>Me pregunto yo
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>La prensa, en el ojo del huracán
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La crisis global, que golpea a numerosos sectores económicos de nuestra sociedad, tiene un efecto especialmente grave cuando analizamos su impacto sobre los medios de comunicación. Seguramente, mayor que en otros sectores a causa de factores negativos que ya incidían sobre la profesión periodística. Desde hace tiempo, la aparición de nuevos medios y soportes así como las nuevas tecnologías han obligado al periodista a transformar su forma de trabajar. Por no hablar del rampante intrusismo, la baja remuneración, la inestabilidad laboral. Es decir, la drástica caída de los resultados económicos ha llevado a muchas empresas a reducir el número de periodistas en las redacciones, a recurrir a jubilaciones anticipadas, así como a una progresiva retirada de corresponsales y enviados especiales a zonas en conflicto.
Todo lo expuesto incide sobre una profesión y un colectivo muy castigado por presiones y ataques, a veces tan directos que han costado la vida o la libertad de muchos profesionales de la información, como Reporteros sin Fronteras denuncia un día sí y otro también. Y es que el ejercicio de la profesión periodística es el campo diario de una lucha sin descanso y también, en demasiadas ocasiones, de comprobación de impotencia con el consecuente malogro de tantas vocaciones.
Hubo un tiempo en que era corriente hablar de la prensa como del cuarto poder. Hoy este poder está seriamente amenazado desde fuera y desde dentro por una pura y simple razón, cualquiera que sea el escenario de la noticia: no gusta que la prensa dé publicidad a situaciones irregulares, que cumpla su derecho y deber de denunciar lo que es incorrecto, impropio, delictivo.
Por esto, desde tantos ángulos sociales y por tan diversos medios se busca silenciar a la prensa, a la auténtica, la fiel a su misión. Asesinatos, secuestros, encarcelamientos y desaparición de periodistas en número creciente. En casi todo el mundo. Y por la acción de muy variados elementos: Gobiernos con serios débitos legales y democráticos, grupos terroristas o paramilitares, sectores dedicados a la delincuencia organizada. Según Reporteros sin Fronteras, sólo desde enero de 2009, 18 periodistas han sido asesinados y 144 se hallan encarcelados. En este sentido de agresiones externas, el periodismo se configura hoy como la profesión más peligrosa del mundo.
Es, pues, sombrío el balance de obstáculos intencionados a que está sometida la prensa. Pero hay un mal peor, que la Federación Andaluza de Asociaciones de la Prensa denunció categóricamente el mes de noviembre en Cádiz y el de marzo en Sevilla, con concentraciones masivas de periodistas, un colectivo, por cierto, que raramente se moviliza. Y es la corrosión de la profesión desde dentro. Por ejemplo, la precariedad laboral hace que a menudo se prescinda de profesionales de reconocida experiencia y cualificación. A juicio de las asociaciones profesionales, ésta es, junto con la concentración de medios, la mayor amenaza contra la prensa como instrumento de creación de una opinión plural y libre. Por tanto, contra la defensa de las libertades y de la buena marcha de democracias supuestamente consolidadas.
Crear un periodismo sin profesionalidad, sin seguridad, sin independencia es deformarlo, desacreditarlo. Conducirlo prácticamente a su anulación. Es una situación alarmante para la salud ciudadana que exige tomarse muy en serio sus causas y los medios apropiados para remediarlas. Cabe preguntarse por qué en un momento grave de crisis generalizada, que se traduce en depreciación del trabajo como derecho esencial del ser humano, conviene hacer hincapié de manera especial en cómo esta lamentable realidad afecta al campo del periodismo. La razón es obvia: por el servicio mismo de bien general que presta la prensa libre como transmisora veraz de los acontecimientos. Sobre todo, por su labor de crítica, de denuncia de abusos, injusticias y procedimientos ilegales sin detenerse ni ante la actuación de los poderes públicos.
Defender el libre ejercicio de la profesión periodística hoy, en un mundo en el que es objeto de toda suerte de presiones, interferencias, amenazas, impedimentos y cortapisas, es harto difícil. Porque vivimos tiempos oscuros. De sombras. De confusión. Un tiempo y un mundo donde prolifera cada vez más la voluntad de desvirtuar los hechos, de transformarlos en medios al servicio de intereses determinados y, por ellos, desactivar la razón crítica, torcer los caminos que conducen a la verdad y ahogar la palabra veraz en beneficio de la mendacidad y la acción sin escrúpulos.
La prensa es el baluarte de la democracia. Así nació. Y así hay que mantenerla contra todo propósito de manipulación y nefasta reducción a mínimos.
En la tarea de defenderla es preciso concienciar a los agentes sociales, a las universidades y otras entidades culturales y, por su especial responsabilidad, a los Gobiernos e instituciones públicas. Porque dejar que la prensa se hunda o se prostituya es permitir que la sociedad pierda un medio esencial para su debida cohesión y conciencia en el ejercicio de sus derechos fundamentales.
Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona
>Salman Rushdie, veinte años después
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“De casi todo hace veinte años”, y de la fetua que el ayatolá Jomeini lanzó contra Salman Rushdie, también.
El 14 de febrero de 1989, mientras el autor de Los versos satánicos asistía en una iglesia ortodoxa de Londres, y con numerosos amigos, a un servicio religioso en memoria de Bruce Chatwin, se conoció la fetua pronunciada aquella misma mañana. “La semana próxima vendrán por ti”, le dijo a Rushdie uno de sus amigos, el escritor Paul Théroux. Las dictaduras habían quemado libros, las diversas inquisiciones los habían puesto en sus listas negras, pero nunca hasta entonces un autor había sido ejecutado.
En cuanto al origen de la fetua, más tarde comprendimos que, en vez de un asunto teológico, era el resultado de una feroz lucha por el poder entre el islam suní -en su versión salafista radical propagada por Arabia Saudí- y el islam chií iraní, que, humillado por su derrota en la guerra contra Irak, necesitaba reafirmar su posición en la vanguardia de la revolución islámica.
De cualquier modo, lo que nadie podía prever hace veinte años y, sin embargo, puede afirmarse hoy es que, más que Salman Rushdie -cuya vida fue alterada y cuyo ostracismo llegó hasta el punto de no ser aceptado en los aviones de la British Airways-, han sido los valores occidentales los que más se han resentido.
Mientras Salman Rushdie desaparecía de la escena pública, la presión islamista contra toda posible crítica, o incluso simple comentario, del islam o del profeta Mahoma, llegó al mundo occidental acompañada de un rosario de casos de persecución, exilio e incluso asesinato.
En 1989, las librerías Collets, Dillon, York Penguin Bookshop y Liberty Bookshop saltaron por los aires. Al año siguiente, el traductor de Rushdie al japonés fue asesinado y su traductor al italiano, gravemente herido. En 1993, su editor noruego también murió asesinado y su traductor turco escapó a un atentado en un hotel que causó 37 víctimas. En 1995, el novelista y premio Nobel egipcio Naguib Mahfouz, que había escrito que la fetua había hecho más daño al islam que la novela de Rushdie, fue apuñalado en El Cairo por unos islamistas.
A partir de ahí, los vehículos de cultura que se supone han de defender valores como la libertad de conciencia e información parecieron ser presas del pánico y empezaron a practicar una autocensura que hoy es casi habitual. Cuando Arno Widman sugirió a sus colegas periodistas la publicación simultánea del primer capítulo de los Versos, éstos le dejaron solo en el empeño. La pieza teatral Mahoma, de Voltaire, no puedo representarse en Ginebra debido a la intervención de Tariq Ramadan, el ensayista musulmán injustamente considerado como moderado, dado que se niega a condenar la lapidación de mujeres en Irán. En 2005 la escultura Dios es Grande, que asociaba la Biblia y el Talmud, era retirada de la Tate de Londres y el director general de los museos de Berlín impedía la instalación de un gran cubo negro del escultor Schneider que representaba la Caaba. El Royal Court de Londres anuló una nueva versión de la Lisístrata de Aristófanes, cuya acción se sitúa en el paraíso islámico. El Barbican, a su vez, censuró un clásico inglés para no poner en peligro a los actores o al público del teatro, y el Deutsche Oper de Berlín anuló la representación del Idomeneo de Mozart.
El caso de las caricaturas danesas del profeta es bien conocido, así como la tímida defensa de la libertad de los dibujantes por parte de todos los medios de comunicación. Cuando Ayaan Irsi Ali, escritora atea y ex diputada neerlandesa de origen africano, fue amenazada de muerte por unos extremistas musulmanes, los periodistas e intelectuales más notorios -Ian Buruma y Timothy Garton Ash, entre otros- se preguntaron si su conducta y sus ideas no perjudicaban a la causa que pretendían defender. La escritora tuvo que pagarse sus propios guardaespaldas y terminó exiliándose en Estados Unidos; pocos conocen hoy su dirección. Finalmente, en 2007, la novela La joya de Medina, de Sherry Jones, centrada en el personaje de Aisha, esposa favorita de Mahoma, fue rechazada por Random House para terminar siendo publicada por la pequeña editorial inglesa, Gibson Square, más valerosa, pero cuya sede también fue volada.
En todos esos casos cabe preguntarse cuál fue la posición de la izquierda democrática de los países afectados y, en particular, de Europa. Mientras que los émulos de Jomeini alimentaban la idea, falsa y culpabilizadora, de una guerra de Occidente contra el islam, la censura originada simplemente por el miedo se instaló por todas partes en nombre del “respeto” a un multiculturalismo degradado y mal entendido. Un “respeto” que hace que se toleren en el “otro” unas agresiones indignas y unos actos contrarios a la más elemental observancia de los derechos humanos. Así ocurre en particular con las mujeres musulmanas, que en Europa la mayor parte de las veces se ven abandonadas a su suerte en su justo problema de emancipación, una actitud que roza el racismo. Esto atañe también a la dignidad de todos los intelectuales, periodistas o creadores que se autocensuran de una forma casi instintiva. Jomeini no mató a Salman Rushdie -de hecho, la fetua hasta ha sido retirada-, pero cambió nuestra forma de vivir, y no precisamente a mejor.
Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona
>¿Es libre la libertad de expresión?
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El obispo Richard Williamson tiene opiniones muy peculiares y francamente odiosas: que no hubo asesinato de judíos en cámaras de gas durante la Segunda Guerra Mundial, que las Torres Gemelas fueron derribadas por explosivos estadounidenses, no por aviones, el 11-S del 2001, y que los judíos luchan por dominar el mundo “para preparar el trono del Anticristo en Jerusalén”.
En cuanto a temas de la doctrina católica romana, sus puntos de vista fueron considerados tan fuera de línea con la Iglesia moderna, que el Vaticano lo excomulgó en 1988, con otros miembros de la ultraconservadora Sociedad de San Pío X, fundada por el simpatizante del fascismo Marcel Lefebvre. Entre quienes respaldan a Williamson está David Irving, que hace poco cumplió pena de cárcel en Austria por glorificar a los nazis.
No hay duda de que el obispo no resulta un hombre atractivo. Sin embargo, ¿merece que cuelguen tantas espadas sobre su cabeza? Como consecuencia de las opiniones que expresó en la televisión sueca, se le ha negado la posibilidad de volver al redil de la Iglesia, como se lo había prometido Benedicto XVI, lo cual probablemente sea justo. Pero también fue expulsado de Argentina, donde vivía, y está bajo amenaza de ser extraditado a Alemania, donde hay en marcha preparativos para juzgarlo por negar el holocausto.
Mientras tanto, piénsese en el caso de otro hombre poco atractivo, el político holandés Geert Wilders, a quien el mes pasado se le prohibió entrar en el Reino Unido, donde tenía planes de mostrar Fitna, un corto que había dirigido y que describe al islam como una fe terrorista. En Holanda se le está juzgando por “propagar el odio” hacia los musulmanes. Comparó el Corán con Mein Kampf de Hitler y desea parar la inmigración de musulmanes.
La prohibición británica, así como el inminente juicio, han hecho que Wilders gane popularidad en Holanda, donde una encuesta indicó que su partido populista antimusulmán, el PVV, obtendría 27 escaños en el Parlamento si hoy hubiera elecciones. La razón de la popularidad de Wilders, además de la desconfianza hacia los musulmanes, es que ha cultivado la imagen de luchador de la libre expresión.
El principio de la libertad de expresión, uno de los derechos fundamentales en las democracias liberales, significa que debemos convivir con opiniones que consideramos reprobables, hasta cierto punto. La pregunta es: ¿hasta qué punto?
Las leyes sobre libertad de expresión difieren un poco de país en país. Expresar la opinión de que el holocausto nunca existió es delito en varias democracias europeas, como Francia, Alemania y Austria. Muchos países democráticos poseen leyes contra la apología de la violencia o el odio. Algunos países, incluida Holanda, incluso tienen leyes que penalizan el insultar a las personas por etnia o religión.
Puede que las ideas del obispo Williamson sean deplorables, pero la persecución legal contra un hombre por sus opiniones acerca de la historia quizá sea una mala idea. Debería ser criticado, incluso ridiculizado, pero no encarcelado. De manera similar, habría sido mucho mejor haber permitido a Wilders mostrar su desafortunada película en el Reino Unido que prohibirla. Sin embargo, la libre expresión no es algo absoluto. Hasta Wilders, con su absurda campaña para prohibir el Corán, claramente cree que hay límites…, para sus oponentes, claro, no para él mismo. Pero no es tan fácil definir con precisión esos límites, ya que dependen de quién le dice qué a quién, e incluso dónde ocurre.
Las opiniones de Williamson cobraron importancia de improviso, debido a que este sacerdote oscuro y excomulgado estaba a punto de ser restituido por el Papa, lo que habría dado legitimidad institucional a sus opiniones privadas. En el caso de Wilders, tiene peso el que se trate de un político, no sólo una persona privada.
En la vida civilizada, la gente se abstiene de decir muchas cosas, independientemente de los problemas relacionados con la legalidad. Las palabras que usan los jóvenes negros en las ciudades estadounidenses para relacionarse tendrían una resonancia diferente proferidas por jóvenes blancos. Burlarse de las costumbres y creencias de las minorías no es lo mismo que atacar los hábitos y puntos de vista de las mayorías.
La vida civilizada, especialmente en países con gran diversidad étnica y religiosa, se desgarraría si todos sintieran la libertad de decir lo que les plazca a cualquier persona. El problema es dónde trazar la línea. En términos legales, tendría que ser el punto donde las palabras tienen la intención de generar violencia. En lo social, hay demasiadas variables como para crear un principio absoluto y universal.
Personas como el obispo Williams y Geert Wilders son útiles en la medida en que nos sirven de ayuda para hacer eso. Dejémoslos hablar, para que sean juzgados no en los tribunales, sino por las opiniones contrarias. Prohibirles hacerlo no hace más que permitirles posar de mártires de la libertad de expresión. Y eso no sólo hace más difícil atacar sus puntos de vista, sino que también da mal nombre a la propia libertad de expresión.
Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona
>YouTube vuelve a ser inaccesible en China
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El portal de vídeos YouTube, una de las web más visitadas del mundo, vuelve a ser inaccesible en China desde hace más de 12 horas, según han denunciado internautas en el país asiático.
Desde ayer, lunes, la página de inicio del portal no puede cargarse y se ofrece en su lugar un mensaje de error, tanto en ordenadores de Pekín como de Shanghai y otras ciudades del país.
El Gobierno chino, como en otras ocasiones, no ha explicado las razones del posible bloqueo, que se produce después de que la Marina estadounidense colgara recientemente en YouTube vídeos sobre el incidente que protagonizaron este mes en el Mar del Sur de China ocho pesqueros chinos y un buque de guerra de EEUU.
El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino ha asegurado hoy que la Constitución del país asiático “estipula claramente la libertad de expresión” pero establece ciertos límites “tomando las experiencias de gobiernos como EEUU y el Reino Unido”.
También ha asegurado que “algunos creen erróneamente que el Gobierno chino le teme a Internet” pero que la cifra de internautas chinos (300 millones, la comunidad más grande de usuarios en el mundo) demuestran que no es así.
>La lección de Rushdie
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El viernes 13 de febrero, víspera de San Valentín, algunos colegas británicos decidieron conmemorar el vigésimo aniversario de la fetua con la que el imán Jomeini condenó a muerte a Salman Rushdie -y cuya vigencia acaban de reiterar las autoridades iraníes-. Este aniversario les proporcionó la ocasión de entregarse a una estimulante reflexión sobre el sentido de la blasfemia y el de la cohabitación entre el islam y Occidente.
Nuestros colegas afirman que, veinte años después, aún vivimos bajo la influencia y a la sombra de aquel asunto. En otras palabras, mucho antes de Samuel Huntington y sus tesis sobre el “choque de civilizaciones”, llegaba desde la patria de los mulás el llamamiento al asesinato de Rushdie. Fue, según ellos, el primer anuncio de un conflicto radicalmente nuevo que desde entonces no ha dejado de agudizarse. No sólo hay varias guerras en Oriente Próximo, sino que, día a día, una tensión creciente amenaza las relaciones entre los musulmanes y los países europeos en los que viven.
Nacido en la India y poseedor de la nacionalidad paquistaní, a la edad de 13 años, Salman Rushdie fue enviado al King’s College de Cambridge para estudiar Historia y el Corán. Allí no tardó en perder su esnobismo de indio anglófilo y su acento de aristócrata británico al chocar con el racismo solapado y distante de la mejor sociedad inglesa. Poco después, daba un giro hacia el radicalismo político, la denuncia sistemática del Gobierno de la señora Thatcher y de la “falsa democracia” a la inglesa, y se convertía en un paladín del Sur contra el Norte y en un apologista de culturas minoritarias como el feminismo, la homosexualidad y el pacifismo.
Luego llegó 1989 y la publicación de sus famosos Versos satánicos. Las reacciones que su libro provocó y la fetua de la que fue víctima lo desestabilizaron completamente. Entonces, pidió la protección del Gobierno británico, al que no había dejado de injuriar. En el Herald Tribune del pasado 15 de febrero, el ensayista Geoffrey Wheatcroft recuerda el desprecio feroz con el que tanto la derecha nacionalista como la izquierda multicultural (los multiculti) trataron a Salman Rushdie. Tras acusarlo de batir todos los récords de traición a su cultura, su religión, su país de origen y su nacionalidad, algunos personajes de la Cámara de los Lores cercanos a Margaret Thatcher llegaron a expresar su deseo de que los musulmanes “apaleasen al traidor en una calle oscura para enseñarle buenas maneras”. Mientras, los mismos que no sentían sino desprecio por Rushdie y su blasfemia toleraban tranquilamente que se blasfemara contra el cristianismo. Nuestros colegas nos recuerdan también que, algunos años antes, la mejor sociedad británica consideraba de buen tono aplaudir la publicación de un poema sobre la homosexualidad de Jesús en el diario Gay News.
¿Qué pasaba mientras en Francia? Para empezar, la novela de Salman Rushdie fue totalmente desacreditada. Le Figaro escribía: “Se trata de una novela aburrida, espesa, complicada, con oscuras intenciones y provocaciones fáciles, escrita en un lenguaje cargante”. A despecho de la simpatía general que los franceses sentían por Rushdie, Jacques Chirac, tan indignado por los Versos como Margaret Thatcher, metió en el mismo saco al blasfemo y a los autores del llamamiento a su asesinato. La izquierda y la extrema izquierda estaban divididas. Mientras los intelectuales de SOS Racismo y Le Nouvel Observateur manifestaban su solidaridad con Rushdie, algunos grandes arabistas, como Jacques Berque, aun reprobando el llamamiento al asesinato, manifestaban su comprensión y empatía hacia los religiosos ofendidos en lo más sagrado de sus creencias.
Tanto en Londres como en París, ¿se trataba de la fascinación por el islam? ¿De una inclinación tercermundista? ¿De culpabilidad colonial? Según algunos, Francia y Reino Unido, herederos de los dos mayores imperios coloniales, nunca aprendieron a dirigirse a los países musulmanes. Al integrarse en su civilización, Salman Rushdie se comportó, sin pretenderlo, como un musulmán liberado o como un occidental agnóstico. El cronista norteamericano William Pfaff añade que, desde el Siglo de las Luces, la sensibilidad dominante en Occidente está marcada por el escepticismo y el cuestionamiento y escarnio de todas las creencias establecidas y de todas las instituciones. Gracias a ese talante, y a su cultura hedonista, Europa occidental es hoy el lugar del globo más irreligioso con las debilitadas minorías de sus iglesias cristianas. Según Pfaff, “el error posiblemente fatal de Rushdie fue aplicar un discurso europeo escéptico a una religión que aún cree en sí misma”.
Pero, para empezar, como ha demostrado Milan Kundera (Los testamentos traicionados, Tusquets Editores), no fue un error y Rushdie no atacó en absoluto al islam. Fue una licencia literaria que un gran novelista se concedió para aportar una dimensión mística a su obra. Esta misma audacia novelesca fue la que permitió a Kundera descubrir toda la poesía del islam. Por otra parte, es posible que la fuerza del credo musulmán requiera estrategias particulares y, en este punto, el intervencionismo ideológico-militar de los neoconservadores de George Bush ha sido desastroso. Respecto a los musulmanes que viven en países de mayoría cristiana, la cuestión esencial es saber qué posibilidades tienen de escapar a las presiones de las autoridades islamistas exteriores a su país de adopción. Pues el escándalo no está, evidentemente, en el comportamiento de Rushdie, que, en cierta forma, fue útil, ya que el 15 de marzo de 1989 la mayoría de los países participantes en la Conferencia islámica de Riad decidieron desaprobar la iniciativa iraní y no dar una dimensión política al asunto de la fetua.
Por eso, desde mi punto de vista, mis interlocutores británicos se equivocan. La lección del caso Rushdie es que hay que hacer todo lo necesario para garantizar la libertad del no creyente -¡y la del novelista!- en la misma medida que la del creyente, sea cual sea su religión. Pero, además, no veo por qué habría que renunciar a hacer todo lo posible para favorecer la evolución de los musulmanes hacia un espíritu crítico que en la Edad Media formó parte de sus tradiciones. La condena de las intervenciones que invocan hipócritamente la coartada humanitaria no debe llevarnos a dejar de creer en los derechos humanos ni en su universalidad.
Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona
>¿Quién es marroquí?
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Tras incluirlos en el programa de su próxima edición, el prestigioso Festival de Cartagena acaba de excluir a Nadia Yasín, hija del jeque Yasín, líder del movimiento islamista Al Adl wal Ihsan, y a Ali Lmrabet, periodista exiliado en España. Ninguno de los dos participará, pues, en los debates sobre Marruecos y su producción literaria e intelectual que tendrán lugar en tal ocasión. Como respuesta a tan inaceptable e incomprensible censura, Lola López Mondéjar, organizadora de los debates, ha dimitido del festival. Si escribo este texto es para apoyar su decisión y para anunciar mi retirada del Festival de Cartagena.
Lo menos que puedo decir es que estoy furioso. Y perplejo. Nunca hubiera creído posible semejante censura en un país democrático. Claro que 2009 es oficialmente el año de Marruecos en España. Pero de ahí a que un gran festival como el de Cartagena ceda a las presiones… ¿Y de quién, exactamente? ¿De las autoridades marroquíes? ¿De la Embajada de Marruecos en Madrid? ¿Y por qué?
En su defensa, el director del festival declaró la semana pasada en EL PAÍS que yo, Abdellah Taia, de 35 años, escritor y primer marroquí en asumir públicamente su homosexualidad, participaría según lo previsto y hablaría libremente de todo, incluyendo mi sexualidad.
¿Qué quiere decir todo esto? ¿Que el homosexual marroquí es bienvenido en España, pero no una mujer perteneciente a un movimiento islamista ni un periodista que ha tenido grandes problemas con las autoridades marroquíes? No puedo aceptarlo. No puedo dejar que me manejen así. No quiero que me concedan la palabra en detrimento de otros marroquíes. Si hablé de mi homosexualidad en Marruecos fue por una necesidad interior (y no necesité autorización ni bendición alguna). Fue, antes que nada, un combate por el acceso a la individualidad, y no solamente por mí.
Lo que echamos terriblemente de menos en Marruecos y nos impide avanzar, liberarnos, son, entre otras cosas, los debates contradictorios. Me refiero a los reales, no a esos debates para la galería que pretenden dar una falsa imagen de progreso y modernidad. Desgraciadamente, pese al excelente trabajo de algunos medios de comunicación (Tel Quel, Le Journal Hebdo, determinadas emisoras de radio, etcétera), este tipo de debate, cuando lo hay, no llega a todos los marroquíes. Y la decisión del Festival de Cartagena no va a contribuir a cambiar las cosas. Por otra parte, se trata de una decisión extraña. Nadia Yasín y Ali Lmrabet se expresan regularmente en los diarios marroquíes. ¿Por qué apartarlos ahora? Misterio. ¿Son menos marroquíes que yo? ¿Menos fashion, tal vez? ¿Más “peligrosos”?
En Marruecos no es fácil tomar la palabra. Sé de lo que hablo. Crecí en Salé, frente a Rabat, la capital, en una familia pobre y en la sumisión y el aislamiento totales. Era como si Marruecos tampoco me perteneciese a mí. Como si la sociedad marroquí no existiese. Nunca me enseñaron a hablar. Me dijeron que me callase: en eso consistía la buena educación. Día tras día, año tras año, me repetían que las paredes tienen oídos. Que nosotros somos los pobres. Eternamente. Me transmitieron una visión demasiado simplista de la religión. El verdadero credo era el miedo. Miedo para toda la vida. Miedo para no salir nunca de la miseria ni de la ignorancia. Ese miedo que paraliza, mata y te prepara para la autodestrucción o el extremismo.
En Marruecos hablar es un lujo. Aquellos que pueden, tienen la responsabilidad de hacerlo por los demás, la responsabilidad de denunciar, de abrir el debate. Sorprender, provocar… Sólo así se puede cambiar el mundo y obtener derechos; ser dueño de uno mismo por fin.
En Marruecos oía a menudo cómo anatemizaban a éste o aquél por una supuesta traición al país y a sus ideales. Solía oír este tipo de frases: “No es marroquí. Nunca lo fue y nunca lo será”. Hoy se oyen también, y cada vez más, frases como ésta: “No es musulmán, no es un buen musulmán”. ¿Un impío, entonces? Desgraciadamente, ciertos intelectuales y artistas profieren también estas peligrosas negaciones que desvían la atención de los verdaderos problemas y no ayudan al marroquí a levantarse para gritar, para existir.
En mayo de 2007 oí esos mismos juicios escandalosos referidos a dos hermanos que cometieron un doble atentado suicida en Casablanca. Tras vagar durante casi dos días por las calles, saltaron por los aires no muy lejos del consulado norteamericano. No mataron a nadie. Sólo a sí mismos. En el colmo de la desesperanza en la que vive desde hace demasiado tiempo la juventud marroquí. Fue un grito desde el corazón, desde las tripas. Un llamamiento a la sociedad marroquí. No fue escuchado. Seguramente estimamos que no era culpa ni responsabilidad nuestra. Normal: esos dos hermanos “no eran marroquíes”. ¿Verdad?
¿Quién lo es entonces?
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Qui est Marocain?
Après les avoir initialement inclus dans le programme de sa prochaine édition, le prestigieux festival de Carthagena vient d’exclure Nadia Yassine, la fille du Cheikh Yassine (le leader du mouvement islamiste Al-Adala Wa Al-Ihssane), et le journaliste exilé en Espagne Ali Lmrabet. Ils ne participeront donc pas aux débats qui auront lieu à cette occasion autour du Maroc et de ses productions littéraires et intellectuelles. Suite à cette censure inacceptable et incompréhensible, Lola Lopez Mondéjar, l’organisatrice de ces débats, a démissionné du festival. Et c’est pour la soutenir dans cette décision et annoncer mon retrait du prochain festival de Carthagena que j’écris ce papier.
Le moins qu’on puisse dire est que je suis en colère. Choqué. Je n’aurais jamais cru une telle censure possible dans un pays démocratique comme l’Espagne. 2009 est certes, officiellement, l’année du Maroc en Espagne, mais de là à ce qu’un grand festival comme celui de Carthagena cède aux pressions… De qui précisément d’ailleurs ? Des autorités marocaines ? De l’ambassade du Maroc à Madrid ? Et pourquoi ?
Pour se défendre, le directeur de ce festival a déclaré la semaine dernière dans EL PAIS que moi, Abdellah Taïa, 35 ans, écrivain et premier Marocain à avoir assumé publiquement son homosexualité, je participerai à ce festival et je parlerai donc librement de tout, y compris de ma sexualité.
Qu’est-ce que cela veut-il bien dire ? Que l’homosexuel marocain est bienvenu en Espagne mais pas une femme appartenant à un mouvement islamiste, ni un journaliste qui a eu de gros ennuis avec les autorités marocaines ? Je ne peux pas accepter cela. Je ne peux pas me laisser récupérer de cette façon-là. Je ne veux pas qu’on me donne la parole au détriment d’autres Marocains. Quand j’ai parlé au Maroc de mon homosexualité, c’était une nécessité intérieure (et je n’ai eu besoin d’aucune autorisation, d’aucune bénédiction), c’était avant tout un combat pour accéder à l’individualité, mais pas seulement pour moi.
Ce qui nous manque cruellement au Maroc et nous empêche d’avancer, de nous libérer, ce sont, entre autres, les débats contradictoires. Réels. Pas fictifs, pour la façade, pour donner une fausse image de progrès et de modernité. Malgré le très bon travail de certains médias (TEL QUEL, LE JOURNAL HEBDO, les radios, etc.), ce genre de débat, quand il y en a un, ne touche malheureusement pas tous les Marocains. Et ce n’est pas la décision du festival de Carthagena qui va aider à changer la situation. Décision étrange d’ailleurs : Nadia Yassine et Ali Lmrabet s’expriment régulièrement dans les journaux marocains. Pourquoi les écarter alors ? Mystère. Sont-ils moins marocains que moi ? Moins « fashion » peut-être ?! Plus « dangereux » ?
Prendre la parole au Maroc n’est pas facile. Je sais de quoi je parle. J’ai grandi dans une famille pauvre à Salé, en face de la capitale Rabat, dans la soumission et l’isolement total. C’était comme si le Maroc ne m’appartenait pas à moi aussi. Comme si la société marocaine n’existait pas. On ne m’a jamais appris à parler. On m’a dit de me taire : c’était ça être bien élevé. On m’a répété jour après jour, année après année, que les murs avaient des oreilles. Que nous, nous sommes les pauvres. Eternellement. On m’a donné une vision trop simpliste de la religion. La peur comme programme. La peur pour la vie. La peur pour ne jamais sortir ni de la misère ni de l’ignorance. La peur qui vous bloque, vous tue et vous prépare à l’autodestruction ou bien l’extrémisme.
Prendre la parole au Maroc est un luxe. Il est de la responsabilité de ceux qui peuvent le faire de parler pour les autres, de dénoncer, de créer le débat. Bouleverser, choquer. Il n’y a que comme ça qu’on peut changer le monde, obtenir des droits. Devenir, enfin, maître de soi.
J’entendais souvent au Maroc des excommunications à propos de tel ou untel qui aurait soi-disant trahi le Maroc et ses idéaux. J’entendais ce genre de phrases : « Il n’est pas Marocain, lui. Il ne l’a jamais été. Il ne le sera jamais. » Aujourd’hui, on entende aussi, de plus en plus, ces autres phrases : « Il n’est pas musulman, un bon musulman, lui. » Un mécréant, alors ? Ces négations dangereuses, et qui détournent l’attention des vrais sujets, sont proférées aussi, malheureusement, par certains intellectuels et artistes. Ces négations n’aident pas le Marocain à se relever pour crier, pour exister.
En mai 2007, j’ai entendu ces mêmes jugements scandaleux à propos des deux frères qui ont commis à Casablanca un double attentat suicide. Après avoir erré presque deux jours dans les rues, ils se sont faits explosé non loin du consulat américain. Ils n’ont tué personne. Juste eux-mêmes. C’était le comble du désespoir dans lequel vit depuis trop longtemps la jeunesse marocaine. C’était un cri du c½ur, des tripes. Un appel à la société marocaine. Il n’a pas été entendu. On estimait sans doute que ce n’était pas notre faute, ni notre responsabilité. Normal, ces deux frères n’étaient pas des Marocains. N’est-ce pas ?!
Qui l’est alors ?
Fuente: Bitácora Almendrón. Tribuna Libre © Miguel Moliné Escalona
>Vietnam y Australia también censuran en Internet
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Todos aquellos proveedores de servicios de Internet que alojen blogs que vulneren la normativa asumirán la responsabilidad de sus contenidos. Sin embargo, la circular no especifica si también procesarán a servidores en el extranjero,como Yahoo o Google, aunque el Gobierno vietnamita buscará su colaboración para implementar el cumplimiento de la regulación.
El pasado agosto, el Gobierno de Vietnam, donde cerca de 21 millones de personas dispone de acceso a Internet, ya emitió un decreto oficial sobre la gestión de la información en la red, pero no detalló provisiones sobre la actividad de losbloggers.
Al contrario que China, cuyas autoridades habitualmente bloquean miles de páginas web de disidentes políticos, la administración de Internet en Vietnam ha permitido hasta ahora a los internautas un amplio grado de libertad.
10.000 sitios bloqueados
La censura en Internet, sin embargo, no es exclusiva de dictaduras. Australia tiene un proceso para bloquear el acceso de 10.000 páginas web, con un coste aproximado de 70 millones de dólares, unos 50 millones de euros.
El gobierno australiano, según informa Noticiasdot.com, no ha revelado la composición del catalogo aunque sí ha explicado que en ellos se encuentran redes P2P, pornografía infantil y contenidos extremistas.
La respuesta no se ha hecho esperar. Los críticos argumentan que la Administración podría llegar a censurar sitios con ideas políticas contrarias o sitios legales con información sexual. También los proveedores de Internet avisan: el sistema de bloqueo reducirá la velocidad de acceso a la Red un 85%.
>Google, Microsoft y Yahoo! censuran la ‘BBC’, ‘The New York Times’ y ‘Time’ en China
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Yahoo! es la multinacional que sale peor parada en el minucioso análisis realizado por esta organización acerca de cómo colaboran estas compañías para convertir a la censura china en la más potente y sofisticada del mundo.
Los niveles de censura de Yahoo! son similares a las de páginas chinas como Baidu, indica el informe. En cn.yahoo.com sólo se tiene acceso a 8 de las 25 web que HRW ha analizado y a las que se puede acceder en el resto del mundo.
En el resultado de estas búsquedas, Yahoo! sólo indica que “los resultados extra han sido filtrados”, mientras que aparece un “no encontrado” cuando se trata de acceder a las web de la emisora Radio Free Asia (rfa.org) y de NYT (nytimes.com).
La pobreza de resultados es incluso superior a la web china Baidu, que permite acceder a 9 de estas búsquedas, y tiene censuradas las web de BBC, Radio Free Asia y la de la propia HRW.
El informe, de 149 páginas, y titulado Una carrera hacia el fondo: Complicidad corporativa en la censura china en Internet , analiza a cuatro multinacionales de internet (Yahoo!, Microsoft,Google y Skype) y las compara con una china, Baidu.
De las 25 búsquedas intentadas con MSN, sólo 15 produjeron resultados, y entre las web censuradas están páginas de Falun Gong y la revista “Time”.
En el resultado, MSN informa de que “algunos resultados de la búsqueda han sido eliminados”. Google permite que aparezcan 17 de las 25 web buscadas, e informa de la censura: “Según las leyes locales, normativas y políticas, una parte de la búsqueda no aparece”.
Entre las que no aparecen está la Campaña Internacional por el Tíbet (savetibet.org), BBC y HRW.
Conversaciones prohibidas
En cuanto a la versión china del sistema de conversación de voz Skype, en las conversaciones de texto on line están censuradas las palabras “críticas” con el régimen.
Cada una de estas empresas se ha vinculado a la censura china de forma distinta, y lo han justificado señalando que actúan conforme a la ley china, aunque ninguna de ellas ha podido especificar a qué ley se refieren, señala HRW.
A diferencia del resto, Yahoo! ha sido la única que se ha adherido al “Compromiso público para la auto-disciplina en la industria china de internet”, propuesto por la Sociedad China de Internet.
Los vínculos de Microsoft van a parar directamente al poder, ya que está asociada en China con Shanghai Alliance Investmen Ltd (SAIL) para su servicio de MSN desde mayo de 2005, una empresa liderada por Jiang Mianheng, hijo del anterior presidente chino, Jiang Zemin. En el caso de Google, un bloqueo sufrido en 2002 por parte del gobierno chino parece haber conseguido su efecto, ya que, según HRW, practica la auto-censura.
Y en el de Skype, se acogen a una normativa china que su director ejecutivo, Niklas Zennstrom, no ha podido especificar. HRW, que cuenta con observadores en Hong Kong, Londres, Nueva York y Berkeley, insta en su informe a Estados Unidos y la Unión Europea a aprobar una ley que prohíba a estas compañías colaborar con la censura y acumular datos personales de los usuarios chinos que permitan su detención, como ha hecho Yahoo! en cuatro ocasiones.
La organización propone también que se apruebe el Acta de Libertad Global en Internet 2006, presentada después de que Yahoo!, Microsoft, Google y Cisco rindieran cuentas ante el congreso de EEUU en febrero pasado por su carencia de ética en sus web chinas.
El país asiático es el segundo mayor por número de usuarios de internet con 111 millones (por detrás de EEUU), y a pesar de que en las últimas décadas ha registrado una espectacular apertura económica, las libertades se han visto reducidas, sobre todo desde la llegada al poder del presidente Hu Jintao en 2003.
>La escena del crimen
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Por Sergio Ramírez, escritor. Fue vicepresidente del Gobierno de Nicaragua en los años ochenta (EL PAÍS, 16/10/08): Este domingo, muy temprano en la mañana, fuerzas de la Policía Nacional de Nicaragua, actuando bajo las órdenes de un juez, rompieron con mazos y barras las puertas del pequeño edificio que aloja las oficinas de la Fundación Cinco que preside el periodista Carlos Fernando Chamorro, como si se tratara de entrar al cuartel de unos traficantes de drogas. Ya allanado el local, el fiscal que encabezaba el operativo procedió a requisar los archivos de la fundación. Una operación parecida se había consumado la noche anterior en las oficinas del Movimiento Autónomo de Mujeres (MAM), y otras 15 organizaciones de mujeres, derechos humanos, promoción del voto y defensa de los derechos políticos de los ciudadanos. Un amplio perímetro alrededor de la sede de la fundación fue rodeado por destacamentos policiales mientras duró el operativo, impidiendo el ingreso de personas y el tráfico de vehículos, y las calles de acceso fueron cerradas con cintas amarillas en las que se leía “escena del crimen”. ¿Cuál es el crimen cometido, que merece semejante despliegue y el secuestro de los archivos de organizaciones como la Fundación Cinco y el Movimiento Autónomo de Mujeres? Oponerse al régimen de Daniel Ortega, la corrupción, y los abusos de poder. La Fundación Cinco, que preside Carlos Fernando, se dedica a promover estudios e investigaciones sobre la comunicación y problemas sociales y ciudadanos, y lo hace con recursos donados por organizaciones internacionales, entre ellas Oxfam. Y algunas veces, esas investigaciones se realizan en colaboración con otras organizaciones, como el Movimiento Autónomo de Mujeres. Son actividades normales en cualquier país normal. No en Nicaragua. Los medios oficiales de propaganda, a cargo de la primera dama Rosario Murillo, empezaron a acusar hace semanas a Carlos Fernando Chamorro de triangular ilícitamente fondos, y lo declararon de antemano culpable de lavado de dinero, como parte de una feroz campaña de descrédito. A esta campaña siguió la acción de la Fiscalía General, que ya había citado a declarar a Chamorro, durante cinco horas, sin que en ningún momento se le señalara el delito por el cual se le investigaba, algo que viola las garantías del proceso penal justo que manda la Constitución. El fiscal que consumó el allanamiento y el secuestro de los archivos de la Fundación Cinco tampoco explicó cuáles eran los delitos investigados, y se llevó un total de 15.000 folios, entre estudios, proyectos, correspondencia, estados contables, además de cinco computadoras, cuyos datos no fueron sometidos a comprobación en el acto del secuestro, y podrán ser falseados. ¿Por qué todos estos atropellos? Carlos Fernando Chamorro, hijo de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, el legendario director del diario La Prensa asesinado por la dictadura de Somoza en enero de 1978, es el conductor de Esta Semana, el programa de televisión de información y análisis político que tiene el mayor índice de audiencia. Dirige también el semanario Confidencial, y la Fundación Cinco. Y en su trabajo de periodista es culpable del delito de exponer, a través de rigurosos trabajos de investigación, negocios ilícitos que se consuman al amparo del Gobierno. Uno de estos casos fue la formación de una compañía fantasma, con gente del círculo de Ortega como verdaderos dueños, organizada para explotar plantas térmicas de producción de energía eléctrica, que sería vendida al Estado a precios sobrevalorados. El otro, el chantaje ejercido, también por gente del círculo de Ortega, sobre empresarios de una compañía de desarrollo turístico en las playas del Pacífico, para obligarlos a darles una tajada en el negocio, un chanchullo que Chamorro expuso con grabaciones de las conversaciones entre los implicados. ¿Y el delito de las dirigentes del Movimiento Autónomo de Mujeres? Su campaña constante y sostenida en contra de la prohibición del aborto terapéutico, una prohibición medieval impuesta por el régimen de los esposos Ortega. La represión contra Carlos Fernando Chamorro no termina con el allanamiento violento de la Fundación Cinco. No hay duda de que la Fiscalía General está preparando la acusación criminal en contra suya, si no está ya redactada y lista para ser presentada a los jueces penales, en su inmensa mayoría fieles a los mandatos de Ortega, tan fieles como los fiscales. No importa que no haya bases jurídicas, no importa que se violenten las leyes, no importa que no se respeten las garantías procesales. El objetivo es convertir a Carlos Fernando en rehén, para buscar cómo acallar el ejercicio de su periodismo crítico con la amenaza de la cárcel, o meterlo en la cárcel para escarmiento suyo y de los que se atrevan a denunciar la corrupción y la ilegalidad. Asunto que tampoco termina allí. Ya que Ortega pretende quedarse en el poder, reformando la Constitución Política que prohíbe la reelección, necesita silencio y sumisión, y las voces que disienten y critican resultan contrarias a su proyecto de control, que no se extiende sólo a las instituciones públicas, control que ya tiene, sino también a las entidades de la sociedad civil, empezando por los medios independientes de comunicación. Pronto veremos a toda Nicaragua rodeada por la cinta amarilla en la que se leerá “escena del crimen”.
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