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>El Estado marroquí ante sus emigrantes y la ciudadanía marroquí en la diáspora

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Por Ana I. Planet Contreras, profesora de Sociología del Mundo Árabe Contemporáneo, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Autónoma de Madrid (REAL INSTITUTO ELCANO, 23/03/11):
Tema: El Estado marroquí se esfuerza desde hace años para mantener el vínculo y la identificación de sus emigrantes con el país de origen y por aumentar su influencia internacional a través de ellos.
Resumen: Un elemento esencial para entender las sociedades árabes del siglo XXI, y especialmente las magrebíes, es la existencia de importantes comunidades de emigrantes instalados en otros países de la región y fuera de ella, sobre todo en Europa. Estas migraciones constituyen la base de vínculos económicos y políticos entre los Estados implicados. El esfuerzo del Estado marroquí para garantizar la vinculación de sus emigrantes con el país plantea en los últimos años nuevos escenarios de participación y pretende modernizar los términos de debate. Frente a ello reaccionan las asociaciones ya existentes, generando a su vez nuevas iniciativas y discursos. Estas migraciones suponen a medio plazo la generación de dinámicas de construcción ciudadana transnacional que plantean numerosos retos no sólo para los individuos que las protagonizan y sus familias sino también para los Estados y sus sociedades civiles.
Análisis: La creación en 2007 del Consejo Consultivo de los Marroquíes Residentes en el Extranjero ha puesto de manifiesto la importancia otorgada por el régimen marroquí y por el monarca a la cuestión migratoria y a las condiciones de integración de los emigrantes. Los esfuerzos de Mohamed VI desde su llegada al trono se vienen dirigiendo a diseñar un marco institucional con el que asegurar una vinculación de los marroquíes residentes en el exterior con el país de nacimiento que no se reduzca a los lazos familiares, a la inversión de sus ahorros en la adquisición de inmuebles o la dinamización estacional de ciertas economías locales, sino que –como otros países emisores de emigración han hecho a lo largo del siglo XX– incluya el mantenimiento de vínculos estrechos con el país. Reconocer la autoridad religiosa y política del monarca o mostrar el compromiso con la integridad territorial del Reino son elementos constantes en los discursos referidos a los marroquíes en el exterior.
Como sucediera con iniciativas anteriores, la creación del Consejo no ha sido recibida con entusiasmo por las numerosas asociaciones de inmigrantes marroquíes de Europa, abriéndose con ello, una vez más, el debate sobre la compleja cuestión de la ciudadanía marroquí en la diáspora. Si bien la estructura del Consejo asegura la participación de los emigrantes y parte con amplitud de miras a la hora de definir su ámbito de interés, también es cierto que su creación resulta para muchos insuficiente en la medida en que no da respuesta a la cuestión de la participación política de los marroquíes que residen en el exterior en las dinámicas internas del país, tantas veces reclamada. Sobre todo, su creación ha sido un jarro de agua fría para los partidos políticos, sindicatos y asociaciones que esperaban algo más tras el discurso real de noviembre de 2006 en el que Mohamed VI había anunciado su intención de conceder derechos de plena ciudadanía a los ciudadanos marroquíes residentes en el exterior. Por decirlo de otro modo, pese a las novedades institucionales que suponía el nuevo órgano y la capacidad de los encargados de llevar adelante el proyecto –con larga trayectoria en el ámbito de los derechos humanos y de la migración–, se perdía la ocasión que muchos esperaban de poner en funcionamiento los mecanismos que garantizaran la representación parlamentaria de los marroquíes residentes fuera del país por medio de elecciones.
La experiencia electoral con la que cuenta Marruecos en este ámbito es muy escasa pues las urnas sólo se han utilizado para elegir a los representantes de los marroquíes residentes en el extranjero entre 1984 y 1992. Durante esos años, cinco de los 204 diputados en el entonces Parlamento monocameral eran elegidos en las cinco grandes circunscripciones exteriores del Reino. La enorme extensión territorial de las circunscripciones (España quedaba integrada en una circunscripción junto con Italia, Portugal, el Reino Unido, EEUU y Canadá, América del Sur y el continente africano, salvo el mundo árabe), la imposibilidad de que los electos pudieran participar efectivamente en las tareas del Parlamento y en su circunscripción, lo magro de su aportación a los debates parlamentarios y, cabe señalarlo, el trasfuguismo entre partidos de algunos de ellos, no facilitaron en absoluto la continuación de la experiencia.
Con todo, hacer partícipes a los marroquíes del exterior de las experiencias de reforma y apertura política que Marruecos ha vivido “en dosis homeopáticas”, por emplear el término acuñado por Bernabé López García, no ha sido una tarea fácil. De hecho, no son pocos los que señalan que los emigrantes no están informados de lo que sucede en el interior del país ni de la dimensión real de las transformaciones sociales y políticas que vive.
Una larga historia de iniciativas
Si efectivamente el voto en el exterior no es una experiencia exitosa hasta la fecha, tampoco debe considerarse su inexistencia como resultado de una falta de interés o incompetencia por parte de Marruecos para gestionar la cuestión. Si hiciésemos un balance de las iniciativas del país referidas a la gestión de la emigración bien podríamos afirmar que son muchas las propuestas lanzadas, en las que se combinan a partes iguales la imaginación en el desarrollo institucional con la voluntad de controlar a los emigrantes desde Palacio.
El discurso de Hasán II de marzo de 1990 es quizá el primer momento en el que se plantea el nuevo modo de abordar la cuestión migratoria que viene durando hasta hoy. Es el inicio de la superación –todavía hoy no conseguida del todo– de una visión anticuada de la gestión de la emigración centrada exclusivamente en lo laboral y en lo asistencial y que restringía la participación de los marroquíes en la vida política o asociativa de los países de residencia. La creación de un Ministerio para ocuparse de esos asuntos y de la Fundación Hassan II para los marroquíes en el extranjero, nacida para ayudar a mantener la identidad cultural y religiosa de los marroquíes que vivían fuera del país, así lo ponían de manifiesto. Pese a que el Ministerio tuvo en esa ocasión una corta vida, la Fundación ha seguido funcionando hasta la fecha con propuestas estimables centradas en la atención educativa y cultural de las nuevas generaciones de marroquíes nacidos entre dos mundos, apoyando el mantenimiento de su identidad cultural y religiosa.
La vieja idea de “sed marroquíes” que Hasán II proponía a los emigrantes en el exterior necesitaba, sin duda, ser renovada por Mohamed VI. Reincorporada la competencia de la emigración al Ministerio de Exteriores, la ministra delegada publicaba en 2003 un documento de trabajo que recogía los objetivos de participación en los países de acogida. Sin duda, las dinámicas de integración de los marroquíes en el exterior y su capacidad creciente de generar asociaciones de interés general y su mayor visibilidad en la vida pública de los países de residencia aconsejaron reconocer desde Palacio el valor de tal participación, yendo incluso un paso más adelante al proponerles que se organizaran como grupo de presión con capacidad de influencia en las opciones estratégicas nacionales e internacionales de los países respectivos.
Para el rey Mohamed VI y su gabinete, no se trata sólo de garantizar el derecho a la ciudadanía plena por medio de la participación política en el interior –difícil de ejecutar hoy en día para los que residen en el exterior– sino que, bajo el nuevo reinado, se conmina a los emigrantes a tomar posiciones fuera del país y a participar en la defensa de las causas nacionales estratégicas también desde los países de instalación. En este sentido, la aparición de un discurso claro por parte de algunas asociaciones en torno a la regionalización como posible salida al conflicto del Sáhara Occidental es paradigmática y tiene especial relevancia en el caso de los marroquíes instalados en España.
Más allá de lo novedoso en el discurso y en las dinámicas de gobierno y participación en los primeros años de reinado de Mohamed VI, la gestión de la emigración se encuentra entre los temas controlados desde el entorno del rey y sus asesores, que centralizan propuestas y acciones en detrimento de una gestión desde el gobierno, los Ministerios y el Parlamento.
La creación del Consejo para la Comunidad Marroquí en el Extranjero
El Consejo, cuya creación ha generado intenso debate en el seno de la comunidad, es una institución consultiva con autonomía administrativa creada para garantizar el control y la evaluación de las políticas públicas del Reino de Marruecos hacia sus nacionales emigrantes e incluye en su composición miembros deliberantes y miembros observadores. Éstos últimos forman un álbum de familia de las instituciones que se han ido creando en tiempos pasados –incluyendo otras recién nacidas– para dinamizar la sociedad marroquí en el exterior y en el interior del país: la Fundación Hasán II ya mencionada, la Fundación Mohamed V para la solidaridad, el Consejo consultivo de los derechos humanos, el Diwan Al Madhalim o gabinete de reclamaciones (una suerte de Ombudsman o Defensor del Pueblo) y tres instituciones cuya inclusión es muestra de la importancia que la religión y las identidades culturales/lingüísticas tienen en un contexto migratorio: el Consejo superior de los Ulemas, el Consejo superior de los Ulemas de Europa y el Instituto Real de la Cultura Amazigh. Junto a ellos se sientan representantes de diez Ministerios o departamentos Ministeriales. Miembros deliberantes son el presidente y el secretario general (Driss El Yazami y Abdellah Boussouf, el primero de los cuales ha sido nombrado el pasado 4 de marzo presidente del Consejo Nacional de Derechos Humanos) y 50 marroquíes elegidos por el Rey y nombrados por él de entre los marroquíes residentes en el exterior.
Como era de esperar, el nombramiento de estos miembros propuesto desde Rabat ha herido susceptibilidades entre los marroquíes “de la diáspora” que, como sucede también en el interior del país, se muestran indecisos entre la colaboración con instituciones de tipo consultivo que no incorporan principios democráticos en la elección de sus miembros pero que cuentan con indudable capacidad de interlocución con las altas instancias gubernamentales y el apego a su independencia, en muchas ocasiones difícil de mantener y estéril en sus frutos por su alejamiento de los canales de participación existentes.
Los analistas dedicados a estudiar la lógica de creación de los Consejos como órganos consultivos que convocan a una sociedad civil cada vez más articulada y deseosa de transparencia democrática señalan a su favor que el Consejo es un órgano de consulta sin capacidad ejecutiva. Como sucede con otros consejos de reciente creación, cuenta con un elevado presupuesto y autonomía financiera al servicio –en apariencia– de un mejor análisis de la situación de los marroquíes en el exterior desde el que proponer líneas de actuación.
La andadura del Consejo no está siendo fácil. Su creación ha traído consigo también cambios en las estrategias de la comunidad marroquí en el exterior que podrían resumirse en crítica y resistencia, de un lado, y aceptación de la agenda propuesta de debate y participación, de otro.
Las respuestas de la comunidad y las dinámicas de organización
Como decíamos, no han sido pocos los líderes de asociaciones y sindicatos residentes en el exterior que han hecho pública su desconfianza ante la creación del Consejo, centrando sus críticas en el procedimiento de elección de sus miembros. Su creación ha desencadenado un proceso de reorganización de las asociaciones, cuyas líneas de acción actuales se están decantando por elevar el tono de las demandas de participación de los marroquíes residentes en el exterior y por mostrar su disposición para asumir en paralelo mayores compromisos con Marruecos y su futuro.
De entre todas las nuevas iniciativas de representación de los marroquíes residentes en el exterior podrían destacarse tres: (1) Daba 2012 pour tous; (2) el Movimiento de Demócratas Residentes en Europa; y (3) el Foro Civil de Marroquíes en Europa. Daba 2012, creada en agosto de 2009, articula sus reivindicaciones en torno a la idea de “compromiso de participación ciudadana” tantas veces enunciado por el Monarca, y se plantea, como objetivo compartido de las más de 450 asociaciones que lo constituyen, conseguir que las elecciones de 2012 sean “elecciones para todos”, incluyendo los marroquíes en el exterior, pidiendo mayor transparencia y democracia en la elección de representantes en el Consejo como primer paso. Tres meses después de constituirse la plataforma, sus peticiones fueron escuchadas en el Parlamento marroquí en una jornada de debate en la que denunciaron el cortocircuito que, a su juicio, suponía para los intereses de los marroquíes en el exterior la existencia del Consejo como único órgano de representación.
Daba 2012 apuesta por la parlamentarización de todo lo referido a la emigración y por una mayor implicación de los Ministerios. Su objetivo es conseguir las reformas necesarias para hacer posible el voto desde el exterior. La reforma de la ley electoral y del artículo 38 de la Constitución sobre la composición de la Cámara de Consejeros tiene que ser discutida en el Parlamento y ello precisa, sin duda, de la implicación de los partidos políticos allí representados. Sin embargo, cuando en octubre de 2010 se celebró una gran reunión de la plataforma en Casablanca –tras varias celebradas en las principales ciudades europeas– algunos de los Ministerios afectados no acudieron a la cita y, contrariamente a las previsiones de los promotores, tampoco todos los partidos se hicieron eco de la convocatoria, con significativas ausencias. En la reunión de Casablanca, Daba 2012 reivindicaba una mayor presencia de los representantes de los emigrantes en el resto de Consejos –el Consejo Económico y Social, el Consejo Superior de lo Audiovisual, el Consejo Consultivo de Asuntos Saharauis, el Consejo Consultivo de Derechos Humanos y el Instituto Real de Cultura Amazigh–. Daba 2012 insiste además en la necesidad de una mayor formación y conocimiento por parte de los emigrantes de los numerosos cambios institucionales y legislativos del país para que su participación política sea eficaz.
Por su parte, el Movimiento de los Demócratas Residentes en el Exterior, cuya rama española celebró su reunión constituyente en octubre de 2009, apuesta por la democratización de todo lo relacionado con los marroquíes residentes fuera del país. Lo más original de su propuesta es que no se ciñe sólo al futuro de Marruecos sino que reclaman para sí mayor capacidad de acción en los países de acogida. Así, cuando este Movimiento –al cual se adhieren individuos y no asociaciones– enumera sus principales preocupaciones, incluye cuestiones centrales en la vida de los emigrantes como son la trasparencia en las aduanas, la mejora de las reglas de inversión o la gestión consular y otras de carácter más amplio como la violencia contra la mujer, la revisión de los asuntos religiosos y educativos o la creación de centros culturales marroquíes en las principales ciudades de instalación.
Por último, en marzo de 2010, al tiempo que se celebraba en Granada la cumbre UE-Marruecos, se reunía en la ciudad el Primer Foro Civil de Marroquíes de Europa, con el objetivo de exigir el reconocimiento de su papel como ciudadanos de las dos orillas y con la voluntad de constituirse en movimiento capaz de influir en la política interior de los países de la UE y en los cambios deseables en Marruecos. El Foro se comprometía con la agenda propuesta desde Marruecos para cuestiones cruciales, como la resolución del conflicto del Sáhara, tema para el que insistían en la necesidad de que los marroquíes residentes en Europa difundiesen entre la opinión pública de sus países de acogida las propuestas marroquíes sobre la cuestión, haciendo suyas las propuestas de construcción de un Estado marroquí basado en la descentralización, la democracia local y la diversidad lingüística y cultural.
En estas iniciativas recientes, nacidas como respuesta a la actual política de Rabat, participan algunas de las asociaciones de inmigrantes marroquíes más antiguas a las que se unen actores recién llegados a escena, incluyendo un sector creciente de jóvenes marroquíes estudiantes universitarios o profesionales.
En el territorio español desarrolla sus actividades desde 1989 un sindicato de marroquíes –la Asociación de Trabajadores Inmigrantes Marroquíes en España, ATIME–, que nació tras la publicación de la primera ley de extranjería en España de 1985. También funcionan, con capacidad de convocatoria limitada a día de hoy, algunos partidos políticos marroquíes, destacando la presencia del Partido Socialista Marroquí entre los jóvenes instalados en Andalucía. Estos partidos se preparan para el hipotético caso de que las reformas demandadas acaben haciendo posible el voto emigrante en una circunscripción en el exterior. También cabría destacar el papel reciente, pero muy activo, de la asociación ONDA, afín al movimiento Justicia y Espiritualidad, con presencia en buena parte del territorio español y centrada en la acción social, especialmente con mujeres, niños y jóvenes. El trabajo de este movimiento se desarrolla en las asociaciones, en los centros de culto y en las federaciones de entidades religiosas. Para completar el panorama asociativo de marroquíes en el exterior, hay que tener también en cuenta las numerosas asociaciones culturales –muchas de ellas de marcado carácter berberista– que, pese a centrar su trabajo en cuestiones culturales, no son ajenas a los debates sociales y políticos del interior del país y participan en los movimientos citados. Y, por último, hay que mencionar la presencia de marroquíes al frente de las numerosas entidades religiosas de musulmanes en España, incluida la dirección de la FEERI, una de las dos federaciones que componen la Comisión Islámica de España, órgano de interlocución del Estado con la comunidad musulmana a efectos de seguimiento del Acuerdo de Cooperación del Estado español con los musulmanes del país. Estas entidades constituyen auténticos centros de “marroquinidad” en el exterior, donde se demandan servicios y articulan discursos sobre buena parte de los temas que afectan a los marroquíes.
Conclusión: Los marroquíes que viven fuera de Marruecos han ido constituyendo a lo largo de las dos últimas décadas un buen número de asociaciones ciudadanas que participan tanto en las iniciativas propuestas por el régimen marroquí como en las generadas por las necesidades que surgen en los países de residencia.
La creación por Mohamed VI del Consejo de la Comunidad Marroquí en el Extranjero, concebido como un órgano elaborador de propuestas para mejorar la situación de los emigrantes marroquíes, no dio respuesta a las demandas de participación en los asuntos del interior del país que los emigrantes venían formulando. No se trataba sólo del tipo de institución –miembros elegidos por el monarca– y de su funcionamiento –estrictamente consultivo– sino que, además, dejaba sin resolver las demandas de participación desde el exterior a través del voto.
Desde 2009 las asociaciones de los marroquíes en el exterior reclaman con mayor claridad el derecho a participar y a conseguir una ciudadanía que les permita participar en los procesos sociales, políticos y económicos del interior. Pese al descontento con las instituciones existentes en Marruecos, las diferentes iniciativas apuestan por la asunción de compromisos con el país al tiempo que demandan una parlamentarización efectiva de todo lo referido a la emigración.
Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

marzo 26, 2011 Publicado por | Marruecos, migración | Dejar un comentario

>La hábil monarquía marroquí

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Por Maria-Àngels Roque, antropóloga IEMed (LA VANGUARDIA, 20/03/11):
El discurso de Mohamed VI del 8 de marzo ha demostrado una vez más la capacidad de reacción rápida que tiene la monarquía alauí para capear situaciones políticas complejas. Ha formado la Comisión Consultiva que se ocupará de la revisión de la Constitución, la cual dará otra vuelta de tuerca hacia la democracia. Esta Comisión está dirigida por Abdelatif Menuni, de Equidad y Reconciliación (IER), organismo que se creó para esclarecer las violaciones de derechos humanos cometidas durante el reinado de Hassan II. La delegación deberá trabajar con sindicatos, partidos políticos y asociaciones civiles para formular las propuestas en junio, fecha límite para llevar a cabo las reformas constitucionales, y que después serán aprobadas en referéndum. Según declaraciones a la agencia de noticias MAP, el monarca otorga especial importancia a “la participación de los partidos políticos en la óptima configuración y aplicación de una buena gobernanza constitucional”.
La comisión está formada por 19 políticos, profesores de derecho, investigadores e intelectuales, que en su mayoría no pertenecen a ningún partido. Entre ellos se encuentran el ex ministro Abdelah Saaf, el pensador Mohamed Tozy, el actual jefe del Comité de Derechos Humanos, Ahmed Hazni, y la universitaria Amina el Mesaoudi, bien conocidos en España por sus múltiples participaciones y estudios sobre sociedad civil y constitucionalismo.
En un anterior articulo en La Vanguardia recordaba cómo Mohamed V, abuelo del actual rey Mohamed VI, al regreso del exilio al que le habían enviado los franceses, consiguió con ello una mayor legitimidad. Pronto percibió la importancia de las élites locales para frenar la fuerza que estaba consiguiendo el Istiqlal, partido nacionalista y panarabista que había luchado duro para conseguir la independencia y que posiblemente se hubiera convertido en partido único, al igual que el RCD en Túnez o el FNL en Argelia. Por lo que relanzó las asambleas locales, haciendo de ellas un marco temporal en el que preservar las solidaridades étnicas sobre las cuales reposaba el régimen anterior. Por otro lado los técnicos de clase media que en otros lugares apoyaban a los partidos únicos o a los movimientos militares, aceptaron adherirse a la política regia, siguiendo el ejemplo de la burguesía entrenada desde largo tiempo en este género de compromisos con el Majzén. Esta palabra quiere decir almacén. Las tribus del bled majzen pagaban impuestos al sultán que representaba el Estado centralizado, cosa que no reconocían las tribus del bled siba.Abdel Krim, miembro de la tribu de los Beni Urriaguel, luchó contra la administración francesa y española en el Rif, consiguiendo presidir entre 1923 y 1926 la República confederada de las tribus bereberes del Rif. Mohamed V pudo heredar, todos los territorios del bled siba pacificados por los ejércitos coloniales. No obstante en 1956 el todavía príncipe Hassan II, padre de Mohamed VI, realizó contra las revueltas rifeñas una represión sangrienta , ayudado por el bereber del sur, general Uzquir.
Hassan II sufrió varios intentos de asesinato de los que salió ileso de forma casi milagrosa, esto le confirió un aura de baraka,o sea de estar protegido celestialmente. Entre los golpistas estaba su mano derecha, el general Uzquir, lo que le hizo desconfiar también del ejército. En los 90 la privatización y la regionalización permiten a las élites locales hacer prevalecer algunas de sus pretensiones en torno al liderazgo del Estado. En Casablanca y Agadir los empresarios de la zona berberófona del sur de Marruecos se van haciendo con las cámaras de comercio y con negocios que antes dominaban los fessis, dejándoles sólo las finanzas.
El discurso pronunciado por Mohamed VI en enero del 2010 sobre la descentralización tiene una base importante que va más allá del Sáhara Occidental. El mismo Hassan II, a pesar del centralismo cuando avistó el panorama de la Kabilia en Argelia, no dudó en 1996 en hacer un discurso reconociendo la diversidad marroquí, entre ella la bereber o amazig. Tema que se ha ido consolidando al punto que el último discurso de Mohamed VI da un valor constitucional a la lengua. Según el rey, la descentralización puede servir para una modernización del Estado y para conseguir un desarrollo integrado, teniendo en cuenta la diversidad y especializaciones locales y regionales. Siempre, claro, bajo la unidad del Estado del que la propia monarquía es la garante. Los marroquíes son muy nacionalistas y están contentos de haber sido un califato independiente desde el siglo VIII, de tener dinastías bereberes que han dado imperios y no haber sufrido el dominio otomano. El Magreb tiene una ventaja frente al Mashrek: el 99% son suníes por lo que no temen divisiones religiosas y además empiezan a apreciar su especificidad bereber frente al arabismo. La sociedad marroquí es una de las más activas y efectivas de los países mediterráneos.
En Argelia el 80% de los recursos están nacionalizados y los grandes negocios se hacen con los militares, y la burocracia inoperante no permite crear empleos ni riqueza a pesar del maná del gasy el petróleo. El monarca alauí ya ha oído las críticas. Pronto oiremos hablar de las comunidades locales y los recursos del Estado que hoy están en gran medida bajo compañías dominadas por el Majzen.
Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

marzo 22, 2011 Publicado por | Marruecos | Dejar un comentario

>La hora del ciudadano marroquí

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Por Driss Ksikes, escritor y dramaturgo marroquí. Traducción de José Luis Sánchez-Silva (EL PAÍS, 12/03/11):
Una de las consecuencias más hermosas de las revoluciones tunecina y egipcia, y de la dinámica 20 de febrero que se ha puesto en marcha en Marruecos, es que la providencia, sea cual sea su naturaleza, ha quedado fuera de juego desde el comienzo. Ante unas sociedades encolerizadas y crispadas, ya no sirve remitirse a la autoridad divina para justificar la sumisión; ni esgrimir el pretexto de la interminable lucha contra el integrismo para justificar el Estado de no derecho; ni escudarse en el economicismo para seguir aplazando la distribución de la riqueza; ni invocar una supuesta “minoría” o “inmadurez” de los pueblos para justificar el autoritarismo. Ahora, la partida se juega entre humanos, entre adultos que tratan de tú a tú a sus jefes, a los que ayer mismo percibían como divinidades intocables.
La irrupción de los clientes de la libertad. Al superar la servidumbre voluntaria, los pueblos de la región han comprendido por fin que si aquel que detenta arbitrariamente el poder abusa de él, es solo porque ellos han aceptado claudicar, porque consienten sin convicción o protestan en petit comité, o incluso en silencio.
El día en que esos pueblos traspasaron el muro del silencio, en que se autorizaron a sí mismos a salir de su mutismo de conveniencia, cruzaron el umbral de la ciudadanía. Se declararon “clientes” de la libertad. Reclamaron su parte de dignidad y justicia ante un mundo que los creía sometidos para siempre, consintientes ante unas ofertas injuriosas de prosperidad sin democracia (en Túnez) o de miseria sin horizonte regulador (en Egipto). En Marruecos, empiezan a hacerlo contra una seudolibertad otorgada sin contrapoderes.
Repartir mejor la riqueza y el poder, promover el acceso equitativo a una escuela que garantiza el ascenso social, someter a todo el mundo a una justicia realmente independiente. Los eslóganes despegados el 20 de febrero en 53 localidades marroquíes recuerdan ciertas evidencias, pero en todo caso evidencias desoídas durante mucho tiempo, dado que los cálculos tácticos de la sociedad cortesana prevalecieron sobre las necesidades estratégicas de la sociedad a secas. Las sociedades civil y política, que vienen perdiendo autonomía desde comienzos de los años 2000, han sido cómplices por cooptación, clientelismo y connivencia de intereses. Y las poblaciones afectadas, a su vez, han carecido de antenas de transmisión y de espacios de concertación creíbles. A la larga, estos errores debilitaron la vigilancia ética y política de los marroquíes a sus espaldas. Hoy, mediante ese gesto de contestación civil, tres cosas vuelven a ser posibles de pronto.
Lo que el 20 de febrero rehabilita. La dinámica -nacida de la Red, pero de ningún modo virtual- rehabilita, en primer lugar, el derecho a la controversia y al debate libre en el espacio público sobre los fundamentos del proyecto político en Marruecos y la excesiva centralidad de la monarquía en el tablero político-económico. En etapas anteriores, esta posibilidad de expresar abiertamente unas divergencias legítimas sobre cuestiones de gobernanza capitales simplemente fue enterrada, pues era percibida como una fuente probable de discordia. Hoy, asistimos a una inversión de esa tendencia. Los foros de Internet lo prueban, los intercambios improvisados durante la marcha del pasado 20 de febrero lo confirman. La necesidad de expresarse libremente sobre la estructura y el funcionamiento del poder, la limitación de las prerrogativas reales, la necesidad de una élite política responsable y susceptible de rendir cuentas, ya no es un lujo que se permiten algunos iluminados en salones aterciopelados, sino un paso obligado para volver a conectar a los marroquíes con su destino. Los artífices del 20 de febrero no se engañan. Para ellos, la élite corrupta y sectaria que sostiene las riendas no está a la altura. Pues cuanto más pequeña es la apuesta, más pequeños son los jugadores que entran en liza y más pequeños son sus manejos, sus intereses y las causas a las que sirven.
En segundo lugar, el 20 de febrero permite restablecer el ejercicio de la política a través de la relación de fuerzas. Desde que la antigua oposición confundió participación gubernamental con abdicación política, aceptación de una constitución a la baja en 1996 y amordazamiento de la ambición de una separación de poderes, los partidos susceptibles de tener algún peso en la balanza política se han convertido en sombras de sí mismos. Hoy, al no poder contar con intermediarios políticos fiables para garantizar un contrapoder, la exigencia de la relación de fuerzas llega desde la base, espontáneamente. Eso permite disociar la persona del rey -plebiscitada-, su papel de árbitro por encima del área de juego -apreciado- y el alcance de su función -por reevaluar- para crear un Estado reformista, virtuoso y más justo.
Finalmente, todo esto deja caduco un pacto implícito, nacido de los escombros de los atentados del 16 de mayo de 2003, según el cual la élite política y social aceptaba la permanencia del autoritarismo en la medida en que este parecía servir de muralla contra el integrismo. Hoy, este dilema falsamente corneliano entre dos males (autoritarismo frente a integrismo) ya no está de actualidad. El contexto ha redefinido las jerarquías: antes que nada, son un mercantilismo y una injusticia social favorecidos por una gobernanza no democrática los que amenazan los fundamentos de la paz social. El resto forma parte de la gestión política de la pluralidad. No se trata de dejar de lado las divergencias entre ideologías o de cerrar los ojos al fundamentalismo (del Estado y de la sociedad) en nombre de un consenso invertido, sino de sanear las reglas del juego para que ninguna verdad, ya sea sagrada o considerada como tal, no prevalezca sobre otra.
Una oportunidad inesperada que no hay que dejar pasar. El “baraka” popular de los marroquíes -que no hay que confundir con “la” baraka jerifiana que opone a los rentistas del sistema con aquellos que cuestionan sus abusos- recuerda más al Kifaya egipcio de 2008 -movimiento de protesta impulsado por los ciberactivistas egipcios tras los motines de Mahalla- que a los derrocamientos de 2011. Con la diferencia de que la rueda de la historia se ha acelerado después. Es tanto como decir que Marruecos tiene ante sí una pequeña ventana de lanzamiento para recuperar su retraso. ¿Cuál? El retraso en cumplir la promesa de una reforma real de la gobernanza y de salir de esa zona gris, ni democrática ni autocrática, que solo beneficia a los notables, los cortesanos y los líderes de lenguaje estereotipado.
A grandes rasgos, Marruecos lleva una década seduciendo a proveedores de fondos e inversionistas con una imagen de primero de la clase ambicioso. Hoy, corre el riesgo de verse adelantado por un Túnez triunfante y un Egipto exultante. Porque no hay que equivocarse. Todo es cuestión de energía colectiva y de sentido del interés general. Ahora bien, en Marruecos, reconozcámoslo, las orientaciones excesivamente mercantilistas, la propensión de las personas cercanas al rey a colocarse por encima de las leyes y a pisotearlas, y la ausencia de asunción de riesgos políticos para contrarrestar esas tendencias abusivas han favorecido las estrategias individuales y han afectado a la vida en común.
Para volver a dar sentido a la promesa de despegue en la que los marroquíes de todas las clases sociales creen desde fines de los años noventa, será necesaria una verdadera reactivación del espíritu de apertura, de audacia, debate e iniciativa. Por el momento, en vez de eso asistimos a un celo patriótico que insulta la inteligencia de la mayoría, da alas al espíritu inquisitorial de algunos y deja muy poco margen para aquellos que piensan o actúan de otro modo. Es hora de combatir la inercia que se desprende de ello. Y de aprovechar la bocanada de aire fresco insuflada por los “clientes” de la libertad para repensar el Marruecos de mañana, lejos de las tácticas complacientes que mantienen un statu quo suicida.
Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

marzo 18, 2011 Publicado por | Marruecos | Dejar un comentario

>Marruecos ante el proceso de cambios en el mundo árabe

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Por Bernabé López García, catedrático de Historia del Islam Contemporáneo en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y miembro del Observatorio Crisis en el Mundo Árabe del Real Instituto Elcano (REAL INSTITUTO ELCANO, 07/03/11):
Tema: Marruecos no ha quedado al margen de las protestas que sacuden a los países del norte de África. A través de las redes sociales, un grupo de internautas ha logrado remover la atonía política del país que se jactaba de constituir una excepción en el mundo árabe.
Resumen: Los acontecimientos que han tenido lugar en enero y febrero en Túnez y Egipto han sido seguidos con interés desde Marruecos, si bien con inquietud desde determinados sectores del país. Mientras la prensa marroquí saludaba la caída de los dictadores y algunas organizaciones cívicas se acercaban en directo a los acontecimientos para expresar su solidaridad, las autoridades se movían con cautela para evitar concentraciones de apoyo a las revoluciones en curso que pudieran desestabilizar el país. Recientemente, el país se ha visto sumido en una oleada de protestas que ha cambiado de signo la apatía política de la población y ha obligado a todas las fuerzas políticas a apuntarse al discurso de la aceleración de las reformas.
Análisis
La solidaridad con los pueblos tunecino y egipcio
Desde el 10 de enero de 2011, días antes de la caída de Zine el Abidin Ben Alí, asociaciones marroquíes convocaron manifestaciones de solidaridad con el pueblo tunecino, prohibidas inicialmente por las autoridades, pero que dieron lugar a la creación de una Coordinadora Marroquí de Apoyo a los Demócratas Tunecinos (CMADT).[1] En días posteriores, tanto en Rabat como en Casablanca tuvieron lugar manifestaciones autorizadas en las que participaron algunos sindicatos (UMT) y partidos de izquierda (PSU), extendidos a otras ciudades tras la huida de Ben Alí.
El encadenamiento con los sucesos de Egipto llevó a centrar las acciones de estas asociaciones y movimientos marroquíes en la solidaridad con el pueblo egipcio, con concentraciones ante la embajada de ese país (31 de enero) y en distintas ciudades, en las que participaron todas las asociaciones de derechos humanos y otros grupos.[2] La CMADT se transformó entonces en la Red Democrática Marroquí de Solidaridad con los Pueblos (RDMSP).
Ciertas voces de intelectuales fueron explicitando la necesidad de un cambio de rumbo en la política de Marruecos. El poeta Abdellatif Laâbi, represaliado político en los años 70 y 80, publicó una tribuna en El País y en la prensa marroquí[3] en la que reclamaba “una reforma constitucional con vistas a un justo reequilibrio de poderes” que establezca la separación de éstos “según las normas democráticas universalmente establecidas”, y recordaba la vieja reivindicación desde el comienzo de la independencia de “una Asamblea Constituyente cuya misión fuera la de elaborar el contenido y las reglas de semejante reforma”.
Paralelamente, y a semejanza de lo ocurrido en Túnez y en Egipto, surgieron en los nuevos foros propiciados por las nuevas tecnologías como Facebook y Twitter grupos de internautas (“Libertad y Democracia, ahora”, “El pueblo quiere el cambio”) que trataban de movilizar a los jóvenes en torno a reivindicaciones de cambios en Marruecos.
El Movimiento 20 de febrero
Fueron ellos los que lanzaron la convocatoria de una jornada de lucha para el 20 de febrero centrada en la reivindicación de un cambio constitucional que transforme el país en una monarquía parlamentaria, en la que el rey reine pero no gobierne. Pedían también la dimisión del gobierno de Allal El Fassi, la disolución del Parlamento y la lucha contra la corrupción. A su llamamiento se fueron adhiriendo diversas entidades de la sociedad civil (como la citada Red Democrática Marroquí de Solidaridad con los Pueblos), asociaciones y organizaciones no gubernamentales de derechos humanos (AMDH, LMDDH, FMVJ, Centro Marroquí de Derechos Humanos, Liga Marroquí para la Ciudadanía y los Derechos Humanos, Foro Dignidad para los Derechos Humanos, Asociación Marroquí de Mujeres Progresistas, Josur, Observatorio Marroquí de Prisiones, Asociación Democrática de las Mujeres de Marruecos, Encuentro de las Mujeres Marroquíes, Observatorio Marroquí de los Derechos Fundamentales, Asociación Marroquí de Defensa de la Autonomía de la Justicia, Asociación Justicia, Asociación Marroquí de Lucha contra la Corrupción, Instituto Marroquí de Derechos Humanos, Organización de la Libertad de Prensa y de Expresión, Foro de las Alternativas de Marruecos y Foro los Ciudadanos), secciones nacionales de organizaciones no gubernamentales internacionales (como Amnistía Internacional, Transparency International y ATTAC), partidos políticos de la izquierda no gubernamental (PSU, VD, Partido de la Vanguardia Democrática Socialista PADS y Congreso Nacional Ittihadi CNI), juventudes de partidos de izquierdas –tanto críticos con el sistema (VD, PADS) como integrados en la coalición de gobierno (USFP, PPS), e incluso del islamista PJD–, sindicatos (UMT, Confederación Democrática del Trabajo CDT, Sindicato Democrático de Enseñanza Superior y UNEM), grupos islamistas no legales –como las juventudes de al-Adl wal Ihsán (Justicia y Caridad), liderado por el jeque Yasin y al-Badil al Hadari–, movimientos amazig (Congreso Mundial Amazig, Red Amazig para la Ciudadanía Azetta, Frente Amyaway para la Acción Amazig) y una serie de coordinadoras locales (tansikiat) surgidas en las movilizaciones de los últimos años a raíz de la carestía de los productos básicos y de otras reivindicaciones socioeconómicas en diversas ciudades de todo Marruecos.
La reacción del sistema frente a esta movilización no se hizo esperar. Desde los órganos de la prensa oficialista se lanzó una campaña de desprestigio al movimiento conocido ya como “Movimiento del 20 de febrero”, tratando de presentarlo como una manipulación de ciertos elementos disconformes con el régimen que habían expresado su adhesión a la convocatoria y tratando de ponerlo en conexión con el Frente Polisario o Argelia. El diario Aujourd’hui le Maroc, conocido por sus posiciones erradicadoras y securitarias, denunciaba el 11 de febrero a los seis marroquíes “que quieren sumergir a Marruecos en el caos”: (1) Muley Hicham, primo hermano del rey Mohamed VI y número tres en la línea sucesoria a la muerte de Hassan II, presentado por el periódico como alguien movido por sus ambiciones personales a ocupar el trono; (2) el jeque Abdessalam Yssin, líder del movimiento islamista Justicia y Caridad, ridiculizado por el ilusionismo de sus visiones; (3) Abubakr Jamaï, antiguo director de Le Journal Hebdomadaire, semanario obligado a cerrar por su línea editorial crítica, acusado de resentimiento por no haber sido cooptado por el poder; (4) Mustafa Adib, un capitán del Ejército condenado al principio del reinado de Mohamed VI por denunciar la corrupción y exiliado tras cumplir una pena de prisión, deslegitimado por el periódico igualmente por su afán de protagonismo; y (5) y (6), otros dos ex militares, Hassan Bouchti y Abdelilah Issou, autores de una carta hecha pública en nombre de una supuesta Unión Marroquí de Opositores y Refugiados Políticos. Los dos últimos fueron acusados por el periódico de ser falsos espías exiliados en España, una manera indirecta de señalar al “enemigo exterior” como el responsable del movimiento contestatario que vive Marruecos. El hecho de que Muley Hicham haya usado las páginas de El País para hacer unas declaraciones en las que juzgaba que el eco de las movilizaciones en Túnez y Egipto habría de llegar a Marruecos, se sitúa también dentro de esta acusación genérica contra España, y muy particularmente contra su prensa, que viene prodigándose por Marruecos desde los acontecimientos de El Aaiún en noviembre de 2010.
Esta operación deslegitimadora, llevada a cabo también por la prensa del hoy poderoso grupo Al Masaa, pseudoindependiente, a cuyo frente se encuentra el periodista Rachid Niny, no ha parado en los días que han precedido a las manifestaciones del 20 de febrero de atacar a cuantos sostenían el llamamiento.
Por su parte, en los foros abiertos en Facebook subió en paralelo el tono de los participantes, en un debate que no ahorró insultos contra los protestatarios. La campaña de desprestigio ganó terreno incluso en estos foros. Un video llamando a la manifestación colgado en YouTube una semana antes,[4] en el que una sucesión de rostros de jóvenes explicaban las razones de su participación, encontró pronto su réplica en otro vídeo deslegitimador que trataba de implicar, por medio de fotomontajes trucados, a los participantes con el Frente Polisario, la Iglesia, el alcohol o las drogas.
La reacción del gobierno
Frente a esta reacción visceral de los defensores del sistema, nunca identificados de manera directa, el gobierno marroquí ha pretendido dar una imagen de calma en los días previos a la manifestación. Así lo hizo público por boca de su portavoz, Jalid Naciri, quien no cesó de insistir en que Marruecos cuenta con cauces para la expresión ciudadana. Un nuevo gesto en el panorama político marroquí fue protagonizado por el primer ministro, Abbas el Fassi, con la convocatoria, el lunes 14 de febrero, de una reunión de los líderes de los partidos de la mayoría (Istiqlal, USFP, RNI, MP, PPS) ampliada a los de la oposición (PJD, PAM y FFD), en la que anunció la inyección suplementaria de 15.000 millones de dirhams (casi 1.500 millones de euros) a la Caja de Compensación para hacer frente a la eventualidad de subidas de precios en los productos de primera necesidad. Cantidad que se suma a los otros 17.000 millones de dirhams ya previstos en los presupuestos de 2011. Es evidente que esta medida, así como la de reclutar a 2000 jóvenes diplomados en paro para puestos en la función pública a partir del 1 de marzo, guarda una estrecha relación con el clima de protesta provocado por las revueltas en los países del norte de África y con la convocatoria de la manifestación del 20 de febrero. Reacción que no dejará de crear problemas añadidos a la economía marroquí que, desde hace años, trata de aligerar las cargas del Estado. En el comunicado que siguió a esta reunión se insistiría en la voluntad común de gobierno y partidos de “preparar una nueva generación de reformas”, lema que se repetirá en los días sucesivos en los comunicados hechos públicos por los diferentes partidos para desolidarizarse con la manifestación, pero expresando la necesidad de intensificar las reformas.
El cambio en la agenda política
Pero si algo ha destacado de este movimiento que ha agitado las adormecidas aguas de la política marroquí, es que ha puesto en la agenda urgente reivindicaciones que ningún actor importante de la escena pública se había atrevido a reclamar. En primer lugar, la necesidad de una reforma constitucional que establezca una clara separación de poderes, que limite las atribuciones del rey y que refuerce la capacidad ejecutiva del primer ministro y del Parlamento. Y junto a ello, en segundo lugar, la necesidad de transparencia para acabar con la corrupción y la impunidad.
La constitución vigente, promulgada en 1996 aún en vida de Hassan II, aunque aprobada por todos los partidos legales en la época, con excepción de la OADP, dejó sin satisfacer algunas de las reclamaciones de la Kutla democrática[5] expresadas en un memorando. Todas las constituciones del reino (1962, 1970, 1972, 1992 y 1996) han sido elaboradas siempre en Palacio, desoyendo la reclamación de la oposición en los años 60 y 70 de una Asamblea Constituyente. Las dos últimas constituciones fueron precedidas de sendos memorandos presentados al rey por la Kutla, de los que Hassan II aceptó sólo algunos puntos.
Mucho más contundente que el de 1992, el memorando de 1996 proponía, en el plano de las reformas constitucionales, hacer mención expresa en el texto de la igualdad de derechos “civiles, económicos, sociales y religiosos” de la mujer y el hombre, de la prohibición de la tortura y tratamientos violentos, inhumanos o degradantes, o de la primacía sobre la ley nacional de los convenios internacionales ratificados por Marruecos. Defendía también la ampliación de las prerrogativas de la Cámara de Representantes, cuya supremacía sobre una segunda cámara debería quedar garantizada; el reforzamiento de los poderes del primer ministro y del gobierno, con capacidad para determinar y conducir la política general del país y para nombrar los altos funcionarios; el reconocimiento de la descentralización efectiva; y la transformación de la institución del gobernador civil (wali), que debería depender directamente del gobierno y no del rey, quien lo nombra por decreto real (dahir). En el plano de las reformas políticas imprescindibles para que las constitucionales pudiesen aplicarse, el memorando preveía también, entre otras medidas, el recorte de la hipertrofia del Ministerio del Interior, la creación de la figura del defensor del pueblo (denominado médiateur en la versión francesa del memorando) para recoger las quejas de los ciudadanos, la conversión del Consejo Económico y Social en una instancia de diálogo social y económico, la actualización y modificación de la carta comunal de 1976, el voto desde los 18 años y, finalmente, la creación de una institución constitucional encargada de supervisar las elecciones para asegurar su transparencia.[6]
Sin embargo, sólo algunas –pocas– de las medidas reclamadas fueron incorporadas parcialmente a la nueva Constitución: la legislatura pasó de seis a cinco años, la edad de voto descendió a los 20 años (la Constitución en realidad no hace mención de la edad de voto, que se establece en la Ley Electoral) y se estableció que la Cámara de Representantes sería elegida por sufragio universal, quedando implícito que el primer ministro dependerá de esta cámara ante la que será responsable y a la que deberá someterse para su investidura. Una segunda cámara, denominada Cámara de los Consejeros, se elegiría de manera indirecta a través de los consejeros municipales, de las cámaras corporativas empresariales y de los sindicatos, si bien ambas cámaras quedarán al mismo nivel, lo cual crea el riesgo de verdadero bloqueo en la vida parlamentaria.
A pesar de estas reformas, el desequilibrio de poderes siguió pues, de manifiesto, a favor del monarca, que siguió detentando todos los resortes del poder. La oposición aceptó votar favorablemente el texto de 1996 en el marco de las transacciones de lo que se llamó la “alternancia consensuada”, con la esperanza de que desde el gobierno se pudiera hacer un uso positivo del incremento moderado de los poderes atribuidos a la primatura. Pero no fue así.[7] La antigua oposición, en el gobierno desde abril de 1998, enmarcada en una heterogénea coalición de partidos dirigidos por el socialista Abderrahmán Yussufi, no tuvo capacidad para imponer otra forma de gobernar con autonomía respecto al rey, el cual tenía la última palabra y controlaba directamente los cuatro “ministerios de soberanía” (Interior, Exteriores, Justicia y Asuntos Religiosos). Prueba palpable fue que su gabinete no logró hacer realidad el nuevo código de la familia y hubo de ser Mohamed VI el que se atribuyera el mérito de sacarlo adelante en 2004. Los sucesores de Yussufi al frente del gobierno, Driss Jettu (2002-2007) y Abbas El Fassi (desde 2007), no han sido en realidad más que meros gestores, privados de los resortes claves del poder efectivo.
Mohamed VI reafirmó en varios de sus discursos la naturaleza de su forma de gobierno, a la que calificó unas veces de “monarquía ejecutiva” y otras de “monarquía ciudadana” en la que el rey reina y gobierna, sin límites a su acción ni competencias. Muy pocas voces se han alzado en los 11 años de su reinado para defender otra concepción de la monarquía. En el campo político, tan sólo en los extremos del sistema se ha reclamado una monarquía constitucional: entre dichas voces, aunque a título individual, la del islamista Mustafa Ramid, portavoz durante algún tiempo del PJD, y la de Mohamed Sassi, del PSU. Los discursos del rey han dejado claro que el monarca no estaba por un cambio en sus atribuciones y toda la clase política ha estado de acuerdo en considerar que esa cuestión no era prioritaria.
Corresponde pues reconocer al Movimiento del 20 de febrero el haber puesto de actualidad la cuestión del cambio de forma de gobernar. La caída de dos despotismos norteafricanos ha dejado al descubierto lo que el sistema marroquí tiene de autocrático. Y aunque la gran mayoría del pueblo marroquí, entre ellos los convocantes de las manifestaciones de protesta, así como todos los que las han apoyado, no han puesto en duda la monarquía como institución, ni la figura del monarca como tal, sí se ha generalizado la necesidad de su democratización. Publicaciones como Tel Quel han puesto el dedo en la yaga cuestionando el monopolio de la figura real en los planos político y económico.[8] Así, han planteado poner fin a la difícil competencia con los negocios del rey, “actor mayor de la economía nacional”,[9] suprimir los “ministerios de soberanía”, conceder al primer ministro capacidad plena para presidir el Consejo de Ministros y para nombrar los altos cargos, incluidos los gobernadores (walis), aligerar el protocolo real, acabar con el cáncer de las licencias o de las concesiones sin control alguno, etc.
Algunos guiños de complicidad con las reivindicaciones de la jornada de protesta llegaron incluso desde círculos cercanos al poder. Sirviéndose de la tribuna del diario Akhbar al-Yawm, el viernes anterior a la protesta se reunieron en un acto público en Rabat nueve personalidades de distinta orientación política para evaluar la situación: Mohamed Sassi, Ali Bouabid, Karim Tazi, Nouredine Ayouch, Jaafar Hassoun, Lahcen Haddad, Hassan Aourid, Mustafa Ramid y Samir Abdelmoula. Los observadores llamaron la atención sobre el tono desenvuelto de los participantes, que calificaron del “fin de la langue de bois”. Hassan Aourid, antiguo portavoz de Palacio, gobernador en Mequinez y cronista oficial del reino, entre otros puestos desempeñados recientemente, llegó a hablar de la necesidad de no perder la oportunidad de esta nueva transición, revelando la existencia de fisuras en el entorno real. Todos los participantes convinieron en la necesidad de eclipsar a ciertas figuras de dicho entorno demasiado hegemónicas. Por su parte, Noureddin Ayouch hizo pública en el mismo acto la voluntad de la retirada progresiva del holding real de la primera fila de los negocios, anuncio que pretende acallar una de las reivindicaciones de la protesta, esto es, la omnipresencia del monarca no sólo en las esferas política y religiosa, sino también en la económica.
La jornada del 20 de febrero
El domingo 20 de febrero amaneció lluvioso en buena parte de Marruecos. Sin embargo, pese a la lluvia, las concentraciones en lugares públicos de ciudades como Rabat o Casablanca comenzaron a producirse desde las 10 de la mañana. La convocatoria alcanzó todas las grandes ciudades como Fez, Marrakech, Tánger y Tetuán, pero también lugares recónditos como Zagora y Guelmim. A lo largo de la jornada, las concentraciones fueron cobrando importancia, si bien éstas fueron menores de lo que algunos de los convocantes esperaban. Junto a jóvenes estudiantes destacaban obreros y parados, profesionales, intelectuales y personalidades de distinta orientación política. Si bien los partidos de la coalición gubernamental o de la oposición (salvo las excepciones señaladas más arriba) no apoyaron la convocatoria, algunos miembros de partidos incluso en el gobierno participaron en las manifestaciones a título personal. Así, islamistas del PJD como Mustafa Ramid y Reda Benkhaldun, socialistas como Ali Buabid y comunistas como Said Saadi, participaron en la protesta junto con intelectuales como Nureddin Ayuch, dirigentes de partidos como Abdellah el Harif (de VD) y Ahmed Habschi (del PSU) y muchos otros.
Las concentraciones duraron varias horas de manera ordenada, si bien acabaron en disturbios de distinta envergadura y violencia, sobre todo en ciudades del norte del país como Tánger, Larache, Alhucemas y en otros lugares como Marrakech y Sefru. El comportamiento general de las fuerzas del orden se limitó a vigilar a distancia las concentraciones, interviniendo en los casos de alteración manifiesta del orden, no pudiendo evitar, sin embargo, desgastes notorios en edificios y vehículos en algunos de estos lugares.
El balance que el ministro del Interior realizó de los acontecimientos de la jornada del 20 de febrero, en rueda de prensa al día siguiente, constató protestas en 53 prefecturas y provincias del país, estimando en 37.000 personas la participación en las mismas. Una guerra de cifras se desencadenó en los días siguientes entre los organizadores, quienes elevaban la participación a cerca de un cuarto de millón de personas, y otros observadores, que incluso la duplicaban. En el cuadro siguiente, establecido por la web Mamfakinch, se arroja la cifra más realista de 122.730 asistentes y permite ver, sobre todo, cómo una protesta convocada por cauces tan novedosos y poco habituales como las redes sociales acabó por alcanzar a todo el reino.[10]
Figura 1. Participación en las manifestaciones del 20 de febrero de 2011
Asimismo, el ministro del Interior identificó destrozos producidos por los “saboteadores” en 33 edificios y establecimientos públicos, 24 agencias bancarias, 50 comercios y edificios privados y 66 vehículos. Unas 120 personas fueron arrestadas en relación con estos hechos (38 en Alhucemas, 69 en Tánger, 19 en Tetuán y Chauen) y trasladadas a los juzgados, siendo menores una buena parte de los detenidos. Hubo también heridos: 128 según la misma fuente, de los cuales 115 pertenecientes a las fuerzas del orden. En Alhucemas cinco jóvenes perdieron la vida en un incendio en una entidad bancaria y, entre los manifestantes de Sefrú, localidad cercana a Fez, se registró un fallecido a consecuencia de enfrentamientos con fuerzas del orden.
Primeras reacciones al 20 de febrero
La reacción inmediata a las manifestaciones del domingo 20 de febrero vino de la prensa. Si mayoritariamente se había mostrado reacia a la convocatoria, e incluso medios influyentes la habían saboteado tratando de deslegitimarla, prácticamente de manera unánime todos los periódicos señalaban que “todo el mundo está de acuerdo en Marruecos sobre la necesidad de acelerar las reformas”.[11] Reacciones similares manifestaron incluso los órganos de los partidos políticos de la coalición gubernamental que no habían querido sumarse a la protesta. El diario L’Opinion, órgano en lengua francesa del partido del primer ministro, el Istiqlal, destacó en portada los llamamientos “a la aceleración de la cadencia de las reformas políticas y constitucionales”, al tiempo que resaltaba la “adhesión entre débil y media a manifestaciones pacíficas en varias ciudades de Marruecos” y los incidentes registrados en Larache y Marrakech. Por su parte, Libération –de la USFP, también en el gobierno– titulaba “Reivindicación de reformas políticas sobre fondo de manifestaciones ciudadanas: el post 20 de febrero debe interpelar a los partidos” y concluía con la interrogante de si no habría sido “miopía política” la de los partidos que no se solidarizaron con esta protesta de la juventud “en busca de dignidad y democracia”. En la oposición, el diario Al Tachdid, ligado al islamista PJD, convenía también en la unanimidad de la demanda de reformas políticas profundas.
El discurso del monarca con motivo de la creación del Consejo Económico y Social, pronunciado la tarde del día 21 de febrero, fue considerado también como una primera respuesta a las manifestaciones del día anterior. Sin embargo, el nombramiento de este Consejo estaba previsto con anterioridad y, aunque no puede considerarse una reacción a la demanda de reformas, parece que se aprovechó la oportunidad para introducir algunas expresiones que fueron descodificadas en uno y otro extremo del espectro político.[12] La instauración del Consejo, una institución creada por la Constitución de 1992 y nunca establecida hasta 2011, se presentaba como muestra del constante rechazo “a ceder a la demagogia y a la improvisación” por parte del monarca. Estas dos palabras llamaron especialmente la atención y algunos quisieron ver en ellas una alusión a los acontecimientos del día anterior, mientras que otros se limitaron a contextualizarlas en el enorme retraso de su nacimiento.
El discurso hizo también alusión a la consolidación de nuevas “reformas estructurantes” e irreversibles, según un modelo propio marroquí, lo que fue interpretado a la luz del nuevo unanimismo en favor de las reformas mostrado por todos los actores tras la sacudida del 20 de febrero. Pero no hubo quien dejó de señalar que el Consejo no era más que una institución consultiva, de carácter puramente decorativo, que en numerosos países había comenzado ya a perder operatividad e interés. Por otra parte, el hecho de que a su frente se nombrara a un antiguo ministro del Interior, Chakib Benmoussa, responsable de las dos últimas operaciones electorales y dimitido tras el caso de Aminetu Haidar, ha privado, según ciertos observadores, de todo interés reformista a la institución del Consejo Económico y Social, del que Driss Guerraoui fue nombrado secretario general. Entre sus otros 98 miembros llaman la atención los nombres del escritor Tahar Benjelloun, de la antropóloga Fatima Mernissi, del banquero Othman Benjelloun y del dirigente del PJD Jamaa Moatassim, salido de la cárcel dos días antes en libertad provisional, y acusado de mala gestión en el ayuntamiento de Salé por miembros del PAM. Gesto éste del soberano abierto también a interpretaciones múltiples: acercamiento al PJD o distanciamiento del hegemonismo del PAM.
En los días sucesivos se han explicitado otras reacciones de diverso tipo que evidencian un clima nuevo. Por un lado, las tensiones en el seno de la dirección de ciertos partidos políticos en los que se aceleraron las contradicciones preexistentes (caso del PJD a causa de las dimisiones de los miembros del secretariado Ramid, Choubani y Hamieddin, de la USFP por el sostén a la protesta de miembros de la dirección como Hassan Tarij y Ali Buabid, o de las juventudes del partido). Por otro lado, insólitas expresiones de apoyo al movimiento del 20 de febrero, calificado por el Movimiento Popular (MP), partido conservador actualmente integrado en la coalición gubernamental, de “ocasión histórica” para afrontar “reformas constitucionales”. Por su parte, la dirección de la USFP, reunida en Rabat el fin de semana siguiente, hablaba también de “oportunidad histórica” para hacer avanzar las reformas planteadas desde hace 15 años, sintiéndose precursor del movimiento. Su secretario general, Abdeluahed Radi, hacía suya la necesidad de conceder prioridad a las reformas constitucionales, señalando que las reformas de las que tiene necesidad el país son de carácter global y no sectorial. Sin embargo, sus palabras no convencieron a un sector importante del Consejo Nacional de su partido, que reclamaba la salida de la USFP de la coalición gubernamental para permitir la recuperación de la credibilidad de una formación que ha sufrido un profundo desgaste desde su participación en la gestión gubernamental.
Todo ello ha venido combinado con rumores de todo tipo que hablan de una inminente reestructuración ministerial, incluso de un cambio de primer ministro, avanzándose incluso nombres como Driss Jettú y Mustafa Terrab –o incluso de algún dirigente más joven del Istiqlal– como sus sucesores. El retorno precipitado de Abbas el Fassi de Qatar, donde presidía una reunión de la comisión mixta Marruecos-Qatar, disparó estos rumores, si bien el diario Al Bayane se encargó de desmentirlos en la portada de su edición del 26-27 de febrero, justificando dicho retorno en la obligación de presidir el consejo de gobierno del jueves 24 en el que se evaluaron los acontecimientos del día 20 y se “reafirmó la aceleración de las reformas en curso”.
Conclusión: De la continuidad del Movimiento 20 de febrero poco puede aventurarse. Lo que es cierto es que ese Movimiento, con todo ese mar de fondo de las revoluciones en Túnez, Egipto y la coetánea de Libia, ha sido un auténtico terremoto político en Marruecos que ha agitado una escena política hasta ahora marcada por el escepticismo y el desinterés de la población por la cosa pública. Aunque la figura del rey y la monarquía no han sido cuestionadas por la protesta, sí lo ha sido la forma “ejecutiva” y absoluta en que ésta se ejerce. Ciertos signos han empezado a evidenciar que el mensaje ha sido escuchado.
Notas:
[1] Una buena cronología de los sucesos que han llevado a la convocatoria de una primera jornada de protestas el 20 de febrero en Marruecos por una democratización del sistema político puede encontrarse en el trabajo de Said Kirhlani e Irene Fernández Molina publicado en el Observatorio Electoral del TEIM. (http://www.observatorioelectoral.es/ImgBase/AE-Marruecos_2011_La_vispera_del_20_de_febrero.pdf).
[2] AMDH, OMDH, Liga Marroquí de Defensa de los Derechos Humanos (LMDDH), Centro Marroquí de Derechos Humanos (CMDH), Foro Marroquí Verdad y Justicia (FMVJ), Asociación Adala, ATTAC, Transparency International, Azetta (Red Amazig para la Ciudadanía), sindicatos como la UMT y la CDT, entre otros, y partidos como PSU, Vía Democrática, Partido de la Vanguardia Democrática Socialista (PADS), Congreso Nacional Ittihadi (CNI).
[3] “¿Y Marruecos?”, El País, 31/I/2011. Reproducida en otros periódicos de Marruecos como Tel Quel.
[4] http://www.youtube.com/watch?v=A_LF0JqnMzw.
[5] Coalición de grupos opositores creada en 1991 e integrada por el Istiqlal, la USFP, el PPS, la UNFP y la OADP. La UNFP no era, en realidad, más que un partido virtual, sin presencia real fuera de la personalidad de su líder, Abdallah Ibrahim, primer ministro entre 1958 y 1960, que fallecería en 2005.
[6] El texto del memorando fue hecho público por los partidos de la Kutla en una rueda de prensa celebrada en junio de 1996 en la sede del Istiqlal, siendo publicado el texto en el diario Libération.
[7] Ciertamente algunas reivindicaciones más del memorando de la Kutla fueron adoptadas durante el reinado de Mohamed VI, como la edad de voto, que se redujo a los 18 años, o la carta comunal, que fue modificada en 2002.
[8] “La révolution… avec lui. 50 mesures pour rendre le Maroc meilleur”, Tel Quel, nº 461, 19-25/II/2011.
[9] Entre los manifestantes en Rabat el 20 de febrero se encontraba Milud Chaabi, importante constructor y empresario marroquí que lleva una lucha contra el casi monopolio ejercido por los holdings de la familia real, ONA/SNI.
[10] En esta web, subtitulada “Moroccan Independent News Portal”, pueden encontrarse no sólo noticias casi en tiempo real, sino incluso un mapa de videos de las manifestaciones en las diferencias localidades marroquíes.
[11] Titular del artículo de Rachid Niny, director de Al Masae, en el periódico del 21/II/2011.
[12] Véase el texto en http://www.map.ma/fr/sections/activites_roi/texte_integral_du_di/view.

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

marzo 17, 2011 Publicado por | conflicto social, Marruecos | Dejar un comentario

>Révolutions arabes : le Maroc est-il une exception ?

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Par Jad Siri, juriste (LE MONDE, 02/03/11):
Portés par l’élan des tunisiens et des égyptiens qui ont renversé leurs dirigeants dictateurs et autocrates et les systèmes mis en place par ces derniers, une certaine contestation populaire apparaît au Maroc (où tous les ingrédients sont réunis pour une contestation sérieuse : misère, inégalités sociales, chômage massif des jeunes, corruption, absence de démocratie, etc.) pour réclamer une modification en profondeur de la constitution et amorcer une nouvelle ère politique. Les autorités marocaines répondent que la situation y est différente car un processus “irréversible” de démocratisation est en cours et que la liberté d’expression existe à l’exception de trois sujets tabous : la monarchie, la religion et le Sahara. En réalité, derrière une apparence de démocratie, le système politique marocain correspond à une monarchie autocratique qui dirige et contrôle à peu près tout.
UNE DÉMOCRATIE DE FAÇADE
Pour affirmer que le Maroc est lancé dans un processus démocratique, plusieurs leurres sont mis en avant. Tout d’abord, la constitution de 1996 (adoptée par référendum avec un oui à plus de 99 % !) affirme que “le Maroc est une monarchie constitutionnelle, démocratique et sociale” et que les citoyens disposent des libertés d’opinion et d’expression, sous réserve de limitations apportées par la loi ! Ensuite, il est mis en avant que les dernières élections législatives ont été libres. Les résultats des scrutins correspondent globalement aux votes réellement exprimés et les partis ont présenté globalement les candidats qu’ils souhaitaient. D’ailleurs, il est invoqué que le Maroc connaît depuis l’indépendance le multipartisme. Enfin, de nombreux journaux sont publiés et plusieurs radios émettent. Ainsi, les principaux critères déterminant une démocratie sont remplis et permettent aux autorités publiques d’affirmer que le Maroc est lancé dans un processus de démocratisation. Mais derrière cette apparence, se cache le fonctionnement d’un régime assez autoritaire. Certes, il ne s’agit pas de la Corée du Nord ni de la Lybie, mais le pouvoir est exercé par un seul homme, le roi, assisté de conseillers, plus ou moins influents et éclairés. On peut critiquer le gouvernement, les parlementaires, les élus locaux et les préfets, mais c’est pour mieux interdire toute critique du roi !
Le roi règne et gouverne seul. Au terme de la constitution, il est le chef de l’Etat, des armées et des croyants. Ainsi, en tant que commandeurs des croyants disposant de quasiment tous les pouvoirs politiques, cette constitution établit une monarchie de droit divin. En outre, par la constitution, il dispose d’un pouvoir de nomination très large : il nomme et révoque librement et discrétionnairement le premier ministre et les ministres, les ambassadeurs, les Walis et gouverneurs (préfets), les directeurs d’établissements publics et des autorités administratives, etc. A peu de chose près, il nomme qui il veut, quand il veut et au poste qu’il veut ! Il peut dissoudre discrétionnairement et librement chacune des assemblées du parlement. Il promulgue les lois et peut demander le réexamen d’un projet de loi.
Au-delà du terrain politique, la monarchie occupe le terrain économique. Au travers d’une holding qu’il contrôle, l’Omnium nord africain (ONA), le roi, et plus largement la famille royale, contrôle de nombreuses entreprises (Wana, troisième opérateur téléphonique du pays, Attijariwafa Bank, première banque du Maroc et septième d’Afrique, etc.). L’ONA intervient par ailleurs dans d’autres secteurs (agroalimentaire, assurance, immobilier, distribution : les voitures Peugeot et Citroën sont commercialisées via une société contrôlée par l’ONA qui est par ailleurs actionnaire de Lafarge Maroc). Ainsi, avec l’ONA, Attijariwafa Bank et la Caisse des dépôts (dont le directeur général est nommé par le roi), une partie importante de l’économie est contrôlée par le palais.
LA LÉGITIMITÉ DU ROI N’EST PAS DISCUTABLE
Au terme de la constitution, la personne du roi est “sacrée et inviolable” et aucun membre du parlement ne peut remettre en cause le régime monarchique ni porter atteinte au “respect dû au roi”. Ainsi, toute critique des faits, gestes ou paroles du roi et de la famille royale, est interdite. Au-delà de cette légitimité indiscutable, le système organisé par le palais empêche tout contre-pouvoir, en discréditant la classe politique et la justice et en contrôlant les médias. Les partis politiques ne remplissent pas vraiment leur rôle d’établir des projets de société, de structurer le débat politique, de militer et de s’opposer au gouvernement pour ceux qui sont minoritaires. La très grande majorité d’entre eux, avec leurs leaders, sont compromis dans le système imposé par le roi. En effet, l’absence de parti majoritaire au parlement (le premier parti compte environ 50 députés pour une assemblée de plus de 300 députés ), fait que sept partis sont représentés au gouvernement, des anciens communistes, aux conservateurs, en passant par les socialistes.
Depuis quinze ans, tous les gouvernements sont “composés” de représentants de plusieurs partis, de gauche et de droite. L’objectif est de faire participer, ou compromettre, le plus de partis possible pour qu’ils ne constituent pas une force d’opposition alternative à la politique poursuivie. Il s’agit de diviser pour mieux régner. Le discrédit vient aussi du fait que les partis historiques d’opposition – le parti de l’Istiqlal et l’l’Union socialiste des forces populaires (USFP) – et leurs leaders sont aujourd’hui de fidèles serviteurs du roi. Ces partis, qui ont été dans l’opposition contre Hassan II durant plus de trente ans, ont accepté en 1997 de former un gouvernement de coalition aux conditions fixées par ce dernier, les mêmes qu’ils avaient refusé quatre ans auparavant. Depuis, ils ont participé à tous les gouvernements devenant ainsi la caution du système (malgré des dissensions internes, notamment à l’USFP) !
Par ailleurs, beaucoup (pas tous) d’hommes politiques ne poursuivent pas un engagement et une conviction politique, mais une carrière et des intérêts personnels. Certains entretiennent des liens étroits avec des conseillers influents du roi et sont soupçonnés de prendre leurs instructions auprès du palais, avant d’agir dans leur parti. Les conditions dans lesquelles a été formé l’actuel gouvernement illustrent cela : des personnalités ont été choisies pour y entrer, non pas en raison de leur appartenance à un parti politique, mais grâce à leur proximité avec certains conseillers du roi. Cela a été ensuite habillé politiquement en les faisant adhérer, deux ou trois jours avant l’annonce de la composition du gouvernement, dans un parti politique, afin d’affirmer que ce gouvernement est le fruit du jeu politique “naturel” et du résultat des élections.
SOUPÇONS DE CORRUPTION
Le discrédit s’explique enfin par le fait que les élus et le gouvernement ne choisissent pas la politique menée. Les orientations politiques et les projets importants sont déterminés par le palais, et le gouvernement exécute les “directives royales”. Une démocratie ne peut être et fonctionner que si la justice est indépendante, que si la loi s’applique à tous de manière égale et que la justice est rendue sans favoritisme. Au Maroc, ce n’est pas toujours le cas. Il n’est pas rare de lire dans la presse que des poursuites pénales sont initiées par un procureur suite à la colère du roi contre tel ou tel commis de l’Etat dont le roi soupçonne (parce qu’on le lui a soufflé à l’oreille) une malhonnêteté. Curieusement, la machine judiciaire a plus de mal à s’enclencher indépendamment du roi ou de ses conseillers. Plus généralement, c’est tout l’appareil judiciaire qui est décrédibilisé par des soupçons de corruption.
L’existence de plusieurs journaux, radios et chaînes de télé donne l’illusion d’un pluralisme. Il ne faut pas s’y tromper : si au début des années 2000, ces médias ont initié un début de liberté de ton, révélant et dénonçant les années de plombs de l’époque Hassan II, ils ont payé le prix de leur “audace”. Aujourd’hui, plus aucun média ne s’aventure à critiquer les décisions et paroles du roi ou de ses conseillers les plus proches. L’intimidation se fait par la poursuite en justice de ces médias en “dictant” des peines d’amendes très lourdes contre ces journaux, afin de les asphyxier financièrement. D’autres méthodes sont utilisées : blocage des comptes bancaires, saisie du matériel de travail, jugement d’interdiction d’exercice de la profession de journaliste, etc., et appel des différents annonceurs pour les dissuader de diffuser leurs publicités dans ces journaux. Certains de leurs fondateurs ont été contraints de quitter la profession et le Maroc. Aujourd’hui, les médias sont contrôlés étroitement et tout écart de langage est sanctionné !
En conclusion, un pouvoir concentré essentiellement entre les mains d’un seul homme qui n’a de compte à rendre à personne, une classe politique et un appareil judiciaire discrédité et une presse verrouillée. Voici la réalité de la “démocratie” marocaine. Parler de processus démocratique n’est donc pas très sérieux ! Il est dans l’intérêt de la monarchie d’écouter la contestation actuelle et d’accepter que la constitution soit substantiellement réformée pour que le roi règne sans gouverner. La monarchie montrerait qu’elle a compris les événements et le sens de l’histoire. Juan Carlos l’avait compris en 1975.
Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

marzo 9, 2011 Publicado por | Marruecos | Dejar un comentario

>¿Quién es marroquí?

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Por Abdellah Taia, escritor marroquí. Traducción de José Luis Sánchez-Silva (EL PAÍS, 21/02/09):

Tras incluirlos en el programa de su próxima edición, el prestigioso Festival de Cartagena acaba de excluir a Nadia Yasín, hija del jeque Yasín, líder del movimiento islamista Al Adl wal Ihsan, y a Ali Lmrabet, periodista exiliado en España. Ninguno de los dos participará, pues, en los debates sobre Marruecos y su producción literaria e intelectual que tendrán lugar en tal ocasión. Como respuesta a tan inaceptable e incomprensible censura, Lola López Mondéjar, organizadora de los debates, ha dimitido del festival. Si escribo este texto es para apoyar su decisión y para anunciar mi retirada del Festival de Cartagena.

Lo menos que puedo decir es que estoy furioso. Y perplejo. Nunca hubiera creído posible semejante censura en un país democrático. Claro que 2009 es oficialmente el año de Marruecos en España. Pero de ahí a que un gran festival como el de Cartagena ceda a las presiones… ¿Y de quién, exactamente? ¿De las autoridades marroquíes? ¿De la Embajada de Marruecos en Madrid? ¿Y por qué?

En su defensa, el director del festival declaró la semana pasada en EL PAÍS que yo, Abdellah Taia, de 35 años, escritor y primer marroquí en asumir públicamente su homosexualidad, participaría según lo previsto y hablaría libremente de todo, incluyendo mi sexualidad.

¿Qué quiere decir todo esto? ¿Que el homosexual marroquí es bienvenido en España, pero no una mujer perteneciente a un movimiento islamista ni un periodista que ha tenido grandes problemas con las autoridades marroquíes? No puedo aceptarlo. No puedo dejar que me manejen así. No quiero que me concedan la palabra en detrimento de otros marroquíes. Si hablé de mi homosexualidad en Marruecos fue por una necesidad interior (y no necesité autorización ni bendición alguna). Fue, antes que nada, un combate por el acceso a la individualidad, y no solamente por mí.

Lo que echamos terriblemente de menos en Marruecos y nos impide avanzar, liberarnos, son, entre otras cosas, los debates contradictorios. Me refiero a los reales, no a esos debates para la galería que pretenden dar una falsa imagen de progreso y modernidad. Desgraciadamente, pese al excelente trabajo de algunos medios de comunicación (Tel Quel, Le Journal Hebdo, determinadas emisoras de radio, etcétera), este tipo de debate, cuando lo hay, no llega a todos los marroquíes. Y la decisión del Festival de Cartagena no va a contribuir a cambiar las cosas. Por otra parte, se trata de una decisión extraña. Nadia Yasín y Ali Lmrabet se expresan regularmente en los diarios marroquíes. ¿Por qué apartarlos ahora? Misterio. ¿Son menos marroquíes que yo? ¿Menos fashion, tal vez? ¿Más “peligrosos”?

En Marruecos no es fácil tomar la palabra. Sé de lo que hablo. Crecí en Salé, frente a Rabat, la capital, en una familia pobre y en la sumisión y el aislamiento totales. Era como si Marruecos tampoco me perteneciese a mí. Como si la sociedad marroquí no existiese. Nunca me enseñaron a hablar. Me dijeron que me callase: en eso consistía la buena educación. Día tras día, año tras año, me repetían que las paredes tienen oídos. Que nosotros somos los pobres. Eternamente. Me transmitieron una visión demasiado simplista de la religión. El verdadero credo era el miedo. Miedo para toda la vida. Miedo para no salir nunca de la miseria ni de la ignorancia. Ese miedo que paraliza, mata y te prepara para la autodestrucción o el extremismo.

En Marruecos hablar es un lujo. Aquellos que pueden, tienen la responsabilidad de hacerlo por los demás, la responsabilidad de denunciar, de abrir el debate. Sorprender, provocar… Sólo así se puede cambiar el mundo y obtener derechos; ser dueño de uno mismo por fin.

En Marruecos oía a menudo cómo anatemizaban a éste o aquél por una supuesta traición al país y a sus ideales. Solía oír este tipo de frases: “No es marroquí. Nunca lo fue y nunca lo será”. Hoy se oyen también, y cada vez más, frases como ésta: “No es musulmán, no es un buen musulmán”. ¿Un impío, entonces? Desgraciadamente, ciertos intelectuales y artistas profieren también estas peligrosas negaciones que desvían la atención de los verdaderos problemas y no ayudan al marroquí a levantarse para gritar, para existir.

En mayo de 2007 oí esos mismos juicios escandalosos referidos a dos hermanos que cometieron un doble atentado suicida en Casablanca. Tras vagar durante casi dos días por las calles, saltaron por los aires no muy lejos del consulado norteamericano. No mataron a nadie. Sólo a sí mismos. En el colmo de la desesperanza en la que vive desde hace demasiado tiempo la juventud marroquí. Fue un grito desde el corazón, desde las tripas. Un llamamiento a la sociedad marroquí. No fue escuchado. Seguramente estimamos que no era culpa ni responsabilidad nuestra. Normal: esos dos hermanos “no eran marroquíes”. ¿Verdad?

¿Quién lo es entonces?

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Qui est Marocain?

Après les avoir initialement inclus dans le programme de sa prochaine édition, le prestigieux festival de Carthagena vient d’exclure Nadia Yassine, la fille du Cheikh Yassine (le leader du mouvement islamiste Al-Adala Wa Al-Ihssane), et le journaliste exilé en Espagne Ali Lmrabet. Ils ne participeront donc pas aux débats qui auront lieu à cette occasion autour du Maroc et de ses productions littéraires et intellectuelles. Suite à cette censure inacceptable et incompréhensible, Lola Lopez Mondéjar, l’organisatrice de ces débats, a démissionné du festival. Et c’est pour la soutenir dans cette décision et annoncer mon retrait du prochain festival de Carthagena que j’écris ce papier.

Le moins qu’on puisse dire est que je suis en colère. Choqué. Je n’aurais jamais cru une telle censure possible dans un pays démocratique comme l’Espagne. 2009 est certes, officiellement, l’année du Maroc en Espagne, mais de là à ce qu’un grand festival comme celui de Carthagena cède aux pressions… De qui précisément d’ailleurs ? Des autorités marocaines ? De l’ambassade du Maroc à Madrid ? Et pourquoi ?

Pour se défendre, le directeur de ce festival a déclaré la semaine dernière dans EL PAIS que moi, Abdellah Taïa, 35 ans, écrivain et premier Marocain à avoir assumé publiquement son homosexualité, je participerai à ce festival et je parlerai donc librement de tout, y compris de ma sexualité.

Qu’est-ce que cela veut-il bien dire ? Que l’homosexuel marocain est bienvenu en Espagne mais pas une femme appartenant à un mouvement islamiste, ni un journaliste qui a eu de gros ennuis avec les autorités marocaines ? Je ne peux pas accepter cela. Je ne peux pas me laisser récupérer de cette façon-là. Je ne veux pas qu’on me donne la parole au détriment d’autres Marocains. Quand j’ai parlé au Maroc de mon homosexualité, c’était une nécessité intérieure (et je n’ai eu besoin d’aucune autorisation, d’aucune bénédiction), c’était avant tout un combat pour accéder à l’individualité, mais pas seulement pour moi.

Ce qui nous manque cruellement au Maroc et nous empêche d’avancer, de nous libérer, ce sont, entre autres, les débats contradictoires. Réels. Pas fictifs, pour la façade, pour donner une fausse image de progrès et de modernité. Malgré le très bon travail de certains médias (TEL QUEL, LE JOURNAL HEBDO, les radios, etc.), ce genre de débat, quand il y en a un, ne touche malheureusement pas tous les Marocains. Et ce n’est pas la décision du festival de Carthagena qui va aider à changer la situation. Décision étrange d’ailleurs : Nadia Yassine et Ali Lmrabet s’expriment régulièrement dans les journaux marocains. Pourquoi les écarter alors ? Mystère. Sont-ils moins marocains que moi ? Moins « fashion » peut-être ?! Plus « dangereux » ?

Prendre la parole au Maroc n’est pas facile. Je sais de quoi je parle. J’ai grandi dans une famille pauvre à Salé, en face de la capitale Rabat, dans la soumission et l’isolement total. C’était comme si le Maroc ne m’appartenait pas à moi aussi. Comme si la société marocaine n’existait pas. On ne m’a jamais appris à parler. On m’a dit de me taire : c’était ça être bien élevé. On m’a répété jour après jour, année après année, que les murs avaient des oreilles. Que nous, nous sommes les pauvres. Eternellement. On m’a donné une vision trop simpliste de la religion. La peur comme programme. La peur pour la vie. La peur pour ne jamais sortir ni de la misère ni de l’ignorance. La peur qui vous bloque, vous tue et vous prépare à l’autodestruction ou bien l’extrémisme.

Prendre la parole au Maroc est un luxe. Il est de la responsabilité de ceux qui peuvent le faire de parler pour les autres, de dénoncer, de créer le débat. Bouleverser, choquer. Il n’y a que comme ça qu’on peut changer le monde, obtenir des droits. Devenir, enfin, maître de soi.

J’entendais souvent au Maroc des excommunications à propos de tel ou untel qui aurait soi-disant trahi le Maroc et ses idéaux. J’entendais ce genre de phrases : « Il n’est pas Marocain, lui. Il ne l’a jamais été. Il ne le sera jamais. » Aujourd’hui, on entende aussi, de plus en plus, ces autres phrases : « Il n’est pas musulman, un bon musulman, lui. » Un mécréant, alors ? Ces négations dangereuses, et qui détournent l’attention des vrais sujets, sont proférées aussi, malheureusement, par certains intellectuels et artistes. Ces négations n’aident pas le Marocain à se relever pour crier, pour exister.

En mai 2007, j’ai entendu ces mêmes jugements scandaleux à propos des deux frères qui ont commis à Casablanca un double attentat suicide. Après avoir erré presque deux jours dans les rues, ils se sont faits explosé non loin du consulat américain. Ils n’ont tué personne. Juste eux-mêmes. C’était le comble du désespoir dans lequel vit depuis trop longtemps la jeunesse marocaine. C’était un cri du c½ur, des tripes. Un appel à la société marocaine. Il n’a pas été entendu. On estimait sans doute que ce n’était pas notre faute, ni notre responsabilité. Normal, ces deux frères n’étaient pas des Marocains. N’est-ce pas ?!

Qui l’est alors ?

Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

febrero 22, 2009 Publicado por | libertad de expresión, Marruecos | Dejar un comentario

>Marruecos y la complacencia europea

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Por Bernabé López García, catedrático de Historia Contemporánea del Islam en la UAM y miembro del Comité Averroes (EL PAÍS, 17/12/08):

La oferta de un estatuto avanzado para Marruecos hecha por la Unión Europea en su reunión de ministros de Exteriores del 13 de octubre pasado, reunión de especial significación por adoptarse en ella medidas cruciales para afrontar la crisis, es la culminación de un cuarto de siglo de flirteo, hegemonizado primordialmente por Francia y acelerado sobre todo tras la llegada al trono de Mohamed VI. Fue éste quien en 2003 reclamó formalmente este estatuto, apoyado por el presidente Rodríguez Zapatero en su primera visita a Marruecos en abril de 2004.

La idea de un estatuto avanzado para Marruecos viene de antiguo. Es una demanda por lo menos desde que en 1984 Hassan II presentara una solicitud de adhesión a la entonces Comunidad Económica Europea (CEE). Lo que algunos calificaron de boutadefue en realidad una demanda prospectiva para dejar sentada la voluntad de marchar hacia una convergencia cada vez mayor con Europa y lo europeo. Siempre le gustó al soberano marroquí repetir esa imagen que recogía en su libro El desafío y que imaginaba a Marruecos como “un árbol cuyas raíces nutricias agarran profundamente en la tierra de África y que respira gracias a su frondosidad que vibra a los vientos de Europa”.

Chocó entonces la ocurrencia de Hassan II porque los déficit en derechos sociales y políticos de Marruecos eran enormes. El balance de la represión de los disturbios urbanos de enero de 1984 fue de millares de detenidos y de 49 muertos según la Instancia Equidad y Reconciliación. En el colmo de un cinismo habitual, el rey afirmaría taxativamente en Le Monde que en su país no había detenidos políticos, sino tan sólo algunos “traidores a la patria” por no comulgar con las tesis oficiales de la marroquinidad del Sáhara Occidental.

Aunque el monarca insistirá alguna vez más en su demanda de adhesión, aquello quedó reducido a querer hacerse presente en la realidad europea de un tiempo en el que España y Portugal estaban en puertas de un ingreso en la CEE, en conflicto con los intereses marroquíes.

La cuestión de la inmigración dio pretexto a Hassan II años después, en febrero de 1993, para volver a hacerse presente ante los 12 países que integraban la Comunidad Europea. Apenas un año después del establecimiento del visado para magrebíes en España e Italia, y a punto el sistema Schengen, las pateras habían hecho su irrupción en el mundo mediático y habían resucitado fantasmas en Europa. Convocando a los embajadores de los países europeos, más Estados Unidos, Canadá, Japón y Suecia, el rey de Marruecos alertó en un discurso sobre el fenómeno que se avecinaba y dejó claro el papel que su país podía ejercer en el control de los flujos. Convertirse en gendarme de Europa valía un precio, exigía a cambio recursos y un empeño colectivo en el desarrollo del país para salir del atraso. No en vano el centro de aquel discurso fue el lanzamiento de una política de desarrollo para el norte marroquí, zona marginada hasta entonces, vivero de migraciones y plataforma de lanzamiento de pateras. Se proponía esto justo en un momento en que se discutía lo que debería ser el nuevo -por entonces- partenariado euro-magrebí, dándole un sentido más imaginativo, como preconizaba Habib El Malki en una sesión de la Academia de Marruecos en 1990, apoyado en nuevos instrumentos financieros, con una jerarquía en los dominios de intervención encabezada por la promoción del empleo y de nuevos actores empresariales en plena privatización del país.

En 1995, la conferencia de Barcelona, a la que Marruecos se incorporó en el último momento para sacar algo más en la negociación pesquera y en la renegociación de su acuerdo con Europa, concretó la creación de un espacio euromediterráneo que habría de servir no sólo de patio trasero para Europa, sino de ámbito en el que se fueran extendiendo los valores democráticos y el modo de vida europeo. Pero el proceso iniciado en Barcelona, bloqueado por problemas como el palestino-israelí y la resistencia de los regímenes árabes al cambio, quedó sobre todo postergado por la expansión hacia el Este de la Unión Europea. La “nueva política de vecindad” y sus planes de acción para países concretos, pretendieron compensar ese giro, pero el beneficiario final de todas estas políticas, el hombre o la mujer del sur, no termina de percibir sus efectos.

Ahora, la nueva oferta de un estatuto avanzado a Marruecos va un poco más allá de hasta donde habían ido sus relaciones con la Comisión Europea: mejorar la colaboración policial y judicial, entrada en algunas agencias comunitarias, generar un espacio económico común que permita una mayor integración de la economía marroquí en la de la Unión Europea. En el horizonte del año 2013 se permitirá incluso que Marruecos se beneficie de los Fondos de Cohesión. Pero en el libre cambio previsto hay temas siempre espinosos, como la exportación de productos de la agricultura (de la que vive casi la mitad de la población marroquí) y la libre circulación de personas. La autorización de la “presencia temporal en la UE de personas físicas con fines profesionales” apenas suena a una política algo más liberal en la usura de visados.

¿Son todos estos elementos suficientes para provocar el estímulo de la sociedad marroquí, tanto de la élite como de la calle, hacia una convergencia real con Europa? ¿Logrará el estatuto avanzado movilizar a la sociedad civil marroquí como ocurrió en Turquía, donde la esperanza estaba en un listón mucho más alto, el ingreso en la Unión Europea?

La “calle” marroquí, a la que pertenecen los harragas, los llamados inmigrantes ilegales, que son capaces hasta de poner en riesgo sus vidas para “vivir a la europea”, querría que esa relación preferencial, que ese estatuto avanzado se tradujera en seguridad social para todos, salarios dignos, posibilidad de ascenso en la escala social sin tener que dar el salto a la otra orilla del Estrecho, calles asfaltadas, acceso universal, tanto en el campo como en la ciudad, al agua corriente y a la red eléctrica (de los que carecen respectivamente un 40% y casi un 30% de las viviendas), poner fin a la vulnerabilidad del 25% de la población del país… En fin, cosas con las que se identifica el modo de vida en Europa.

Por su parte, entre la élite hay quienes aspiran a acabar con los privilegios abusivos pero también quienes viven de ellos abusivamente. Y no se ve una apuesta decidida de los que gobiernan para poner coto a las desigualdades notorias o hacer avanzar al país hacia una mayor justicia y democracia.

Llama la atención la ceguera de la gran mayoría de clase política marroquí ante los cambios que su país necesita. Aunque el rey Mohamed VI lance en su discurso del 6 de noviembre lo que llama “la dinámica de una regionalización avanzada y gradual para todas las regiones de Marruecos”, lo que exigirá en primer lugar un profundo cambio constitucional, los dirigentes de los principales partidos miran para otro lado y declaran no considerar urgente modificar la Constitución. Cuando lo que está en juego es encontrar una vía creíble de solución a la gangrena que es el problema del Sáhara, inviable sin un cambio radical del texto constitucional con el que choca la iniciativa de autonomía para la ex colonia española ofrecida por Marruecos. Se opta, como es habitual, por el camino del statu quo, mientras estallan conflictos en zonas marginadas como Ifni y se apalea a diario a los disidentes saharauis alejando cada vez más la perspectiva de una solución.

¿Es el mejor camino para acelerar esa convergencia que preconiza el estatuto avanzado la complacencia europea ante lo que se califica pomposamente de “valeroso proceso de modernización y democratización de Marruecos”? Surgen las dudas, cuando el país padece las prolongadas ausencias de su monarca, que algún medio local ha calificado de “humillantes” para una clase política (derecha, izquierda e islamistas) empeñada en defender, como lo hacía Mohamed VI en su entrevista con EL PAÍS de 2005, las “especificidades” de su régimen y la no convergencia con los modelos de las monarquías europeas.

Fuente: Bitácora AlmendrónTribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

diciembre 18, 2008 Publicado por | Marruecos | Dejar un comentario

>México DF en vivo

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Por Juan Goytisolo, escritor (EL PAÍS, 14/12/08):

En enero de 2006 recibí una llamada telefónica de la Embajada de México en Rabat. El entonces presidente de la República, Vicente Fox, venía en visita oficial a Marruecos para entrevistarse con el rey Mohamed VI y en el programa de su breve estancia en Marraquech figuraba una charla conmigo en el Café de France de la Plaza de Xemaá el Fná.

Unas horas después del inesperado anuncio, el gobernador de la ciudad me preguntó por qué había citado al presidente en un sitio tan popular en vez de hacerlo en algún lugar de mayor elegancia y caché. Le repuse que el programa había sido elaborado en México y yo no tenía nada que ver en ello.

A la hora y el día fijados, Vicente Fox y su séquito se detuvieron ante el café, en cuya entrada habían tendido apresuradamente una alfombra, y el presidente subió conmigo a la terraza desde la que se abarca el bullicio y fluidez de la plaza.

Como México y Marruecos son los dos países en donde me siento más a mis anchas, traté de explicarle las razones de esta querencia y apunté a un conjunto de hechos y situaciones que la justificaban.

“México y Marruecos”, dije en síntesis, “son dos países de frontera. Ustedes tienen el sueño americano, en Marruecos el de la Unión Europea. Sus Tijuana y Ciudad Juárez son acá Ceuta y Melilla. El río Grande, el estrecho de Gibraltar. En el norte de México se agolpan los candidatos de todo Centroamérica a dar el salto al paraíso soñado; aquí, los del África subsahariana. A sus wet backs se les llama acá jarragas. Mexicanos y marroquíes comparten una igual capacidad de trabajo y el afán de una vida mejor para sí y sus familias. El primer país receptor de remesas de sus emigrantes es México; el tercero, Marruecos. La diversidad étnica, lingüística y cultural son las mismas. Sus tradiciones religiosas y artesanales tienen un extraordinario parecido. La incompetencia y corrupción administrativas son idénticas. Lo que ustedes llaman mordida, aquí le dicen bakchich o rechuá. Los manteros de la plaza extienden y ocultan sus mercancías exactamente como en el Zócalo. En corto, señor presidente, está usted en su casa”.

Habituado al protocolo y la lanque de bois, la franqueza poco diplomática de mis palabras agradó a Vicente Fox, según me confió luego el embajador Juan Antonio Mateos.

Más tarde, pensé que la lista de paralelos improvisada en el Café de France se había quedado corta y hubiese podido alargarla. Un minucioso recorrido por los aledaños del Zócalo durante mi reciente estancia en México con motivo de la celebración de la vida y la obra de Carlos Fuentes, confirmó la justeza de mis comparaciones. La similitud de ambiente, agitación callejera y mescolanza fecunda existente en los dos lugares se imponen al observador curioso con la misma creatividad y energía genialmente captadas por Wordsworth en The Prelude y su retrato incentivo del Londres de la época.

Los atabales de los bailarines nahuatles retumban como los de los tambores gnaua. Las adivinas, cartománticas y lectoras de las líneas de la mano acomodadas a la vera de la catedral evocan las de la plaza. Los vendedores callejeros, exiliados del Zócalo por orden de la alcaldía, ocupan las aceras de la Moneda, Soledad y sus hormigueantes travesías. La estereofonía de quienes pregonan a grito herido su mercancía acompañan al viandante a lo largo de alcaicerías y bazares. La extraordinaria inventiva popular de los reclamos seduce a quien pisa por vez primera el ámbito. El peatón bisoño descubre, maravillado, una Farmacia de Dios (aquejado sin duda de infinidad de dolencias a causa de su edad provecta), un tenducho especializado en la venta de zapatitos y calcetines para las estatuillas del Niño Jesús, la reflexión desengañada de un filósofo: “Con todo día que amanece, el número de idiotas crece”. Productos y juguetes chinos arrasan como en toda África. Imágenes de Vírgenes y santos, con sus correspondientes cepillos petitorios, reciben la ofrenda de besos y limosnas.

El rompesuelas urbano puede comprar por unos pesos las instrucciones necesarias para alcanzar la protección eficaz del nagual o ángel de la guarda. La aglomeración del gentío que invade la calzada y corta el paso a los incautos conductores que se aventuran en el reino de la plebe le compensan los horrores del tráfico y los interminables atascos en los pasos elevados.

Y, como en otros lugares de Hispanoamérica y del mundo árabe, acude a su memoria la frase del gran ensayista y crítico de arte Élie Faure: lo que entendemos por cultura “no brota de los sistemas ni de los concilios ni de los dogmas, sino de las entrañas de la vida en creación y movimiento”.

¡Qué mejor ejemplo de ello que el Zócalo, en el centro histórico de México!

Fuente: Bitácora AlmendrónTribuna Libre © Miguel Moliné Escalona

diciembre 16, 2008 Publicado por | Marruecos, México | Dejar un comentario

Sáhara: lógica y razón

Por Luis Alejandre, general (EL PERIÓDICO, 19/09/08):

Causa impresión, por la amarga decepción que se desprende de ella, la lectura del testamento político que el recién cesado enviado personal del secretario General de Naciones Unidas para el Sáhara, Peter Van Walsum, difundió en forma de tribuna en el diario El País el pasado 28 de agosto.

El veterano diplomático holandés, de 74 años, había sido nombrado por el anterior secretario general de la ONU, Kofi Annan, en agosto del 2005, para suceder, después de un difícil paréntesis de un año, al norteamericano comisionado para ese cargo, James Baker, que presentó su dimisión en el mes junio del 2004.

Para Marruecos, Baker fue un hombre con coraje, que cumplió su misión con mucha objetividad. Tuvo la valentía, según el ministro portavoz del Gobierno marroquí, Khalid Naciri, de “afirmar aquello que todos los sabios del mundo admiten: que la creación de un sexto Estado en el Magreb es absurda”.

EN CAMBIO, la versión del Frente Polisario es muy diferente. Su líder, Mohamed Abdelaziz, había descalificado reiteradamente a Baker y había solicitado su destitución. Esa exigencia, planteada ante la ONU, era la condición previa para seguir negociando con Marruecos –en lo que sería una quinta ronda– en el suburbio neoyorquino de Manhasset, donde desde hace un año se celebran conversaciones bilaterales. “Se ha autoexcluido por su posición favorable al ocupante marroquí”, ha declarado recientemente Abdelaziz sobre Baker.

En mi opinión, la carta de Van Walsum es honesta y pretende prestar un último servicio a la comunidad internacional, alertando de los rígidos condicionantes que colapsan cualquier intento de solucionar el problema. Reconoce el diplomático holandés que el derecho internacional avala las tesis del Polisario. Esa tesis hace referencia a la resolución 1514 sobre descolonización y autodeterminación aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1960 y a la interpretación que posteriormente, en 1975, hizo la Corte Internacional de Justicia, que proclamó la “no existencia de vínculos precoloniales entre Marruecos y el Sáhara que pudieran afectar a dicha resolución”.

No obstante, Van Walsum sostiene que “la legalidad internacional no es lo mismo que el derecho internacional. Es evidente que el Consejo de Seguridad tiene que acatar el derecho, pero también tiene que tener en cuenta la realidad política”. Aquí radica el problema.

Tras su experiencia de tres años, Walsum afronta de forma valiente la difícil situación real. Parte de la base de que el Consejo de Seguridad impondrá siempre una fórmula consensuada. ¡Demasiados problemas hay en el mundo como para pensar en imponer un estatus determinado en el Sáhara aplicando las medidas coercitivas que contempla el capítulo VII de la carta fundacional de la ONU! Es lo que parece deducirse de estos hechos.

Pero esta solución consensuada choca con un primer escollo: Marruecos se niega a llevar a cabo el referendo reiteradamente recomendado por Naciones Unidas. Y un segundo escollo es aun más determinante: el Polisario solo quiere hablar de soberanía completa.

VAN WALSUM apunta que “si el Frente Polisario pudiera contemplar una hipotética solución negociada que no fuera la independencia total, contaría seguramente con un abrumador apoyo internacional” que garantizaría el pleno uso de sus libertades y constantes históricas. No debería despreciarse este último mensaje de un diplomático con experiencia y reconocida honestidad, si no se quiere perpetuar el problema del pueblo saharaui.

Cuando a este diplomático se le sugiere el caso de Timor Oriental, que permaneció ocupado por Indonesia durante 24 años antes de acceder a su independencia, y se pretende comparar esa situación con la del Sáhara, responde: “Es moralmente satisfactorio brindar un apoyo incondicional a los que están en su derecho, pero debe tenerse en cuenta el riesgo de crear falsas esperanzas y prolongar la agonía”.

El actual secretario general de la ONU, el surcoreano Ban Ki Moon, estuvo hace unas semanas en Madrid. Por supuesto que le preocupa el tema, y por supuesto que España está muy sensibilizada con el problema del Sáhara y materializa su apoyo de mil formas, entre las que fluye la generosidad y un honesto sentimiento de apoyo al mas débil. En la agenda del Gobierno, y concretamente en la del ministro de Asuntos Exteriores, el tema está sobre la mesa. Si han pasado 33 años de la salida de España del territorio, ¿es posible proponer que sea un español el próximo enviado especial del secretario general de la ONU? Hay suficientes personas capaces de hacer esa labor, porque las posibles reticencias están más que superadas. Aquí se ama a marroquís y saharauis, estamos próximos a ellos y hemos demostrado ser generosos y buenos gestores en misiones internacionales.

ES BUENO el orgullo de un pueblo. Conocemos, y está más que constatado, el del pueblo saharaui. Pero el sacrificio de sucesivas generaciones no puede eternizarse. No es imposible encontrar soluciones históricas en los manuales de derecho internacional. Es cuestión de conjuntar razón y lógica.

septiembre 19, 2008 Publicado por | conflicto territorial, Marruecos, Sahara Occidental | Dejar un comentario

>Sáhara: lógica y razón

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Por Luis Alejandre, general (EL PERIÓDICO, 19/09/08):

Causa impresión, por la amarga decepción que se desprende de ella, la lectura del testamento político que el recién cesado enviado personal del secretario General de Naciones Unidas para el Sáhara, Peter Van Walsum, difundió en forma de tribuna en el diario El País el pasado 28 de agosto.

El veterano diplomático holandés, de 74 años, había sido nombrado por el anterior secretario general de la ONU, Kofi Annan, en agosto del 2005, para suceder, después de un difícil paréntesis de un año, al norteamericano comisionado para ese cargo, James Baker, que presentó su dimisión en el mes junio del 2004.

Para Marruecos, Baker fue un hombre con coraje, que cumplió su misión con mucha objetividad. Tuvo la valentía, según el ministro portavoz del Gobierno marroquí, Khalid Naciri, de “afirmar aquello que todos los sabios del mundo admiten: que la creación de un sexto Estado en el Magreb es absurda”.

EN CAMBIO, la versión del Frente Polisario es muy diferente. Su líder, Mohamed Abdelaziz, había descalificado reiteradamente a Baker y había solicitado su destitución. Esa exigencia, planteada ante la ONU, era la condición previa para seguir negociando con Marruecos –en lo que sería una quinta ronda– en el suburbio neoyorquino de Manhasset, donde desde hace un año se celebran conversaciones bilaterales. “Se ha autoexcluido por su posición favorable al ocupante marroquí”, ha declarado recientemente Abdelaziz sobre Baker.

En mi opinión, la carta de Van Walsum es honesta y pretende prestar un último servicio a la comunidad internacional, alertando de los rígidos condicionantes que colapsan cualquier intento de solucionar el problema. Reconoce el diplomático holandés que el derecho internacional avala las tesis del Polisario. Esa tesis hace referencia a la resolución 1514 sobre descolonización y autodeterminación aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1960 y a la interpretación que posteriormente, en 1975, hizo la Corte Internacional de Justicia, que proclamó la “no existencia de vínculos precoloniales entre Marruecos y el Sáhara que pudieran afectar a dicha resolución”.

No obstante, Van Walsum sostiene que “la legalidad internacional no es lo mismo que el derecho internacional. Es evidente que el Consejo de Seguridad tiene que acatar el derecho, pero también tiene que tener en cuenta la realidad política”. Aquí radica el problema.

Tras su experiencia de tres años, Walsum afronta de forma valiente la difícil situación real. Parte de la base de que el Consejo de Seguridad impondrá siempre una fórmula consensuada. ¡Demasiados problemas hay en el mundo como para pensar en imponer un estatus determinado en el Sáhara aplicando las medidas coercitivas que contempla el capítulo VII de la carta fundacional de la ONU! Es lo que parece deducirse de estos hechos.

Pero esta solución consensuada choca con un primer escollo: Marruecos se niega a llevar a cabo el referendo reiteradamente recomendado por Naciones Unidas. Y un segundo escollo es aun más determinante: el Polisario solo quiere hablar de soberanía completa.

VAN WALSUM apunta que “si el Frente Polisario pudiera contemplar una hipotética solución negociada que no fuera la independencia total, contaría seguramente con un abrumador apoyo internacional” que garantizaría el pleno uso de sus libertades y constantes históricas. No debería despreciarse este último mensaje de un diplomático con experiencia y reconocida honestidad, si no se quiere perpetuar el problema del pueblo saharaui.

Cuando a este diplomático se le sugiere el caso de Timor Oriental, que permaneció ocupado por Indonesia durante 24 años antes de acceder a su independencia, y se pretende comparar esa situación con la del Sáhara, responde: “Es moralmente satisfactorio brindar un apoyo incondicional a los que están en su derecho, pero debe tenerse en cuenta el riesgo de crear falsas esperanzas y prolongar la agonía”.

El actual secretario general de la ONU, el surcoreano Ban Ki Moon, estuvo hace unas semanas en Madrid. Por supuesto que le preocupa el tema, y por supuesto que España está muy sensibilizada con el problema del Sáhara y materializa su apoyo de mil formas, entre las que fluye la generosidad y un honesto sentimiento de apoyo al mas débil. En la agenda del Gobierno, y concretamente en la del ministro de Asuntos Exteriores, el tema está sobre la mesa. Si han pasado 33 años de la salida de España del territorio, ¿es posible proponer que sea un español el próximo enviado especial del secretario general de la ONU? Hay suficientes personas capaces de hacer esa labor, porque las posibles reticencias están más que superadas. Aquí se ama a marroquís y saharauis, estamos próximos a ellos y hemos demostrado ser generosos y buenos gestores en misiones internacionales.

ES BUENO el orgullo de un pueblo. Conocemos, y está más que constatado, el del pueblo saharaui. Pero el sacrificio de sucesivas generaciones no puede eternizarse. No es imposible encontrar soluciones históricas en los manuales de derecho internacional. Es cuestión de conjuntar razón y lógica.

septiembre 19, 2008 Publicado por | conflicto territorial, Marruecos, Sahara Occidental | Dejar un comentario

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