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El precipicio boliviano

Por Antoni Traveria, periodista. Director de la Fundación Casa Amèrica Catalunya (EL PERIÓDICO, 21/09/08):

Bolivia ha estado demasiado cerca de caer al precipicio de una guerra civil. Las fuertes tensiones de los últimos años entre los dos sectores sociales enfrentados tuvieron como consecuencia el estallido de la violencia y los asesinatos. Pasados los días, aún se desconoce la cifra precisa de la masacre de campesinos del 11 de septiembre en el departamento amazónico de Pando, un mínimo de 15 y un máximo de 30. La decidida intervención política de los países de la región en apoyo firme a la legitimidad del Gobierno de Evo Morales ha logrado neutralizar la rebelión, al menos de momento. Una tenue esperanza se abre ahora con la enésima mesa de diálogo constituida entre Gobierno y oposición para alcanzar un acuerdo que satisfaga las demandas de ambas partes alejando los fantasmas del peor de los escenarios.

LA MASACRE de campesinos ha sido la gota que ha desbordado el vaso que acumulaba las encendidas pasiones bolivianas. Los prefectos de oposición al presidente Evo Morales han cambiado su estrategia y parecen apostar ahora por la negociación para alcanzar un acuerdo que les permita mantener el control del poder local. Estarían incluso dispuestos a dejar en manos de la justicia el posible procesamiento del gobernador Leopoldo Fernández, detenido como presunto autor intelectual e instigador de los asesinatos en el departamento de Pando. También el Gobierno acepta ahora discutir el destino de los fondos excedentes del Impuesto Directo de Hidrocarburos (IDH), con el que el Estado financia la Renta Dignidad para los ancianos, apostando por un acuerdo que haga compatibles las reivindicaciones autonomistas de las regiones rebeldes con la nueva Constitución.

Pero, en el fondo, los orígenes de este enfrentamiento son étnicos, culturales y de clase. La Constitución que propugna Evo Morales tiene un marcado acento indigenista con expresas menciones a los derechos de los ciudadanos de los pueblos originarios que chocan frontalmente con los intereses de las élites que han venido dominando el poder, no siempre desde los gobiernos, desde su independencia, hace ahora 183 años. Como ejemplo, se establecen límites a los latifundios, se habla de autonomías indígenas, se oficializan todas las lenguas nativas, se expresa la obligación de los funcionarios públicos de conocer y hablar una de ellas además del castellano, con una declaración política de principios en la que el indigenismo obtiene el reconocimiento oficial que nunca obtuvo antes. Para los aymaras y los collas, es sinónimo de justicia. Para los cambas, los bolivianos de la zona oriental, es revanchismo, rencor y venganza.

EL ALTIPLANO boliviano, desde el punto de vista económico y social, poco tiene en común con las provincias de la llamada Media Luna del oriente, no solo en términos de riqueza y desarrollo, sino también respecto a las tradiciones culturales o sus visiones ideológicas. Basta pasear unas horas por las calles de Santa Cruz, repletas de coches 4×4 último modelo, para hacerse una idea de una prosperidad de la que no gozan en las regiones del occidente. En la década de los 70, Santa Cruz tenía 50.000 habitantes; hoy alcanza los 2.000.000. Recibe casi la mitad de la inversión extranjera de toda Bolivia. Genera el 62% de las divisas y aporta alrededor del 37% del total de impuestos. Es, sin duda, la locomotora económica de Bolivia, un país que, en fuerte contraste, es, detrás de Haití, el más pobre de América Latina, con los peores índices de equidad y distribución del ingreso por habitante. Si el proyecto de Evo Morales tuvo éxito es porque acertó al asumir en un solo programa de gobierno las reivindicaciones indígenas, los sentimientos nacionalistas y el rechazo a la economía neoliberal importada desde Washington.

La resistencia de quienes se sienten perjudicados en sus intereses estaba en el guión. Evo Morales calculó mal, sin embargo, sus propias fuerzas y las de sus adversarios. Aun obteniendo el enorme apoyo del 68% de la población en el referendo del pasado 10 de agosto, casi 15 puntos más que en las elecciones presidenciales del 18 de diciembre del 2005, los gobernadores rebeldes se atrincheraron en sus feudos para zancadillear el proceso e imponer desde su gran poder local, de facto, sus propias leyes regionales. La desobediencia, la agitación, el traslado de las protestas a las calles, el aliento en la formación de grupos radicales armados, fueron instrumentos de presión para enfrentar las decisiones políticas del gobierno de La Paz.

SE HA LLEGADO al extremismo, demasiado lejos, y esas consignas repetidas de “derrocar o matar al indio” no hacían presagiar nada bueno. Tras la declaración de firme apoyo a Evo Morales, por parte de la inmensa mayoría de gobiernos de la región en Santiago de Chile, la incógnita es saber hasta qué punto los grupos más radicales están dispuestos a obedecer las órdenes de quienes lideran la rebelión. Y es que han sido algunos de ellos los que han añadido gasolina al fuego.

Septiembre 22, 2008 Publicado por cienciayartes | Bolivia, conflicto social | | Aún no hay comentarios

Fractura boliviana y desafío geopolítico mundial

Por Gustavo de Arístegui, diputado por Zamora y portavoz de Exteriores del PP en el Congreso (EL MUNDO, 18/09/08):

Hace años que advertimos de la preocupante deriva en la que se estaban instalando el populismo y el indigenismo radical. Conviene arrancar diciendo que los pueblos indígenas de América han sido marginados, olvidados y apartados durante décadas, incluso siglos, y que muchas de sus reivindicaciones son perfectamente justas además de legítimas. Cosa bien distinta es el abuso torticero que el populismo chavista y el indigenismo radical han hecho del sufrimiento, las aspiraciones y las esperanzas de decenas de millones de pobres y de indígenas de América Latina, cabalgando a lomos de sus deseos de una vida mejor. El indigenismo boliviano tiene una característica que lo distingue de otros movimientos en ese país -así como de otros en Ecuador o Perú-, que se dedican a la defensa de los intereses y las reivindicaciones de sus comunidades.

En Bolivia, sin embargo, estamos ante un fenómeno bien distinto, como es la fusión entre los elementos más extremistas del indigenismo con elementos marxista-leninistas de línea dura. El vicepresidente de la república de Bolivia, Alvaro García de Linera, ha estado siempre vinculado a la extrema izquierda radical. Su hermano, Raúl, fue uno de los máximos dirigentes del ejército guerrillero Tupac Katari y el propio Linera formó parte de esos círculos. Otro de los hombres importantes del nuevo régimen, Felipe Quispe, ha afirmado en más de una ocasión que los rifles de su movimiento estaban en la base de las victorias de Evo Morales. Tanto éste como Linera tienen muy claro que quieren refundar Bolivia. Algunos de sus ministros hablan claramente de estar en un limbo entre un sistema y una administración que les es «completamente ajena» y de la transformación de esa sociedad y de ese sistema en algo muy distinto: un régimen autoritario marxista-indigenista radical.

Los últimos acontecimientos ponen de manifiesto la quiebra en el seno de la sociedad boliviana. Por un lado se encuentran aquellos que, movidos por décadas o siglos de opresión, ven en Evo Morales el primer paso hacia la total conquista del poder por la clase oprimida; esto es, las comunidades indígenas. De otra parte encontramos a quienes pretenden que el sistema democrático, la división de poderes y la descentralización administrativa sean respetados.

Las prefecturas orientales del país, las más ricas en hidrocarburos y otros recursos naturales -Tarija, Beni, Pando y Santa Cruz- llevan meses reivindicando una mayor autonomía y descentralización. No todo el mundo en estos departamentos es rico, y los que se oponen a la extensión y consolidación del nuevo régimen autoritario son tan pobres como los de enfrente. Sin embargo, nada de esto justifica la violencia, ni siquiera el temor ante una involución democrática como la que está ocurriendo, nada de esto justifica la subversión del orden constitucional, mientras éste dure. Es indispensable exigir calma a todos, respeto a la legalidad, a los derechos y libertades fundamentales y a las instituciones democráticas, tanto las del Gobierno central como de las prefecturas. Pero no es menos cierto que el avance del proyecto marxista-indigenista radical parece imparable y que la reciente victoria del presidente Morales en el referéndum revocatorio (calco por cierto del sistema venezolano), le ha consolidado en el poder.

Una parte de la ciudadanía boliviana que le apoya no es consciente aún de la deriva autoritaria en la que Morales y García de Linera, además de otros importantes miembros del nuevo régimen, han instalado al país. El funcionamiento de la Asamblea Constituyente, encargada de redactar una nueva Carta Magna bajo presión del actual Gobierno de aprobar los artículos por mayoría simple (cuando el conjunto del texto tendrá que ser ratificado por una mayoría mucho más cualificada) evidencia una inspiración claramente antidemocrática que enciende todas las alarmas.

La violencia y la inestabilidad que se están adueñando de Bolivia tienen su origen en una forma de gobernar que ha querido excluir a la mitad del país y que, lejos de resolver los verdaderos problemas que tienen los bolivianos, se han dedicado a buscar fórmulas para garantizarse la perpetuación en el poder. Buena parte de las medidas políticas que ha adoptado este nuevo régimen tenían por objeto blindar a sus dirigentes, siguiendo el más puro estilo del chavismo, del que se inspiran e importan una parte importante de sus medidas y proyectos políticos. En el informe sobre Venezuela recientemente publicado por el International Crisis Group, se describía la política exterior venezolana como «diplomacia intrusiva», feliz definición a la vista del expansionismo agresivo practicado por el régimen chavista. Los acuerdos de seguridad, militares, energéticos, o la misma creación de Petroandina, de la que Bolivia es parte, demuestran a las claras que Chávez no sólo quiere blindarse sino que quiere blindar también a sus aliados. Sólo en ese sentido se puede entender la disparatada expulsión sucesiva de los embajadores de Estados Unidos en Bolivia y en Venezuela, o las recientes declaraciones del presidente Chávez diciendo que no se quedará cruzado de brazos si «algo le pasa a Evo».

Vaya por delante la rotunda e inequívoca condena a cualquier intento de golpe de Estado o de subversión del orden constitucional que pueda producirse. Ya sabemos, sin embargo, que el populismo y el indigenismo radical necesitan del enemigo exterior -Estados Unidos y Occidente-, de teorías conspiratorias para explicar la mala fe y la agresividad de sus enemigos, así como su incapacidad para resolver problemas y, por último, del más intenso victimismo que haya podido verse en los últimos años en la política internacional. También conviene subrayar que quienes están desmontando un régimen democrático, pieza a pieza, son estos caudillos extremistas que están creando a su imagen, semejanza y necesidades un sistema totalmente nuevo que nada o casi nada tiene que ver con una verdadera democracia, salvo por el hecho de que acuden de vez en cuando a las urnas. Para que una democracia sea digna de tal nombre es preciso que exista, como mínimo, respeto y garantía de los derechos y libertades fundamentales, separación de poderes, control legislativo del ejecutivo y tribunales de justicia independientes. En Venezuela y en Bolivia esta es una realidad que se difumina y diluye día a día.

El populismo y el indigenismo radical están instalados en una peligrosa huida hacia delante. Sus acciones políticas son cada vez más histriónicas y su discurso cada vez más radical. Están a la que salta y apoyan todo aquello que creen se opone a los intereses generales de Occidente en general y de Estados Unidos en particular. Lo que el indigenismo radical y el populismo no han entendido es que Europa y otras democracias avanzadas del mundo -Australia, Japón, India o las naciones latinoamericanas que no están gobernadas por ideologías extremistas- tienen como primera prioridad la defensa de la libertad y los derechos fundamentales de sus ciudadanos, de sus intereses y de su bienestar, con independencia de que coincida con otras grandes potencias o no. En este sentido, por ejemplo, la UE, aliada de Estados Unidos, tiene discrepancias y coincidencias con ese país, como no podía ser de otra manera.

La diferencia estriba en que naciones sensatas, con políticas exteriores equilibradas y prudentes, intentan encajar y coordinar sus posiciones políticas en el concierto internacional de naciones, tratando de armonizar sus posiciones y de minimizar las tensiones. Por lo tanto, cuando Chávez aplaude la acción de Rusia en Georgia o Daniel Ortega reconoce Abjasia y Osetia del Sur sin que lo haya hecho ni siquiera el dictador bielorruso Lukashenko, no sólo están actuando de forma irresponsablemente histriónica, sino que además ni tan siquiera están en sintonía ideológica con algunos de los actores internacionales a los que pretenden estar apoyando.

Estas dos formas de extremismo político, el populismo y el indigenismo radical, ignoran una de las esencias fundamentales de la política del siglo XXI, que el sistema de seguridad y de estabilidad mundiales está fallando, pero no es culpa de la democracia liberal a la que ellos atribuyen todos los males del planeta. Ignoran que lo que tenemos que hacer es reformar tal sistema para que esté a la altura de los destinos y necesidades contemporáneos.

En este comienzo de siglo, la democracia y los sistemas de libertades que de ella derivan tendrán que estar muy pendientes de varios asuntos. Será preciso promover y no imponer la democracia, así como defender y garantizar de forma eficaz, sin hipocresías, los derechos y libertades fundamentales como esencia de la humanidad. No menos importante será mantenerse vigilante ante las nuevas formas de autoritarismo y totalitarismo que, disfrazadas con un discurso aparentemente social y solidario, avanzan en algunos países del mundo. Tampoco pueden ignorarse los riesgos, cada vez más intensos y más concertados y que por trivializar otros que en el pasado parecían igualmente difusos y poco ciertos acabaron siendo una fuente de inconmensurable e intensa inestabilidad, dolor y crisis. Si no que se lo pregunten a quienes pensaron que el islamismo radical y el terrorismo yihadista no tenían capacidad de perturbación política, económica y social.

Hoy, ante la concertación de diferentes tendencias, movimientos y regímenes radicales y extremistas, las democracias deben mostrarse firmes y vigilantes ante los avances de los totalitarismos, visibles y disimulados, y especialmente ante aquellos que se presentan disfrazados de salvadores de los pobres, marginados y oprimidos. La crisis de Bolivia y la injerencia venezolana en la misma son un episodio más, si bien muy grave, en un marco geopolítico mundial que la mayoría de los analistas, simple y llanamente, han ignorado.

Septiembre 19, 2008 Publicado por cienciayartes | Bolivia, ideología, indigenismo, populismo | | Aún no hay comentarios

Suramérica da un histórico apoyo a la democracia boliviana

Por MANUEL DÉLANO (Santiago, El País.com  16/09/2008)

La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) salió airosa de su primera prueba de fuego al acordar en la cumbre extraordinaria de jefes de Estado de la región realizada el lunes en Santiago una contundente respuesta de apoyo al Gobierno democrático del presidente de Bolivia, Evo Morales, y al rechazar todo intento de golpe de Estado en el país andino.

Por primera vez en la historia, los países suramericanos logran una posición común, clara y contundente en defensa de la democracia, respecto de un conflicto regional. El pacto también es un hito porque ha puesto de acuerdo a gobiernos enfrentados como los de Venezuela y Colombia, o este último con Ecuador; y ha mostrado a una Suramérica con capacidad de iniciativa sin la tutela de países desarrollados.

La cumbre arrancó con un Morales denunciando un golpe de Estado, con un Hugo Chávez encendido contra el imperialismo estadounidense y la verborragia dio paso a un acuerdo concreto con la intervención del mandatario brasileño Lula, que sin ambigüedades le dijo a Morales que si optaba por el diálogo con sus rivales contara con el apoyo de Brasil y la Unasur, y que si se inclinaba por la confrontación que se olvidara de cualquier respaldo.

El mensaje de Lula fue el que finalmente recondujo la reunión al resultado que alumbró. Fueron más de seis horas de debate en el palacio de La Moneda para dar con una declaración de nueve puntos que comienza con una alusión al golpe militar contra el presidente Salvador Allende en septiembre de 1973, pero sin nombrarlo, al recordar “los trágicos sucesos que hace 35 años en este mismo sitio conmocionaron a toda la humanidad”.

Unasur condenó los ataques a instalaciones gubernamentales y a la fuerza pública por parte de grupos que buscan desestabilizar a la democracia boliviana y pidió “a todos los actores políticos y sociales involucrados que tomen las medidas necesarias para que cesen inmediatamente las acciones de violencia”. Tras condenar la masacre en Pando, donde hubo 30 muertos y al menos 100 desaparecidos, Unasur anunció la formación de una comisión que hará una investigación imparcial para esclarecer los hechos y evitar que queden impunes.

La Declaración de La Moneda, como llamaron los nueve presidentes de los 12 países de la Unión que asistieron a la cumbre, insta a los bolivianos a preservar la integridad territorial de su país, algo que Morales resaltó después ante los periodistas.

Como querían Chile -que preparó el borrador- y Brasil, la declaración no menciona a Estados Unidos en ninguna de sus líneas. La comisión para el diálogo que se anunció estará abierta a todos los miembros de Unasur y será coordinada por la presidencia de turno del organismo, que ejerce la presidenta de Chile, Michelle Bachelet.

Mientras cientos de personas se manifestaban en las afueras del palacio con pancartas y consignas en apoyo a Morales y Chávez, en el interior se reunían los presidentes a puerta cerrada. Después de una introducción de Bachelet, Morales intervino durante casi una hora para explicar la crisis en su país, mostró un vídeo con escenas de la violencia en los días recientes y calificó a los opositores de “intransigentes”. Siguió Chávez con un enérgico discurso antiimperialista, en el que criticó la intromisión de Washington en la situación boliviana.

El presidente de Brasil, Lula da Silva, hizo después una intervención decisiva. Para enfrentar la violencia, el presidente brasileño le recomendó a Morales que “aplique la ley”. Se preguntó si el presidente boliviano quería “mano dura” o si prefería la vía del “diálogo”. En el primer caso, se respondió, Unasur y Brasil no tenían nada que hacer; en el segundo, sí tendrían un papel importante. “¿Qué es lo que quiere?”, pregunó con énfasis, dirigiéndose al presidente boliviano.

La disyuntiva así descarnada facilitó los acuerdos posteriores, aunque igualmente hubo más discusiones y abundante retórica.

Anoche, desde La Paz, el vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera, informó que había habido un significativo avance hacia un acuerdo con el gobernador de Tarija, Mario Cossío, que ejerce de portavoz de sus colegas autonomistas del Oriente. En la mesa de negociaciones está la controversia sobre el reparto de la renta petrolera a las regiones, el proyecto de nueva Constitución que impulsa el presidente y los estatutos autonomistas de Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija. Morales, al regresar hoy a Bolivia, dijo que estaba estudiando el pacto con las bases sociales.

Septiembre 16, 2008 Publicado por cienciayartes | Bolivia | | Aún no hay comentarios

Un país hemipléjico

Por Iñaki Anasagasti, senador de EAJ-PNV (EL CORREO DIGITAL, 16/08/08):

Bolivia se llama así por Simón Bolívar, el Libertador caraqueño de ascendencia vasca. Su primer presidente fue el Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, nacido en Cumaná, en el Oriente de Venezuela. Dos venezolanos pues en la historia de este país de diez millones de habitantes. Y, un tercero, Hugo Chávez, al que los prefectos bolivianos de forma mayoritaria le piden que no meta las narices en su país y deje en paz a Evo Morales.

Tres senadores hemos estado dos días en Santa Cruz de la Sierra y tres en La Paz y el Alto, como observadores del referéndum revocatorio, figura que no está en la Constitución boliviana, y que tuvo lugar el pasado domingo. Una experiencia única imposible de resumir en estas cortas líneas, con el reconocimiento al embajador de España, Francisco Montalbán, excelente profesional que nos coordinó un programa muy completo.

«Tened cuidado con el mal de altura, el soroche» -nos decían-. «A Leyre Pajín le dio el mareo y estuvo media hora sin conocimiento. Para evitarlo tomad mucha agua, aspirina, mate de coca o sorochil», insistían. Pero el mejor consejo fue el del indio: «Andar despacito, comer poquito y dormir solito».

El caso es que los 4.200 metros de El Alto y los 3.600 de La Paz no dan tanto mareo como la visión y constatación de un país hemipléjico. Bolivia son dos países. El Altiplano y la llanura, con departamentos, descritos como ‘la media luna’, que no quieren saber absolutamente nada del poder central de La Paz, y donde ante el desmoronamiento de los partidos, los prefectos (gobernadores) de cinco de estos territorios avanzan a galope tendido tratando de reafirmar unos estatutos de autonomía, sin encaje constitucional, en respuesta a un Evo Morales extraordinariamente ideologizado. Si bien es verdad que éste tiene un lenguaje populista contra la pobreza y se apoya en mucha de la demagogia chavista, ha puesto en la agenda la asignatura pendiente de un indigenismo preterido no en sus derechos ciudadanos -la prueba es que Morales, un indio aymara, es el presidente- sino en la aplicación de esos derechos. Le critican con razón que eso no se hace predicando el odio racial, sino integrando un país que no sólo tiene quechuas y aymaras sino también guaraníes, mestizos y blancos. Y ante eso, como me decía un aymara, opositor a Morales, «o actúas con inteligencia a lo Mandela o fracturas el país».

Otro de los puntos que están en la agenda política boliviana es el debate territorial. Estando en el aeropuerto, se me acercó un señor que, por viajar mucho entre Madrid y Santa Cruz, me conocía: «Yo le conozco a usted. Me apellido Arana, como Sabino. Sé lo que está pidiendo Ibarretxe. Eso aquí hoy es el chocolate del loro. No sé cómo los españoles tienen tanto pavor a los referendos. Nosotros estamos hartos de que no nos dejen prosperar. Santa Cruz, en los años cincuenta, tenía treinta mil habitantes. Hoy tiene un millón seiscientos mil. Crecemos integrando a los emigrantes y aquí de momento todos somos bolivianos, pero si siguen así, seremos sólo cruceños y que venga el ejército a ver qué hace. Evo, no se olvide usted, es un sindicalista cocalero. Tiene sólo mentalidad sindical. Reivindica lo suyo. Sólo lo suyo, pero por eso no es el presidente de todos los bolivianos. Sólo de los aymaras y de su fundamentalismo aymara. Y este país es otra cosa. Ahora pedimos autonomía, pero si no nos hacen caso, reivindicaremos la independencia». Y todo esto me lo dijo seguido. Pero fue lo que escuchamos en los dos días que pasamos en Santa Cruz de la Sierra, uno de los departamentos que le han dado al actual prefecto (gobernador) un 70% de votación. Y en Santa Cruz no hay un 70% de oligarcas, como les gusta decir en La Paz con ese lenguaje infantil de los años sesenta.

Me llamó también la atención la visión que tenían de Evo Morales. Le reconocían su trabajo en la necesidad de abordar en serio la situación de pobreza de los indígenas, la votación obtenida, el apoyo internacional, la buena coyuntura en la que llegó, que no ha sabido aprovechar al ahuyentar unas inversiones internacionales que le son vitales para sacarle provecho a la inmensa riqueza del país. Concretamente, el ex presidente Carlos Mesa, a quien visitamos en su despacho, nos dijo que le gustaría tener la mitad de la fuerza simbólica de Evo Morales, pero también es verdad que no se fían un pelo de lo que promete y no cumple; y mucho menos de su vicepresidente, Álvaro García Linera, con quien también estuvimos en su despacho. Éste es un personaje inquietante, culto y dogmático, blanco y extremista que se jacta de ser el último jacobino de la historia. «No siga pensando usted eso», nos decía el obispo de El Alto, el murciano Jesús Suárez, que ante esto le había dicho que se acordara de cómo acabaron los jacobinos en la Revolución Francesa.

De hecho, la visión del balcón del palacio presidencial, en la Plaza Murillo, en la noche del domingo echaba bastante para atrás. Ya de noche, salió el presidente Evo Morales y entonaron el himno nacional, puño izquierdo en alto y mano derecha en el corazón. Ya sabemos lo que simboliza el puño en alto como recuerdo de una ideología totalitaria que, en lugar de liberar, esclavizó al hombre en el siglo XX. Sin embargo, y sorpresivamente, estuvo conciliador. Sin dejar su retórica inflamada pidió entrevistarse con los prefectos para trabajar en la aprobación de una Constitución que incorpore los estatutos departamentales ya aprobados por referéndum.

Hizo, de alguna manera, de la necesidad virtud. Con cinco departamentos en contra que legitiman de hecho los estatutos ya aprobados, sabe que no puede gobernar un país para todos, aunque él haya subido en aceptación popular. Pero, todo hay que decirlo, sin haber tenido enfrente un candidato nacional alternativo opositor sino la petición a la ciudadanía de si tenía o no a bien que se interrumpieran su mandato y el de los prefectos. Pero el pueblo boliviano, fundamentalmente en el Altiplano, le ha dicho que continúe, como también se lo ha dicho a los prefectos opositores.

Ante este panorama, o negocia o el país va al enfrentamiento total. El problema estriba en que los prefectos no se fían de Morales. Sólo hace una semana había dicho que a él la legalidad le importa poco, porque él hace las cosas que tiene que hacer y dice a sus abogados, que para eso han estudiado, que acomoden la legalidad a lo que él dice.

Pero a pesar de todo, y, afortunadamente para el país, no ocurrió el domingo lo que más se temía: que se diera una victoria abrumadora de unos sobre otros, lo cual habría terminado seguramente por hacer crecer los ímpetus del gran vencedor para asumir posiciones más radicalizadas, a manera de exhibición de fuerza y de lucimiento del trofeo ganado. Lo deseable pues es que de una vez por todas entiendan que las urnas han hablado y les han dicho que la voluntad de la sociedad boliviana, desde la diversidad que la identifica, continúa demandando de ellos lo mismo que desde hace varios meses: diálogo auténtico para promover el entendimiento de los bolivianos y no el sometimiento de unos contra otros. Ésa es la clave de futuro de las sociedades maduras y civilizadas.

Agosto 16, 2008 Publicado por cienciayartes | Bolivia | | Aún no hay comentarios

Bolivia: atisbos de certidumbre

Por Carlos D. Mesa Gisbert, ex presidente de Bolivia (EL PAÍS, 14/08/08):

¿Cómo explicar Bolivia hoy, en medio de este mare mágnum y con vistas a un lector europeo? La gran coreografía del referéndum revocatorio realizado el pasado 10 de agosto, cara en sus costes y llena de malos presagios en su preparación, ha confirmado un par de cosas: primero, la vocación cívica y democrática de la inmensa mayoría de los bolivianos que no han regateado su concurso a la hora de expresarse con su voto. Esto nos permite distinguir entre la mayoría real y las minorías eficientes que han secuestrado a Bolivia en la locura de bloqueos, manifestaciones, huelgas, ultimatos y confrontaciones aisladas pero violentas, que siguen amenazando con desquiciar a la sociedad.

En segundo lugar, el importante respaldo nacional que tiene el presidente Morales. El Gobierno esperaba entre un 55% y un 60% de voto ratificatorio y la oposición entre un 51% y un 53%. Evo mostró una fortaleza mayor, ganó con alrededor del 63%, con un promedio de entre 75% y 80% en los departamentos andinos y un promedio de casi el 40% de apoyo en los departamentos del oriente y sur de Bolivia.

Por su parte, las regiones que ganaron en 2006 la autonomía (sujeta a la aprobación de la nueva Constitución) y que demandan su aplicación, ratificaron dos cosas: que los prefectos sometidos al revocatorio fueron ratificados (Pando, Beni, Santa Cruz y Tarija) con promedios de entre el 51% y casi el 70% y que el presidente fue derrotado en gran parte de esas regiones.

En este absurdo juego de suma cero, el presidente obtuvo un gran triunfo y los prefectos opositores obtuvieron un triunfo: el acto electoral no se tiñó de violencia. Curiosamente -supongo que víctima de la euforia de su 63%-, el presidente no arremetió contra sus adversarios, sino que en su discurso de celebración les tendió la mano para comenzar un diálogo que “armonice” el texto constitucional con los estatutos autonómicos aprobados irregularmente por cuatro departamentos entre mayo y junio de este año, teniendo en cuenta que la Constitución vigente no reconoce la autonomía como entidad jurídico-política del país. La pregunta del millón es si el talante presidencial durará más que lo que tardan en quemarse en el cielo los fuegos de artificio.

Bolivia ha reafirmado algo fundamental, que cree en Evo como portador del cambio y que los políticos deben aceptar que el presidente no sólo es un factor clave del juego (obviedad que algunos parecen olvidar), sino que ha capturado a más del 80% del electorado indígena de todo el país que representa por lo menos el 45% de la población total de la nación. Tampoco es posible pensar en un escenario futuro sin su respuesta inteligente y positiva a las demandas de autonomía que llegaron para quedarse.

¿Secesión? ¿Un país dividido al estilo de los Balcanes? ¿Una guerra civil? Ninguna de esas hipótesis es válida. Hay que descartar estos escenarios del imaginario internacional. La razón es muy simple: el 95% de los bolivianos quiere un país unido y un futuro compartido; el 80% quiere diálogo, y, además, no hay ningún dato que permita presumir la existencia de sectores armados con capacidad de iniciar una conflagración nacional. Para no mencionar lo más evidente, la inviabilidad económica, política y social de cualquier proyecto divisionista de encarar el futuro con posibilidades y la voluntad expresa de América del Sur de que algo así no suceda. Bolivia es geográficamente el corazón de Suramérica, y una crisis de esa magnitud afectaría a la estabilidad continental.

¿Qué queda entonces? Aprovechar los categóricos resultados del referéndum para replantear la lógica de los contendientes. Recuperar la institucionalidad con el nombramiento del Tribunal Constitucional (descabezado por el presidente en 2007) y una Nueva Corte Electoral. Negociar el texto constitucional aprobado exclusivamente por el MAS (el partido del presidente) para recuperar su filosofía de inclusión y búsqueda de equidad, pero peligrosamente cargada de una visión étnico-cultural que desconoce la existencia de la República y la sustituye por un Estado de 37 naciones (más de 20 de ellas con menos de 500 miembros). Niega el pasado colonial y republicano como referente de nuestra identidad colectiva y no establece con claridad las características de la legítima inclusión de los usos y costumbres de la justicia denominada comunitaria y de las autonomías indígenas.

Es indispensable hacer comprender a los ideólogos del MAS que el plus indígena rompe la idea de “un ciudadano, un voto”, cuestiona la libertad y la conciencia individual como elementos constitutivos del pacto social y asume que los porcentajes de sangre indígena dan a unos más legitimidad que a otros. Repetir la historia de la discriminación no parece la mejor fórmula para resolver el racismo. De lo que se trata es de reconocer nuestro brazo indígena sin arrancarnos el brazo occidental. Para ello hay que revisar varios de los pilares de un texto, que al integrar la deseable idea de comunitarismo y de reciprocidad andina corta lazos con principios universales que siguen siendo centrales en una concepción justa de democracia.

Evo, reforzado otra vez por el voto, debe corregir su error principal, negar las autonomías. Aceptarlas implica su inclusión en la nueva Constitución, no de modo tramposo como están hoy contempladas, sino sin regateos y con sentido de cesión de competencias del poder central a los poderes locales, y, además, coordinar la existencia de las autonomías departamentales con las autonomías indígenas y municipales. Las regiones deben entender a su vez que la autonomía plena no puede quitarle al Gobierno central temas como relaciones exteriores, fuerzas armadas y policía, recursos naturales y manejo de la tierra, entre las cuestiones cruciales. Autonomía quiere decir también solidaridad y compensación de los departamentos más ricos a los departamentos más pobres y finalmente, competencias claras y racionales en el tema de recaudación y distribución de los recursos provenientes de los impuestos.

Evo es un símbolo y marca en la historia reciente de Bolivia un antes y un después, pero eso no debe llevarlo a confundir revolución con democracia y creer que el pacto del país se puede trabajar sobre la imposición de una hegemonía. Eso lo obliga de una vez a hacer una gestión de gobierno adecuada. Su gestión es mala por la falta de idoneidad de muchos de sus funcionarios, por una ilusión ingenua de que estatismo es sinónimo de mejor distribución de la riqueza y mayor equidad, y que decir no a los procesos “neoliberales” de tratados de libre comercio, sean bilaterales o de bloque, llevarán al “remate” del país. La errática política energética del Gobierno boliviano (en la que la “nacionalización” fue sólo retórica) es la prueba más contundente de que la consigna puede disfrazar por un tiempo los errores y el mal manejo de políticas económicas, pero la factura ya está comenzando a pasarse.

Mientras el “socialismo del siglo XXI” siga siendo una entelequia, Evo corre el riesgo de seguir dilapidando el extraordinario capital histórico y popular que tiene. Si el discurso es recuperar dignidad, el argumento vale para todos. A Bolivia no le interesan las dignidades parciales y de bandera, le interesa la recuperación de una capacidad de autodeterminación en el contexto de su mínimo peso internacional, lo que obliga a un mínimo de realismo, que vale para Washington y para Caracas.

El problema es que el presidente boliviano está preso de una dependencia psicológica muy fuerte de Fidel Castro y de Hugo Chávez, dependencia vinculada a una identidad de ideas (suponiendo que tengamos claro de qué ideas estamos hablando), y la inaceptable dependencia económica en el uso discrecional de gastos reservados y cheques de bolsillo a bolsillo de Chávez a Morales.

Lo que viene es aún complejo y entreverado. Los adversarios siguen atrincherados, pero el referéndum ha puesto en su lugar los tamaños y el horizonte de cada cual. El diálogo no sólo es el único camino posible, sino que quizás hoy sea más viable que ayer. De lo que se trata es de hacer posible una Constitución que sea el pacto social de todos, recuperar el Estado racionalmente y crear nueve autonomías departamentales. Con eso, que no es poco, los bolivianos nos damos por bien pagados.

Agosto 14, 2008 Publicado por cienciayartes | Bolivia | | Aún no hay comentarios

Confrontación en Bolivia

Por Jesús López-Medel, abogado del Estado (EL PERIÓDICO, 13/08/08):

Bolivia es uno de los lugares más bellos del planeta. La Madre Tierra (a la que veneran) ha desperdigado color y calidez por lugares muy diversos. Desde Sucre, Potosí, las salinas de Huyami, el altiplano, el lago Titicaca o las maravillosas misiones jesuíticas de Chiquitania, son razones para acercarse allí. Pero el país está lleno de contrastes. Es el segundo más pobre del continente (después de Haití) y, al mismo tiempo, contiene una gran riqueza energética y de minerales. Es un lugar en el que, junto a las minas más subterráneas, se alzan tierras muy cercanas al cielo, a 4.000 metros, donde mascar coca es una necesidad. Es un territorio con una diversidad étnica e idiomática inmensa (23 pueblos diferentes).

Es Bolivia uno de los países de América Latina con una historia más convulsa (¡que ya es decir!), donde a los golpes militares le sucedían revoluciones cuyas consecuencias eran igual de efímeras. La inestabilidad es congénita a Bolivia. Es el país de la incertidumbre y de la volatilidad. Tras la sucesión de fracasos a escala social de una casta política endogámica, de una élite blanca tan bien formada como alejada del pueblo, este, permanentemente olvidado, expresó sus anhelos de cambio dando su confianza a un dirigente indígena: Evo Morales.

HABÍA CALDO de cultivo para que entrase por vía democrática, en diciembre del 2005, el aire fresco de la revolución que diese respuesta a las necesidades y reivindicaciones históricamente marginadas de la mayoría de la población. Pero la nueva línea incluía algo muy boliviano: la confusión y la poca claridad.
El triunfo de Morales, dirigente no de un partido político, sino de algo más amplio como el Movimiento al Socialismo, se basó en las movilizaciones populares, financiadas desde el mentor venezolano-bolivariano Hugo Chávez. Los bloqueos constantes derribaron en un año a dos presidentes. El estado de gracia de Morales se prolongaría, eligiéndose en junio de 2006 a los miembros de una Asamblea Constituyente para elaborar una nueva Constitución. La forma de redactarla y aprobarla fue surrealista. Las constantes irregularidades eran dignas de un manual de ciencia política y de un libro de anécdotas y disparates.

Los partidos opositores están muy debilitados, escasamente estructurados (como el país en sí) y con mínima credibilidad. El foco de resistencia fue cuajando en torno a los líderes territoriales de las regiones, los llamados gobernadores, aunque son elegidos por el pueblo. Inicialmente, fueron los dirigentes de las zonas más ricas, como Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija –la llamada media luna– quienes expresaron su oposición al proceso de Morales de refundación del país. Sus ansias de pluralismo y libertad se canalizaron a través de propuestas identitarias mal vistas por la dirigencia oficial de La Paz, la capital (aunque oficialmente es Sucre). El intento por sofocar cualquier anhelo autonomista y de participación de estas regiones en la gobernabilidad del país y en los recursos que generan, fue alentando a esa oposición.

Esta se extendió a otras dos zonas con lo que ahora, en seis de los nueve departamentos del país, el rechazo a Morales es muy firme. La decepción de amplios sectores de la población ante las promesas pendientes ha incrementado la frustración. También el rechazo a un estilo de gobierno a impulsos y con abundantes gestos demagógicos ha repercutido en un apoyo firme de esas regiones a los líderes locales enfrentados a Morales. Incluso sectores europeos que, sin prejuicios iniciales, veíamos con comprensión el cambio, sentimos que la situación es frustrante. España, que es el país del mundo que más ayuda a los proyectos sociales de desarrollo y cooperación del Gobierno de Morales, se ha convertido para este en una de las injustas coartadas para autojustificar sus escasos avances.

EN CAMBIO, en las zonas más pobres y en la superpoblada La Paz, el líder aymara mantiene muy fuerte su respaldo. Nada tenían y nada pueden perder. De los anteriores gobernantes, poco recibieron. La oposición no está ni vertebrada ni genera confianza. A Morales le consideran uno de los suyos. Es un argumento concluyente.

Además de la escasa reducción de la pobreza, lo peor es que al coexistir modelos muy diferentes de país, este sufre una convulsión muy intensa. Al riesgo de secesión se suma –hace tiempo, aunque va in crescendo– el de confrontación. Así fue también la campaña. En este ambiente, aunque todos tengan algo de culpa, es el Gobierno el que más está alentando el enfrentamiento. Debería ser quien intentase promover diálogo y acercamiento en lugar de la imposición de su modelo con el riesgo de fracturar definitivamente el país. Tras rechazar todas las demandas consolidadas de autonomías territoriales (el MAS solo admite “autonomías étnicas” con sus reglas propias, incluida la justicia), el referendo revocatorio del domingo fue un desafío tan inútil por los resultados como ilegal (el Tribunal Constitucional expresó numerosos reparos que no fueron atendidos), al igual que las consultas celebradas en las regiones autonomistas. Con esta consulta pretendía Morales no solo reafirmarse, sino también intentar derribar a sus opositores, los gobernadores. Lo primero lo consiguió; lo segundo, no. Era un referendo no constructivo, sino destructivo del país. Más tensión para un Estado que necesita sensatez.

Agosto 13, 2008 Publicado por cienciayartes | Bolivia | | Aún no hay comentarios

42 days? Try 18 months

By Evo Morales, the president of the Republic of Bolivia (THE GUARDIAN, 16/06/08):

Until the end of the second world war Europe was a continent of emigrants. Millions left for the Americas: some to colonise, others to escape hunger, financial crises, persecution, ethnic cleansing, war or totalitarian governments.

European citizens arrived in Latin and North America en masse, without visas or conditions imposed on them by the authorities. They were simply welcomed, and continue to be in Latin America. They came to exploit the natural wealth and to transfer it to Europe, with a high cost for the native population. Yet the people, property and rights of the migrants were always respected.

Contrast the European “return directive”, to be voted on in the European parliament this week. It imposes harsh terms for detention and deportation of undocumented immigrants, regardless of the time they have spent in European countries, their work situation, their family ties or their achievements in integrating themselves into local society.

The EU is now the main destination for migrants around the world, because of its positive image of space, prosperity and public freedom. The great majority of migrants contribute to, rather than exploit, this prosperity.

They are employed in public works, construction, cleaning, hospitals and domestic work. They take the jobs the Europeans cannot or will not do. Maintaining the relationship between the employed and the retired by providing generous income to the social security system, the migrant offers a solution to demographic and financial problems in the EU.

For us, our emigrants represent help in development that Europeans do not give us (few countries reach the minimum objective of 0.7% of GDP in development assistance). Latin America received, in 2006, a total of $68bn sent back from abroad, more than the total foreign investment in our countries. My country, Bolivia, received more than 10% of its GDP in such remittances.

Unfortunately, the return directive is a huge infringement of the human rights of our Latin American friends. It proposes jailing undocumented immigrants for up to 18 months before their expulsion. Mothers with children could be arrested, without regard to family and school, and put in detention centres, where we know depression, hunger strikes and suicides happen. How can we accept it?

At the same time, the EU is trying to convince the Andean Community of Nations (Bolivia, Colombia, Ecuador and Peru) to sign an “association agreement” that includes a free trade agreement of a similar nature to that imposed by the US. We are under intense pressure to accept demands for liberalisation of our trade, financial services, intellectual property rights and public works. Under so-called “judicial protection” we are being pressured to denationalise water, gas and telecommunications. Where is the “judicial protection” for our people seeking new horizons in Europe?

If the return directive becomes law, we will not be morally able to deepen negotiations with the EU, and we reserve the right to legislate so European citizens have the same obligations for visas that Europe imposes on the Bolivians, according to the diplomatic principle of reciprocity.

The social cohesion problems that Europe is suffering now are not the fault of migrants, but the result of the model of development imposed by the north, which destroys the planet and dismembers human societies. I appeal to European leaders to drop this directive and instead form a migration policy that respects human rights, and allows us to maintain the movement of people that helps both continents.

Junio 19, 2008 Publicado por cienciayartes | Bolivia, migración | | Aún no hay comentarios

El laboratorio boliviano

Por Michel Wieviorka, profesor de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París. Traducción: José María Puig de la Bellacasa (LA VANGUARDIA, 04/06/08):

El auge de las diferencias y especificidades culturales y religiosas en todo el mundo suscita interés, pero también tensiones e inquietudes. Y cuando queremos reflexionar sobre las respuestas capaces de aportar un enfoque imparcial y mesurado sobre este fenómeno, pensamos espontáneamente en ciertos países de instructivo ejemplo; empezando por Canadá, donde se inventó el multiculturalismo y por Quebec en particular, donde un filósofo (Taylor) y un historiador (Boucher) presiden una Comisión sobre el “acomodamiento razonable”, iniciativa destinada a conciliar en la práctica los valores universales y el reconocimiento de las identidades particulares.

Se trata de comparar experiencias como la de Francia, hostil al multiculturalismo, y la de Gran Bretaña, mucho más abierta a las distintas comunidades. Es menester prestar atención además a los debates anglosajones de filosofía política planteados entre “liberales” (que sólo quieren oír hablar de individuos en la esfera pública) y “comunitarios” (que abogan por el reconocimiento de las identidades particulares en la misma esfera). Por lo demás, solemos atender preferentemente a las sociedades más ricas, del norte, occidentales.

Sin embargo, otras experiencias son también merecedoras de análisis. En Latinoamérica, por ejemplo, se reafirman identidades indias que zarandean al orden establecido y reclaman su atención en un marco en el que prácticamente se hacía caso omiso de su existencia. El caso de Bolivia resulta especialmente impactante al respecto.

En pocos años, en efecto, la faz del debate político ha cambiado por completo. Mucho después de la Revolución de 1952, se seguía prescindiendo de las poblaciones indias como tales. Para aludir a ellas se hablaba de los campesinos, no de aimaras o quechuas. Un racismo denso extendía sus alas sin que fuera cuestionado en ningún momento. Las poblaciones indias sufrían menosprecio y maltrato en la medida en que dominaba la imagen de una sociedad de blancos y mestizos mucho más homogénea que la actual, en relación con la cual llega a hablarse de más de 30 grupos culturales distintos.

Las movilizaciones indias, desde los años ochenta, han modificado profundamente la imagen del país sobre sí mismo. En diciembre del 2005, la elección de Evo Morales, líder de los cocaleros o productores de coca – quien subrayaba enérgicamente su identidad india- a la presidencia de Bolivia no sólo garantizaba el reconocimiento pleno de los indios, sino que también daba fe de su acceso al nivel político más elevado.

Este avance extraordinario ha acabado con el silencio que rodeaba el racismo: es motivo de debate público. El auge de las identidades indígenas ha generado un nuevo ámbito de problemas, sobre todo teniendo en cuenta que un censo en el 2001 midió el peso específico de los grupos indígenas, suscitando vivas polémicas: ¿qué pensar de los mestizos, identidad que muchos toman como factor de referencia? ¿O de los negros, a los que no se suele tener en cuenta? ¿No pesa sobre el país una amenaza de fragmentación cultural, etnicización, incluso radicalización? ¿No agudiza las tensiones regionales el proyecto de un Estado multinacional dominado por mayorías indias, sobre todo en el este, en la provincia de Santa Cruz cuyas autoridades organizaron el pasado 4 de mayo un referéndum ilegal para reforzar sus veleidades autonómicas y debilitar el poder central o, más bien, a quienes lo detentan?

Las tensiones, pues, están a la orden del día. Buena parte de la población, inquieta, teme los peligros de la violencia racial, civil y política mientras se radicaliza la oposición entre el Gobierno neopopulista de Evo Morales y la derecha, sobre todo regional.

Las cuestiones económicas y sociales no son ajenas a este endurecimiento de la situación. Bolivia, al acabar con la invisibilidad de las poblaciones indias e inaugurar el debate sobre el racismo, ha entrado en una nueva era. Este país pobre, alejado de los grandes centros de poder, resulta ser paradójicamente uno de los más principales e interesantes, a escala mundial, para quien quiera reflexionar sobre los problemas del diálogo intercultural y sobre las formas que revisten tanto el racismo como el antirracismo en la actualidad.

Junio 4, 2008 Publicado por cienciayartes | Bolivia, indigenismo | | Aún no hay comentarios

Ingeniería constitucional

Por Pere Vilanova, catedrático de Ciencia Política de la UB (EL PERIÓDICO, 23/01/08):

No cabe duda: estamos asistiendo cada vez más a un nuevo fenómeno que vendrá a complicar las tipologías y clasificaciones de regímenes políticos más tradicionales. No es una cosa secundaria, o que deba interesar únicamente a los académicos, pues incluso una opinión pública desconcertada agradecerá datos útiles para entender lo que pasa.

Los criterios de los viejos manuales de los profesores Duverger o Hauriou navegaban hace 50 años combinando democracia/dictadura y mundo capitalista/mundo socialista. Con cierta gama de complicaciones a la hora de clasificar los regímenes del llamado tercer mundo, y poco más. ¿Dónde está la novedad? En la proliferación de casos en los que los gobernantes, y por extensión las élites políticas que los rodean, se instalan en una política de auténtica ingeniería constitucional, es decir, en una cuidadosa utilización de diversos mecanismos institucionales, acompañados ocasionalmente de mayor o menor habilidad en la utilización de campañas mediáticas o directamente de márketing político, para consolidar su poder.

CONVIENE HUIR de los viejos y desacreditados mecanismos autoritarios, como los golpes de Estado, los pronunciamientos o los autogolpes. El fenómeno suele incluir una gran preocupación por que todo ello venga refrendado por vía del sufragio, ya sean elecciones, ya referendos, y lo cierto es que por esta vía plebiscitaria, en muchos casos el ingeniero obtiene excelentes resultados, consigue y mantiene una fuerte base social, aunque la o las oposiciones conserven también la suya. Si, además, ello viene acompañado de retórica nacionalista, políticas públicas asistenciales y, en varios casos, del pozo sin fondo de cuantiosos recursos energéticos (o con fondo, pero muy profundo), el modelo tiene futuro.

Naturalmente, estamos hablando de Venezuela, Bolivia o Rusia. No son los únicos casos, hay otros, pero son los más recientes y vistosos. El pasado 2 de diciembre, sin ir más lejos, coincidieron Rusia y Venezuela en protagonizar dos considerables ejercicios plebiscitarios. En Venezuela, un referendo; en Rusia, unas elecciones. En el primer caso, y pese a los rumores poco confirmados de que las Fuerzas Armadas, tanteadas por el entorno presidencial para revertir unos resultados desfavorables, se negaron a intervenir, Chávez administró hábilmente su fracaso. Al fin y al cabo, seguía en el poder. Y los deslices de lenguaje, al definir como “victoria de mierda” el éxito de la oposición, no son exclusiva suya.

EL HECHO ES que, desde 1998 hasta ahora, Chávez no ha parado de combinar elecciones con referendos para ir cortando el traje a su exclusiva medida. Lo más peligroso de su último proyecto no era, en absoluto, la posibilidad de reelección indefinida del presidente: en Europa, la no limitación de mandatos está muy generalizada. Lo más peligroso era, sin duda alguna, la posibilidad del presidente de proclamar estados de excepción indeterminados en el tiempo, sin control ni parlamentario ni judicial de ningún tipo. Esto era una brecha demasiado obvia en el Estado de derecho, aunque había alguna otra, como que el Banco Central pasaba a ser administrado directamente por el presidente. Y algunas pintorescas, como el cambio de nombre de Caracas o la proclama constitucional de que la jornada laboral tendría seis horas. Lo esencial, en el fondo, es la estrategia de ir haciendo ingeniería con las instituciones, apoyándola con diversas formas de plebiscito, y jugando con la baza que le proporciona un plantel de oposiciones fragmentadas y divididas.

Es obvio que el modelo inspira a otro político latinoamericano de nuevo cuño, Evo Morales, que se embarcó en un proyecto de reforma constitucional basado en la misma estrategia de ingeniería, y de resultados inciertos a medio y largo plazo, aunque el Gobierno y las provincias opositoras parecen estar optando por el diálogo. La administración del proceso constituyente ya fue, en sí misma, innecesariamente provocadora, generaba más problemas de los que pretendía resolver, y podía llevar al país a su ruptura territorial, además de la ya tremenda polarización social que padece. Pero el texto propuesto tiene varias disposiciones absurdas, o inaplicables, o que son incompatibles con el constitucionalismo democrático.

LA OTRA variante, Rusia con Putin a la cabeza, es mucho más original, pues consiste en no tocar ni una coma de la Constitución, no cambiar las instituciones ni sus reglas formales de funcionamiento: es decir, se respetan al pie de la letra las reglas formales del juego. El resultado: Putin no podía ser reelegido como presidente, pero nada le impedía ser nombrado primer ministro por el nuevo presidente, de manera que, a los pocos días, supimos por Putin que Medvedev “sería un buen presidente”, y por Medvedev que “Putin sería un excelente primer ministro”.

Que acabe mandando más el nuevo primer ministro que el presidente es un tema político, importante desde luego, innovador sin duda. Pero lo decisivo será el protocolo: sobre todo, que se guarden las formas. Y todo ello, con el apoyo inequívoco de dos tercios del electorado, si sumamos todos los partidos con escaños en el Parlamento. Y Rusia se ha quedado sin oposición.

Febrero 23, 2008 Publicado por cienciayartes | Bolivia, Rusia, Venezuela | | Aún no hay comentarios

Ingeniería constitucional

Por Pere Vilanova, catedrático de Ciencia Política de la UB (EL PERIÓDICO, 23/01/08):

No cabe duda: estamos asistiendo cada vez más a un nuevo fenómeno que vendrá a complicar las tipologías y clasificaciones de regímenes políticos más tradicionales. No es una cosa secundaria, o que deba interesar únicamente a los académicos, pues incluso una opinión pública desconcertada agradecerá datos útiles para entender lo que pasa.

Los criterios de los viejos manuales de los profesores Duverger o Hauriou navegaban hace 50 años combinando democracia/dictadura y mundo capitalista/mundo socialista. Con cierta gama de complicaciones a la hora de clasificar los regímenes del llamado tercer mundo, y poco más. ¿Dónde está la novedad? En la proliferación de casos en los que los gobernantes, y por extensión las élites políticas que los rodean, se instalan en una política de auténtica ingeniería constitucional, es decir, en una cuidadosa utilización de diversos mecanismos institucionales, acompañados ocasionalmente de mayor o menor habilidad en la utilización de campañas mediáticas o directamente de márketing político, para consolidar su poder.

CONVIENE HUIR de los viejos y desacreditados mecanismos autoritarios, como los golpes de Estado, los pronunciamientos o los autogolpes. El fenómeno suele incluir una gran preocupación por que todo ello venga refrendado por vía del sufragio, ya sean elecciones, ya referendos, y lo cierto es que por esta vía plebiscitaria, en muchos casos el ingeniero obtiene excelentes resultados, consigue y mantiene una fuerte base social, aunque la o las oposiciones conserven también la suya. Si, además, ello viene acompañado de retórica nacionalista, políticas públicas asistenciales y, en varios casos, del pozo sin fondo de cuantiosos recursos energéticos (o con fondo, pero muy profundo), el modelo tiene futuro.

Naturalmente, estamos hablando de Venezuela, Bolivia o Rusia. No son los únicos casos, hay otros, pero son los más recientes y vistosos. El pasado 2 de diciembre, sin ir más lejos, coincidieron Rusia y Venezuela en protagonizar dos considerables ejercicios plebiscitarios. En Venezuela, un referendo; en Rusia, unas elecciones. En el primer caso, y pese a los rumores poco confirmados de que las Fuerzas Armadas, tanteadas por el entorno presidencial para revertir unos resultados desfavorables, se negaron a intervenir, Chávez administró hábilmente su fracaso. Al fin y al cabo, seguía en el poder. Y los deslices de lenguaje, al definir como “victoria de mierda” el éxito de la oposición, no son exclusiva suya.

EL HECHO ES que, desde 1998 hasta ahora, Chávez no ha parado de combinar elecciones con referendos para ir cortando el traje a su exclusiva medida. Lo más peligroso de su último proyecto no era, en absoluto, la posibilidad de reelección indefinida del presidente: en Europa, la no limitación de mandatos está muy generalizada. Lo más peligroso era, sin duda alguna, la posibilidad del presidente de proclamar estados de excepción indeterminados en el tiempo, sin control ni parlamentario ni judicial de ningún tipo. Esto era una brecha demasiado obvia en el Estado de derecho, aunque había alguna otra, como que el Banco Central pasaba a ser administrado directamente por el presidente. Y algunas pintorescas, como el cambio de nombre de Caracas o la proclama constitucional de que la jornada laboral tendría seis horas. Lo esencial, en el fondo, es la estrategia de ir haciendo ingeniería con las instituciones, apoyándola con diversas formas de plebiscito, y jugando con la baza que le proporciona un plantel de oposiciones fragmentadas y divididas.

Es obvio que el modelo inspira a otro político latinoamericano de nuevo cuño, Evo Morales, que se embarcó en un proyecto de reforma constitucional basado en la misma estrategia de ingeniería, y de resultados inciertos a medio y largo plazo, aunque el Gobierno y las provincias opositoras parecen estar optando por el diálogo. La administración del proceso constituyente ya fue, en sí misma, innecesariamente provocadora, generaba más problemas de los que pretendía resolver, y podía llevar al país a su ruptura territorial, además de la ya tremenda polarización social que padece. Pero el texto propuesto tiene varias disposiciones absurdas, o inaplicables, o que son incompatibles con el constitucionalismo democrático.

LA OTRA variante, Rusia con Putin a la cabeza, es mucho más original, pues consiste en no tocar ni una coma de la Constitución, no cambiar las instituciones ni sus reglas formales de funcionamiento: es decir, se respetan al pie de la letra las reglas formales del juego. El resultado: Putin no podía ser reelegido como presidente, pero nada le impedía ser nombrado primer ministro por el nuevo presidente, de manera que, a los pocos días, supimos por Putin que Medvedev “sería un buen presidente”, y por Medvedev que “Putin sería un excelente primer ministro”.

Que acabe mandando más el nuevo primer ministro que el presidente es un tema político, importante desde luego, innovador sin duda. Pero lo decisivo será el protocolo: sobre todo, que se guarden las formas. Y todo ello, con el apoyo inequívoco de dos tercios del electorado, si sumamos todos los partidos con escaños en el Parlamento. Y Rusia se ha quedado sin oposición.

Febrero 22, 2008 Publicado por cienciayartes | Bolivia, Rusia, Venezuela | | Aún no hay comentarios