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>"Somos conscientes de que los cambios van lentos"

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SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ, Enviada especial – Asunción – (ElPais.com, 28/03/2009)

¿Podrá? ¿Podrá el presidente Fernando Lugo y su equipo cambiar las cosas en Paraguay, el país más corrupto de América Latina, en el que la clase dirigente no se ha conformado nunca con robarle al Estado un 40% de sus bienes, como en otros países del área, sino que ha rapiñado casi con el 100%? Los paraguayos decidieron en agosto de 2008 echar del gobierno al Partido Colorado, que llevaba más de 60 años en el poder, y colocaron al frente a un hombre de Iglesia, el hasta entonces obispo Fernando Lugo, de probada honestidad. Han pasado siete meses y empiezan a preguntarse si el presidente podrá hacer frente al bloqueo del Parlamento y si conseguirá sacar su reforma adelante. Lugo reconoce, en conversación con EL PAÍS, en el palacio presidencial de Asunción, que la mayoría de la sociedad está angustiada ante la falta de respuestas rápidas, pero asegura que se han logrado ya algunos avances y renueva su convicción en que logrará responder al ansia de cambio de la sociedad paraguaya.

Pregunta: ¿Tienen razón quienes le critican por excesiva lentitud?

Respuesta: Yo procuro ver desapasionadamente las cosas y creo que hubo avances y, también, cierta falta de velocidad en la expectativa de cambio en la ciudadanía. Para mí, un avance importante fue el cambio en la consideración internacional del país, la voluntad de acompañar el proceso paraguayo, diferenciado de los otros de la región. En el ámbito interno, se esta haciendo una revisión del estado en que estaban las instituciones cuando desembarcamos. El proceso de ir por dentro, limpiar, pulir, dar honor a las instituciones, es muy lento. Aquí los ministerios eran el botín de guerra del partido gobernante. Funcionalizar esos ministerios lleva mucho tiempo, y es verdad que hemos ido a una velocidad más lenta de la que esperaba la ciudadanía. Pero es justo recordar que llegamos al gobierno dentro de una Alianza muy amplia ideológicamente, y sin tener mayoría en el Congreso.

P: Esa es una de las grandes dudas, ¿quiénes son sus aliados para llevar adelante una reforma tan profunda?

R: Necesitamos un Parlamento que no sea obstruccionista. Creo que es importante que analicemos las últimas encuestas, según las cuales el gobierno, con todas las limitaciones, sigue teniendo un índice de popularidad del 72%, frente a un 39% del Parlamento y un 32% del Poder Judicial. Eso debería ayudar a llevar adelante el proceso paraguayo.

P: ¿Quiere decir que puede llevar adelante la reforma apoyándose en ese sostén popular? Algunos grupos afines a su gobierno le reprochan que no impulse usted una mayor movilización popular o un partido político propio.

R: Somos conscientes de que esa aceptación popular debe ser articulada. Nuestros programas y proyectos nacieron de la ciudadanía y yo creo que cuando haya cuestiones evidentes de obstrucción, esa propia ciudadanía sabrá leer los acontecimientos y dar un paso como co-responsables de un proceso que hemos iniciado con ellos.

P: ¿No teme que ese apoyo se vaya diluyendo si la población no aprecia rápidamente una mejora en sus condiciones de vida?

R: Este es un Gobierno que ha salvaguardado el rostro de Paraguay, del país más corrupto de América Latina, el segundo o tercero en el mundo. Ningún ciudadano duda de la gestión transparente y honesta que hacemos y ese es un gran capital. No obstante, somos conscientes de ese peligro. Si esto no se traduce en una gestión eficaz, que de respuestas eficaces a las grandes demandas sociales, históricamente postergadas, puede llegar un momento en que se digan “bueno, hasta aquí hemos llegado, no vemos los signos del cambio”.

P: La reforma agraria fue uno de los principales puntos de su proyecto político, pero esta misma semana ha habido manifestaciones de campesinos que protestan por la falta de avances.

R: Para pensar en una reforma agraria eficaz hay que tener en cuenta la estructura de la tenencia de la tierra y también el desarrollo de la producción agraria. Paraguay es uno de los pocos países del mundo donde no existe ni tan siquiera un catastro. El Banco Mundial dio hace años un préstamo de 40 millones de dólares para hacerlo, pero no se ha realizado ni en un 15%. Esa es la realidad. Hay una enorme irregularidad en la tenencia de la tierra pero necesitamos un punto de partida y por eso estamos negociando con organismos internacionales que pueden ayudarnos a hacer ese catastro, un catastro dinámico que nos permita ir avanzando. Además de eso, hemos recuperado ya tierras malhabidas, unas 100.000 hectáreas, y hemos provisto una asistencia institucional en asentamientos rurales que estaban totalmente abandonados, sin presencia alguna del Estado.

P: ¿Es suficiente?

R: Son tres pasos que ya hemos dado, cosas que no podían esperar ni un día más, pero también hemos sido honestos con la ciudadanía al explicarle que la reforma agraria es parte de un proceso largo.

P: Las asociaciones campesinas exigen una reforma más rápida, al menos en cuanto a expropiación de latifundios.

R: Tenemos que aceptar que el fin del latifundio, que los movimientos campesinos toman como bandera, tiene una limitación constitucional. Soy consciente de que si no se cambia la Constitución Nacional, si no se realiza alguna reforma, será imposible hacer una reforma agraria integral.

P: ¿Una reforma constitucional previa?

R: Sin duda. Si se quiere hacer una reforma agraria contundente con transformaciones sociales y tocando la estructura de tenencia de la tierra y el fin del latifundio improductivo, esto debe pasar por una reforma constitucional. Hoy lo que existe son grandes extensiones de tierras en manos de unos pocos, que no son tanto productores latifundistas sino especuladores de la tierra. Mientras no se tenga una política fiscal que grave a las tierras improductivas, mientras no haga ese cambio en la Constitución, va a ser muy difícil realizar esas reformas rápidas que exige gran parte de la ciudadanía.

P: Para cambiar la Constitución, usted necesitaría apoyos parlamentarios grandes, ¿Dónde los encontrará? ¿En el Partido Liberal, en el Colorado?

R: Hoy muchos están convencidos de la necesidad de esa reforma constitucional. La misma Corte Suprema de Justicia, que no goza de mucho prestigio, propone la reforma de la Constitución. Yo creo que esto debe pasar por un gran debate nacional.

P: Ya se que usted no quiere hablar de fechas, pero ¿hay algún proyecto concreto en marcha?

R: Ya hay varios proyectos, hechos por el Colegio de Abogados, por profesores de la Universidad Católica y por algunos constitucionalistas individuales. Un proyecto de Constitución que tiene que ser debatido ampliamente por la ciudadanía antes de llegar a la Asamblea Nacional Constituyente.

P: Si el Parlamento se niega, ¿prevé usted convocar un referéndum para que la población apoye la reforma constitucional?

R: No hay nada que adelantar. Yo creo que hay un sentir generalizado en la ciudadanía y que hay un apoyo implícito a esta reforma constitucional.

P: La Corte Suprema es corrupta. ¿Por qué no la ha cambiado usted?

R: Porque dependen exclusivamente del Parlamento. Hay dos maneras de cambiar a los miembros de la Corte: por renuncia voluntaria o por un juicio político. La renuncia es impensable, porque sus actuales miembros se sienten muy bien donde están, y para el juicio político tendríamos que tener mayoría en el Parlamento y no salen los números. Hay argumentos de sobra para ese juicio político, pero los partidos tradicionales no quieren arriesgarse a perder sus privilegios exponiéndose a jueces más independientes y autónomos.

P: ¿Qué solución hay?

R: Todo gira en torno del cambio constitucional que pueda garantizar, a su vez, el cambio en la Corte Suprema de Justicia.

P: Es imposible hablar de Paraguay sin plantear el tema de Itaipú, la presa hidroeléctrica que comparten con Brasil. Ustedes exigen disponer libremente de su 50% de energía y no estar obligados a vender a Brasil toda la que no utilizan. Brasil no aceptan la reforma del tratado, pero ofrece un programa que en el fondo significaría aumentar el precio. ¿Para Paraguay es un tema de soberanía, todo o nada, o es posible una negociación sobre precios?

R: Queremos recuperar la soberanía energética, pero entendemos que esto se pueda lograr gradualmente. Si hoy Brasil nos dijera: “Tienen libre disponibilidad de la energía al 50%”, resultaría que nosotros no podríamos hacer uso de ella porque no tenemos la infraestructura necesaria, ni para usarla ni para llevarla a otro lado. Por eso, nuestra propuesta es también progresiva. Queremos que antes de 2023, cuando vence el tratado, en 2013, nosotros ya podamos decir que somos miembros plenos de Itaipú y que tenemos derecho a vender a terceros o al mercado brasileño fijando el precio.

P: Tengo entendido que acaba de aplazar un viaje a Brasil precisamente por falta de acuerdos.

R: Sí, el viaje se ha aplazado justamente porque no había acuerdos para firmar con el presidente Lula. Pero ahora estaremos juntos en Qatar y posiblemente en Trinidad y Tobago, y creo que esos encuentros pueden ser los previos a la visita oficial a Brasil.

marzo 29, 2009 Publicado por | entrevista, Paraguay | Dejar un comentario

>Paraguay: ¿Un giro a la izquierda bajo el mandato de Lugo?

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Por Andrew Nickson, departamento de Desarrollo Internacional, Universidad de Birmingham (REAL INSTITUTO ELCANO, 21/11/08):

Tema: La toma de posesión de Fernando Lugo como presidente de Paraguay marca un giro decisivo en la historia del país.

Resumen: En presencia de los presidentes de todos los miembros del Mercosur y de Chile, Bolivia, Ecuador y Venezuela, Fernando Lugo juró el 15 de agosto el cargo de presidente de Paraguay para el período 2008-2013. El protagonismo del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, durante la ceremonia y con posterioridad a ésta aumentó la especulación sobre si Paraguay se uniría ahora a la alianza regional de naciones identificada con el “socialismo del siglo XXI”. Semejante juicio resulta prematuro, dada la composición del Gabinete de Lugo y la escasa representación de la izquierda en el nuevo Congreso. Más bien, la apertura a Venezuela y a Bolivia debería entenderse en el contexto más general del distanciamiento de Paraguay de su ya duradera “diplomacia pendular” de cara a sus dos gigantes vecinos, Brasil y Argentina, más motivado por la exigencia de renegociar los principales contratos hidroeléctricos con esos dos países que por cuestiones de afinidad ideológica.

Análisis: La victoria de Fernando Lugo en las elecciones presidenciales del 20 de abril de 2008 marcó un giro decisivo en la historia política de Paraguay, uno de los países menos industrializados y con mayores desigualdades de Latinoamérica. Lugo consiguió tres “sobresalientes” con su convincente victoria: (1) poner fin a 61 años en el poder del Partido Colorado (PC), que había permanecido en él de forma continuada desde el 13 de enero de 1947, más que cualquier otro partido político del mundo; (2) conseguir que el gobierno pasara de un partido político a otro de forma pacífica, por primera vez en la historia de Paraguay; y (3) convertirse en el primer ex obispo de la Iglesia católica que asumía la presidencia de un país.

Lugo obtuvo una convincente victoria en las elecciones, con un 40,9% de los votos emitidos en unas elecciones donde la participación se situó en un 66%. Blanca Ovelar, la derrotada candidata del PC, obtuvo el 30,6% de los votos. Lino Oviedo, antiguo jefe de las Fuerzas Armadas, disidente y líder del Partido Unión Nacional de Ciudadanos Éticos (PUNACE), populista y de base rural, el 21,9%. Oviedo había sido liberado de prisión en septiembre de 2007 –donde cumplía una condena de 10 años por un golpe de Estado fallido en 1996– en un intento por parte del presidente saliente, Nicanor Duarte, de dividir el voto de Lugo. En una impactante demostración del cambio de sentimiento político del país, Pedro Fadul, fundador y líder del Partido Patria Querida (PPQ), modernizador, proempresarial y estrechamente vinculado a los sectores conservadores de la Iglesia católica, vio como su voto caía en picado hasta situarse en un mero 2,4%, frente al 21,3% que obtuvo cuando se presentó como candidato a las elecciones presidenciales de 2003.

Durante gran parte de sus 61 años en el poder, el PC demostró ser una eficaz máquina electoral para mantener el poder de las elites y afianzar las injusticias sociales mediante una combinación de corrupción galopante, control de una burocracia estatal excesiva y retórica nacionalista basada en la participación de Paraguay en dos de las tres guerras post-independencia de Latinoamérica. Por el contrario, el principal partido de la oposición de Paraguay, el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), se mostró incapaz de forjar una alianza contra el PC durante la dictadura de Stroessner (1954-1989) y con posterioridad a ella, momentos en los que Paraguay se convirtió en sinónimo de corrupción, contrabando y flagrantes violaciones de los derechos humanos. A pesar de que en 1992 se aprobó una nueva Constitución democrática, la herencia del pasado siguió siendo una pesada losa para los intentos de conseguir un mejor gobierno. La corrupción aumentó durante los mandatos de una sucesión de presidentes del PC sobornables e ineptos, mientras la poderosa elite surgida durante la dictadura luchaba por mantener su poder en el nuevo entorno democrático, a menudo comprando votos congresistas. Tres períodos de inestabilidad militar (en abril de 1996, marzo de 1999 y mayo de 2000), el asesinato de un vicepresidente (en 1999) y la presentación de cargos de corrupción contra dos antiguos presidentes supusieron obstáculos adicionales para el proceso de democratización.

Tras dos decenios de estancamiento económico, la presidencia de Duarte (2003-2008) coincidió con un período de crecimiento gradual pero sostenido. En 2007 el crecimiento se situó en un 6,8% provisional. Esto se debió en gran medida a la rápida expansión de la producción de soja y carne para exportación en respuesta a la vertiginosa subida de los precios mundiales. Paraguay es actualmente el quinto mayor productor, y el cuarto mayor exportador, de soja del mundo. Sin embargo, esta mayor rapidez del crecimiento económico se basó en una de las estructuras más desiguales de tenencia de la tierra de América, de forma que los beneficios fueron a parar tan sólo a una pequeña elite de productores de soja, ganaderos y políticos corruptos. Según la Oficina Nacional de Estadística, en 2007 el 35,6% de los 6,2 millones de habitantes de Paraguay seguía viviendo en la pobreza y en realidad el porcentaje de personas que vivía en condiciones de extrema pobreza había aumentado de un 15,5% en 2005 a un 19,4% en 2007. Y sin embargo, estas cifras corresponden a un período en que el valor de las exportaciones se triplicó en tan sólo tres años, desde aproximadamente 1.000 millones de dólares en 2005 hasta 3.000 millones de dólares en 2007. Puesto que los paraguayos jóvenes y pobres del medio rural no consiguieron ver los frutos de ese crecimiento, a partir de 2002 se produjo un brusco aumento de la emigración hacia Europa. Se calcula que en 2007 había en España unos 100.000 paraguayos, de los cuales sólo 11.000 eran inmigrantes legales.

En este contexto económico y político, tal era el grado de desilusión con los políticos tradicionales que cuando Fernando Lugo, antiguo obispo, lideró una marcha en Asunción en marzo de 2006 para protestar contra presuntas contravenciones de la Constitución por parte del presidente Duarte, se vio inmediatamente catapultado a la escena política nacional. En julio de 2008, el PLRA accedió a apoyar la candidatura de Lugo a cambio de la vicepresidencia, un reconocimiento tácito de su propia debilidad y una decisión que desató las iras de los otros dos partidos de la oposición. Las esperanzas de una oposición unida se desvanecieron cuando Oviedo (PUNACE) y Fadul (PPQ) reiteraron su intención de presentarse como candidatos a la presidencia. La coalición Lugo-PLRA, conocida como Alianza Patriótica para el Cambio (APC), atrajo tan sólo a una miríada de pequeños partidos de izquierda, fuertes en militancia pero electoralmente débiles en la cultura política de patronazgo de Paraguay.

La carta de Itaipú
Desde el momento en que Lugo se embarcó en su aventura presidencial, prometió renegociar las condiciones de la participación paraguaya en dos megaproyectos hidroeléctricos binacionales, Itaipú con Brasil y Yacyretá con Argentina. El hidroproyecto de Itaipú, propiedad conjunta de Paraguay y Brasil, es el mayor del mundo, con una capacidad instalada de 14.000 MW y unos 90 millones de MWh generados en 2007. Según las condiciones del Tratado de Itaipú, firmado en secreto en 1973 por las dictaduras militares que gobernaban en ambos países en aquel momento, Paraguay debe “ceder” a Brasil la parte no utilizada de su 50% correspondiente de energía. Este tratado, firmado por un período de 50 años, que vencerá en 2023, también prohíbe las ventas a terceros países. En la actualidad, Paraguay utiliza tan sólo 7 millones de MWh al año y debe ceder los 38 millones de MWh restantes a la eléctrica estatal brasileña, Eletrobrás, a precio de costo. A cambio, Paraguay recibe tan sólo 2,7 dólares por MWh como “compensación”, lo que equivale a la mísera cifra de 103 millones de dólares al año, frente al precio al por mayor de aproximadamente 60 dólares por MWh que Eletrobrás cobra dentro de Brasil a las empresas de distribución eléctrica por la energía procedente de Itaipú y los aproximadamente 100 dólares por MWh que las eléctricas argentinas pagaron a Brasil durante la escasez de energía sufrida en 2007. El precio de venta de la energía de Itaipú correspondiente a Paraguay es claramente irrisorio y no se corresponde en modo alguno con el enorme aumento de los precios mundiales. El actual acuerdo resulta enormemente beneficioso económicamente para Brasil.

El gigantesco plan hidroeléctrico de Itaipú resulta de vital importancia para la economía brasileña, ya que en 2007 abasteció el 19% del consumo total brasileño de electricidad. Durante más de tres decenios, el Gobierno brasileño ha estado sobornando hábilmente a la elite política y económica de Paraguay para mantener este lucrativo acuerdo. A pesar de la obligación legal de “alternar la dirección” del proyecto, desde que éste entró en funcionamiento a mediados de la década de 1980, las direcciones técnica y financiera de la empresa hidroeléctrica binacional resultante, Itaipú Binacional, han permanecido exclusivamente en manos brasileñas y no se ha permitido a la Oficina Nacional de Auditoría de Paraguay examinar sus cuentas. Lugo denunció reiteradamente el “colonialismo brasileño” y prometió llevar la cuestión a la Corte Internacional de Justicia si su vecino se negaba a renegociar las condiciones del tratado, de flagrante desigualdad. Ésta era la primera vez que un político paraguayo formulaba semejante amenaza e hizo saltar la voz de alarma en Brasilia. Lugo también criticó a Argentina en relación con la planta hidroeléctrica binacional de Yacyretá, de 3.200 MW, para la que existe un acuerdo igualmente injusto de venta de la cuota de energía correspondiente a Paraguay.

La importancia otorgada por Lugo a la cuestión de Itaipú durante la campaña electoral reflejó el sentimiento de la población general, y todos los demás candidatos, que anteriormente lo habían criticado por plantear la cuestión, se vieron obligados a reposicionarse y apoyar la petición de renegociación. En Paraguay existe actualmente un consenso nacional sobre la cuestión de la renegociación, pero la respuesta del Gobierno brasileño ha sido de intransigencia. Su ministro de Asuntos Exteriores, Celso Amorim, ha repetido en numerosas ocasiones que no habrá renegociación antes de 2023, cuando venza el tratado. En su mensaje de felicitación a Lugo, el presidente “Lula” da Silva aprovechó incluso la oportunidad para recordarle públicamente que la renegociación del tratado no era planteable.

Las relaciones con Brasil con respecto a Itaipú también tienen que ver con la controvertida cuestión de la reforma agraria. En la década de 1990 surgieron movimientos sociales del campo para protestar contra la creciente escasez de tierras para los agricultores pobres. En un principio, los campesinos pedían que se expropiaran las grandes extensiones de tierra otorgadas ilegalmente a generales del ejército y acólitos políticos durante el régimen de Stroessner, bajo capa de una supuesta “reforma agraria”. Sin embargo, a partir de mediados de 1990 el movimiento se radicalizó, cuando agricultores brasileños, impulsados por la diferencia en los precios de la tierra existente entre ambos países, compraron vastas extensiones de tierra para cultivar soja de forma mecanizada. De 1995 a 2005 murieron más de 100 campesinos manifestantes a manos de las fuerzas de seguridad o pistoleros a sueldo, y en la actualidad esos manifestantes han adoptado una postura radicalmente antibrasileña, quemando banderas de Brasil y con una creciente condena del “imperialismo” brasileño.

La mayor parte de la soja paraguaya es producida actualmente por inmigrantes brasileños. Estos brasiguayos no pagan impuestos directos, emplean mano de obra con sueldos inferiores al mínimo obligatorio y deforestan tierra virgen fértil a voluntad, y han empezado a ejercer su poderosa influencia económica mostrando escasa consideración por la protección del medio ambiente. En varias ocasiones desde finales de la década de 1990, han conseguido bloquear importantes carreteras con miles de tractores para frenar la aprobación de leyes que los situarían dentro de la red impositiva. Claudia Ruser, presidenta de la poderosa Asociación de Productores de Soja, ha criticado abiertamente a Lugo, acusándole de fomentar las invasiones de propiedades privadas por familias campesinas sedientas de tierra, cuyas comunidades se están convirtiendo cada vez más en islotes de pobreza rodeados de enormes plantaciones de soja. En un momento en que la triplicación de los precios mundiales de la soja en los últimos 18 meses ha situado la zona bajo cultivo en un nuevo récord en 2007/2008, Lugo dispone de un mandato sólido para empezar a gravar al que actualmente constituye el grupo económico más rico del país. Sin embargo, los poderosos brasiguayos bien podrían cerrarse en banda a semejante posibilidad y pedir ayuda a Brasil.

Apoyo en el Congreso
El desafío político a que se enfrenta el presidente Lugo es considerable, dado que su Gobierno carece de apoyo mayoritario en un Congreso conservador. A pesar del fuerte apoyo prestado a la campaña de Lugo, la representación en el Congreso de los partidos de izquierdas sigue siendo la misma que en 2003-2008, es decir, tres senadores y dos diputados. Uno de los principales motivos es que los múltiples partidos de izquierdas de la APC, incluido el propio Movimiento Popular Tekojoja (MPT) de Lugo, no consiguieron ponerse de acuerdo en una lista única. En vista del pobre resultado de sus aliados de izquierdas, Lugo dependerá del apoyo del PLRA (uno de sus miembros, Federico Franco, ocupa la vicepresidencia) para poder sacar adelante las reformas. Sin embargo, muchos grupos poderosos del PLRA se oponen firmemente a la introducción de un impuesto sobre la renta de las personas físicas y a la reforma agraria, dos aspectos clave del programa de reforma de Lugo.

A la victoria de Lugo también contribuyó enormemente la profunda división del PC. El antiguo vicepresidente, Luis Castiglioni, fue derrotado por un estrecho margen por Ovelar como candidato a la presidencia en unas primarias celebradas en diciembre de 2007 que muchos consideraron fraudulentas. La negativa de Castiglioni a apoyar a Ovelar como candidata oficial del partido provocó una fuga masiva de votos colorados. Muchos de los desertores cambiaron su voto a Lugo u Oviedo. A pesar de perder la Presidencia, el PC mantuvo su posición como mayor partido del Congreso, como resultado de la votación táctica de los partidarios de Castiglioni, que siguieron votando a candidatos colorados para los escaños del Congreso. En la Cámara Alta, compuesta por 45 miembros, el PC cuenta con 15 escaños, tan sólo uno menos que en 2003-2008, seguido del PLRA (14), el PUNACE (9) y el PPQ (4). En el Congreso de los Diputados, el PC cuenta con 30 escaños, siete menos que en 2003-2008, seguido del PLRA (27), el PUNACE (15) y el PPQ (3).

Como nota positiva, Lugo se beneficiará de las amargas recriminaciones en el seno del bando colorado tras su derrota en las elecciones. En general, se acusa al presidente saliente Duarte de haber impuesto a Ovelar como candidata para sucederle contra el deseo de los activistas del partido. Aunque Duarte consiguió encabezar la lista del partido para la Cámara Alta, su controvertida presencia como senador para el mandato 2008-2013 contribuiría enormemente a dividir el PC en el Congreso, algo que beneficiaría enormemente a la APC cuando intentara sacar adelante la legislación necesaria para llevar a cabo las reformas. Castiglioni, el derrotado candidato de las primarias del PC de diciembre de 2007, dijo que su facción, Vanguardia Colorada, no reconocería el liderazgo de Duarte. Funcionaría como bloque independiente en el Congreso, pero es probable que se oponga firmemente al programa de reforma de Lugo ya que el propio Castiglioni se postula a líder del partido para las elecciones previstas en 2010.

Planes de futuro

El compromiso del presidente Lugo de combatir la desigualdad supone un serio desafío para el statu quo. Sin embargo, su programa sigue siendo impreciso. Su discurso de toma de posesión fue sólido en cuanto a la retórica (reconoció su deuda intelectual con la teología de la liberación) pero sorprendentemente débil en cuanto a la formulación de políticas concretas. Lugo repitió las principales prioridades de su Gobierno (reforma agraria, programas específicos de reducción de la pobreza, lucha contra la corrupción endémica en la Administración pública y renegociación del Tratado de Itaipú), pero no anunció ninguna política concreta al respecto.

El presidente venezolano, Hugo Chávez, tuvo un gran protagonismo durante la ceremonia de investidura y tras ella. En un acto cultural celebrado esa noche, bailó y cantó del brazo de Lugo. Al día siguiente lo acompañó al Departamento de San Pedro, extremadamente pobre, donde Lugo había sido obispo cerca de 11 años. Chávez acaparó toda la atención, pronunciando un largo discurso antiestadounidense y firmando un paquete de 12 proyectos de ayuda para Paraguay. Entre ellos se incluía una reserva estratégica de petróleo para superar la escasez de meses anteriores como consecuencia de la interrupción de los créditos de proveedores a Petropar, la petrolera estatal, que generaba pérdidas. El protagonismo de Chávez y las intensas críticas contra los medios de comunicación de Rafael Correa y Evo Morales hicieron aumentar la especulación acerca de si Lugo se alinearía con la corriente de gobiernos populistas y antiamericanos de la región. Sin embargo, las consideraciones tanto de política nacional como de política exterior sugieren que semejante juicio resulta prematuro a la vez que simplista.

En el frente interno, Lugo ha nombrado un Gabinete a grandes rasgos de centro, especialmente por lo que respecta a los puestos ministeriales clave. A pesar de la fuerte presión ejercida por el PLRA para mantener la “parte que le corresponde” de los puestos ministeriales, la mayor parte de los cargos de alto nivel se han repartido hasta ahora en base a los méritos, y no como favores políticos. El ministro de Finanzas de Lugo, Dionisio Borda, consiguió poner en marcha, con ayuda del Fondo Monetario Internacional (FMI), un programa que consiguió evitar un impago de la deuda durante los dos primeros años del Gobierno de Duarte Frutos, en 2003-2005. Borda está decidido a introducir un impuesto sobre la renta de las personas físicas en 2009, pospuesto ya dos veces, y baraja la posibilidad de gravar las exportaciones agrícolas, en vista de las inesperadas ganancias de los exportadores de soja. Para la ceremonia de investidura, Paraguay invitó oficialmente al Premio Nobel Joseph Stiglitz. En su discurso en el banco central, Stiglitz pidió, ante todos los invitados, nuevos impuestos para aumentar el escaso rendimiento impositivo de Paraguay (un mero 11% del PIB), a fin de poder financiar las tan necesarias mejoras de la salud y la educación y los programas específicos de reducción de la pobreza. Sus declaraciones desencadenaron un aluvión de críticas por parte de los terratenientes del campo y los industriales.

El ministro de Agricultura, Cándido Vera Bejarano, no se muestra radical con respecto a la reforma agraria. Sigue oponiéndose tanto a las ocupaciones de tierras por parte de agricultores sin ellas como a la confiscación de las tierras ilegalmente concedidas a poderosos miembros del Partido Colorado y del ejército durante la dictadura de Stroessner y tras ella, bajo capa de una supuesta reforma agraria. El ministro de Industria y Comercio, Martín Heisecke, es un empresario farmacéutico de centro-derecha. En respuesta a la grave escasez de cemento experimentada en los últimos meses como consecuencia de las interrupciones de las plantas del monopolio estatal Industria Nacional de Cemento (INC), Heisecke afirmó que, de ser por él, la empresa se privatizaría mañana mismo. El ministro de Obras Públicas, Efraín Alegre, se muestra partidario de las asociaciones entre los sectores público y privado para la construcción de carreteras.

En el frente exterior, Lugo dispone de un sólido mandato para presionar en favor de una renegociación de los contratos hidroeléctricos. Durante la ceremonia de investidura, el presidente Lula se mostró visiblemente impactado por el aluvión de gritos que la audiencia de 15.000 personas le dirigió, exhortándole a aceptar la renegociación del Tratado de Itaipú, y regresó a Brasil inmediatamente después de la ceremonia. Dada la actual intransigencia del Gobierno brasileño y el hecho de que Paraguay también está intentando renegociar las condiciones de su otro gran condominio hidroeléctrico binacional, Yacyretá, con Argentina, los cada vez mayores vínculos del Gobierno de Lugo con Venezuela y Bolivia deben entenderse, más que como producto de una afinidad ideológica, como parte de un esfuerzo concertado por alejarse de la política pendular (tratar de enfrentar a sus dos poderosos vecinos, Argentina y Brasil, en beneficio propio) que ha caracterizado la política exterior de Paraguay durante más de un siglo, excluyendo a todos los demás países latinoamericanos.

Paraguay está desarrollando actualmente este “tercer frente” como táctica en su intento de renegociar los contratos hidroeléctricos tanto con Brasil como con Argentina. Lugo se ha esforzado al máximo por negar cualquier afinidad con el amplio movimiento populista imperante en el resto de Latinoamérica, al mismo tiempo que aplaudía la mayor soberanía sobre los recursos naturales nacionales promovida por los presidentes Morales y Chávez. Su apoyo a la entrada de Venezuela en el Mercosur debería interpretarse como un intento de contrarrestar el dominio de Brasil y Argentina en el bloque. Estas consideraciones de carácter geopolítico también ayudan a explicar el establecimiento por parte de Lugo de vínculos más estrechos con el Gobierno uruguayo de Vásquez, ya que ambos buscan mejores condiciones para las economías más pequeñas del bloque regional mediante el mecanismo de mejores fondos regionales de desarrollo y exenciones preferenciales del Arancel Externo Común (AEC).

Otros dos aspectos sugieren que la “apertura” de las relaciones con Venezuela es más una decisión táctica que estratégica, con connotaciones ideológicas más profundas. En primer lugar, Lugo se ha esforzado por mantener estrechos vínculos con EEUU y ha sido invitado a almorzar con George Bush durante su visita a la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre. En segundo lugar, para sorpresa de muchos observadores, el presidente Ma de Taiwán asistió a la ceremonia de investidura de Lugo, antes de que éste confirmara que Paraguay mantendría su política de no reconocimiento de la República Popular China, a pesar de que actualmente es la segunda mayor fuente de importaciones de Paraguay.

Conclusión: Paraguay se ha embarcado por fin en la etapa de alternancia de su proceso democrático, pospuesta durante prácticamente 20 años, desde que terminara la dictadura de Stroessner en 1989. Están saliendo a la superficie corrientes de reforma estructural subyacentes, entre otras cosas un nuevo orgullo y una nueva confianza en la lengua guaraní y la identidad cultural del país. Hay una nueva sensación de optimismo en un país en que la mayor parte de los habitantes había terminado por despreciar a los políticos. No es de sorprender que Lugo sea el catalizador del cambio: el hecho de que no fuera “político” fue uno de sus mayores atractivos electorales. Su imagen no partidista le resultará muy útil en sus intentos de conseguir el respaldo mayoritario necesario para sacar adelante las tan urgentes reformas.

Los paraguayos tienen enormes esperanzas de que Lugo transforme el país. Un sondeo de opinión le otorgó un nivel de popularidad del 93%. En las zonas rurales, las organizaciones campesinas militantes ejercen cada vez más presión para que confisque y redistribuya las amplias haciendas propiedad de brasileños. En las zonas urbanas, la clase media tiene grandes esperanzas de que Lugo acabe con la corrupción de la Administración pública. Sin embargo, en ausencia de políticas claras, es poco probable que se puedan satisfacer esas altas expectativas a corto plazo, y mucho menos a medio plazo. Por ese motivo, su período de luna de miel con el electorado podría resultar relativamente corto. A medida que vaya instaurándose un sentimiento de desilusión por la falta de avances en las reformas estructurales, el PC utilizará su poder y su experiencia para recuperarse de la impactante derrota que sufrió en abril de 2008 y que, en gran parte, fue culpa suya. El PC sigue siendo el mayor partido político, dentro y fuera del Congreso. Podría volver a unirse rápidamente y empezar a reafirmar su autoridad sobre una debilitada presidencia. Semejante escenario sería un mal presagio para el “buen gobierno” del próximo período. Pero incluso si Lugo consiguiera sacar adelante la legislación necesaria para llevar a cabo su reforma, su Gobierno se enfrentará a enormes problemas para cumplir su programa de reducción de la pobreza, debido al control que el PC sigue ejerciendo sobre el poder judicial y la Administración pública. Aun así, independientemente de lo que suceda en el frente nacional, existe ya un consenso entre los distintos partidos, respaldado por un amplio porcentaje de la opinión pública, sobre la necesidad de renegociar los contratos hidroeléctricos binacionales con Brasil y Argentina, lo que tendrá importantes consecuencias geopolíticas en la región durante los próximos años.

Fuente: Bitácora AlmendrónTribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

noviembre 22, 2008 Publicado por | Paraguay | 1 comentario

>La victoria de Fernando Lugo: el final de la transición paraguaya

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Por Ignacio García-Valdecasas, diplomático (REAL INSTITUTO ELCANO, 19/11/08):

Tema: La reciente llegada a la Presidencia de Paraguay de Fernando Lugo culmina la transición a la democracia y abre la posibilidad de abordar las profundas reformas que necesita Paraguay.

Resumen: La llegada de Fernando Lugo al poder en Paraguay está causada por dos hechos que por primera vez han coincidido en el tiempo: la división del Partido Colorado y la unidad de la oposición. Su elección ha puesto fin a 60 años de gobierno del Partido Colorado.

Este episodio ha colocado a Paraguay momentáneamente en el centro de la atención internacional, lo que se ha traducido en un aluvión de comentarios no siempre acertados sobre el pasado y el presente de este país. La llegada de Lugo al poder no supone, como se ha dicho, ni el inicio de la transición democrática, que comenzó con la caída de Stroessner en 1989, ni su final, que se dará cuando al final de su mandato el presidente Lugo ceda democráticamente el poder a su sucesor.

Lugo se enfrenta a importantes desafíos que marcarán a buen seguro su mandato. Paraguay necesita urgentemente reformas. La pobreza, el subempleo, la desigualdad, la corrupción y la parálisis institucional azotan a un país que además se ve, como tantos otros, afectado por la crisis económica internacional. El flamante presidente deberá acometer la reforma de un sector público excesivo e ideologizado, luchar contra la corrupción y emprender reformas económicas de calado… y todo ello desde el respeto al orden constitucional paraguayo.

De su capacidad para enfrentarse a todos estos retos, y de hacerlo sin caer en los errores que cometieron sus antecesores en Paraguay, y en otros países iberoamericanos, dependerá el futuro próximo del pueblo paraguayo, y el lugar que ocupará Fernando Lugo en su historia.

Análisis

Una transición demasiado larga

En contra de lo expresado por algunos comentaristas, con el triunfo de Lugo ni empieza ni termina la transición paraguaya. La transición paraguaya comienza el 3 de febrero de 1989 con la caída y el exilio del general Stroessner. Aún están pendientes de esclarecer las causas que motivaron al general Rodríguez para derrocar a su consuegro. Transición que avanza durante el mandato de Rodríguez (1989-1993), se acelera y profundiza bajo la presidencia de Wasmosy (1993-1998), pero que termina descarrilando al final de este período esencialmente por la división interna del Partido Colorado (PC) y por el enfrentamiento entre Wasmosy y el general Oviedo.

Si hubiera que elegir el momento clave de la transición paraguaya, este sería el fraude en las elecciones internas Coloradas de 1992. Todo lo ocurrido después está relacionado de una u otra manera con este acontecimiento, que la oposición prefirió ignorar convencida de que le sería más fácil derrotar en las urnas a Wasmosy que a Argaña. El entonces coronel Oviedo perpetró el fraude siguiendo instrucciones del presidente Rodríguez, que no quería tener como sucesor a alguien fuera de su control como Argaña. A pesar de ello, Wasmosy aceptó ser el candidato del PC. Al hacerlo se situó en posición de debilidad.

Cuando en 1996 el presidente Wasmosy quiso liberarse, chocó con Oviedo y a partir de este momento los acontecimientos se precipitaron. Tras un fallido intento de golpe de Estado, Oviedo salió del ejército, entró en política y terminó siendo encarcelado por la Corte Suprema. Los colorados se unen férreamente en las elecciones de 1998 y las ganan con el objetivo de liberar a Oviedo o de mantenerlo en prisión, en función del grupo que finalmente tuviese el control del partido y del gobierno.

El PC arrastró en su enfrentamiento al pueblo paraguayo: Argaña murió en circunstancias aún no aclaradas, en el Marzo paraguayo perecieron ocho personas, Oviedo se exilió y lo mismo hizo el presidente Cubas tras renunciar a su cargo. El colorado argañista González Machi, presidente del Senado, accedió a la Presidencia.

Durante los últimos 10 años y las Presidencias de Cubas Grau/González Machi (1998-2003) y Duarte Frutos (2003-2008) la transición se mantuvo en estado de hibernación.

En las elecciones de 2003 que llevaron a la Presidencia al colorado argañista Nicanor Duarte Frutos, ganó de nuevo el PC a pesar de la escisión oviedista porque la oposición concurrió dividida. Oviedo se presentó por persona interpuesta. Laino perdió el control del Partido Liberal (PLRA) cuyo candidato fue Federico Franco. Finalmente, surgió un nuevo Partido en la oposición: Patria Querida (PPQ), liderado por Pedro Fadul, de tintes democristianos y con fuerte apoyo de la jerarquía católica. En la Cámaras, sin embargo, el PC sufrió una clara derrota.

Los constituyentes, colorados incluidos, obsesionados por la posibilidad de retornar a la dictadura, fragmentaron el poder en el interior de los partidos políticos, promoviendo la indisciplina, así como en la estructura del Estado, dándole al poder legislativo poderosas facultades frente al ejecutivo.

Como es propio de los regímenes presidencialistas, el control del poder ejecutivo no le garantiza a Lugo dominar por completo el proceso de toma de decisiones dada la fortaleza que tiene el Congreso (Senado y Cámara de Diputados). Sin la mayoría en el Senado, el margen de maniobra del presidente es muy limitado y en 2003 el PC obtuvo solo 16 senadores sobre un total de 45. De estos 16 senadores colorados, Nicanor Duarte no pudo contar con el apoyo incondicional de más de 10. Situación parecida se produjo en la Cámara de Diputados. El escenario era el adecuado para perpetuar la parálisis política del Paraguay. Y así fue.

La complejidad del proceso democratizador

Hasta aquí la historia reciente. En efecto, la transición paraguaya se ha prolongado en demasía, pero con Lugo comienza el final. La transición terminará definitivamente dentro de cinco años cuando Lugo traspase el poder a su sucesor democráticamente elegido. Cualquier otra eventualidad supondría la perpetuación de la parálisis o, peor aún, la quiebra del proceso.

No es cierto que con Lugo termine la dictadura del PC. Paraguay es un país democrático desde 1998. Con un Estado de derecho mejorable, pero democrático. La dictadura terminó con la aprobación de la Constitución de 1992.

El hecho de que el PC, tras usurpar el poder durante la dictadura de Stroessner, saliera de ella impoluto y mantuviera el poder tras varios procesos electorales se debe a una serie de causas de indudable complejidad. Lo ocurrido obedece en lo esencial al peso propio del PC y a la forma en que se celebraron todos los procesos electorales entre 1989 y 1993. Ir a unas elecciones perdidas de antemano por la falta de las mínimas garantías es siempre un error y la oposición paraguaya lo cometió en cuatro ocasiones. Sin padrón ni justicia electoral dignos de tal nombre, concurrieron a la elección presidencial de Rodríguez de 1989, a las municipales y a las constituyentes de 1991 y a las generales de 1993. Siguen siendo desconocidas las razones que motivaron a la oposición, y en particular al líder liberal Domingo Laíno, para actuar de tal manera.

En 1998 se celebraron las primeras elecciones democráticas de la historia del Paraguay, pero para entonces la opinión pública paraguaya había recibido subliminal pero insistentemente tres mensajes que pondrían en peligro la transición y debilitarían el régimen democrático:

  • Se habían celebrado cuatro procesos electorales sin garantías y cuyo resultado era inevitable y conocido a priori.
  • Los partidos políticos, y en concreto el PC, podían seguir dirimiendo sus conflictos internos como en los tiempos de la dictadura y con métodos “stroessnistas” como había demostrado el fraude contra Argaña, que fue bendecido con el silencio de la oposición y de la comunidad internacional.
  • Los acuerdos entre el gobierno y la oposición no fijaban objetivos programáticos, pero si el reparto de cargos y prebendas.

Con estos mensajes, la opinión pública llegaba inconscientemente a la conclusión de que las elecciones y, en definitiva, la democracia consiste esencialmente en el respeto a una serie de formalidades y que la colaboración interpartidaria en el juego político es tan solo un método para repartirse los beneficios del poder.

A partir de este momento, y traspasado este umbral en 1993, sería mucho más difícil desbancar al PC. Todo lo anterior afianzaba el convencimiento del votante colorado y sembraba dudas en el electorado no cautivo de los dos partidos mayoritarios. Efectivamente, una parte importante del cuerpo electoral debió alcanzar la conclusión de que para llegar al mismo destino siguiendo el mismo trayecto no era necesario cambiar de conductor.

La situación política [1]

Con todos estos antecedentes ¿Cómo ha conseguido ganar Lugo? ¿Por qué ha perdido finalmente el poder el PC?

Lugo gana porque el PC acude a las elecciones dividido y porque la oposición se presenta unida. Ambas circunstancias se habían producido en elecciones anteriores pero ésta es la primera vez que se han producido simultáneamente, en el mismo proceso electoral.

El PC ha sufrido en primer lugar la división interna provocado por Luis Castiglioni que no ha terminado de aceptar su derrota en las elecciones internas Coloradas, aunque no ha podido demostrar la ocurrencia de fraude. A esta división interna se ha sumado otra externa, mucho más importante, al consumarse la escisión del oviedismo en el momento en que por primera vez su líder ha podido concurrir a unas elecciones.

Oviedo, que entretanto había vuelto a Paraguay de su exilio argentino-brasileño e ingresado en una prisión militar, fue liberado por Nicanor Duarte Frutos que pretendía sin duda contribuir de esta manera a la división de la oposición. El resultado, sin embargo, ha sido el contrario al buscado. En 2003, el candidato de UNACE, con Oviedo inhabilitado, obtuvo el 13,47% de los votos. En 2008, Oviedo ha obtenido el 22%. Es decir, un 8,5% más que en 2003.

Blanca Ovelar, candidata del PC en 2008, al obtener un 31% ha perdido un 6% respecto al 37% obtenido en 2003 por Nicanor Duarte Frutos. Obviamente, este 6% le ha sido arrebatado por Oviedo.

No conviene pasar por alto que la suma de los votos obtenidos por colorados y oviedistas con Blanca Ovelar y Oviedo en 2008 (53%) es superior a la misma suma de 2003 (50,50%), pero el divorcio colorado se afianza. Si UNACE con Oviedo en libertad se consolida, al PC le resultará difícil recuperar el poder a corto y medio plazo.

Aunque es difícil calibrar los odios, rencores y resentimientos que a veces produce un divorcio, no conviene olvidar que los oviedistas en cierto modo siguen siendo colorados. UNACE no significa sino “Unión Nacional de Colorados Éticos”. Por todo ello no se puede descartar por completo una refundación y reunificación colorada, sobre todo si la mayoría de los colorados llegan a la conclusión de que ésta es la única vía para recuperar el poder. Es poco probable, mientras Oviedo tenga el control de UNACE y los argañistas mantengan una cierta influencia en el PC, pero no del todo imposible.

Los argañistas, hijos y seguidores de Argaña, siempre han acusado a Oviedo de la muerte de su líder y padre, pero su poder en el PC es cada día menor. Su total desaparición política facilitaría la reintegración del oviedismo en la familia colorada. Si los colorados llegan al convencimiento de que pagando este precio recuperarán el poder, no cabe duda de que lo pagarán.

En la oposición, Lugo acumuló prácticamente todos lo votos y obtuvo el 41%. La oposición volvió a unirse como en 1998, pero esta vez con éxito. Pedro Fadul se presentó de nuevo como candidato del PPQ, pero su candidatura no afectó a la unidad de la oposición porque el electorado optó por ignorarla y le castigó duramente: si en 2003 Pedro Fadul obtenía un 21,28%, en 2008 debía conformarse con un 2%. Este es un caso claro de voto útil y no un simple cambio de opinión del electorado paraguayo.

Este 41% es, por otro lado, muy inferior al 53% obtenido conjuntamente por Blanca Ovelar y Oviedo. Sin la escisión oviedista, conviene tenerlo siempre in mente, la oposición no habría ganado las elecciones presidenciales.

La concertación que ha permitido el triunfo de Lugo gira en torno al PLRA, que desde 1993 no bajó nunca de 24% del voto. Hay que añadirle el voto deseoso de cambio que en 1993 siguió a Caballero Vargas y en 2003 a Pedro Fadul y, finalmente, todos los grupúsculos de izquierda que hoy por hoy tienen en Paraguay solo una presencia testimonial.

El carisma de Lugo entre los campesinos sin tierra no se ha materializado ni ha influido en los resultados electorales. Estos centenares de miles de habitantes del campo, que son movilizados con cierta frecuencia por las coordinadoras y sindicatos del ramo, se han abstenido o han repartido su voto entre colorados y liberales siguiendo pautas tradicionales. Por otro lado, puede observarse que Oviedo no solo recibió todos los votos colorados perdidos por Blanca Ovelar sino también un 2% del electorado proveniente de la oposición y que Lugo ha sido incapaz de retener.

La Alianza Patriótica para el Cambio, que ha llevado a Lugo a la Presidencia, está en minoría en ambas Cámaras. Para tener mayoría necesita el apoyo de legisladores oviedistas y colorados. Lugo tiene ante si la tortuosa senda que le marcan los mecanismos constitucionales.

El primer reto que enfrenta es sacar a su país de la parálisis institucional y de la atonía política en las que está anclado desde hace 12 años. Y hacerlo en el respeto a la Constitución. Para ello necesita mantener el idilio con los liberales, una férrea disciplina en el seno de la Alianza y, como ya se ha señalado, el apoyo de algunos senadores y diputados oviedistas y colorados.

Salir de la parálisis institucional es un fin en sí mismo y, sobre todo, un medio para emprender las reformas urgentes que necesita Paraguay.

La situación socioeconómica [2]

Ya se ha descrito la situación política que vive y ha vivido Paraguay en los últimos años, pero ¿qué país recibe Lugo en el terreno socio-económico?

Lugo recibe un país con unas cuentas públicas relativamente saneadas y con una más que razonable estabilidad macroeconómica, muy diferente de la herencia que recibió Nicanor Duarte Frutos al acceder a la Presidencia.

En 2007 la inflación alcanzo un 6%. El PIB creció un 6,4%, más del triple que la población, que lo hizo en un 1,9%. El presupuesto tuvo un ligero superávit, al igual que la balanza de pagos, y las reservas internacionales superaron a la deuda externa.

La cruz de la moneda está en el ámbito social. La situación es preocupante. De 6 millones de habitantes, la población económicamente activa se eleva a 2,8 millones, de la cual el 5,6% está en el paro y 2,7 millones, el 94,4%, está ocupada. Pero esta cifra es engañosa porque dos terceras partes –es decir, 1,8 millones– están subempleados o cobran menos del salario mínimo legal o simplemente no cobran salario por tratarse de familiares no remunerados. En resumen, solo 900.000 personas trabajan y perciben un salario igual o superior al mínimo legal. Por eso, uno de cada tres paraguayos vive bajo el umbral de la pobreza y uno de cada cinco en la indigencia.

Que el incremento del PIB triplique al de la población y al mismo tiempo aumente el número de indigentes quiere decir que los ricos representan cada día un porcentaje menor de la población, pero que cada vez acumulan mayor riqueza en términos absolutos y relativos. En el extremo opuesto, los pobres aumentan en número y porcentaje pero cada vez disponen de menos renta. Para algunos, ésta es la fórmula de la bomba de relojería. Por el contrario, hay quien señala que la “informalidad de la economía” no solo oculta la riqueza de las clases pudientes sino que también exagera la pobreza de los más desfavorecidos, que serían menos numerosos de lo que indican las estadísticas de los organismos internacionales y paraguayos.

En todo caso, el lado negativo de la coyuntura se completa con una deforestación masiva que incide negativamente en los más pobres, con una inseguridad jurídica bastante extendida y, últimamente, con la inseguridad física.

La crisis económica que hoy sufren EEUU y Europa afectará a Paraguay, de manera limitada e indirecta, en la medida en que disminuya la demanda de sus vecinos, especialmente Argentina y Brasil. También es posible que disminuyan las remesas de los emigrantes o los ingresos de las empresas hidroeléctricas binacionales de Itaipú y Yaciretá.

Quienes sí sufrirán y duramente la nueva situación económica internacional serán quienes se hallan en la pobreza extrema. Su situación, como en el resto del planeta, se ha agravado por la subida mundial del precio de los alimentos y de los combustibles. En el caso de Paraguay el desarrollo del biodiesel y bioetanol puede tener consecuencias negativas visibles.

Retos y tentaciones

En efecto, Lugo tiene ante sí grandes retos. Por eso le acosarán algunas tentaciones y se le plantearan difíciles dilemas. Paraguay necesita llevar a cabo profundas reformas y al mismo tiempo tiene que luchar contra la pobreza. El crecimiento demográfico, la concentración de la riqueza, la ausencia de políticas sociales y el deterioro medioambiental de bosques y ríos, entre otras causas, han disparado la pobreza y provocado hambre en un país que nunca la sufrió gracias a sus recursos naturales.

El primer reto es la lucha contra la pobreza y la mejora de los servicios sociales. En particular, educación y salud, que se enfrentan a dificultades en un doble plano: recursos y capacidad. Sin un esfuerzo previo en salud y educación, la persecución de otros objetivos, como la reforma agraria, carece de sentido: los campesinos paraguayos poco se beneficiarán de la tierra mientras sigan siendo habitantes del campo más que agricultores.

Es necesario aumentar los ingresos fiscales para incrementar el porcentaje del PIB dedicado a salud y educación, pero igual o más importante es la necesidad de mejorar la cualificación del personal sanitario y educativo y mejorar la gestión, acabando de paso con la corrupción y el prebendarismo lo cual nos lleva al segundo reto: la lucha contra la corrupción y la reforma del sector público. Transparencia Internacional afinó sus métodos y Paraguay ya no es el país más corrupto de América: le superan Haití, Ecuador y Venezuela. Aunque Paraguay ha mejorado su situación saltando al puesto número 138 sobre un total de 180, la situación sigue siendo preocupante. Una primera manifestación de esto se observa en un sector público aquejado de gigantismo. Su tamaño obedece al claro objetivo de ser un vivero y un conservante del voto colorado. Decenas (¿centenas?) de miles de paraguayos, colorados la inmensa mayoría, viven del sector público y están en nómina de la administración central y municipal o de las empresas públicas con independencia de que trabajen mucho, poco o nada. La lucha contra la corrupción y la reforma del sector público son presupuestos previos y necesarios para mejorar en los terrenos de la seguridad jurídica y física.

El tercer reto de Lugo es sacar a flote la economía sumergida o simplemente “regularizarla” a efectos fiscales, lo que facilitará, además, la lucha contra las actividades económicas criminales. Pero para esto será necesario neutralizar, convertir en neutral, el aparato del Estado, hasta ahora un instrumento de la política colorada. Muchos paraguayos, incluso progresistas, se han resistido al establecimiento de un autentico impuesto sobre la renta en el convencimiento de que se convertiría en un arma política en manos del gobierno colorado de turno.

Sin la reforma del sector público y sin una lucha eficaz contra la corrupción será imposible regularizar la economía e incrementar la presión fiscal. Y sin esto será difícil luchar contra la pobreza y mejorar los servicios sociales. Los tres retos están esencialmente ligados como si formaran un nudo gordiano. Y este nudo tiene además un reaseguro: nada de lo anterior será posible si al mismo tiempo no se mantiene el crecimiento económico.

Para mejorar el aparato productivo y sus resultados sería conveniente un mínimo de inversión extranjera. No tanto por los aportes de capital como por los aportes de tecnología y modernidad y por lo que su llegada presupondría en cuanto a la mejora previa de la seguridad jurídica y del Estado de derecho. Fernando Lugo ya ha comprendido que la tarea es ardua y a partir de ahora distintas tentaciones empezaran a asediarle como a Jesús en el desierto.

La primera será la de aparcar la Constitución, dejar de lado los mecanismos institucionales y seguir el camino del populismo que tanto daño ha hecho en Iberoamérica. En lugar de buscar mayorías y consensos, siempre difíciles, la tentación será huir hacia delante y dirigirse al pueblo como legitimador permanente.

La segunda tentación tampoco sería privativa de Lugo. En Paraguay todos los presidentes la han acariciado y fuera de Paraguay muchos han caído en ella: la reelección. Si la tarea es gigantesca y el tiempo escaso… Hasta ahora, el mejor antídoto ha sido precisamente la división del PC en el poder. Paradójicamente, ese freno ya no existe.

Ciertamente Paraguay está en el medio de una encrucijada y a Lugo se le plantearán de manera permanente dos opciones de una misma alternativa: la inacción de un lado y la precipitación de otro. La manera y la rapidez de la reforma del sector público y de la fiscalidad serán determinantes para los resultados que se alcancen en esta nueva fase de la historia paraguaya.

Lugo, como se ha señalado, está en minoría en las Cámaras, pero sin los liberales está en el vacío. No debe olvidar que ha llegado a la Presidencia gracias, esencialmente, a los votos del PLRA ni que este partido ha hecho un gran sacrificio renunciando, con inteligencia y generosidad, a presentar candidato propio.

Esta arriesgada apuesta ha sido impulsada por Mateo Balmelli y los hermanos Franco y ha sido posible gracias a la práctica desaparición del sector lainista, siempre proclive a entenderse con los colorados a cambio de algún zoquete. El electorado ha recompensado al PLRA con uno de los mejores resultados electorales de su historia: 14 senadores, 29 diputados y siete gobernadores departamentales. Lugo debe contar con todos ellos y con los partidos minoritarios, pues sin un grupo cohesionado y disciplinado en ambas Cámaras no se vislumbra como hará Lugo para sacar adelante sus proyectos.

No es aconsejable hacer juicios de intenciones, pero uno puede legítimamente preguntarse ¿Qué pretende Lugo? ¿Qué pretenderá a lo largo de su mandato? ¿Ser el líder político que culminó la transición paraguaya, luchó contra la pobreza, mejoró el Estado de derecho, puso en marcha una serie de reformas, preparó el camino de su sucesor y pasó a la historia por la puerta grande retirándose al final de su mandato?

¿Querrá, además, convertirse en el líder de un nuevo partido político? ¿Terminará deseando perpetuarse en el poder por considerarse imprescindible? ¿Podrá resistir o sucumbirá a una o varias de las tentaciones? ¿Saldrá airoso de los dilemas?

Obviamente, en las respuestas están las claves del futuro cercano de Paraguay.

Conclusión: Con Lugo, el PC pierde el poder tras 60 años, termina la transición paraguaya y se produce la primera alternancia política, pacífica y democrática, de la historia del Paraguay.

Al mismo tiempo, se abre, también por vez primera, la posibilidad real de emprender las reformas que podrían hacer de Paraguay un país más próspero, más justo y más moderno. Las encrucijadas de los pueblos son oportunidades que se les presentan y hoy Paraguay tiene muchas delante de sí. Es el momento apropiado para aprovecharlas. El pueblo paraguayo, que ha sufrido una historia tortuosa, se merece sobradamente que esta nueva etapa concluya con éxito.

Por todo ello, la Comunidad Internacional, y en particular MERCOSUR y la UE, deben acompañar el proceso de reformas y ayudar a Paraguay y a Lugo en toda la medida de lo posible para que las oportunidades se traduzcan en realidades.

[1] Los datos electorales pueden consultarse en

[2] Los datos macroeconómicos de Paraguay pueden consultarse, entre otros, en la página web del Banco Central de Paraguay www.bcp.gov.py (último acceso el 6/IX/2008), en The Economist Intelligence Unit Country Profile 2008 y enwww.rodriguezsilvero.com.py (visitada el 6/IX/2008). Véase también Ricardo Rodríguez Silvero (2008), “Paraguay en la encrucijada 2007/2008, análisis económico-financiero y social”, Rodríguez Silvero y Asociados. Asunción.

Fuente: Bitácora AlmendrónTribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

noviembre 21, 2008 Publicado por | elecciones, Paraguay | 1 comentario

El cambio en Paraguay

Por Julio María Sanguinetti, ex presidente de Uruguay, abogado y periodista (EL PAÍS, 27/08/08):

Cada país tiene una historia a la cual responde. Aún los vecinos que integramos hoy el Mercosur nos definimos mediante características peculiares a cada historia nacional. Sin ir más lejos, mientras Brasil celebra en este 2008 la llegada de la monarquía portuguesa a Brasil, que gobernaría casi un siglo, el resto comenzamos la evocación del proceso de la independencia, que se desencadenará dos años más tarde en una vasta rebelión armada. En esa mirada, el Paraguay luce singularísimo desde la época española, como centro de la colonización del Río de la Plata, más tarde república aislacionista y luego epicentro de una formidable tragedia militar, que aún pesa sobre su alma. En los estertores del siglo XX termina con un largo período dictatorial, abriéndose a una democracia incipiente que vive en estos días un cambio copernicano con el advenimiento del obispo Lugo al poder, luego de 61 años de gobierno del Partido Colorado.

Nada se puede entender sin esa historia. El proceso colonial tuvo su epicentro en Asunción “madre de ciudades”, desde la cual, a partir de 1537, se condujo la colonización del Río de la Plata, fundando nada menos que Santa Cruz de la Sierra (1561), Santa Fe (1573), Buenos Aires (1580) y Corrientes (1588). Una inédita amalgama del español y el indígena guaraní, es pacíficamente impulsada por su primer gobernante, Domingo Martínez de Irala. De ella nacería una nueva clase, los “mestizos” o “mancebos de la tierra”, que, además de adquirir un protagonismo impensable en otras partes de América, consolidaron un idioma, el guaraní, que hasta hoy convive con el castellano en una armónica dualidad.

Ya en el siglo XVI se ve a criollos encumbrados en el gobierno, como el célebre Hernandarias, o -en la vida intelectual- el cura asunceño Rui Díaz de Guzmán, el primer historiador del Río de la Plata. A esta particular historia ha de añadírsele la de las misiones jesuitas, que entre 1607 y 1767 desarrollaron una formidable experiencia de enculturación indígena, que mantuvo la frontera española frente al avance de los codiciosos bandeirantes portugueses. Desde la explotación económica de la yerba mate hasta la invención de instrumentos musicales, como el arpa paraguaya, desde la publicación de una gramática guaraní hasta la formación de un ejército disciplinado y eficaz, todo fue posible para aquellos pueblos asentados en lo que hoy son tierras paraguayas, brasileñas y argentinas.

La independencia también fue diferente a la del resto. Estuvo precedida de fuertes movimientos comuneros de autodeterminación y cuando finalmente se proclame, no es reconocida por Argentina hasta después dela caída de Juan Manuel de Rosas, que no se resignaba a ese desgajamiento. Allí, Gaspar Rodríguez de Francia -magistralmente descrito por Arturo Roa Bastos en su novela Yo el supremo- instaura una autocracia aislacionista, que separa al Paraguay de toda la región que había formado. Como un Robespierre criollo, conduce un Estado omnipresente hasta en la propiedad de la tierra y un pueblo encerrado en sus fronteras. Esa sensación de aislamiento, curiosamente, sobrevivirá hasta nuestros días, pese a toda el agua que pasó bajo los puentes. Ello se explica porque cuando Paraguay intentó retornar a la escena internacional con el despótico mariscal Solano López, terminó en una tragedia sin precedentes: le declaró la guerra a la Argentina y el Brasil, se sumó en su contra al Uruguay, y luego de una resistencia tan heroica como sin sentido, quedó económicamente destruido y demográficamente diezmado por las matanzas ocurridas en los sombríos años que van desde 1864 hasta 1870. Recuperado del desastre, otra guerra afrontaría aún el Paraguay, con Bolivia, a partir de 1933, por la posesión del Chaco, en la que una vez más demostraría la bravura de su gente, en esta ocasión, con más éxito y sentido.

El Paraguay contemporáneo registra un período de inestabilidad que culmina con el ascenso al poder del general Alfredo Stroessner, quien gobernó despóticamente 35 años, en nombre del Ejército y del Partido Colorado. Abroquelado en el viejo aislacionismo, su Gobierno fue de estabilidad y silencio, con una ráfaga de prosperidad cuando la construcción, en sociedad con los brasileños, de la gran represa de Itaipú. Derrocado Stroessner en 1989 por sus propios correligionarios, se sucederán varios gobiernos colorados hasta que la última elección marque una vuelta de campana sorprendente en la política paraguaya: gana un obispo (hoy relevado de su cargo), afecto a la Teología de la Liberación, asociado al viejo partido liberal, que vuelve al poder luego de casi 70 años.

Lugo obtuvo el 42% de los votos, frente a un 32% de Blanca Ovelar, la candidata colorada, y a un 23% del general Oviedo. Sin embargo, no tiene bancada parlamentaria propia y, como apoyo, cuenta con su vicepresidente, líder del Partido Liberal, y los parlamentarios de esa colectividad, importantes pero no suficientes. Precisará acuerdos, entonces. Y eso es lo que está intentando, al tiempo que marca una impronta personal en la constitución del gabinete, que no ha respondido a la expectativa de los liberales, incluso designando, como ministro de Economía, a quien ocupó ese cargo durante los primeros tiempos del anterior presidente colorado. Por cierto, ha sido una señal tranquilizadora para el empresariado, pero preocupante para los movimientos sociales de izquierda que le apoyaron y que todavía sueñan con cambios estructurales más bien intencionados que realizables.

En la campaña electoral, un punto clave fue la propuesta de renegociar el Tratado con Brasil sobre la represa de Itaipú, recurso fundamental del Paraguay. Conforme al Tratado, los dos países tienen derecho al 50% de la producción, pero el socio que no agote ese porcentaje está obligado a venderle al otro el excedente al precio de costo. Como Paraguay consume sólo el 5% del total, reclama que ese excedente que compra Brasil se haga a un verdadero valor de mercado. Se supone que Brasil no aceptará abrir el Tratado, pero sí buscar una solución que económicamente satisfaga al Paraguay. En cualquier caso, en este asunto, el nuevo Gobierno no sólo se juega importantes recursos, sino también su credibilidad.

Las expectativas de cambio, a partir del 15 de agosto, son muy grandes. Empiezan en Itaipú, pero siguen en el empleo y en toda una gama de reivindicaciones sociales que rodean la propia figura de Lugo. ¿Podrá colmar esa esperanza? ¿Podrá marcar un estilo diferente al del histórico Partido Colorado? Los primeros pasos han sido cautos. Necesitará de mucho más para que las inercias históricas no lo empantanen y la falta de experiencia política del propio presidente no le permita vadear los obstáculos que las propias expectativas han creado.

septiembre 4, 2008 Publicado por | Paraguay | Dejar un comentario

>El cambio en Paraguay

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Por Julio María Sanguinetti, ex presidente de Uruguay, abogado y periodista (EL PAÍS, 27/08/08):

Cada país tiene una historia a la cual responde. Aún los vecinos que integramos hoy el Mercosur nos definimos mediante características peculiares a cada historia nacional. Sin ir más lejos, mientras Brasil celebra en este 2008 la llegada de la monarquía portuguesa a Brasil, que gobernaría casi un siglo, el resto comenzamos la evocación del proceso de la independencia, que se desencadenará dos años más tarde en una vasta rebelión armada. En esa mirada, el Paraguay luce singularísimo desde la época española, como centro de la colonización del Río de la Plata, más tarde república aislacionista y luego epicentro de una formidable tragedia militar, que aún pesa sobre su alma. En los estertores del siglo XX termina con un largo período dictatorial, abriéndose a una democracia incipiente que vive en estos días un cambio copernicano con el advenimiento del obispo Lugo al poder, luego de 61 años de gobierno del Partido Colorado.

Nada se puede entender sin esa historia. El proceso colonial tuvo su epicentro en Asunción “madre de ciudades”, desde la cual, a partir de 1537, se condujo la colonización del Río de la Plata, fundando nada menos que Santa Cruz de la Sierra (1561), Santa Fe (1573), Buenos Aires (1580) y Corrientes (1588). Una inédita amalgama del español y el indígena guaraní, es pacíficamente impulsada por su primer gobernante, Domingo Martínez de Irala. De ella nacería una nueva clase, los “mestizos” o “mancebos de la tierra”, que, además de adquirir un protagonismo impensable en otras partes de América, consolidaron un idioma, el guaraní, que hasta hoy convive con el castellano en una armónica dualidad.

Ya en el siglo XVI se ve a criollos encumbrados en el gobierno, como el célebre Hernandarias, o -en la vida intelectual- el cura asunceño Rui Díaz de Guzmán, el primer historiador del Río de la Plata. A esta particular historia ha de añadírsele la de las misiones jesuitas, que entre 1607 y 1767 desarrollaron una formidable experiencia de enculturación indígena, que mantuvo la frontera española frente al avance de los codiciosos bandeirantes portugueses. Desde la explotación económica de la yerba mate hasta la invención de instrumentos musicales, como el arpa paraguaya, desde la publicación de una gramática guaraní hasta la formación de un ejército disciplinado y eficaz, todo fue posible para aquellos pueblos asentados en lo que hoy son tierras paraguayas, brasileñas y argentinas.

La independencia también fue diferente a la del resto. Estuvo precedida de fuertes movimientos comuneros de autodeterminación y cuando finalmente se proclame, no es reconocida por Argentina hasta después dela caída de Juan Manuel de Rosas, que no se resignaba a ese desgajamiento. Allí, Gaspar Rodríguez de Francia -magistralmente descrito por Arturo Roa Bastos en su novela Yo el supremo- instaura una autocracia aislacionista, que separa al Paraguay de toda la región que había formado. Como un Robespierre criollo, conduce un Estado omnipresente hasta en la propiedad de la tierra y un pueblo encerrado en sus fronteras. Esa sensación de aislamiento, curiosamente, sobrevivirá hasta nuestros días, pese a toda el agua que pasó bajo los puentes. Ello se explica porque cuando Paraguay intentó retornar a la escena internacional con el despótico mariscal Solano López, terminó en una tragedia sin precedentes: le declaró la guerra a la Argentina y el Brasil, se sumó en su contra al Uruguay, y luego de una resistencia tan heroica como sin sentido, quedó económicamente destruido y demográficamente diezmado por las matanzas ocurridas en los sombríos años que van desde 1864 hasta 1870. Recuperado del desastre, otra guerra afrontaría aún el Paraguay, con Bolivia, a partir de 1933, por la posesión del Chaco, en la que una vez más demostraría la bravura de su gente, en esta ocasión, con más éxito y sentido.

El Paraguay contemporáneo registra un período de inestabilidad que culmina con el ascenso al poder del general Alfredo Stroessner, quien gobernó despóticamente 35 años, en nombre del Ejército y del Partido Colorado. Abroquelado en el viejo aislacionismo, su Gobierno fue de estabilidad y silencio, con una ráfaga de prosperidad cuando la construcción, en sociedad con los brasileños, de la gran represa de Itaipú. Derrocado Stroessner en 1989 por sus propios correligionarios, se sucederán varios gobiernos colorados hasta que la última elección marque una vuelta de campana sorprendente en la política paraguaya: gana un obispo (hoy relevado de su cargo), afecto a la Teología de la Liberación, asociado al viejo partido liberal, que vuelve al poder luego de casi 70 años.

Lugo obtuvo el 42% de los votos, frente a un 32% de Blanca Ovelar, la candidata colorada, y a un 23% del general Oviedo. Sin embargo, no tiene bancada parlamentaria propia y, como apoyo, cuenta con su vicepresidente, líder del Partido Liberal, y los parlamentarios de esa colectividad, importantes pero no suficientes. Precisará acuerdos, entonces. Y eso es lo que está intentando, al tiempo que marca una impronta personal en la constitución del gabinete, que no ha respondido a la expectativa de los liberales, incluso designando, como ministro de Economía, a quien ocupó ese cargo durante los primeros tiempos del anterior presidente colorado. Por cierto, ha sido una señal tranquilizadora para el empresariado, pero preocupante para los movimientos sociales de izquierda que le apoyaron y que todavía sueñan con cambios estructurales más bien intencionados que realizables.

En la campaña electoral, un punto clave fue la propuesta de renegociar el Tratado con Brasil sobre la represa de Itaipú, recurso fundamental del Paraguay. Conforme al Tratado, los dos países tienen derecho al 50% de la producción, pero el socio que no agote ese porcentaje está obligado a venderle al otro el excedente al precio de costo. Como Paraguay consume sólo el 5% del total, reclama que ese excedente que compra Brasil se haga a un verdadero valor de mercado. Se supone que Brasil no aceptará abrir el Tratado, pero sí buscar una solución que económicamente satisfaga al Paraguay. En cualquier caso, en este asunto, el nuevo Gobierno no sólo se juega importantes recursos, sino también su credibilidad.

Las expectativas de cambio, a partir del 15 de agosto, son muy grandes. Empiezan en Itaipú, pero siguen en el empleo y en toda una gama de reivindicaciones sociales que rodean la propia figura de Lugo. ¿Podrá colmar esa esperanza? ¿Podrá marcar un estilo diferente al del histórico Partido Colorado? Los primeros pasos han sido cautos. Necesitará de mucho más para que las inercias históricas no lo empantanen y la falta de experiencia política del propio presidente no le permita vadear los obstáculos que las propias expectativas han creado.

septiembre 4, 2008 Publicado por | Paraguay | Dejar un comentario

Un obispo amenaza los 61 años de poder del Partido Colorado en Paraguay

Por JORGE MARIRRODRIGA – Asunción – (El País.com, 17/04/2008)

Gracias a los votos en unas ocasiones o por la intervención de las botas en otras, desde que fuera fundado en 1887 el Partido Colorado, de tendencia conservadora, ha estado casi siempre en el poder en Paraguay.

De los 121 años transcurridos desde entonces, apenas ha pasado cuatro décadas sin sujetar las riendas del país y de eso hace ya 61 años. Por eso el próximo domingo este país de seis millones de habitantes puede vivir una jornada histórica si se confirman los sondeos y Fernando Lugo, un obispo suspendido ad divinis por el Vaticano, se alza con la victoria en las elecciones presidenciales derrotando a la colorada Blanca Ovelar, quien también aspira a hacer historia convirtiéndose en la primera presidenta de la República.

Con un territorio azotado por el dengue y la fiebre amarilla, una riada constante de emigrantes que han cambiado a la cercana Argentina por la más lejana pero más rentable España, un nivel de corrupción reconocido como problema número uno por el Gobierno y un producto interior bruto entre los más bajos de Latinoamérica, Paraguay vive las últimas horas antes de un cambio drástico en la manera de gestionar lo público que ha permanecido igual durante decenios. Continuismo es una palabra prohibida y todos los candidatos, oficialismo incluido, proclaman que encarnan el cambio, y eso que casi el 20% de los aspirantes a uno de los 45 escaños de senador o a los 80 escaños de diputado reconoce que tiene un familiar directo que trabaja en la Administración pública.

El obispo Lugo, que se presenta por la Alianza Patriótica por el Cambio (APC), lidera las encuestas con el 34,5% de las preferencias, seguido por Blanca Ovelar con el 28,9% y con un porcentaje similar por el ex general -condenado por golpista, exiliado en Brasil y Argentina y posteriormente perdonado- Lino Oviedo, líder de la Unión Nacional de Ciudadanos Éticos (UNCE).

Con un programa basado en la reforma agraria, la revisión de los acuerdos energéticos con Brasil y Argentina y el apoyo de las clases populares, Lugo, un prelado próximo a la teología de la liberación, ha conseguido hacer temblar los cimientos de un sistema que parecía inmutable. Sus posibilidades de victoria son tan reales que en las últimas horas el Vaticano estudia la posibilidad de levantarle la suspensión y concederle una dispensa -dicho llanamente cambiar la sanción por un despido pactado-, para no comenzar con mal pie las relaciones con el nuevo jefe de Estado latinoamericano en caso de que venza.

Sin embargo, también a medida que se aproxima la hora de votar aumentan las voces que advierten que el Partido Colorado no dejará escapar la victoria y menos si la distancia se reduce, tal y como está sucediendo en las últimas semanas. Fraude es un término repetido a menudo y la APC ya ha presentado denuncias por supuestas actas falsificadas.

Y en la campaña nadie está ahorrando munición gruesa. El presidente saliente, Nicanor Duarte, cuyas salidas de tono traen de cabeza al equipo de la candidata oficialista, denunció ayer la presencia en Paraguay de grupos de venezolanos y ecuatorianos dispuestos a incendiar gasolineras y propiedades privadas para provocar desórdenes y sembrar el caos cuando se confirme la derrota de Lugo.

También se han multiplicado las apariciones en televisión de la madre de Cecilia Cubas, hija del ex presidente Raúl Cubas, secuestrada y asesinada en 2005 por un grupo vinculado a las FARC. La mujer pide que no se vote a Lugo recordando el ambiguo papel del obispo en el secuestro y su relación con los secuestradores. En tono literalmente más apocalíptico, en Asunción abunda la cartelería que proclama a Lugo como la bestia que lleva el país al infierno. Lo peor para el Partido Colorado es que si pierde el poder después de 61 años será merced a un convulso proceso de elecciones primarias para elegir candidato donde Blanca Ovelar se impuso al vicepresidente Luis Castiglioni entre acusaciones de fraude. Castiglioni no le ha perdonado a su partido el haberle apartado de la carrera y ha hecho bueno el dicho de que “tu peor enemigo es tu hermano”.

abril 16, 2008 Publicado por | elecciones, Paraguay | Dejar un comentario

>Un obispo amenaza los 61 años de poder del Partido Colorado en Paraguay

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Por JORGE MARIRRODRIGA – Asunción – (El País.com, 17/04/2008)

Gracias a los votos en unas ocasiones o por la intervención de las botas en otras, desde que fuera fundado en 1887 el Partido Colorado, de tendencia conservadora, ha estado casi siempre en el poder en Paraguay.

De los 121 años transcurridos desde entonces, apenas ha pasado cuatro décadas sin sujetar las riendas del país y de eso hace ya 61 años. Por eso el próximo domingo este país de seis millones de habitantes puede vivir una jornada histórica si se confirman los sondeos y Fernando Lugo, un obispo suspendido ad divinis por el Vaticano, se alza con la victoria en las elecciones presidenciales derrotando a la colorada Blanca Ovelar, quien también aspira a hacer historia convirtiéndose en la primera presidenta de la República.

Con un territorio azotado por el dengue y la fiebre amarilla, una riada constante de emigrantes que han cambiado a la cercana Argentina por la más lejana pero más rentable España, un nivel de corrupción reconocido como problema número uno por el Gobierno y un producto interior bruto entre los más bajos de Latinoamérica, Paraguay vive las últimas horas antes de un cambio drástico en la manera de gestionar lo público que ha permanecido igual durante decenios. Continuismo es una palabra prohibida y todos los candidatos, oficialismo incluido, proclaman que encarnan el cambio, y eso que casi el 20% de los aspirantes a uno de los 45 escaños de senador o a los 80 escaños de diputado reconoce que tiene un familiar directo que trabaja en la Administración pública.

El obispo Lugo, que se presenta por la Alianza Patriótica por el Cambio (APC), lidera las encuestas con el 34,5% de las preferencias, seguido por Blanca Ovelar con el 28,9% y con un porcentaje similar por el ex general -condenado por golpista, exiliado en Brasil y Argentina y posteriormente perdonado- Lino Oviedo, líder de la Unión Nacional de Ciudadanos Éticos (UNCE).

Con un programa basado en la reforma agraria, la revisión de los acuerdos energéticos con Brasil y Argentina y el apoyo de las clases populares, Lugo, un prelado próximo a la teología de la liberación, ha conseguido hacer temblar los cimientos de un sistema que parecía inmutable. Sus posibilidades de victoria son tan reales que en las últimas horas el Vaticano estudia la posibilidad de levantarle la suspensión y concederle una dispensa -dicho llanamente cambiar la sanción por un despido pactado-, para no comenzar con mal pie las relaciones con el nuevo jefe de Estado latinoamericano en caso de que venza.

Sin embargo, también a medida que se aproxima la hora de votar aumentan las voces que advierten que el Partido Colorado no dejará escapar la victoria y menos si la distancia se reduce, tal y como está sucediendo en las últimas semanas. Fraude es un término repetido a menudo y la APC ya ha presentado denuncias por supuestas actas falsificadas.

Y en la campaña nadie está ahorrando munición gruesa. El presidente saliente, Nicanor Duarte, cuyas salidas de tono traen de cabeza al equipo de la candidata oficialista, denunció ayer la presencia en Paraguay de grupos de venezolanos y ecuatorianos dispuestos a incendiar gasolineras y propiedades privadas para provocar desórdenes y sembrar el caos cuando se confirme la derrota de Lugo.

También se han multiplicado las apariciones en televisión de la madre de Cecilia Cubas, hija del ex presidente Raúl Cubas, secuestrada y asesinada en 2005 por un grupo vinculado a las FARC. La mujer pide que no se vote a Lugo recordando el ambiguo papel del obispo en el secuestro y su relación con los secuestradores. En tono literalmente más apocalíptico, en Asunción abunda la cartelería que proclama a Lugo como la bestia que lleva el país al infierno. Lo peor para el Partido Colorado es que si pierde el poder después de 61 años será merced a un convulso proceso de elecciones primarias para elegir candidato donde Blanca Ovelar se impuso al vicepresidente Luis Castiglioni entre acusaciones de fraude. Castiglioni no le ha perdonado a su partido el haberle apartado de la carrera y ha hecho bueno el dicho de que “tu peor enemigo es tu hermano”.

abril 16, 2008 Publicado por | elecciones, Paraguay | Dejar un comentario

   

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