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Brasil, el ‘monster country’

Por Julio María Sanguinetti, ex presidente de Uruguay, abogado y periodista (EL PAÍS, 06/07/08):

Brasil está conmemorando los 200 años de la llegada a Río de Janeiro de la monarquía portuguesa, astutamente trasladada por la Armada británica para preservarla de la invasión napoleónica. Un libro que recuerda ese hecho -1808- encabeza la lista de los más vendidos desde hace 34 semanas y no es para menos, porque ese traslado fue factor determinante para que el Imperio lusitano de América permaneciera unido en un solo y enorme país, mientras los españoles nos despedazábamos en una veintena de repúblicas independientes, la mayoría enojadas entre sí por rivalidades de sus líderes o conflictos de fronteras que en parte aún perviven.

Por su población joven, su estilo musical y colorido y su espíritu tradicionalmente optimista, el del “hombre cordial” que definió el gran historiador Sergio Buarque de Hollanda (hoy más conocido por ser padre del cantante), Brasil no es muy afecto a mirar hacia atrás; pero este aniversario coincide con un momento próspero del país, que invita a observarlo en la perspectiva de dos siglos.

En un país que fue monarquía reina hoy una democracia muy sólida, que por vez primera incluso balancea el poder -desde hace cuatro períodos- entre dos grandes partidos. Una sociedad que sufrió tres siglos de esclavitud es gobernada hoy por un obrero metalúrgico emigrado desde el pobre nordeste, que accedió pacíficamente a los imperiales palacios de Brasilia, liturgia modernista del Estado consagrada por sus revolucionarios arquitectos. Una economía que llegó a tasas inflacionarias que superaron el 1.000% en los años 80 y aún 90 del pasado siglo alcanza hoy el investment grade que lo sitúa en el primer nivel para las inversiones internacionales.

Lo interesante es que hace muy poco tiempo se le veía lento frente a la expansión económica del resto de América Latina: sólo un 2,7% de promedio de crecimiento entre 1984 y 2003. La sensación era lógica, pero no provenía de una política errática, sino todo lo contrario. Mantenía tasas altísimas de interés y un enorme superávit primario en su presupuesto, en la procura de un saneamiento financiero profundo que permitiera asentar una expansión sana de futuro. Cuando arribó el gran momento internacional, con los formidables precios de hierro, soja y carne, pudo así cosechar aquella ortodoxia y crecer al 4,6% entre 2004 y 2008.

Si el PT hubiera obtenido la presidencia dos elecciones antes probablemente se habría hundido en el mar de los viejos eslóganes populistas. Pero llegó al poder transformado y en ello es fundamental la figura personalísima de Lula, que tantas veces ha dicho, ante la obvia pregunta sobre su particular orientación, que su Gobierno no es de izquierda sino una coalición en que hay un partido de izquierda como el PT asociado a otras fuerzas con las que ha coincidido en un programa nacional. La realidad nos dice que es la astucia y apertura mental de ese presidente lo que ha hecho posible el cambio, invirtiendo -y poniendo incluso a prueba- su popularidad inicial, en la liquidación total de la deuda externa y la acumulación de 200.000 millones de dólares de reserva, que alientan la expansión creciente de la inversión y sus rumbosos descubrimientos de reservas petrolíferas.

A Lula no se le han pegado los escándalos de corrupción que estallaron en su entorno más cercano, en el propio Palacio de Planalto, y que a mediados de 2005 parecían poner a su Gobierno al borde del colapso. Él ha surfeado todas las olas hasta transformarse en un mito nacional. Pelé fue el primer rey negro y lo sigue siendo a cabalidad en un fútbol que es parte integrante de la identidad nacional. Lula es el primer obrero presidente en una república de élites tradicionales. Su figura está más allá de la política y de su partido. El ejercicio del poder no ha cambiado su talante amable, esa expresión cadenciosa y cálida de su voz abaritonada, el uso pícaro del gracejo popular. Ese enorme capital político es el que ha sustentado aquellos primeros años de ortodoxia y le permite llegar a esta bonanza con las velas desplegadas.

Este Brasil del investment grade debe también su éxito a la continuidad de una política que permitió, bajo el ministerio de Fernando Henrique Cardoso y luego sus dos presidencias, estabilizar las finanzas y salir de aquellas hiperinflaciones de cuatro dígitos. Aquí está una clave de la historia brasileña, impregnada de un sentido evolutivo del cambio, bien distinto al rupturismo que ha caracterizado a la dramática Argentina. Cuando en Brasil ha brotado la amenaza del quiebre, el sistema se ha encargado de conjurarla, como pasó con Collor de Melo y Janio Quadros, gobernantes exaltados que hubieron de abandonar el poder. La misma dictadura militar de 1964 fue un caso extraño, porque ejerció el poder dos décadas, alternando cada cuatro años un presidente militar, en una ordenada rotación institucional que impidió el surgimiento del dictador personalista y mesiánico.

Curiosamente, donde Lula adolece es en el más histórico ámbito del éxito brasileño: la política exterior. El Mercosur vive de crisis en crisis, sin que Brasil haya logrado conducirlo, mientras Chávez ocupa el escenario con sus demagógicos planteos anti-yanquis y arrastra a la región hacia la construcción de una organización sudamericana, cuyo obvio propósito es dejar de lado a México y fortalecer la influencia de los Gobiernos populistas. Todo lo cual es contradictorio con la propia política exterior brasileña, que ha procurado desarrollar con Estados Unidos una privilegiada relación, montando incluso un programa conjunto de producción de bio-combustibles.

Dentro de dos años rotará el Gobierno y nadie mira con aprehensión la circunstancia. Todas las opciones a la vista son razonables. Ya no hay izquierda radical ni derecha nacionalista con opción de poder. Quienes vengan seguirán, inevitablemente, esta ruta exitosa, comenzada por las libertades alcanzadas con Sarney, el saneamiento realizado por Cardoso y el crecimiento de hoy. Sin embargo, este momento estelar es también el de las contradicciones que enfrenten los albores de la modernidad con los remanentes de un pasado de pobreza. El Brasil exporta 137.000 millones de dólares, cuadriplicando las exportaciones de hace cuatro años, pero permanece como la economía de la región más cerrada a la importación. Produce aviones de vanguardia pero lucha con favelas dominadas por el narcotráfico. Petrobras alcanza un valor de bolsa superior a todo el PIB argentino, pero tolera la devastación de la Amazonia por aventureros y corruptos. Controla el 40% del comercio mundial de carne pero su educación pública está muy por debajo de Chile, Argentina y Uruguay. Recogió el año pasado 57.000 millones de dólares de inversión extranjera directa, pero su tasa de ahorro es tres veces menor que la de China. Esas contradicciones seguirán en su panorama seguramente por muchos años. Aunque nadie duda de que Brasil ya no es aquel postergado “país del futuro” del que hablaba Stefan Zweig, sino un gran actor presente, un monster country cuyo peso no está dado tan sólo por su tamaño.

Julio 11, 2008 Publicado por cienciayartes | Brasil | | Aún no hay comentarios

Ya es mañana en Brasil

Por Michael Reid, editor de la sección de Las Américas de The Economist. Su libro El Continente olvidado: la lucha por el alma de América Latina será publicado en España por Editorial Belacqva. Traducción de Jesús Cuéllar Menezo (EL PAÍS, 19/06/08):

Hace un par de meses, cuando Luiz Inácio Lula da Silva habló ante una Economist Conference reunida en Brasilia, estaba exultante. Durante más de una hora ofreció a una audiencia compuesta de hombres de negocios chistes y un verbo florido para transmitir un sencillo mensaje. Dijo que su fórmula política consistía en ser “conservador en economía” y “audaz en política social”.

Es una fórmula que está dando sus frutos. Después de haberse librado de los escándalos de corrupción que afectaron a su Partido de los Trabajadores (PT) y que estuvieron a punto de costarle la reelección, Lula no sólo cabalga a lomos de la popularidad, sino que Brasil está comenzando a ser tomado en serio como nueva potencia económica y política. Cuando en 2003 los economistas del grupo Goldman Sachs juntaron a Brasil con Rusia, la India y China (el grupo “BRIC”), señalando que estos países dominarían la economía mundial alrededor de 2030, muchos rezongaron, apuntando que la aletargada economía brasileña no podía estar en ese club.

Sin embargo, su crecimiento alcanzó un respetable 5,5% el año pasado, su divisa y sus cuentas públicas se han fortalecido y la inversión exterior alcanza niveles sin precedentes. Dos organismos dedicados a la evaluación de riesgos crediticios concedieron hace poco un “grado inversión” a la deuda garantizada por el Estado brasileño. A diferencia de China y Rusia, Brasil cuenta con una democracia boyante, aunque caótica, mientras que su renta per cápita es siete veces mayor que la de la India. En la actualidad, muchos extranjeros ven en el país al líder de América Latina, que merecería estar presente en el Consejo de Seguridad de la ONU y en el G-8.

Hace tiempo que el potencial de Brasil está claro, pero el país rinde sistemáticamente por debajo de sus posibilidades. Se dice que Charles de Gaulle, después de una visita celebrada en 1960, declaró que había llegado a la conclusión de que Brasil “no era un país serio”. O milagre brasileiro, el cuarto de siglo durante el cual Brasil creció al ritmo de China, principalmente con gobiernos militares, terminó con la crisis de la deuda de 1982. A continuación, Brasil perdió pie durante una década. En comparación con el resto de la región, su transición a la democracia se produjo con lentitud y a trompicones.

Sin embargo, a comienzos de la década de 1990 los gobiernos brasileños comenzaron a abrir su protegida economía, dominada por el Estado. El Plano Real de Fernando Henrique Cardoso domeñó finalmente la inflación, tras una épica batalla que precisó una profunda reforma de las cuentas públicas, difícil desde el punto de vista político.

Para sorpresa de algunos, Lula decidió partir de los éxitos de Cardoso. Ha concedido independencia completa al Banco Central do Brasil y, a pesar de las quejas del PT, no intervino cuando éste subió los tipos de interés para sofocar una escalada inflacionaria en 2003. Tampoco es probable que lo haga ahora, cuando el banco vuelve a subir los tipos para controlar una nueva arremetida de la inflación, originada por el incremento mundial de los precios de los alimentos y el combustible. El Gobierno se atiene a sus objetivos presupuestarios, reduciendo poco a poco la deuda pública.

Está claro que Brasil se beneficia enormemente del auge de los precios de las materias primas. Desde 2003, el alza del precio del hierro y de la soja ha ayudado a duplicar el valor total de sus exportaciones, pero gracias a la eliminación de las barreras arancelarias la industria brasileña se ha hecho mucho más competitiva. Las compañías del país se atreven a salir al extranjero. Embraer construye un avión en China, Vale se ha convertido en la segunda empresa minera del mundo y otras firmas brasileñas son líderes en el sector agroindustrial. Si en la actualidad China es el taller del mundo e India la oficina de su trastienda, Brasil es su granja.

También tiene posibilidades para ser una superpotencia energética. El etanol brasileño de caña de azúcar, a diferencia del subvencionado etanol de maíz producido en Estados Unidos, es eficiente en términos económicos y medioambientales. Brasil dispone de tierra más que suficiente para incrementar su producción tanto de etanol como de alimentos sin tocar la selva amazónica. Para colmo, Petrobras acaba de descubrir en las costas brasileñas enormes yacimientos de petróleo y de gas, aunque es cierto que se encuentran a gran profundidad.

La democracia ha reportado beneficios sociales y económicos. Aquí también Lula partió de las políticas sociales de Cardoso y amplió la Bolsa Família, gracias a la cual en la actualidad 11 millones de familias muy pobres reciben pequeñas subvenciones en metálico. Las cantidades se entregan a las madres, a condición de que se comprometan a que sus hijos vayan al colegio y se sometan a revisiones médicas. Gracias a un enorme incremento de los medios docentes todos los pequeños asisten a la escuela primaria, y ahora alrededor del 70% termina el ciclo de secundaria.

Estas iniciativas, unidas a una escasa inflación y a un rápido crecimiento, han reducido los índices de pobreza, que han pasado del 48% en 1990 al 33% en 2006. Hasta la distribución de la renta brasileña, tristemente famosa por su desigualdad, está mejorando. Según los cálculos de la asesoría McKinsey, entre 2000 y 2005 unos ocho millones de familias (alrededor de 40 millones de personas) se sumaron a las clases medias. La estabilidad económica conlleva que esa gente puede conseguir préstamos para comprarse una casa, un coche y otros productos de consumo duraderos, con frecuencia por primera vez.

Junto a todo este progreso, existen problemas muy arraigados. Entre ellos destacan los crímenes violentos, en algunos casos vinculados con el tráfico de drogas. El sistema judicial es lento e ineficiente. La normativa laboral que, basada en la Carta del Laboro mussoliniana, no se ha reformado desde que se implantó, constituye un elemento tremendamente disuasorio a la hora de contratar trabajadores, salvo en la burocracia federal, que Lula ha ampliado innecesariamente. La carga fiscal, que representa un 36% del PIB, es tan elevada como la de muchos países desarrollados, aunque los servicios públicos son mucho peores. Décadas de inversión estatal insuficiente significan que las infraestructuras, sobre todo los puertos y las carreteras, dejan bastante que desear. Por otra parte, la enseñanza básica es de mala calidad: según el Informe PISA, en las pruebas científicas los niños brasileños tuvieron resultados un 20% inferiores a los rusos.

Lo peor es que el sistema político dificulta la movilización de mayorías para impulsar cambios. En las elecciones de 2006 no menos de 21 partidos obtuvieron escaños en el Congreso Nacional. Durante la primera legislatura de Lula, el PT echó por tierra la promesa de hacer política de manera ética cuando sus líderes sobornaron a decenas de diputados para que les votaran. En ocasiones, Lula habla de reformas -fisca-les, políticas e incluso laborales-, pero poco ha hecho por llevarlas a cabo. Para muchos economistas tendría que haber utilizado la bonanza generada por las materias primas para reducir con más decisión tanto la deuda pública como los impuestos.

La política exterior de Brasil también presenta claroscuros. El país se ha convertido en una gran potencia diplomática comercial, pero comparte con Estados Unidos y la UE el fracaso de la Ronda de Doha. Durante su primera legislatura, las políticas suramericanas de Lula fueron bastante ingenuas. A pesar de que Hugo Chávez le ganó la partida cuando acompañó a Evo Morales en su nacionalización de las operaciones de Petrobras en Bolivia, el Gobierno brasileño animó a Venezuela a unirse a Mercosur. En la segunda legislatura, Lula se ha mostrado más pragmático. Pero a muchos demócratas latinoamericanos les gustaría que Brasil apoyara con más decisión a la atribulada democracia colombiana.

El progreso de Brasil durante los últimos 15 años se ha basado en un paciente desarrollo de consensos democráticos y ésta es la razón por la que parece sostenible. El crecimiento brasileño, a diferencia del venezolano, se basa más en la inversión privada que en el gasto público. Al contrario que Argentina, Brasil no está permitiendo que la inflación ponga en peligro la estabilidad económica. Con sus múltiples defectos, en muchos sentidos, Brasil está comenzando a comportarse como un país serio.

Junio 25, 2008 Publicado por cienciayartes | Brasil | | Aún no hay comentarios

Un menor es asesinado en Brasil cada diez horas, según datos oficiales

Por JUAN ARIAS – Río de Janeiro – (El País.com 07/04/2008)

El caso de la pequeña Isabel, de cinco años, supuestamente asesinada y después arrojada desde un sexto piso de la casa del padre, Alexandre Alves Nardoni, y de su madrastra, Anna Carolina, ambos presos bajo sospecha de asesinato, no sólo está conmoviendo a todo Brasil, sino que ha puesto sobre la mesa un drama muchas veces escondido: el del número ingente de asesinatos de menores, perpetrados en gran parte dentro del ámbito familiar. A la muerte de Isabel se unió en un breve espacio de tiempo la de una niña de 10 años que, acosada por la violencia del padre, que quería pegarla, se arrojó por la ventana y no murió de milagro.

Según datos del Ministerio de Sanidad brasileño, entre 2000 y 2005 tuvieron lugar 5.049 muertes de niños y niñas de uno a 14 años. En 2005, 662 niños murieron por agresiones dentro del hogar, es decir, uno cada diez horas.

Y lo que más asusta es que, mientras en el pasado buena parte de los asesinatos de niños eran cometidos con armas de fuego fuera de casa, ahora se perpetran —sobre todo, hasta los 12 años— mediante estrangulamientos, cuchillos, etc., lo que indica que esos crímenes tienen lugar cada vez más en el ámbito familiar, según señala María Fernanda Tourinho, investigadora del Núcleo de Estudios de Violencia de la Universidad de São Paulo (USP).

Niños brasileños colocan velas encendidas en una favela tras una jornada violenta.- AP

En los últimos años, el índice de homicidios con víctimas entre 0 y 18 años se sitúa en una media de 12,56 por 100.000 habitantes. Con todo, el psiconalista Mário Eduardo Pereira recomienda desde el diario O Globo que no se busquen culpables a cualquier precio ni se piense que todos esos padres que en el silencio del hogar asesinan a sus pequeños son enfermos psíquicos. Muchas veces, las drogas y el alcohol, unidos a ciertas situaciones de estrés familiar, hacen posibles esas monstruosidades. Según el psiquiatra Icami Tiba, hay más personas con miedo a cometer actos de violencia contra sus hijos de lo que se piensa. “Hay que atacar esos fantasmas antes de que se conviertan en personas”, advierte Tiba.

Abril 7, 2008 Publicado por cienciayartes | Brasil, violencia infantil | | Aún no hay comentarios

La peculiar adaptación asiática de Brasil

Por Alfredo Arahuetes, profesor agregado de Economía Mundial, ICADE-Universidad Pontificia Comillas e investigador del Real Instituto Elcano (EL PAÍS, 18/03/08):

En 2007, Brasil habrá renovado su posición como la décima economía del mundo, apenas detrás de España y Canadá y, todavía, por delante de Rusia, Corea del Sur e India. El mismo ranking calculando el PIB por la paridad del poder adquisitivo (PPA) sitúa a Brasil como la octava economía apenas detrás de Italia y por delante de España y Canadá. Es la primera economía de América Latina y su PIB representa al menos un tercio del PIB de la región. ¿Cómo ha llegado Brasil a ser una economía tan destacada? ¿Cabe suponer que por ser además un país de dimensión continental ha establecido una amplia red de relaciones económicas con los países de América Latina a excepción de México?

La implantación del proceso de industrialización tardía, en los años cincuenta, y la expansión industrial de los años sesenta y setenta, hasta 1974, contribuyó a que la economía brasileña lograse un largo periodo de alto crecimiento con tasas chinas de un promedio del 7,8% anual. El crecimiento, durante este largo periodo se orientó hacia el mercado interno. Brasil se convirtió en una potencia industrial intermedia en el mundo, pero con una economía poco abierta al exterior. Entre 1974 y 1982 el proceso de industrialización se amplió a otros bienes intermedios y a bienes de capital aprovechando el ciclo de crédito internacional de ese periodo. El PIB promedio del país registró tasas anuales del 5,3% pero, como señalaron los profesores Lessa y Tavares, las fragilidades institucionales internas y el endeudamiento externo dieron al traste con el sueño de establecer un proyecto nacional de desarrollo autónomo.

En esta larga etapa, la reducida apertura externa determinó un bajo perfil en las relaciones económicas con los países latinoamericanos. Era un claro reflejo de que la estrategia de industrialización por sustitución de importaciones adoptada por los países de la región tenía un marcado carácter nacional que desestimaba la importancia de la integración de mercados (a pesar de la existencia de acuerdos formales como ALALC, MCCE y el Pacto Andino). La drástica desaparición de la liquidez internacional, tras la crisis de la deuda externa, obligó al país a la adopción de políticas de ajuste que permitiesen la obtención de jugosos superávit comerciales con los que cumplir con los bancos acreedores. La crisis financiera y el ajuste debilitaron al Estado, y entró en un proceso de alta inestabilidad económica y política que imposibilitó la reorientación del proyecto nacional de desarrollo y su articulación con esquemas regionales de integración. Aun así y a pesar de la falta de complementariedad productiva y comercial, los presidentes de Argentina y Brasil -Alfonsín y Sarney- lanzaron el Mercosur en los turbulentos finales años ochenta, un esquema que, contra viento y marea, sigue dando sus frutos hasta hoy.

En los primeros años noventa la globalización financiera incorporó a sus circuitos a las economías en desarrollo más destacadas presentadas bajo la nueva etiqueta de economías emergentes. La economía brasileña atravesaba por muy malos momentos, amenazada por la hiperinflación, pero, aun así, recibió significativas entradas de capitales. Los nuevos capitales contribuyeron a la recuperación y a la estabilización promovida con el Plan Real, pero enseguida apreciaron los tipos de cambio provocando crecientes déficit comerciales y de cuenta corriente, y colocando a la economía en una situación de fuerte dependencia de la financiación internacional. La globalización financiera no proporcionaba recursos para el desarrollo, sino que promovía en las economías emergentes una inserción externa de carácter financiero, que en la práctica determinaba la contracción del aparato productivo y una significativa fragilidad externa. En los países emergentes la fragilidad externa era la antesala de la crisis, y así se puso de relieve con las crisis de México (1994), los países asiáticos (1997/98), Rusia (1998) y, tras la drástica retirada de los capitales internacionales, de casi todos los países de América Latina entre 1998 y 2002. En Brasil la crisis se manifestó en enero de 1999, apenas iniciado el segundo mandato de F. H. Cardoso.

Durante los dos mandatos de Cardoso, Brasil siguió la doble estrategia de global trader y mayor integración con los países de América Latina. La estrategia dio sus frutos en ambos ámbitos. Con los países de América Latina se intensificaron, significativamente, las relaciones comerciales con Mercosur y también con el resto de los países de la región. Al finalizar la presidencia de Cardoso en 2002, el comercio con el área ya representaba el 18,5% de sus exportaciones y el 16,5% de sus importaciones. La creciente interrelación con los países latinoamericanos era de carácter comercial, aún era muy escasa la presencia de inversiones directas cruzadas. La intensificación de las relaciones era significativa y adquiría mayor relevancia a tenor del doble impacto negativo de la crisis financiera y de la desaceleración internacional que colocaron a muchos países de la región casi al borde de la insolvencia.

Cuando Lula tomó posesión en enero de 2003, apostó por una prudente ortodoxia para retirar al país de la insolvencia mediante una política fiscal austera -con el objetivo de superávit primarios que redujesen la relación deuda pública / PIB- y una política monetaria de metas de inflación. En su primer mandato esta estrategia de virtud contó con la fortuna de la expansión de la economía internacional que tiró de las exportaciones brasileñas, sobre todo a China y otros países asiáticos, con precios al alza. El tipo de cambio del real, depreciado por la crisis, contribuyó a la expansión de las exportaciones de manufacturas, y el país volvió a una senda de crecimiento liderada por las exportaciones con significativos superávit comerciales y de cuenta corriente. Al mismo tiempo, Brasil recuperó la capacidad de atracción de inversiones directas de empresas extranjeras hasta el punto de situarse en segunda posición del grupo de países emergentes sólo detrás de China.

Se originó, así, un cambio significativo en la inserción de Brasil en la economía internacional: la inserción financiera fue reemplazada por una inserción comercial similar a la seguida por las economías asiáticas, fortalecida con la entrada de inversiones directas. Con esta nueva inserción, las exportaciones pasaron de 57.000 millones de dólares en 2002 a 161.000 millones en 2007, casi el triple en cinco años; y el país ha obtenido elevados superávit comerciales y de cuenta corriente que, junto a las entradas de inversiones directas, le han permitido reducir pasivos externos y acumular un espectacular nivel de reservas: 182.000 millones de dólares a finales de 2007.

En el segundo mandato, iniciado hace un año, Lula ha cambiado el rumbo hacia una prudente ortodoxia compatible con el relanzamiento del desarrollo. Es decir, estabilidad con fuerte impulso de la inversión en sectores industriales intensivos en capital y en infraestructuras (con el PAC) con el dinamismo necesario tanto para un crecimiento sostenible como para el fortalecimiento de la capacidad exportadora y la sustitución de importaciones al estilo de las economías asiáticas -como señalan los profesores Coutinho y Belluzzo-, y atendiendo a la reducción de la pobreza y la mejora en la distribución de la renta. Esta estrategia permitiría alcanzar tasas de crecimiento superiores al 5% como en 2007 y contaría con el importante refuerzo externo de que el país ha alcanzado la autosuficiencia energética tras el hallazgo de los campos de Tupi.

En estos últimos cinco años se han intensificado las relaciones económicas entre Brasil y los países de América Latina y el Caribe. Sus mercados absorben el 26% de las exportaciones brasileñas y proveen del 18% de las importaciones, y además son el destino del 17,5% de las inversiones directas de las empresas de Brasil y el origen del 3% de las inversiones directas recibidas. Brasil parece apostar por intensificar la integración con los países de la región mediante un esquema de geometría variable que permita el desarrollo de la “fábrica América Latina” con alimentos, materias primas y energía, una adaptación particular de la “fábrica Asia”. En esta línea se inscriben tanto los proyectos de infraestructuras transoceánicas como la Integración de América del Sur y el relanzamiento de las relaciones con México, América Central y el Caribe.

Marzo 31, 2008 Publicado por cienciayartes | Brasil | | Aún no hay comentarios

Convergencias y estrategias

Por Fernando Henrique Cardoso, sociólogo y escritor. Fue presidente de Brasil de 1999 al 2003 (LA VANGUARDIA, 02/02/08):

La historia reciente ha demostrado que los países que consiguieron “dar un salto” atendieron al mismo tiempo a los desafíos de los mercados globalizados y a las necesidades de la población local. Esto lo hicieron cuando fueron capaces de definir el futuro sin medirlo por el calendario electoral y alcanzaron un consenso relativo sobre las metas, al menos las de medio plazo. En el mundo occidental, donde prevalecen las reglas de representación democrática y la soberanía del voto popular, incluso sin uniformidad de visiones, se crean valores y mecanismos para que la alternancia del poder respete cierto grado de continuidad en los objetivos nacionales pactados implícita o explícitamente.

Tal fue el caso de España y, si bien en otras circunstancias, el de Chile.

En Brasil, de forma notable, los partidos que se combaten políticamente, como el Partido de la Social Democracia Brasileña y el Partido de los Trabajadores, no han impedido que la sociedad haya ido formando, poco a poco, cierto consenso.

¿No sería este el momento para una reflexión política más madura, que aclare los caminos posibles y deseables que, sin eliminar las discrepancias políticas en lo que estas tienen de efectivo, disminuyan la retórica que confunde la percepción de las alternativas y la definición de las metas?

La primera gran cuestión que se plantea, desde el ángulo de los desafíos de la globalización, es la de definir la presencia creciente de China y de las demás economías emergentes. China nos ha prestado un enorme auxilio con el aumento de los precios internacionales de las materias primas y alimentos provocado por su acelerado crecimiento. Empero, China nos desafiará cada vez más con una oferta creciente de productos manufacturados, no sólo en los de bajo costo, en los cuales es invencible, sino también en los de mayor sofisticación tecnológica, para lo cual se está preparando. Peor aún, el efecto positivo del aumento de la exportación de mercancías colabora en la reevaluación del real, lo que dificulta la exportación de manufacturas.

Brasil no debe renunciar a lo que consiguió a duras penas: su base industrial. Para perfeccionarla y ampliarla, necesitará de mucha innovación y de mucha agregación de valor a nuevos productos. Tenemos el desafío, pues, de hacer en la industria lo que hicimos en la agricultura y en la minería, el desarrollo de nuevas tecnologías y de la capacidad empresarial.

Si así fuera, la meta relacionada ha de ser definir las áreas estratégicas en que debemos concentrarnos para, en seguida, avanzar más en el desarrollo científico y tecnológico. El área más obvia parece ser la de la energía, dada la disponibilidad de tierras y de tecnología para la producción de etanol y biocombustibles y dadas las reservas disponibles para el aumento de la exploración del petróleo y del gas.

Si nuestro futuro depende de decisiones sobre las áreas económicas en las que debemos concentrarnos, de hecho este sólo estará a nuestro alcance si simultáneamente llevamos a cabo una revolución educativa. ¿No sería ese un terreno para que los partidos y la sociedad se articularan para discutir cómo financiar el salto al frente educativo, quizá con recursos procedentes de la exploración del gran manantial petrolero que se anuncia? ¿Y para definir qué medidas prácticas tomar para manejar la educación, formar más y mejores profesores y pagarles mejor?

Hablando de financiación a largo plazo, todos sabemos que la crisis fiscal del Estado no podrá ser superada sin la limitación de los gastos corrientes, impulsados por los gastos (y el déficit) cada vez mayores de la asistencia social y por la expansión indiscriminada de la maquinaria pública. ¿No habría posibilidad de acuerdo en esa área? Y la tan ansiada reforma tributaria, aunque vista con menos ambición y mayor objetividad, ¿no podría ser objeto de negociaciones entre partidos, gobiernos y sociedad para, digamos, lograrla en el transcurso de este año?

¿Y será, santo Dios, que no alarma a los dirigentes del país que los continuos escándalos y la corrupción impune minen la confianza en el Estado y en el Gobierno y terminen por echar cuesta abajo las expectativas y la confianza de la sociedad en el futuro del país? ¿No podríamos aprovechar el momento para aumentar los controles sobre los desatinos, el pillaje y la corrupción política? ¿Será imposible modificar las reglas electorales y la legislación partidista con miras a aumentar la responsabilidad de los elegidos ante los electores y de ampliar los canales de participación, sin pretender sustituir la democracia representativa por la manipulación electoral plebiscitaria de las masas? Quién sabe si sea optimismo de año que acaba de empezar. Pero si los responsables de conducir la vida pública, empezando por el presidente e incluyendo a los dirigentes de la oposición, en vez de aferrarse a la retórica y a mezquindades, miramos al frente sin despreciar el pasado que construimos, tal vez haya esperanzas. La iniciativa, por tanto, está con los que fueron elegidos para gobernar el país y no sólo para vanagloriarse de lo ya hecho, pues todavía hay mucho por hacer.

Febrero 24, 2008 Publicado por cienciayartes | Brasil | | Aún no hay comentarios

Convergencias y estrategias

Por Fernando Henrique Cardoso, sociólogo y escritor. Fue presidente de Brasil de 1999 al 2003 (LA VANGUARDIA, 02/02/08):

La historia reciente ha demostrado que los países que consiguieron “dar un salto” atendieron al mismo tiempo a los desafíos de los mercados globalizados y a las necesidades de la población local. Esto lo hicieron cuando fueron capaces de definir el futuro sin medirlo por el calendario electoral y alcanzaron un consenso relativo sobre las metas, al menos las de medio plazo. En el mundo occidental, donde prevalecen las reglas de representación democrática y la soberanía del voto popular, incluso sin uniformidad de visiones, se crean valores y mecanismos para que la alternancia del poder respete cierto grado de continuidad en los objetivos nacionales pactados implícita o explícitamente.

Tal fue el caso de España y, si bien en otras circunstancias, el de Chile.

En Brasil, de forma notable, los partidos que se combaten políticamente, como el Partido de la Social Democracia Brasileña y el Partido de los Trabajadores, no han impedido que la sociedad haya ido formando, poco a poco, cierto consenso.

¿No sería este el momento para una reflexión política más madura, que aclare los caminos posibles y deseables que, sin eliminar las discrepancias políticas en lo que estas tienen de efectivo, disminuyan la retórica que confunde la percepción de las alternativas y la definición de las metas?

La primera gran cuestión que se plantea, desde el ángulo de los desafíos de la globalización, es la de definir la presencia creciente de China y de las demás economías emergentes. China nos ha prestado un enorme auxilio con el aumento de los precios internacionales de las materias primas y alimentos provocado por su acelerado crecimiento. Empero, China nos desafiará cada vez más con una oferta creciente de productos manufacturados, no sólo en los de bajo costo, en los cuales es invencible, sino también en los de mayor sofisticación tecnológica, para lo cual se está preparando. Peor aún, el efecto positivo del aumento de la exportación de mercancías colabora en la reevaluación del real, lo que dificulta la exportación de manufacturas.

Brasil no debe renunciar a lo que consiguió a duras penas: su base industrial. Para perfeccionarla y ampliarla, necesitará de mucha innovación y de mucha agregación de valor a nuevos productos. Tenemos el desafío, pues, de hacer en la industria lo que hicimos en la agricultura y en la minería, el desarrollo de nuevas tecnologías y de la capacidad empresarial.

Si así fuera, la meta relacionada ha de ser definir las áreas estratégicas en que debemos concentrarnos para, en seguida, avanzar más en el desarrollo científico y tecnológico. El área más obvia parece ser la de la energía, dada la disponibilidad de tierras y de tecnología para la producción de etanol y biocombustibles y dadas las reservas disponibles para el aumento de la exploración del petróleo y del gas.

Si nuestro futuro depende de decisiones sobre las áreas económicas en las que debemos concentrarnos, de hecho este sólo estará a nuestro alcance si simultáneamente llevamos a cabo una revolución educativa. ¿No sería ese un terreno para que los partidos y la sociedad se articularan para discutir cómo financiar el salto al frente educativo, quizá con recursos procedentes de la exploración del gran manantial petrolero que se anuncia? ¿Y para definir qué medidas prácticas tomar para manejar la educación, formar más y mejores profesores y pagarles mejor?

Hablando de financiación a largo plazo, todos sabemos que la crisis fiscal del Estado no podrá ser superada sin la limitación de los gastos corrientes, impulsados por los gastos (y el déficit) cada vez mayores de la asistencia social y por la expansión indiscriminada de la maquinaria pública. ¿No habría posibilidad de acuerdo en esa área? Y la tan ansiada reforma tributaria, aunque vista con menos ambición y mayor objetividad, ¿no podría ser objeto de negociaciones entre partidos, gobiernos y sociedad para, digamos, lograrla en el transcurso de este año?

¿Y será, santo Dios, que no alarma a los dirigentes del país que los continuos escándalos y la corrupción impune minen la confianza en el Estado y en el Gobierno y terminen por echar cuesta abajo las expectativas y la confianza de la sociedad en el futuro del país? ¿No podríamos aprovechar el momento para aumentar los controles sobre los desatinos, el pillaje y la corrupción política? ¿Será imposible modificar las reglas electorales y la legislación partidista con miras a aumentar la responsabilidad de los elegidos ante los electores y de ampliar los canales de participación, sin pretender sustituir la democracia representativa por la manipulación electoral plebiscitaria de las masas? Quién sabe si sea optimismo de año que acaba de empezar. Pero si los responsables de conducir la vida pública, empezando por el presidente e incluyendo a los dirigentes de la oposición, en vez de aferrarse a la retórica y a mezquindades, miramos al frente sin despreciar el pasado que construimos, tal vez haya esperanzas. La iniciativa, por tanto, está con los que fueron elegidos para gobernar el país y no sólo para vanagloriarse de lo ya hecho, pues todavía hay mucho por hacer.

Febrero 24, 2008 Publicado por cienciayartes | Brasil | | Aún no hay comentarios

País del presente

Por César Antonio Molina, ministro de Cultura (EL PAÍS, 16/07/07):

Se cumplen 66 años de que el escritor austriaco Stefan Zweig añadiera un libro de título elocuente a su caudalosa obra: Brasil, país del futuro. “Si el paraíso existe en algún lado del planeta, ¡no podría estar muy lejos de aquí!”, aseguraba emocionado. Zweig había llegado a Brasil poco antes, tras haberse instalado temporalmente en Francia e Inglaterra en su angustiosa huida del acoso nazi, pero el entusiasmo de encontrarse por fin en un nuevo mundo alejado de la barbarie que destruía la vieja civilización europea no fue suficiente para evitar que, un año después, el 22 de febrero de 1942, decidiera terminar con su vida en Petrópolis. El temor de que el nazismo invadiera el mundo fue más fuerte.

Desde entonces, la apelación de Stefan Zweig a que Brasil era el país del futuro ha pasado a convertirse en frase de obligada cita, lo que al tiempo encierra una cierta desesperanza, como si esa profecía hecha hace tanto no acabara de cumplirse nunca. Nada menos cierto. Los cambios, las transformaciones sociales, el bienestar de las naciones sufren de forma continua altibajos ante nuestros propios ojos, pero ocurre con demasiada frecuencia que sólo con el tiempo somos capaces de percibirlos. Los clichés y los tópicos que los extranjeros mantienen en torno a un país forman parte de las imágenes más duraderas y difíciles de desarraigar, y los españoles algo sabemos de ello.

Hace tiempo que Brasil ha dejado de ser reserva de futuro para convertirse en la décima potencia económica del mundo, con cerca del 90% de la población infantil escolarizada, una envidiable creatividad en el ámbito de las tecnologías de la información y la comunicación y un lugar de referencia para el arte, el urbanismo, el diseño y, en definitiva, la modernidad cultural. La Unión Europea acaba de sellar con él una alianza estratégica que pone de relieve que Brasil, sin perder el futuro, es ya pleno presente.

Muchos escritores españoles, como Ángel Crespo y Basilio Losada, supieron verlo con antelación, y anudaron lazos tan íntimos con la literatura de aquel país que pudieron verter al español de forma magistral algunos de los clásicos brasileños, al igual que nos los acercó la Revista de Cultura Brasileña, que durante muchos años se publicó en Madrid dirigida por el propio Ángel Crespo. Por fortuna, el viaje ha sido de ida y vuelta. La excepcional escritora Nélida Piñón, Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2005, tiene una obra que encarna como pocas la comunicación que existe entre las diversas tradiciones que conviven en el cuerpo cultural iberoamericano, pero la misma querencia por lo español han sentido otros novelistas, cineastas, músicos y poetas brasileños como Glauber Rocha, Euclides da Cunha, Jorge Amado, Clarice Lispector, Guimarães Rosa, Rubem Fonseca, Loyola Brandão, Guilherme de Almeida y João Cabral de Melo Neto, que vivió en Barcelona, Sevilla y Madrid, que fue amigo de Miró y de Tàpies y que se apasionó por la poesía en español y en catalán.

Pero la mejor prueba de afecto e interés la ha dado el propio país hace justamente dos años, cuando el Parlamento aprobó el 7 de julio de 2005 la Ley 11.161 que establece que todas las escuelas de enseñanza media deben ofrecer obligatoriamente la asignatura de español a los alumnos. Se trata de un hito de tales dimensiones para la difusión internacional de nuestra lengua que las escuetas cifras hablan por sí solas.

En el continente americano se concentra la mayor demanda de español en el mundo. Lo aprenden a día de hoy más de 7 millones de estudiantes -de los que 6 millones corresponden a Estados Unidos-, cifra que, con total certeza, se triplicará en los próximos años, dado que, del millón de estudiantes de español que registra Brasil en la actualidad, se pasará a un mínimo de 11 millones en el momento en que se haga plenamente efectiva la Ley del Español. Los niños podrán elegir o no la nueva asignatura, pero el propio ponente de la ley, el diputado Attila Lira, afirmaba que los niños brasileños estudiarán español ya que de una manera u otra saben que les abrirá muchas puertas en su futuro. Por eso, el Ministerio de Educación brasileño calculó que serán necesarios en torno a 210.000 nuevos profesores en los próximos años.

En Brasil ya hace tiempo que todas las universidades incluyen el conocimiento del español como requisito para superar las pruebas de acceso, y en algunas de ellas es la lengua extranjera más demandada, por delante incluso del inglés. Durante el pasado año académico, en la Universidad de Río de Janeiro unos 28.000 candidatos eligieron examinarse de español, 18.000 de inglés y 800 de francés. Hay en total 26 universidades públicas y 24 privadas que ya ofrecen licenciaturas en español, y si se contempla el progresivo despliegue de las grandes empresas brasileñas en los países hispanoamericanos vecinos se entenderá que domine nuestra lengua el 45% de los ejecutivos. En fin, las previsiones indican que dentro de diez años la hablarán 30 millones de brasileños.

Lo mismo sucede en el estricto ámbito de la cultura. Si una treintena de autores españoles -entre ellos Rafael Argullol, Juan Luis Arsuaga, Javier Cercas, Elvira Lindo, Julio Llamazares, Javier Marías, Ignacio Martínez de Pisón, Juan José Millás, Rosa Montero, Antonio Muñoz Molina, Mercé Rodoreda y Albert Sánchez Piñol- han sido traducidos en los últimos años, la presencia de nuestro teatro y cine aumenta día a día, y resulta lógico que el Festival Internacional de Cine de Río de Janeiro se abra a finales de septiembre con Fados, la nueva película de Carlos Saura.

Mañana, martes, el Príncipe de Asturias inaugurará la puesta en marcha del proyecto más ambicioso y completo que el Instituto Cervantes tiene en su red mundial de centros y que, con toda lógica, ha destinado al inmenso y vigoroso país que, pese a la distancia física, a los españoles nos resulta tan próximo. La presencia del Instituto en Brasilia, en Salvador de Bahía, en Curitiba y en Porto Alegre, además de en São Paulo y Río de Janeiro, así como, dentro de unos meses, en Belo Horizonte, en Florianópolis y en Recife, es decir, en las nueve ciudades más representativas de Brasil, supondrá el mayor despliegue cultural en el exterior hecho nunca por España.

El pintor Cândido Portinari realizó entre 1955 y 1956 una veintena de magistrales ilustraciones para una edición del Quijote que incluía también poemas de Carlos Drummond de Andrade. Uno de aquellos versos decía: somos “ricos en quimeras”. No es cierto, ya no son quimeras ni delirios, porque el país del futuro ya está aquí.

Julio 17, 2007 Publicado por cienciayartes | Brasil | | Aún no hay comentarios

País del presente

Por César Antonio Molina, ministro de Cultura (EL PAÍS, 16/07/07):

Se cumplen 66 años de que el escritor austriaco Stefan Zweig añadiera un libro de título elocuente a su caudalosa obra: Brasil, país del futuro. “Si el paraíso existe en algún lado del planeta, ¡no podría estar muy lejos de aquí!”, aseguraba emocionado. Zweig había llegado a Brasil poco antes, tras haberse instalado temporalmente en Francia e Inglaterra en su angustiosa huida del acoso nazi, pero el entusiasmo de encontrarse por fin en un nuevo mundo alejado de la barbarie que destruía la vieja civilización europea no fue suficiente para evitar que, un año después, el 22 de febrero de 1942, decidiera terminar con su vida en Petrópolis. El temor de que el nazismo invadiera el mundo fue más fuerte.

Desde entonces, la apelación de Stefan Zweig a que Brasil era el país del futuro ha pasado a convertirse en frase de obligada cita, lo que al tiempo encierra una cierta desesperanza, como si esa profecía hecha hace tanto no acabara de cumplirse nunca. Nada menos cierto. Los cambios, las transformaciones sociales, el bienestar de las naciones sufren de forma continua altibajos ante nuestros propios ojos, pero ocurre con demasiada frecuencia que sólo con el tiempo somos capaces de percibirlos. Los clichés y los tópicos que los extranjeros mantienen en torno a un país forman parte de las imágenes más duraderas y difíciles de desarraigar, y los españoles algo sabemos de ello.

Hace tiempo que Brasil ha dejado de ser reserva de futuro para convertirse en la décima potencia económica del mundo, con cerca del 90% de la población infantil escolarizada, una envidiable creatividad en el ámbito de las tecnologías de la información y la comunicación y un lugar de referencia para el arte, el urbanismo, el diseño y, en definitiva, la modernidad cultural. La Unión Europea acaba de sellar con él una alianza estratégica que pone de relieve que Brasil, sin perder el futuro, es ya pleno presente.

Muchos escritores españoles, como Ángel Crespo y Basilio Losada, supieron verlo con antelación, y anudaron lazos tan íntimos con la literatura de aquel país que pudieron verter al español de forma magistral algunos de los clásicos brasileños, al igual que nos los acercó la Revista de Cultura Brasileña, que durante muchos años se publicó en Madrid dirigida por el propio Ángel Crespo. Por fortuna, el viaje ha sido de ida y vuelta. La excepcional escritora Nélida Piñón, Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2005, tiene una obra que encarna como pocas la comunicación que existe entre las diversas tradiciones que conviven en el cuerpo cultural iberoamericano, pero la misma querencia por lo español han sentido otros novelistas, cineastas, músicos y poetas brasileños como Glauber Rocha, Euclides da Cunha, Jorge Amado, Clarice Lispector, Guimarães Rosa, Rubem Fonseca, Loyola Brandão, Guilherme de Almeida y João Cabral de Melo Neto, que vivió en Barcelona, Sevilla y Madrid, que fue amigo de Miró y de Tàpies y que se apasionó por la poesía en español y en catalán.

Pero la mejor prueba de afecto e interés la ha dado el propio país hace justamente dos años, cuando el Parlamento aprobó el 7 de julio de 2005 la Ley 11.161 que establece que todas las escuelas de enseñanza media deben ofrecer obligatoriamente la asignatura de español a los alumnos. Se trata de un hito de tales dimensiones para la difusión internacional de nuestra lengua que las escuetas cifras hablan por sí solas.

En el continente americano se concentra la mayor demanda de español en el mundo. Lo aprenden a día de hoy más de 7 millones de estudiantes -de los que 6 millones corresponden a Estados Unidos-, cifra que, con total certeza, se triplicará en los próximos años, dado que, del millón de estudiantes de español que registra Brasil en la actualidad, se pasará a un mínimo de 11 millones en el momento en que se haga plenamente efectiva la Ley del Español. Los niños podrán elegir o no la nueva asignatura, pero el propio ponente de la ley, el diputado Attila Lira, afirmaba que los niños brasileños estudiarán español ya que de una manera u otra saben que les abrirá muchas puertas en su futuro. Por eso, el Ministerio de Educación brasileño calculó que serán necesarios en torno a 210.000 nuevos profesores en los próximos años.

En Brasil ya hace tiempo que todas las universidades incluyen el conocimiento del español como requisito para superar las pruebas de acceso, y en algunas de ellas es la lengua extranjera más demandada, por delante incluso del inglés. Durante el pasado año académico, en la Universidad de Río de Janeiro unos 28.000 candidatos eligieron examinarse de español, 18.000 de inglés y 800 de francés. Hay en total 26 universidades públicas y 24 privadas que ya ofrecen licenciaturas en español, y si se contempla el progresivo despliegue de las grandes empresas brasileñas en los países hispanoamericanos vecinos se entenderá que domine nuestra lengua el 45% de los ejecutivos. En fin, las previsiones indican que dentro de diez años la hablarán 30 millones de brasileños.

Lo mismo sucede en el estricto ámbito de la cultura. Si una treintena de autores españoles -entre ellos Rafael Argullol, Juan Luis Arsuaga, Javier Cercas, Elvira Lindo, Julio Llamazares, Javier Marías, Ignacio Martínez de Pisón, Juan José Millás, Rosa Montero, Antonio Muñoz Molina, Mercé Rodoreda y Albert Sánchez Piñol- han sido traducidos en los últimos años, la presencia de nuestro teatro y cine aumenta día a día, y resulta lógico que el Festival Internacional de Cine de Río de Janeiro se abra a finales de septiembre con Fados, la nueva película de Carlos Saura.

Mañana, martes, el Príncipe de Asturias inaugurará la puesta en marcha del proyecto más ambicioso y completo que el Instituto Cervantes tiene en su red mundial de centros y que, con toda lógica, ha destinado al inmenso y vigoroso país que, pese a la distancia física, a los españoles nos resulta tan próximo. La presencia del Instituto en Brasilia, en Salvador de Bahía, en Curitiba y en Porto Alegre, además de en São Paulo y Río de Janeiro, así como, dentro de unos meses, en Belo Horizonte, en Florianópolis y en Recife, es decir, en las nueve ciudades más representativas de Brasil, supondrá el mayor despliegue cultural en el exterior hecho nunca por España.

El pintor Cândido Portinari realizó entre 1955 y 1956 una veintena de magistrales ilustraciones para una edición del Quijote que incluía también poemas de Carlos Drummond de Andrade. Uno de aquellos versos decía: somos “ricos en quimeras”. No es cierto, ya no son quimeras ni delirios, porque el país del futuro ya está aquí.

Julio 16, 2007 Publicado por cienciayartes | Brasil | | Aún no hay comentarios

Our Biofuels Partnership

Por Luiz Inácio Lula da Silva, president of Brazil (THE WASHINGTON POST, 30/03/07):

Tomorrow I will visit with President Bush at Camp David to follow up on conversations we had a few weeks ago in Sao Paulo. We have taken an important first step toward committing our countries to developing clean and renewable energy sources that will ensure the prosperity of our peoples while protecting the environment.

We are launching a partnership to enhance the role of ethanol fuel in our countries’ energy mixes while moving to make biodiesel fuel more widely available. Simultaneously, we are creating opportunities to expand these programs onto the global stage.

This initiative builds on what Brazil has achieved in biofuels. Thirty years of research and innovation have made my country self-sufficient in oil by replacing 40 percent of our gasoline consumption with ethanol. “Flex-fuel” engines, which run on any combination of biofuels, have transformed ethanol into a secure and reliable energy source. We look forward to similar technical breakthroughs as we further develop our domestic biodiesel market.

However, ethanol and biodiesel are more than an answer to our dangerous “addiction” to fossil fuels. We aim to set in motion a reassessment of the global strategy to protect our environment. As well as being renewable, biofuels in Brazil are clean and highly competitive; ethanol made from sugar cane leaves no residues, as everything is recycled and the byproducts of its production are used to enrich the soil. Equally important, sugar cane sequesters carbon from the atmosphere, helping to reduce greenhouse gases.

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Abril 1, 2007 Publicado por cienciayartes | Brasil, energía | | Aún no hay comentarios

Our Biofuels Partnership

Por Luiz Inácio Lula da Silva, president of Brazil (THE WASHINGTON POST, 30/03/07):

Tomorrow I will visit with President Bush at Camp David to follow up on conversations we had a few weeks ago in Sao Paulo. We have taken an important first step toward committing our countries to developing clean and renewable energy sources that will ensure the prosperity of our peoples while protecting the environment.

We are launching a partnership to enhance the role of ethanol fuel in our countries’ energy mixes while moving to make biodiesel fuel more widely available. Simultaneously, we are creating opportunities to expand these programs onto the global stage.

This initiative builds on what Brazil has achieved in biofuels. Thirty years of research and innovation have made my country self-sufficient in oil by replacing 40 percent of our gasoline consumption with ethanol. “Flex-fuel” engines, which run on any combination of biofuels, have transformed ethanol into a secure and reliable energy source. We look forward to similar technical breakthroughs as we further develop our domestic biodiesel market.

However, ethanol and biodiesel are more than an answer to our dangerous “addiction” to fossil fuels. We aim to set in motion a reassessment of the global strategy to protect our environment. As well as being renewable, biofuels in Brazil are clean and highly competitive; ethanol made from sugar cane leaves no residues, as everything is recycled and the byproducts of its production are used to enrich the soil. Equally important, sugar cane sequesters carbon from the atmosphere, helping to reduce greenhouse gases.

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Abril 1, 2007 Publicado por cienciayartes | Brasil, energía | | Aún no hay comentarios