Ciencias y Arte

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>Quiero mi Al Jazeera

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Por Naomi Wolf, activista política y crítico social; su libro más reciente es Give Me Liberty: A Handbook for American Revolutionaries (Dadme libertad: Manual para revolucionarios estadounidenses). Traducido del inglés por David Meléndez Tormen (Project Syndicate, 31/03/11):
El corresponsal de Al Jazeera Ayman Mohyeldin se encuentra realizando una gira victoriosa en los Estados Unidos o, más bien, Al Jazeera lo envía. Después de todo, Mohyeldin es un tipo modesto, a pesar de ser uno de los periodistas más conocidos de la cadena y claramente una estrella en ascenso de los medios de comunicación internacionales.
Al Jazeera tiene buenas razones para presumir: goza un nuevo prestigio en los EE.UU. después de que millones de estadounidenses, ávidos de información sobre el terreno acerca de Egipto, buscaran en línea sus reportes en directo y la cobertura de Mohyeldin desde la Plaza Tahrir de El Cairo. Así que ahora Mohyeldin está en los EE.UU. para tres semanas de eventos de medios de comunicación – incluso habrá una sesión de fotos de GQ -, tras haberse vuelto bien conocido en un país donde, básicamente, se impide a los espectadores ver su canal.
La cadena ha sido blanco de ataques del gobierno de los EE.UU. desde 2003, cuando el ex vicepresidente Dick Cheney y el ex secretario de Defensa Donald Rumsfeld la describieran prácticamente como el equivalente a una rama de Al Qaeda. Dos de sus reporteros fueron asesinados tiempo después en Bagdad cuando un tanque de EE.UU. disparara contra el Hotel Palestina, donde, según funcionarios de EE.UU., se creía que había un francotirador atacando a las tropas estadounidenses. Sin embargo, dado que era sabido que el equipo de Al Jazeera se alojaba en el hotel, el canal y otros expresaron sospechas de que los reporteros hubieran sido objeto de un ataque deliberado.
Y, hasta el día de hoy, Al Jazeera, que junto con BBC News se ha convertido en uno de los principales puntos de oferta global de noticias televisivas serias, es prácticamente imposible de encontrar en los televisores de los EE.UU. Las principales empresas de cable y satélite del país se niegan a ofrecerla – con lo que sólo se la puede ver en Washington, DC, y partes de Ohio y Vermont – a pesar de la enorme demanda pública.
Así que Al Jazeera está enviando su equipo de noticias a recorrer los EE.UU. en un esfuerzo por “integrar” los rostros de esta demonizada red. Y Mohyeldin puede sonar como Robert F. Kennedy: cuando resonó en la Plaza Tahrir el bramido de la multitud al conocerse la renuncia de Mubarak, comentó: “Un hombre bajó un peldaño y ochenta millones de personas pudieron subir”.
La campaña de la estación en EE.UU. no podría ser más necesaria… para los estadounidenses. Al serles negado el derecho de ver Al Jazeera, se los mantiene en una burbuja, aislados de las imágenes y narraciones que informan al resto del mundo.
Consideremos el reciente escándalo acerca de las atroces fotos tomadas por soldados de EE.UU. en Afganistán, que ahora están disponibles en todo el mundo a través de canales noticiosos como Al Jazeera. En Estados Unidos, ha habido breve resúmenes noticiosos de que Der Spiegel ha informado sobre el asunto. Pero las imágenes mismas -ni siquiera modificadas para proteger la identidad de las víctimas- no han penetrado en los medios noticiosos de de EE.UU.
Y esas imágenes son tan extraordinariamente impactantes que no mostrarlas -junto con imágenes gráficas de los bombardeos de niños en Gaza, por ejemplo, o entrevistas a sobrevivientes de Guantánamo- impide que los estadounidenses tengan la posibilidad de comprender acontecimientos que pueden ser tan traumáticos para los demás como el impacto de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. Por ejemplo, los medios de comunicación en EE.UU., incluido The New York Times, no han considerado oportuno mencionar que una de las fotos muestra a un soldado de EE.UU. sosteniendo la cabeza de un civil afgano muerto como si se tratara de un trofeo de caza.
Así que, por el bien de Estados Unidos, espero que Al Jazeera penetre en el mercado de los medios de comunicación estadounidenses. A menos que veamos las imágenes y narraciones que dan forma a cómo nos ven los demás, EE.UU. no será capaz de superar su reputación de matón tuerto del mundo.
De hecho, en ciertos aspectos hoy los egipcios están mejor informados que los estadounidenses (y, como Thomas Jefferson insistía a menudo, la libertad no es posible sin una ciudadanía informada). Egipto cuenta con 30 periódicos y más de 200 canales de televisión. Los periódicos de Estados Unidos están muriendo, la cobertura de noticias extranjeras se ha reducido a tres o cuatro minutos, como máximo, al final de uno o dos noticieros nocturnos, y la mayoría de sus canales de TV se encuentran saturados de reality shows.
Conocí a Mohyeldin antes de una reciente aparición pública en Manhattan. Su análisis de la revolución egipcia y otras en la región es que el tipo de medios de comunicación globalizada a la que los estadounidenses no tienen acceso completo ha creado las condiciones para que la gente pudiera alzar la voz y reclamar democracia. Señala que “la gente está consciente de sus derechos a través de Internet, la TV por satélite… está viendo películas y leyendo blogs. Esta fue una revolución de conciencia, basada en el acceso a la información que se comunica con rapidez. Los agricultores y los campesinos presentes en la Plaza Tahrir eran conscientes de sus derechos. ”
Los estadounidenses tenemos sed de noticias internacionales; es un mito el que no nos interesa el mundo exterior. Tal vez los norteamericanos nos levantemos y amenacemos con boicotear nuestros proveedores de cable y satélite a menos que consigamos nuestra Al Jazeera y otras emisoras de noticias internacionales. Nos acercaríamos un paso más a ser parte del mundo como un todo, un mundo que, de lo contrario, sencillamente nos dejará atrás.
Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

marzo 31, 2011 Publicado por | Estados Unidos, medios de comunicación | Dejar un comentario

>Rebelión contra el gratis total en la Red

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por MIRIAM LAGOA (El País.com, 11/09/2009)

Que los contenidos culturales o informativos no van a seguir ofreciéndose gratis en la Red para siempre lo intuye hasta el gigante Google, el gran beneficiado del modelo de gratuidad para el usuario imperante hasta hoy. Google, enfrentada con los editores de prensa por explotar sus noticias, se rinde a la tendencia y prepara herramientas para facilitar los micropagos a los medios de comunicación. Las industrias de la información se han lanzado a explorar fórmulas para rentabilizar su presencia en la Red más allá de la publicidad, hasta ahora principal y casi única fuente de ingresos. Y el cine o la música, alentados por el éxito de empresas como iTunes, ensayan nuevas fórmulas para cobrar por sus productos mientras crece la presión política contra el libre intercambio de archivos en la Red.

Micropagos por noticias, suscripciones de distintos niveles, radios personalizadas o el pago por visión de películas en alta definición se abren paso en un Internet que, desde su nacimiento, había sido sido sinónimo de gratuidad.

Millones de internautas se han acostumbrado a acceder a artículos, discos o películas sin costes. Pero lo que muchos usuarios consideran un derecho, para las industrias de contenidos se ha convertido en un problema económico y de propiedad intelectual. Las empresas que, como los diarios, creyeron que abriéndose a la Red lograrían un retorno adecuado en forma de publicidad están dando marcha atrás. Los banners no compensan igual que los viejos anuncios de papel y muchos editores han decidido volver al cobro.

Tras las protestas de la industria cinematográfica y musical, el sector mediático empieza a rebelarse contra la gratuidad, en medio de la peor crisis publicitaria de su historia. Rupert Murdoch, propietario de News Corporation, el mayor grupo de medios de comunicación, encabeza la manifestación. En agosto, anunció que cobrará por el acceso a la versión digital de sus diarios -entre ellos, The Wall Street Journal, The Times y The Sun- a partir de 2010. “La revolución digital ha abierto muchos canales de distribución nuevos y baratos, pero eso no convierte el contenido que transmiten en gratuito”, aseguró. El magnate australiano argumenta que la calidad no es barata y “una industria que regala su producto está canibalizando su capacidad de hacer buen periodismo”. Murdoch ya ha mantenido reuniones con sus principales colegas, entre ellos The New York Times, para crear un gran consorcio que impondría el pago por la lectura de sus contenidos digitales.

Otras voces del sector van por la misma línea y como sostiene el editor del Financial Times, Lionell Barber, “durante los próximos 12 meses la mayor parte de las organizaciones de noticias estarán cobrando por sus contenidos”. L. Gordon Crovitz, fundador de Journalism Online, aseguraba en una entrevista con EL PAÍS que los accesos gratis a la información en Internet tienen los días contados -”el modelo de negocio actual de acceso libre al contenido en Internet claramente no funciona”- y apostaba por uno mixto: “El futuro será una combinación de modelos de pago y gratuitos. Los consumidores pagarán directamente y también habrá modelos en los que distribuidores de distinta naturaleza, como los libros digitales, pagarán royalties”.

Los últimos movimientos apuntan en este sentido. Siguiendo el ejemplo de Murdoch, The Economist, la revista financiera más prestigiosa del mundo, acaba de anunciar que cerrará su web y dejará de ofrecer noticias gratuitas, como venía haciendo desde septiembre de 2006. En seis meses, organizarán un nuevo modelo que puede estar basado en los micropagos.

El diario francés Libération que, desde su ideología de izquierdas se ha caracterizado por la defensa del “todo gratis” también ha cedido por el mal momento financiero que atraviesa. Desde ayer, ha puesto una parte de su edición electrónica de pago, mediante dos tipos de abonos. El básico -Essentiel, a seis euros mensuales- permite acceder al contenido del diario de papel en formato PDF, a los archivos de los últimos 15 años y otros servicios; el Première, a 12 euros, da acceso a la edición a medida que se van cerrando las páginas en el diario.

El caso de Libération no es aislado en Francia. Le Monde tiene una edición digital especial para abonados -también a seis euros mensuales-, al igual que Le Parisien (ocho euros) y el diario económico Les Échos (15 euros), mientras que Le Figaro y el semanario L’Express también preparan ediciones electrónicas de pago.

En el otro frente está Google. La empresa del buscador es el primer y, en muchos casos, único beneficiario de esa revolución del gratis total. Sus costes por agregar contenidos son casi nulos, y alimenta su negocio publicitario (Adsense y Adwords). El anuncio el pasado mayo de que Google añadirá publicidad a su agregador de noticias, Google News, levantó las iras tanto de las asociaciones de editores europeas y norteamericanas, que acusaron a la multinacional de lucrarse con el trabajo ajeno y sin su permiso.

A Google no le conviene el enfrentamiento directo contra toda la prensa mundial. Por eso, ha iniciado en los últimos meses un movimiento de acercamiento. La empresa podría estar preparando un sistema de pago online que permitirá que los periódicos puedan cobrar a sus lectores por acceder a sus artículos, según ha señalado el centro de reflexión sobre los medios de comunicación de la Universidad de Harvard. Google habría presentado el proyecto a la Asociación de Periódicos de EE UU (Newspaper Association of America), después de que la compañía fuera requerida sobre la viabilidad del sistema. En la presentación de su proyecto enviado a la NAA, Google vaticina que “la publicidad seguirá siendo probablemente la fuente de ingresos más importante de las empresas de medios de información”, pero que “hacer pagar a los usuarios podrá proporcionar un suplemento de ingresos nada despreciable”.

Otro sector que ya ha sufrido una profunda transformación ha sido la industria musical. Tras presentar numerosas demandas contra portales y programas que facilitaban descargas gratuitas, ha empezado a consolidar estrategias adaptadas a conciliar las posibilidades que ofrece Internet y con la rentabilidad económica, tras años en los que la descarga gratuita de música hizo tambalear los cimientos del sector discográfico. Páginas de venta de música por Internet como Amazon y iTunes, que incluso ha superado en ventas a la cadena de tiendas Wall Mart, han experimentado un crecimiento notable y han dado lugar a nuevas modalidades de venta, distribución y consumo de contenidos musicales que impulsan a las discográficas a replantearse sus estrategias comerciales. Tras la caída de las ventas de CD en las tiendas, la tendencia dominante es la aportación de servicios añadidos y la fragmentación de contenidos: las ventas de canciones sueltas se imponen a las ventas de álbumes completos. La compra en tiendas virtuales se impone a la venta física de CD.

Durante 2008, se comercializaron 1.400 millones de temas por la Red, el 24% más que en 2007. Desde ese año, el crecimiento ha sido espectacular. Hace dos años la venta de música en Internet sólo representaba el 20% de todo el mercado. Y un estudio de la prestigiosa consultora NPD indica que las ventas de música a través de portales como iTunes o AmazonMP3 sobrepasarán las de los compactos en 2010.

Pero el mercado no deja de evolucionar y las descargas han dejado paso al streaming, la reproducción de contenidos en web sin necesidad de descargarlos. El éxito de servicios de reproducción online como Last.fm, Yes.fm o la sueca Spotify han revolucionado el mercado y han hecho que el streaming se consolide como la opción preferida de los consumidores. Spotify es un radio adaptada a Internet, que nació del acuerdo entre sus creadores y las grandes discográficas. Ofrece una modalidad gratuita, con breves cuñas publicitarias, que incluye una amplia biblioteca musical y permite al usuario confeccionar listas con sus temas preferidos. Cuenta también con una opción de pago sin publicidad y una colección más extensa de canciones. “Los jóvenes piensan en YouTube y MySpace como los lugares donde oír música al instante, y los nuevos dispositivos son capaces de ofrecer acceso a lugares como Pandora o Last.fm, que funcionan como radios personalizadas”, aseguraba Eliot Van Burskik, de Wired.

Otra de las últimas iniciativas surgidas en el sector en los últimos meses, ha sido la presentada Virgin Media, que planea un servicio de descargas que “por el precio de un par de discos al mes” permite al usuario acceder a todo el catálogo disponible, sin ningún tipo de límites. Los temas ofrecidos por la empresa del magnate Richard Branson, que ha sellado un acuerdo con el mayor proveedor de música en el mundo, Universal, no estarán protegidos con DRM (Digital Rights Management), el sistema anticopia.

El éxito de estas iniciativas, incluso entre una audiencia que se estaba acostumbrando a no pagar por tener las últimas novedades antes de que salieran al mercado, parece que marcará la pauta del futuro de la industria, y no sólo de la discográfica. Daniel Ek, fundador de Spotify, sostiene que ese futuro está en “en el acceso no en la propiedad”. “En el futuro a los consumidores les dará igual tener o descargarse canciones. Lo que quiere es acceder a ellas”.

Las discográficas llevan años ensayando los sistemas de pago pero hay otros sectores que se han mostrado menos activos. La industria audiovisual observa como las redes P2P, como Torrent o Emule, el streaming y las descargas directas, que proporcionan páginas como Rapidshare o Megaupload, son cada vez más utilizadas. Las descargas por esta vía se han duplicado por segundo año consecutivo, según un informe publicado por Big Champagne.

El sector cinematográfico no quiere quedarse atrás y en las últimas semanas se ha hecho pública la alianza entre Paramount, Lions Gate y Metro Goldwyn Mayer para lanzar al mercado Epix, un servicio de películas de alta definición en streaming que ofrecería los últimos estrenos de cine bajo suscripción en un paso más de la integración del cine en la Red. El sistema se comercializará al mismo tiempo que el pay-per-view y antes que la edición en DVD. En España, empiezan a ver la luz los primeros proyectos de pago similares como Filmotech.

Youtube, el portal gratuito que revolucionó la forma de ver vídeos en la Red, también ensaya fórmulas de pago y negocia con algunos de los grandes estudios de Hollywood la distribución de películas bajo la fórmula de alquiler similar a la que ya emplea iTunes, a un precio de 3,99 dólares, según recoge The Wall Street Journal.

El fenómeno no es ajeno a los intentos de frenar las descargas gratuitas. Reino Unido ha planteado la posibilidad de cortar la conexión a los usuarios que descarguen contenidos protegidos con copyright y Francia, tras intensos debates en el Parlamento, ha aprobado una ley para imponer multas de entre 1.500 y 3.750 euros a los usuarios. En España, donde la descarga de archivos por programas P2P no se considera delito, cualquier medida debe surgir del acuerdo entre operadores, industria cultural y Gobierno, hasta ahora sin resultados. En vez de esperar, los proveedores de contenidos ya están cambiando el paso.

Manifiesto sobre el nuevo periodismo

Un grupo de periodistas y bloggers alemanes ha lanzado un manifiesto sobre el periodismo en Internet, que ha generado un intenso debate en la profesión. Éstos son sus postulados:

1) Internet es diferente. Los medios deben adaptar sus métodos de trabajo a la realidad tecnológica en lugar de ignorarla o cuestionarla.

2) Es un imperio mediático tamaño bolsillo. La web reorganiza las estructuras mediáticas trascendiendo antiguas fronteras y oligopolios. La publicación y distribución de los contenidos ya no está vinculada a fuertes inversiones.

3) Internet es nuestra sociedad y nuestra sociedad es Internet. Si las compañías mediáticas quieren sobrevivir, tienen que entender el mundo de los usuarios y asumir sus formas de comunicación.

4) La libertad de Internet es inviolable. Bloquear el acceso a Internet corrompe nuestro derecho fundamental a acceder a un determinado nivel de información.

5) Es la victoria de la información. Los ciudadanos pueden informarse ahora mejor que nunca.

6) Los cambios de Internet mejoran el periodismo. Ahora puede cumplir su vocación socioeducativa de una nueva forma. Quienes quieran sobrevivir necesitan nuevos ideales, nuevas ideas y ganas de explotar este potencial.

7) La Red requiere trabajo en red.

8) Hay que recompensar por links o por ser citado.

9) Internet es el nuevo lugar para el discurso político.

10) La libertad de la prensa significa libertad de opinión.

11) Más es más. No hay nada mejor que demasiada información.

12) La tradición no es un modelo de negocio. Los contenidos periodísticos en la Red pueden ser rentables, pero deben adaptar sus estructuras. El periodismo precisa competir abiertamente para lograr buenas vías de refinanciación en la Red, además de coraje para invertir en la puesta en marcha de esas soluciones.

13) El copyright se ha convertido en un deber cívico en Internet. Es el eje de la organización de la información en la Red. No se debe usar como excusa para salvaguardar mecanismos de suministro obsoletos y cerrar nuevas vías de distribución o licencias. Pero la propiedad implica obligaciones.

14) Internet tiene muchas monedas. Los servicios periodísticos on line financiados a través de anuncios ofrecen contenidos con un efecto multiplicador.

15) Lo que aparece en la Red permanece en ella.

16) La calidad es la cualidad más importante. Los usuarios se han vuelto muy exigentes en este sentido.

17) Todos para todos. La generación Wikipedia sabe valorar la credibilidad de una fuente. No busca al periodista que lo sabe todo, sino que comunique e investigue.

septiembre 11, 2009 Publicado por | Internet, medios de comunicación, reportaje | Dejar un comentario

>Volvemos en seis minutos

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Por Francesc Escribano, periodista (EL PERIÓDICO, 20/02/09):

Producir una hora de televisión o de cine requiere tiempo y gente. A veces, mucho tiempo; y casi siempre, mucha gente. Lo comprobamos cada vez que acaba un programa o una película y empiezan a salir créditos y créditos de nombres y más nombres de los profesionales que han intervenido en ellos. Sé que exagero, pero a veces lograr captar la atención del público es más complejo y casi tan caro como mandar un cohete al espacio. La inversión y el esfuerzo que requiere la producción audiovisual se justifica en la ambición de sus peculiares objetivos. En lugar de llegar a la Luna se pretende cada día llenar de sueños y de realidad la imaginación de millones de espectadores.

La industria audiovisual es la máquina más potente de creación de referentes colectivos. Si hacemos un repaso a nuestras paredes mentales buscando los pósteres que teníamos colgados, descubriremos que están llenos de rostros y de historias que proceden de la televisión, del cine… y, no lo olvidemos, también de la publicidad. Más allá de ser la principal fuente de financiación de esta actividad, la publicidad es el medio que mejor destila y condensa las virtudes y los defectos de esta industria. Por eso, a veces, con toda la gente necesaria para hacer una hora de televisión no basta para lograr 20 segundos de un buen anuncio. En definitiva, no se puede entender la televisión sin la aportación del imaginario procedente de la publicidad, porque la publicidad es televisión al cuadrado. Crea modelos, aporta referentes y, ante la pasividad, la ineficacia o la obsolescencia de instituciones clásicas, es uno de los mayores creadores de discurso moral en la sociedad de nuestros días.

PESE A que, como he dicho, me cuesta imaginar la televisión sin la publicidad y su dinero, en algunos países europeos, como Gran Bretaña, las cadenas públicas nunca han emitido anuncios. Ahora, con los vientos de la crisis soplando con fuerza y con la inversión publicitaria congelándose se reactiva el debate sobre la conveniencia de que los medios públicos lleven anuncios o no. Las televisiones privada se enfrentan a la temporada más dura de los últimos años, sabiendo que, aunque difícilmente perderán dinero, tendrán muchos menos recursos para volcar en la parrilla porque la publicidad va a medio gas. Los nervios están a flor de piel, la contraprogramación es más salvaje que nunca y estrenar una serie o un programa se ha convertido en una operación de alto riesgo. Se dedican más esfuerzos a procurar que fracase un estreno de la competencia que a acertar con la propia oferta. Si se consigue, por ejemplo, torpedear una nueva serie de ficción, las pérdidas serán millonarias y, lo que es más determinante en tiempos de crisis, la cadena afectada no tendrá capacidad económica para encontrar una alternativa de programación que sea suficientemente competitiva.

Ante esta situación, los responsables de las televisiones privadas, que siempre habían envidiado la doble vía de financiación de las teles públicas, reclaman que acabe este privilegio, que consideran intolerable, y piden una solución radical. Si les faltaban argumentos y ejemplos, las nuevas medidas que Nicolas Sarkozy ha puesto en marcha en Francia les dan, además, un nuevo ídolo que les gustaría que fuera imitado. Desde el 5 de enero, la TV pública francesa ha eliminado la publicidad en el prime time como paso previo a hacerla desaparecer del todo a partir del 2011. La decisión de Sarkozy se fundamente en una vieja reivindicación de la izquierda que reclamaba más libertad creativa y menos ataduras y condicionantes comerciales en la oferta pública.

No parece que estas sean las razones que hayan justificado la medida. No sé si es lo que se buscaba, pero lo que han logrado es favorecer los intereses de las cadenas privadas y, de paso, un control gubernamental más directo de los medios públicos. La disminución de ingresos que tendrán las televisiones será compensada por una mayor aportación económica por parte del Gobierno que, de paso, decidirá los nombres de los máximos responsables de los medios, unos nombramientos que antes de este cambio eran prerrogativa del CSA, el consejo regulador del audiovisual en Francia. La primera semana tras la nueva medida, la audiencia de las televisiones públicas aumentó de forma notable. Ahora, pasada la novedad, los ingresos publicitarios se han redistribuido y el equilibrio entre cadenas ha vuelto, más o menos, donde estaba.

TAL VEZ EL debate entre el sector público y privado, visto desde la perspectiva de los espectadores, de los ciudadanos, no es tanto “anuncios, sí o no” como la calidad de la programación. El problema es que los programas se parecen tanto entre ellos que podrían saltar de una cadena a otra sin que importe demasiado si la titularidad es pública o privada. Por más goloso que pueda parecer el ejemplo francés a los emisores privados, la situación de España es singular y se parece poco a la del resto de Europa. La mayoría de televisiones públicas europeas se financian con un canon, que es un impuesto directo, y algunas también con publicidad. En nuestro país, un impuesto directo para la televisión sería tan inviable que ni tan solo es planteable. Además, la televisión sin publicidad es menos televisión. Porque, aparte de la calidad y el atractivo de los que nos vende, ¿qué haríamos sin aquel aviso que nos advierte de que volverán en seis minutos? ¡Con la de cosas que hacemos en esos seis minutos!

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

febrero 22, 2009 Publicado por | medios de comunicación, publicidad, televisión | Dejar un comentario

>El ’show’ de las tertulias

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Por Francesc Escribano, periodista (EL PERIÓDICO, 31/01/09):

Si alguien hubiese tenido la paciencia de anotar todo lo que en estos meses se ha dicho sobre la crisis económica en todas las tertulias televisivas y radiofónicas del país, estoy seguro de que obtendríamos uno de los libros más divertidos de la temporada. Sería una joya del humor. Un libro de muchas páginas, un inmenso palimpsesto cargado de citas, chistes, opiniones y tópicos. Porque el objetivo de la tertulia es crear opinión sin hablar demasiado en serio, sin dar datos ni aportar exactamente información sobre los hechos tratados. Los contertulios generan opinión gracias a la empatía que despiertan entre la audiencia que les sigue y comulga diariamente con sus palabras. Los contenidos son atractivos porque son una mezcla de comentarios juiciosos y salidas por peteneras, de conocimiento e ignorancia, rigor y frivolidad, de charla y cháchara.

De esto precisamente van las tertulias: de mezclar a gente que sabe de lo que habla con gente que habla de oídas. Porque para participar en una tertulia no es imprescindible saber de lo que hablas, ni documentarte demasiado, ni contrastar ni verificar muchos datos. Si fuese necesario un nivel mínimo de información y conocimiento para ponerse ante un micrófono y verter a bocajarro no habría tanta gente ni se hablaría de tantos temas, porque es imposible que tanta gente sepa tanto de tantos temas. En una ocasión, un participante en una tertulia prestigiosa reconoció abiertamente que no tenía ni idea del tema del que estaban hablando –no me consta que algo de tal trascendencia se haya repetido y, por tanto, omitiré el nombre del contertulio de marras, no fuese que bajara su cotización–, pero fue un caso excepcional. Si alguien no sabe, disimula. Normalmente, disimulan bien.

PERO no todas las tertulias son iguales. Hay que reconocer que algunas cuentan con gente de gran valía intelectual y con especialistas que, por formación, dominan un mundo o una materia determinada. Lo que ocurre es que su aportación pertinente y documentada se diluye y banaliza porque comparten mesa y deben enfrentarse y discutir con contertulios que saben poco más que lo que han leído en la prensa del día. No obstante, esa mezcla de gente que sabe de lo que habla y gente que no es lo que proporciona los momentos más divertidos. Porque, eso sí, mientras que la sabiduría es una opción, la habilidad oratoria es un requisito indispensable. Porque, de lo que se trata es, con la palabra como base, de obtener una buena dosis de espectáculo en un espacio que, sobre todo en la radio, se ha convertido en un género estrella. La ponga cuando la ponga, gire el dial hacia donde lo gire, siempre encontrará una tertulia.

El éxito del invento se explica porque es auténtica radio en colores, un verdadero espectáculo audiovisual. Mientras dura la tertulia, parece que la radio habla con imágenes. Algunas son casi un reality o una especie de combate verbal de pressing catch, en el que asistimos en directo a la creación de las enemistades más furibundas y al nacimiento de las amistades más insospechadas. Y eso es así porque, en realidad, hablar, hablar, no es lo único que se hace. Se grita, se gime, se vitupera, se implora, se aúlla e incluso, en casos extremos, se insulta. Es un gran cotilleo, global y total. Se habla de deportes, de política, de economía, de cine, de sucesos, del corazón o de las tripas. Se habla de todo y de la misma forma, no importa si el tema a tratar es el aumento del paro, los niños muertos de Gaza, la habilidad con la pelota de Messi o la nueva nariz de la princesa Letizia.
Los periodistas, especialmente los que trabajamos en los medios audiovisuales, nos debatimos a menudo entre una doble servidumbre: la que tenemos que mantener con la realidad y la que tenemos con el espectáculo. Por un lado, debemos reflejar fielmente los hechos y los protagonistas del mundo real, porque este es el compromiso del contrato no escrito que mantenemos con los espectadores y los oyentes. Por otro, para llegar a captar la atención y mantener las expectativas de esta audiencia debemos construir un buen producto radiofónico y televisivo, y para hacerlo tenemos que seguir los requisitos y cumplir con las exigencias de las leyes del espectáculo.

HARRY G. Frankfurt, un influyente filósofo de la Universitat de Princeton, publicó hace tres años un ensayo lleno de ironía en el que estudiaba el fenómeno de la proliferación de tertulias. La convicción de que en una democracia todo ciudadano tiene la responsabilidad de opinar sobre cualquier cosa, porque en el mundo global todo nos afecta, conlleva, según Frankfurt, una desconexión entre las opiniones de una persona y su percepción de la realidad. Su teoría es que el exceso de palabrería en nuestro mundo contemporáneo, hablar por hablar y de forma banal, es mucho más pernicioso para la verdad que la propia mentira.

Creo que si Cervantes tuviese que escribir ahora El Quijote, no presentaría a su protagonista como un seguidor obsesivo de las novelas de caballerías: estoy seguro de que le convertiría en adicto a las tertulias. Una buena exposición a las teorías más contradictorias sobre los temas más diversos con los contertulios más insólitos es todo lo que precisa para transformarse en un caballero desafiante dispuesto a arremeter contra unos molinos de viento que perfectamente podrían ser gigantes.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

febrero 1, 2009 Publicado por | medios de comunicación | Dejar un comentario

>Revolución en las ondas

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Por Xavier Antich, profesor de la Universitat de Girona (LA VANGUARDIA, 28/12/08):

La mayoría de las cadenas de radio emiten ya por internet, además de hacerlo por el sistema tradicional. A los viejos usos de localización del dial, girando el mando, desde un aparato capaz de recibir las ondas, se ha añadido la posibilidad de escuchar cadenas radiofónicas de todo el mundo con disponer tan sólo de un ordenador conectado a internet de banda ancha. Con ello, se han modificado hábitos que vinculaban la recepción de emisiones radiofónicas a un espacio geográfico determinado. Algunas escenas pertenecen ya al pasado: para empezar, la ya obsoleta práctica de ir moviendo de lugar el aparato de radio para localizar el espacio desde el que sea posible recibir mejor la frecuencia y, con ella, un sonido inteligible. Antes, también, desplazarse fuera del domicilio habitual implicaba dejar de escuchar las emisoras habituales y recibir las emisoras locales del lugar visitado. Muchos se aficionaron, así, al traspasar las fronteras, a reconocer el país a través de sus voces radiofónicas. Otros, no sin cierta dificultad, aprendieron a sintonizar voces de países lejanos a través de la onda media, que hoy parece ya el residuo de un mundo en extinción. Ahora, como sucede con tantas otras cosas, todo en el mundo de la radio está casi al alcance de la mano: o mejor habría que decir, al alcance de la pantalla. Windows Media Player (WMP), por ejemplo, dispone de una guía de canales de radio on line. Sólo hace falta entrar y decidir con qué emisoras de qué país uno quiere conectarse.

Escuchar más y desde donde se quiera. Podría decirse que con ello, la radio ha dejado de estar ligada a un espacio físico concreto. Ahí radica el primer avance de lo que está cambiando. Pero la innovación no se acaba ahí. Además de liberarse del espacio, la radio por internet ha permitido que se desligue, también, del tiempo. La historia de la radio está vinculada esencialmente a la parcelación horaria. Ya es un sonido también del pasado aquel pitido, incorporado en todas las emisoras junto a las musiquillas de cada cadena, que saludaba, como hace siglos hacían las campanas, el punto exacto de cada hora. Ahora, gracias al servicio de archivo de los portales radiofónicos de internet, es posible escuchar buena parte de la programación en horario diferente del de su emisión. Radio a la carta, cada cual puede escuchar lo que está acostumbrado a escuchar aunque no sea posible hacerlo en directo: la radio en diferido permite escuchar partes de noticias, programas determinados, secciones concretas, en un momento diferente del que los programadores han decidido que es su franja de emisión habitual.

Fuera de las servidumbres del espacio y del tiempo, la radio, casi podría decirse, se ha desmaterializado para permitir que sea escuchada al gusto y necesidades de cada oyente. Es el espacio y el tiempo de los radioescuchas lo que determina el nuevo espacio y tiempo de la radio. Como en tantos otros ámbitos que han sido transformados por el medio digital, la radio también se ha puesto a girar, ya no en torno a sí misma, sino en torno al indiscutible protagonista: el receptor, el oyente, ha pasado también aquí a ser el protagonista.

Todos los estudios especializados señalan que estamos en un cambio de usos radiofónicos de alcance todavía imprevisible. De hecho, el estudio del 2007 realizado por KPMG Internacional sobre el impacto de la era digital señalaba que internet ya era, para los españoles, la primera fuente de información, por delante, en este orden, de la prensa escrita, la televisión y, en cuarto lugar, la radio. Si internet alcanzaba el 34% de los encuestados, la radio apenas bordeaba el 11%. Era previsible, ya entonces, que la radio se aliara con el cómplice más fuerte. Y parece que por ahí va su anunciado renacimiento.

Y, sin embargo, este uso de la radio tradicional a través de internet es sólo uno de los aspectos de la revolución radiofónica en curso. Basta con acercarse a Pandora (que tuvo que cerrar sus emisiones en Europa) o a Last. fm, tal vez unas de las referencias en el tránsito de la radio analógica a la digital. O a Rockola. fm, servicio de radiofórmula que permite, como tantos otros, la personalización del propio portal radiofónico, a través de emisoras predeterminadas por estilos y fechas o, incluso, por estados de ánimo.

Hoy hablar de radio en internet permite, es cierto, reconocer nuevos hábitos para la escucha radiofónica tradicional, desligada de los imperativos de espacio y tiempo. Pero también, es preciso admitirlo, permite descubrir aquí la iniciativa, creatividad y subjetividad de los nuevos usuarios, capaces de, en cierto sentido, configurar una radio propia, con sólo un ordenador personal, para que cada cual pueda organizar, de acuerdo con sus gustos, afinidades y expectativas, un multicanal individualizado que bien puede ser, para cada cual, una especie de radio ideal. Algo así como el “museo imaginario” de Malraux, pero en radio.

Fuente: Bitácora AlmendrónTribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

diciembre 28, 2008 Publicado por | Internet, medios de comunicación | Dejar un comentario

>El audiovisual público como potente altavoz de un país ante el mundo: el ejemplo francés

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Por Catalina Guerrero, jefa de sección de Cultura y Sociedad Internacional de la Agencia Efe y corresponsal de Efe en París desde julio de 1999 hasta octubre de 2007 (REAL INSTITUTO ELCANO, 29/10/08):

Tema: Consciente del poder de los medios de comunicación para difundir una perspectiva propia de la actualidad internacional y del reto que supone la llamada “segunda revolución digital”, Francia ha decidido reunificar todos sus activos que posee en el sector audiovisual exterior en una plataforma conjunta para intentar que su voz se oiga con más claridad e intensidad en el mundo.

Resumen: Francia, por decisión de su presidente, Nicolas Sarkozy, ha decidido reagrupar este año todas las participaciones del Estado en los medios de comunicación con proyección internacional en un holding llamado France Monde y bautizado después como Audiovisual Exterior de Francia (AEF). De este modo, Radio France International (RFI) y las televisiones France 24 y TV5 Monde aunarán sus fuerzas para proyectar con más fuerza y mayor eficacia la voz de Francia en el mundo, al tiempo que –crisis obliga– se consiguen sinergias. Esta decisión, acompañada de otra no menos polémica –la supresión paulatina de la publicidad en el audiovisual público francés–, ha convulsionado a este sector, que está pendiente ahora de que se conozcan en breve los detalles del proyecto de ley que debe plasmar la ambiciosa reforma, una futura norma cuyo tramite parlamentario está previsto para este otoño.

Análisis:

El 8 de enero de 2008 todo el mundo esperaba que Nicolas Sarkozy aprovechara su primera rueda de prensa tras la pausa vacacional de Navidad para hacer algún tipo de anuncio que le permitiera seguir fiel a su eslogan de “ruptura” con la anterior etapa presidencial personificada por el también conservador Jacques Chirac y sobre el cual construyó la campaña electoral que le llevó al Elíseo en mayo de 2007. Pero lo que nadie se imaginaba es que la diana en la que el flamante presidente francés iba a lanzar su dardo de reformas sería el sector del audiovisual público.

No lanzó una, sino dos flechas. Por un lado, Sarkozy manifestó su deseo de reformar el audiovisual exterior para reagrupar Radio France International (RFI) y la televisión France 24 y las participaciones del Estado francés en TV5 Monde en un únicoholding llamado France Monde, nombre que con el correr de los meses daría paso ya en septiembre al de Audiovisual Exterior de Francia (AEF).

Por otro lado, anunció su deseo de suprimir toda la publicidad en las televisiones públicas del país. “Revolución”, “estupor”, “fogonazo”, “bomba”, “big bang”… fueron las palabras pronunciadas por sindicatos, medios de comunicación y productores audiovisuales para definir la sorpresa causada por las palabras de Sarkozy.

La primera sorprendida por el alcance de las medidas que piensa tomar Sarkozy fue la ministra de Cultura y Comunicación, Christine Albanel, quien no pudo ocultar –al igual que el resto de miembros del Gobierno de François Fillon– que no estaba al corriente de las intenciones del jefe del Estado.

El asunto, al parecer, se fraguó en petit comité y sólo estaban al corriente dos o tres de los consejeros más próximos de Sarkozy, incluidos los dos que elaboraron el informe que defendía la creación de este holding: Jean-David Levitte, consejero diplomático, y Georges-Marc Benamou, consejero audiovisual.

En ese informe, Levitte y Benamou abogaban por una reforma “profunda”, pero “suave” del audiovisual exterior francés que se prolongase hasta el año 2012, por lo que desaconsejaban una revolución en las estructuras de RFI, TV5 Monde y France 24 por considerarla “peligrosa tanto en el plano diplomático como social”.

El diario Le Monde apunta también a Alain Minc, consejero de Sarkozy en estrategia financiera, como el ideólogo de esta gran reforma e incluso pone en su boca la frase que habría activado el interés de Sarkozy: “Debes continuar jugando a contracorriente. ¿Por qué no la televisión? François Mitterrand fue quien la privatizó, tu podrías ser quien la nacionalizase”.

Si Sarkozy retuvo la idea de Minc, según Le Monde, fue por dos motivos: porque intenta seguir los pasos de Mitterrand y porque le gusta poner trampas a la oposición, que no consigue retomar el aliento tras los últimos batacazos electorales de la primavera de 2007 (presidenciales) y de principios del verano del mismo año (legislativas). Y es que la supresión de la publicidad del servicio público es una vieja utopía de la izquierda.

Cuando Sarkozy hizo público el 8 de enero de 2008 su deseo de reagrupar “lo más rápidamente posible, en todo caso en este año”, todos los medios de RFI, TV5 y France 24 en un único holding, el anuncio quedó un tanto solapado por la decisión de suprimir la publicidad en nombre de “una televisión pública de calidad”.

Ese día, el presidente se limitó a explicar que esa decisión estaba motivada por la necesidad de unir todos los medios “para llevar la presencia de Francia de una forma más masiva (al resto del mundo) que en la actualidad”.

Para Sarkozy, es necesario reorganizar y racionalizar los instrumentos de la política audiovisual exterior de Francia para lograr “una presencia audiovisual más fuerte, más coherente, más ambiciosa y más eficaz”.

La tercera pincelada que da entonces Sarkozy de lo que será France Monde la dibuja monolingüe, ya que sólo hablará francés, aunque –matiza el presidente– “puede perfectamente tener subtítulos en español, árabe e inglés para aportar una visión francesa” de la actualidad.

Esa restricción idiomática generó una primera controversia en los medios afectados, ya que RFI difunde su programación en francés y en otras 19 lenguas, mientras que France 24 –la llamada CNN francesa– emite en francés, inglés y árabe y estaba en proyecto que en no demasiado tiempo también lo hiciera en español.

Ya entonces se empezó a vislumbrar además lo que sería el segundo punto polémico de este proyecto. Se trataba del malestar de los socios francófonos de TV5, Suiza, Bélgica y Canadá (Quebec), un trío de países que financian, aunque en menor proporción que Francia, esa televisión internacional y que no ocultan su temor a quedar completamente diluidos en un proyecto franco-francés. Bélgica y la televisión suiza TSR llegaron incluso a amenazar con retirarse de la cadena.

Pero fue un mes más tarde cuando estalló la verdadera controversia al precisar Sarkozy, en un comunicado del Elíseo, los nombres de los dos encargados de llevar las riendas de France Monde: el publicista Alain de Pouzilhac, jefe del directorio de France 24, y la periodista Christine Ockrent, compañera del ministro francés de Exteriores, Bernard Kouchner.

Pouzilhac, que se perfiló entonces como presidente de la nueva sociedad, recibió el encargo de “modernizar y dinamizar el audiovisual público francés exterior y francófono”, según el comunicado del Elíseo hecho público el 20 de febrero de 2008.

La misión encargada al antiguo presidente del grupo de publicidad HAVAS incluye la puesta en marcha “rápida” de la entidad y definir su plan operativo, acompañado de un plan de negocio (2009-2013), después de “una concertación en profundidad con el conjunto de los actores del audiovisual exterior público francés y francófono”.

Ese plan, que deberá ser sometido a Sarkozy y al primer ministro François Fillon, definirá igualmente “una estrategia de grupo adaptada a la era digital” apoyándose en France 24, RFI y TV5 Monde, “cuyo carácter multilateral será respetado y preservado”, así como la oferta de servicios digitales reunidos en un portal común de Internet.

La perspectiva de que la compañera y madre del hijo del jefe de la diplomacia francesa dirija la futura entidad levantó ampollas entre los sindicatos de los tres medios concernidos, por temor a una merma de la credibilidad del futuro holding.

También generó las críticas de la Federación Europea de Periodistas, no por las cualidades profesionales de Okcrent –que nadie niega– ni por un machismo soterrado que vería en su ascenso el hecho de ser “la mujer de…”, sino por una cuestión de “sentido común”.

Y es que al asumir la dirección general de la futura fabrica de información conjunta de TV5, France 24 y RFI, la llamada “reina Cristina”, como se conoce a esta hija de diplomático por sus maneras y su porte un tanto aristocrático, estará abocada a gestionar continuamente conflictos de intereses.

La aludida, de origen belga (Bruselas, 1944), juzgó entonces esas críticas de “injustas”, “sexistas” y humillantes”, al tiempo que recordaba que en 35 años de carrera, en los que ha ejercido puestos de responsabilidad en televisión, radio y prensa escrita, nadie había “cuestionado” su “competencia profesional” y su “ausencia total de compromiso partidario”.

“Espero que llegue el día en que se diga ‘el marido de…’ y se pida al ‘marido de…’ que sacrifique su identidad, sus competencias profesionales y su currículum para hacer ramos de flores”, manifestó en plena tormenta Ockrent en una entrevista a la emisora RTL.

En plena polémica algunos creyeron ver en una frase de Kouchner (“No veo por qué son siempre las mujeres las que deberían dimitir”) una posibilidad de que el ministro llegase incluso a pensar en aquel momento en abandonar su puesto en caso de que la controversia adquiriese cuotas más elevadas.

Lo que sí prometió fue no “mezclarse” en los asuntos del audiovisual exterior francés, que pasará a depender de la partida presupuestaria del primer ministro y no de Exteriores, como ha sido el caso hasta la fecha de RFI y de TV5 Monde, que complementan sus ingresos con la publicidad, así como de France 24, que tiene un estatuto diferente al responder a un esquema mitad público y mitad privado.

Tanto Ockrent como Pouzilhac fueron confirmados en sus respectivos cargos a mediados de abril, al mismo tiempo que se creaba oficialmente France Monde, que reunirá las “participaciones” del Estado francés en los tres medios de comunicación afectados.

La creación de France Monde hará posible el lanzamiento de un gran portal de Internet al que contribuirán los tres medios que lo integran. De este modo, Francia se sumará a la gran tendencia mundial que hace de Internet la vía de acceso principal a todos los medios de comunicación.

Otro aspecto importante de la reforma es el ahorro, ya que la nueva estructura supondrá sinergias en los sectores administrativos (recursos humanos y finanzas, por ejemplo), y tampoco se descarta que suceda otro tanto en la comercialización y distribución, sin olvidar el acercamiento entre las distintas redacciones, lo que inquieta a los sindicatos.

Los tres pilares sobre los que se apoya el Audiovisual Exterior de Francia (AEF)

(1) Radio France Internationale (RFI). Es la tercera estación de radio internacional más escuchada en el mundo, tras la británica BBC World Service y la estadounidense Voice of America, y está en igualdad con la alemana Deutsche Welle.

Su lanzamiento con el nombre actual se llevó a cabo en 1975, pero RFI es la heredera de Poste Colonial, creada en los años 30 del siglo pasado y que ya entonces emitía en una decena de lenguas y en todos los continentes. Entre Poste Colonial y RFI, la emisora se ha llamado sucesivamente Paris Ondes Courtes, Paris Mondial, Radio Paris, RTF Radio Paris y ORTF Radio Paris.

Presidida desde el mes de julio pasado por Alain de Pouzilhac, RFI está volcada principalmente sobre la información y la cultura. Tiene una media de 44 millones de oyentes en el mundo (según los últimos datos sobre audiencias), la mayor parte de ellos en África (25,8 millones), seguida de Oriente Medio (10,5), América (4,05), Europa (2,05) y Asia-Oceanía (1,9).

Tiene un millar de efectivos, de los cuales unos 350 son corresponsales en diferentes partes del mundo, para un presupuesto de unos 130 millones de euros anuales financiados con los presupuestos del Ministerio de Exteriores francés y los ingresos por publicidad.

RFI emite de forma continúa 24 horas al día, los siete días de la semana, y lo hace en francés y otras 19 lenguas. Su señal puede ser captada, según los diferentes puntos geográficos, en FM, ondas medias o cortas, cable, Worldspace o Internet.

(2) TV5 Monde. Nació el 2 de enero de 1984 bajo el impulso del Ministerio de Exteriores francés. Al principio, cinco cadenas participaron en su creación, de ahí su nombre, TV5 (TF1, Antenne 2, RF3, TSR y RTBF). TF1 se retiró del proyecto debido a su privatización en 1987, pero se sumaron a la aventura Radio Canada y Télé Québec (1986), La Cinquième y Arte France (1999). Su capital está repartido como sigue: France Télévision 47,5%, ARTE France 12,5%, TSR 11,11%, RTBF 11,11%, Télévision-Radio Canada y Télé Québec 11,11%, INA 6,61%, Jean-François Boneman 0,6% y Patrice Duhamel 0,6%.

Presidida por Alain de Pouzilhac desde abril pasado, TV5 Monde cuenta con un presupuesto anual de unos 75 millones de euros y una plantilla de 320 asalariados. Su divisa es la defensa y el fomento de la francofonía y despliega sus redes en los cinco continentes, con emisiones específicas para cada uno de ellos.

TV5 Monde llega a 176 millones de hogares en más de 203 países, con una audiencia media de 25 millones de telespectadores diarios, lo que la convierte en una de las tres grandes redes de televisión en el mundo, junto a MTV y CNN. Emite en francés con subtítulos en 10 lenguas: francés, inglés, árabe, español, portugués, holandés, alemán, sueco, danés y ruso.

(3) France 24. France 24 nació el 6 de diciembre de 2006 gracias al anterior presidente francés, Jacques Chirac, quien impulsó la creación de esta cadena, también conocida como “la CNN a la francesa”, tras constatar al principio de los años 90 las lagunas informativas de los grandes medios de información internacionales –fundamentalmente anglosajones– durante la primera Guerra del Golfo y especialmente en la invasión de Irak. “Las disensiones entre EEUU y Francia a raíz del segundo conflicto iraquí incrementaron la necesidad de hacer valer la perspectiva francesa sobre política internacional”, según explica el propio Ministerio francés de Exteriores en su página web.

Su ambición es competir no sólo con la estadounidense CNN, sino también con la británica BBC World y con la qatarí al-Yazira. “Sin ser la voz de Francia, France 24 desarrolla el punto de vista del Hexágono (como también se conoce al país) y trata la información internacional con objetividad e independencia, que son las premisas del periodismo, pero además con valores específicamente franceses”, apuntaba, por su parte, el presidente de la cadena, Alain de Pouzilhac.

En su página web, France 24 subraya que la cadena “aporta una mirada y una sensibilidad francesa a la actualidad internacional” y “afirma su especificidad con un acercamiento a la información respetuosa a la diversidad y atenta a las diferencias y a las identidades políticas y culturales”, al tiempo que “propone un análisis profundo de la actualidad para descubrir la parte sumergida y mostrar lo que el público debe ver, saber y comprender” y, por último, “trata con una atención particular la cultura y el arte de vivir” al estilo francés.

Su estatuto es particular, ya que es una sociedad anónima de derecho privado con un directorio y un consejo de vigilancia propiedad a partes iguales del grupo público France Télévisions y de la principal televisión privada francesa, TF1.

Precisamente con la intención de concentrarse en las negociaciones para la salida de TF1 del capital de France 24, Alain de Pouzilhac anunció este 29 de septiembre que dejaba “momentáneamente” su
puesto en la cadena de información continua “con el fin de no hacer incompatibles sus diferentes funciones en el seno del audiovisual exterior de Francia”.

En el momento de su creación, TF1 había invertido 17.500 euros en el capital social de France 24 y ahora reclama varios millones de euros, según informes periodísticos. Un estudio del banco Rothschild, efectuado a petición de TF1, valora France 24 en 90 millones de euros, de los que 45 millones de euros corresponderían a TF1. France 24 tiene un presupuesto de unos 80 millones de euros al año y cuenta con 430 trabajadores en nómina, de 35 nacionalidades diferentes.

Emite en abierto y de forma simultánea en inglés y en francés, así como en árabe cuatro horas diarias desde abril de 2007 y estaba previsto que en breve empezase también a hacerlo en español, algo que queda ahora en el aire al haber especificado Nicolas Sarkozy su deseo de que France Monde “sólo difunda en francés”. France 24 puede verse en todo el mundo por Internet –de hecho, simbólicamente, arrancó sus emisiones por esta vía– y en más de 90 países por satélite, cable y ADSL. Los programas en inglés pueden ser captados por los satélites Nilesat y Arabsat Badr-4, mientras que en francés pasan por Hot-Bird.

Supresión de la publicidad: “una auténtica revolución cultural”

“Propongo una auténtica revolución cultural en el servicio público de la televisión”, lanzó Nicolas Sarkozy aquel señalado 8 de enero de 2008 al expresar su deseo de abrir una reflexión sobre “la supresión total de la publicidad en las cadenas públicas, que podría ser financiada por una tasa sobre el incremento de los ingresos publicitarios en las cadenas privadas y una tasa infinitesimal sobre el volumen de negocios de los nuevos medios de comunicación, como la telefonía móvil y el acceso a Internet”.

Aquí, de nuevo, fue el consejero de estrategia financiera de Sarkozy, Alain Minc, quien le habría sugerido al jefe de Estado francés la fórmula para sacar adelante airoso el desafío de hacer realidad la vieja utopía de la izquierda: suprimir la publicidad del servicio público, según el diario Le Monde. “Es necesario que la nueva cultura (audiovisual) pague por la antigua”, aseguró el vespertino que le dijo Minc a Sarkozy, quien lo que sí tenía claro era que bajo ningún concepto iba a aumentar la tasa anual de 116 euros que pagan los franceses para sufragar los medios públicos, la cual es bastante impopular.

Interrogado en septiembre por radio France Inter sobre la veracidad de esas informaciones, Minc rehusó responder a esa pregunta, pero a cambio sí que se mostró dispuesto a explicar porqué piensa que es una buena idea suprimir la publicidad de la televisión pública.

“En todos los países en los que la televisión pública funciona sin publicidad, ya sea en Inglaterra o esencialmente en Alemania, en general el modelo es mejor que en los países en los que funciona con publicidad, como Italia o España”, dijo, al tiempo que arremetió contra el “oligopolio” de los operadores de telefonía móvil o de Internet que “fijan los precios como quieren” y luego denuncian como “indecente” que se les cobre “unos centenares de millones de euros para sufragar un proyecto cultural”.

Esta fórmula, además de imponer una tasa a los ingresos publicitarios de las cadenas privadas, figura en las recomendaciones de la comisión, presidida por el ex ministro Jean-François Copé e integrada por 28 parlamentarios y profesionales, a la que Sarkozy encargó a principios de año que hiciese propuestas de financiación de la televisión pública alternativas a la publicidad.

“¡Sed lo más imaginativos posibles!” para “inventar la televisión del servicio público del siglo XXI” y convertirla en “un ejemplo para el mundo”, instó Sarkozy a los integrantes de la llamada “Comisión para la nueva televisión pública” el 19 de febrero pasado, día en que quedó oficialmente constituida con un acto oficial en el palacio del Elíseo.

Respecto al tema principal de su reflexión, cómo eliminar toda publicidad de los canales y radios públicas, Sarkozy dio a elegir entonces entre “dos opciones”: la supresión total a partir del 1 de enero de 2009, y la de “vislumbrar esta supresión de manera progresiva, empezando en 2009” a partir de la franja horaria “de las 20 horas”, cuando empieza el telediario de la noche.

“Consciente” de que la reforma del audiovisual público será una “de las más importantes” que llevará a cabo durante su quinquenio, iniciado en mayo de 2007, el presidente francés garantizó que no privatizará ningún canal, aunque sí se potenciará su complementariedad para “superar mejor el reto de la revolución digital” y poder hacerlo “sin la tiranía de la audiencia cotidiana”.

La perennidad del grupo fue una de las principales exigencias que días antes, el 13 de febrero, había movilizado masivamente al grito de “Sarkolocura no, francofonía sí” a los trabajadores de France Télévisions, Radio France, RFI y TV5 Monde, en una jornada de huelga nacional sin precedentes desde 1974, cuando se desmanteló por ley la Oficina de Radiodifusión Televisión Francesa (ORTF) que reunía a todas las cadenas y radios públicas.

Esa inquietud se plasmó casi cuatro meses después en el “Llamamiento del 2 de junio para que viva la televisión”, lanzado por más de 40 organizaciones y sindicatos del sector audiovisual para pedir “responsabilidad” a los parlamentarios que tendrán que votar este otoño el proyecto de ley de reforma del audiovisual público (http://www.appeldu2juin.com).

El 15 de septiembre, un mes antes de la fecha prevista para la presentación del proyecto de ley, un millar de profesionales del audiovisual (productores, autores, actores y técnicos) se reunieron en el teatro Châtelet de París para pedir a sus señorías que apoyaran “la creación, la innovación y la información”, que garantizaran “la independencia y pluralismo de los medios”, así como “la financiación del servicio público de televisión”.

La factura global de la planeada supresión de la publicidad sólo en el grupo France Télévisions se estima en unos 1.200 millones de euros, pues además de perder el 30% de sus ingresos tendrá que rellenar con producción propia el espacio de tres horas que los anunciantes dejarán vacantes.

En su informe final, remitido a Sarkozy el pasado 25 de junio y que debe servir de base a la futura ley, la Comisión Copé recomendó la combinación de tres fuentes de ingresos para compensar los 450 millones de euros que necesitará France Télévisions debido a la supresión parcial de la publicidad en 2009, y los 650 millones que serán necesarios a partir de enero de 2012 con la eliminación total de los anuncios en la pequeña pantalla (http://www.matelepublique.fr). Esas tres fuentes son:

  1. El aumento del impuesto audiovisual según la inflación, lo que en 2009 supondría unos 2,32 euros más sobre los 116 que se paga actualmente, y ésta tasa se ampliaría
    a aquellos que usan el ordenador para ver la televisión. El fruto de estas dos medidas supondría 110 millones de euros anuales.
  2. Un gravamen a los ingresos publicitarios de las cadenas privadas, que serían compensadas con una reglamentación más flexible sobre las normas publicitarias.
  3. Una cantidad que proporcionarían las empresas de telecomunicaciones y de electrónica.

Pero el mismo día que recibió el informe, Sarkozy no dudó en obviar la primera sugerencia y optar por las dos segundas.

Así, el 0,9% de la facturación de los operadores de telefonía fija y móvil y de proveedores de acceso a Internet se destinará al sector audiovisual público, explicó el jefe de Estado tras recibir el informe de la comisión mixta que durante cuatro meses estudió el futuro de esos medios sin publicidad.

También se impondrá un gravamen del 3% sobre los ingresos publicitarios de “todas las cadenas” de televisión privadas, agregó Sarkozy, que calculó que supondrá unos 80 millones de euros.

La publicidad desaparecerá en la televisión pública después de las 20:00 horas y hasta las 06:00 locales desde el 1 de enero de 2009 (nueve meses antes de lo recomendado por la comisión), y totalmente a partir del 1 de diciembre de 2011, explicó Sarkozy, al señalar que ese plazo dará tiempo a las cadenas para adaptarse al nuevo régimen.

Sarkozy excluyó que el presupuesto del Estado contribuya con recursos, en nombre del problema del déficit público de Francia, pero sí confirmó la atribución al ente público France Télévisions de una dotación de capital de 150 millones de euros.

Un Gobierno que dota a un ente público con ese monto “no prepara” su privatización, dijo el presidente para “acabar” con los rumores de que pretende privatizar la televisión pública, al tiempo en que calificó de “histórica” su reforma.

El jefe de Estado, por otra parte, manifestó su deseo de que en el futuro el presidente de France Télévisions sea nombrado por el Ejecutivo, tras recabar la opinión del Consejo Superior del Audiovisual y siempre y cuando una “mayoría cualificada” del Parlamento no se oponga.

Se prevé que todas estas medidas estén incluidas en el proyecto de ley que será presentado al Parlamento este otoño y en el que algunos creen ver un intento de Sarkozy de “berlusconizar” la televisión francesa pero desde el Estado.

Conclusión:
¿Podría exportarse el modelo France Monde a España? En España, el Canal Internacional es “la gran asignatura pendiente” del ente público español Radio Televisión Española (RTVE). “Una nueva señal del Canal Internacional… será presentada a finales de octubre en la Cumbre Iberoamericana, en San Salvador”, anunció el presidente de la Corporación RTVE, Luis Fernández, a mediados de septiembre en un acto público en Madrid.

Otras de las grandes apuestas de RTVE es el Canal 24 horas, de información continua y proyección internacional, el Canal Cultura, su recientemente estrenado portal en Internet, y una nueva sede, que es “un objetivo estratégico, que debe desarrollar la ingente tarea de modernización de sus estructuras, un replanteamiento global de su equipamiento tecnológico”, añadió Fernández en la misma comparecencia pública.

Vaticinó que viene “un gran shock derivado de la segunda gran ola o conmoción digital”, por lo que consideró que hay que “replantear la manera en la que concebimos, encargamos, producimos, empaquetamos y distribuimos nuestros contenidos”.

“RTVE es la televisión pública más barata de España y de Europa, la que menos cuesta a sus ciudadanos”. Así de rotundo es Fernández al hablar de financiación de RTVE: “Sí, de la Europa en la que nos miramos. A cada alemán, la televisión pública le cuesta 88 euros al año; a los británicos, la BBC, más de 85 euros. A cada francés, 28 euros; y a cada español, 13 euros. Pero RTVE es también la cadena pública más barata de toda España: las autonómicas cuestan bastante más euros por habitante que los 13 euros de RTVE”.

Y crisis obliga, los presupuestos de RTVE para 2009 se ajustan el cinturón. Su Consejo de Administración aprobó el 1 de octubre una partida de 1.097 millones de euros, lo que supone un ahorro de gastos de casi 99 millones de euros (un 8,3%) con respecto al año anterior, según un comunicado emitido por la Corporación.

En 2009, el Estado aportará 555 millones de euros y por ingresos comerciales se prevén 520 millones de euros. Todo ello, sumado a los 22 millones que se obtendrán por otros ingresos (fundamentalmente financieros y otros ingresos de gestión), eleva la cifra final a 1.097 millones.

La partida de ingresos comerciales, indica el comunicado, sufre también una disminución, de unos 77 millones de euros, ya que RTVE reduce un minuto más la publicidad por hora de emisión: en 2008 se pasó de 12 minutos a 11; en 2009 serán 10 y en 2010, nueve.

Precisamente, la financiación es un asunto que Fernández no quiere eludir y por ello ofreció su “mano tendida” para abrir “un debate con seriedad, rigor, claridad y honestidad”.

“Nicolas Sarkozy quiere inventar ‘la televisión de servicio público del siglo XXI’, basada en un modelo que elimina la publicidad de todos los canales públicos. Este anuncio tiene el mérito de la claridad”, en opinión de Fernández, para quien “el conjunto del sector audiovisual debe reflexionar serenamente sobre el servicio público de radiotelevisión y sobre nuestro audiovisual”.

¿Podría exportarse el modelo France Monde a España? En el artículo 3 del Título I de la Ley 17/2006, de 5 de junio, de la radio y la televisión de titularidad estatal, por la que se crea la Corporación RTVE como “sociedad mercantil estatal dotada de especial autonomía, sujeta en lo esencial a la legislación reguladora de las sociedades anónimas y cuyo capital social será íntegramente estatal”, se encomienda al servicio público de radio y televisión “editar y difundir canales radiofónicos y de televisión de cobertura internacional que coadyuven a la proyección hacia el exterior de las lenguas y culturas españolas y a la adecuada atención de los ciudadanos españoles residentes o desplazados en el extranjero”, así como “impulsar el intercambio de información y de conocimiento mutuo entre los ciudadanos de los Estados miembros de la Unión
Europea como espacio común de convivencia”.

Además del Canal Internacional de RTVE, cuya nueva singladura será presentada con toda solemnidad en la próxima Cumbre Iberoamericana, la Corporación cuenta con dos potentes medios para proyectar la visión de España en el extranjero: el Canal 24 horas y Radio Exterior de España.

El Canal 24 horas “es el vehículo de información inmediata más importante para millones de hispanohablantes en Europa y América, y presta especial atención a los acontecimientos de la comunidad iberoamericana”, según se publicita en www.rtve.es. Se puede ver gratuitamente por TDT y por Internet en la
página web de RTVE, por los satélites Hispasat 1B en América y Eutelsat en Europa y en el dial 71 de Digital+.

Radio Exterior de España “es un medio de radiodifusión dependiente de RNE que tiene encomendada la transmisión en Onda Corta, satélites e Internet de programas para los españoles que se encuentran fuera y para los extranjeros interesados por España”. A sus oyentes en otras lenguas (inglés, francés, árabe, ruso y sefardí), REE les informa sobre la actualidad de España y los acontecimientos internacionales y les ofrece una visión general de la vida y la cultura españolas.

Con todos esos medios, según el responsable de Relaciones Internacionales de la Agencia Efe, Juan María Calvo, “sólo falta aplicar recursos y, sobre todo, voluntades para potenciar el uso de medios públicos de comunicación españoles. Si España quiere jugar un papel más destacado en el mundo y luchar por ejercer un cierto liderazgo internacional, acorde con su peso económico, debe aplicar más atención a las instituciones y organismos que pueden dar realce a su acción exterior” (Juan María Calvo, “Una herramienta infrautilizada: los medios de comunicación estatales con proyección exterior”, ARI nº 47/2006, Real Instituto Elcano).

octubre 29, 2008 Publicado por | Francia, medios de comunicación | 1 comentario

>Entre el negocio y los derechos humanos

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José Vidal-Beneyto, catedrático de Sociología de la Universidad Complutense y editor de Hacia una sociedad civil global (EL PAÍS, 09/06/08):

Dar noticia y razón de nuestra tan compleja realidad contemporánea y hacerlo con la urgencia que imponen los usos informativos y con la brevedad a que obliga la parvedad del espacio y del tiempo de que se dispone, además de destinar el producto resultante a un público indiferenciado y masivo es configurar un destino mediático presidido por la simplificación y la banalidad. Destino que es globalmente resultado del ejercicio periodístico porque la realidad informativa es una materia que no cabe transmitir tal cual, dado que el informador no es un mero transmisor y que su obra, el entramado que forman las noticias, necesita ser conformado. Todo ello en función de que el contenido que soporta no se comunica sin más, no se difunde directamente, pues el informador no lo reproduce sino que lo produce. En consecuencia, sólo el análisis de las condiciones que acaban de referirse puede hacernos comprender el porqué y el cómo de ese proceso productivo.

Máxime en una situación como la actual en la que la información es antes que nada una actividad económica, un proceso mercantil, y la noticia es esencialmente una mercancía, a la que la digitalización ha dotado de una ubicuidad extraordinaria, que la ha convertido en un producto tan circulante y múltiple como el dinero. Lo que explica que hoy, partiendo de los medios de comunicación, se hayan constituido muy poderosos imperios mediáticos, que se han traducido en fortunas tan grandes y diversificadas como las de Robert Murdoch, Carlos Slim, etcétera.

Por lo demás, esa naturaleza mercantil coincide y convive con su condición de derecho básico a la información, que es un derecho fundamental que se declina según dos acepciones distintas y complementarias. En primer lugar, como derecho de todos los seres humanos, de cualquier condición y en cualquier lugar, a la libre expresión de sus ideas y opiniones, indisociablemente vinculado con su derecho incondicionable a ser informados de manera efectiva. Lo que quiere decir una información veraz y plural, no objetiva. Porque desde que Heisenberg, Heinz von Foerster y los más solventes científicos contemporáneos nos enseñaron que en todo proceso de conocimiento y experimentación, el simple hecho de iniciarlo modifica el objeto que se conoce o sobre el que se experimenta, los modestos científicos que somos los analistas sociales hemos de renunciar a la pretensión de alcanzar un conocimiento objetivo de la realidad social, es decir, de la sociedad y de sus principales procesos, tal y como en sí mismos son, y hemos de satisfacernos con la veracidad, es decir, con presentar y escarbar en los datos que sobre esa realidad se nos ofrecen, valorando su fiabilidad, completud y coherencia.

Reitero este planteamiento que presenté hace más de 30 años, en el marco del Comité Mundial de Comunicación, Conocimiento y Cultura que entonces presidía, con el propósito de sustituir el término objetividad por los de veracidad y pluralismo.

A ese derecho universal a la información de los individuos corresponde el deber, la obligación irrestrictible de los colectivos comunitarios y de quienes los presiden, de facilitar todo tipo de información sobre los temas esenciales para su funcionamiento. La proximidad entre información, económica y política, y la continua circulación, entre ellas, de bastantes de sus protagonistas ha suscitado la aparición de una clase político-mediática, volcada a la celebridad y al enriquecimiento, confortada por la polivalencia de sus protagonistas. El abultado pelotón cuyos nombres a todos nos constan, de quienes en democracia han saltado de la política al negocio y vuelta a empezar, sin perder pie en los medios, no necesita comentario alguno.

En todas partes, pero sobre todo en Italia y en España, abundan los ejemplos del periodista sin escrúpulos y de la empresa voraz que a golpe de agresiones y de chanchullos se impone en el feroz paisaje mediático. Claro que junto a esta actividad lamentable aparece una profesión hecha de nobleza y coraje, una práctica de alto riesgo, derivada no de su impericia o imprudencia, sino de la sustancia misma de su oficio: buscar la noticia. Ya en 1974 la Escuela de Chicago nos enseñó que las noticias por antonomasia son las malas noticias -News are only bad news-, y ¿qué peores noticias que la guerra? Los 168 conflictos bélicos en el mundo que han contado los polemólogos entre 1945 y 2005 tienen mucho que ver con el elevado precio que ha tenido que pagar la profesión de periodista. En un solo año, 2003, 106 muertos y 72 secuestrados; entre los primeros, José Couso, asesinado con la cámara en la mano por las fuerzas de los Estados Unidos en el hotel Palestina, de Bagdad, de lo que ha dado cabal cuenta José Yoldi en este diario.

En cualquier caso, todo ello hace imperativo que se establezcan y respeten los derechos y obligaciones de los informadores y los Estados, de los periodistas, los políticos y las empresas, y que el pluralismo sea la pauta hegemónica del ejercicio periodístico. Pluralidad ideológica de las diversas propuestas informativas, o pluralismo externo, sin olvidar el respeto a la diversidad ideológica en el seno de cada redacción, o pluralismo endógeno, compatible con la legítima exigencia de cada medio a imponer su línea editorial.

Los muchos encuentros que he tenido ocasión de mantener con periodistas con ocasión de la concesión del Premio José Couso de la Libertad de la Prensa, que el Colegio de Periodistas de Galicia y el Club de Prensa de Ferrol acaban de otorgarme, me han confirmado que, más allá de las clásicas y necesarias salvaguardas expresadas en la cláusula de conciencia y el secreto profesional, es capital y urgente establecer un estatuto de la Redacción y otro del periodista, que garanticen, laboralmente, la seguridad del puesto de trabajo y, profesionalmente, el pluralismo interno, regulando, al mismo tiempo, la acreditación profesional del periodista.

Sin olvidar que las instancias públicas deben obligarse a dar libre acceso a toda la documentación relativa a los sucesos importantes para la vida de su comunidad. Ya sé que hay quien pretende que el mejor estatuto periodístico es el que no existe, lo que me recuerda a los nostálgicos franquistas, diciéndonos que el mejor rojo era el rojo muerto. Pero ello nos ayudaría a superar el perturbador antagonismo entre periodistas y empresas informativas, que travisten su rivalidad a través de asociaciones de la prensa versus colegios y sindicatos de periodistas, y dotaría a una profesión cuyas consecuencias económicas y políticas son tan decisivas del marco pública y jurídicamente reconocido que reclama y necesita. ¿Por qué no le damos un empujón definitivo al proyecto que se presentó hace cuatro años?

junio 9, 2008 Publicado por | medios de comunicación | Dejar un comentario

Entre el negocio y los derechos humanos

José Vidal-Beneyto, catedrático de Sociología de la Universidad Complutense y editor de Hacia una sociedad civil global (EL PAÍS, 09/06/08):

Dar noticia y razón de nuestra tan compleja realidad contemporánea y hacerlo con la urgencia que imponen los usos informativos y con la brevedad a que obliga la parvedad del espacio y del tiempo de que se dispone, además de destinar el producto resultante a un público indiferenciado y masivo es configurar un destino mediático presidido por la simplificación y la banalidad. Destino que es globalmente resultado del ejercicio periodístico porque la realidad informativa es una materia que no cabe transmitir tal cual, dado que el informador no es un mero transmisor y que su obra, el entramado que forman las noticias, necesita ser conformado. Todo ello en función de que el contenido que soporta no se comunica sin más, no se difunde directamente, pues el informador no lo reproduce sino que lo produce. En consecuencia, sólo el análisis de las condiciones que acaban de referirse puede hacernos comprender el porqué y el cómo de ese proceso productivo.

Máxime en una situación como la actual en la que la información es antes que nada una actividad económica, un proceso mercantil, y la noticia es esencialmente una mercancía, a la que la digitalización ha dotado de una ubicuidad extraordinaria, que la ha convertido en un producto tan circulante y múltiple como el dinero. Lo que explica que hoy, partiendo de los medios de comunicación, se hayan constituido muy poderosos imperios mediáticos, que se han traducido en fortunas tan grandes y diversificadas como las de Robert Murdoch, Carlos Slim, etcétera.

Por lo demás, esa naturaleza mercantil coincide y convive con su condición de derecho básico a la información, que es un derecho fundamental que se declina según dos acepciones distintas y complementarias. En primer lugar, como derecho de todos los seres humanos, de cualquier condición y en cualquier lugar, a la libre expresión de sus ideas y opiniones, indisociablemente vinculado con su derecho incondicionable a ser informados de manera efectiva. Lo que quiere decir una información veraz y plural, no objetiva. Porque desde que Heisenberg, Heinz von Foerster y los más solventes científicos contemporáneos nos enseñaron que en todo proceso de conocimiento y experimentación, el simple hecho de iniciarlo modifica el objeto que se conoce o sobre el que se experimenta, los modestos científicos que somos los analistas sociales hemos de renunciar a la pretensión de alcanzar un conocimiento objetivo de la realidad social, es decir, de la sociedad y de sus principales procesos, tal y como en sí mismos son, y hemos de satisfacernos con la veracidad, es decir, con presentar y escarbar en los datos que sobre esa realidad se nos ofrecen, valorando su fiabilidad, completud y coherencia.

Reitero este planteamiento que presenté hace más de 30 años, en el marco del Comité Mundial de Comunicación, Conocimiento y Cultura que entonces presidía, con el propósito de sustituir el término objetividad por los de veracidad y pluralismo.

A ese derecho universal a la información de los individuos corresponde el deber, la obligación irrestrictible de los colectivos comunitarios y de quienes los presiden, de facilitar todo tipo de información sobre los temas esenciales para su funcionamiento. La proximidad entre información, económica y política, y la continua circulación, entre ellas, de bastantes de sus protagonistas ha suscitado la aparición de una clase político-mediática, volcada a la celebridad y al enriquecimiento, confortada por la polivalencia de sus protagonistas. El abultado pelotón cuyos nombres a todos nos constan, de quienes en democracia han saltado de la política al negocio y vuelta a empezar, sin perder pie en los medios, no necesita comentario alguno.

En todas partes, pero sobre todo en Italia y en España, abundan los ejemplos del periodista sin escrúpulos y de la empresa voraz que a golpe de agresiones y de chanchullos se impone en el feroz paisaje mediático. Claro que junto a esta actividad lamentable aparece una profesión hecha de nobleza y coraje, una práctica de alto riesgo, derivada no de su impericia o imprudencia, sino de la sustancia misma de su oficio: buscar la noticia. Ya en 1974 la Escuela de Chicago nos enseñó que las noticias por antonomasia son las malas noticias -News are only bad news-, y ¿qué peores noticias que la guerra? Los 168 conflictos bélicos en el mundo que han contado los polemólogos entre 1945 y 2005 tienen mucho que ver con el elevado precio que ha tenido que pagar la profesión de periodista. En un solo año, 2003, 106 muertos y 72 secuestrados; entre los primeros, José Couso, asesinado con la cámara en la mano por las fuerzas de los Estados Unidos en el hotel Palestina, de Bagdad, de lo que ha dado cabal cuenta José Yoldi en este diario.

En cualquier caso, todo ello hace imperativo que se establezcan y respeten los derechos y obligaciones de los informadores y los Estados, de los periodistas, los políticos y las empresas, y que el pluralismo sea la pauta hegemónica del ejercicio periodístico. Pluralidad ideológica de las diversas propuestas informativas, o pluralismo externo, sin olvidar el respeto a la diversidad ideológica en el seno de cada redacción, o pluralismo endógeno, compatible con la legítima exigencia de cada medio a imponer su línea editorial.

Los muchos encuentros que he tenido ocasión de mantener con periodistas con ocasión de la concesión del Premio José Couso de la Libertad de la Prensa, que el Colegio de Periodistas de Galicia y el Club de Prensa de Ferrol acaban de otorgarme, me han confirmado que, más allá de las clásicas y necesarias salvaguardas expresadas en la cláusula de conciencia y el secreto profesional, es capital y urgente establecer un estatuto de la Redacción y otro del periodista, que garanticen, laboralmente, la seguridad del puesto de trabajo y, profesionalmente, el pluralismo interno, regulando, al mismo tiempo, la acreditación profesional del periodista.

Sin olvidar que las instancias públicas deben obligarse a dar libre acceso a toda la documentación relativa a los sucesos importantes para la vida de su comunidad. Ya sé que hay quien pretende que el mejor estatuto periodístico es el que no existe, lo que me recuerda a los nostálgicos franquistas, diciéndonos que el mejor rojo era el rojo muerto. Pero ello nos ayudaría a superar el perturbador antagonismo entre periodistas y empresas informativas, que travisten su rivalidad a través de asociaciones de la prensa versus colegios y sindicatos de periodistas, y dotaría a una profesión cuyas consecuencias económicas y políticas son tan decisivas del marco pública y jurídicamente reconocido que reclama y necesita. ¿Por qué no le damos un empujón definitivo al proyecto que se presentó hace cuatro años?

junio 9, 2008 Publicado por | medios de comunicación | Dejar un comentario

>El poder de las imágenes

>

Por Enric Marín, periodista (EL PERIÓDICO, 15/05/08):

En estos últimos días, nuestras retinas se han visto impresionadas por las imágenes de dos acontecimientos catastróficos de dimensiones dantescas que tienen como escenario el gran continente asiático: el ciclón que ha devastado Birmania y el terremoto que ha castigado con extrema severidad Sichuan. Ante estas catástrofes de dimensiones apocalípticas pueden y deben hacerse muchas reflexiones. Desde una difícil serenidad y desde el sentimiento más estrictamente humano y solidario.

Las aproximaciones pueden ser históricas, económicas, políticas… y también comunicativas. El mundo es hoy mucho mayor y a la vez mucho más pequeño que hace unas décadas. Más pequeño porque los sistemas de transporte han reducido drásticamente las distancias. Ya lo hizo el ferrocarril, pero el golpe de gracia ha sido la masificación de la aviación comercial. Y también mayor porque la revolución de las comunicaciones culminada con internet ha convertido en vecinos a los habitantes del rincón más alejado del planeta. Estamos informados al instante de cualquier acontecimiento, por remota que sea su localización. Tenemos una percepción mundial de la realidad y formamos parte ya de la aldea global anunciada por Marshall McLuhan. Pero ¿qué tipo de aldea global?

NUESTRA globalización es jerárquica, desequilibrada y etnocéntrica. Tenemos más posibilidades que nunca de estar informados. Infinitamente más. Pero nuestra dieta informativa no es lo bastante equilibrada. Hay mucha información y poca interpretación. Y la estrategia periodística de espectacularizar cualquier tipo de noticia acaba produciendo una especie de banalización mediática de las tragedias. De todo tipo de tragedias. Y esto se da más en la información audiovisual que en la prensa escrita. ¿Es la información impresa más racional que la visual? No necesariamente. El dicho se- gún el cual una imagen vale más que mil palabras expresa una gran verdad. Sabemos que una palabra puede evocar mil imágenes. Esta es la clave de la comunicación poé- tica verbal. Pero una sola imagen puede contener mucha más información que mil palabras. Información fáctica e información emocional.

Dos ejemplos. La foto de la niña vietnamita corriendo asustada y dejando atrás el horror del napalm contenía más información que todos los editoriales imaginables. Y la pieza periodística más valiosa que yo conozco sobre los hechos sucedidos en Barcelona a raíz del golpe de Estado del 18 de julio de 1936 es el reportaje fotográfico de Agustí Centelles publicado una vez restablecida una cierta normalidad. Hace ya un siglo, la fotografía cambió el concepto de arte y el propio periodismo. De hecho, la narración periodística no llega a ser plenamente moderna hasta que incorpora la imagen como recurso informativo básico.

Las imágenes concentran información y tienen una gran fuerza comunicativa. Y esto lo saben todos los regímenes autoritarios desde la primera guerra mundial. Del mismo modo que todos tienen en común un mismo fundamento doctrinal en lo que se refiere a la concepción del derecho a la información. Esquemáticamente, es una actualización del absolutismo monárquico: el derecho a recibir y a emitir información no corresponde al ciudadano, sino al Estado, que puede delegar la gestión de ese derecho, pero la fuente de legitimidad corresponde siempre al Estado, nunca al ciudadano.

La consistencia democrática de cualquier sociedad siempre puede identificarse mejor en el respeto efectivo de las garantías democráticas que en las características de los distintos modelos electorales. Y una de las primeras garantías democráticas es el respeto a la libertad de expresión. Ahora, con el caso de Birmania y China hemos podido ver dos formas de intervenir sobre la información por parte de dos sistemas políticos autoritarios o dictatoriales. De modo diferenciado, en ambos casos el control de las imágenes es absolutamente estratégico. La conducta de la junta militar birmana es perfectamente representativa de una política informativa herméticamente cerrada. Se trata de ocultar todo tipo de información para poder fabricar un relato a medida del régimen. La condición es secuestrar las imágenes para que no lleguen a contradecir un discurso radiofónico e impreso íntegramente oficialista.

Realidad y propaganda periodística viven en dos mundos sin ninguna conexión real. Es la misma práctica que, a diferente escala, aplicó el régimen chino con la información doméstica del boicot al recorrido de la antorcha olímpica como protesta por la situación del Tíbet. Pero esta práctica contrasta muy vivamente con la apertura informativa relativa que las autoridades chinas han decretado con motivo del terremoto de Sichuan.

AQUÍ HAN cambiado la situación y los objetivos. Ahora se trata de promover la empatía emocional interna y externa. Local e internacional. Con dos objetivos: tapar el efecto mediático del boicot al recorrido de la antorcha olímpica y dejar constancia de la actitud diligente de las autoridades. Pero todo es un espejismo. Las autoridades chinas no han actuado con la desidia criminal de los militares birmanos. En absoluto. Pero en ningún sistema democrático el flujo de la información puede depender de un grifo que las autoridades abren y cierran a su antojo.

mayo 22, 2008 Publicado por | medios de comunicación, periodismo | Dejar un comentario

El poder de las imágenes

Por Enric Marín, periodista (EL PERIÓDICO, 15/05/08):

En estos últimos días, nuestras retinas se han visto impresionadas por las imágenes de dos acontecimientos catastróficos de dimensiones dantescas que tienen como escenario el gran continente asiático: el ciclón que ha devastado Birmania y el terremoto que ha castigado con extrema severidad Sichuan. Ante estas catástrofes de dimensiones apocalípticas pueden y deben hacerse muchas reflexiones. Desde una difícil serenidad y desde el sentimiento más estrictamente humano y solidario.

Las aproximaciones pueden ser históricas, económicas, políticas… y también comunicativas. El mundo es hoy mucho mayor y a la vez mucho más pequeño que hace unas décadas. Más pequeño porque los sistemas de transporte han reducido drásticamente las distancias. Ya lo hizo el ferrocarril, pero el golpe de gracia ha sido la masificación de la aviación comercial. Y también mayor porque la revolución de las comunicaciones culminada con internet ha convertido en vecinos a los habitantes del rincón más alejado del planeta. Estamos informados al instante de cualquier acontecimiento, por remota que sea su localización. Tenemos una percepción mundial de la realidad y formamos parte ya de la aldea global anunciada por Marshall McLuhan. Pero ¿qué tipo de aldea global?

NUESTRA globalización es jerárquica, desequilibrada y etnocéntrica. Tenemos más posibilidades que nunca de estar informados. Infinitamente más. Pero nuestra dieta informativa no es lo bastante equilibrada. Hay mucha información y poca interpretación. Y la estrategia periodística de espectacularizar cualquier tipo de noticia acaba produciendo una especie de banalización mediática de las tragedias. De todo tipo de tragedias. Y esto se da más en la información audiovisual que en la prensa escrita. ¿Es la información impresa más racional que la visual? No necesariamente. El dicho se- gún el cual una imagen vale más que mil palabras expresa una gran verdad. Sabemos que una palabra puede evocar mil imágenes. Esta es la clave de la comunicación poé- tica verbal. Pero una sola imagen puede contener mucha más información que mil palabras. Información fáctica e información emocional.

Dos ejemplos. La foto de la niña vietnamita corriendo asustada y dejando atrás el horror del napalm contenía más información que todos los editoriales imaginables. Y la pieza periodística más valiosa que yo conozco sobre los hechos sucedidos en Barcelona a raíz del golpe de Estado del 18 de julio de 1936 es el reportaje fotográfico de Agustí Centelles publicado una vez restablecida una cierta normalidad. Hace ya un siglo, la fotografía cambió el concepto de arte y el propio periodismo. De hecho, la narración periodística no llega a ser plenamente moderna hasta que incorpora la imagen como recurso informativo básico.

Las imágenes concentran información y tienen una gran fuerza comunicativa. Y esto lo saben todos los regímenes autoritarios desde la primera guerra mundial. Del mismo modo que todos tienen en común un mismo fundamento doctrinal en lo que se refiere a la concepción del derecho a la información. Esquemáticamente, es una actualización del absolutismo monárquico: el derecho a recibir y a emitir información no corresponde al ciudadano, sino al Estado, que puede delegar la gestión de ese derecho, pero la fuente de legitimidad corresponde siempre al Estado, nunca al ciudadano.

La consistencia democrática de cualquier sociedad siempre puede identificarse mejor en el respeto efectivo de las garantías democráticas que en las características de los distintos modelos electorales. Y una de las primeras garantías democráticas es el respeto a la libertad de expresión. Ahora, con el caso de Birmania y China hemos podido ver dos formas de intervenir sobre la información por parte de dos sistemas políticos autoritarios o dictatoriales. De modo diferenciado, en ambos casos el control de las imágenes es absolutamente estratégico. La conducta de la junta militar birmana es perfectamente representativa de una política informativa herméticamente cerrada. Se trata de ocultar todo tipo de información para poder fabricar un relato a medida del régimen. La condición es secuestrar las imágenes para que no lleguen a contradecir un discurso radiofónico e impreso íntegramente oficialista.

Realidad y propaganda periodística viven en dos mundos sin ninguna conexión real. Es la misma práctica que, a diferente escala, aplicó el régimen chino con la información doméstica del boicot al recorrido de la antorcha olímpica como protesta por la situación del Tíbet. Pero esta práctica contrasta muy vivamente con la apertura informativa relativa que las autoridades chinas han decretado con motivo del terremoto de Sichuan.

AQUÍ HAN cambiado la situación y los objetivos. Ahora se trata de promover la empatía emocional interna y externa. Local e internacional. Con dos objetivos: tapar el efecto mediático del boicot al recorrido de la antorcha olímpica y dejar constancia de la actitud diligente de las autoridades. Pero todo es un espejismo. Las autoridades chinas no han actuado con la desidia criminal de los militares birmanos. En absoluto. Pero en ningún sistema democrático el flujo de la información puede depender de un grifo que las autoridades abren y cierran a su antojo.

mayo 22, 2008 Publicado por | medios de comunicación, periodismo | Dejar un comentario

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