big Boy, nombre artístico de un chavalote de 19 años que dice encontrar en el rap la libertad que necesita para expresarse. Como ese estilo musical está proscrito, Big Boy y la veintena de sus colegas raperos están condenados a la clandestinidad, tanto para los ensayos como para las actuaciones “en fiestas privadas”. Por si eso no fuera suficiente, las autoridades tratan de desprestigiarles. “Hace poco, un programa televisivo utilizó una de mis canciones y dijo que el rap rinde culto a Satán”, se queja. La acusación de “desviados” puede tener consecuencias legales muy graves. Tal vez por ello evita señalar la causa de la prohibición del rap.

Otros no se cortan. “Mientras mande la religión no puede haber libertad, ambas son incompatibles”, asegura Pedram, estudiante de filosofía, a la vez que reconoce que su agnosticismo es bastante minoritario en Irán. Más representativo de su generación, M. E., recién licenciado en Medicina, se declara religioso, pero liberal. “Tampoco me gusta lo de Turquía, que prohíben el uso del velo; lo mejor es que cada uno pueda hacer lo que quiera”, manifiesta convencido de que el islam tampoco es lo que les imponen en su país. Sin cuestionar el sistema islámico, la generación posrevolucionaria reclama una cara más amable de la religión que rige sus vidas.

Claro que no todos están de acuerdo. Mohsen Shayegh Niknafs, licenciado en Literatura Persa, de 24 años, que estudia para ser clérigo en Qom, culpa del desempleo, la inflación y la falta de recursos de los jóvenes para formar una familia a las sanciones económicas de los países occidentales. “El pueblo iraní siempre ha sido un pueblo religioso”, afirma. Y recurre a una frase del ayatolá Hasan Modarres para definir el papel de la religión en la sociedad iraní: “Nuestra política es como nuestra religión y nuestra religión es como nuestra política”. Su deseo es que “Irán llegue a ser un modelo para el mundo”.

Como él, Kazem Haghanian, estudiante de matemáticas de 20 años, se muestra convencido de que “el sistema de Gobierno islámico es la mejor opción”, pero atribuye las dificultades de la juventud a los reformistas. “Hace 10 o 12 años, los jóvenes no tenían estos problemas y la revolución estaba encaminada hacia sus metas”, defiende. Haghanian, a quien el fotógrafo Fernando Moleres encontró en una manifestación de solidaridad con Gaza, se declara dispuesto a realizar una operación suicida contra Israel (“aunque eso no depende sólo de mí”, precisa) y asegura que su sueño es “el fin del sionismo y el establecimiento de un Gobierno islámico en todo el mundo”.

“La mayoría no opinamos así”, se apresura a aclarar Kambiz con el apoyo de Peiman y Keivan. No está claro qué actitud está más extendida, pero Haghanian parece darles la razón cuando se queja de que “muchos jóvenes van a fiestas nocturnas, pero sólo unos pocos participan en las asociaciones islámicas de las universidades”. Entonces, ¿por qué se imponen las normas de la minoría? “Porque no podemos elegir”, responden al unísono los tres amigos. “Nos presentan una lista de candidatos preseleccionados y nos dicen: elegid entre ellos, pero son todos lo mismo”, asegura el anfitrión. Desconfían del proceso político y se jactan de no haberlo legitimado con su voto. “Bueno, yo sí que voté una vez, a Jatamí, pero no sirvió para nada”, afirma Peiman.

Aun así, los conservadores movilizan importantes sectores de la sociedad, lo que se ve tanto en las manifestaciones políticas como en las ceremonias religiosas. “Es porque les han lavado el cerebro desde la escuela”, defiende Kambiz con el asentimiento de los demás. Los intelectuales críticos están de acuerdo. “Les atiborran de clases de religión y de consignas, y no conocen sus raíces”, declaró hace algún tiempo a esta corresponsal un pensador represaliado.

Tal vez por ello, Irán es el país de la región donde menor es el riesgo de radicalización religiosa. “Dado que aquí tenemos un Gobierno islamista que se ha convertido en un ejemplo indeseable, los jóvenes reaccionan en sentido contrario”, afirma el soció­logo Hosein Ghazian.

Kambiz tiene motivos para desear un menor peso de la religión en la sociedad. Su pertenencia a una minoría religiosa impide que pueda casarse con su novia (una musulmana chií) en Irán. “No es sólo la ley, la familia y la sociedad también influyen. Si estuviera vivo mi padre, no podría planteárselo”, manifiesta el joven, que empieza a impacientarse tras varios años de idilio. Y es afortunado porque los padres de la chica son bastante liberales y no se oponen a la relación. “Pero sólo lo saben ellos, si se enteraran mis tíos, sería un escándalo”, apunta la muchacha.

“La única salida es irnos fuera, y estoy planeando volverme a Estados Unidos, donde ya viví algún tiempo, pero a ella le cuesta decidirse dejar a su familia”, concluye Kambiz.

Sea por esa falta de libertad personal o por las crecientes dificultades para encontrar trabajo en una economía esclerotizada, emigrar se ha convertido en el sueño de muchos jóvenes cansados de esperar reformas que no llegan. El panorama es desalentador. Según los datos oficiales, un 25,6% de ellos están desempleados (hasta un 28,95% en las zonas urbanas). Y cada año se incorporan al mercado laboral cerca de un millón más. El economista Said Leilaz, director del periódico económico Sarmayeh, estima que 250.000 jóvenes dejan el país anualmente y eleva la pasa de paro hasta el 50%.

En todos los aspectos de la vida, los jóvenes sienten que no son ellos mismos debido a las restricciones sociales que les impone no sólo el Estado, sino también la familia y los amigos, de acuerdo con valores del pasado. Asumen que Occidente es libre, eso les atrae y desearían alcanzarlo”, analiza Baher, el terapeuta. De ahí que muchos quieran irse, para ampliar estudios o buscar oportunidades que aquí se les niegan. A este observador le preocupa la fuga de cerebros. “La mayoría no regresan”, coinciden en señalar dos jóvenes profesores universitarios que, sin embargo, optaron por volver.

Quienes se quedan esperan una oportunidad política, económica o social. ¿Qué sucede cuando ésta no llega? Baher, en cuya consulta ha aumentado un 50% el número de jóvenes en las últimas tres décadas, ha constatado dos reacciones extremas. “O van a por todas y violan todas las barreras, bebiendo, drogándose, etcétera, o caen en la apatía, lo que en los casos más extremos lleva a la depresión y el suicidio”, explica.

Aunque Irán no es el único país que afronta el problema de la droga, sus 3,5 millones de drogadictos (una de las tasas más altas del mundo, según la ONU) han obligado a las autoridades a ponerse manos a la obra. Sobre los suicidios de jóvenes no se publican cifras, pero los especialistas se muestran convencidos de que van en aumento y superan la media. De momento, es un tema tabú que deja a las familias, además de desconsoladas, incomprendidas y sin ningún tipo de atención.

A pesar del difícil panorama que tienen ante sí, pocos jóvenes se muestran políticamente activos estos días. Ni siquiera entre los 3,5 millones de universitarios. Y eso que fue en los campus donde se gestaron las revueltas a favor de la revolución islámica durante los años setenta del siglo pasado y las manifestaciones reformistas entre 1999 y 2004. Bajo el mandato del ultraconservador Mahmud Ahmadineyad incluso esa llama se ha extinguido. La desilusión por las reformas que no se materializaron y la represión han dinamitado el movimiento estudiantil.

Hace algunos años nos movilizábamos por la libertad académica y el derecho de asociación en las universidades, ahora lo único que podemos hacer es mantenernos en nuestro puesto y continuar nuestros estudios”, justifica Soleiman Mohammadi, un kurdo de 23 años expulsado de la Universidad Alame Tabatabai. “Sólo podemos resistir porque no hay libertad para hacer nada”, añade. Él, sin embargo, piensa declararse objetor ante el servicio militar obligatorio, algo inusitado en Irán y que puede dar con sus huesos en la cárcel. Para la mayoría de sus compañeros, la vida personal ha pasado a ser más importante.

A las puertas de la Universidad de Teherán, la mayor y más antigua del país, los colores pardos que impone la estética oficial uniformizan a sus estudiantes. Pero en las calles de la ciudad, la paleta de colores es mucho más amplia. Conformistas o rebeldes, socialmente activos o pasotas, trabajadores o estudiantes, los jóvenes iraníes todavía se permiten soñar con la libertad, aunque vean su futuro sombrío. Y a diferencia de sus vecinos de Oriente Próximo, ya están vacunados contra el radicalismo religioso.

marzo 2, 2009 Publicado por | Irán, reportaje | Dejar un comentario

>La muerte imparable

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Por PABLO ORDAZ (El País.com, 01/03/2009)

Patrullamos con la policía federal por uno de los lugares más peligrosos del mundo: Ciudad Juárez, en la frontera de México con EE UU. Un pozo irrespirable donde cada día se registran de media cinco muertes violentas. Es la podredumbre del narcotráfico.

Hasta hace 20 minutos tenía 14 años y se llamaba Raúl. Estaba parado en la esquina de su casa, charlando con dos amigos. Un coche apareció muy lentamente por el final de la calle llena de gente. Cuando estuvo a su altura, dos hombres -ni jóvenes ni viejos, ni guapos ni feos, nunca nadie ve nada en Ciudad Juárez- se bajaron y apuntaron sus armas sobre él. Un tiro, dos, tres…

Ahora ya no tiene 14 años ni se llama Raúl. Sólo es el último muerto de esta ciudad maldita donde el único negocio que florece es el de las funerarias. Un tiro, dos, tres… Así hasta 25. Los perros ladrando. El padre de Raúl escuchando los disparos, bajando a la calle, descubriendo justo lo que el presentimiento le iba diciendo al oído. Su hijo de 14 años, estudiante de secundaria, desplomado entre la acera y un Ford Thunderbolt de color crema. Con la cabeza destrozada a balazos.

Los perros no han dejado de ladrar ni la gente ha abandonado la calle. Jóvenes muchachos de la edad del difunto siguen charlando y comiendo helados mientras los agentes van poniendo un triángulo amarillo por cada casquillo encontrado. Veinticinco triángulos amarillos. Ninguno a más de dos metros de distancia de donde está el cadáver. Un fusilamiento perfecto. Ni la vieja chapa del Ford color crema ni las paredes de la calle Calexico han resultado dañadas. Raúl quiso huir, pero le dieron caza. Con la misma precisión que a sus dos amigos, que yacen al final de la calle, también rodeados por la curiosidad y los triángulos amarillos.

Un hombre joven fuma dentro del cordón policial. Es el padre de Raúl. Ni siquiera llora. Sólo fuma, un cigarro tras otro. Le cuenta al reportero sus últimos 20 minutos. Que escuchó los disparos. Que bajó atropelladamente temiéndose lo peor. Que se encontró a su hijo así:

“Como ningún padre querría ver nunca a su hijo. Hágase cargo. Tenía 14 años, estudiaba secundaria…”.

El parte, frío, escueto, que un funcionario municipal redactará horas después sobre la “triple ejecución” hablará de un joven “que en vida respondía al nombre de Raúl Alberto Rubio Ochoa”. Tiene razón. Los muertos no tienen nombre. No desde luego en Ciudad Juárez, donde este sábado de febrero escogido al azar serán ocho los jóvenes asesinados por las oscuras mafias de la droga. Ocho. No son demasiados; tres días después morirán 21. Ni demasiado jóvenes; una semana más tarde caerán seis niños bajo los disparos de tipos que siempre tienen tiempo de huir. Ocho muertos son sólo ocho líneas en cualquier periódico mexicano. Sólo si el muerto respondía en vida a un nombre famoso -un general condecorado o el jefe de un cartel principal- o si las causas de su muerte resultaron extraordinarias -lo cocinaron después de asesinarlo o lo ejecutaron tras construir un túnel para pasar droga…-, sólo entonces puede optar el difunto al raro honor de un titular en la portada de un periódico nacional. Un país donde el narcotráfico se lleva por delante a más de 6.000 personas al año -más de 16 cada día- no tiene más remedio que ir apilando tanto sufrimiento en la fosa común de las medias columnas, un pequeño trozo de papel escondido en una página par de un periódico de provincias. O hace eso -sin indagar por qué mataron a Raúl, casi un niño, sin investigar por qué su padre bajó las escaleras con el presentimiento envenenándole el aliento- o se arriesga a perder la sonrisa para siempre.

Al primer muerto del sábado lo mataron entre Marte y Saturno, una esquina a medio asfaltar de la colonia Satélite.

La llamada se produjo a las 9.45. Una ambulancia de la Cruz Roja corrió al lugar. Luego, los policías municipales. Luego, los estatales. Luego, los federales. Luego, el Ejército. Aseguraron la calle. Un agente en cada esquina. Con sus rifles Ak-47, sus AR-5, sus revólveres en la mano, sus chalecos antibalas, sus pasamontañas, su tensión que se huele… Su miedo.

- Pero si ya ha pasado todo.

- No siempre. A veces vuelven a por el cadáver.

- ¿Quiénes?

- Unas veces, sus amigos. Otras, sus rivales.

- ¿Para qué?

- Quién sabe. Unas veces, para rematarlos. Otras, los montan en las camionetas y se los llevan. Nunca aparecen. Es muy extraño.

El policía municipal que habla parece nervioso. Es un tipo bajito, mal uniformado. La canana que lleva alrededor del cinturón está medio vacía. Un cartucho sí, uno no. Todavía hoy muchos policías tienen que pagar de su bolsillo la munición que gastan. Y si por la mañana no llegan pronto al reparto de los escasos chalecos antibalas, deben salir a patrullar a cuerpo gentil, un blanco perfecto. El policía municipal va de un lado para otro. Apunta en una pequeña libreta los nombres de todos los que, policías o no, rebasan por un motivo u otro el cordón de seguridad. No llega a cruzar palabra con los agentes de otros cuerpos. Es una constante de Ciudad Juárez. Nadie se fía de nadie. Menos aquí, un lugar tristemente célebre por las decenas de mujeres que fueron asesinadas sin que aún hoy se conozcan los motivos ni los culpables. Hay además datos muy claros de que el narcotráfico tiene voluntades compradas entre los policías, entre los jueces, entre los políticos, entre los periodistas. Las miradas dicen: sabemos a quién pertenece tu uniforme, pero no a quién perteneces tú. No es nada personal. Sólo cuestión de supervivencia. La noche anterior, cuando el reportero llega al aeropuerto de Ciudad Juárez, dos agentes federales lo esperan a pie de avión. Han recibido la orden de escoltarlo durante el fin de semana, integrarlo en una de las patrullas de fuerzas especiales que recorren día y noche la ciudad en busca de sicarios. Pero cuando va a abandonar el aeropuerto, dos soldados le piden que abra la maleta y la mochila en la que transporta el ordenador portátil. Uno de los federales trata de aliviar el trámite y se dirige al militar:

- No se preocupe, oficial, viene con nosotros.

- Claro que sí. Pero tiene que abrir el equipaje.

- Pero

- Tiene que abrir el equipaje.

Nada personal. Sólo eso: nadie se fía de nadie. ¿O no es por los aeropuertos de México, y bajo la supervisión de agentes de la ley, por donde toneladas de droga y sustancias químicas ilegales entran en el país? La escena se repite dos o tres veces durante el fin de semana. Cada vez que el patrullero pasa por un puesto de control militar, los soldados lo paran y lo revisan como si se tratara de un vehículo particular. O tal vez más.

- ¿Adónde se dirigen?

- Vamos a instalar un control de carros robados a dos kilómetros de aquí.

- Correcto. Bájense y abran la cajuela.

El policía abre el maletero. El soldado mete la cabeza, casi olfatea el interior. Ni hay tensión ni deja de haberla. Los soldados no sonríen. Los federales tampoco. Es una guerra extraña la que vive México. Las bajas se cuentan por decenas, todos los días, como en cualquier guerra. Pero aquí no hay dos bandos. Hay muchos, y andan disfrazados.

- Está bien. Pueden continuar.

Unos metros más allá, el federal que hoy conduce el patrullero – un joven simpático que cita a los clásicos- le explicará al reportero por qué, aunque íntimamente les fastidie, obedecen a pie juntillas las instrucciones de los militares. Aparca el vehículo en el arcén, junto a la valla que delimita un depósito de vehículos. Parece uno de los muchos cementerios de automóviles destinados a chatarra que afean la ya de por sí poco agraciada Ciudad Juárez. Pero no. Es distinto. Aquí vienen a parar los carros incautados al narcotráfico o sujetos, como parte de la prueba, a algún proceso judicial. Los hay nuevos y viejos. Lujosos -allá al final se ve una Hummer en aparente buen estado- y simples utilitarios. El agente señala un todoterreno, varado no muy lejos de la carretera. Tiene, como muchos otros, la chapa agujereada por los tiros gruesos de los rifles de asalto. Pero es distinto. Es un vehículo oficial, un patrullero de la policía municipal. No le queda un trozo de chapa sano.

- ¿Una emboscada de los narcos?

- No. Los militares tenían instalado un control. Les dieron el alto. Los policías no quisieron parar. Los militares abrieron fuego. Los mataron a los dos.

Nada personal.

La una de la madrugada. Hotel Chulavista. Está cortado por el mismo patrón que los moteles americanos de carretera. Una recepción, un comedor y una serie de habitaciones alrededor de un aparcamiento. Ni bonito ni feo. Vulgar. Discreto. Hasta no hace mucho, un buen negocio. “Los que más nos visitaban”, explica el camarero, “eran puros gringos. Parejas que cruzaban desde El Paso, aparcaban el carro en la puerta de la habitación y sólo salían un rato a cenar algo o a emborracharse a buen precio. Ya casi no viene ninguno. Les da miedo”. Ciudad Juárez y también Tijuana, en la costa del Pacífico, constituían las míticas fronteras donde la fiesta sin tregua -el alcohol, el juego, los clubes de alterne- atraía cada fin de semana a cientos de turistas norteamericanos. Nunca fueron ciudades exquisitas ni bendecidas por el Vaticano, pero sí razonablemente seguras. De eso dependía el negocio. Ahora, muchos de los restaurantes ya han cerrado, los prostíbulos sólo atraen a clientes locales y desesperados, y la única ruleta que gira día y noche es a vida o muerte. El hotel Chulavista estaba prácticamente desahuciado. Pero entonces llegaron los federales.

Las fuerzas especiales. Muchachos jóvenes -casi ninguna mujer- procedentes en su mayoría de las filas del Ejército. Sus sueldos son bajos, pero para poder lucir ese uniforme azul han tenido que pasar exhaustivos exámenes de confianza, incluida la prueba del polígrafo. Según ha llegado a admitir Felipe Calderón, el presidente de México, más de la mitad de la policía mexicana “no es recomendable”. Hay casos, como el de Tijuana, donde se detectó que nueve de cada 10 policías locales habían sido comprados por el narcotráfico. Incluso entre los 11.000 federales recién contratados, la mitad resultó ser de moral distraída. Se supone que estos que ocupan el hotel Chulavista de Ciudad Juárez pertenecen a lo mejor de cada casa, pero, por si acaso, sus jefes nunca le dicen por dónde patrullarán cada noche o a qué tipo de malandro van a intentar detener. Van y vienen de sus habitaciones al comedor uniformados al completo, chaleco antibalas incluido, y con el rifle AR-15 en bandolera. Sus mandos les dan el tiempo justo para comer algo y dormir un rato. El resto de la jornada lo emplean en recorrer la ciudad de cabo a rabo. Sus vehículos son camionetas pick-up de doble cabina. Ellos ocupan la parte de atrás, siempre de pie, con el dedo en el gatillo de sus armas y el pasamontañas hasta la nariz. Vigilando, siempre vigilando.

- ¡Nos vamos! Esta noche nos acompañará un periodista español. Si hay suerte y detienen a algún delincuente, no me lo golpeen demasiado… Háganme ese favorzote, muchachos.

El oficial subraya la broma guiñando el ojo detrás del pasamontañas. Los muchachos se ríen. Será el único momento de relajación en cinco horas. Las camionetas de los federales se sumergen en la noche de Ciudad Juárez, cruzan a todo trapo avenidas casi vacías y se adentran por colonias polvorientas, sin pavimentación, donde sólo los perros con sus ladridos parecen reconocerlos. Al fondo se distinguen las luces de El Paso, al otro de lado de la frontera. El Paso es una de las ciudades más seguras de Estados Unidos. Ciudad Juárez, la más violenta de México. En El Paso, como en toda la frontera, se venden armas de grueso calibre sin ningún impedimento. Aquí se mata con ellas. Los policías se adentran en una de las colonias más peligrosas. Se sienten observados, por eso circulan sin luces, guiados por un agente local con un mapa y una linterna. El oficial comenta en voz muy baja:

- Esta noche vamos a hacer dos o tres cateos. Hemos recibido varios pitazos [chivatazos] sobre gente que podría estar vendiendo droga y armas.

Llegan al primer objetivo. Empieza un baile muy bien ensayado que se repite en cada registro. Los agentes saltan de las cuatro camionetas. Unos corren hacia las esquinas para asegurar el trabajo de sus compañeros y prevenir emboscadas. Los oficiales que van a penetrar en la casa -una especie de cortijo desvencijado- desenfundan sus armas cortas y quitan el seguro. Cada uno de ellos va escoltado por dos o tres compañeros con rifles de precisión. El puntito rojo de la mira se pasea por una pared que supo de mejores tiempos. Un perro encadenado parece enloquecer. Sale un hombre a la puerta de la casa. Descalzo. Despeinado. La camisa por fuera del pantalón.

- ¡Alto! ¡Federales!

El registro no dura más de 10 minutos. No parece que el dueño de la casa sea un narcotraficante. Parece más bien un nómada incómodo al que algún vecino quiere perder de vista denunciándolo a la policía. Hay niños por todos lados. Niños mal vestidos, niños canijos y sucios que juegan con juguetes rotos y que observan a los policías con serenidad, como si ya los hubieran visto más veces, como si formaran parte del juego al que están predestinados a jugar. “Negativo. No hay nada, ¡vámonos!”. La acción se repite dos veces más. Dos cateos. Dos negativos. Ha sido una noche tranquila que ha terminado en empate. No han detenido a nadie, pero tampoco se ha reportado ninguna baja.

Vuelta a la base. Mañana será otro día.

Dos horas después suena el teléfono de la habitación. “Han encontrado a tres muchachos ejecutados en la puerta de una discoteca. ¡Nos vamos!”. La misma historia del día anterior. La ambulancia. La policía local. La policía estatal. La policía federal. El Ejército. Y esperándolos a todos, sin inmutarse, la muerte.

Tres jóvenes. Boca arriba. Cada uno con su ración de plomo. Se parecen al joven ultimado en la colonia Satélite. Detallistas de la droga, camellos, narcomenudistas. Como mucho, aprendices de sicario. Clase de tropa. Carne de cañón. El perfil de las bajas del narcotráfico en México es el de jóvenes captados por los distintos carteles de la droga que luchan entre sí para afianzar su predominio en las plazas. No sólo han muerto en la frontera con Estados Unidos. También en la que separa un antes y un después de la historia de la droga en México. Lo que había hasta ahora está muy claro. Basta comprarse un CD de los Tigres del Norte o de los Tucanes de Tijuana para conocer las historias cotidianas del negocio o las leyendas de los grandes narcotraficantes como Amado Carrillo Fuentes, jefe hasta su muerte del cartel de Juárez. Le llamaban El Señor de los Cielos. De él se dice que tenía una docena de Boeing 727 con los que introducía cocaína en Estados Unidos. La épica de la frontera. Las reglas. El respeto. La complicidad de los gobernantes. Tú hasta aquí y yo hasta allí. Y como último recurso, la muerte. La muerte como herramienta de trabajo, de poder, de advertencia.

Todo eso se acabó hace algo más de un año. La versión oficial es que tantos años de complacencia con el crimen organizado habían llegado a horadar los cimientos de la República y amenazaban con privatizar el país en su beneficio. “Los señores de la droga ya estaban tocando las puertas de Los Pinos [la sede de la presidencia de la República]“, dice a media voz uno de los hombres más poderosos de México. “O los combatíamos o les entregábamos el país. Ya eran dueños de algunos cuerpos enteros de policía que trabajaban para ellos y no para los ciudadanos”. El caso es que el presidente, Felipe Calderón, tocó zafarrancho de combate. Hace de eso un año, dos meses y 7.000 muertos.

La furgoneta blanca del depósito de cadáveres llega al lugar de la triple ejecución. Se coloca junto a la ambulancia de la Cruz Roja. “El día que más miedo pasé”, comenta una enfermera del servicio de urgencias, “fue hace sólo unos meses. Recibimos el aviso de que había un joven malherido tirado en la calle. Acababa de ser víctima de un ataque armado. Fuimos hacia allá y llegamos cuando todavía respiraba. No había tiempo que perder. Lo metimos en la ambulancia y salimos corriendo hacia el hospital. A medio camino se nos cruzaron dos furgonetas con los cristales oscuros. Bajaron tres o cuatro encapuchados, nos apuntaron en la cabeza al chófer y a mí y nos dijeron que nos estuviésemos quietos. Fueron a la parte de atrás, sacaron al herido y le dieron el tiro de gracia en medio de la calle. Mira, te lo estoy contando y aún se me eriza la piel. Antes de irse aún tuvieron tiempo de amenazarnos. Nos dijeron que, por nuestro bien, la próxima vez no tuviésemos tanto interés en llegar tan rápido…”. Los dos grandes hospitales de la ciudad también han sido escenario de irrupciones violentas de sicarios que buscaban rematar un trabajo mal terminado. En una ocasión, y en previsión de que eso sucediera, el juez colocó a dos policías custodiando la puerta de urgencias. Por si llegaban los sicarios.

Llegaron. Mataron a los dos policías. Entraron en el hospital. Remataron al herido. Y se marcharon.

El jefe de la policía científica se dirige a los muchachos de la furgoneta blanca:

- Ya os los podéis llevar.

Los curiosos le echan un último vistazo. Certifican que los asesinados no son del barrio. De igual forma, unas horas antes, los vecinos de la colonia Satélite juraron que el primer muerto del sábado -chándal azul celeste, manos atadas a la espalda con una cuerda amarilla- jamás había sido visto por allí. Hay un testigo que dice haber observado cómo arrojaban al muchacho del chándal desde un vehículo, todavía vivo, y lo remataban en el suelo.

- ¿Y cómo era el carro?

- No me acuerdo, jefe.

- ¿Grande o pequeño?

- Normal.

- Y a éste -dice el policía señalando al muerto- ¿lo habías visto antes por aquí?

- Nunca. No es de aquí.

El procurador general de la República, Eduardo Medina Mora, maneja un dato estremecedor:

- Al 40% de los que mueren no los reclama nadie.

Fosas comunes. Esquinas de papel en los diarios. Y la batalla que no cesa. Todos los días, el Gobierno de México distribuye una serie de comunicados -partes de guerra- que dan cuenta de la incautación de armas, de la intervención de droga, de la detención de sicarios. Pero al día siguiente, invariablemente, los noticieros hacen recuento de las bajas, y raro es el día que no superan las dos cifras. Diez en Ciudad Juárez. Cinco en Tijuana. Dos en Culiacán. Total: 17. Hay ciudades marcadas por la tragedia diaria. Suelen ser las sedes fronterizas de los antiguos carteles de la droga, hoy atomizados por las guerras entre sí y por el embate del Estado, pero también se producen bajas muy cerca del mar Caribe, a pocos metros de las palmeras y los hoteles de lujo. El goteo es continuo y, aun así, nunca faltan nuevos soldados dispuestos a morir.

La caravana de federales regresa al hotel Chulavista. Un semáforo en rojo. De pronto, como surgido de la nada, un joven se acerca corriendo. Dos federales lo apuntan con sus armas. El muchacho parece muy nervioso. Discute con los policías del primer vehículo, que finalmente acceden a que suba con ellos. La caravana aborta el regreso a la base y se dirige ahora, a toda prisa, a una colonia cercana. Al parecer, el muchacho ha sido víctima de un robo. Unos jóvenes le han quitado su vehículo a punta de pistola. Pero mientras regresaba a su casa, a pie y asustado, ha creído ver a uno de los asaltantes meterse en una casita de una planta, como casi todas las de Ciudad Juárez. Los federales llegan al lugar indicado. Se bajan de las camionetas y rodean el inmueble. Mientras tres agentes, acompañados del denunciante, entran en la casa, otros aseguran la zona y revuelven en la basura. La operación es rápida. Los que han entrado en la casa salen con el sospechoso agarrado del cuello. La víctima lo ha reconocido. Los policías que se quedaron en la puerta también tienen su botín. Acaban de encontrar las matrículas del vehículo sustraído. El interrogatorio se hace en caliente. La madre del muchacho sale a la puerta y le pide al oficial, con una sonrisa en la boca:

“No sea malito, jefe, no me lo golpeen”.

El muchacho delata a un cómplice, y éste a otro, y el tercero habla de un tal? El vehículo es por fin recuperado. Casi al alba. Los policías se muestran exultantes, aunque el paisaje de fondo no es muy alentador. Chavales que manejan pistolas, roban coches, merodean por las calles sin asfalto en busca de su próxima víctima. El 40% de los muchachos de Ciudad Juárez ni estudia ni trabaja. Una buena parte sólo espera su turno de matar o morir. Su sueño es un carro del año, un buen revólver con las cachas de oro. Muchos mueren así, con el sueño de que un cantante famoso de narcocorridos le dedique una letra bien chingona a cada uno de ellos.

La patrulla regresa al hotel. Ya se divisa el alba cuando la voz del comandante da un nuevo parte:

“Se acaba de recibir un aviso. Han encontrado el cuerpo calcinado de un hombre encima de un contenedor de basuras. Diríjanse a la calle…”.

El octavo muerto de este fin de semana tampoco tendrá nombre.

marzo 1, 2009 Publicado por | crimen organizado, narcotráfico, reportaje | Dejar un comentario

>Vida secreta de las princesas del harén

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Por M. ANTONIA SÁNCHEZ-VALLEJO – Madrid – (El País.com, 01/03/2009)

Compartir el marido con otras esposas no es óbice para ser primera dama, al menos en las pequeñas monarquías del Golfo. Mujeres como la jequesa Mozah de Qatar o la princesa Haya de Dubai atraviesan el espejo del harén como caras visibles de los emiratos donde sus esposos reinan y gobiernan. Al estilo de las first ladies occidentales, se prodigan en público, marcan estilo y se reúnen entre ellas.

Es el club de las primeras damas del Golfo, un fenómeno llamativo si se contempla desde el conservadurismo feudal de la región, y en el que algunos quieren ver un gesto de apertura y otros más una cuestión de estilismo, como si las royals locales no pudieran sustraerse al magnetismo de la glamurosa Rania de Jordania.

La princesa Haya de Dubai (en el centro)- AFP

Pero al lado de Mozah o Haya, enésimas esposas de los gobernantes de Qatar o Dubai -se desconoce el número exacto de coesposas de cada uno de ellos-, hay otras primeras damas que se pliegan a la tradición de la zona: la del ostracismo de la vida pública, que las condena a no tener derecho a la existencia. El perfil velado de la jequesa Sabika bint Ibrahim de Bahrein o la invisibilidad de la jequesa Fatima bint Mubarak, viuda del emir de Abu Dabi, son dos ejemplos del lado oscuro.

Pese a que la última ostenta el título oficial de Madre de la Nación, nadie logra ponerle cara: está prohibido fotografiarla o filmarla, y no tiene biografía oficial. No se sabe dónde nació, qué edad tiene o cuántos hijos dio al emir. Sólo consta una cosa: que, a pesar de no ser la reina madre -el actual gobernante de Abu Dabi, Khalifa Bin Zayed al Nahyan, es hijo de otra de las coesposas de su marido-, su ascendiente sobre el país supera con creces el del aquél.

Una cortesana de origen extranjero que frecuenta el palacio desgrana la escasa información existente sobre la jequesa Fatima amparada en un obligado anonimato. “No fue la primera esposa del emir, pero sí la favorita. Éste se prendó de ella cuando la descubrió, durante un viaje por el país, en una tribu del desierto. Tenía 13 años y era analfabeta. La jequesa aprendió a leer y escribir una vez casada. Desde entonces respalda iniciativas educativas. Y el hecho de haber tenido que compartir a su marido con otras mujeres le hace ver el harén con desagrado: no le gusta que sus hijos tengan varias mujeres”, confiesa esta residente en Abu Dabi. Imposible contrastar la información: hablar de la jequesa es tabú.

En el amplio trecho que va de la abaya (túnica negra tradicional) a los modelos de Versace que luce en sus apariciones públicas en Occidente la jequesa Mozah, estas mujeres salvan también el abismo que media entre las tribus del desierto y la galaxia global. Si la jequesa de Abu Dabi no tiene rostro, Mozah -edad indefinida, licenciada en Sociología, notorio planchado facial- y Haya -35 años, amazona olímpica, formación oxoniense- disponen sin embargo de página web, o como quiera llamarse el incensario virtual que da cuenta de sus múltiples actividades sociales.

Mozah, la única mujer pública del jeque Hamad Bin Khalifa al Thani, es enviada especial de la Unesco para la Educación Básica y Superior y, desde 2005, miembro del Grupo de Alto Nivel de la Alianza de Civilizaciones. Pero su fuerte es el ámbito educativo. En 2003 impulsó la constitución de un fondo internacional para la educación superior en Irak, y en su país amadrina la Ciudad de la Educación, un megacampus situado a las afueras de Doha con facultades de las mejores universidades estadounidenses, como Carnegie Mellon o Georgetown. La jequesa ha recibido doctorados honoris causa de todas ellas. Y la revista Forbes la incluyó en 2007 en la lista de las 100 mujeres más influyentes del mundo.

El matrimonio del jeque Mohamed Bin Rashid al Maktoum con la hermanastra del rey Abdalá de Jordania, Haya, ha hecho ganar peso político a Dubai, y multiplicado el atractivo del emirato. Haya, 25 años menor que su esposo, es la madre de su decimonoveno hijo. Embajadora de buena voluntad del Programa Mundial de Alimentos de la ONU y presidenta de la Federación Hípica Internacional, Haya, que en su juventud frecuentó los hipódromos españoles, es un valor añadido por su proximidad al reino hachemí.

“Todas estas primeras damas constituyen una importante baza a la hora de vender el Golfo a los inversores extranjeros, pero no es sólo una cuestión cosmética. Y aunque la first lady de Qatar sea, con diferencia, la más exhibicionista, por así decirlo; la más aficionada a las cámaras, tras esta proyección mediática, inédita en la región, está una realidad inapelable, la de que estos países están acortando la brecha de género”, dice Mohamed Youssef, consultor internacional con base en Abu Dabi.

Así, entre los vectores de negocio de los pequeños Estados del Golfo no sólo figuran el petróleo o los rascacielos imposibles, también el glamour. Es ahí donde entran en juego estas mujeres, auténticas imágenes de marca a la hora de atraer inversiones, cosmopolitismo y eventos sociales. O sea, negocio.

Las primeras damas de Siria, Qatar, Turquía y Jordania- REUTERS

Aunque la imagen, a veces, no lo es todo. En noviembre pasado, el hotel Emirates Palace de Abu Dabi, un siete estrellas colosal, acogió la segunda cumbre de la Organización de Mujeres Árabes bajo el patrocinio de la jequesa Fatima bint Mubarak. Entre cenas de gala y besamanos sólo para mujeres -los hombres fueron recluidos en edificios aparte-, las sesiones de trabajo eran retransmitidas por circuito cerrado de televisión. A la cita acudió lo más granado del papel cuché oriental: la esposa de Mohamed VI de Marruecos, la siria Asma al Assad y la reina de Jordania, entre otras. Rania, falda lápiz, stilettos y delgadez de astilla, reinaba cual top model entre un enjambre de fotógrafos y cámaras… hasta que llegó la jequesa Fatima. Fundido en negro. Plano fijo castigado de cara a la pared. La jequesa, menuda, cetrina, vestida de negro de la cabeza a los pies y luciendo un bocado de cuero repujado sobre la mandíbula -un signo de sumisión en algunas tribus del desierto-, logró eclipsar a la reina de corazones.

marzo 1, 2009 Publicado por | mundo árabe, reportaje, sociedad | Dejar un comentario

>El martirio interior de Cardenal

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Por JAVIER LAFUENTE – Madrid – (El País.com, 01/03/2009)

No debe ser fácil elegir el momento más feliz de una vida cuando se tienen 84 años. Ernesto Cardenal, poeta, sacerdote, revolucionario, y ahora también represaliado por algunos de los que un día fueron sus amigos, tiene muy claro que el sueño del que nunca quiso despertar ocurrió el 19 de julio de 1979 con el triunfo de la revolución sandinista. Tres décadas después, no queda resquicio alguno de aquellos momentos y la situación política de Nicaragua es lo más parecido a una pesadilla de la que Cardenal no consigue deshacerse.

Su libertad la ha ido coartando Daniel Ortega desde que en 1994 se desligara del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) por la deriva autoritaria que empezaba a tomar el hoy presidente nicaragüense. Criticado y vilipendiado junto a quienes como él no han querido seguir el camino marcado por el sandinismo oficialista -los escritores Sergio Ramírez, Gioconda Belli y un largo etcétera-, con Cardenal han ido más allá. “Tengo libertad para todo menos para decir en público lo que pienso”, se lamenta el poeta octogenario, de carácter tosco, un tanto huraño. Se siente violento al hablar de Ortega; trata de cortar en seco cualquier pregunta sobre él, como si estuviese a punto de explotar ante la imposibilidad de expresarse abiertamente.

Motivos le sobran al autor de La revolución perdida. Una de las últimas veces que criticó en público la situación política de su país fue el pasado verano. Acusó a Ortega de “ladrón”, durante su visita a Paraguay con motivo de la toma de posesión del presidente Fernando Lugo. El líder nicaragüense no acudió por supuestos problemas con su avión, aunque los movimientos feministas le habían declarado la guerra por la acusación de violación a su hijastra Zoilamérica Narváez.

Acto seguido, en agosto de 2008, Cardenal fue condenado a pagar una multa de 20.000 córdobas (unos 700 euros) por injuriar al empresario alemán Inmanuel Zerger, un delito del que había sido absuelto en 2005, por una disputa de tierras en el archipiélago de Solentiname, donde el poeta fundó una comunidad casi monástica en 1965 -lo hizo con los cinco mil dólares que ganó del Premio Nacional Rubén Darío- en la que enseñó a escribir y a leer a decenas de campesinos. El juez Daniel Rojas, próximo a Daniel Ortega, fue quien reabrió el caso. El abogado de Zerger es el mismo que en 1998 defendió a Ortega cuando fue acusado por Zoilamérica. Cardenal no aceptó la condena por “injusta” e “ilegal”. Sus bienes, escasos, pues durante años donó casi todo lo que recibía a la lucha sandinista, han sido embargados.

El sacerdote conoce perfectamente al presidente nicaragüense, pero se niega a dar su versión de cómo ha llegado a convertirse en el caudillo que es hoy. Ya no. No puede. No quiere. “Era muy diferente. No entendemos el cambio que ha tenido”, es lo único que se atreve a decir, en plural, porque sabe que no es el único que así piensa. Inmediatamente, como si se arrepintiese de lo anterior, puntualiza: “Pero yo no tengo libertad para hablar del Gobierno de Nicaragua por las represalias que se me han hecho siempre que he hablado. Tenemos una dictadura y no puedo decir más. Tengo que callarme”.

Consciente o no de ello, el silencio de Cardenal transmite mucho más que toda la verborrea que pueda lanzar contra su otrora compañero de lucha. ¿Tiene miedo? “Cuando Franco estaba vivo no se podía vivir en España, salir al extranjero, decir verdades y volver. Yo estoy en esa situación”, responde con una sinceridad y rotundidad a la que poco hay que añadir.

A pesar de todo, el escritor, que esta semana ha recibido en Madrid el homenaje de la Casa de América, siempre se ha mantenido firme. En ningún caso se arrepiente de lo que dijo en Paraguay. “Tenía la obligación de hacerlo, callarse hubiese sido pecado”.

Dicen los que le conocen que Cardenal es una persona que se engrandece más y lo han engrandecido más al atacarlo. Al escuchar este comentario es de las pocas veces en toda la charla que hace una mueca, lo más parecido a una sonrisa. Es momentáneo. “Es posible que así sea, pero no me gusta este tipo de engrandecimiento, no me gusta que me ataquen”, se sincera.

A punto de cumplirse 30 años del derrocamiento del dictador Anastasio Somoza, Cardenal rememora cómo se unió al sandinismo. “Fue un consejo de mi mentor [el monje trapense] Thomas Merton que la vida contemplativa no debía ser indiferente a los problemas sociales y políticos. Mucho menos en América Latina, donde había dictaduras militares. El contemplativo, me decía, tiene que interesarse por los problemas de su pueblo. Eso hizo que yo me interesara por todo aquello, aunque siempre había tenido una vocación de rebeldía política”. Algunos de los muchachos de su comunidad participaron en la lucha armada y murieron. “Su ausencia era terrible, terrible, terrible. Algunos caían presos y no supimos que habían sido asesinados hasta que no triunfó la revolución. Tenías la esperanza de que estuvieran vivos en alguna cárcel. Pero no era así”.

No se arrepiente “en absoluto” de haber sido partícipe de aquella revolución. “Para mí fue muy bella, la apoyé de todo corazón”. Y ahora, ¿sigue creyendo que la lucha armada es legítima? “El papa Pablo VI dijo que la revolución armada era legítima contra una dictadura evidente y prolongada. Ahora mismo eso no ocurre en América Latina. Hay medios de comunicación, partidos políticos, denuncia cívica. No hay por qué echarse al monte”.

Consolidada la revolución, siendo Cardenal ministro de Cultura, en 1983, sucedió uno de los episodios más sonados en su vida política: el momento en el que Juan Pablo II, a su llegada a Managua, le regañó en público. “Me dijo: ‘usted debe regularizar su situación’, pero de una forma muy imponente, ruda. Como yo no quise responder, lo volvió a repetir”. No le importó tanto. Él prefiere recordar la visita del Pontífice por la tormentosa misa que celebró en Managua. “Él llegó para derrocar la revolución. Nicaragua era un país católico, con un Gobierno de izquierdas, de orientación marxista, pero apoyado por los cristianos y los sacerdotes. Llegó a hablar en contra de la revolución ante 700.000 personas, la tercera parte del país, para que le aplaudieran, le apoyaran y cayera la revolución. Pero el pueblo se rebeló y le faltó el respeto. La gente gritaba ‘¡poder popular! ¡poder popular!’ y el Papa ‘¡silencio!”, enfatiza.

Muchos fueron los logros de la revolución para uno de los máximos exponentes de la Teología de la Liberación: “El derrocamiento de la dictadura; después, la transformación del país, donde se hizo un trabajo verdaderamente voluntario, como fue la vacunación de todos los niños o la alfabetización. Estas cosas sólo son posibles en una revolución”.

Su país, que en su opinión necesita otra revolución, al igual que el resto del mundo, dejó de ser un referente hace años. ¿A qué se debe ese desencanto por Nicaragua? Ernesto Cardenal, ahora sí, no lo duda, lo dice de una tacada, sin pensárselo dos veces. Quizá por eso lo hace: “A la pérdida de la revolución y la traición que los que ahora gobiernan Nicaragua hicieron de ella. Allí no hay nada de izquierda, nada de revolución, nada de sandinismo. Lo que hay es nada más corrupción y dictadura. Una dictadura fascista, familiar, de Daniel Ortega, su mujer y sus hijos”.

febrero 28, 2009 Publicado por | Nicaragua, reportaje | Dejar un comentario

>Perseguidos, explotados y recluidos

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Por FRANCISCO PEREGIL - Madrid – (El País.com, 23/02/2009)

Sobrevivieron a la llegada de Colón, a las enfermedades de Europa, a los dictadores, a la United Fruit Company y a la fiebre del caucho. Pero las prospecciones petrolíferas, las empresas madereras y los cultivos de soja no sólo les han espantado la caza sino que los han espantado a ellos mismos: pueblos enteros de nativos obligados a vivir cada vez más lejos de donde siempre estuvieron.

Aún quedan en América Latina unos 500 pueblos indígenas (la palabra tribu les parece peyorativa), con 43 millones de miembros que abarcan el 7,6% de la población del continente. Varias decenas de estos grupos no oyeron hablar nunca de Cristo, ni de Mozart, ni de la penicilina, ni de las Torres Gemelas, ni de Sin tetas no hay paraíso. La ONG Survival calcula que existen 40 de estos grupos en Brasil con los que nadie ha contactado, unos 15 en Perú y uno en Paraguay. Es en estas comunidades de escasa o nula relación con el resto de la sociedad donde se aprecian de forma más cruda los estragos del consumismo disfrazado de progreso.

Para ayudar a los indígenas en una batalla donde tienen todas las de perder, investigadores como Almudena Hernando, arqueóloga de la Universidad Complutense de Madrid, han convivido en la Amazonia brasileña con pueblos como los awá, también conocidos como guajá.

“Cuando los funcionarios brasileños de la Fundação Nacional do Índio (Funai) detectan a un awá perdido en la selva lo trasladan a una zona legalmente demarcada para los indígenas donde nadie puede entrar. Pero los madereros terminan entrando. Hacen unas talas muy selectivas, que no se pueden detectar mediante fotos aéreas, porque cortan los árboles más viejos y dejan los jóvenes, que no tienen valor en el mercado. Y detrás de ellos viene un ejército de campesinos sin tierra, que no tienen tampoco nada para subsistir. La forma que tenemos en Occidente de combatir esos desmanes es pedir certificados de origen de la madera que se compra”.

“El verano pasado”, continúa Almudena Hernando, “los madereros se acercaron a sólo tres kilómetros de la zona protegida. Y cuando llegue la temporada seca, el próximo agosto, seguro que se acercarán más y más. Cuando cazábamos junto a los awá, ellos, que tienen un oído finísimo, se paraban al oír las sierras mecánicas. Les espantan la caza, que es su única forma de vida. En 2006 la Funai llevó allí al Ejército y expulsó a los madereros. Pero, al año siguiente, volvieron”.

“La teoría en Brasil es muy buena. La ley protege a los grupos aislados, pero las invasiones son constantes, y no se hace nada para frenarlas”, indica Fiona Watson, directora de la ONG Survival.

“Por una parte el Gobierno crea un organismo como la Funai para protegerlos, y por otra pone en marcha el Plan de Crecimiento Acelerado, que proyecta entrar en la Amazonia y construir carreteras y centrales hidroeléctricas. Además, el presidente Lula da Silva visitará a Barack Obama en abril con el objetivo de vender a Estados Unidos más biocombustibles. Ya tiene en proyecto la creación de más fábricas en tierras reivindicadas por los guaraníes. Y encima, el Congreso de Brasil está debatiendo un anteproyecto de ley que permitiría explotar a gran escala la minería en los territorios indígenas”.

Survival trabaja desde hace varios años con 35.000 guaraníes de Brasil. “Éste era uno de los primeros grupos que contactaron con los colonos blancos hace casi 500 años y han sobrevivido a ello”, indica Watson. “Pero en los últimos 50 años, por culpa de la expansión agrícola en Mato Grosso, han perdido casi todas sus tierras y viven en reservas, rodeados por las plantaciones de soja y de caña de azúcar, que se usan para fabricar biocombustibles [especialmente el etanol]“.

Teresa Aguilar Larrucea, quien lleva varios años trabajando junto al fotógrafo Carlos Díez Polanco en distintos proyectos con decenas de pueblos indígenas en Latinoamérica, sostiene que todos los individuos con los que ha tratado siempre han salido perdiendo en su relación con el hombre blanco.

“Apenas se les otorga el rango de personas. Pueden quedar muy bonitos como cartel turístico, pero nadie quiere tenerles cerca. Y encima la sociedad blanca les quita sus tierras alegando que no las cultivan y que son improductivas. ¿Pero cuál es el concepto de improductividad? El indígena tiene ahí su tienda y su farmacia, saca beneficio de ellas. Llevan miles de años conviviendo en armonía con la naturaleza. Deberíamos aprender de ellos”.

A pesar del pesimismo con que Aguilar Larrucea atisba el futuro de los pueblos indígenas, aún ve signos esperanzadores. “Venezuela es un claro ejemplo de lo peor y lo mejor. Los indios caracas vivían en el centro del país y ahora en el centro no queda ninguno, todos se han desplazado a la Amazonia y a la frontera. Sin embargo, Venezuela ha sido un país pionero en la lucha por los derechos de los nativos al crear el Ministerio de los Pueblos Indígenas, y ponerlo en manos de Nicia Maldonado, que es indígena yecuana. Porque en Brasil existe la Fundação Nacional do Índio, pero sus dirigentes no lo son”, explica.

“Con Hugo Chávez”, continúa, “los indígenas han adquirido más conciencia de raza y dignidad. Ya no esconden sus raíces y cada vez aparece mayor número de indígenas en los censos. Pero al ser un ministerio nuevo, no llega a todos los pueblos indígenas que deberían llegar”. Detrás de esa aversión de la sociedad blanca al aborigen, según Aguilar Larrucea, lo que se esconde es un complejo racial y cultural. “Los blancos quieren presumir de su pureza renegando del mestizo y el mestizo reniega del indígena. Yo he visto en algunos pueblos a gente que hacía negación de sus hermanos más oscuritos porque se avergonzaban de ellos”.

Un lenguaje para dos hombres

Si se busca en Wikipedia lenguas tupí-guaraní, la primera que aparecerá en una lista de 53 se llama aura. Su cobertura geográfica es el Estado brasileño de Maranhão. El número de hablantes, reducido. “Sólo dos hombres y yo los conozco”, asegura la arqueóloga de la Universidad Complutense Almudena Hernando. “La Fundação Nacional do Índio [Funai, organización dependiente del Ministerio de Justicia brasileño] les han facilitado una cabaña junto a un puesto indígena donde viven indios awá. Hablan una lengua que nadie conoce. Les pusieron de nombre Auré y Aurá. Parece que son los últimos representantes de un grupo al que debieron masacrar”.

“La Funai los contactó cuando estaban perdidos y solos. Ningún lingüista conoce su lengua. Los trasladaron ahí, lejos de la tierra donde se les halló. Cuando te acercas, te cuentan muchas cosas que no entiendes. Y si entras en su cabaña te quedas completamente impactada: las vigas que sujetan el tejado de paja sirven de soporte a cientos y cientos de flechas, con las puntas envueltas en hojas y atadas en racimos”, continúa Hernando.

“Auré y Aurá se han pasado los años que llevan viviendo ahí haciendo flechas y más flechas, en un ejercicio inútil desde el punto de vista funcional, porque ya no las usan. Pero imagino que eso les sirve de terapia para neutralizar el trauma de haber sido arrancado de tu tierra y forma de vida. Tal vez se han agarrado a ello como mecanismo de seguridad. Cuando todo se ha hundido bajo tus pies quieres saber quién eres introduciendo la mínima cantidad de cambio en tu vida. Eso es lo que hacen estos dos hombres. Es impresionante ver su cabaña, neuróticamente ordenada. Te das cuenta del horror que han debido vivir muchos de estos grupos en el momento del contacto con el blanco“.

febrero 22, 2009 Publicado por | indigenismo, reportaje | Dejar un comentario

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