"¡El Sáhara es marroquí!"
“¡El Sáhara es marroquí!” De sopetón, decenas de políticos y de cargos marroquíes empezaron a corear esta frase interrumpiendo la réplica del primer ministro de Argelia, Abdelaziz Belkhadem. Su homólogo marroquí, Abbas el Fassi, intervino entonces para acallar el griterío. El incidente ilustra la mala relación que perdura entre los dos pesos pesados del Magreb.
Los dirigentes marroquíes o argelinos no suelen atravesar en avión su frontera común -la terrestre fue cerrada por Argelia en 1994- para visitarse, pero el jefe del Gobierno argelino sí accedió excepcionalmente a desplazarse a Tánger el domingo para participar en un acto conmemorativo al que asistieron, a puerta cerrada, representantes de siete partidos políticos del Magreb.
Era la celebración del aniversario de la conferencia que hace 50 años tuvo lugar en esa ciudad y en la que los principales partidos dieron su apoyo a la lucha armada contra Francia emprendida por el Frente de Liberación Nacional (FLN) argelino. “El Magreb necesita ahora el mismo impulso militante que prevaleció entonces”, afirmó de entrada Habib Ben Yahi, secretario general de la Unión del Magreb Árabe.
“Callejón sin salida”
Pero el Magreb está dividido por culpa del Sáhara Occidental, la antigua colonia española, y el ministro de Estado marroquí, el socialista Mohamed el Yazghi, aprovechó la ocasión para lanzar, el domingo por la noche, un llamamiento, especialmente al presidente argelino, Abdelaziz Buteflika, “para que respalde el proyecto marroquí y sacar al Sáhara del callejón sin salida en el que se encuentra”, según contó el orador a este periódico. Aludía al plan de autonomía propuesto por Rabat hace un año y que descarta la independencia del territorio que reivindica el Frente Polisario.
Belkhadem solicitó entonces la palabra para contestarle: “Desde su independencia Argelia siempre ha defendido las causas justas y los movimientos de liberación en Mozambique, Angola e incluso en su periferia”. Se refería al Polisario. “¿Quieren que Argelia renuncie a sus principios?”, preguntó a la audiencia.
“¡El Sáhara es marroquí!”, vociferó la audiencia impidiendo a Belkhadem seguir hablando. El jefe del Ejecutivo marroquí se vio obligado a intervenir para poner orden. “La cuestión del Sáhara es sagrada en Marruecos”, recordó primero, “pero no la vamos a resolver aquí, en esta sala, sino con mucha justicia, objetividad y calma”.
Reacción en la prensa: trampa en Tánger
La audiencia se calmó, pero no así la prensa argelina: A Belkhadem le tendieron una trampa en Tánger, titulaba, por ejemplo, ayer en portada el diario El Watan, resumiendo una opinión generalizada. Marruecos “ha pisoteado todas las reglas de la hospitalidad”.
El desplazamiento de Belkhadem, que es también líder del FLN, a Tánger fue cuando menos sorprendente. A mediados de mes Buteflika canceló un seminario histórico sobre la conferencia de Tánger de 1958 que se iba a celebrar en Argel.
Argel 11-D: violencia en un contexto social explosivo
Después de unos meses de aparente calma, los dos atentados perpetrados el martes en Argel por Al-Qaida en el Magreb islámico vuelven a mostrar la fragilidad y vulnerabilidad de un país que hasta hace poco parecía estar bajo el control absoluto de los generales y de la poderosa seguridad militar. No deja de ser sorprendente que fuera precisamente en las zonas más vigiladas donde se produjeron los dos atentados: el barrio residencial Hydra, donde se encuentran las sedes de numerosas representaciones diplomáticas (como la de las agencias de Naciones Unidas, blanco principal del atentado) y el barrio de Ben Aknoun, donde se hallan el Tribunal Supremo y el Consejo Constitucional.
Una vez más, el pueblo argelino ha sido la principal víctima de la violencia terrorista, aunque el blanco simbólico de sendos atentados fueran las instituciones del Estado y las Naciones Unidas (en los últimos comunicados de Al-Qaida, la ONU aparece como un objetivo directo al ser considerada como un instrumento al servicio de los intereses judíos en la región).
El último año ha sido particularmente sangriento para Argelia. El pasado 11 de abril, otros dos atentados con coche bomba en la capital se cobraron 30 muertos y más de 200 heridos. El 6 de septiembre, un atentado suicida contra el séquito del presidente argelino en Batna provocaba la muerte de otras 22 personas y causaba heridas a más de 100. El último atentado con impacto mediático tuvo lugar también en septiembre (el día y el objetivo fue esta vez un cuartel de la Marina en Dellys (32 muertos y 45 heridos).
En el comunicado con el que Al-Qaida en el Magreb islámico reivindica los atentados, se expresan claramente los objetivos: «Defender la nación del Islam y humillar a los cruzados y a sus agentes; los esclavos de Estados Unidos y los hijos de Francia».
El discurso del grupo terrorista para movilizar a nuevos reclutas no puede ser más sencillo y más eficaz en el contexto económico, social y político de Argelia. Diez años después de producirse las peores masacres de civiles en las llanuras de la Mitidja (en el contexto de la guerra civil que enfrentó a los grupos armados islamistas con los generales golpistas), la violencia ha ido adquiriendo nuevas formas.
En el proceso de reconciliación nacional llevado a cabo desde la presidencia a partir de 1999, quizás no se ha prestado suficiente atención a los estragos que haya podido tener esta violencia extrema sobre una generación que sólo ha vivido violencia, penurias económicas y la absoluta falta de expectativas de mejora en su situación.
Entre los reclutas de los grupos terroristas argelinos se encuentran muchos adolescentes (en septiembre fueron condenados trece menores a tres años de cárcel por haber mantenido contactos con la organización terrorista). Y es que la situación de la infancia en Argelia es particularmente preocupante. Según datos de la Fundación nacional para la promoción de la salud y el desarrollo de la investigación (Forem), un millón de niños de menos de 16 años trabajan (entre ellos, 300.000 no acuden a la escuela) y cerca de 600.000 sufren malnutrición.
Desde el final de la guerra civil argelina y el proceso de reconciliación nacional iniciado por el presidente Buteflika en 1999, no ha habido mejoras sustanciales de las condiciones de vida de los argelinos, aunque sí han aumentado de forma sustanciosa las rentas generadas por el sector de los hidrocarburos. Gracias al incremento del precio de éstos y un aumento de la producción de gas, la balanza comercial de Argelia registra un importante superávit y las reservas de divisas del país alcanzan ya más de 70.000 millones de dólares.
El aumento de la renta ha permitido al Estado argelino reducir su deuda externa (que ha pasado de 25.900 millones de dólares en el año 2000 a 6.400 millones en la actualidad) y financiar proyectos de gran envergadura para mejorar las infraestructuras. El gasto militar también ha aumentado de forma considerable y en 2006 ya era del 2,63% del PIB.
Los beneficios sociales de tales estrategias han sido escasos, pues en Argelia sigue habiendo una alta tasa de desempleo. En muchas localidades la falta de servicios básicos (agua, carreteras, etcétera) sigue produciendo revueltas espontáneas, como las que tuvieron lugar en noviembre en la ciudad de Uargla.
Otro indicador del grado de desafección profundo del pueblo argelino respecto a la clase dirigente, que sigue beneficiándose egoístamente del patrimonio del Estado, es el nivel de abstención que ha caracterizado las últimas consultas electorales. En los comicios locales y provinciales de noviembre pasado, la tasa de participación fue del 44,09% en las elecciones a las asambleas populares comunales (APC) y del 43,45% en las elecciones de las asambleas populares de Wilaya.
Finalmente, el contexto ideológico también es propicio para fomentar las derivas fanáticas del discurso de los terroristas. Las declaraciones corrosivas sobre el giro dado por la diplomacia francesa y la posición proisraelí por parte de miembros del Gobierno argelino a escasos días de la visita del presidente francés a Argelia, el pasado 5 de diciembre, es un ejemplo del tipo de discurso maniqueo que sigue prevaleciendo en la cúpula dirigente del país.
Argel 11-D: violencia en un contexto social explosivo
Después de unos meses de aparente calma, los dos atentados perpetrados el martes en Argel por Al-Qaida en el Magreb islámico vuelven a mostrar la fragilidad y vulnerabilidad de un país que hasta hace poco parecía estar bajo el control absoluto de los generales y de la poderosa seguridad militar. No deja de ser sorprendente que fuera precisamente en las zonas más vigiladas donde se produjeron los dos atentados: el barrio residencial Hydra, donde se encuentran las sedes de numerosas representaciones diplomáticas (como la de las agencias de Naciones Unidas, blanco principal del atentado) y el barrio de Ben Aknoun, donde se hallan el Tribunal Supremo y el Consejo Constitucional.
Una vez más, el pueblo argelino ha sido la principal víctima de la violencia terrorista, aunque el blanco simbólico de sendos atentados fueran las instituciones del Estado y las Naciones Unidas (en los últimos comunicados de Al-Qaida, la ONU aparece como un objetivo directo al ser considerada como un instrumento al servicio de los intereses judíos en la región).
El último año ha sido particularmente sangriento para Argelia. El pasado 11 de abril, otros dos atentados con coche bomba en la capital se cobraron 30 muertos y más de 200 heridos. El 6 de septiembre, un atentado suicida contra el séquito del presidente argelino en Batna provocaba la muerte de otras 22 personas y causaba heridas a más de 100. El último atentado con impacto mediático tuvo lugar también en septiembre (el día y el objetivo fue esta vez un cuartel de la Marina en Dellys (32 muertos y 45 heridos).
En el comunicado con el que Al-Qaida en el Magreb islámico reivindica los atentados, se expresan claramente los objetivos: «Defender la nación del Islam y humillar a los cruzados y a sus agentes; los esclavos de Estados Unidos y los hijos de Francia».
El discurso del grupo terrorista para movilizar a nuevos reclutas no puede ser más sencillo y más eficaz en el contexto económico, social y político de Argelia. Diez años después de producirse las peores masacres de civiles en las llanuras de la Mitidja (en el contexto de la guerra civil que enfrentó a los grupos armados islamistas con los generales golpistas), la violencia ha ido adquiriendo nuevas formas.
En el proceso de reconciliación nacional llevado a cabo desde la presidencia a partir de 1999, quizás no se ha prestado suficiente atención a los estragos que haya podido tener esta violencia extrema sobre una generación que sólo ha vivido violencia, penurias económicas y la absoluta falta de expectativas de mejora en su situación.
Entre los reclutas de los grupos terroristas argelinos se encuentran muchos adolescentes (en septiembre fueron condenados trece menores a tres años de cárcel por haber mantenido contactos con la organización terrorista). Y es que la situación de la infancia en Argelia es particularmente preocupante. Según datos de la Fundación nacional para la promoción de la salud y el desarrollo de la investigación (Forem), un millón de niños de menos de 16 años trabajan (entre ellos, 300.000 no acuden a la escuela) y cerca de 600.000 sufren malnutrición.
Desde el final de la guerra civil argelina y el proceso de reconciliación nacional iniciado por el presidente Buteflika en 1999, no ha habido mejoras sustanciales de las condiciones de vida de los argelinos, aunque sí han aumentado de forma sustanciosa las rentas generadas por el sector de los hidrocarburos. Gracias al incremento del precio de éstos y un aumento de la producción de gas, la balanza comercial de Argelia registra un importante superávit y las reservas de divisas del país alcanzan ya más de 70.000 millones de dólares.
El aumento de la renta ha permitido al Estado argelino reducir su deuda externa (que ha pasado de 25.900 millones de dólares en el año 2000 a 6.400 millones en la actualidad) y financiar proyectos de gran envergadura para mejorar las infraestructuras. El gasto militar también ha aumentado de forma considerable y en 2006 ya era del 2,63% del PIB.
Los beneficios sociales de tales estrategias han sido escasos, pues en Argelia sigue habiendo una alta tasa de desempleo. En muchas localidades la falta de servicios básicos (agua, carreteras, etcétera) sigue produciendo revueltas espontáneas, como las que tuvieron lugar en noviembre en la ciudad de Uargla.
Otro indicador del grado de desafección profundo del pueblo argelino respecto a la clase dirigente, que sigue beneficiándose egoístamente del patrimonio del Estado, es el nivel de abstención que ha caracterizado las últimas consultas electorales. En los comicios locales y provinciales de noviembre pasado, la tasa de participación fue del 44,09% en las elecciones a las asambleas populares comunales (APC) y del 43,45% en las elecciones de las asambleas populares de Wilaya.
Finalmente, el contexto ideológico también es propicio para fomentar las derivas fanáticas del discurso de los terroristas. Las declaraciones corrosivas sobre el giro dado por la diplomacia francesa y la posición proisraelí por parte de miembros del Gobierno argelino a escasos días de la visita del presidente francés a Argelia, el pasado 5 de diciembre, es un ejemplo del tipo de discurso maniqueo que sigue prevaleciendo en la cúpula dirigente del país.
El terror islámico se ceba en Argelia
El tremendo desafío del islam político, dentro y fuera de los países musulmanes, conoció ayer una nueva y sangrienta manifestación con los dos atentados en el corazón de Argel, dirigidos no solo contra el Gobierno argelino sino contra la sede de un organismo de las Naciones Unidas, como ya ocurriera en Irak en el 2003, recordatorio sangriento de que Al Qaeda y los grupos afines libran una guerra santa (yihad) global que pretende subvertir el orden mundial, restablecer el califato teocrático y extender el imperio de la sharia o ley coránica.
No recuperada aún de la guerra civil iniciada en 1992 y que causó más de 150.000 muertos durante un decenio de inusitada violencia, Argelia se ha convertido en la metrópoli del terror, el foco desde donde se expande el terrorismo islámico hacia todo el Magreb, los frágiles estados del sur del Sáhara (Sahel) y, por supuesto, los países europeos con minorías de origen sarraceno. La dirección de la guerra santa corresponde a Al Qaeda en el Magreb, nombre adoptado en enero de este año por el Grupo Salafista de la Predicación y el Combate (GSPC), originariamente argelino, cuyos miembros aprendieron la técnica del coche bomba suicida en Irak y Afganistán.
DESDE LOS atentados del 11 de abril de este año, en dos operaciones suicidas que causaron 33 muertos en Argel, los argelinos viven bajo la pesadilla de un retorno de “los años de sangre”, de la lucha sin cuartel y salvaje del Ejército contra los grupos islamistas armados, ya entonces apoyados por Al Qaeda, con el país virtualmente aislado y los europeos mirando para lugares menos conflictivos para no tomar conciencia de las atrocidades de unos y otros y preservar sus intereses petrolíferos o geoestratégicos.
La violencia se recrudeció en mayo, coincidiendo con la campaña para las elecciones legislativas, y de nuevo golpeó el 6 y el 8 de septiembre, cuando Al Qaeda asesinó a casi 60 personas en sendos atentados en Dellys y Batna. El Gobierno argelino, no obstante, insistió en subrayar el supuesto carácter residual del terrorismo, sin parangón posible con el de los años de la guerra civil, pero no cabe duda de que el país se ha convertido en una caja de resonancia, de efectos inmediatos en el universo árabe-musulmán, y en sede del banderín de enganche de los terroristas, secuela de la inestabilidad social y la cerrazón política.
Los atentados de Argel plantean una vez más el gravísimo problema de cómo impedir que los secuaces de Osama bin Laden ataquen en Europa. Pese a la nebulosa característica del fenómeno terrorista, la existencia de grupos radicales en Túnez, Marruecos, Mauritania, Chad y Níger, así como las detenciones de activistas en París y Londres o la desarticulación de una célula en Fráncfort que estaba en posesión de armas y productos químicos, sugieren que Al Qaeda en el Magreb, probablemente en conexión con el Grupo Islámico Combatiente marroquí, es el movimiento más peligroso y amenazante. Algo parecido se deduce de las estadísticas que tiene Europol sobre los detenidos en Europa.
Las informaciones y los análisis de los especialistas coinciden en que el terrorismo en el norte de África parece en auge, pese a que el Magreb está geográfica y culturalmente alejado de los países del Oriente Próximo donde el islamismo alcanzó sus expresiones más rigurosas, como Arabia Saudí o Irán. Mas el arcaísmo de las estructuras sociales, la conversión de la democracia en un simulacro y el bloqueo de los sistemas políticos, ya se trate de la monarquía marroquí o de los militares secularizados de Argel, siembran la desilusión entre la clase media y alimentan la crítica devastadora de los islamistas. Paradójicamente, los más retrógrados actúan como un fermento revolucionario que mantiene en vilo a las exiguas minorías en el poder.
La ola de violencia en Argelia incide sobre una situación estratégica bastante degradada por la rivalidad histórica con Marruecos, económica y militar, y la ambición de los uniformados argelinos de transformar al país en una potencia regional, armada por Rusia, pero que recibe importantes inversiones norteamericanas para la explotación de los hidrocarburos. Esa rivalidad, congelada en el Sáhara desde hace 32 años, frena el desarrollo e impide o condiciona el proceso democrático o la reconciliación nacional.
ANTE LO QUEparece un nuevo ciclo histórico presidido por el integrismo musulmán más sombrío y virulento, debido en gran parte a que los regímenes dictatoriales permitieron durante años que las mezquitas se convirtieran en los únicos centros de actividad política tolerada, los europeos siguen enzarzados en una estéril polémica sobre el multiculturalismo, en cómo tratar al islam y cómo superar la marginación y a veces la discriminación que hacinan a sus minorías musulmanas, acosadas por un vertiginoso ascenso demográfico, en guetos de pobreza y fanatismo.
Los más pesimistas, como el politólogo italiano Giovanni Sartori o el historiador británico Niall Ferguson en su último libro (La guerra del mundo), llaman la atención sobre la marcha incontenible del islam en Europa (¿Eurabia?) y deploran la aparente complacencia ante el chantaje. Ferguson lanza con acento español una advertencia tan solemne como alarmista, pero verosímil y hasta prudente: “Ceuta ya no es la plaza de un agresivo imperialismo europeo, sino un baluarte defensivo mantenido por un continente sitiado”.
El terror islámico se ceba en Argelia
El tremendo desafío del islam político, dentro y fuera de los países musulmanes, conoció ayer una nueva y sangrienta manifestación con los dos atentados en el corazón de Argel, dirigidos no solo contra el Gobierno argelino sino contra la sede de un organismo de las Naciones Unidas, como ya ocurriera en Irak en el 2003, recordatorio sangriento de que Al Qaeda y los grupos afines libran una guerra santa (yihad) global que pretende subvertir el orden mundial, restablecer el califato teocrático y extender el imperio de la sharia o ley coránica.
No recuperada aún de la guerra civil iniciada en 1992 y que causó más de 150.000 muertos durante un decenio de inusitada violencia, Argelia se ha convertido en la metrópoli del terror, el foco desde donde se expande el terrorismo islámico hacia todo el Magreb, los frágiles estados del sur del Sáhara (Sahel) y, por supuesto, los países europeos con minorías de origen sarraceno. La dirección de la guerra santa corresponde a Al Qaeda en el Magreb, nombre adoptado en enero de este año por el Grupo Salafista de la Predicación y el Combate (GSPC), originariamente argelino, cuyos miembros aprendieron la técnica del coche bomba suicida en Irak y Afganistán.
DESDE LOS atentados del 11 de abril de este año, en dos operaciones suicidas que causaron 33 muertos en Argel, los argelinos viven bajo la pesadilla de un retorno de “los años de sangre”, de la lucha sin cuartel y salvaje del Ejército contra los grupos islamistas armados, ya entonces apoyados por Al Qaeda, con el país virtualmente aislado y los europeos mirando para lugares menos conflictivos para no tomar conciencia de las atrocidades de unos y otros y preservar sus intereses petrolíferos o geoestratégicos.
La violencia se recrudeció en mayo, coincidiendo con la campaña para las elecciones legislativas, y de nuevo golpeó el 6 y el 8 de septiembre, cuando Al Qaeda asesinó a casi 60 personas en sendos atentados en Dellys y Batna. El Gobierno argelino, no obstante, insistió en subrayar el supuesto carácter residual del terrorismo, sin parangón posible con el de los años de la guerra civil, pero no cabe duda de que el país se ha convertido en una caja de resonancia, de efectos inmediatos en el universo árabe-musulmán, y en sede del banderín de enganche de los terroristas, secuela de la inestabilidad social y la cerrazón política.
Los atentados de Argel plantean una vez más el gravísimo problema de cómo impedir que los secuaces de Osama bin Laden ataquen en Europa. Pese a la nebulosa característica del fenómeno terrorista, la existencia de grupos radicales en Túnez, Marruecos, Mauritania, Chad y Níger, así como las detenciones de activistas en París y Londres o la desarticulación de una célula en Fráncfort que estaba en posesión de armas y productos químicos, sugieren que Al Qaeda en el Magreb, probablemente en conexión con el Grupo Islámico Combatiente marroquí, es el movimiento más peligroso y amenazante. Algo parecido se deduce de las estadísticas que tiene Europol sobre los detenidos en Europa.
Las informaciones y los análisis de los especialistas coinciden en que el terrorismo en el norte de África parece en auge, pese a que el Magreb está geográfica y culturalmente alejado de los países del Oriente Próximo donde el islamismo alcanzó sus expresiones más rigurosas, como Arabia Saudí o Irán. Mas el arcaísmo de las estructuras sociales, la conversión de la democracia en un simulacro y el bloqueo de los sistemas políticos, ya se trate de la monarquía marroquí o de los militares secularizados de Argel, siembran la desilusión entre la clase media y alimentan la crítica devastadora de los islamistas. Paradójicamente, los más retrógrados actúan como un fermento revolucionario que mantiene en vilo a las exiguas minorías en el poder.
La ola de violencia en Argelia incide sobre una situación estratégica bastante degradada por la rivalidad histórica con Marruecos, económica y militar, y la ambición de los uniformados argelinos de transformar al país en una potencia regional, armada por Rusia, pero que recibe importantes inversiones norteamericanas para la explotación de los hidrocarburos. Esa rivalidad, congelada en el Sáhara desde hace 32 años, frena el desarrollo e impide o condiciona el proceso democrático o la reconciliación nacional.
ANTE LO QUEparece un nuevo ciclo histórico presidido por el integrismo musulmán más sombrío y virulento, debido en gran parte a que los regímenes dictatoriales permitieron durante años que las mezquitas se convirtieran en los únicos centros de actividad política tolerada, los europeos siguen enzarzados en una estéril polémica sobre el multiculturalismo, en cómo tratar al islam y cómo superar la marginación y a veces la discriminación que hacinan a sus minorías musulmanas, acosadas por un vertiginoso ascenso demográfico, en guetos de pobreza y fanatismo.
Los más pesimistas, como el politólogo italiano Giovanni Sartori o el historiador británico Niall Ferguson en su último libro (La guerra del mundo), llaman la atención sobre la marcha incontenible del islam en Europa (¿Eurabia?) y deploran la aparente complacencia ante el chantaje. Ferguson lanza con acento español una advertencia tan solemne como alarmista, pero verosímil y hasta prudente: “Ceuta ya no es la plaza de un agresivo imperialismo europeo, sino un baluarte defensivo mantenido por un continente sitiado”.
Boom inversor en Argelia: ¿hacia un modelo de desarrollo sostenible?
Tema: En este análisis se aboga por dar un mayor peso al sector privado en la economía argelina para poder sostener el ritmo de crecimiento actual y abordar los retos a los que se enfrenta el país. Para ello se insiste en la urgente necesidad de modernizar las instituciones financieras argelinas.
Resumen: Argelia se encuentra en uno de sus mejores momentos en términos económicos, con tasas de crecimiento que no se habían visto en tres décadas. El país vuelve a disfrutar de estabilidad política y la violencia terrorista, aunque todavía presente, está bajo control. Hoy existen la oportunidad y los recursos necesarios para acelerar el ritmo de reformas con vistas a modernizar y diversificar la economía argelina. En la actualidad el sector público constituye casi exclusivamente el motor de desarrollo del país, pero éste no tiene los medios para abordar por sí solo los retos a los que se enfrentará Argelia en las próximas décadas. Para modernizar la economía argelina se debe dar un mayor peso a la iniciativa privada. Sin embargo, el inadecuado sistema financiero argelino ha frenado el desarrollo de un sector privado dinámico y ha limitado el crecimiento del país. Por ello es necesario modernizar las instituciones financieras argelinas y asegurar una regulación más eficaz de estas entidades. Estas medidas son ineludibles si se pretenden aprovechar los beneficios de la eventual integración de Argelia en la Organización Mundial del Comercio (OMC) y de la entrada en vigor del acuerdo de libre cambio entre Argelia y la Unión Europea (UE).
Análisis: Argelia es hoy un país muy distinto al que, en la década de los noventa, padecía una terrible guerra civil, sufría una marcada inestabilidad política y soportaba una situación económica desastrosa. A pesar del recrudecimiento de los ataques terroristas desde abril pasado debido a la creciente actividad del Grupo al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), la violencia está muy lejos de los niveles de la pasada década. Como resultado del efecto conjunto de un proceso de paz, de la incorporación de las corrientes islamistas moderadas en los círculos de poder y de la mayor eficacia de los cuerpos de seguridad,se ha conseguido debilitar de forma significativa la insurgencia islamista.
Gracias a los altos precios alcanzados por los hidrocarburos en los últimos años y a un aumento de su producción de gas, Argelia disfruta desde el año 2002 de una situación económica envidiable. En los cinco últimos años, el PIB real creció una media del 4,9% anual,[2] y se estima que crecerá un 4,8% en 2007 y un 5,7% en 2008. Las balanzas comercial y por cuenta corriente registran un fuerte superávit, las reservas de divisas del país alcanzan más de 70.000 millones de dólares y se espera que lleguen hasta los 80.000 millones en 2008.[3] Una buena disciplina monetaria ha permitido mantener la inflación bajo control a pesar de las fuertes tasas de crecimiento, por lo que el Foro Económico Mundial considera que la situación macroeconómica del país es excelente.[4]
Esta riqueza se está canalizando principalmente a reducir la deuda externa, que ha pasado de 25.900 millones de dólares en 2000 a 6.400 mil millones en 2006 y a financiar un ambicioso programa de infraestructuras públicas y de construcción de vivienda, para el que se prevén inversiones por valor de 60.000 millones de dólares entre 2005 y 2009. Mediante este plan el ejecutivo argelino busca abordar tres grandes retos:[5]
(1) Reducir un nivel de desempleo que, según datos oficiales, alcanzaba en 2005 el 15,3% de la población activa, incluyendo prácticamente la mitad de los jóvenes de entre 15 y 24 años, y también la mitad de la población activa femenina.
(2) Resolver la grave crisis de la vivienda, que coloca a Argelia, con 7,6 habitantes por hogar, entre los países con mayor tasa de ocupación del mundo.
(3) Reducir los desequilibrios regionales enfocando las inversiones en infraestructuras, educación y servicios sanitarios en las regiones más pobres del centro y sur del país.
El sector público argelino ante los retos a los que se enfrenta el país
Los retos a los que se enfrenta el Gobierno para cumplir los objetivos marcados en su plan de desarrollo reflejan cómo la actual estructura de la economía argelina y del sistema administrativo lastra el crecimiento del país. Esto queda patente en cuestiones como el incumplimiento de plazos en los grandes proyectos de infraestructura e inmobiliarios provocado por la limitada oferta de insumos. Asimismo, numerosos proyectos se ven frenados, no por falta de recursos financieros, sino por un sistema administrativo centralizado, poco transparente y burocratizado. A esto se suma la falta de capacidad de la administración para realizar un seguimiento activo de los cientos de proyectos en marcha, tanto por falta de personal cualificado como por la inexistencia de procesos adecuados. Esto tiende a producir un sobre-coste de los proyectos, no favorece el cumplimiento de plazos e incide negativamente en la calidad del trabajo realizado.[6]
Las empresas públicas de construcción están desbordadas, y en muchos grandes proyectos se acaban importando tanto los insumos como la mano de obra, y esto a pesar de la alta tasa de desempleo del país. Esto sin duda reduce la capacidad de arrastre del programa de inversiones sobre el desarrollo de sectores clave de la economía argelina y limita el impacto positivo del plan sobre la sociedad en general, y sobre los niveles de desempleo en particular. El sector privado sólo puede asumir un papel limitado en el plan de desarrollo debido, entre otras razones, al difícil acceso al sistema financiero.
Así pues, el Gobierno está perdiendo la oportunidad de aprovechar la buena coyuntura económica y el boom inversor para dar un fuerte empuje al desarrollo del sector privado. Esto contribuiría a la diversificación de la economía argelina, que en la actualidad sigue dominada por empresas públicas y depende casi totalmente de las exportaciones de hidrocarburos. Una estrategia de desarrollo que diese más espacio a la iniciativa privada sentaría las bases para que un sector privado fuerte y dinámico fuese capaz de contribuir de forma sostenible al crecimiento del país, creando empleo y riqueza en los sectores más competitivos de la economía argelina.
Este es el caso por ejemplo de las industrias intensivas en energía como la siderurgia y las industrias químicas (en particular la fabricación de fertilizantes) que podrían aprovechar dos claras ventajas competitivas de la economía argelina: precios de la energía por debajo de los mercados internacionales y cercanía geográfica a la UE. El sector servicios, particularmente la banca y los seguros, tiene un enorme potencial de desarrollo. Cabe también destacar que, con las medidas adecuadas, la demanda generada por el programa de desarrollo del Gobierno puede beneficiar el crecimiento de empresas privadas de construcción.
El Estado no puede asumir por sí solo los retos que el país deberá afrontar en las próximas décadas. Se estima que la economía argelina tendrá que crecer entre un 6% y un 8% hasta 2020 para absorber la mano de obra que cada año se incorpora al mercado del trabajo. En estos últimos cinco años, gracias principalmente a la creación de empleo público, el desempleo ha pasado de un 30% de la población activa a un 15%. Pero este ritmo de absorción no es sostenible a medio plazo; el Estado está financiando la creación de empleo gracias a los ingentes recursos generados por la venta de hidrocarburos, redistribuyendo así la renta petrolífera entre sus ciudadanos. Pero ni el gas es eterno, ni nadie asegura que su precio se mantendrá en los niveles actuales. Se está perdiendo la oportunidad de crear las condiciones para generar riqueza, en vez de consumirla.[7]
Modernizar el sistema financiero: una necesidad urgente[8]
El Estado debe retirarse paulatinamente de los sectores económicos en los que la iniciativa privada pueda contribuir de forma más significativa al crecimiento de la economía. Las experiencias de otros países árabes aconsejan liberalizar los sectores de servicios, y en particular la banca y el sector asegurador. En efecto, la modernización del sector financiero es la piedra angular del proceso de liberalización de la economía argelina. En la actualidad, según datos del Foro Económico Mundial, la sofisticación del sistema financiero argelino se sitúa a la cola de 128 economías analizadas.
El sector bancario argelino está totalmente dominado por instituciones públicas, y la gran mayoría de los créditos se otorgan a empresas públicas deficitarias, quedando sólo el remanente para la empresa privada. El sistema financiero argelino no cumple con su labor de intermediación financiera; no se canalizan eficazmente fondos a las empresas, que ven su crecimiento frenado por falta de acceso a créditos y a otros servicios financieros. Una encuesta realizada por el Foro Económico Mundial a empresarios argelinos reveló que el difícil acceso al sistema financiero constituye el principal impedimento para hacer negocios en el país.
Así pues, es urgente aumentar el flujo de crédito hacia el sector privado, asegurándose que estos recursos se asignan siguiendo un criterio de rentabilidad económica y no de amiguismo o interés político. Para ello es importante reformar los bancos públicos y los organismos reguladores del sector. También es urgente introducir mejores capacidades de gestión y tecnología en el sistema financiero argelino. Esto implica abrir el capital de los grandes bancos públicos argelinos a socios que puedan aportar las herramientas y los conocimientos necesarios para la modernización del sistema financiero.
Por otro lado, la liberalización del sector asegurador permitirá una mejor gestión del riesgo, incentivando así la inversión a largo plazo del sector privado. Además, con un marco regulatorio adecuado, un sector asegurador liberalizado fomentaría el ahorro y canalizaría los ingresos por primas a oportunidades de inversión en el país. Sin embargo, es de vital importancia que la liberalización del sector financiero venga acompañada de un refuerzo de la capacidad de control de los entes reguladores.
Sin Estado eficaz no habrá un sector privado dinámico y transparente
El descontrol de la administración argelina en materia de regulación de los mercados financieros quedó patente con la quiebra de la mayor empresa privada del país, el Grupo Khalifa, en 2003. A partir de 1998, el Grupo Khalifa se desarrolló de forma fulgurante, abarcando actividades como servicios financieros, transporte aéreo, comercialización de medicamentos, construcción y medios de comunicación. A partir de 2000 el grupo empezó a invertir en Europa, dándose a conocer fuera de las fronteras del país.
Sin embargo, este modelo de crecimiento estaba abocado al fracaso; el banco del grupo comercializó depósitos con unas condiciones extremadamente atractivas, ofreciendo tipos de interés cinco veces más altos que el mercado. Los depósitos, provenientes sobre todo de empresas e instituciones públicas argelinas, se dedicaron a financiar el crecimiento de las otras empresas del grupo en Argelia y Europa, la mayoría no rentables. El banco también realizó préstamos a particulares guiados más por criterios de orden político y mediático que económico, ganándose así simpatías y evitando controles demasiado minuciosos.
La situación se hizo insostenible en 2003, cuando el banco se quedó sin liquidez suficiente para hacer frente a las obligaciones contraídas. En todo este tiempo el Banco Khalifa no sólo no comunicó información financiera fiable, sino que en algunos casos ni siquiera transmitió la información que por ley debía entregar al Banco Central y al Ministerio de Finanzas. Esto fue posible gracias a una red de connivencias con personas clave de los círculos de poder y a la falta de sistemas de control adecuados. La quiebra del Grupo Khalifa costo al Estado argelino cerca de 3.000 millones de dólares, y un sonado escándalo político, con juicio público incluido.[9]
Argelia no es un caso aislado. Las crisis bancarias son fenómenos relativamente frecuentes en las economías que se liberalizan y este “error de juventud” del capitalismo argelino tuvo algunas consecuencias positivas: el Estado reforzó los controles sobre el sector bancario, lo cual llevó al cierre de cinco bancos privados que no contaban con unas cuentas saneadas. Pero la magnitud política del escándalo y el coste económico asumido hicieron que el ejecutivo paralizase bruscamente todo intento de liberalización del sector financiero. La privatización del tercer banco del país, el Crédit Populaire d’Algérie (CPA), que cuenta con el 14% de los depósitos nacionales, lleva retrasándose varios años. Los bancos interesados, entre los cuales figura el Banco Santander, deberán esperar, como mínimo, hasta finales de 2007. Tampoco hay planes para privatizar los otros grandes bancos públicos: Banque de Developpement Locale (BDL), Banque Nationale D’Algerie (BNA), Banque de L’Agriculture et du Développemment Rural (BADR) y Banque Exterieure d’Algerie (BEA).[10]
El escándalo Khalifa redujo a mínimos la confianza del ejecutivo en la propia capacidad del Estado para controlar el proceso de liberalización y, de hecho, reforzó la voluntad del Gobierno de mantener el control sobre el sistema financiero. Las medidas de control impuestas a los bancos redujeron drásticamente el acceso al crédito de las empresas privadas, lo cual está frenando el crecimiento de sectores clave de la economía argelina. Con el fin de evitar situaciones como la del Grupo Khalifa, se han de reforzar los requisitos de transparencia de las empresas, sean estas públicas o privadas. La falta de transparencia constituye un freno al desarrollo de un entorno competitivo sano y reduce la capacidad de control de los entes reguladores. De hecho, los datos del Foro Económico Mundial indican que se deben de modernizar los sistemas de control interno de las empresas argelinas, por ejemplo promoviendo una mejor regulación del funcionamiento de los consejos de administración y mediante la realización de auditorías regulares e independientes.
Cabe también mencionar que 40 años de dominio estatal de la economía argelina han tenido otros efectos que hoy en día también lastran la iniciativa privada y que sólo pueden corregirse paulatinamente. La falta de ejecutivos con conocimientos de gestión actualizados, particularmente en los niveles de responsabilidad media, el uso limitado de tecnologías de la información y la baja sofisticación de las estrategias y operaciones limitan el impacto que el sector privado puede tener en el desarrollo del país. Sin embargo, este panorama está cambiando; a medida que se avance en la liberalización y se abra la economía argelina al exterior, cada vez más ejecutivos argelinos se verán expuestos a nuevas tecnologías y técnicas de gestión. Por otro lado, son cada vez más frecuentes los programas de educación empresarial con participación de escuelas de negocios de primer orden. Un buen ejemplo de ello es la Escuela Superior Argelina de Negocios (ESAA), creada en 2004 con el apoyo de las prestigiosas escuelas de negocios francesas HEC y ESCP. Adicionalmente, a medida que el crecimiento económico y la liberalización ofrezcan nuevas oportunidades es de esperar que cada vez más ejecutivos y cargos intermedios argelinos expatriados vuelvan a su país de origen llevándose de vuelta los conocimientos y las relaciones de negocios que han adquirido en Europa o América del Norte. Según un estudio del Centro Argelino de Investigación en Economía Aplicada para el Desarrollo (CREAD), cerca de 6.000 emigrantes argelinos que volvieron a Argelia en 2006 respondían a este perfil.[11]
La entrada de Argelia en la OMC y el Acuerdo de Asociación con la UE
En caso de confirmarse el ingreso del país en la Organización Mundial del Comercio, el desarrollo de un nuevo modelo de crecimiento económico para Argelia, con mayor participación de la iniciativa privada, será ineluctable. El Gobierno lleva negociando desde 1998 el desmantelamiento progresivo de aranceles y la apertura al capital extranjero del sector industrial y de servicios. Sin embargo, sin un sistema financiero eficaz, el débil sector privado argelino no podrá sobrevivir a la competencia internacional. Por ejemplo, el Gobierno se verá obligado a bajar las tarifas arancelarias de la mayoría de bienes industriales desde el actual 45% de media hasta un 15% como máximo. A día de hoy, los productores de bienes industriales argelinos son en general poco competitivos en los mercados internacionales, y tampoco cuentan con financiación adecuada para modernizar sus procesos de producción y sistemas de gestión. Por ello, sin un sistema financiero moderno, la incipiente industria privada argelina difícilmente sobrevivirá a la apertura del mercado.[12]
Asimismo, la progresiva entrada en vigor de un área de libre cambio con la UE durante los próximos 10 años, según lo previsto en el Acuerdo de Asociación entre Argelia y la UE, firmado en Valencia en 2002, supondrá una mayor exposición de las empresas argelinas a la competencia internacional. Un sistema financiero moderno permitiría a la economía argelina sacar el máximo provecho de esta oportunidad, canalizando los recursos para que los sectores más competitivos de la economía argelina se beneficiende nuevas oportunidades de expansión.
Conclusión: Las reformas preconizadas contribuirán a que el sector financiero se convierta en el pulmón de la iniciativa privada. La disponibilidad de financiación, la existencia de una fuerte demanda nacional, y la posibilidad de acceder a los mercados de la UE,serán elementos claves en el desarrollo de un tejido de pequeñas y medianas empresas y de grupos industriales en los sectores más competitivos de la economía. Gracias al tamaño del mercado argelino, algunas empresas del sector de la construcción y del agroalimentario pueden alcanzar una masa crítica que les permita competir en los mercados internacionales. El bajo coste de la energía también puedefomentar la creación de grandes grupos industriales privados en la rama de la química y la siderurgia, principalmente enfocados a la exportación. Una mayor participaciónde la iniciativa privada en el desarrollo del país permitirá a su vez al Estado liberar recursos y canalizarlos hacia áreas que puedan contribuir a mantener una dinámica de crecimiento como es el desarrollo de las infraestructuras modernas y de un sistema educativo universitario de calidad.
La modernización del sistema financiero argelino implica entre otras medidas, abrir el capital de los grandes bancos públicos argelinos a socios que puedan aportar, sobre todo, tecnología y buena experiencia en gestión. Pero ninguna reforma será eficaz sin una batería de medidas que aumenten la transparencia del sector financiero y doten al Estado de los instrumentos necesarios para una regulación eficaz de la banca. Algunos indicadores permiten ser optimistas: en estos últimos cinco años se han saneado las cuentas de los bancos públicos, se ha producido un aumento significativo del flujo de crédito hacia el sector privado y la calidad de las instituciones argelinas ha mejorado sustancialmente.[13] Hoy existen los recursos económicos y las condiciones políticas para acelerar el ritmo de las reformas. Es de esperar que también exista la suficiente voluntad política para realizarlas.
[1] Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan la posición del Foro Económico Mundial.[2] World Economic Outlook Database, Fondo Monetario Internacional, abril de 2007, http://www.imf.org/external/pubs/ft/weo/2007/01/data/index.aspx
[3] Algeria Country Reports 2006 y 2007, The Economist Intelligence Unit.
[4] Margareta Drzeniek Hanouz & Tarik Yousef, “Assessing the Competitiveness in the Arab World: Strategies for Sustaining the Growth Momentum”, Arab World Competitiveness Report 2007, World Economic Forum, pp. 3-20.
[5] Programme Complémentaire de Soutien à la Croissance – Plan de Développement 2005-2009, République Algérienne Démocratique et Populaire.
[6] José R. Lopez Calix, “Revue des Dépense Publiques 2005-2006 en Algérie”, Nawafid: La lettre d’information trimestrielle du Groupe de la Banque Mondiale au Maghreb, junio de 2007.
[7] Paul Dyer y Tarek Yousef, “Will the Current Oil Boom Solve the Employment Crisis in the Middle East?”, Arab World Competitiveness Report 2007, World Economic Forum.
[8] Sofiane Khatib, “Algeria: Stability Sets Basis for Transition to Efficiency-Driven Economy”, Arab World Competitiveness Report 2007, World Economic Forum, p. 152.
[9] Ihsane el Kadi, “Khalifa, plus qu’une ‘erreur de jeunesse du capitalisme algérien”, AFKAR/IDEES, verano de 2007.
[10] Chérif Bennaceur, “Libéralisation du secteur bancaire. Les banques françaises favorisées”, Le Soir d’Algérie, 19/III/2007.
[11] Dossier de Prensa del “Réseau des algériens diplômés des grandes écoles françaises”, http://www.reage.org/docs/DOSSIER_DE_PRESSE_FORUM.pdf
[12] Ali Benyahia, “L’accession de l’Algérie à l’OMC retardée d’une année”, El Watan, 31/X/2004.
[13] Governance Matters 2007: Worldwide Governance Indicators 1996-2006, World Bank Policy Research Working Paper 4280, julio de 2007, http://info.worldbank.org/governance/wgi2007/sc_country.asp
El gráfico al que alude el texto no se incluye por una sencilla razón: es ilegible.
Boom inversor en Argelia: ¿hacia un modelo de desarrollo sostenible?
Tema: En este análisis se aboga por dar un mayor peso al sector privado en la economía argelina para poder sostener el ritmo de crecimiento actual y abordar los retos a los que se enfrenta el país. Para ello se insiste en la urgente necesidad de modernizar las instituciones financieras argelinas.
Resumen: Argelia se encuentra en uno de sus mejores momentos en términos económicos, con tasas de crecimiento que no se habían visto en tres décadas. El país vuelve a disfrutar de estabilidad política y la violencia terrorista, aunque todavía presente, está bajo control. Hoy existen la oportunidad y los recursos necesarios para acelerar el ritmo de reformas con vistas a modernizar y diversificar la economía argelina. En la actualidad el sector público constituye casi exclusivamente el motor de desarrollo del país, pero éste no tiene los medios para abordar por sí solo los retos a los que se enfrentará Argelia en las próximas décadas. Para modernizar la economía argelina se debe dar un mayor peso a la iniciativa privada. Sin embargo, el inadecuado sistema financiero argelino ha frenado el desarrollo de un sector privado dinámico y ha limitado el crecimiento del país. Por ello es necesario modernizar las instituciones financieras argelinas y asegurar una regulación más eficaz de estas entidades. Estas medidas son ineludibles si se pretenden aprovechar los beneficios de la eventual integración de Argelia en la Organización Mundial del Comercio (OMC) y de la entrada en vigor del acuerdo de libre cambio entre Argelia y la Unión Europea (UE).
Análisis: Argelia es hoy un país muy distinto al que, en la década de los noventa, padecía una terrible guerra civil, sufría una marcada inestabilidad política y soportaba una situación económica desastrosa. A pesar del recrudecimiento de los ataques terroristas desde abril pasado debido a la creciente actividad del Grupo al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), la violencia está muy lejos de los niveles de la pasada década. Como resultado del efecto conjunto de un proceso de paz, de la incorporación de las corrientes islamistas moderadas en los círculos de poder y de la mayor eficacia de los cuerpos de seguridad,se ha conseguido debilitar de forma significativa la insurgencia islamista.
Gracias a los altos precios alcanzados por los hidrocarburos en los últimos años y a un aumento de su producción de gas, Argelia disfruta desde el año 2002 de una situación económica envidiable. En los cinco últimos años, el PIB real creció una media del 4,9% anual,[2] y se estima que crecerá un 4,8% en 2007 y un 5,7% en 2008. Las balanzas comercial y por cuenta corriente registran un fuerte superávit, las reservas de divisas del país alcanzan más de 70.000 millones de dólares y se espera que lleguen hasta los 80.000 millones en 2008.[3] Una buena disciplina monetaria ha permitido mantener la inflación bajo control a pesar de las fuertes tasas de crecimiento, por lo que el Foro Económico Mundial considera que la situación macroeconómica del país es excelente.[4]
Esta riqueza se está canalizando principalmente a reducir la deuda externa, que ha pasado de 25.900 millones de dólares en 2000 a 6.400 mil millones en 2006 y a financiar un ambicioso programa de infraestructuras públicas y de construcción de vivienda, para el que se prevén inversiones por valor de 60.000 millones de dólares entre 2005 y 2009. Mediante este plan el ejecutivo argelino busca abordar tres grandes retos:[5]
(1) Reducir un nivel de desempleo que, según datos oficiales, alcanzaba en 2005 el 15,3% de la población activa, incluyendo prácticamente la mitad de los jóvenes de entre 15 y 24 años, y también la mitad de la población activa femenina.
(2) Resolver la grave crisis de la vivienda, que coloca a Argelia, con 7,6 habitantes por hogar, entre los países con mayor tasa de ocupación del mundo.
(3) Reducir los desequilibrios regionales enfocando las inversiones en infraestructuras, educación y servicios sanitarios en las regiones más pobres del centro y sur del país.
El sector público argelino ante los retos a los que se enfrenta el país
Los retos a los que se enfrenta el Gobierno para cumplir los objetivos marcados en su plan de desarrollo reflejan cómo la actual estructura de la economía argelina y del sistema administrativo lastra el crecimiento del país. Esto queda patente en cuestiones como el incumplimiento de plazos en los grandes proyectos de infraestructura e inmobiliarios provocado por la limitada oferta de insumos. Asimismo, numerosos proyectos se ven frenados, no por falta de recursos financieros, sino por un sistema administrativo centralizado, poco transparente y burocratizado. A esto se suma la falta de capacidad de la administración para realizar un seguimiento activo de los cientos de proyectos en marcha, tanto por falta de personal cualificado como por la inexistencia de procesos adecuados. Esto tiende a producir un sobre-coste de los proyectos, no favorece el cumplimiento de plazos e incide negativamente en la calidad del trabajo realizado.[6]
Las empresas públicas de construcción están desbordadas, y en muchos grandes proyectos se acaban importando tanto los insumos como la mano de obra, y esto a pesar de la alta tasa de desempleo del país. Esto sin duda reduce la capacidad de arrastre del programa de inversiones sobre el desarrollo de sectores clave de la economía argelina y limita el impacto positivo del plan sobre la sociedad en general, y sobre los niveles de desempleo en particular. El sector privado sólo puede asumir un papel limitado en el plan de desarrollo debido, entre otras razones, al difícil acceso al sistema financiero.
Así pues, el Gobierno está perdiendo la oportunidad de aprovechar la buena coyuntura económica y el boom inversor para dar un fuerte empuje al desarrollo del sector privado. Esto contribuiría a la diversificación de la economía argelina, que en la actualidad sigue dominada por empresas públicas y depende casi totalmente de las exportaciones de hidrocarburos. Una estrategia de desarrollo que diese más espacio a la iniciativa privada sentaría las bases para que un sector privado fuerte y dinámico fuese capaz de contribuir de forma sostenible al crecimiento del país, creando empleo y riqueza en los sectores más competitivos de la economía argelina.
Este es el caso por ejemplo de las industrias intensivas en energía como la siderurgia y las industrias químicas (en particular la fabricación de fertilizantes) que podrían aprovechar dos claras ventajas competitivas de la economía argelina: precios de la energía por debajo de los mercados internacionales y cercanía geográfica a la UE. El sector servicios, particularmente la banca y los seguros, tiene un enorme potencial de desarrollo. Cabe también destacar que, con las medidas adecuadas, la demanda generada por el programa de desarrollo del Gobierno puede beneficiar el crecimiento de empresas privadas de construcción.
El Estado no puede asumir por sí solo los retos que el país deberá afrontar en las próximas décadas. Se estima que la economía argelina tendrá que crecer entre un 6% y un 8% hasta 2020 para absorber la mano de obra que cada año se incorpora al mercado del trabajo. En estos últimos cinco años, gracias principalmente a la creación de empleo público, el desempleo ha pasado de un 30% de la población activa a un 15%. Pero este ritmo de absorción no es sostenible a medio plazo; el Estado está financiando la creación de empleo gracias a los ingentes recursos generados por la venta de hidrocarburos, redistribuyendo así la renta petrolífera entre sus ciudadanos. Pero ni el gas es eterno, ni nadie asegura que su precio se mantendrá en los niveles actuales. Se está perdiendo la oportunidad de crear las condiciones para generar riqueza, en vez de consumirla.[7]
Modernizar el sistema financiero: una necesidad urgente[8]
El Estado debe retirarse paulatinamente de los sectores económicos en los que la iniciativa privada pueda contribuir de forma más significativa al crecimiento de la economía. Las experiencias de otros países árabes aconsejan liberalizar los sectores de servicios, y en particular la banca y el sector asegurador. En efecto, la modernización del sector financiero es la piedra angular del proceso de liberalización de la economía argelina. En la actualidad, según datos del Foro Económico Mundial, la sofisticación del sistema financiero argelino se sitúa a la cola de 128 economías analizadas.
El sector bancario argelino está totalmente dominado por instituciones públicas, y la gran mayoría de los créditos se otorgan a empresas públicas deficitarias, quedando sólo el remanente para la empresa privada. El sistema financiero argelino no cumple con su labor de intermediación financiera; no se canalizan eficazmente fondos a las empresas, que ven su crecimiento frenado por falta de acceso a créditos y a otros servicios financieros. Una encuesta realizada por el Foro Económico Mundial a empresarios argelinos reveló que el difícil acceso al sistema financiero constituye el principal impedimento para hacer negocios en el país.
Así pues, es urgente aumentar el flujo de crédito hacia el sector privado, asegurándose que estos recursos se asignan siguiendo un criterio de rentabilidad económica y no de amiguismo o interés político. Para ello es importante reformar los bancos públicos y los organismos reguladores del sector. También es urgente introducir mejores capacidades de gestión y tecnología en el sistema financiero argelino. Esto implica abrir el capital de los grandes bancos públicos argelinos a socios que puedan aportar las herramientas y los conocimientos necesarios para la modernización del sistema financiero.
Por otro lado, la liberalización del sector asegurador permitirá una mejor gestión del riesgo, incentivando así la inversión a largo plazo del sector privado. Además, con un marco regulatorio adecuado, un sector asegurador liberalizado fomentaría el ahorro y canalizaría los ingresos por primas a oportunidades de inversión en el país. Sin embargo, es de vital importancia que la liberalización del sector financiero venga acompañada de un refuerzo de la capacidad de control de los entes reguladores.
Sin Estado eficaz no habrá un sector privado dinámico y transparente
El descontrol de la administración argelina en materia de regulación de los mercados financieros quedó patente con la quiebra de la mayor empresa privada del país, el Grupo Khalifa, en 2003. A partir de 1998, el Grupo Khalifa se desarrolló de forma fulgurante, abarcando actividades como servicios financieros, transporte aéreo, comercialización de medicamentos, construcción y medios de comunicación. A partir de 2000 el grupo empezó a invertir en Europa, dándose a conocer fuera de las fronteras del país.
Sin embargo, este modelo de crecimiento estaba abocado al fracaso; el banco del grupo comercializó depósitos con unas condiciones extremadamente atractivas, ofreciendo tipos de interés cinco veces más altos que el mercado. Los depósitos, provenientes sobre todo de empresas e instituciones públicas argelinas, se dedicaron a financiar el crecimiento de las otras empresas del grupo en Argelia y Europa, la mayoría no rentables. El banco también realizó préstamos a particulares guiados más por criterios de orden político y mediático que económico, ganándose así simpatías y evitando controles demasiado minuciosos.
La situación se hizo insostenible en 2003, cuando el banco se quedó sin liquidez suficiente para hacer frente a las obligaciones contraídas. En todo este tiempo el Banco Khalifa no sólo no comunicó información financiera fiable, sino que en algunos casos ni siquiera transmitió la información que por ley debía entregar al Banco Central y al Ministerio de Finanzas. Esto fue posible gracias a una red de connivencias con personas clave de los círculos de poder y a la falta de sistemas de control adecuados. La quiebra del Grupo Khalifa costo al Estado argelino cerca de 3.000 millones de dólares, y un sonado escándalo político, con juicio público incluido.[9]
Argelia no es un caso aislado. Las crisis bancarias son fenómenos relativamente frecuentes en las economías que se liberalizan y este “error de juventud” del capitalismo argelino tuvo algunas consecuencias positivas: el Estado reforzó los controles sobre el sector bancario, lo cual llevó al cierre de cinco bancos privados que no contaban con unas cuentas saneadas. Pero la magnitud política del escándalo y el coste económico asumido hicieron que el ejecutivo paralizase bruscamente todo intento de liberalización del sector financiero. La privatización del tercer banco del país, el Crédit Populaire d’Algérie (CPA), que cuenta con el 14% de los depósitos nacionales, lleva retrasándose varios años. Los bancos interesados, entre los cuales figura el Banco Santander, deberán esperar, como mínimo, hasta finales de 2007. Tampoco hay planes para privatizar los otros grandes bancos públicos: Banque de Developpement Locale (BDL), Banque Nationale D’Algerie (BNA), Banque de L’Agriculture et du Développemment Rural (BADR) y Banque Exterieure d’Algerie (BEA).[10]
El escándalo Khalifa redujo a mínimos la confianza del ejecutivo en la propia capacidad del Estado para controlar el proceso de liberalización y, de hecho, reforzó la voluntad del Gobierno de mantener el control sobre el sistema financiero. Las medidas de control impuestas a los bancos redujeron drásticamente el acceso al crédito de las empresas privadas, lo cual está frenando el crecimiento de sectores clave de la economía argelina. Con el fin de evitar situaciones como la del Grupo Khalifa, se han de reforzar los requisitos de transparencia de las empresas, sean estas públicas o privadas. La falta de transparencia constituye un freno al desarrollo de un entorno competitivo sano y reduce la capacidad de control de los entes reguladores. De hecho, los datos del Foro Económico Mundial indican que se deben de modernizar los sistemas de control interno de las empresas argelinas, por ejemplo promoviendo una mejor regulación del funcionamiento de los consejos de administración y mediante la realización de auditorías regulares e independientes.
Cabe también mencionar que 40 años de dominio estatal de la economía argelina han tenido otros efectos que hoy en día también lastran la iniciativa privada y que sólo pueden corregirse paulatinamente. La falta de ejecutivos con conocimientos de gestión actualizados, particularmente en los niveles de responsabilidad media, el uso limitado de tecnologías de la información y la baja sofisticación de las estrategias y operaciones limitan el impacto que el sector privado puede tener en el desarrollo del país. Sin embargo, este panorama está cambiando; a medida que se avance en la liberalización y se abra la economía argelina al exterior, cada vez más ejecutivos argelinos se verán expuestos a nuevas tecnologías y técnicas de gestión. Por otro lado, son cada vez más frecuentes los programas de educación empresarial con participación de escuelas de negocios de primer orden. Un buen ejemplo de ello es la Escuela Superior Argelina de Negocios (ESAA), creada en 2004 con el apoyo de las prestigiosas escuelas de negocios francesas HEC y ESCP. Adicionalmente, a medida que el crecimiento económico y la liberalización ofrezcan nuevas oportunidades es de esperar que cada vez más ejecutivos y cargos intermedios argelinos expatriados vuelvan a su país de origen llevándose de vuelta los conocimientos y las relaciones de negocios que han adquirido en Europa o América del Norte. Según un estudio del Centro Argelino de Investigación en Economía Aplicada para el Desarrollo (CREAD), cerca de 6.000 emigrantes argelinos que volvieron a Argelia en 2006 respondían a este perfil.[11]
La entrada de Argelia en la OMC y el Acuerdo de Asociación con la UE
En caso de confirmarse el ingreso del país en la Organización Mundial del Comercio, el desarrollo de un nuevo modelo de crecimiento económico para Argelia, con mayor participación de la iniciativa privada, será ineluctable. El Gobierno lleva negociando desde 1998 el desmantelamiento progresivo de aranceles y la apertura al capital extranjero del sector industrial y de servicios. Sin embargo, sin un sistema financiero eficaz, el débil sector privado argelino no podrá sobrevivir a la competencia internacional. Por ejemplo, el Gobierno se verá obligado a bajar las tarifas arancelarias de la mayoría de bienes industriales desde el actual 45% de media hasta un 15% como máximo. A día de hoy, los productores de bienes industriales argelinos son en general poco competitivos en los mercados internacionales, y tampoco cuentan con financiación adecuada para modernizar sus procesos de producción y sistemas de gestión. Por ello, sin un sistema financiero moderno, la incipiente industria privada argelina difícilmente sobrevivirá a la apertura del mercado.[12]
Asimismo, la progresiva entrada en vigor de un área de libre cambio con la UE durante los próximos 10 años, según lo previsto en el Acuerdo de Asociación entre Argelia y la UE, firmado en Valencia en 2002, supondrá una mayor exposición de las empresas argelinas a la competencia internacional. Un sistema financiero moderno permitiría a la economía argelina sacar el máximo provecho de esta oportunidad, canalizando los recursos para que los sectores más competitivos de la economía argelina se beneficiende nuevas oportunidades de expansión.
Conclusión: Las reformas preconizadas contribuirán a que el sector financiero se convierta en el pulmón de la iniciativa privada. La disponibilidad de financiación, la existencia de una fuerte demanda nacional, y la posibilidad de acceder a los mercados de la UE,serán elementos claves en el desarrollo de un tejido de pequeñas y medianas empresas y de grupos industriales en los sectores más competitivos de la economía. Gracias al tamaño del mercado argelino, algunas empresas del sector de la construcción y del agroalimentario pueden alcanzar una masa crítica que les permita competir en los mercados internacionales. El bajo coste de la energía también puedefomentar la creación de grandes grupos industriales privados en la rama de la química y la siderurgia, principalmente enfocados a la exportación. Una mayor participaciónde la iniciativa privada en el desarrollo del país permitirá a su vez al Estado liberar recursos y canalizarlos hacia áreas que puedan contribuir a mantener una dinámica de crecimiento como es el desarrollo de las infraestructuras modernas y de un sistema educativo universitario de calidad.
La modernización del sistema financiero argelino implica entre otras medidas, abrir el capital de los grandes bancos públicos argelinos a socios que puedan aportar, sobre todo, tecnología y buena experiencia en gestión. Pero ninguna reforma será eficaz sin una batería de medidas que aumenten la transparencia del sector financiero y doten al Estado de los instrumentos necesarios para una regulación eficaz de la banca. Algunos indicadores permiten ser optimistas: en estos últimos cinco años se han saneado las cuentas de los bancos públicos, se ha producido un aumento significativo del flujo de crédito hacia el sector privado y la calidad de las instituciones argelinas ha mejorado sustancialmente.[13] Hoy existen los recursos económicos y las condiciones políticas para acelerar el ritmo de las reformas. Es de esperar que también exista la suficiente voluntad política para realizarlas.
[1] Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan la posición del Foro Económico Mundial.[2] World Economic Outlook Database, Fondo Monetario Internacional, abril de 2007, http://www.imf.org/external/pubs/ft/weo/2007/01/data/index.aspx
[3] Algeria Country Reports 2006 y 2007, The Economist Intelligence Unit.
[4] Margareta Drzeniek Hanouz & Tarik Yousef, “Assessing the Competitiveness in the Arab World: Strategies for Sustaining the Growth Momentum”, Arab World Competitiveness Report 2007, World Economic Forum, pp. 3-20.
[5] Programme Complémentaire de Soutien à la Croissance – Plan de Développement 2005-2009, République Algérienne Démocratique et Populaire.
[6] José R. Lopez Calix, “Revue des Dépense Publiques 2005-2006 en Algérie”, Nawafid: La lettre d’information trimestrielle du Groupe de la Banque Mondiale au Maghreb, junio de 2007.
[7] Paul Dyer y Tarek Yousef, “Will the Current Oil Boom Solve the Employment Crisis in the Middle East?”, Arab World Competitiveness Report 2007, World Economic Forum.
[8] Sofiane Khatib, “Algeria: Stability Sets Basis for Transition to Efficiency-Driven Economy”, Arab World Competitiveness Report 2007, World Economic Forum, p. 152.
[9] Ihsane el Kadi, “Khalifa, plus qu’une ‘erreur de jeunesse du capitalisme algérien”, AFKAR/IDEES, verano de 2007.
[10] Chérif Bennaceur, “Libéralisation du secteur bancaire. Les banques françaises favorisées”, Le Soir d’Algérie, 19/III/2007.
[11] Dossier de Prensa del “Réseau des algériens diplômés des grandes écoles françaises”, http://www.reage.org/docs/DOSSIER_DE_PRESSE_FORUM.pdf
[12] Ali Benyahia, “L’accession de l’Algérie à l’OMC retardée d’une année”, El Watan, 31/X/2004.
[13] Governance Matters 2007: Worldwide Governance Indicators 1996-2006, World Bank Policy Research Working Paper 4280, julio de 2007, http://info.worldbank.org/governance/wgi2007/sc_country.asp
El gráfico al que alude el texto no se incluye por una sencilla razón: es ilegible.
La fractura lingüística del Magreb
El reciente proceso de Ahmed Benschemi, director de los semanarios marroquíes Nichán y Tel Quel, por la publicación en el primero de una carta abierta al rey Mohamed VI ha hecho correr mucha tinta y provocado polémica, tanto en su país como fuera de él. Sin entrar en su valoración del sistema constitucional marroquí, me limitaré a exponer algunas consideraciones en torno a la lengua en la que fue escrita: la darixa, llamada condescendientemente por los doctos y las “fuerzas vivas”, árabe dialectal o coloquial, por no decir “vulgar”.
Una pregunta me viene inmediatamente a los labios: ¿puede ser “plebeya”, sólo “zafia”, una lengua hablada por el 99% de la población magrebí, tanto en Marruecos como en Argelia? Yo creo que no, y mi conocimiento desde hace décadas de los dos grandes países norteafricanos me ha permitido apreciar su constante creatividad lo mismo en el campo de la oralidad popular que en el de sus manifestaciones musicales, teatrales y artísticas. Como las lenguas neolatinas de la Baja Edad Media -castellano, catalán, portugués, italiano, francés, etcétera-, se ha ido separando de su matriz, el árabe clásico, sin renunciar por ello a sus raíces, y añadiéndole elementos de otros idiomas -tamazigh, andalusí, francés, español- en un continuo ejercicio de mestizaje y mutación que, para alguien apasionado como yo con el viaje de las palabras, es motivo diario de estímulo y admiración. Con una aptitud de asimilación que debería causar envidia, juega con los diferentes registros del habla, crea giros y palabras, inventa refranes, chistes y cuentos accesibles a la casi totalidad de la población. Yo tengo una sabrosa antología de ellos, claro exponente de un humor y de una emotividad incapaces de expresarse en el árabe que sólo una minoría escribe y lee, pero no habla.
Esta lengua popular -peyorativamente tildada de vulgar- integra felizmente los distintos componentes de unas identidades complejas, como lo son la marroquí y la argelina. Identidad a la vez árabe y bereber, y enriquecida por las aportaciones idiomáticas de los antiguos colonizadores. El desfase entre la lengua culta y la hablada afecta a todos los órdenes de la vida social, política y cultural. ¿Cómo escribir en efecto una novela u obra teatral presuntamente descriptiva del ámbito urbano o rural del Marruecos o de la Argelia de hoy en una lengua que nadie habla? Tal dificultad explica por qué medio siglo después de la independencia, gran número de escritores de los dos países se expresan todavía en francés y no en un idioma que no es el materno sino el que se aprende en las escuelas. El afán de lucro y visibilidad en el mercado editorial europeo no aclara dicho fenómeno. El marroquí y argelino hablados no son el árabe oficial consagrado en las Constituciones de ambos países. Consciente de ello, un gran escritor como Kateb Yasín pasó en los últimos años de su vida del francés en el que compuso su bellísima novela Nedjma a la darixa de su país, indiferente a la esquinada desaprobación de los doctos y de la cúpula militar, política y financiera instalada en el poder desde 1965.
Lo ocurrido en Argelia en la década de los setenta y ochenta del pasado siglo con la política de arabización impuesta por Bumedián -política fundada en ese mito de la Unión Árabe desmentido a diario y objeto de chistes crueles tanto en el Magreb como en Egipto-, muestra el estrepitoso fracaso de dicha tentativa, que no consiguió “educar” ni arabizar a la población que se sigue expresando en darixa y cabila, pero bajó en cambio el nivel de conocimiento de francés y sembró las semillas, a través de los profesores reclutados en Oriente Próximo, del salafismo que desembocaría, tras el golpe militar contra la victoria electoral del FIS, en las atrocidades de la guerra civil de los años noventa.
Los pueblos del Magreb, insisto, no se reconocen en una lengua oficial de solemnidad huera. La sienten, al revés, como un freno o bozal a sus aspiraciones a una libre expresión democrática. Excluida del saber literario y científico, la darixa tampoco tiene acceso al mundo político, salvo en los mítines electorales a la caza de votos. Tal divorcio desemboca, como he oído denunciar en algunos coloquios sobre el tema, en el autodesprecio y esquizofrenia. En un ensayo publicado hace unos años en la revista Transeuropéennes de Culture y de cuyo título me he apropiado para encabezar éste, el universitario tunecino Yadh Ben Achour, resumía la situación en unos términos que merecen su reproducción in extenso:
“En las asambleas parlamentarias, tribunas políticas, e incluso, salvo excepciones, en las ceremonias oficiales, el lenguaje se transforma en lectura, pues nadie, en parte alguna, es capaz de hablar el árabe clásico. Eso da al lenguaje político el aspecto paródico y acartonado de la lengue de bois. En dicho contexto, la libertad de expresión se ve profundamente afectada. La substitución del habla por la lectura se transforma en traba. Nuestros diputados, presentadores de televisión, jefes, políticos, adoptan un tono engolado y retórico. Informaciones radiofónicas o televisivas, discursos de jefes de Estado pasan de lado de una gran parte de la población, sin rozarla apenas. Nuestros políticos, en general, no hablan: leen. El temor a hablar suscita y revela en ellos el miedo de pensar”.
¿Puede durar indefinidamente tal estado de cosas? Yo creo que no. Los jóvenes con quienes hablo no comparten el menosprecio oficial o erudito por su lengua materna. Esta se abre ya lentamente paso, como el tamazigh, en los medios informativos y, previsiblemente, se extenderá cada vez más. Dado que la identidad magrebí es múltiple y mutante -como lo son todas las identidades, digan lo que digan las constituciones y textos oficiales-, la darixa y el bereber común al Atlas y la Cabilia arraigarán más temprano que tarde en el campo del saber y de la cultura, por dura que sea la resistencia de los letrados y de los poderes fácticos. El árabe clásico permanecerá, claro está, en el ámbito religioso y en el interestatal. Pero la comunicación en marroquí y argelino abarcará el contenido de los periódicos, del espacio escénico, del cine y de la creación literaria. Poner en boca de un personaje marrakchi o tangerino el habla estereotipada del Oriente Próximo provoca y provocará inevitablemente el efecto saludable de la risa. Y ésta ha marcado siempre la dirección hacia la que se encaminan los pueblos ansiosos de libertad y de progreso cualesquiera que sean los obstáculos que se interpongan en su camino.
La fractura lingüística del Magreb
El reciente proceso de Ahmed Benschemi, director de los semanarios marroquíes Nichán y Tel Quel, por la publicación en el primero de una carta abierta al rey Mohamed VI ha hecho correr mucha tinta y provocado polémica, tanto en su país como fuera de él. Sin entrar en su valoración del sistema constitucional marroquí, me limitaré a exponer algunas consideraciones en torno a la lengua en la que fue escrita: la darixa, llamada condescendientemente por los doctos y las “fuerzas vivas”, árabe dialectal o coloquial, por no decir “vulgar”.
Una pregunta me viene inmediatamente a los labios: ¿puede ser “plebeya”, sólo “zafia”, una lengua hablada por el 99% de la población magrebí, tanto en Marruecos como en Argelia? Yo creo que no, y mi conocimiento desde hace décadas de los dos grandes países norteafricanos me ha permitido apreciar su constante creatividad lo mismo en el campo de la oralidad popular que en el de sus manifestaciones musicales, teatrales y artísticas. Como las lenguas neolatinas de la Baja Edad Media -castellano, catalán, portugués, italiano, francés, etcétera-, se ha ido separando de su matriz, el árabe clásico, sin renunciar por ello a sus raíces, y añadiéndole elementos de otros idiomas -tamazigh, andalusí, francés, español- en un continuo ejercicio de mestizaje y mutación que, para alguien apasionado como yo con el viaje de las palabras, es motivo diario de estímulo y admiración. Con una aptitud de asimilación que debería causar envidia, juega con los diferentes registros del habla, crea giros y palabras, inventa refranes, chistes y cuentos accesibles a la casi totalidad de la población. Yo tengo una sabrosa antología de ellos, claro exponente de un humor y de una emotividad incapaces de expresarse en el árabe que sólo una minoría escribe y lee, pero no habla.
Esta lengua popular -peyorativamente tildada de vulgar- integra felizmente los distintos componentes de unas identidades complejas, como lo son la marroquí y la argelina. Identidad a la vez árabe y bereber, y enriquecida por las aportaciones idiomáticas de los antiguos colonizadores. El desfase entre la lengua culta y la hablada afecta a todos los órdenes de la vida social, política y cultural. ¿Cómo escribir en efecto una novela u obra teatral presuntamente descriptiva del ámbito urbano o rural del Marruecos o de la Argelia de hoy en una lengua que nadie habla? Tal dificultad explica por qué medio siglo después de la independencia, gran número de escritores de los dos países se expresan todavía en francés y no en un idioma que no es el materno sino el que se aprende en las escuelas. El afán de lucro y visibilidad en el mercado editorial europeo no aclara dicho fenómeno. El marroquí y argelino hablados no son el árabe oficial consagrado en las Constituciones de ambos países. Consciente de ello, un gran escritor como Kateb Yasín pasó en los últimos años de su vida del francés en el que compuso su bellísima novela Nedjma a la darixa de su país, indiferente a la esquinada desaprobación de los doctos y de la cúpula militar, política y financiera instalada en el poder desde 1965.
Lo ocurrido en Argelia en la década de los setenta y ochenta del pasado siglo con la política de arabización impuesta por Bumedián -política fundada en ese mito de la Unión Árabe desmentido a diario y objeto de chistes crueles tanto en el Magreb como en Egipto-, muestra el estrepitoso fracaso de dicha tentativa, que no consiguió “educar” ni arabizar a la población que se sigue expresando en darixa y cabila, pero bajó en cambio el nivel de conocimiento de francés y sembró las semillas, a través de los profesores reclutados en Oriente Próximo, del salafismo que desembocaría, tras el golpe militar contra la victoria electoral del FIS, en las atrocidades de la guerra civil de los años noventa.
Los pueblos del Magreb, insisto, no se reconocen en una lengua oficial de solemnidad huera. La sienten, al revés, como un freno o bozal a sus aspiraciones a una libre expresión democrática. Excluida del saber literario y científico, la darixa tampoco tiene acceso al mundo político, salvo en los mítines electorales a la caza de votos. Tal divorcio desemboca, como he oído denunciar en algunos coloquios sobre el tema, en el autodesprecio y esquizofrenia. En un ensayo publicado hace unos años en la revista Transeuropéennes de Culture y de cuyo título me he apropiado para encabezar éste, el universitario tunecino Yadh Ben Achour, resumía la situación en unos términos que merecen su reproducción in extenso:
“En las asambleas parlamentarias, tribunas políticas, e incluso, salvo excepciones, en las ceremonias oficiales, el lenguaje se transforma en lectura, pues nadie, en parte alguna, es capaz de hablar el árabe clásico. Eso da al lenguaje político el aspecto paródico y acartonado de la lengue de bois. En dicho contexto, la libertad de expresión se ve profundamente afectada. La substitución del habla por la lectura se transforma en traba. Nuestros diputados, presentadores de televisión, jefes, políticos, adoptan un tono engolado y retórico. Informaciones radiofónicas o televisivas, discursos de jefes de Estado pasan de lado de una gran parte de la población, sin rozarla apenas. Nuestros políticos, en general, no hablan: leen. El temor a hablar suscita y revela en ellos el miedo de pensar”.
¿Puede durar indefinidamente tal estado de cosas? Yo creo que no. Los jóvenes con quienes hablo no comparten el menosprecio oficial o erudito por su lengua materna. Esta se abre ya lentamente paso, como el tamazigh, en los medios informativos y, previsiblemente, se extenderá cada vez más. Dado que la identidad magrebí es múltiple y mutante -como lo son todas las identidades, digan lo que digan las constituciones y textos oficiales-, la darixa y el bereber común al Atlas y la Cabilia arraigarán más temprano que tarde en el campo del saber y de la cultura, por dura que sea la resistencia de los letrados y de los poderes fácticos. El árabe clásico permanecerá, claro está, en el ámbito religioso y en el interestatal. Pero la comunicación en marroquí y argelino abarcará el contenido de los periódicos, del espacio escénico, del cine y de la creación literaria. Poner en boca de un personaje marrakchi o tangerino el habla estereotipada del Oriente Próximo provoca y provocará inevitablemente el efecto saludable de la risa. Y ésta ha marcado siempre la dirección hacia la que se encaminan los pueblos ansiosos de libertad y de progreso cualesquiera que sean los obstáculos que se interpongan en su camino.
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