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Los monjes budistas y el compromiso cívico

Por Juan José Tamayo, director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones, de la Universidad Carlos III de Madrid (EL PAÍS, 03/10/07):

La imagen que suele tenerse del budismo, al menos en Occidente, es la de una religión o cosmovisión que huye del mundanal ruido por considerarlo impuro y se refugia en la contemplación para no mancharse las manos ni contaminar la mente con preocupaciones mundanas. Según esa imagen, la interioridad es lo que conforma el universo budista: la vida interior, la paz interior, la liberación interior, el viaje hacia el interior de uno mismo. La huida del mundo lleva derechamente a su negación. El ideal budista solemos situarlo, casi inconscientemente, en el monje que vive austeramente, depende de la generosidad de los laicos, pasa el día meditando, es insensible a los problemas de la sociedad y renuncia a sus compromisos cívicos porque su meta está en lograr la reconciliación consigo mismo.

Estamos, ciertamente, ante un estereotipo que ni se corresponde con la doctrina y la ética budistas ni resiste la prueba de la realidad. El budismo posee un componente liberador que la actual hermenéutica está intentando descubrir. La compasión no se queda en un sentimiento interior inoperante, sino que se canaliza hacia los pobres a través de la participación en los movimientos de liberación. Se intenta practicar una espiritualidad socialmente comprometida. La profundización de la conciencia lleva a la generosidad de espíritu, al tiempo que proporciona la energía necesaria para activar la compasión. La paz en cada momento de la propia vida es condición necesaria para que pueda instaurarse la paz en el mundo.

Especial importancia adquieren los grandes principios budistas: el origen interdependiente de todas las cosas y la interrelación de toda la vida, la compasión hacia todos los seres, la no violencia, el cuidado de todo lo existente, la eliminación del sufrimiento. A la luz de ellos, algunos intelectuales seguidores del Buda han llevado a cabo una nueva articulación de las distintas vertientes de la justicia y la paz: social, racial, ambiental, sexual, etcétera. Un buen ejemplo son las reflexiones del monje budista Thich Nhat Hanh que se opone al dualismo exterior-interior, subraya la continuidad entre uno y otro ámbitos y considera la paz interior como cauce para la reconciliación inter-humana. El mundo es nuestro yo ampliado. Por eso es necesario cuidarlo y activarlo, afirma en su excelente libro Buda viviente, Cristo viviente.

La imagen de un budismo que pasa de puntillas por la historia se quiebra cuando vemos a monjes que se autoinmolan públicamente para denunciar situaciones de injusticia estructural y guerras imperialistas, que participan en las movilizaciones de los movimientos de resistencia global junto con no creyentes y creyentes de otros credos, y luchan contra las estrategias excluyentes de la globalización neoliberal; cuando conocemos a comunidades budistas que ponen en práctica alternativas sociales, políticas y económicas inclusivas y que participan en plataformas de diálogo inter-religioso e intercultural en busca de una ética común emancipatoria compartida con otras religiones, culturas y cosmovisiones.

Durante la guerra de Vietnam, Thich Nat Hanh creó la Orden de la Inter-entidad, comprometida en la vida cotidiana y en la sociedad. Su filosofía se resume en este principio: “Yo soy, en consecuencia tú eres. Tú eres, en consecuencia yo soy. Éste es el significado del término inter-entidad. Todos inter-somos”. La orden aborda los problemas de la justicia y la paz sociales y sensibiliza a sus seguidores a contrastar su conducta con las necesidades de la comunidad.

En el movimiento pacifista causó un fuerte impacto el caso de una joven de familia noble asociada a la citada Orden de la Inter-entidad, que se quitó la vida en un templo budista para llamar la atención sobre la necesidad de buscar la paz y la prosperidad para toda la humanidad. Un mentís similar a la idea de pasividad que se cree inherente al budismo se produce en Sri Lanka donde los monjes participan activamente en la vida política.

El Dalai Lama es hoy uno de los referentes mundiales más luminosos en el trabajo por la paz y la defensa de los derechos humanos a partir de una doble revolución: ética y espiritual, que compagina armónicamente la compasión para con los otros y la liberación interior. “Toda revolución espiritual entraña una revolución ética”, afirma en su libro El arte de vivir en el nuevo milenio, pero entendiendo por espiritualidad no la religión como sistema de creencias sino el cultivo de valores como la tolerancia, la compasión, el perdón, la búsqueda de la felicidad, la eliminación del sufrimiento, el amor, la solidaridad, etcétera.

El ejemplo más reciente e impactante de un budismo que armoniza ética y espiritualidad es el de los monjes y las monjas budistas de Myanmar, que gozan de un gran respeto y reconocimiento entre sus conciudadanos por su estilo de vida austero y por sus actitudes siempre solidarias con los sectores más marginados de la población.

Ellos se han colocado en la vanguardia de la revolución azafrán liderando las manifestaciones populares, que han logrado reunir a más de trescientas mil personas, y han unido sus fuerzas a las de organizaciones sociales y políticas de la oposición como la Liga Nacional para la Democracia (triunfadora en las elecciones de 1990), de la Premio Nobel de la Paz Aung San Suu Syi, para luchar contra la dictadura y la represión militar, construir una sociedad democrática, combatir la corrupción generalizada, que está instalada en la cúpula de la junta militar gobernante, y erradicar la pobreza en la que vive sumida la mayoría de la población. Con su actitud dicen al mundo entero que entre espiritualidad y lucha por la justicia no hay contradicción.

Los monjes están demostrando un gran coraje cívico al resistir pacíficamente, en la mejor tradición budista, a la violencia de los militares que los reprime, encarcela y asesina. Todo un ejemplo de compromiso cívico y una prueba más de que la religión no siempre es opio del pueblo, sino, como dijera el mismo Marx, “el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, así como el espíritu de una situación carente de espíritu”.

Octubre 4, 2007 Publicado por cienciayartes | Birmania, budismo | | Aún no hay comentarios

Ya es la hora de una política exterior europea

Por Martti Ahtisaari, Joschka Fischer, Mabel van Oranje y Mark Leonard. Ahtisaari, Fischer y Van Oranje son copresidentes del European Council for Foreign Relations, un laboratorio de ideas recién constituido para fomentar la creación de una política exterior común de la UE. Leonard es director ejecutivo del ECFR. Traducción de Jesús Cuéllar Menezo. © Project Syndicate, 2007 (EL PAÍS, 03/10/07):

Si a última hora no se cambia de idea, los jefes de Estado y de Gobierno europeos firmarán este mes un nuevo acuerdo para fortalecer la maquinaria de la política exterior de la Unión Europea, dando más competencias al Alto Representante de la UE en esa materia. Esto supone un cambio largo tiempo esperado.

En la actualidad, el presupuesto del Alto Representante es menor que el que destina la Comisión Europea a la limpieza de las oficinas de Bruselas. Con sólo 500 empleados y únicamente un puñado de representantes en el exterior, un aparato que pretende encarnar la voluntad colectiva de los 27 Gobiernos de la Unión Europea en materia de política exterior gasta menos y tiene menos personal que los países africanos más pequeños.

Es algo que debería cambiar cuando se nombre a un nuevo jefe para la política exterior de la UE, alguien que supervise sus relaciones exteriores así como sus políticas de defensa y de ayuda fuera de la Unión. Sin embargo, esta necesaria innovación institucional no responderá a una pregunta más fundamental: ¿se está tomando Europa en serio la consecución de una política exterior coherente y enérgica?

Con demasiada frecuencia los líderes europeos esquivan esta cuestión, comentando como siempre los defectos de la política exterior estadounidense, cuando deberían estar desarrollando sus propias estrategias. Una y otra vez -en problemas que van desde Irak a Israel y Palestina, pasando por Afganistán-, la política europea se ha definido únicamente en función de lo que hace o deja de hacer Estados Unidos. Sin embargo, el año próximo, EE UU elige a un nuevo presidente y los europeos ya no podrán permitirse el lujo de echar la culpa de los males del mundo a la Casa Blanca de George W. Bush.

Esto es positivo, porque Europa tiene mucho que ofrecer. A diferencia de otras grandes potencias de la historia, su poder no se proyecta mediante la amenaza de invadir otros países. Con 500 millones de habitantes, su población es la tercera en número del mundo, después de las de China y la India. Sus 27 Estados miembros generan un cuarto de la producción económica mundial y, en conjunto, son el comprador más importante de productos de los países en vías de desarrollo y, con mucho, el principal donante de ayuda.

Todo esto va acompañado de un auténtico peso geopolítico. La ampliación de la Unión hacia Europa Oriental fue el mayor proceso de cambio de régimen pacífico registrado en la historia. La creación de la Corte Penal Internacional y la firma del Protocolo de Kioto demostraron que Europa podía impulsar la creación de una gobernanza más multilateral. La participación europea tuvo un impacto real en el proceso de paz de la provincia indonesia de Aceh y en las recientes elecciones presidenciales celebradas en la República Democrática del Congo.

Sin embargo, es muy habitual que la introversión y la división hayan despilfarrado el poder latente de Europa. Incluso en relación con el programa nuclear iraní, una satisfactoria trayectoria se ha visto castrada por la incapacidad que ha mostrado una Europa dividida para respaldar a su diplomacia con sanciones implacables. Si los europeos no están dispuestos a pagar un precio económico, poca credibilidad tendrán para persuadir a Estados Unidos de que no recurra a los ataques militares.

Frente a Rusia, la UE ha subestimado constantemente su propia fuerza, exagerando la del Kremlin de Vladimir Putin y permitiendo a ese país que se haga cada vez más belicoso. Algunos Estados miembros ven en Rusia una amenaza que hay que “contener con suavidad”. Otros son partidarios de impulsar un proceso de “integración sigilosa” que vincule ese país con las costumbres europeas. Esta confusión le permite a Rusia centrarse en determinados países miembros, firmando pactos energéticos a largo plazo, sin dejar de socavar a la UE en un desconcertante abanico de aspectos que abarcan desde el futuro de Kosovo hasta la proliferación nuclear.

A los líderes europeos les gusta hablar de “multilateralismo eficaz”, pero no son muy eficaces cuando se trata de defender sus valores o intereses en instituciones multilaterales como Naciones Unidas. En problemas como los de Kosovo, Darfur e Irán, si los países europeos no se unen y no se mantienen firmes, corren el riesgo de que otros más hábiles los adelanten, cuando son ellos los que deberían estar encabezando la carrera. Después de todo, la Unión cuenta con cinco puestos en el Consejo de Seguridad y sufraga el 40% del presupuesto de la ONU. Sin embargo, cuando se trata de votar cuestiones relativas a los derechos humanos, demasiados países en vías de desarrollo se olvidan de ello, alineándose con China para oponerse a la UE.

Aunque los principales defectos de la UE son estratégicos, la influencia europea en el mundo choca con algunas barreras institucionales. Las prioridades en materia de defensa siguen siendo de índole abrumadoramente nacional, y tienen la vista puesta más en sus proyectos preferidos que en fomentar el poder europeo. Como le gusta decir a Chris Patten, sabremos si Europa se toma en serio la defensa cuando no tengamos que alquilar aviones de transporte a Ucrania.

Al contrario que en el caso del fallido proyecto de aprobación de una Constitución europea, los líderes de la UE no pueden achacar su falta de cooperación en materia de política exterior a la hostilidad de la opinión pública. Según una encuesta reciente del German Marshall Fund, el 88% de los encuestados europeos quiere que la UE asuma más responsabilidades a la hora de enfrentarse a amenazas mundiales.

Ante la perspectiva de alcanzar un acuerdo sobre el funcionamiento de una nueva política exterior, ya va siendo hora de que la Unión forje dicha política común y utilice todos los resortes del poder europeo para luchar por sus valores e intereses en el mundo.

Octubre 4, 2007 Publicado por cienciayartes | Unión Europea | | Aún no hay comentarios

Economía de guerra

Por Federico Mayor Zaragoza, presidente de la Fundación Cultura de Paz (EL PAÍS, 02/10/07):

“… para liberar a la humanidad del miedo y de la miseria”.

Preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, 1948.

La violencia no debe justificarse nunca. Pero debe estudiarse para intentar conocer sus orígenes, para poder así contribuir a evitarla, a prevenirla. Dos raíces principales: la miseria y el miedo. Hay que situarse en la piel -que en esto consiste la tolerancia- de los millones de seres humanos, todos iguales en dignidad, que viven en condiciones inhumanas. Las promesas para mejorarlas, reiteradas por los países más prósperos, se han frustrado casi siempre. Y con el transcurrir de días y años en esta situación de desamparo, de exclusión, de humillación, se van extendiendo los sentimientos de frustración, de animadversión, de rencor, de radicalización, hasta el punto de que ya ninguna solución parece posible. Y es entonces cuando estalla, a veces, la reacción violenta. En otras ocasiones, la desesperación se manifiesta en intentos de emigración que, con frecuencia, incluyen el riesgo de la propia vida.

Recomiendo con tanta sinceridad como apremio que los líderes de la Tierra vayan a ver personalmente, discretamente, cómo transcurre la vida diaria de la mayor parte de la gente. Cómo son los caldos de cultivo en los que se colman los vasos de la paciencia y de la serenidad y, un día, de pronto, los hombres en particular gritan: “¡Basta!”, y, sin aguardar más -hace tiempo que ya no esperaban nada- usan la fuerza, el músculo. La FAO da cifras estremecedoras: alrededor de 60.000 personas mueren cada día de inanición. ¿De verdad buscan “armas de destrucción masiva?”. Su nombre es hambre.

Se han ampliado en lugar de reducirse las brechas que separan a los prósperos de los necesitados; los desgarros en el tejido social se han intentado restañar con espinos y con balas en lugar de con generosas ayudas, el diálogo y el entendimiento. Se quiera o no reconocer, a mediados del año 2007 estamos abocados, con mayores o menores reticencias, a una economía de guerra que concentra en muy pocas manos el poder económico, y que recurre a toda clase de pretextos para alcanzar colosales proporciones. La guerra de Irak, basada en supuestos falsos, representó ya un gran impulso para la maquinaria bélico-industrial. Ahora, a los escudos antimisiles, que representan la ruptura de los acuerdos tan difícilmente alcanzados al término de la guerra fría en Reikiavik por las dos grandes superpotencias, se añade el rearme masivo no sólo de Israel sino de todos los países del Golfo: 46.000 millones de euros. Es de destacar que se siguen vendiendo artificios bélicos propios de confrontaciones que ya no existen.

Una vez más, “si quieres la paz, prepara la guerra”. La amenaza a Irán, su antiguo aliado, costará miles de vidas, víctimas del círculo vicioso de la economía de mercado, que perpetúa la pobreza, y de la economía de guerra, que intenta solucionar una vez más los grandes retos de la humanidad por la fuerza. Los Estados Unidos lideran, pero los demás países prósperos dejan hacer. La Unión Europea, que debería ser símbolo de la cultura de paz y de la democratización en el mundo, sigue ocupada en problemas estructurales que le impiden llevar a cabo su misión de guía y de vigía.

Todas estas cuestiones, de gran trascendencia, no pueden solucionarse arbitrariamente por un país, por grande que sea su poder y su capacidad de acción a escala internacional. Por la propia naturaleza del desafío, son cuestiones que deberían abordarse en las Naciones Unidas. En aquellas en las que soñó el presidente Roosevelt.

Es urgente humanizar la globalización, reducir drásticamente las desigualdades y conseguir que los flujos migratorios constituyan una opción y no el camino forzado de los marginados. Poner a los seres humanos, sin excepción, como objetivo prioritario. Al amparo de la lucha contra el terrorismo -en la que todos debemos colaborar-, los regímenes autoritarios promulgan leyes restrictivas de las libertades y se saltan olímpicamente -ante unos aliados que asienten o que miran permanentemente hacia otro lado- las normas jurídicas de amparo de los prisioneros para evitar la tortura y el tratamiento indebido. La seguridad no debe garantizarse a costa de los derechos humanos. Lo repito: seguridad de la paz, sí. Paz de la seguridad, no. Es la paz de la nula libertad, del recelo, del miedo.

La globalización no repara en las condiciones laborales, en los mecanismos de poder, en el respeto de los derechos humanos. A través de OPA y megafusiones, el panorama mundial no sólo se ha enrarecido e incrementado en desigualdades sino, lo que es mucho peor, que se han desvanecido las responsabilidades que correspondían a quienes desempeñaban las funciones de Gobierno en nombre de sus ciudadanos. No sólo los aspectos económicos y sociales, sino el impacto ambiental, la uniformización cultural, el decaimiento de las referencias morales dependen en buena parte del poder sin rostro de grandes empresas multinacionales que campan a sus anchas en medio de la mayor impunidad.

Frente a la economía de mercado y la de guerra, la que permita llevar a la práctica los Objetivos del Milenio, los compromisos que en materia social, económica y ambiental suscribieron los jefes de Estado y de Gobierno en el año 2000 en la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Es apremiante que España en Europa y Europa en el mundo se den cuenta de que “estar muy bien en casa” no puede hacerse a costa de muchos habitantes de la Tierra. El destino, quieran o no reconocerlo algunos, es común. Y no sirve de nada cerrar puertas y ventanas. Y menos aún convertirlas en espejos de complacencia. Es hora de responsabilidad. De pasar de la fuerza al diálogo, a la democracia auténtica. Es tiempo de llevar a efecto la profecía de Isaías: “Convertirán las lanzas en arados”. La economía de guerra debe dar paso -como proponía en el libro Un mundo nuevo, publicado en 1999- a un gran contrato global de desarrollo. Que nadie diga que no es posible. Si lo piensan o alguien intenta convencerles de ello, que lean el discurso La estrategia de paz, del presidente John F. Kennedy, en la American University de Washington DC el 10 de junio de 1963: “No podemos aceptar que la paz sea inalcanzable, que nos hallamos bajo el efecto de fuerzas que no podemos controlar. Ningún problema del destino de la humanidad está más allá de la capacidad creadora de los seres humanos”.

Octubre 4, 2007 Publicado por cienciayartes | Globalización, Orden Mundial | | Aún no hay comentarios

La semana de Sarkozy

Por Jean-Marie Colombani, ex director del diario Le Monde. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 02/10/09):

Francia acaba de vivir de nuevo una semana completamente Sarkozy, totalmente dominada por las declaraciones de su nuevo presidente, más omnipresente que nunca, capaz de monopolizar la atención y aficionado a la “gestión mediante el stress”, que aplica al país como lo haría con una empresa.

En realidad, no tiene nada de sorprendente: al situarle en la jefatura del Estado, los franceses sabían que iba a ser presidente de todo, ministro de todo, responsable de todo y de lo demás. Le eligieron precisamente por su energía vital, para que la transmitiera a todo el país tras la languidez y la melancolía chiraquianas. Por lo tanto, cualquier protesta incipiente es inútil; él puede muy bien responder que le escogieron precisamente por eso, por ser hiperactivo, para demostrar que la política no es impotente y que el monarca no está obligado a vivir encerrado en su palacio, como Jacques Chirac.

Más interesante es el momento: en este instante, en el que Nicolas Sarkozy se encuentra ante la necesidad de actuar, vamos a poder empezar a medir la realidad, si es un presidente de acción virtual o si, por el contrario, logra sacar a la luz los cambios que había anunciado. Después de las primeras semanas, que fueron las de la realización de las promesas electorales más visibles -como el famoso “paquete fiscal”, diversas desgravaciones que afectan y favorecen, en general, a los franceses más acomodados-, llega el periodo de lo que él denomina la “refundación”.

Es un periodo cuya ambición es modificar el sistema social francés y la orientación del Estado y de su función pública. Nicolas Sarkozy ha anunciado una mezcla de reformas que van dirigidas hacia un mayor realismo (que se traducirá en una cobertura social menor y, en el futuro, más dependiente del nivel de ingresos) y una reducción de las dimensiones y las actividades del sector público, incluidos los estímulos para que los funcionarios se retiren. Se trata, como han hecho ya otros países europeos, de disminuir el Estado y la parte correspondiente al gasto público en el producto nacional.

Nicolas Sarkozy empieza con una base sólida de popularidad. Porque, hasta hoy, es el que cumple sus promesas, y ha logrado prolongar el impulso de las elecciones. Pero sabemos también que ésta es una opinión pública difícil, que se resiste no a la idea de la reforma, pero sí a las reformas (en Francia siempre se ha pensado que todas ellas favorecen a una minoría privilegiada), en un país que, por desgracia, se distingue por el hecho de que confiamos poco en los demás (en Irlanda y Dinamarca, una de cada dos personas confían en los demás; en Francia, sólo una de cada cuatro).

La otra ventaja de Nicolas Sarkozy es que no es lo que se esperaba la derecha ni lo que se esperaba la izquierda. El electorado de derechas creía que iba a gobernar con los de su bando y que sus reformas serían otros tantos golpes a la Francia de izquierdas. Sin embargo, Nicolas Sarkozy empezó con la “apertura”.

La apertura consistió en reunir a una serie de personalidades emblemáticas, cuyo mascarón de proa es, evidentemente, Bernard Kouchner. Consistió asimismo en un equipo de gobierno compuesto en su mitad por mujeres y que reflejaba la diversidad étnica de la sociedad francesa. Prosiguió con el llamamiento a personajes cualificados como Jacques Attali, viejo sherpa de François Mitterrand, encargado de recomendar medidas para facilitar el crecimiento económico de Francia y mejorar la adaptación del país a la globalización.

En la Asamblea del Medef (la asociación de empresarios, agrupación de derechas por excelencia), el nombre de Jacques Attali suscitó abucheos, a los que Nicolas Sarkozy respondió: “¡Qué quieren que les diga, soy el director de recursos humanos del Partido Socialista!”.

Una de dos: o bien la “apertura” se reduce a una reunión de personalidades, por brillantes que sean, y entonces el centro de gravedad del sarkozismo volverá a su lugar natural, en la derecha, o bien es una auténtica política y entonces tendrá que extenderse a la sociedad civil, es decir, a los sindicatos, con la implantación de una nueva forma de relacionarse con ellos; en ese caso, el sarkozismo se afianzará en el centro-derecha y seguirá sorprendiendo a la izquierda.

Esta última, que por ahora se encuentra caída en desgracia, pendiente del estado de gracia del que goza Sarkozy, dijo que el recién llegado era la abominación de la desolación. Un error, porque el pragmatismo del nuevo presidente, su vocabulario simple y próximo al pueblo (al día siguiente de su visita a los empresarios recorrió un supermercado de las afueras para juzgar por sí mismo los efectos de “la carestía de la vida”), y la ausencia de cualquier sectarismo al escoger a las personas que forman su equipo les han pillado a contrapié. A ello se añade una especie de fascinación de la gente de izquierdas por este personaje tan simpático, de modo que cada cual está al acecho de alguna cosa, un gesto, su aprobación, un signo. En Francia se denuncia a menudo que existe una “corte” alrededor del monarca. Pero, aunque es cierto que tenemos esta aberración que es la monarquía constitucional absoluta, que da al presidente superpoderes exclusivos, los comportamientos cortesanos son, sobre todo, obra de los propios franceses. Nicolas Sarkozy, al empezar su reinado, está aprovechándolos mucho más que su predecesor.

Ahora bien, el éxito no está garantizado. Las circunstancias económicas han dejado de ser favorables: sin un superávit de crecimiento, al presidente le será más difícil ofrecer las contrapartidas en materia de poder adquisitivo que había prometido, a cambio de que se aceptaran las reformas. Y su centro de gravedad no está claro todavía. Él no es ningún ideólogo. Es fundamentalmente pragmático. Pero a veces cede excesivamente ante la fracción más dura de la derecha, por ejemplo a propósito de la inmigración, mientras que la sociedad francesa, en su mayoría, es acogedora, y soportará cada vez peor los dramas inevitables que la presión sobre las familias de los inmigrantes va a provocar de forma irremediable. La apertura, entonces, se habrá terminado.

Desde este punto de vista, la gran semana presidencial deja entrever los que pueden ser los límites del sistema Sarkozy: ha franqueado bien el cabo del primer anuncio sobre reformas sociales. Los sindicatos, en general, no protestan más que sobre los retrasos, y están abiertos a la discusión. Y al día siguiente, al hablar ante los funcionarios, les concede un pequeño “peculio” para animarles a irse. La humillación está garantizada, y corre el riesgo de ver cómo se movilizan -los sindicatos estarían obligados- sectores más amplios de la opinión pública.

Todo está abierto, por consiguiente; todo vacila. En la actualidad, Sarkozy sólo tiene una doctrina: el movimiento, la rapidez. Su verdadera ambición es ser el Blair francés. Ser para la derecha francesa lo que Tony Blair ha sido para la izquierda británica. Así ofrecería una mezcla inédita: el bonapartismo en la forma de comportarse y las costumbres políticas, y el blairismo en el contenido. ¿Blair y Bonaparte en una misma lucha? ¡Sarkozy puede!

Octubre 4, 2007 Publicado por cienciayartes | Sarkozy | | Aún no hay comentarios

Una voz contra la opresión

Por Henry Kamen, historiador británico. Acaba de publicar Los Desheredados. España y la Huella del Exilio (EL MUNDO, 02/10/07):

El hecho de haber nacido en Birmania no me da más derecho que a otro a escribir sobre el actual movimiento en contra de la dictadura militar. Birmania (un país en el que la dictadura ha cambiado el nombre por el de Myanmar, pero que revertirá a su nombre tradicional en cuanto se vayan los dictadores) fue el hogar de la familia de mi padre y de mis primeras memorias de la Segunda Guerra Mundial y de los aviones japoneses en el aire y los tanques británicos en tierra. Pero para mí, Birmania, el país de comidas exóticas, calles ajetreadas, y templos de mágicas cúpulas doradas, ha permanecido siempre como una realidad distante más que una preocupación presente. Sólo cuando el presente cercano se hace crítico, el pasado se convierte de nuevo en realidad.

La Birmania que yo conocí era un país que se liberó (en 1948) del control británico y tuvo que ocuparse de sus muchos problemas internos. Es cierto que no pudo resolverlos y el resultado fue que una dictadura militar tomó finalmente el poder hace ya más de 40 años. Sin embargo, el resultado ha sido todavía peor. Sin estabilidad, sin una economía ordenada, sin una política democrática o libertad de prensa, Birmania es uno de los países mas retrasados de Asia. Los incidentes en la calle y la brutal represión de la semana pasada han servido para revelar una situación insostenible.

Desde que el ejército se apoderó del poder en 1962, Birmania se ha convertido en una de las naciones más reprimidas y retrasadas de la tierra. La única vez que los generales permitieron elecciones generales, en 1990, fueron estrepitosamente derrotados por la Liga Nacional por la Democracia (que ganó un sorprendente 82% de escaños en el Parlamento), liderada por Aung San Suu Kyi. Nunca se le permitió asumir el poder y desde entonces la represión el país ha aumentado dramáticamente. En Occidente se sabe muy poco de los problemas reales de allí, de la extendida represión de las minorías (especialmente la población Karen, constituida por seis millones de personas), de la economía conectada con la droga, de la supresión de las libertades. A causa de una reciente oleada de represión militar, Birmania tiene la peor situación interna de desplazamiento de población de toda Asia, con más de un millón de refugiados (especialmente los Karen) en países vecinos como Bangladesh, China, la India, Malasia y Tailandia, en busca de asilo.

Durante años, EEUU ha intentado presionar al régimen, pero sin éxito alguno. En 1994, el presidente Clinton expresó «el continuo apoyo de los Estados Unidos por la lucha para promover la libertad en Birmania». Y la semana pasada, el presidente Bush se dirigía así a la Asamblea Nacional de la ONU: «Los americanos están indignados por la situación en Birmania, donde una junta militar ha impuesto un régimen de miedo». Por contraposición, China y Rusia vetaron una resolución que Estados Unidos respaldaba en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en enero de 2007, en la cual se hacía un llamamiento a la Junta militar birmana para que diera fin a la política de represión. La visita de un enviado especial de la ONU para Myanmar (con quien ayer aceptó reunirse el jefe de la Junta Militar), probablemente no conseguirá mucho. Los países como Australia y China, con la mayor influencia económica sobre el país, también se encuentran entre los que no pueden proponer ninguna salida a la situación en que se encuentra Birmania. China, en particular, tiene fuertes enlaces comerciales con Birmania y es su principal proveedor de armas, de manera que es poco probable que los chinos pidan que se den pasos radicales contra su cliente.

Afortunadamente, los birmanos han podido escuchar la voz de una mujer que debe su prominencia política al hecho de ser la hija del héroe de la independencia del país, U Aung San. La activista Aung San Suu Kyi, que se casó con un profesor británico de la Universidad de Oxford, ha vivido la mayor parte de su vida adulta en Inglaterra y habla con un perfecto acento inglés. En 1988, volvió a Birmania para cuidar de su madre enferma, y se quedó para tomar parte en el movimiento político contra la dictadura. Ganadora del Premio Nobel de la Paz en 1991, ha sido también galardonada con el Premio Sajarov del Parlamento Europeo y con la Medalla Presidencial de la Libertad de EEUU. Budista de religión, no acepta la manera como se ha cambiado el nombre de la nación: «A nadie se le debería permitir cambiar el nombre de un país sin considerar la voluntad del pueblo. Prefiero la palabra Birmania».

Ella es la mejor portavoz de su causa, así que este artículo no puede hacer nada mejor que seguir sus ideas a través de sus discursos. Sus referencias continuas a Gandhi y Nehru confirman su fuerte compromiso con la regeneración espiritual y con la filosofía de la no-violencia como medios para llevar a cabo el cambio. En su campaña electoral, en 1988, hacía una llamada a la «revolución del espíritu», una frase que debe parecer chocante a los políticos de la Europa occidental, donde se atiende poco a las cosas del espíritu, pero que se ajusta a las raíces espirituales de la Historia birmana. Debemos señalar que pocos de los así llamados discursos suyos eran verbales, ya que el Gobierno no le permite salir del país para aceptar premios internacionales.

«¿Por qué debemos desalentarnos? Gandhi decía que la victoria está en la propia lucha. La lucha en sí misma es la cosa más importante. Les digo a nuestros seguidores que cuando alcancemos la democracia, miraremos atrás con nostalgia los días de lucha y cuan puros éramos. (…) Prevaleceremos porque nuestra causa es correcta, porque nuestra causa es justa. La Historia está de nuestra parte. El tiempo esta de nuestra parte».

En un texto muy conocido que escribió para agradecer la concesión del Premio Sajarov, en 1991. Señalaba: «No es el poder el que corrompe, sino el miedo. El miedo a perder el poder corrompe a aquéllos que lo esgrimen y el miedo al azote del poder corrompe a aquéllos que están sujetos a él. Con una relación tan intima entre el miedo y la corrupción no es ninguna sorpresa que en cualquier sociedad donde el miedo es general, la corrupción en todas sus formas se instale con fuerza.

El esfuerzo que se necesita para permanecer incorrupto en un ambiente donde el miedo es una parte integral de la existencia de cada día, no es inmediatamente aparente para los que tienen la fortuna de vivir en estados gobernados por el gobierno de la ley. Las leyes por si sólo no previenen la corrupción, imponiendo el castigo imparcial a los infractores. También ayudan a crear una sociedad en la que la gente puede cumplir con los requerimientos básicos necesarios para la conservacion de la dignidad humana sin recurrir a prácticas corruptas. Donde no existen tales leyes, la carga de mantener los principios de la justicia y decencia común cae en la gente corriente».

Poco después de lograr la independencia, Birmania era una tierra rica de promesa. Era el mayor exportador de arroz de Asia. Contaba con importantes reservas petroleras, que convertían al país en un miembro destacado de la comunidad internacional productora de petróleo. Recuerdo como cada semana iba a visitar los campos petrolíferos en compañía de mi padre, ingeniero de la compañía Shell. El iba cada día a las 8 de la mañana a trabajar, mientras yo me quedaba en cama.

La prosperidad de aquellos días se ha desvanecido. Birmania pronto se convirtió en un importador, en lugar de ser exportador de arroz. Las cifras de producción de petróleo dan una imagen exacta del desastre. Si tomamos el año 1980 como indicador de producción normal de petróleo, para 1996 la producción había descendido al 25%. En los últimos cuatro años no ha habido mejora. Si tomamos la producción del año 2003, como indicador, en 2007 la producción ha bajado a casi el 50%. Es obvio que algo va muy mal en el país, no sólo en su política, sino también en su economía.

Durante una semana, la atención de todo el mundo se ha dirigido hacia Birmania, la nación que ha sufrido ya más de cuatro décadas de dictadura. La frase más relevante estos días de Daw Aung San Suu Kyi es también la más imperativa: «Por favor, utilizad vuestra libertad para promover la nuestra».

Octubre 4, 2007 Publicado por cienciayartes | Birmania, dictaduras | | Aún no hay comentarios

How Russia lost the moon

By Sergei Khrushchev, senior fellow at The Watson Institute for International Studies at Brown University © (THE GUARDIAN, 02/10/07):

Fifty years ago, on October 4 1957, my father, the Soviet premier Nikita Khrushchev, was waiting for a call from Kazakhstan: the designer, Sergei Korolev, was due to report on the launch of the world’s first satellite. My father was in Ukraine, on military business, and that evening he dined with Ukrainian leaders. I sat at the end of the table, not paying attention to their conversation. Around midnight my father was asked to take a phone call. When he came back, he was smiling: Sputnik’s launch had been successful.

Soviet engineers began designing Sputnik in January 1956. The plan was to launch it with an intercontinental ballistic missile in development since 1954. But the rest of the world paid no attention to the vague pronouncements of a possible launch that had been appearing in the Soviet press; everybody outside the Soviet Union thought the US would launch the world’s first satellite.

Soviet scientists believed that the Americans would keep their plans secret until after they had succeeded in launching a satellite, so all our efforts were put into beating the Americans to the launch. In August and September, missiles were successfully launched. Work went on around the clock.

Sputnik’s launch made the front page of Pravda but without banner headlines. The reason was simple. My father and all the Soviet people thought that Sputnik’s success was natural; that, step by step, we were getting ahead of the Americans. After all, we – not the Americans – had opened the world’s first nuclear power plant, our MiG jets set world records and the Soviet Tu-104 was the most efficient airliner of its class.

Nor did the press report Korolev’s name. The KGB knew that there was really no need to keep his name secret, but, as the then KGB chief, Ivan Serov, told me, the enemy’s resources were limited, so let them waste their efforts trying to uncover “non-secret” secrets. The world, however, was desperate to learn his identity, and when the Nobel prize committee decided to give an award to Sputnik’s “chief designer”, it requested his name from the Soviet government.

My father weighed his response carefully. His concern wasn’t confidentiality. The council of chief designers was in charge of all space projects. Korolev was the head, but the others – more than a dozen – considered themselves no less significant. My father knew they were ambitious, jealous people. If the prize went only to Korolev, the others would fly into a rage and refuse to work with him. A well-organised team would collapse, dashing the hopes for future space research. As my father saw it, you could order scientists to work together, but you couldn’t force them to create.

In the end, my father told the Nobel committee that all of the Soviet people had distinguished themselves on Sputnik and all deserved the award. The Nobel prize went to somebody else.

But despite the pains my father had taken, the other designers felt discontent about Korolev taking the credit. The first to revolt was designer Valentin Glushko, whose liquid-propellant engine was used on Russian – and some US – rockets. During one meeting, Glushko said: “My engines could send into space any piece of metal.” Korolev was offended; his rocket wasn’t just a piece of metal. The dispute led to Glushko offering his services to Korolev’s rivals.

My father couldn’t make peace between them. Glushko, by government decree, continued to design engines for Korolev, but the work wasn’t good. So, despite Sputnik’s initial triumph, a decade later the Soviet Union lost the race to the moon.

Octubre 4, 2007 Publicado por cienciayartes | Rusia | | Aún no hay comentarios

Los costes de la integración de España a la UE

Por Vicenç Navarro, catedrático de Políticas Públicas de la Universitat Pompeu Fabra (EL PAÍS, 01/10/07):

A raíz del aniversario de la integración de España a la Unión Europea (UE) y a la eurozona, se han escrito muchos artículos y libros celebrando este hecho que ha tenido gran importancia para nuestro país y que, sin duda, nos ha aportado muchos beneficios. Uno de los más importantes ha sido la existencia del euro, que ha sustituido a la peseta como la moneda del país dando un poder y estabilidad monetaria que la peseta nunca tuvo. Muchos otros ejemplos podrían mostrarse de los beneficios que ha significado para España su integración económica y monetaria en la UE.

Ahora bien, en este clima celebratorio no se reconoce que la manera como se hizo tal integración ha tenido también costes, resultado de la gran contención del gasto público durante el período que se consiguió tal integración, causa de un enorme déficit de tal gasto, el más bajo de la Unión Europea de los Quince, UE-15, el grupo de países de la Unión que tienen un nivel de desarrollo económico más cercano al nuestro.

En 1993, año en que se iniciaron los pasos más importantes para alcanzar la integración monetaria de España en la UE, nuestro país tenía el gasto público (como porcentaje del PIB) más bajo de la UE-15. Más de trece años más tarde, en el año 2006, España no sólo continuaba siendo el país con el gasto público (38,5% del PIB) más bajo de la UE-15, sino que tal gasto público como porcentaje del PIB era mucho más bajo en 2005 que en el año 1993 (45%). Una situación semejante aparece cuando analizamos el gasto público por habitante. España no sólo continúa estando a la cola de gasto público en la UE-15, sino que la diferencia de gasto público por habitante entre España y el promedio de la UE fue mayor en el año 2005 que en el año 1993, y ello como consecuencia de que el crecimiento de los ingresos al Estado se destinaron primordialmente a equilibrar las cuentas del mismo y eliminar su déficit presupuestario (hoy convertido en un superávit equivalente a un 1,8% del PIB) en lugar de reducir el gran déficit de gasto público que España tiene con la UE-15. De esta manera, la convergencia monetaria se consiguió a costa de una desconvergencia de gasto público con la UE-15.

Las consecuencias de esta austeridad de gasto público son muchas y se ven en la vida cotidiana de los españoles. Una de ellas es el enorme déficit en las infraestructuras del Estado, que incluyen transportes y sistemas de comunicación y energía, entre otros, déficit que estallan periódicamente a lo largo del territorio español, siendo el caso más reciente el de Cataluña, donde el nivel de insatisfacción de la ciudadanía está alcanzando dimensiones preocupantes. Por desgracia, tal insatisfacción es canalizada con fines electoralistas por fuerzas políticas que presentan tales insuficiencias como resultado de la mala distribución de recursos que hace el Gobierno central entre las distintas comunidades autónomas. Se generan así tensiones interterritoriales (por desgracia, altamente rentables políticamente en España) sin centrarse en la causa mayor de tales insuficiencias, que es el de la pobreza de recursos públicos. España, cuyo nivel de riqueza ha aumentado considerablemente durante el período de su integración a la Unión Europea, no ha desarrollado la infraestructura física, humana y social que le corresponde por el desarrollo económico que tiene. España, cuyo PIB per cápita es ya el 92% del PIB per cápita de la UE-15, tiene un gasto público per cápita que es sólo un 65% del promedio de la UE-15.

El otro capítulo del gasto público que muestra un gran retraso es el del gasto público social, es decir, gasto en las transferencias públicas (como por ejemplo ayudas a las familias) y en los servicios públicos (tales como sanidad, educación, vivienda, servicios de ayuda a personas con discapacidades, servicios sociales, servicios de prevención de la exclusión social e integración de la inmigración), que juegan un papel fundamental en configurar la calidad de vida de la ciudadanía y en garantizar la cohesión social. En el año 1993, el gasto público social por habitante era el más bajo de la UE-15. Años más tarde, continuamos a la cola de la misma, con el agravante de que el crecimiento de tal gasto social por habitante en España también ha sido menor que el crecimiento promedio de la UE-15; con lo cual, el déficit de gasto público social con el promedio de la UE ha aumentado, pasando de 2.109 euros por habitante en 1993 a 3.193 euros en el año 2004. (Ver V. Navarro (Dir.), La situación social de España, volumen II, 2007).

Vemos, pues, que la convergencia monetaria se ha conseguido también a costa de aumentar la desconvergencia social de España con la UE-15. El gasto público social por habitante de España es casi la mitad del promedio de la UE-15. Tal austeridad de gasto público social aparece claramente en las deficiencias de los servicios públicos, causa de las frustraciones existentes tanto entre los usuarios como entre los profesionales y trabajadores de tales servicios. Ejemplos hay múltiples. En la sanidad pública española (cuyo gasto público por habitante es sólo el 66% del promedio de la UE-15, siendo de los más bajos de tal comunidad), hemos visto huelgas de médicos de la atención primaria exigiendo tener al menos diez minutos de tiempo de visita como promedio (hoy, el promedio en España es de seis minutos). Por desgracia, los establishments políticos y mediáticos no son, en general, conscientes de tales déficit al utilizar en su gran mayoría los servicios sanitarios privados o recibir trato preferencial en los servicios públicos.

Pero la austeridad del gasto público tiene también un elevado coste económico. La baja competitividad y baja productividad española se basa precisamente en la pobreza del gasto público. La última encuesta de competitividad y desempeño económico, publicado en el Cambridge Journal of Economics (volumen 31, número 1, 2007), muestra cómo en Europa los países más competitivos y eficientes económicamente son aquellos que, a través de un elevado gasto público, ofrecen seguridad laboral y protección social a la población, facilitando la flexibilidad necesaria para responder a los retos de la integración europea y la globalización. A no ser que se vaya convergiendo con el promedio de la UE-15 en gasto público (lo cual no está ocurriendo), no se corregirán los grandes déficit que el país tiene en infraestructuras físicas, humanas y sociales.

Octubre 4, 2007 Publicado por cienciayartes | economía | | Aún no hay comentarios

En el epicentro mundial

Por Pascal Boniface, director del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas de París. Traducción: José María Puig de la Bellacasa (LA VANGUARDIA, 01/10/07):

Oriente Medio ya no es como antes una zona estratégica entre otras. Antaño poseía el mismo nivel relativo de importancia que muchas otras: Centroamérica, África austral, Sudeste Asiático, etcétera. Los conflictos que inflamaban estas regiones tenían raíces regionales autónomas pero se asociaban de un modo u otro al conflicto Este/ Oeste, la línea divisoria geopolítica más importante. Pero hoy Oriente Medio constituye el epicentro estratégico mundial.

Hay que hablar de los conflictos de esta región en lugar de hablar del conflicto de Oriente Próximo. Porque, en efecto, arden diversos conflictos: Palestina, Líbano, Iraq, Afganistán a los que debe añadirse la postura dura e inflexible con Irán, etcétera. Conflictos que suman su existencia autónoma, su lógica propia, sus interacciones recíprocas.

Lamentablemente, estamos atrapados en un círculo vicioso de tal forma que las interferencias mutuas son negativas y no positivas. El conflicto en Iraq es el que aporta en más alto grado su dosis diaria de horrores. La crisis con relación a Irán es la que puede reportar mayores desastres a corto plazo. En cuanto al conflicto palestino-israelí, sigue siendo el conflicto que ocupa un lugar central y emblemático. En Líbano, las dos partes enfrentadas comparten la voluntad de evitar el retorno de una guerra civil que desgarró el país. Todos son conscientes de que Líbano no se recuperaría de tal situación. Hasta ahora, ha predominado la cordura al respecto. Pero es imposible descartar que se escape una chispa que encienda el polvorín.

En Afganistán, el presidente Ahmid Karzai controla sólo una parte del territorio. La OTAN libra una guerra incierta sobre el desenlace final. En cuanto a Iraq, sólo George W. Bush parece creer que la situación está en vías de mejorar. Pese al crédito personal de que se halla investido, el general Petraeus acusa las secuelas de su intervención ante el Congreso… Aunque prevea la retirada de 30.000 soldados, el nivel de las tropas estadounidenses en el 2008 será idéntico al de principios del 2007, 130.000 efectivos. Si por una parte el general Petraeus ha prometido lo peor en caso de retirada rápida estadounidense, por otra no ha podido garantizar que el mantenimiento de esta presencia permita lograr una estabilización del país.

Aunque el conflicto palestino-israelí no posea el monopolio de los dramas, sigue siendo el conflicto principal. Su posible resolución no eliminará los problemas de la región, pero será la clara señal de que el optimismo puede volver. Nadie sabe en realidad cómo salir del avispero iraquí. La solución del conflicto palestino-israelí es conocida de todos y en principio es aceptada por todos. Resulta, por ello, más paradójico e injustificado que no se ponga en práctica. Estados Unidos, que se mostró muy activo sobre el problema durante el mandato de Clinton, ha renunciado por completo a mantener esta actitud bajo el mandato de George W. Bush. La única política estadounidense consiste en seguir y respaldar lo que hacen los israelíes. La situación económica y humanitaria de los palestinos ya era grave de por sí, y a ella se añade una complicación política con la fractura entre Hamas y Fatah y entre Gaza y Cisjordania. Aunque los estadounidenses e israelíes han hecho caso omiso de Mahmud Abas durante largo tiempo, parecen seguir una consigna a la hora de ayudarle desde la toma de control de Gaza por parte de Hamas. Para el mes de noviembre está prevista una cumbre, el problema estriba en que estadounidenses e israelíes quieren que sólo se invoquen grandes declaraciones de principios. Los palestinos exigen que se tracen y apliquen decisiones precisas y concretas. ¿No obedece ello precisamente a que están hartos de negociaciones que no sirven absolutamente para nada que los palestinos han vuelto sus ojos en dirección a Hamas? Si la cumbre del próximo mes de noviembre resultara un fracaso, corremos el peligro de entrar en un largo periodo de inercia antes de las elecciones estadounidenses. Y el o la nueva presidente/ a no podrá actuar de forma inmediata tras asumir sus funciones. No obstante, los progresos tangibles, concretos y visibles no constituyen únicamente una necesidad absoluta sino que presentan, además, extrema urgencia.

Por último, y en lo concerniente a la cuestión de Irán, asistimos al creciente peso e influencia de quienes abogan por asestar unos cuantos ataques contra Irán por entender que un Irán nuclear plantearía problemas para 30 años, en tanto que unos ataques contra Irán representarían problemas para 18 meses. Suelen coincidir con quienes sostenían que una guerra contra Iraq iba a aportar el progreso democrático y la estabilización estratégica de la región además de ser una herramienta para derrotar el terrorismo. Lo menos que puede afirmarse es que su credibilidad es frágil. Al menos para la mayoría de las personas razonables.

No obstante, el problema está en saber qué credibilidad les conceden Bush y Olmert.

Octubre 4, 2007 Publicado por cienciayartes | Medio Oriente | | Aún no hay comentarios

La enésima crisis de Bélgica

Por Mateo Madridejos, periodista e historiador (EL PERIÓDICO, 01/10/07):

Escribiendo en De Standaard, gran diario de Flandes, Rik Torfs, profesor flamenco en la universidad de Lovaina, concluye: “El único chivo sobre el que jamás se tiene el derecho de disparar es el chivo expiatorio, porque, una vez muerto, uno se convierte en responsable de sus propios fracasos”. La feliz ocurrencia se dirige a los flamencos que vituperan a los valones y les echan la culpa de todos los males del reino, pero que quizá no son conscientes de que, una vez lograda la muerte de Bélgica, ya no podrán sentirse agraviados por sus hasta ahora compatriotas.

Esta reflexión viene a cuento de la enésima crisis de identidad de Bélgica, que lleva más de 100 días sin Gobierno, y que radicaliza a los extremistas de las dos comunidades. Las elecciones del 10 de junio provocaron un viraje a derecha y extrema derecha que se plasmó en el triunfo del Partido Cristiano Demócrata y el avance de los separatistas, xenófobos y populistas, en perjuicio de los partidos Liberal y Socialista que integran la coalición saliente. Por primera vez, la aritmética parlamentaria federal permite lucubrar con la liquidación del Estado surgido en 1830 para frenar el expansionismo francés.

El líder democristiano Yves Leterme, vencedor electoral, nacionalista radical aunque hijo de padre valón, abanderado poco sutil del divorcio de terciopelo, bestia negra de los valones, ofendió a los que podían ayudarle a componer la coalición para ser investido por un Parlamento multicolor. Preguntado si conocía el himno nacional, se puso a cantar La Marsellesa, y aseveró que los belgas solo tienen en común el rey, el equipo de fútbol y algunas cervezas. Tiró la toalla el 23 de agosto y ahora recibe de nuevo el encargo real, pero es poco probable que los valones acepten una revisión constitucional que interpretan como la extinción programada de los poderes del Estado. El Parlamento flamenco rechazó la perentoria demanda del neofascista Vlaams Belang para un referendo de autodeterminación, pero el vacío de poder a nivel federal alimenta las especulaciones más estrambóticas sobre el destino del país, subastado ficticiamente en internet hasta los 10 millones de euros. El psicodrama llegó hasta el palacio real de Bruselas, donde el rey Alberto II multiplica las consultas sin dejarse intimidar por las demandas de los nacionalistas flamencos para que se recorten sus pocas prerrogativas.

LAS ENCUESTAS aseguran que hasta el 40% de los flamencos están a favor de la independencia, pero solo el 12% de los valones. Sobre la incertidumbre planea la sombra de Bruselas, la capital federal y de Europa, cultural y lingüísticamente afrancesada, pero en territorio históricamente flamenco y rodeada por una serie de municipios donde los ciudadanos viven con intensidad y acritud el pleito entre el holandés obligatorio y el francés que prefieren muchos de ellos. Los separatistas creen que Bruselas es el último obstáculo en el camino hacia la independencia, auténtico nudo gordiano que hace recapacitar a los más exaltados.

La crisis tiene diversas causas y explicaciones. Surgida Bélgica con vocación de Estado-tampón entre las grandes potencias, cimentada en el catolicismo de ambas comunidades, estuvo en su primera centuria dominada por el francés como idioma universal y la prosperidad económica de los valones –la cuenca minera y la industria metalúrgica más potentes de Europa–, pero, a partir de 1945, el auge creciente y el dinamismo demográfico de Flandes (seis millones de habitantes) coincidieron con la decadencia de Valonia (cuatro millones), aceleradas tras la independencia del Congo en 1960.

La reforma federal de 1970, que consagró la división del país en tres regiones y comunidades lingüísticas, más la isla multinacional de Bruselas, en vez de mitigar las veleidades separatistas, las exacerbó, hasta levantar un muro psicológico que fomenta la incomunicación. Los partidos políticos se han fragmentado y no existe ninguna fuerza que compita por el voto en ambas comunidades. Hasta el modelo económico ofrece algunas divergencias –más anglosajón en Flandes, más renano o de subvención en Valonia–, que rápidamente se ahondarían, como pretenden los flamencos, con el traspaso de las competencias que aún se encarnan en el Estado federal.

LA UNIDAD ÉTNICA y lingüística, si alguna vez existió, se ha volatilizado, lo que explica la alarma de los artistas flamencos. Los ciudadanos no ven los mismos programas de televisión, ni leen los mismos periódicos ni se preocupan por las mismas celebridades; viven en compartimentos estancos, culturalmente de espaldas, con la barrera idiomática omnipresente, entre agravios históricos y reproches de balanzas y egoísmos fiscales. A diferencia de los flamencos, los valones no tienen patria de sustitución, como no sea el improbable retorno a Francia.

Cuando el separatismo estaba en su apogeo en Canadá, los promotores del Québec libre, incluido el general Charles de Gaulle, no percibieron que en Montreal vivían muchos anglohablantes, entre ellos, los emigrantes recién llegados al país, que se oponían radicalmente a la secesión. La situación aún es más nítida en Bruselas, cuya población multinacional, identificada con el francés, rechaza inequívocamente la incorporación a un Flandes obsesivamente neerlandés. Y, sin Bruselas, muchos flamencos prefieren seguir la marcha hacia la soberanía, maniatando al Estado, pero sin fijar fecha para desmantelarlo.

Octubre 4, 2007 Publicado por cienciayartes | Bélgica, Nacionalismo | | Aún no hay comentarios

La extradición de Fujimori, una advertencia

Por Reed Brody, abogado de Human Rights Watch. Su trabajo en los casos de Pinochet y Hissène Habré se muestra en un nuevo documental, The dictator hunter (El cazador de dictadores). Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 30/09/07):

La extradición del ex presidente peruano Alberto Fujimori, devuelto por Chile a Perú para ser juzgado por su relación con los asesinatos cometidos por los escuadrones de la muerte y por corrupción, demuestra que el mundo está haciéndose más pequeño para quienes cometen atrocidades.

Hasta hace poco tiempo, si alguien mataba a otra persona, iba a la cárcel, pero si mataba a miles, el premio era un cómodo exilio con una cuenta bancaria en un país extranjero. Los juicios de Nuremberg establecieron el principio legal de que no debe existir inmunidad para los autores de los crímenes más espantosos, independientemente de quiénes sean y de dónde hayan cometido sus crímenes. Sin embargo, hasta la detención del general chileno Augusto Pinochet en Gran Bretaña, en octubre de 1998, pocos Estados habían tenido el valor de llevar ese noble principio a la práctica.

La detención de Pinochet, que murió el pasado mes de diciembre en Chile, animó a otros a llevar a sus torturadores ante la justicia, sobre todo en Latinoamérica, donde las víctimas desafiaron los acuerdos de transición de los años ochenta y noventa que habían permitido que varios autores de crímenes atroces quedaran sin castigo y, muchas veces, conservaran el poder. El Tribunal Supremo (la Corte Suprema) de Argentina abolió las leyes de inmunidad para antiguos responsables políticos, y docenas de ellos son hoy objeto de investigaciones y juicios por crímenes cometidos durante la dictadura de 1976-1983. A principios de este mes, un tribunal uruguayo aprobó el procesamiento de Juan María Bordaberry, el dictador que gobernó el país entre 1973 y 1976, por el asesinato de dirigentes de la oposición.

La detención de Pinochet en Londres también sirvió para dar impulso a un nuevo movimiento internacional que pretende acabar con la impunidad para los delitos más graves. Tras la instauración de los tribunales de Naciones Unidas para Yugoslavia y Ruanda, la ONU creó el Tribunal Penal Internacional (TPI), cuyo objetivo es perseguir el genocidio, los crímenes contra la humanidad y los grandes crímenes de guerra siempre que los tribunales nacionales no puedan o no quieran hacerlo.

Incluso en África, donde la población lleva tanto tiempo siendo víctima de ciclos de barbarie e impunidad, también avanza la justicia internacional. Senegal acaba de comprometerse a procesar al ex dictador de Chad en el exilio, Hissène Habré, después de haberse negado a juzgarlo en 2001 y haberse negado a extraditarlo a Bélgica en 2005. Hace unos meses se inició el juicio de Charles Taylor, de Liberia, en el tribunal especial para Sierra Leona creado bajo los auspicios de la ONU. El Tribunal Penal Internacional está investigando en la actualidad las alegaciones sobre crímenes en Darfur, Uganda, Congo y la República Centroafricana.

Los que están acusados de haber cometido crímenes cuentan todavía con lugares en los que refugiarse. El ugandés Idi Amín murió pacíficamente mientras dormía en su exilio saudí (un diplomático saudí me explicó -aunque no es cierto- que la “hospitalidad beduina” significaba que, una vez que uno ha acogido a alguien como invitado en su tienda, no puede echarle). Mengistu Haile Mariam, que llevó a cabo una campaña de “terror rojo” en Etiopía contra decenas de miles de adversarios políticos, disfruta hoy de la protección del presidente Robert Mugabe en Zimbabue. De hecho, durante cinco años, Japón impidió la extradición de Fujimori con el argumento de que tenía la doble nacionalidad peruana y japonesa. Hasta que Fujimori cometió el error de viajar a Chile.

El lugar más seguro para los acusados de crímenes de guerra hoy es tal vez Estados Unidos, que se niega firmemente a contemplar la posibilidad de procesar a personas como Donald Rumsfeld, a quien se atribuye haber aprobado técnicas de interrogación criminales en Guantánamo y Abu Ghraib, y el ex director de la CIA George Tenet, por su relación con la aplicación del waterboarding a los detenidos (una técnica que consiste en sumergirles la cabeza o arrojarles agua por encima para hacerles creer que están ahogándose) y la “entrega” de sospechosos a países en los que se les iba a torturar. La semana pasada, Alemania, ante la negativa de Estados Unidos, retiró la solicitud de extradición de 13 presuntos agentes de la CIA acusados de secuestrar a un ciudadano alemán y enviarle a una cárcel secreta de Afganistán en la que se le torturó. Washington también se ha negado a cooperar con los investigadores italianos que buscan a 26 estadounidenses miembros de la CIA en relación con el secuestro en Milán de un clérigo musulmán al que enviaron a Egipto, donde supuestamente fue torturado.

No obstante, se están creando los precedentes. Pinochet fue el primer jefe de Estado detenido por otro país por crímenes contra los derechos humanos. Fujimori ha sido el primero devuelto a su país para ser juzgado. Es una advertencia para los futuros dirigentes: si pretenden que sus asesinatos y torturas queden impunes, pueden acabar ante la justicia. Y si han cometido torturas, más vale que no viajen a ningún sitio.

Octubre 4, 2007 Publicado por cienciayartes | dictaduras | | Aún no hay comentarios