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¿Error de cálculo de Hizbulah?

Por Fawaz A. Gerges, de la cátedra Christian A. Johnson de Oriente Medio del Sarah Lawrence College. Autor de El viaje del yihadista. Dentro de la militancia musulmana, Ed. Libros de Vanguardia. Traducción: José María Puig de la Bellacasa (LA VANGUARDIA, 22/05/08):

Aprincipios de mayo, Hizbulah (el Partido de Dios) hizo lo inconcebible al apuntar sus armas contra sus oponentes internos en Líbano, a los que batió en retirada. Los chiíes, haciendo alarde de su capacidad militar, han demostrado ser la fuerza más poderosa en ese país, más que el propio Estado.

Pero la victoria de Hizbulah podría revelarse, en último extremo, contraproducente. Hizbulah enterró al principio una manera de pensar de la Administración Bush y sus aliados en la región, caracterizada por la propensión a hacerse ilusiones (con efectos devastadores), pues juzgaron que podrían aislar a la poderosa organización chií. La misma Administración, además, infravaloró la legitimidad y atractivo popular de Hizbulah entre la población libanesa e incluso entre el mundo árabe suní. Aunque pocos dudaban de la capacidad militar de Hizbulah, muchos pensaron que esta organización se limitaría a emplear su arsenal para defender al país contra Israel. Desde el término de la guerra civil de Líbano en 1991, se había interpretado que Hizbulah no apuntaría contra las fuerzas rivales prooccidentales en casa. Los dirigentes de Hizbulah habían recalcado que no querían dar al traste con el frágil equilibrio confesional ni implantar un régimen islámico al estilo iraní. Pero un estudiante de Periodismo de la Universidad Libanesa de Beirut, simpatizante de Hizbulah, me ha confesado: “El recurso de Hizbulah a la fuerza contra sus oponentes progubernamentales nos ha decepcionado enormemente, a mí y a otros estudiantes”. Mi prima Mariana, uno de los muchos cristianos libaneses que solían defender en público a Hizbulah, me ha llamado para decirme que ha dejado de confiar en la resistencia.”Hizbulah – me ha dicho- nos ha apuñalado por la espalda. Nasralah (líder del partido) es otro señor de la guerra libanés”.

Algunos de los partidarios más leales de Hizbulah criticaron la decisión de esta organización de emplear la fuerza contra la coalición gobernante proestadounidense en Líbano, y advirtieron que empantanarse en el cenagal político libanés desacredita y deslegitima a la resistencia.”Al volver sus armas contra el pueblo – ha dicho un comentarista egipcio- Hizbulah descubre su verdadero rostro e intenciones agresivas. Hizbulah ha abandonado sus elevadas exigencias morales y su mito ha quedado hecho trizas”. En una entrevista a la cadena Al Yazira, el líder del Grupo Islámico de Líbano – principal organización suní, cuyos vínculos con Hizbulah datan de los años ochenta- dijo que las acciones de Hizbulah le distanciaban de la opinión pública suní y le convertían en una milicia sectaria. “Hizbulah – añadió Faisal Malawi, elemento de la línea dura en los años setenta- está en guerra con el resto de la población de Líbano e intenta imponer sus puntos de vista. La unidad suní-chií ha recibido un golpe mortal”.

El control transitorio de Hizbulah sobre el Beirut occidental suní, capital de Líbano y hogar de la comunidad rival suní, ha echado leña al fuego de un incendio sectario de mayores proporciones en la región, testigo de una lucha a brazo partido entre suníes y chiíes azuzada por la guerra en Iraq y la creciente influencia de Irán. Aunque la crisis de Líbano es fundamentalmente política, la lucha de poder sobre los recursos y la política exterior ha adquirido recientemente connotaciones sectarias. Los dirigentes de Hizbulah se han esforzado por minimizar el carácter de la crisis asociado a las distintas comunidades, pero sus enemigos internos y externos los han acusado de ser un instrumento del gobierno iraní chií.

La Administración Bush ha afirmado que Hizbulah no habría actuado tan descaradamente sin contar con algún tipo de luz verde por parte de Irán. Los regímenes árabes de orientación suní favorables a Estados Unidos como Arabia saudí, Egipto y Jordania han atacado a Hizbulah por estar al servicio de los designios imperialistas iraníes en la región.

El Grupo Islámico de Egipto ha acusado a Hizbulah de engañar a los suníes enmascarando su auténtica agenda iraní bajo la etiqueta de la resistencia armada contra Israel: “La ocupación de Beirut a cargo de Hizbulah constituye el primer paso de una operación para dominar Líbano convirtiéndolo en un Estado chií”.

Después de que Hizbulah resistiera una guerra de 33 días con Israel en julio del 2006, su popularidad se disparó en todo el mundo musulmán. En todos los rincones de la región que he tenido ocasión de visitar, las posturas y eslóganes de Nasralah eran bien visibles en paredes y fachadas de diversos edificios públicos, automóviles, etcétera. Según los sondeos de opinión, el jefe de Hizbulah, Sayyid Hasan Nasralah, ocupa el primer lugar de la lista de los líderes musulmanes más apreciados y admirados. Durante el Ramadán, el mes santo de ayuno y reflexión espiritual, los vendedores llamaron Nasralah a sus dátiles mejores y más caros.

El talante árabe parece haber variado con relación a Hizbulah. Los suníes juzgan crecientemente a la organización chií en términos comunitarios o de tendencia, como un brazo de la política exterior iraní.

Hizbulah (en mayor medida de lo que hubieran podido dañarle sus propios enemigos) ha minado inconscientemente su propia causa como movimiento de resistencia nacionalista. Ha caído en la trampa de la política libanesa confesional.

Hizbulah podría haber ganado una batalla contra sus oponentes internos pero ha perdido frente a la opinión pública árabe y musulmana actual. Al descubierto en Líbano y en la región, afrontaría mayores dificultades en caso de dirigirse contra Israel.

En espera de las secuelas políticas de todo ello, los dirigentes de Hizbulah han subrayado que su campaña militar era de alcance limitado y en reacción a dos decisiones gubernamentales contra las telecomunicaciones del partido y del jefe de seguridad del aeropuerto de Beirut. Pero de la noche a la mañana acusaron a la Administración Bush y sus aliados de azuzar al Gobierno libanés contra su infraestructura: una declaración de guerra.

Hizbulah ha actuado con celeridad para mitigar las tensiones entre suníes y chiíes y sacar provecho político de su éxito militar: “Queremos un acuerdo político – ha dicho Naim Kasem- que no resulte en vencedores y vencidos”. Después de que el Gobierno abrogara ambas medidas, el partido retiró a sus milicianos de Beirut oeste, finalizó su campaña de desobediencia civil y accedió a participar en un diálogo nacional con mediación de la Liga Árabe en Doha, Qatar.

Líbano ha estado en punto muerto, políticamente, desde hace más de un año y sin presidente desde noviembre del 2007, en parte por la incapacidad de las comunidades enfrentadas para comprometer a Hizbulah y a la comunidad chií en el empeño de un nuevo pacto social y en la democratización de las instituiciones.

Hizbulah sabe que sus rivales se sienten humillados y vencidos y se hallan en precaria situación; sin embargo, cometería un grave error si juzgara que puede dictar un acuerdo en calidad de vencedor.

El futuro de cualquier gobierno dependerá de si Hizbulah se aviene a realizar la transición de una organización paramilitar en un partido político hecho y derecho con los compromisos que entraña tal actitud.

Los recientes acontecimientos no resultan prometedores al respecto.

mayo 27, 2008 Publicado por | Líbano | Dejar un comentario

>¿Error de cálculo de Hizbulah?

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Por Fawaz A. Gerges, de la cátedra Christian A. Johnson de Oriente Medio del Sarah Lawrence College. Autor de El viaje del yihadista. Dentro de la militancia musulmana, Ed. Libros de Vanguardia. Traducción: José María Puig de la Bellacasa (LA VANGUARDIA, 22/05/08):

Aprincipios de mayo, Hizbulah (el Partido de Dios) hizo lo inconcebible al apuntar sus armas contra sus oponentes internos en Líbano, a los que batió en retirada. Los chiíes, haciendo alarde de su capacidad militar, han demostrado ser la fuerza más poderosa en ese país, más que el propio Estado.

Pero la victoria de Hizbulah podría revelarse, en último extremo, contraproducente. Hizbulah enterró al principio una manera de pensar de la Administración Bush y sus aliados en la región, caracterizada por la propensión a hacerse ilusiones (con efectos devastadores), pues juzgaron que podrían aislar a la poderosa organización chií. La misma Administración, además, infravaloró la legitimidad y atractivo popular de Hizbulah entre la población libanesa e incluso entre el mundo árabe suní. Aunque pocos dudaban de la capacidad militar de Hizbulah, muchos pensaron que esta organización se limitaría a emplear su arsenal para defender al país contra Israel. Desde el término de la guerra civil de Líbano en 1991, se había interpretado que Hizbulah no apuntaría contra las fuerzas rivales prooccidentales en casa. Los dirigentes de Hizbulah habían recalcado que no querían dar al traste con el frágil equilibrio confesional ni implantar un régimen islámico al estilo iraní. Pero un estudiante de Periodismo de la Universidad Libanesa de Beirut, simpatizante de Hizbulah, me ha confesado: “El recurso de Hizbulah a la fuerza contra sus oponentes progubernamentales nos ha decepcionado enormemente, a mí y a otros estudiantes”. Mi prima Mariana, uno de los muchos cristianos libaneses que solían defender en público a Hizbulah, me ha llamado para decirme que ha dejado de confiar en la resistencia.”Hizbulah – me ha dicho- nos ha apuñalado por la espalda. Nasralah (líder del partido) es otro señor de la guerra libanés”.

Algunos de los partidarios más leales de Hizbulah criticaron la decisión de esta organización de emplear la fuerza contra la coalición gobernante proestadounidense en Líbano, y advirtieron que empantanarse en el cenagal político libanés desacredita y deslegitima a la resistencia.”Al volver sus armas contra el pueblo – ha dicho un comentarista egipcio- Hizbulah descubre su verdadero rostro e intenciones agresivas. Hizbulah ha abandonado sus elevadas exigencias morales y su mito ha quedado hecho trizas”. En una entrevista a la cadena Al Yazira, el líder del Grupo Islámico de Líbano – principal organización suní, cuyos vínculos con Hizbulah datan de los años ochenta- dijo que las acciones de Hizbulah le distanciaban de la opinión pública suní y le convertían en una milicia sectaria. “Hizbulah – añadió Faisal Malawi, elemento de la línea dura en los años setenta- está en guerra con el resto de la población de Líbano e intenta imponer sus puntos de vista. La unidad suní-chií ha recibido un golpe mortal”.

El control transitorio de Hizbulah sobre el Beirut occidental suní, capital de Líbano y hogar de la comunidad rival suní, ha echado leña al fuego de un incendio sectario de mayores proporciones en la región, testigo de una lucha a brazo partido entre suníes y chiíes azuzada por la guerra en Iraq y la creciente influencia de Irán. Aunque la crisis de Líbano es fundamentalmente política, la lucha de poder sobre los recursos y la política exterior ha adquirido recientemente connotaciones sectarias. Los dirigentes de Hizbulah se han esforzado por minimizar el carácter de la crisis asociado a las distintas comunidades, pero sus enemigos internos y externos los han acusado de ser un instrumento del gobierno iraní chií.

La Administración Bush ha afirmado que Hizbulah no habría actuado tan descaradamente sin contar con algún tipo de luz verde por parte de Irán. Los regímenes árabes de orientación suní favorables a Estados Unidos como Arabia saudí, Egipto y Jordania han atacado a Hizbulah por estar al servicio de los designios imperialistas iraníes en la región.

El Grupo Islámico de Egipto ha acusado a Hizbulah de engañar a los suníes enmascarando su auténtica agenda iraní bajo la etiqueta de la resistencia armada contra Israel: “La ocupación de Beirut a cargo de Hizbulah constituye el primer paso de una operación para dominar Líbano convirtiéndolo en un Estado chií”.

Después de que Hizbulah resistiera una guerra de 33 días con Israel en julio del 2006, su popularidad se disparó en todo el mundo musulmán. En todos los rincones de la región que he tenido ocasión de visitar, las posturas y eslóganes de Nasralah eran bien visibles en paredes y fachadas de diversos edificios públicos, automóviles, etcétera. Según los sondeos de opinión, el jefe de Hizbulah, Sayyid Hasan Nasralah, ocupa el primer lugar de la lista de los líderes musulmanes más apreciados y admirados. Durante el Ramadán, el mes santo de ayuno y reflexión espiritual, los vendedores llamaron Nasralah a sus dátiles mejores y más caros.

El talante árabe parece haber variado con relación a Hizbulah. Los suníes juzgan crecientemente a la organización chií en términos comunitarios o de tendencia, como un brazo de la política exterior iraní.

Hizbulah (en mayor medida de lo que hubieran podido dañarle sus propios enemigos) ha minado inconscientemente su propia causa como movimiento de resistencia nacionalista. Ha caído en la trampa de la política libanesa confesional.

Hizbulah podría haber ganado una batalla contra sus oponentes internos pero ha perdido frente a la opinión pública árabe y musulmana actual. Al descubierto en Líbano y en la región, afrontaría mayores dificultades en caso de dirigirse contra Israel.

En espera de las secuelas políticas de todo ello, los dirigentes de Hizbulah han subrayado que su campaña militar era de alcance limitado y en reacción a dos decisiones gubernamentales contra las telecomunicaciones del partido y del jefe de seguridad del aeropuerto de Beirut. Pero de la noche a la mañana acusaron a la Administración Bush y sus aliados de azuzar al Gobierno libanés contra su infraestructura: una declaración de guerra.

Hizbulah ha actuado con celeridad para mitigar las tensiones entre suníes y chiíes y sacar provecho político de su éxito militar: “Queremos un acuerdo político – ha dicho Naim Kasem- que no resulte en vencedores y vencidos”. Después de que el Gobierno abrogara ambas medidas, el partido retiró a sus milicianos de Beirut oeste, finalizó su campaña de desobediencia civil y accedió a participar en un diálogo nacional con mediación de la Liga Árabe en Doha, Qatar.

Líbano ha estado en punto muerto, políticamente, desde hace más de un año y sin presidente desde noviembre del 2007, en parte por la incapacidad de las comunidades enfrentadas para comprometer a Hizbulah y a la comunidad chií en el empeño de un nuevo pacto social y en la democratización de las instituiciones.

Hizbulah sabe que sus rivales se sienten humillados y vencidos y se hallan en precaria situación; sin embargo, cometería un grave error si juzgara que puede dictar un acuerdo en calidad de vencedor.

El futuro de cualquier gobierno dependerá de si Hizbulah se aviene a realizar la transición de una organización paramilitar en un partido político hecho y derecho con los compromisos que entraña tal actitud.

Los recientes acontecimientos no resultan prometedores al respecto.

mayo 27, 2008 Publicado por | Líbano | Dejar un comentario

>Líbano, ¿ante otra fase de destrucción?

>

Por Mariano Aguirre (EL CORREO DIGITAL, 13/05/08):

El jueves pasado Líbano estalló otra vez. Como ha ocurrido antes, en la guerra civil que asoló el país entre 1975 y 1990, durante la invasión de Israel para expulsar a la Organización para la Liberación de Palestina en 1982, en el curso de la guerra entre las fuerzas israelíes y Hezbolá en 2006 y con motivo de la lucha entre el ejército y un grupo radical palestino en 2007.

Esta vez el grupo chií Hezbolá (Partido de Dios), la fuerza militar y política más relevante del país, decidió hacer una exhibición de poder para presionar al débil Gobierno de coalición y conseguir más peso en las instituciones del Estado. Se calcula que el brazo armado de esta organización, la Resistencia Islámica, cuenta con unos 1.000 efectivos y un arsenal que le permitió enfrentarse y contener al ejército israelí en 2006.

La semana pasada el Gobierno de coalición, sostenido especialmente por EE UU y Francia, decidió ilegalizar la red de telefonía que ha organizado Hezbolá, y destituyó al jefe del aeropuerto de Beirut, un general miembro también de este grupo. El Ejecutivo actuó empujado por el líder del Partido Socialista Progresista (PSP), Walid Yumblat, quien el 3 de mayo también exigió que se expulsara del país al embajador de Irán y se prohibiesen los vuelos de Irán Air a Beirut. Yumblat acusó a Hezbolá de estar preparando atentados, asesinatos y secuestros, y aseguró que Irán estaría facilitando armas a este grupo.

En los días siguientes, el ejército controló Beirut mientras Hezbolá se replegaba, pero los enfrentamientos entre esta organización chií y grupos armados suníes y cristianos se han extendido por otras ciudades y zonas del país. Persiste el temor de que Líbano pueda volver a sufrir una guerra civil.

Hezbolá y el grupo Amal (también chiíes) están abiertamente apoyados por Siria y se supone que por Irán, mientras que el Gobierno de coalición (cristianos y suníes) tiene el respaldo de Francia, EE UU y los gobiernos suníes de Arabia Saudí, Egipto y Jordania.

Siria ocupó el país militarmente entre 1979 y 2005. En 2004, el primer ministro Rafic Hariri se alió con París y Washington para acabar con la presencia siria. Desafiar a Damasco le costó la vida, pero puso en marcha un movimiento popular que llevó a la salida de Siria en 2005. Su hijo, Saad Hariri, heredó su liderazgo. La creación de un tribunal internacional bajo mandato de la ONU para investigar las responsabilidades en el asesinato de Hariri es un factor de tensión, y especialmente sentido por Siria y Hezbolá.

Siria ha continuado influyendo sobre este país, que le otorga, a la vez, protección y proyección respecto de Israel. Para Irán, el apoyo a Hezbolá es una forma de ganar influencia en la región. La zona sur de Líbano está controlada por una fuerza internacional de 13.000 soldados bajo mandato de Naciones Unidas (UNIFIL II) en la que hay efectivos franceses, italianos y españoles, entre otras nacionalidades. UNIFIL II sirve, a la vez, para evitar que Hezbolá lance ataques con misiles contra Israel y para que este país no invada Líbano. En los últimos meses se ha intensificado la actividad militar a ambos lados de la frontera israelí-libanesa, y algunos analistas temen que puedan reanudarse los enfrentamientos. A España le corresponde asumir en breve el mando de esta misión.

Como respuesta ante las medidas del Gobierno, Hezbolá tomó la semana pasada el aeropuerto y parte de Beirut junto con los medios de comunicación que controla Hariri. «La decisión del Gobierno -dijo Sayyed Hassan Nasrallah, el jefe de Hezbolá -equivale a una declaración de guerra contra la resistencia, en beneficio de EE UU e Israel».

Desde hace dos años, el Gobierno y la oposición se encuentran en una negociación bloqueada. Hezbolá y el Movimiento para el Futuro tienen aliados entre los grupos cristianos y drusos. En los últimos seis meses no se ha podido llegar a un acuerdo para contar con un presidente y el Parlamento no funciona. Saad Hariri, del Movimiento del Futuro, lidera el Ejecutivo de coalición.

Líbano es formalmente un Estado secular que cuenta con diecisiete identidades religiosas legalmente reconocidas: cristianos maronitas, drusos, chiíes, suníes, cristianos ortodoxos, alawitas, protestantes y coptos, entre otros. De acuerdo con el pacto que promovió Francia en 1943 cuando dejó de ser potencia colonial, cada grupo tiene derecho a una cuota en las instituciones del Estado, incluyendo las fuerzas armadas y el acceso al empleo. Esa cuota se basa en el censo de 1932, que mostraba que el 54% de la población era cristiana. Según el pacto postcolonial el presidente sería maronita, el primer ministro un musulmán suní, y el portavoz del Parlamento un musulmán chií. En más de seis décadas la composición demográfica ha cambiado: los cristianos son ahora minoría, y la mayoría musulmana suní está cuestionada por los chiíes. Hezbolá, el grupo que los representa, comenzó luchando contra Israel y EE UU en los años 80, y ganó legitimidad al lograr que Israel se retirase de la zona que ocupaba en el sur del país en 2000.

El ejército, pese a estar formado por las diferentes identidades, es la única institución que permanece unida pero trata de estar al margen de los enfrentamientos. Su situación es muy particular porque provee estabilidad pero evita inmiscuirse en las luchas entre las diferentes facciones. Todos están de acuerdo en que, si interviniese, la guerra civil sería inevitable. Por esto, la ofensiva de Hezbolá de la semana pasada es muy peligrosa porque, ante la amenaza de tomar el control del Estado, el Gobierno podría decidir la utilización del ejército. Por el momento, el primer ministro suní, Fouad Siniora, tuvo el cuidado de anunciar que no lo usaría contra Hezbolá.

Por otro lado, Nasrallah siempre ha dicho que no emplearía sus fuerzas contra otros grupos de Líbano, pero con su acción de estos días, y con más de 40 muertos hasta el momento en esta crisis, ha dado a entender que podría usar las armas contra los suníes. La intención de Hezbolá no sería controlar Líbano, algo imposible dada la fragmentación de identidades y de poder, sino presionar al Gobierno y a los otros grupos para que reconozcan su fuerza y le otorguen un papel más predominante en las instituciones. El fin de semana, los enfrentamientos mostraron la fragmentación del país. Por ejemplo, en la zona montañosa alrededor de Aley hubo choques armados entre grupos chiíes y drusos. La única salida para Líbano es un pacto democrático entre las diferentes identidades, la delegación del uso legítimo de la fuerza en el ejército y el fin de las interferencias directas e indirectas de países extranjeros.

mayo 15, 2008 Publicado por | Líbano | Dejar un comentario

Líbano, ¿ante otra fase de destrucción?

Por Mariano Aguirre (EL CORREO DIGITAL, 13/05/08):

El jueves pasado Líbano estalló otra vez. Como ha ocurrido antes, en la guerra civil que asoló el país entre 1975 y 1990, durante la invasión de Israel para expulsar a la Organización para la Liberación de Palestina en 1982, en el curso de la guerra entre las fuerzas israelíes y Hezbolá en 2006 y con motivo de la lucha entre el ejército y un grupo radical palestino en 2007.

Esta vez el grupo chií Hezbolá (Partido de Dios), la fuerza militar y política más relevante del país, decidió hacer una exhibición de poder para presionar al débil Gobierno de coalición y conseguir más peso en las instituciones del Estado. Se calcula que el brazo armado de esta organización, la Resistencia Islámica, cuenta con unos 1.000 efectivos y un arsenal que le permitió enfrentarse y contener al ejército israelí en 2006.

La semana pasada el Gobierno de coalición, sostenido especialmente por EE UU y Francia, decidió ilegalizar la red de telefonía que ha organizado Hezbolá, y destituyó al jefe del aeropuerto de Beirut, un general miembro también de este grupo. El Ejecutivo actuó empujado por el líder del Partido Socialista Progresista (PSP), Walid Yumblat, quien el 3 de mayo también exigió que se expulsara del país al embajador de Irán y se prohibiesen los vuelos de Irán Air a Beirut. Yumblat acusó a Hezbolá de estar preparando atentados, asesinatos y secuestros, y aseguró que Irán estaría facilitando armas a este grupo.

En los días siguientes, el ejército controló Beirut mientras Hezbolá se replegaba, pero los enfrentamientos entre esta organización chií y grupos armados suníes y cristianos se han extendido por otras ciudades y zonas del país. Persiste el temor de que Líbano pueda volver a sufrir una guerra civil.

Hezbolá y el grupo Amal (también chiíes) están abiertamente apoyados por Siria y se supone que por Irán, mientras que el Gobierno de coalición (cristianos y suníes) tiene el respaldo de Francia, EE UU y los gobiernos suníes de Arabia Saudí, Egipto y Jordania.

Siria ocupó el país militarmente entre 1979 y 2005. En 2004, el primer ministro Rafic Hariri se alió con París y Washington para acabar con la presencia siria. Desafiar a Damasco le costó la vida, pero puso en marcha un movimiento popular que llevó a la salida de Siria en 2005. Su hijo, Saad Hariri, heredó su liderazgo. La creación de un tribunal internacional bajo mandato de la ONU para investigar las responsabilidades en el asesinato de Hariri es un factor de tensión, y especialmente sentido por Siria y Hezbolá.

Siria ha continuado influyendo sobre este país, que le otorga, a la vez, protección y proyección respecto de Israel. Para Irán, el apoyo a Hezbolá es una forma de ganar influencia en la región. La zona sur de Líbano está controlada por una fuerza internacional de 13.000 soldados bajo mandato de Naciones Unidas (UNIFIL II) en la que hay efectivos franceses, italianos y españoles, entre otras nacionalidades. UNIFIL II sirve, a la vez, para evitar que Hezbolá lance ataques con misiles contra Israel y para que este país no invada Líbano. En los últimos meses se ha intensificado la actividad militar a ambos lados de la frontera israelí-libanesa, y algunos analistas temen que puedan reanudarse los enfrentamientos. A España le corresponde asumir en breve el mando de esta misión.

Como respuesta ante las medidas del Gobierno, Hezbolá tomó la semana pasada el aeropuerto y parte de Beirut junto con los medios de comunicación que controla Hariri. «La decisión del Gobierno -dijo Sayyed Hassan Nasrallah, el jefe de Hezbolá -equivale a una declaración de guerra contra la resistencia, en beneficio de EE UU e Israel».

Desde hace dos años, el Gobierno y la oposición se encuentran en una negociación bloqueada. Hezbolá y el Movimiento para el Futuro tienen aliados entre los grupos cristianos y drusos. En los últimos seis meses no se ha podido llegar a un acuerdo para contar con un presidente y el Parlamento no funciona. Saad Hariri, del Movimiento del Futuro, lidera el Ejecutivo de coalición.

Líbano es formalmente un Estado secular que cuenta con diecisiete identidades religiosas legalmente reconocidas: cristianos maronitas, drusos, chiíes, suníes, cristianos ortodoxos, alawitas, protestantes y coptos, entre otros. De acuerdo con el pacto que promovió Francia en 1943 cuando dejó de ser potencia colonial, cada grupo tiene derecho a una cuota en las instituciones del Estado, incluyendo las fuerzas armadas y el acceso al empleo. Esa cuota se basa en el censo de 1932, que mostraba que el 54% de la población era cristiana. Según el pacto postcolonial el presidente sería maronita, el primer ministro un musulmán suní, y el portavoz del Parlamento un musulmán chií. En más de seis décadas la composición demográfica ha cambiado: los cristianos son ahora minoría, y la mayoría musulmana suní está cuestionada por los chiíes. Hezbolá, el grupo que los representa, comenzó luchando contra Israel y EE UU en los años 80, y ganó legitimidad al lograr que Israel se retirase de la zona que ocupaba en el sur del país en 2000.

El ejército, pese a estar formado por las diferentes identidades, es la única institución que permanece unida pero trata de estar al margen de los enfrentamientos. Su situación es muy particular porque provee estabilidad pero evita inmiscuirse en las luchas entre las diferentes facciones. Todos están de acuerdo en que, si interviniese, la guerra civil sería inevitable. Por esto, la ofensiva de Hezbolá de la semana pasada es muy peligrosa porque, ante la amenaza de tomar el control del Estado, el Gobierno podría decidir la utilización del ejército. Por el momento, el primer ministro suní, Fouad Siniora, tuvo el cuidado de anunciar que no lo usaría contra Hezbolá.

Por otro lado, Nasrallah siempre ha dicho que no emplearía sus fuerzas contra otros grupos de Líbano, pero con su acción de estos días, y con más de 40 muertos hasta el momento en esta crisis, ha dado a entender que podría usar las armas contra los suníes. La intención de Hezbolá no sería controlar Líbano, algo imposible dada la fragmentación de identidades y de poder, sino presionar al Gobierno y a los otros grupos para que reconozcan su fuerza y le otorguen un papel más predominante en las instituciones. El fin de semana, los enfrentamientos mostraron la fragmentación del país. Por ejemplo, en la zona montañosa alrededor de Aley hubo choques armados entre grupos chiíes y drusos. La única salida para Líbano es un pacto democrático entre las diferentes identidades, la delegación del uso legítimo de la fuerza en el ejército y el fin de las interferencias directas e indirectas de países extranjeros.

mayo 15, 2008 Publicado por | Líbano | Dejar un comentario

>Líbano: ¿una tragedia importada?

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Por Pere Vilanova, catedrático de Ciencia Política de la UB (EL PERIÓDICO, 13/05/08):

Sea cual sea el resultado inmediato del estallido de violencia que sacude Beirut, es muy difícil adivinar los varios escenarios que se presentan a medio y largo plazo. Salvo uno, que podemos excluir casi con toda seguridad: que el Líbano recupere una plena estabilidad, que vuelva ser el modelo de referencia en cuanto a elecciones abiertas y competitivas, el modelo social e institucional que durante años fue la excepción en el variado abanico de regímenes políticos autoritarios del mundo árabe. Y, por ello, quizá convenga poner este nuevo estallido de violencia en perspectiva histórica. Porque, la verdad, uno se pregunta qué puede haber hecho un país de cuatro millones de habitantes, y una superficie que viene a ser la mitad de la de Catalunya, para tener tanta desgracia.

Es verdad que desde 1943, cuando de la mano de la Francia gaullista (que se impuso a la de Vichy en Oriente Próximo) consiguió en plena guerra mundial la independencia y se dotó de una original y sólida Constitución, creativa e integradora (el país es pequeño, pero muy complejo por la heterogeneidad de sus comunidades), el Líbano vivió una gran estabilidad política, económica y social. De sus 30 primeros años de existencia viene el famoso (y perdido) apodo de la Suiza de Oriente Próximo. Cierto, hubo un momento de inestabilidad en 1958, que incluyó un breve desembarco de marines norteamericanos a petición del Gobierno de la época, pero la crisis se cerró rápidamente.

El desastre empezó en abril de 1975, y no se ha cerrado. Se desencadenó una terrible guerra civil, a la que se invitaron demasiados vecinos, amigos, y no tan amigos. La chispa fue la matanza de los pasajeros de un autobús de refugiados palestinos que cruzaba un barrio cristiano de la capital. Ya entonces, como estos días, Beirut se partió en dos, el este y el oeste. La verdad es que las organizaciones armadas palestinas, expulsadas militarmente de Jordania en 1970 cuando la crisis de septiembre negro, campaban a sus anchas, incurriendo en todo tipo de provocaciones que a la larga fueron fatales. En aquella época, vale la pena recordarlo, llegó a haber más de una docena de grupos armados, aunque los chiís, resulta sorprendente, no tenían ninguno; no existían ni Hizbulá ni Amal, que aparecieron después de 1982.

EN UN BANDO, las facciones palestinas y diversos grupos libaneses sunís, más, a veces, sí, y a veces, no, los drusos del clan Jumblatt. En el otro, varios grupos armados cristianos, algunos netamente inspirados en la tradición fascista europea (más italiana que otra cosa), variedad que para 1982 la facción de la familia Gemayel unificó (a tiro limpio) en un único grupo llamado Fuerzas Libanesas. Como pueden observar, 1982 fue un mal año: Israel, de la mano de una pésima maniobra inventada pieza a pieza por Ariel Sharon, entonces ministro de Defensa, y avalada por el primer ministro israelí, Menajem Beguin, invadió el Líbano con la absurda pretensión de cambiar por completo su orientación política, aunque consiguió otro objetivo: expulsar a Arafat del país y, con él, a todas las facciones palestinas. Aunque los refugiados se quedaron, y lo pagaron caro. Conviene aquí recordar que a Sabra y Chatila (septiembre de 1982) siguieron otras matanzas de palestinos, estas a manos árabes: la segunda expulsión de la OLP del norte del Líbano por obra de tropas sirias, en octubre de 1983, la guerra contra los refugiados, que duró desde 1984 a 1987, en la que el trabajo sucio corrió a cargo de los dos grupos chiís recién creados, Amal e Hizbulá.

No olvidemos la brutal intervención militar siria de 1976, en la que borró del mapa literalmente dos campos palestinos, en Tall el Zatar y Qarantina, cerca del puerto de Beirut. Israel, que ya en 1978 había entrado hasta el río Litani, se retiró parcialmente en 1985, y finalmente, en mayo del 2000. Cometió de nuevo el error de entrar en verano del 2006, en una guerra de 34 días que perdió, simplemente porque no la ganó ni militarmente ni políticamente. Este factor es el que encumbró definitivamente a Hizbulá como el aglutinante de la comunidad chií, pero también de sectores cristianos (la facción del general Michel Aoun), contra el Gobierno y el Parlamento legítimamente surgidos de las elecciones del 2005.

SI AL LECTOR le parece todo esto complicado, hay que decirle que se trata de la versión simplificada. En teoría, 2005 era el año de la normalización política, de (por fin) la retirada de las tropas sirias después de 30 años de pesante presencia. Pero, desde entonces, una sospechosa cadena de asesinatos afectó en todos los casos a políticos netamente partidarios de reforzar la plena independencia del Líbano, es decir, antisirios: el exprimer ministro Rafik Hariri, Pierre Gemayel, el diputado Walid Eido, Antoine Ghanem, el general François Hajj, segundo jefe del Ejército, y Wisam Eid, que dirigía la inteligencia militar, y por ello, las investigaciones del asesinato de Hariri. Además de Israel y Siria, se han invitado a la mesa Irán, la Liga Árabe, junto con Estados Unidos y otros. ¿Cómo detener esta locura? La llave está fuera del Líbano, pero la nueva guerra civil, que van a librar libaneses, solo la pueden parar los libaneses.

mayo 15, 2008 Publicado por | Líbano | Dejar un comentario

Líbano: ¿una tragedia importada?

Por Pere Vilanova, catedrático de Ciencia Política de la UB (EL PERIÓDICO, 13/05/08):

Sea cual sea el resultado inmediato del estallido de violencia que sacude Beirut, es muy difícil adivinar los varios escenarios que se presentan a medio y largo plazo. Salvo uno, que podemos excluir casi con toda seguridad: que el Líbano recupere una plena estabilidad, que vuelva ser el modelo de referencia en cuanto a elecciones abiertas y competitivas, el modelo social e institucional que durante años fue la excepción en el variado abanico de regímenes políticos autoritarios del mundo árabe. Y, por ello, quizá convenga poner este nuevo estallido de violencia en perspectiva histórica. Porque, la verdad, uno se pregunta qué puede haber hecho un país de cuatro millones de habitantes, y una superficie que viene a ser la mitad de la de Catalunya, para tener tanta desgracia.

Es verdad que desde 1943, cuando de la mano de la Francia gaullista (que se impuso a la de Vichy en Oriente Próximo) consiguió en plena guerra mundial la independencia y se dotó de una original y sólida Constitución, creativa e integradora (el país es pequeño, pero muy complejo por la heterogeneidad de sus comunidades), el Líbano vivió una gran estabilidad política, económica y social. De sus 30 primeros años de existencia viene el famoso (y perdido) apodo de la Suiza de Oriente Próximo. Cierto, hubo un momento de inestabilidad en 1958, que incluyó un breve desembarco de marines norteamericanos a petición del Gobierno de la época, pero la crisis se cerró rápidamente.

El desastre empezó en abril de 1975, y no se ha cerrado. Se desencadenó una terrible guerra civil, a la que se invitaron demasiados vecinos, amigos, y no tan amigos. La chispa fue la matanza de los pasajeros de un autobús de refugiados palestinos que cruzaba un barrio cristiano de la capital. Ya entonces, como estos días, Beirut se partió en dos, el este y el oeste. La verdad es que las organizaciones armadas palestinas, expulsadas militarmente de Jordania en 1970 cuando la crisis de septiembre negro, campaban a sus anchas, incurriendo en todo tipo de provocaciones que a la larga fueron fatales. En aquella época, vale la pena recordarlo, llegó a haber más de una docena de grupos armados, aunque los chiís, resulta sorprendente, no tenían ninguno; no existían ni Hizbulá ni Amal, que aparecieron después de 1982.

EN UN BANDO, las facciones palestinas y diversos grupos libaneses sunís, más, a veces, sí, y a veces, no, los drusos del clan Jumblatt. En el otro, varios grupos armados cristianos, algunos netamente inspirados en la tradición fascista europea (más italiana que otra cosa), variedad que para 1982 la facción de la familia Gemayel unificó (a tiro limpio) en un único grupo llamado Fuerzas Libanesas. Como pueden observar, 1982 fue un mal año: Israel, de la mano de una pésima maniobra inventada pieza a pieza por Ariel Sharon, entonces ministro de Defensa, y avalada por el primer ministro israelí, Menajem Beguin, invadió el Líbano con la absurda pretensión de cambiar por completo su orientación política, aunque consiguió otro objetivo: expulsar a Arafat del país y, con él, a todas las facciones palestinas. Aunque los refugiados se quedaron, y lo pagaron caro. Conviene aquí recordar que a Sabra y Chatila (septiembre de 1982) siguieron otras matanzas de palestinos, estas a manos árabes: la segunda expulsión de la OLP del norte del Líbano por obra de tropas sirias, en octubre de 1983, la guerra contra los refugiados, que duró desde 1984 a 1987, en la que el trabajo sucio corrió a cargo de los dos grupos chiís recién creados, Amal e Hizbulá.

No olvidemos la brutal intervención militar siria de 1976, en la que borró del mapa literalmente dos campos palestinos, en Tall el Zatar y Qarantina, cerca del puerto de Beirut. Israel, que ya en 1978 había entrado hasta el río Litani, se retiró parcialmente en 1985, y finalmente, en mayo del 2000. Cometió de nuevo el error de entrar en verano del 2006, en una guerra de 34 días que perdió, simplemente porque no la ganó ni militarmente ni políticamente. Este factor es el que encumbró definitivamente a Hizbulá como el aglutinante de la comunidad chií, pero también de sectores cristianos (la facción del general Michel Aoun), contra el Gobierno y el Parlamento legítimamente surgidos de las elecciones del 2005.

SI AL LECTOR le parece todo esto complicado, hay que decirle que se trata de la versión simplificada. En teoría, 2005 era el año de la normalización política, de (por fin) la retirada de las tropas sirias después de 30 años de pesante presencia. Pero, desde entonces, una sospechosa cadena de asesinatos afectó en todos los casos a políticos netamente partidarios de reforzar la plena independencia del Líbano, es decir, antisirios: el exprimer ministro Rafik Hariri, Pierre Gemayel, el diputado Walid Eido, Antoine Ghanem, el general François Hajj, segundo jefe del Ejército, y Wisam Eid, que dirigía la inteligencia militar, y por ello, las investigaciones del asesinato de Hariri. Además de Israel y Siria, se han invitado a la mesa Irán, la Liga Árabe, junto con Estados Unidos y otros. ¿Cómo detener esta locura? La llave está fuera del Líbano, pero la nueva guerra civil, que van a librar libaneses, solo la pueden parar los libaneses.

mayo 15, 2008 Publicado por | Líbano | Dejar un comentario

El espejo de la crisis libanesa

Por Georges Corm, ex ministro de Finanzas de Líbano. Autor de El Líbano contemporáneo, Ed. Bellaterra, 2006 Traducción: José María Puig de la Bellacasa (LA VANGUARDIA, 11/11/07):

La visita de tres ministros de Asuntos Exteriores europeos – francés, español e italiano- seguida de la del ministro de Asuntos Exteriores egipcio no parece haber hecho avanzar un desenlace de la crisis libanesa que no hace más que rebotar. En el ámbito local no se distingue señal alguna de un acuerdo sobre un candidato de compromiso que permita elegir a un sucesor del actual presidente de la República, cuyo mandato finaliza el próximo 23 de noviembre. El vacío constitucional acecha por tanto al país – en caso de falta de acuerdo-, factor que se añadiría a la confusión actual debida a la existencia de un gobierno que un amplio sector de los libaneses considera que ha perdido legitimidad y constitucionalidad tras la dimisión de los ministros de la comunidad chií en noviembre del 2006 y su falta de sustitución por otros de la misma comunidad.

Entre los países extranjeros influyentes en Líbano, los europeos son los más directamente interesados en no presenciar la zozobra del país en el vacío y el caos. Los contingentes más importantes de la Finul en el sur de Líbano son, en efecto, europeos (van en cabeza Italia, Francia y España). Cualquier desestabilización mayor de Líbano puede acarrear consecuencias catastróficas para su seguridad. Sin embargo, la política europea, que hasta ahora ha sostenido contra viento y marea al Gobierno libanés contestado y que sigue boicoteando al presidente de la República, ¿hace lo que puede para ayudar a restablecer las instituciones constitucionales aparte de emitir exhortaciones verbales a los responsables libaneses?

En cambio, en el caso de Arabia Saudí – otro gran apostante en el tablero libanés- se advierte un silencio total. Tanto más preocupante cuanto que este país ha entrado en una fase de hostilidad abierta con Siria por primera vez en su historia, lo que se ha traducido en declaraciones poco agradables entre responsables de ambos países. Esta disputa parece vinculada a las diferencias de criterio sobre el escenario regional entre países llamados “moderados”, aliados de Estados Unidos, y el eje irano-sirio que parecía querer hacer fracasar la política estadounidense en la región. Se refleja claramente en Líbano donde, desde la guerra de verano del 2006 de Israel contra Hizbulah, la hendidura entre dos sensibilidades políticas libanesas es más profunda que nunca. Una es básicamente hostil al eje israelo-estadounidense en la región y a sus proyectos y no aprecia en Irán y Siria factores de desestabilización. La otra es ferozmente hostil al eje irano-sirio, acusado de desestabilizar e instrumentalizar Líbano; tiene a EE. UU. por un aliado precioso sean cuales fueren sus lazos con el Estado de Israel y sus activas connivencias en la guerra librada por las fuerzas armadas de este país contra Líbano en verano del 2006.

En esta disputa, la postura europea sigue adoleciendo de falta de lógica. Desde el 2004 ha tenido lugar un acercamiento notable entre los países de la UE (Francia, Alemania, Bélgica) que habían expresado su oposición a la invasión de Iraq y Estados Unidos. La disonancia parcial aunque intensa de Europa ha desaparecido por completo en la actualidad. El nuevo presidente francés y su ministro de Asuntos Exteriores han adoptado posiciones con celeridad sobre la cuestión iraní, en tanto que Europa hasta ahora intentaba calmar las fuertes reacciones estadounidenses suscitadas por la cuestión nuclear iraní. En cuanto al Organismo

Internacional de la Energía Atómica (OIEA) parece que los países de la UE pisan los talones a Estados Unidos. ¿Cómo conciliar entonces una actitud favorable a los objetivos estratégicos de Estados Unidos en Oriente Medio con la salvaguarda de la seguridad de los contingentes de la Finul pero también con el retorno a la estabilidad en Líbano, país tan cercano a Europa por la historia y la cultura?

En el caso de Irán y de Siria, es difícil pronunciarse sobre sus verdaderas intenciones sobre Líbano. ¿Están realmente interesados en desestabilizar Líbano? ¿No haría el juego tal actitud a Estados Unidos e Israel, que podrían sentirse tentados a emprender una nueva aventura militar en Líbano en este nuevo marco a fin de erradicar a Hizbulah y privar así al eje opuesto de este agente de influencia? ¿Estaría dispuesto Irán a arriesgar la influencia ganada en la región merced al prestigio de Hizbulah ante amplios sectores de la opinión pública libanesa, árabe y musulmana? Siria, por su parte, ya en el punto de mira de Washington desde el 2003 ¿se beneficiaría de un caos libanés o se vería a su vez desestabilizada? ¿Y no entrañaría el caos local para Hizbulah – caos que no dejaría de alcanzarle- el término de su prestigio, obligándole a emplear sus armas en el conflicto interno en caso de ser atacado por otras facciones libanesas?

En cuanto a EE. UU., su embajador en Beirut es más que nunca omnipresente en la vida política libanesa y pone diariamente notas buenas y malas, planteando las exigencias poco realistas de su Gobierno con relación a la crisis que debate a Líbano.

Asimismo, cabe preguntarse si toda la tensión regional que no cesa de aumentar no acabará por estallar abiertamente en el escenario libanés, si es que no estalla en una gran guerra regional de dimensiones internacionales. Los libaneses contienen el aliento. Se trata de una situación que, desgraciadamente, han conocido ya más de una vez durante su pasado reciente.

febrero 7, 2008 Publicado por | Líbano | Dejar un comentario

>El espejo de la crisis libanesa

>

Por Georges Corm, ex ministro de Finanzas de Líbano. Autor de El Líbano contemporáneo, Ed. Bellaterra, 2006 Traducción: José María Puig de la Bellacasa (LA VANGUARDIA, 11/11/07):

La visita de tres ministros de Asuntos Exteriores europeos – francés, español e italiano- seguida de la del ministro de Asuntos Exteriores egipcio no parece haber hecho avanzar un desenlace de la crisis libanesa que no hace más que rebotar. En el ámbito local no se distingue señal alguna de un acuerdo sobre un candidato de compromiso que permita elegir a un sucesor del actual presidente de la República, cuyo mandato finaliza el próximo 23 de noviembre. El vacío constitucional acecha por tanto al país – en caso de falta de acuerdo-, factor que se añadiría a la confusión actual debida a la existencia de un gobierno que un amplio sector de los libaneses considera que ha perdido legitimidad y constitucionalidad tras la dimisión de los ministros de la comunidad chií en noviembre del 2006 y su falta de sustitución por otros de la misma comunidad.

Entre los países extranjeros influyentes en Líbano, los europeos son los más directamente interesados en no presenciar la zozobra del país en el vacío y el caos. Los contingentes más importantes de la Finul en el sur de Líbano son, en efecto, europeos (van en cabeza Italia, Francia y España). Cualquier desestabilización mayor de Líbano puede acarrear consecuencias catastróficas para su seguridad. Sin embargo, la política europea, que hasta ahora ha sostenido contra viento y marea al Gobierno libanés contestado y que sigue boicoteando al presidente de la República, ¿hace lo que puede para ayudar a restablecer las instituciones constitucionales aparte de emitir exhortaciones verbales a los responsables libaneses?

En cambio, en el caso de Arabia Saudí – otro gran apostante en el tablero libanés- se advierte un silencio total. Tanto más preocupante cuanto que este país ha entrado en una fase de hostilidad abierta con Siria por primera vez en su historia, lo que se ha traducido en declaraciones poco agradables entre responsables de ambos países. Esta disputa parece vinculada a las diferencias de criterio sobre el escenario regional entre países llamados “moderados”, aliados de Estados Unidos, y el eje irano-sirio que parecía querer hacer fracasar la política estadounidense en la región. Se refleja claramente en Líbano donde, desde la guerra de verano del 2006 de Israel contra Hizbulah, la hendidura entre dos sensibilidades políticas libanesas es más profunda que nunca. Una es básicamente hostil al eje israelo-estadounidense en la región y a sus proyectos y no aprecia en Irán y Siria factores de desestabilización. La otra es ferozmente hostil al eje irano-sirio, acusado de desestabilizar e instrumentalizar Líbano; tiene a EE. UU. por un aliado precioso sean cuales fueren sus lazos con el Estado de Israel y sus activas connivencias en la guerra librada por las fuerzas armadas de este país contra Líbano en verano del 2006.

En esta disputa, la postura europea sigue adoleciendo de falta de lógica. Desde el 2004 ha tenido lugar un acercamiento notable entre los países de la UE (Francia, Alemania, Bélgica) que habían expresado su oposición a la invasión de Iraq y Estados Unidos. La disonancia parcial aunque intensa de Europa ha desaparecido por completo en la actualidad. El nuevo presidente francés y su ministro de Asuntos Exteriores han adoptado posiciones con celeridad sobre la cuestión iraní, en tanto que Europa hasta ahora intentaba calmar las fuertes reacciones estadounidenses suscitadas por la cuestión nuclear iraní. En cuanto al Organismo

Internacional de la Energía Atómica (OIEA) parece que los países de la UE pisan los talones a Estados Unidos. ¿Cómo conciliar entonces una actitud favorable a los objetivos estratégicos de Estados Unidos en Oriente Medio con la salvaguarda de la seguridad de los contingentes de la Finul pero también con el retorno a la estabilidad en Líbano, país tan cercano a Europa por la historia y la cultura?

En el caso de Irán y de Siria, es difícil pronunciarse sobre sus verdaderas intenciones sobre Líbano. ¿Están realmente interesados en desestabilizar Líbano? ¿No haría el juego tal actitud a Estados Unidos e Israel, que podrían sentirse tentados a emprender una nueva aventura militar en Líbano en este nuevo marco a fin de erradicar a Hizbulah y privar así al eje opuesto de este agente de influencia? ¿Estaría dispuesto Irán a arriesgar la influencia ganada en la región merced al prestigio de Hizbulah ante amplios sectores de la opinión pública libanesa, árabe y musulmana? Siria, por su parte, ya en el punto de mira de Washington desde el 2003 ¿se beneficiaría de un caos libanés o se vería a su vez desestabilizada? ¿Y no entrañaría el caos local para Hizbulah – caos que no dejaría de alcanzarle- el término de su prestigio, obligándole a emplear sus armas en el conflicto interno en caso de ser atacado por otras facciones libanesas?

En cuanto a EE. UU., su embajador en Beirut es más que nunca omnipresente en la vida política libanesa y pone diariamente notas buenas y malas, planteando las exigencias poco realistas de su Gobierno con relación a la crisis que debate a Líbano.

Asimismo, cabe preguntarse si toda la tensión regional que no cesa de aumentar no acabará por estallar abiertamente en el escenario libanés, si es que no estalla en una gran guerra regional de dimensiones internacionales. Los libaneses contienen el aliento. Se trata de una situación que, desgraciadamente, han conocido ya más de una vez durante su pasado reciente.

febrero 7, 2008 Publicado por | Líbano | Dejar un comentario

El espejo de la crisis libanesa

Por Georges Corm, ex ministro de Finanzas de Líbano. Autor de El Líbano contemporáneo, Ed. Bellaterra, 2006 Traducción: José María Puig de la Bellacasa (LA VANGUARDIA, 11/11/07):

La visita de tres ministros de Asuntos Exteriores europeos – francés, español e italiano- seguida de la del ministro de Asuntos Exteriores egipcio no parece haber hecho avanzar un desenlace de la crisis libanesa que no hace más que rebotar. En el ámbito local no se distingue señal alguna de un acuerdo sobre un candidato de compromiso que permita elegir a un sucesor del actual presidente de la República, cuyo mandato finaliza el próximo 23 de noviembre. El vacío constitucional acecha por tanto al país – en caso de falta de acuerdo-, factor que se añadiría a la confusión actual debida a la existencia de un gobierno que un amplio sector de los libaneses considera que ha perdido legitimidad y constitucionalidad tras la dimisión de los ministros de la comunidad chií en noviembre del 2006 y su falta de sustitución por otros de la misma comunidad.

Entre los países extranjeros influyentes en Líbano, los europeos son los más directamente interesados en no presenciar la zozobra del país en el vacío y el caos. Los contingentes más importantes de la Finul en el sur de Líbano son, en efecto, europeos (van en cabeza Italia, Francia y España). Cualquier desestabilización mayor de Líbano puede acarrear consecuencias catastróficas para su seguridad. Sin embargo, la política europea, que hasta ahora ha sostenido contra viento y marea al Gobierno libanés contestado y que sigue boicoteando al presidente de la República, ¿hace lo que puede para ayudar a restablecer las instituciones constitucionales aparte de emitir exhortaciones verbales a los responsables libaneses?

En cambio, en el caso de Arabia Saudí – otro gran apostante en el tablero libanés- se advierte un silencio total. Tanto más preocupante cuanto que este país ha entrado en una fase de hostilidad abierta con Siria por primera vez en su historia, lo que se ha traducido en declaraciones poco agradables entre responsables de ambos países. Esta disputa parece vinculada a las diferencias de criterio sobre el escenario regional entre países llamados “moderados”, aliados de Estados Unidos, y el eje irano-sirio que parecía querer hacer fracasar la política estadounidense en la región. Se refleja claramente en Líbano donde, desde la guerra de verano del 2006 de Israel contra Hizbulah, la hendidura entre dos sensibilidades políticas libanesas es más profunda que nunca. Una es básicamente hostil al eje israelo-estadounidense en la región y a sus proyectos y no aprecia en Irán y Siria factores de desestabilización. La otra es ferozmente hostil al eje irano-sirio, acusado de desestabilizar e instrumentalizar Líbano; tiene a EE. UU. por un aliado precioso sean cuales fueren sus lazos con el Estado de Israel y sus activas connivencias en la guerra librada por las fuerzas armadas de este país contra Líbano en verano del 2006.

En esta disputa, la postura europea sigue adoleciendo de falta de lógica. Desde el 2004 ha tenido lugar un acercamiento notable entre los países de la UE (Francia, Alemania, Bélgica) que habían expresado su oposición a la invasión de Iraq y Estados Unidos. La disonancia parcial aunque intensa de Europa ha desaparecido por completo en la actualidad. El nuevo presidente francés y su ministro de Asuntos Exteriores han adoptado posiciones con celeridad sobre la cuestión iraní, en tanto que Europa hasta ahora intentaba calmar las fuertes reacciones estadounidenses suscitadas por la cuestión nuclear iraní. En cuanto al Organismo

Internacional de la Energía Atómica (OIEA) parece que los países de la UE pisan los talones a Estados Unidos. ¿Cómo conciliar entonces una actitud favorable a los objetivos estratégicos de Estados Unidos en Oriente Medio con la salvaguarda de la seguridad de los contingentes de la Finul pero también con el retorno a la estabilidad en Líbano, país tan cercano a Europa por la historia y la cultura?

En el caso de Irán y de Siria, es difícil pronunciarse sobre sus verdaderas intenciones sobre Líbano. ¿Están realmente interesados en desestabilizar Líbano? ¿No haría el juego tal actitud a Estados Unidos e Israel, que podrían sentirse tentados a emprender una nueva aventura militar en Líbano en este nuevo marco a fin de erradicar a Hizbulah y privar así al eje opuesto de este agente de influencia? ¿Estaría dispuesto Irán a arriesgar la influencia ganada en la región merced al prestigio de Hizbulah ante amplios sectores de la opinión pública libanesa, árabe y musulmana? Siria, por su parte, ya en el punto de mira de Washington desde el 2003 ¿se beneficiaría de un caos libanés o se vería a su vez desestabilizada? ¿Y no entrañaría el caos local para Hizbulah – caos que no dejaría de alcanzarle- el término de su prestigio, obligándole a emplear sus armas en el conflicto interno en caso de ser atacado por otras facciones libanesas?

En cuanto a EE. UU., su embajador en Beirut es más que nunca omnipresente en la vida política libanesa y pone diariamente notas buenas y malas, planteando las exigencias poco realistas de su Gobierno con relación a la crisis que debate a Líbano.

Asimismo, cabe preguntarse si toda la tensión regional que no cesa de aumentar no acabará por estallar abiertamente en el escenario libanés, si es que no estalla en una gran guerra regional de dimensiones internacionales. Los libaneses contienen el aliento. Se trata de una situación que, desgraciadamente, han conocido ya más de una vez durante su pasado reciente.

febrero 7, 2008 Publicado por | Líbano | Dejar un comentario

La encrucijada libanesa: ¿el Infierno de Dante o la Utopía de Tomás Moro?

Por George Emile Irani, drector del Programa de África y Oriente Medio del Centro Internacional de Toledo por la Paz (REAL INSTITUTO ELCANO, 27/07/07):

Tema: Líbano forma parte del arco de inestabilidad que se extiende desde Pakistán hasta Gaza.

Resumen: Líbano se enfrenta a un impasse político interno y a la amenaza de acabar asfixiado por grupos salafistas dispuestos a desestabilizar el país. Actualmente, las principales cuestiones políticas a nivel interno son las siguientes: la formación de un nuevo Gobierno de unidad nacional, la elección de un nuevo presidente (el mandato del actual presidente Emile Lahoud finaliza el próximo otoño), la creación de un nuevo tribunal para investigar el asesinato del ex primer ministro Rafiq al Hariri y de su escolta, y la creciente amenaza que representan los grupos salafistas vinculados a al-Qaeda, como Fatah al-Islam. La actual inestabilidad libanesa es también fruto de las luchas por el poder y la influencia existentes en Oriente Medio.

Análisis: Durante su historia reciente y, más concretamente, cada vez que se celebraban elecciones presidenciales, Líbano ha debido hacer frente a problemas internos. La suma de factores locales, regionales y mundiales hace que la Tierra de los Cedros sea una presa fácil. En tanto que sociedad multiconfesional, Líbano es un país afectado por todo tipo de presiones que reflejan los intereses regionales y mundiales. Este verano se cumple también el aniversario de la guerra de julio de 2006 entre Israel y Hezbolá, cuyas consecuencias se siguen sufriendo tanto en Líbano como en Israel. Aunque Hezbolá haya logrado resistir los ataques del Ejército israelí, lo cierto es que ha malinterpretado por completo la realidad de la política interna libanesa. Por otra parte, Israel ha logrado una importante victoria política al neutralizar toda acción militar emprendida por el grupo chií libanés, que cuenta con respaldo iraní. La Resolución 1701 de Naciones Unidas ha internacionalizado las fronteras de Líbano con Israel mediante la presencia de 13.000 efectivos pertenecientes a la Fuerza Provisional de Naciones Unidas para Líbano (FPNUL).

No obstante, la situación libanesa es hoy mucho más compleja y peligrosa. El país se enfrenta a un impasse político interno y a la amenaza de acabar asfixiado por grupos salafistas decididos a desestabilizar el país y reinstaurar su interpretación fundamentalista del islam. Lo que es más, la lucha de influencias en Líbano y Oriente Medio entre EEUU y Francia, por un lado, y Siria e Irán, por otro, no augura precisamente una resolución a la crisis libanesa. Irán está metido de lleno en una intensa lucha de influencias en la región y en su programa de armas nucleares. En lo que se refiere a Iraq, el país se está sumiendo con paso lento pero seguro en una guerra civil descontrolada, a la que hay que añadir la posibilidad cada vez mayor de que se produzca una retirada de las tropas estadounidenses del país. Por otra parte, en los territorios palestinos, dos gobiernos compiten en la actualidad por controlar lo que queda de los Territorios Ocupados. En definitiva, Líbano forma hoy parte del arco de inestabilidad que se extiende desde Pakistán hasta Gaza.

La política nacional libanesa[1]

Impasse o punto muerto son las expresiones que mejor describen la actual política nacional libanesa. Prueba de ello es que el Parlamento libanés no se ha reunido desde diciembre de 2006. Mientras tanto, el Gobierno del primer ministro Fouad Siniora se encuentra paralizado y acosado por una oposición resuelta a forzar su dimisión. Siniora goza del apoyo de una ajustada mayoría en el Parlamento y, sobre todo, del respaldo de EEUU y Francia. Puede decirse, por tanto, que Siniora es un líder cuestionado en Líbano pero un primer ministro popular para los amigos occidentales del país.

Desde el pasado diciembre, los miembros de la oposición (Hezbolá, el general Michel Aoun y sus aliados) han acampado en señal de protesta en el centro de Beirut, paralizando la vida comercial de la ciudad y obligando a Siniora a recluirse en el palacio gubernamental.

Otro desafío es el que plantean los constantes asesinatos de políticos libaneses pertenecientes a la mayoría. El principal objetivo de los enemigos de Líbano es acabar con la mayoría parlamentaria y volver a trazar el mapa de la política libanesa. Los asuntos políticos más relevantes a nivel interno son: la formación de un nuevo gobierno de unidad nacional, la designación de un nuevo presidente (el mandato del actual presidente Emile Lahoud finaliza el próximo otoño), la creación de un nuevo tribunal que investigue el asesinato del ex primer ministro Rafiq al Hariri y su escolta, y la creciente amenaza que representan los grupos salafistas vinculados a al-Qaeda, como Fatah al-Islam.

El Gobierno actual ha perdido a los miembros de la oposición y está operando sin consenso popular. Hezbolá y sus aliados reclaman la creación de un nuevo Gobierno en el que puedan ejercer derecho de veto. Siniora y la mayoría, por su parte, han sugerido la creación de un nuevo gabinete basado en la fórmula de los 19 miembros para la mayoría, 11 para la oposición y un miembro externo para mantener el equilibrio entre ambos grupos. Hasta la fecha esta fórmula ha sido rechazada por la oposición, en un contexto marcado por las negociaciones sobre un posible segundo Gobierno libanés. Se trata de una posibilidad remota por el momento pero que está siendo utilizada por la oposición como un elemento de presión.

La creación por parte de Naciones Unidas de un Tribunal Especial destinado a investigar el asesinato de Hariri también fue motivo de enfrentamiento entre el Gobierno de Siniora y la oposición. Inicialmente, Naciones Unidas y las potencias occidentales brindaron al Parlamento libanés la oportunidad de aprobar el tribunal. Sin embargo, Nabih Berri, portavoz chií en el Parlamento, se negó a convocar a los legisladores para aprobar la creación del tribunal. A continuación, un representante de Naciones Unidas visitó Líbano y se reunió con todas las partes implicadas. No logró, pese a ello, convencer a la oposición para que cambiara de postura y refrendara el documento que establecía la creación del tribunal. La oposición prosiria teme que el tribunal se convierta en un arma controlada por la mayoría y por sus socios occidentales para hostigar y humillar al régimen sirio.

A finales de mayo, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se reunió y votó a favor de la creación de un Tribunal Especial para Líbano bajo el Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas (Resolución 1757). Cinco países (Rusia, China, Qatar, Indonesia y Sudáfrica) bien se opusieron, bien se abstuvieron de votar. Este asunto ya no constituye una importante fuente de preocupación para los actores políticos libaneses. Es, sin embargo, un acontecimiento relevante en Líbano y en la región que recuerda a la creación del Tribunal de Nuremberg, constituido al término de la Segunda Guerra Mundial. La principal diferencia es que es la primera vez en la historia reciente que se crea un tribunal con la finalidad no ya de investigar crímenes de guerra o crímenes contra la humanidad sino de poner fin a la era de impunidad que ha enturbiado la política libanesa y regional tras los asesinatos.

La amenaza salafista[2]

Otra amenaza interna que tiene implicaciones en toda la región es la postura abierta y agresiva adoptada por grupos salafistas radicales suníes. Una pequeña organización denominada Fatah al-Islam y liderada por Shaker al-Absi, un palestino que huyó de Jordania, fue a Siria y después se instaló en el norte de Líbano para abrir un negocio con la ayuda de los servicios de inteligencia sirios,[3] dice estar reconduciendo la política palestina para reinstaurar la ley islámica o sharía y convertirse así en una alternativa a Fatah y Hamás, las dos principales organizaciones palestinas. Trípoli, importante ciudad de predominio suní del norte de Líbano, y el campo de refugiados palestinos de Nahr al-Bared se han convertido en el cuartel general de esta oscura organización.

A finales de mayo, Fatah al-Islam atacó un puesto del Ejército libanés causando la muerte de varios soldados. Este acontecimiento desató duras batallas entre el Ejército libanés y el grupo salafista. Fue una decisión que el Ejército se vio obligado a adoptar para cortar de raíz la creciente amenaza que representaban los grupos terroristas vinculados a al-Qaeda. De hecho, los líderes de al-Qaeda decidieron que Líbano era el lugar ideal para minar la estabilidad del país y reforzar la influencia del grupo salafista en la región.

En un primer momento, el Ejército libanés se sintió desconcertado. A continuación el general Michel Suleiman, comandante del Ejército, decidió, con apoyo regional e internacional, arremeter contra Fatah al-Islam, que tenía sus bases en el campo de refugiados palestinos. El Ejército permitió que los refugiados (30.000) abandonaran el campamento para evitar pérdidas civiles. Hasta la fecha, la mayoría de las bajas son miembros del Ejército libanés y terroristas armados procedentes de varios países árabes y no árabes, como Bangladesh y Chechenia. En el momento en el que se redactó este análisis, los enfrentamientos entre el Ejército libanés y lo que queda de Fatah al-Islam persistían en el campo de refugiados palestinos de Nahr al-Bared.

Varios miembros del Gobierno y líderes de la mayoría han apuntado directamente al régimen sirio, acusándole de ser un importante impulsor de Fatah al-Islam. El argumento que esgrimen es que el Gobierno sirio teme el Tribunal Especial creado por Naciones Unidas y está decidido a desestabilizar Líbano. Desde la retirada forzosa de sus tropas de Líbano en 2005, Siria ha tratado desesperadamente de recuperar el control directo sobre la Tierra de los Cedros.

La actuación del Ejército libanés fue elogiada desde algunos frentes. A nivel interno, la opinión pública respaldó a sus fuerzas armadas en lo que constituyó una muestra de apoyo sin precedentes. Incluso Hezbolá y el general Michel Aoun –los dos principales pilares de la oposición– apoyaron con reservas la actuación del ejército. También se expresaron temores de que después de los incidentes de Nahr al-Bared se desataran nuevos enfrentamientos en otros campos de refugiados, fundamentalmente en el de Ain al-Hilwe, cerca de Sidón.

En cierto modo, el último enfrentamiento entre el Ejército y el grupo yihadista reabrió el delicado y controvertido debate acerca de la presencia palestina en Líbano (las últimas cifras hablan de 150.000 a 200.000 palestinos repartidos entre los 12 campos de refugiados del territorio libanés).

Mientras continuaban los enfrentamientos entre el Ejército libanés y el grupo salafista, varias bombas estallaron en varios puntos de Líbano. Posteriormente se produjo un grave atentado que puso en tela de juicio la eficacia del Tribunal Especial, puesto que se consideraba que la Resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que establecía la creación del tribunal serviría de elemento disuasorio frente a nuevos asesinatos. Walid Eido, parlamentario libanés perteneciente al Movimiento para el Futuro (fundado por el ex primer ministro Rafiq al Hariri y encabezado hoy por su hijo Saad), fue asesinado junto con su hijo y sus escoltas mientras se dirigían a un complejo hotelero de la costa, en la parte occidental de Beirut. Este último asesinato conmocionó profundamente al país. La mayoría parlamentaria acusó a Siria y a sus aliados de estar detrás de este acto criminal, cuyo objetivo era debilitar a los parlamentarios próximos al Gobierno (que disfrutan de una mayoría de tres en el Parlamento).

La aparición de grupos terroristas salafistas vinculados a al-Qaeda llega en un momento en el que Líbano se enfrenta a un estado de parálisis absoluta y de divisiones internas. La comunidad cristiana está dividida por las rencillas entre una serie de candidatos a la presidencia (en Líbano el presidente pertenece siempre a la comunidad maronita). Los maronitas se debaten entre su lealtad al general Michel Aoun, que no esconde sus ambiciones presidenciales, y el Dr. Samir Geagea, líder de las Fuerzas Libanesas. El Cardenal Nasrallah Boutros Sfeir, el Patriarca maronita, disfruta del aprecio y respeto general y desempeña un importante papel a la hora de atenuar las divisiones existentes en su comunidad.

En términos generales, la comunidad suní apoya a Saad Hariri, hijo del difunto primer ministro Rafiq Hariri. El principal desafío al que se enfrenta esta comunidad es el creciente poder de los chiíes, tal y como refleja la penetrante presencia de Hezbolá en el país. Los rumores apuntan a que los Hariri, apoyados inicialmente por Arabia Saudí y EEUU, destinaron fondos a pequeños grupos yihadistas suníes para mantenerles a raya (especialmente en los campos de refugiados palestinos) y para que actuaran como un elemento disuasorio frente a Hezbolá. No existen pruebas que corroboren esta información, si bien es cierto que los suníes de Líbano se sienten huérfanos desde el asesinato de Rafiq Hariri. En definitiva, los suníes libaneses siguen disfrutando de un grado elevado de apalancamiento político dado el apoyo que recibe la comunidad por parte de actores árabes de mayoría suní, como es el caso de Arabia Saudí y Egipto. Irán, por su parte, es considerado un aliado de Siria y uno de los principales patrocinadores de Hezbolá.

La problemática regional y mundial

La inestabilidad que se vive actualmente en Líbano es también fruto de la lucha de poder e influencias existente en Oriente Medio. Desde un punto de vista regional, se está librando una lucha continuada de influencias entre regímenes árabes prooccidentales como Egipto, Jordania, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos. Estos países temen un cambio en el equilibrio del poder en la región desde la invasión estadounidense de Iraq en 2003. Una de las grandes preocupaciones es sin duda la cruenta y delicada situación iraquí. Puede decirse que Mesopotamia es hoy un país prácticamente dividido. Los chíies del sur de Iraq han creado su propio sistema de gobierno gracias al apoyo financiero y militar brindado por Irán. Los kurdos del norte de Iraq han establecido una suerte de autonomía, si bien deben hacer frente a la constante amenaza de una invasión turca destinada a acabar con los miembros turcos del PKK. Por último, los suníes de la región central de Iraq carecen de líder y temen que una posible división del país les impida acceder a los recursos petroleros iraquíes, entre otras cosas.

Otra fuente de preocupación es el debilitamiento de la Administración Bush que se produjo como consecuencia de las elecciones legislativas celebradas el pasado mes de noviembre en EEUU, que resultaron en una mayoría demócrata en el Congreso. Los estadounidenses están divididos en torno a lo que debe hacerse en Iraq, aunque el consenso general es que ha llegado el momento de que la Administración Bush ponga punto y final a las pérdidas y se retire del país. Tal perspectiva asusta a muchos iraquíes y, sobre todo, a los principales aliados y amigos de EEUU en la región. Por último, Iraq es también percibido por sus vecinos como un refugio para todo tipo de grupos terroristas yihadistas vinculados a al-Qaeda. De hecho, los terroristas salafistas y yihadistas encontrados en Líbano eran iraquíes. Estos grupos pueden representar una importante fuerza desestabilizadora para los regímenes árabes respaldados por EEUU. El objetivo de al-Qaeda consiste precisamente en debilitar la autoridad central de estos regímenes e instaurar un califato islámico inspirado en los tiempos del profeta del islam, Mahoma.

Irán es un actor relevante en Líbano y en la región. Desde el inicio de la Revolución Iraní, el régimen iraní ha destinado gran parte de sus esfuerzos a difundir el modelo de gobierno del Ayatolá Jomeini por la región. Líbano, con su importante comunidad chií, se consideraba un lugar idóneo para acometer esta misión y la creación de Hezbolá era percibida como una herramienta fundamental para lograr este objetivo. Irán también se aprovechó de los errores cometidos por EEUU en Iraq y del fracaso de la política de la Administración Bush en su esfuerzo por traer estabilidad y democracia a Iraq y a la región en su conjunto. Los líderes iraníes son muy conscientes del importante papel que están desempeñando y seguirán desempeñando en lo que se refiere a todo acuerdo futuro en Iraq y Líbano. El programa nuclear iraní se ha convertido hoy en una moneda de cambio fundamental con EEUU. En cierta forma, los iraníes están diciendo a los estadounidenses (la última vez con motivo de una reunión internacional celebrada en Bagdad) “dejadnos tener nuestra propia bomba nuclear y os ayudaremos a llevar la paz a Iraq y, en menor medida, a Líbano”. La política estadounidense hacia Irán sigue siendo incierta y está marcada por las divisiones en el seno de la Administración Bush. A Condoleezza Rice, secretaria de Estado estadounidense, le gustaría entablar un diálogo con Irán basado en las recomendaciones formuladas en el Informe Hamilton-Baker. Sin embargo, según algunos analistas estadounidenses, el vicepresidente Dick Cheney y sus amigos neoconservadores desean enfrentarse a Irán en una posible guerra.[4] El principal problema que afrontan es que se les está agotando el tiempo, dado que a principios de 2008 se celebrarán elecciones presidenciales primarias en EEUU. En último lugar, pero no por ello menos importante, la opinión pública estadounidense no está en absoluto dispuesta a apoyar otra incursión militar que podría acabar resultando muy costosa para sus tropas.

Irán está desempeñando un papel en Líbano y sus principales objetivos son mantener y consolidar a sus principales aliados en la comunidad chií: Hezbolá y Amal. El Gobierno iraní es muy consciente de que un posible enfrentamiento entre suníes y chíies en Líbano podría conducir a un debilitamiento de dichas alianzas. Junto con los saudíes, Irán trató de convencer a sus aliados en Líbano para que aceptaran el tribunal de Hariri y la creación de un nuevo Gobierno, pero sus esfuerzos resultaron en vano. Resulta evidente, sin embargo, que Irán y su aliado sirio no están precisamente contentos con la presencia de fuerzas militares occidentales (de Bélgica, Francia, Alemania, Italia y España) en el marco de las fuerzas de mantenimiento de la paz de la FPNUL en el sur de Líbano. Pese a ello, los iraníes han dado mucho margen de maniobra a sus aliados sirios para supervisar y gestionar la situación interna libanesa.

Dos años después de la retirada siria, el movimiento del 14 de marzo no ha logrado mantener el apoyo popular del que disfrutaba. Hezbolá, importante aliado de Siria en Líbano, sigue siendo un actor relevante en el país. El régimen sirio nunca aceptó su retirada forzosa del Líbano y está haciendo todo lo posible por recuperar el control perdido.

Inicialmente, el régimen de Assad ordenó a sus aliados en Líbano que hicieran lo posible por impedir la creación del tribunal de Hariri.[5] Sin embargo, sus esfuerzos no dieron fruto puesto que el tribunal es hoy una realidad. La creación del Tribunal Especial es una respuesta importante a los llamamientos realizados a favor de la “vigilancia del pasado” y la búsqueda de la “Verdad” en Líbano. Diecisiete años después de que finalizara la guerra en Líbano en 1990, sigue sin producirse una reconciliación real en el país. El Tribunal Especial representa un importante mensaje de la comunidad internacional, en la medida en que sugiere que la búsqueda de la justicia y de responsabilidades son pasos importantes en el camino hacia la estabilidad. En Líbano ha existido siempre un debate acerca de si convenía “olvidar y perdonar” lo ocurrido durante la guerra civil libanesa o bien esclarecer la verdad y promover la reconciliación siguiendo el modelo sudafricano, entre otros.[6]

También Siria está presionando a sus aliados libaneses para que rechacen toda solución de compromiso respecto de lo que ocurra primero, ya sea la designación de un nuevo presidente, una de las principales reivindicaciones de la mayoría, o la creación de un Gobierno de unidad nacional, tal y como reclama la oposición. Las dificultades para encontrar una solución quedaron patentes en la reciente misión del secretario general de la Liga Árabe, Amr Moussa, el pasado mes de junio. Amr Moussa estuvo muy cerca de lograr un acuerdo entre las distintas facciones libanesas para la creación de un nuevo Gobierno. Sin embargo, justo antes del regreso de Moussa, los aliados de Siria en Líbano (Hezbolá, Amal y el general Michel Aoun) decidieron rechazar la propuesta que había sido acordada la víspera.[7]

El régimen sirio está tratando desesperadamente de salir del aislamiento impuesto por EEUU, Francia y sus aliados en la región. A finales de marzo y tras varias intervenciones de los egipcios, el presidente Assad fue invitado a la cumbre de la Liga Árabe celebrada en Arabia Saudí, donde se reunió con el monarca saudí. Las esperanzas de mejorar las relaciones entre ambos países se desvanecieron debido a la intención del régimen sirio de dominar la política libanesa y desestabilizar a la Autoridad Palestina apoyando a Hamás.[8]

El presidente Assad quiere asegurarse de que el próximo presidente libanés sea amistoso y manipulable. Los sirios se acostumbraron a manipular e imponer candidatos presidenciales prosirios durante los largos años de la ocupación libanesa. Irónicamente, esto es algo que contó con el apoyo tácito de EEUU, Francia y el Vaticano, los principales actores occidentales en Líbano.

La Administración Bush y el recién elegido presidente francés, Nicolás Sarkozy, siguen oponiéndose a la influencia siria en Líbano. Italia y España, por su parte, han optado por implicar al régimen sirio. La postura italiana y española se apoya en el hecho de que Siria es un actor importante en Líbano y en la región y, por lo tanto, no puede ser ignorado. En opinión de diplomáticos españoles e italianos, España e Italia están implicando a Siria porque consideran que reforzará la posición de Bashar Assad contra aquellas personas de su entorno que desean implantar una política más radical, especialmente de cara al Tribunal Especial para Líbano. Al estar más cerca de casa, el apoyo sirio es necesario para garantizar la seguridad de las tropas europeas que forman parte del contingente de la FPNUL en el sur de Líbano. Esta política, sin embargo, no logró impedir el atentado terrorista perpetrado contra tropas españolas el pasado 24 de junio, que provocó la muerte de seis soldados. En definitiva, no existen diferencias entre la política de EEUU, Francia, España y Portugal; todos están de acuerdo en la necesidad de reforzar el Gobierno de Siniora y evitar una mayor desestabilización en Líbano semejante a lo que está ocurriendo hoy en Iraq.

En respuesta al ataque mortal perpetrado contra el contingente español de la FPNUL en el sur del Líbano, algunos funcionarios libaneses apuntaron al régimen sirio. Para justificar su argumento citan al presidente sirio Bashar Assad, que advirtió recientemente que si se aprobaba la creación del tribunal de Hariri la “zona que se extiende desde el Mar Caspio hasta el Mediterráneo ardería en llamas”.[9] La reacción oficial siria fue que el atentado contra las tropas españolas (España mantiene relaciones cordiales con Damasco) se enmarca dentro de un plan más amplio de EEUU e Israel de destruir Hezbolá y acabar con su líder, Sayyid Hasan Nasrallah.[10] El ataque contra las tropas de la FPNUL reforzará la postura de quienes reclaman un mayor despliegue de tropas de Naciones Unidas en la frontera entre Líbano y Siria. Además, desde el punto de vista sirio, el ataque pondría a Hezbolá en el ojo del huracán y minaría su credibilidad de cara a la ONU, siendo este uno de los principales objetivos del gobierno israelí.

Conclusión: Desde el inicio de la Administración Bush, la consolidación de la democracia en Oriente Medio ha sido uno de los ejes principales de la política exterior estadounidense en la región. Supuestamente eran tres los países –Iraq, Palestina y Líbano– que servirían de terreno de pruebas para esta misión. Cuatro años después de la invasión estadounidense, Iraq está sumido en el caos y el Gobierno de Maliki en Bagdad es débil e ineficaz. En Palestina, las elecciones democráticas celebradas en el año 2006 llevaron al poder al grupo islamista Hamás. Hoy, el panorama político palestino está dividido en dos (Hamás gobierna en Gaza y la Auotoridad Palestina en Cisjordania). La única carta que le queda a la Administración Bush para demostrar su apuesta por la democracia en Oriente Medio es Líbano. Esto explica el apoyo incondicional de EEUU al frágil Gobierno de Siniora y la presión ejercida por EEUU sobre los libaneses para que elijan un nuevo presidente antes de que finalice el mes de noviembre. Si este intento se salda con éxito la Administración Bush podría referirse a Líbano como una victoria fundamental en su aventura en pos de la Utopía. En caso contrario, Líbano volverá a sumirse en una guerra civil que recordará al descenso al Infierno de Dante.

Sean cuales sean las causas o los motivos, las tropas de la FPNUL desplegadas en el sur del Líbano se han convertido ya en parte de la lucha global por alcanzar una mayor influencia en el futuro de Líbano y Oriente Medio. Esta lucha entre Francia, EEUU y el Reino Unido, por una parte, e Irán y Siria, por otra, tendrá consecuencias ya sea positivas o negativas en el futuro de Líbano.

[1] Para más información sobre Hezbolá y la guerra de julio de 2006, véase Augustus Richard Norton, Hezbollah, Princeton University Press, Princeton y Oxford, 2007. Véase también Franck Mermier & Elizabeth Picard, Liban: Une Guerre de 33 Jours, Editions La Decouverte, París, 2007.

[2] La publicación de Bernard Rougier, Le Jihad au Quotidien (Presses Universitaires de France, París, 2004) ofrece un excelente análisis de los grupos yihadistas islamistas.

[3] El apoyo de la inteligencia siria a Fatah al-Islam está documentado en las confesiones grabadas de los miembros del grupo salafista detenidos en Trípoli. Estas confesiones han sido utilizadas por el Gobierno de Siniora como prueba adicional de la implicación siria en la desestabilización de Líbano. Véase también Jim Quilty, “The Collateral Damage of Lebanese Sovereignty”, Middle East Report Online, 18/VI/2007.

[4] Para más información véase Seymour M. Hersh, “The Redirection: Is the Administration’s New Policy Benefiting our Enemies in the War on Terrorism?”, The New Yorker, marzo de 2007. Véase también el excelente análisis de Dan Froomkin, “Cheney, by Proxy”, The Washington Post, 4/VI/2007.

[5] Para un excelente análisis del Tribunal Especial para Líbano, véase Nadim Shehadi & Elizabeth Wilmshurst, The Special Tribunal for Lebanon: The UN on Trial?, Chatham House Middle East/International Law Briefing Paper, MEP/IL BP 07/01, julio de 2007.

[6] Véase George Emile Irani, “Acknowledgment, Forgiveness and Reconciliation in Conflict Resolution: Perspectives from Lebanon”, CHRONOS, nº 5, Universidad de Balamand, Líbano, 2002. Véase también George Emile Irani & Laurie King-Irani (eds), Al Itiraaf bil Akhaar al Ghoufran wal Musaalaha, Lebanese American University, Beirut, 1996.

[7] Para más información véase Al-Nashra, 21/VI/2007, y An-Nahar, 21/VI/2007.

[8] Ibid.

[9] Declaración recogida en Al-Nashra, 26/VI/2007. Véase también As-Safir, 26/VI/2007.

[10] Un ejemplo es la acusación vertida por el ministro de Información sirio, Mohsen Bilal, que declaró que el ataque había sido perpetrado por individuos vinculados al Ejército del Sur de Líbano de Antoine Lahd, que recibió el apoyo de Israel antes de su desplome en el año 2000. Véase Al-Hayat, 27/VI/2007.

julio 29, 2007 Publicado por | Líbano | Dejar un comentario

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